{"id":9791,"date":"2016-02-05T07:08:20","date_gmt":"2016-02-05T12:08:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/apocatastasis\/"},"modified":"2016-02-05T07:08:20","modified_gmt":"2016-02-05T12:08:20","slug":"apocatastasis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/apocatastasis\/","title":{"rendered":"APOCATASTASIS"},"content":{"rendered":"<p>[229]<\/p>\n<p>     Literalmente significa en griego \u00abrestablecimiento o restauraci\u00f3n\u00bb. Con este t\u00e9rmino se alude a la teor\u00ed\u00ada de algunos escritores antiguos, sobre todo de Or\u00ed\u00adgenes, de que la bondad divina har\u00e1 posible el perd\u00f3n y salvaci\u00f3n final de todos los seres creados, hombres y \u00e1ngeles, condenados al infierno por su voluntad libre de oponerse a Dios.<\/p>\n<p>     La doctrina fue rechazada por la Iglesia (C\u00e1nones contra Or\u00ed\u00adgenes del Papa Virgilio, canon 9. Denz. 211), que la consider\u00f3 opuesta a la justicia y a la bondad divinas, supuesto que la prueba que Dios pone a los seres inteligentes es \u00fanica e indiscutible y que la sentencia de salvaci\u00f3n o condenaci\u00f3n, que la criatura merece por su respuesta, es definitiva e inmutable, una vez que ha terminado el tiempo de la prueba.<\/p>\n<p>     La causa de la condena de esta actitud fue la duda o negaci\u00f3n de la inmutabilidad divina y no la negaci\u00f3n de su misericordia infinita. El sentido com\u00fan hace pensar que, respetada la libertad por parte de Dios, la situaci\u00f3n de los salvados y condenados es definitiva, es decir eterna.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Del griego apokathistemi (restituir, reintegrar, devolver a su estado primitivo); este t\u00e9rmino figura en Hch 3,21, en un discurso de Pedro, en el que se afirma que al final de los tiempos quedar\u00e1 restaurado para todas las cosas el orden que Dios hab\u00ed\u00ada establecido y &#8211; que el pecado hab\u00ed\u00ada perturbado. Esta afirmaci\u00f3n hace eco a un concepto familiar en el hebra\u00ed\u00adsmo: la nueva creaci\u00f3n mesi\u00e1nica.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en otros lugares del Nuevo Testamento parece estar presente una alusi\u00f3n a la recuperaci\u00f3n escatol\u00f3gica del orden inicial, aunque no se le da el nombre de apocat\u00e1stasis (cf Mt 19,21; Rom 8,9-22; 1 Cor 15,25-28.54-57; 2 Pe 3,13; Ap 21,1). Se trata de aquella regeneraci\u00f3n o \u00abnueva creaci\u00f3n\u2020\u009d, prometida por Dios, que caracterizar\u00e1 a la conclusi\u00f3n de la historia.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de esta interpretaci\u00f3n correcta de la apocat\u00e1stasis, la historia de la teolog\u00ed\u00ada registra otra que es inconciliable con la fe cristiana: la llamada origenista. El gran te\u00f3logo alejandrino Or\u00ed\u00adgenes, influido por la perspectiva neoplat\u00f3nica, manifiesta la esperanza de que al final de los tiempos desaparecer\u00e1n tanto el pecado como sus efectos, entre ellos la condenaci\u00f3n de los hombres y de los \u00e1ngeles.<\/p>\n<p>En contra de un infierno eterno, Or\u00ed\u00adgenes considera posible pensar en una duraci\u00f3n limitada del castigo del pecado: el infierno durar\u00e1 s\u00f3lo el tiempo suficiente para la purificaci\u00f3n. La apocat\u00e1stasis, entendida a la manera de Or\u00ed\u00adgenes, fue condenada por el s\u00ed\u00adnodo Constantinopolitano del 543, por el II concilio de Constantinopla del 553 (Y concilio ecum\u00e9nico); a lo largo del tiempo, fue recogida por algunas sectas y &#8211; por algunos te\u00f3logos.<\/p>\n<p>G. M. Salvati<\/p>\n<p>Bibl.: P. Siniscalco, Apocat\u00e1stasis, en DPAC. 1, 168- 169; J Loosen, Apokatastasis, en LTK. 1, 78-712; F Mussner &#8211; H. Cruzel, Apocat\u00e1stasis, en SM. 1, 329-332.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>1. La palabra viene de un t\u00e9rmino griego, que expresa, lo mismo que el verbo correspondiente, la curaci\u00f3n de un enfermo, la devoluci\u00f3n de un bien sustra\u00ed\u00addo, de un desterrado o de un reh\u00e9n, la nueva ordenaci\u00f3n de un estado, el retorno de los astros a sus posiciones anteriores. Pero esa restauraci\u00f3n no es necesario que se produzca, forzosamente; puede tratarse tambi\u00e9n del cumplimiento de una promesa hecha libremente. El sentido astron\u00f3mico est\u00e1 integrado en la doctrina filos\u00f3fica del \u00abgran a\u00f1o\u00bb, o en la del \u00abeterno retorno\u00bb: cuando los astros hayan recuperado sus posiciones de anta\u00f1o, comenzar\u00e1 un nuevo ciclo de la historia del mundo, que reproducir\u00e1 el anterior.<\/p>\n<p>2. El Nuevo Testamento emplea la palabra en sentidos varios. As\u00ed\u00ad, designa la renovaci\u00f3n espiritual, esperada de El\u00ed\u00adas, pero llevada a cabo por el Bautista, para preparar la venida del Mes\u00ed\u00adas (Mc 9, 12). El texto esencial se halla en el discurso de Pedro despu\u00e9s de la curaci\u00f3n del cojo de nacimiento. El retorno glorioso de Cristo tendr\u00e1 lugar \u00aben los tiempos de la apocat\u00e1stasis de todas las cosas de que antiguamente habl\u00f3 Dios por boca de sus santos profetas\u00bb (Act 3, 21). \u00bfSe trata de un retorno (de una restauraci\u00f3n espiritual) de Israel o de la realizaci\u00f3n de las profec\u00ed\u00adas que predicen la gloria escatol\u00f3gica de Jerusal\u00e9n (Is 60)? Otros textos se mueven en el mismo plano (Rom 5, 18; 11, 32; 1 Cor 15, 22-28; Ef 1, 10; Col 1, 20; Jn 17, 21ss): Cristo instaura la unidad final de la humanidad y la entrega as\u00ed\u00ad a su Padre.<\/p>\n<p>3. Empleado por los gn\u00f3sticos valentinianos, el t\u00e9rmino recibir\u00e1 en Or\u00ed\u00adgenes el siguiente sentido. Al fin de los tiempos, la humanidad recobrar\u00e1 en Cristo aquella unidad que pose\u00ed\u00ada al principio, de acuerdo con la hip\u00f3tesis de la preexistencia de las almas. Bajo un triple aspecto cabr\u00ed\u00ada calificar de her\u00e9tica esta opini\u00f3n. Primero, seg\u00fan ella, el cuerpo glorificado ha de experimentar una disoluci\u00f3n definitiva, de modo que los resucitados existan como esp\u00ed\u00adritus puros; segundo, los demonios y los condenados recuperar\u00e1n el estado de gracia, y, tercero, en ella se presupone la concepci\u00f3n pante\u00ed\u00adsta de la unidad con Dios. Mas, si bien ciertos textos de Or\u00ed\u00adgenes llevan en germen estos tres pensamientos, sin embargo otros textos suyos hablan en contra y, por eso, habida cuenta del car\u00e1cter puramente hipot\u00e9tico de su doctrina de la preexistencia, no se le puede acusar de haber sostenido claramente una tesis heterodoxa acerca de la a. Dif\u00ed\u00adcil es tambi\u00e9n medir el grado de asentimiento que concede a dicha doctrina, pues ella no es f\u00e1cil de conciliar con otros puntos de su pensamiento. Tambi\u00e9n la doctrina de la a. de Gregorio de Nisa admite interpretaciones parecidas. Pero una doctrina claramente her\u00e9tica de la a. aparece por primera vez en los origenistas posteriores, as\u00ed\u00ad en Evagrio P\u00f3ntico y en Esteban bar Suraili (-> origenismo).<\/p>\n<p>4. El problema tampoco es extra\u00f1o a la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea. La ex\u00e9gesis que Barth hace en su Dogm\u00e1tica de las consecuencias de la traici\u00f3n de Judas, parece implicar en cierto modo la opini\u00f3n doctrinal de una salvaci\u00f3n universal. Barth sostiene que, si se afirma la necesidad de la a., no se respeta la libertad de la gracia divina; pero que, quien niega absolutamente la posibilidad de la a., es m\u00e1s injusto todav\u00ed\u00ada con la libertad de la gracia divina (cf. BARTH, KD li 2 \u00c2\u00a7 35, passim). En otro texto sobre la filantrop\u00ed\u00ada de Dios, \u00e9l pregunta si Col 1, 19 no insin\u00faa que el designio divino es el de salvar de hecho a todos los hombres. Varios te\u00f3logos protestantes han intentado probar que la a. es exigida por la Biblia, as\u00ed\u00ad W. Michaelis.<\/p>\n<p>Seg\u00fan diversos pasajes de las cartas paulinas, la voluntad de Dios es salvar a todos los hombres y reconciliar el mundo en su Hijo (&#8211;> salvaci\u00f3n, voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios). Desde la perspectiva de Teilhard de Chardin, cabe desarrollar ulteriormente el pensamiento del Ap\u00f3stol e integrarlo en la concepci\u00f3n moderna sobre la interdependencia entre la -> gracia y la libertad, por una parte, y la -> evoluci\u00f3n del hombre en todos los campos, por otra parte. Pero interviene un segundo factor, que Barth, disc\u00ed\u00adpulo de Calvino, no tiene en cuenta: la libertad del hombre ha de responder a la libertad de Dios, aceptando su voluntad salv\u00ed\u00adfica. La negativa humana constituye el pecado. El NT no deja ninguna duda de que esa negativa puede ser tan amplia y consciente, que acarree la p\u00e9rdida definitiva de la salvaci\u00f3n. Mas hemos de tener en cuenta que, si bien la Iglesia pone en juego su infalibilidad en la canonizaci\u00f3n de los santos, sin embargo nunca ha hecho otro tanto respecto de los condenados. Y, en consecuencia, acerca de un determinado hombre no podemos saber si \u00e9l est\u00e1 condenado con aquella certeza con que sabemos que un determinado santo se halla entre los bienaventurados. El que la Iglesia canonice, pero no se pronuncie sobre la condenaci\u00f3n, es un hecho sumamente esperanzador.<\/p>\n<p>El libre albedr\u00ed\u00ado del hombre ocupa lugar tan destacado en el pensamiento de Or\u00ed\u00adgenes, sobre todo por raz\u00f3n de su pol\u00e9mica antign\u00f3stica, que, en su doctrina de la a., no podemos ver otra cosa que una audaz teolog\u00ed\u00ada de la esperanza. Or\u00ed\u00adgenes conf\u00ed\u00ada en que al final la bondad de Dios triunfar\u00e1 sobre la mala voluntad de los hombres, haciendo que su libre albedr\u00ed\u00ado se decida por \u00e9l. Pero el atribuir a Or\u00ed\u00adgenes una afirmaci\u00f3n dogm\u00e1tica de esta concepci\u00f3n, como se la atribuyeron sus adversarios, equivaldr\u00ed\u00ada a ponerlo en contradicci\u00f3n con otros puntos de su teolog\u00ed\u00ada, tan esenciales como el de la a.<\/p>\n<p>Henri Crouzel<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">(Del griego: apokatastasis; en lat\u00edn: restitutio in pristinum statum, restauraci\u00f3n a la condici\u00f3n original).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la historia de la teolog\u00eda, nombre dado a la doctrina que ense\u00f1a que llegar\u00e1 un tiempo en que todas las criaturas libres compartir\u00e1n la gracia de la salvaci\u00f3n; especialmente, los demonios y las almas de los r\u00e9probos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">San Gregorio Niceno ense\u00f1aba expl\u00edcitamente esta doctrina en m\u00e1s de uno de sus pasajes. En primer lugar, aparece en su \u201cDe anima et resurrectione\u201d (P.G., XLVI, cols. 100, 101) donde compara, en lo referente al castigo por el fuego asignado a las almas despu\u00e9s de su muerte, con el proceso mediante el cual el oro se refina en un horno, donde se separa la escoria del resto de la aleaci\u00f3n. No obstante, el castigo por el fuego no constituye en s\u00ed mismo un fin, sino que es un proceso de mejoramiento; la \u00fanica raz\u00f3n de infligirlo consiste en separar, en el alma, el bien del mal. M\u00e1s aun, este proceso es en s\u00ed mismo doloroso; la agudeza y duraci\u00f3n del dolor est\u00e1n en proporci\u00f3n directa con el mal del cual cada alma es culpable; la llama dura mientras sea necesaria para destruir cualquier mal que pueda quedar. En consecuencia, vendr\u00e1 un tiempo en que todo mal dejar\u00e1 de existir ya que no tiene existencia propia fuera de la voluntad libre, de la cual  es inherente; cuando todas las voluntades libres se vuelvan hacia Dios, estar\u00e1n en Dios, y el mal no podr\u00e1 ya seguir existiendo. Contin\u00faa san Gregorio Niceno diciendo que de este modo se cumplir\u00e1 la palabra de san Pablo: Deus erit omnia in \u00f3mnibus (1 Corintios 15:23, que significa que, al final de los tiempos el mal dejar\u00e1 de existir, ya que, si Dios est\u00e1 en todo, no habr\u00e1 m\u00e1s lugar para el mal. (cols. 104, 105; cf. col. 152). San Gregorio recurre al mismo pensamiento respecto de la aniquilaci\u00f3n del mal, en su \u201cOratio catechetica\u201d, cap. xxvi; tambi\u00e9n se encuentra aqu\u00ed la misma comparaci\u00f3n con el fuego que limpia el oro de sus impurezas; de la misma manera, el poder de Dios purgar\u00e1 a la naturaleza de aquello que es preternatural, es decir, el mal. Tal purificaci\u00f3n ser\u00e1 dolorosa, como lo es una operaci\u00f3n quir\u00fargica, pero la restauraci\u00f3n, al final, ser\u00e1 completa. Cuando esta restauraci\u00f3n haya sido efectuada (he eis to archaion apokatastasis ton nym en kakia keimenon) toda la creaci\u00f3n dar\u00e1 gracias a Dios, tanto las almas que no necesitan ser purificadas como aquellas que s\u00ed lo necesitan. Sin embargo, no s\u00f3lo el hombre se ver\u00e1 libre del mal, sino que ocurrir\u00e1 lo mismo con el demonio, por quien el mal entr\u00f3 en el mundo (ton te anthropon tes kakias eleutheron kai auton ton tes kakias eyreten iomenos). La misma ense\u00f1anza se puede encontrar en el \u201cDe mortuis\u201d (ibid., col. 536). Bardenhewer justamente observa (\u201cPatrologie\u201d, Friburgo, 1901, p\u00e1g. 266) que san Gregorio dice lo mismo en otro pasaje tambi\u00e9n referente a la eternidad del fuego y el castigo de los r\u00e9probos, porque el santo entend\u00eda esta eternidad como un per\u00edodo de muy larga duraci\u00f3n, aunque limitado. Comparemos esto con su \u201cContra Usurarios\u201d (XLVI, col. 436), en donde se habla de que el sufrimiento de los r\u00e9probos es eterno, aionia, y \u201cOrat. Cathechet.\u201d, XXVI (XLV, col. 69), donde el mal, despu\u00e9s de un largo per\u00edodo, es aniquilado, makrais periodois. Estas contradicciones verbales explican por qu\u00e9 los defensores de la ortodoxia habr\u00edan pensado que los escritos de san Gregorio Niceno pudieran estar inficionados de herej\u00eda. San Germ\u00e1n de Constantinopla, que escribi\u00f3 en el siglo VIII, lleg\u00f3 a afirmar que aquellos que sostuvieren que los demonios y los r\u00e9probos alg\u00fan d\u00eda ser\u00edan liberados habr\u00edan osado \u201cinfundir a la m\u00e1s pura y sana primavera de sus escritos (de Gregorio) el veneno negro y peligroso del error de Or\u00edgenes, y habr\u00edan osado atribuir esta herej\u00eda absurda a un hombre famoso tanto por sus virtudes como por su sabidur\u00eda\u201d (citado por Photius, Bibl. Cod., 223; P.G. CIII, col. 1105). Tillemont, en sus \u201cM\u00e9moires pour l\u2019histoire eccl\u00e9sistique\u201d (Par\u00eds, 1703), IX, p\u00e1g. 602, se inclina por la opini\u00f3n de que Gregorio se basaba en buenas razones. Empero, debemos aceptar, con Bardenhewer loc.cit.) que la explicaci\u00f3n ofrecida por san Germ\u00e1n de Constantinopla no se sostiene. Este era, tambi\u00e9n, el parecer de Petavio, \u201cTheolog. Dogmat\u201d. (Amberes, 1700), III, \u201cDe Angelis\u201d, 109-111.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Efectivamente, la doctrina de la apokatastasis no es s\u00f3lo propia de san Gregorio Niceno, sino que est\u00e1 tomada de Or\u00edgenes, quien, a veces, parece renuente en adoptar decisiones respecto de la cuesti\u00f3n de la eternidad del castigo. Tixeront ha afirmado que en su \u201cDe principiis\u201d (I, vi,3) que Or\u00edgenes no se atreve a asegurar que los \u00e1ngeles malos retornar\u00e1n a Dios tarde o temprano (P.G., XI, col. 168, 169); mientras que en su \u201cComment. In Rom.\u201d, VIII, 9 (P.G., XIV, col. 1185), declara que Lucifer, a diferencia de los jud\u00edos, no se convertir\u00e1, ni siquiera al final de los tiempos. Por otra parte, en otros pasajes, Or\u00edgenes ense\u00f1a el apokatastasis, la restauraci\u00f3n final de todas las criaturas inteligentes a la amistad con Dios. Tixeront escribe al respecto: \u201cNo todos disfrutar\u00e1n de la misma felicidad, porque en la casa del Padre hay muchas moradas, pero todos podr\u00e1n alcanzarla. Si las Escrituras, a veces, parecen hablar del castigo de los r\u00e9probos como si fuera eterno, lo hacen con el objeto de aterrorizar a los pecadores, para que vuelvan a la buena senda. Siempre es posible, si se observa atentamente, descubrir el verdadero significado de estos textos. Sin embargo, siempre se debe aceptar como principio que Dios no castiga sino para corregir, y que la \u00fanica finalidad de Su mayor ira es el mejoramiento de los culpables. As\u00ed como el m\u00e9dico emplea el fuego y el acero en las enfermedades arraigadas, as\u00ed Dios usa el fuego del infierno para curar al pecador impenitente. Por lo tanto, todas las almas, todos los seres impenitentes que se han descarriado volver\u00e1n, tarde o temprano, a la amistad con Dios. La evoluci\u00f3n ser\u00e1 larga, en algunos casos, incalculablemente larga, pero llegar\u00e1 el momento en que Dios ser\u00e1 todo en todos. El \u00faltimo enemigo, la muerte, ser\u00e1 destruido, el cuerpo se har\u00e1 espiritual, el mundo de la materia se transformar\u00e1, y s\u00f3lo habr\u00e1, en el universo, paz y unidad\u201d (Tixeront, Histoire des dogmes, (Par\u00eds, 1905), I, 304, 305). Deber\u00edamos referirnos al texto palmario de Or\u00edgenes como \u201cDe principiis\u201d, III, 6,6; (P.G. XI, col. 338-340). Para consultar las ense\u00f1anzas de Or\u00edgenes en los pasajes referidos al tema, consultar a Huet, \u201cOrigeniana\u201d, II, qu. 11, n. 16 (publicado nuevamente en P.G., XVII, col. 1023-26); y Petavio, \u201cTheol.dogmat., De Angelis\u201d, 107-109; tambi\u00e9n Harnack (Dogmengeschichte\u201d (Friburgo, 1894), I 645-646), quien conecta las ense\u00f1anzas de Or\u00edgenes en este punto con las de Clemente de Alejandr\u00eda. Tixeront tambi\u00e9n escribe muy acertadamente respecto de este tema: \u201cClemente permite que las almas pecadoras sean santificadas despu\u00e9s de la muerte por un fuego espiritual, y que los malvados, del mismo modo, sean castigados por el fuego. Su castigo \u00bfser\u00e1 eterno? Parecer\u00eda que no. En la Stromata, VII, 2 (P.G., IX, col. 416), el castigo al que se refiere Clemente, y que sigue al juicio final, obliga a los malvados al arrepentimiento. En el cap\u00edtulo xvi (col. 541) el autor expone el principio de que Dios no castiga, sino corrige; es decir que todos los castigos de su parte son correctivos. Si se supone que Or\u00edgenes ha partido desde este principio para llegar a la apokatastasis \u2013 y Gregorio Niceno tambi\u00e9n\u2014es extremadamente probable que Clemente de Alejandr\u00eda lo entendiera en el mismo sentido\u201d (Histoire des dogmes, I, 277). Empero, Or\u00edgenes no parece haber considerado la doctrina de la apokatastasis como algo que debiera predicarse a todo el mundo, siendo bastante, para la generalidad de los fieles, saber que los pecadores ser\u00e1n castigados. (Contra Celsum, IV, 26 en P.G., XI, col.1332)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por consiguiente, pues, Or\u00edgenes y Clemente de Alejandr\u00eda fueron los primeros en ense\u00f1ar la doctrina, que ejerci\u00f3 influencia en su Cristianismo debido al Platonismo, tal como Petavio nos lo ha expresado claramente (Theol. dogmat. De Angelis,106), siguiendo a san Agust\u00edn \u201cDe civitate Dei\u201d, XXI, 13. Comparar con Janet, \u201cLa philosophie de Platon\u201d (Par\u00eds, 1869), I, 603. Adem\u00e1s, es evidente que la doctrina abarca una idea puramente natural de justicia divina y de redenci\u00f3n. (Plat\u00f3n, Rep\u00fablica, X, 614b.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A trav\u00e9s de Or\u00edgenes la doctrina plat\u00f3nica de la apokatastasis pas\u00f3 a san Gregorio Niceno y simult\u00e1neamente a san Jer\u00f3nimo, por lo menos durante la \u00e9poca que este santo estuvo imbuido de las teor\u00edas de Or\u00edgenes. No obstante, es cierto que san Jer\u00f3nimo lo atribuye solamente a los bautizados: \u201cIn restitutione omnium, quando corpus totius ecclesi\u00e6 nunc dispersum atque laceratum, verus medicus Christus Jes\u00fas sanaturus advenerit, unusquisque secundum mensuram fidei et cognitionis Filii Dei\u2026 suum recipiet locum et incipiet id esse quod fuerat\u201d (Comment. In Eph., iv, 16; P.G., XXVI, col. 503). Fuera de esto, san Jer\u00f3nimo siempre ense\u00f1a que el castigo de los demonios y de los imp\u00edos, es decir de aquellos que no han asumido la Fe, ser\u00e1 eterno. (Ver Petavio, Theol. dogmat. De Angelis, 111, 112). Por otra parte, el \u201cAmbrosiaster\u201d parece haber extendido los beneficios de la redenci\u00f3n a los demonios, ( Efe., iii, 10; P.L., XVII, col. 382), aunque la interpretaci\u00f3n del \u201cAmbrosiaster\u201d a este respecto no est\u00e1 exento de dificultad. [Ver Petavo, p\u00e1g., 111; tambi\u00e9n, Turmel, Histoire de la th\u00e9ologie positive, depuis l\u2019origine, etc. (Par\u00eds, 1904) 187.]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, desde el momento en que prevaleci\u00f3 el anti-origenismo, la doctrina de la apokatastasis fue abandonada definitivamente. [[[San Agust\u00edn]] protesta m\u00e1s fuertemente que ning\u00fan otro escritor contra un error tan contrario a la doctrina de la necesidad de la gracia. Ver, especialmente, su \u201cDe gestis Pelagii\u201d, I: \u201cIn Origene dignissime detestatur Ecclesia, quod et iam illi quos Dominus dicit \u00e6terno supplicio puniendo, et ipse diabolus et angeli eius, post tempos licet prolixum purgati liberabuntur a poenis, et sanctus cum Deo regnantibus societate beatitudinis adh\u00e6rebunt.\u201d Aqu\u00ed Agust\u00edn alude a la sentencia pronunciada contra Pelagio por el Concilio de Di\u00f3spolis en 415 (P.L., XLIV, col. 325). Incluso recurre al tema en muchos pasajes de sus escritos, y en el Libro XXI \u201cDe Civitate Dei\u201d se propone sinceramente probar la eternidad del castigo contra el error Plat\u00f3nico y Origenista respecto de su car\u00e1cter intr\u00ednsecamente purgante. Adem\u00e1s, se\u00f1alamos que la doctrina de la apokatastasis estaba en boga en Oriente, no s\u00f3lo por san Gregorio Niceno sino tambi\u00e9n por san Gregorio Nacianceno, \u201cDe seipso\u201d, 566 (P.G., XXXVII, col. 1010), pero este \u00faltimo, aunque pregunta, no se decide finalmente a favor ni en contra, sino que, m\u00e1s bien, le deja la respuesta a Dios. K\u00f6stlin, en \u201cRealencyklop\u00e4die f\u00fcr protestantische Theologie\u201d (Leipzig, 1896), I, 617, art. \u201cApokatastasis\u201d menciona a Diodoro de Tarso y a Teodoro de Mopsuestia como sostenedores de la doctrina de la apokatastasis, pero no cita ning\u00fan pasaje en apoyo de esta afirmaci\u00f3n. En todo caso, la doctrina fue condenada formalmente en el primero de los famosos anatemas pronunciados en el Concilio de Constantinopla de 543: Ei tis ten teratode apokatastasis presbeuei anatema esto [Ver tambi\u00e9n Justiniano, Liber adversus Originem, anatemas 7 y 9]. En adelante la Iglesia consider\u00f3 heterodoxa la doctrina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, estaba destinada a ser revivida en las obras de algunos escritores eclesi\u00e1sticos. Ser\u00eda interesante  verificar la afirmaci\u00f3n de K\u00f6stlin y Bardenhewer de que procede de Bar Sudaili, de Dionisio el Areopagita, de M\u00e1ximo el Confesor, Escoto Er\u00edgena y Amalrico de Bena. Reaparece durante la Reforma en los escritos de Denk (m. 1527), y Harnack no ha vacilado en afirmar que a casi todos los Reformadores les resultaba cara la teor\u00eda de la apokatastasis, y que \u00e9sta es responsable de la aversi\u00f3n de ellos por la ense\u00f1anza tradicional respecto de los sacramentos (Dogmengeschichte, III, 661). La doctrina de la apokatastasis considerada como creencia en la salvaci\u00f3n universal se puede encontrar entre los anabaptistas, los hermanos moravios, los cristadelfianos, los protestantes racionalistas y finalmente entre los universalistas profesos. Tambi\u00e9n la han sostenido algunos Protestantes filos\u00f3ficos como Schleiermacher, y unos pocos te\u00f3logos, por ejemplo, Farrar en Inlaterra, Eckstein y Pfister en Alemania, y Matter en Francia. Consult K\u00f6stlin, art. Cit., y Gr\u00e9tillut, \u201cExpos\u00e9 de th\u00e9ologie syst\u00e9matique\u201d (Par\u00eds, 1890), IV, 603.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nTranscripci\u00f3n de Elizabeth T. Knuth<br \/>\nTraducci\u00f3n de Estela S\u00e1nchez Viamonte\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[229] Literalmente significa en griego \u00abrestablecimiento o restauraci\u00f3n\u00bb. Con este t\u00e9rmino se alude a la teor\u00ed\u00ada de algunos escritores antiguos, sobre todo de Or\u00ed\u00adgenes, de que la bondad divina har\u00e1 posible el perd\u00f3n y salvaci\u00f3n final de todos los seres creados, hombres y \u00e1ngeles, condenados al infierno por su voluntad libre de oponerse a Dios. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/apocatastasis\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abAPOCATASTASIS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-9791","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9791","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9791"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9791\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9791"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9791"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9791"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}