{"id":9820,"date":"2016-02-05T07:09:13","date_gmt":"2016-02-05T12:09:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ascesis\/"},"modified":"2016-02-05T07:09:13","modified_gmt":"2016-02-05T12:09:13","slug":"ascesis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ascesis\/","title":{"rendered":"ASCESIS"},"content":{"rendered":"<p>[301]<br \/>\n Es el ejercicio, o conjunto de ejercicios virtuosos, que aseguran el camino de la perfecci\u00f3n cristiana. Es la pr\u00e1ctica de lo que, en orden te\u00f3rico, estudia la teolog\u00ed\u00ada asc\u00e9tica.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>\u00abVigilemos sobre nosotros mismos para no abusar creyendo que seguimos la v\u00ed\u00ada estrecha, siendo as\u00ed\u00ad que tomamos la v\u00ed\u00ada ancha y espaciosa. Los signos que demuestran que seguimos una v\u00ed\u00ada estrecha son: mortificarse en la comida; vigilar en pie noches enteras; no beber agua m\u00e1s que moderadamente, no tomar pan m\u00e1s que con parsimonia; sorber la bebida purificadora de las humillaciones; soportar los sarcasmos, las burlas, las iron\u00ed\u00adas; restringir la voluntad propia; soportar las contrariedades; no murmurar lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo ante los ultrajes; no tener en cuenta los insultos; tolerar animosamente las injusticias; no indignarse por las calumnias; no montar en c\u00f3lera cuando nos humillen; ser humildes cuando nos condenen. Dichosos los que sigan esta v\u00ed\u00ada, porque \u00bb de ellos es el reino de los cielos\u00bb (Mt 5,9-12)\u00bb (Juan Cl\u00ed\u00admaco, La escala del para\u00ed\u00adso 2, 13).<\/p>\n<p>Este programa de ascesis, com\u00fan a la tradici\u00f3n espiritual de origen mon\u00e1stico en el Oriente cristiano, supone dos caras de la praktik\u00e9, de la scientia actualis, como \u00bb m\u00e9todo espiritual que purifica la parte afectiva del alma\u00bb. Se trata de una catarsis negativa, es decir, de unos vicios que extirpar, y de una catarsis positiva, atenta a la conquista progresiva de las virtudes. Estas dos caras de la acci\u00f3n asc\u00e9tica suponen siempre a un hombre espiritual en busca de un progreso personal dirigido a un Absoluto y guiado por la gracia de Dios, que infunde el aumento de la fe, de la esperanza y de la caridad, virtudes que constituYen la substancia de la vida espiritual. La ascesis es ciertamente un m\u00e9todo, una lucha y un combate (1 Cor 9,24-25.27), pero siempre con vistas a seguir a Cristo a trav\u00e9s de la abnegaci\u00f3n, de la renuncia y de la aceptaci\u00f3n del sufrimiento. El \u00faltimo objetivo es el acontecimiento pascual que se convierte en punto de partida absoluto de toda la aventura asc\u00e9tica cristiana.<\/p>\n<p>Todos los Padres y los maestros espirituales insisten en que la \u00abciencia pr\u00e1ctica\u00bb &#8211; que es mucho m\u00e1s una pr\u00e1ctica o un m\u00e9todo que una ciencia o una teor\u00ed\u00ada- es el presupuesto para llegar a la theoretik\u00e9, a la contemplaci\u00f3n. La praxis asc\u00e9tica consiste en la tarea de desarraigar los vicios y de plantar las virtudes en el alma, vali\u00e9ndose de avunos, de vigilias nocturnas, de un d\u00e9sprendimiento absoluto del mundo y de las cosas mundanas que, aunque sean buenas y hermosas, son causa de preocupaciones y ocasi\u00f3n de tropiezo (amerim n\u00ed\u00ada ask\u00e9tik\u00e9), de la lectura de la Biblia y sobre todo de una fidelidad total a la vocaci\u00f3n de la soledad, que es un abandono confiado y una reinserci\u00f3n en la gratuidad de la vida evang\u00e9lica. El asceta es ante todo el monje (ihidOjO en siriaco, monac\u00f3n y monach\u00f3s en griego), que a trav\u00e9s de la purificaci\u00f3n de los propios pensamientos, de los propios sentimientos y con el ejercicio de las obras de misericordia, recibe como premio la ap\u00e1theia, la pureza del coraz\u00f3n. En esta perspectiva la ascesis es un ejercicio pr\u00e1ctico y penoso (ask\u00e9o: Hch 24,16), un combate del coraz\u00f3n y de la mente (ag\u00f3n, podvig en ruso y en serbio), un trabajo espiritual (p\u00f3nos).<\/p>\n<p>Desde los primeros momentos de la vida asc\u00e9tica, el monje se dedicaba con insistencia a la oraci\u00f3n como ejercicio y trabajo fundamental, hasta que consegu\u00ed\u00ada pasar de la oraci\u00f3n al estado de oraci\u00f3n. Durante los primeros pasos de la vida espiritual, la oraci\u00f3n no puede ser la \u00aboraci\u00f3n del coraz\u00f3n\u00bb, va que \u00e9sta s\u00f3lo puede ser fruto del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Pero el hombre tiene que esforzarse en cumplir el bien, aunque su coraz\u00f3n no lo quiera, tener paciencia en las humillaciones, en una palabra, violentarse a s\u00ed\u00ad mismo para orar sin tener la oraci\u00f3n espiritual. Cuando Dios vea c\u00f3mo lucha y se violenta, precisamente cuando s\u00fa coraz\u00f3n no lo quiere, entonces en su compasi\u00f3n le dar\u00e1 la verdadera oraci\u00f3n espiritual, la verdadera caridad, la verdadera mansedumbre, la verdadera bondad, en una palabra, lo llenar\u00e1 de los dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo (cf. Pseudo-Macario, Homil\u00ed\u00adas espirituales 19, 3-4~ Atanasio, Vida de Antonio). La ascesis en esta perspectiva no es una mera acci\u00f3n del hombre en su propio progreso espiritual, sino un sinergismo de lo divino y lo humano, la vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica te\u00e1ndrica del hombre que es la divinizaci\u00f3n (th\u00e9osis).<\/p>\n<p>Otro elemento fundamental del ascetismo pr\u00e1ctico es la soledad (m\u00f3nosis). La soledad representa la ascesis t\u00ed\u00adpica, el sacramento propio del monaquismo; es \u00abla madre de la filosof\u00ed\u00ada\u00bb (Nilo de Ancira), es decir, de la aut\u00e9ntica vida mon\u00e1stica. La soledad, desde la tranquilidad exterior conduce a la tranquilidad del coraz\u00f3n, prepara al hombre para la uni\u00f3n consciente con Dios y engendra ascesis y l\u00e1grimas (p\u00e9nthos). La soledad no es pasividad; es el presupuesto, el campo de batalla  para la lucha contra los demonios y los malos pensamientos (logismo\u00ed\u00ad). Antes del encuentro pleno con Dios, antes de experimentar (a\u00ed\u00adsthesis) y de gustar (geusis) aquella paz profunda en plena certeza (plerofor\u00ed\u00ada) que nada ni nadie puede turbar y que es la actividad o la energ\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu (en\u00e9rgeia tou Pne\u00famatos) en el hombre, la vida en soledad es un esfuerzo casi sobrehumano; pero sin ella era imposible para la tradici\u00f3n espiritual com\u00fan la pr\u00e1ctica de la perfecci\u00f3n mon\u00e1stica. Esto vale para diversos aspectos tanto en el cenobitismo como en el anacoretismo.<\/p>\n<p> Hav tres niveles de soledad: huir de los hombres, observar el silencio, mantenerse en calma (fuge, tace, quiesce : Basilio, Regula brevis 23).<\/p>\n<p>       Hay diversas pr\u00e1cticas asc\u00e9ticas a  disposici\u00f3n del asceta para proteger la vida de oraci\u00f3n y de soledad. Una de las m\u00e1s conocidas guarda relaci\u00f3n con el t\u00e9rmino enkr\u00e1teia, que es al mismo tiempo templanza, continencia, abstinencia, con la finalidad de conseguir lo que hoy llamar\u00ed\u00adamos autocontrol. No se trata, como es l\u00f3gico, de la enkr\u00e1teia heterodoxa o encratismo, que, en virtud de un dualismo m\u00e1s o menos consciente frente al origen del mundo, condenaba la materia y tend\u00ed\u00ada a imponer a todos los cristianos, como condici\u00f3n para salvarse, la abstinencia del matrimonio y del comer carne y beber vino.<\/p>\n<p>Estas tendencias caracter\u00ed\u00adsticas del  manique\u00ed\u00adsmo, incluso cuando amenazaban al ascetismo cristiano de tipo popular, eran rechazadas decididamente por la Iglesia. Tampoco se trata de la enkr\u00e1teia de los fil\u00f3sofos paganos.<\/p>\n<p>La enkr\u00e1teia cristiana \u00abes el denomina dor com\u00fan de todas las virtudes\u00bb (Diadoco de Fotica, Centum capita 42); sus principales preocupaciones son la so-ledad espiritual y la integridad del  cuerpo, mientras que sus pr\u00e1cticas preferidas son la castidad perfecta y la moderaci\u00f3n en la comida.<\/p>\n<p>El ayuno es otro aspecto de los m\u00e1s  importantes de la enkr\u00e1teia, muy t\u00ed\u00adpico del ascetismo primitivo. Lo practicaron y recomendaron tambi\u00e9n los fil\u00f3sofos. En efecto, est\u00e1 claro que no puede haber vida intelectual y contemplativa sin que el hombre se someta a una severa disciplina en el comer y en el beber. Los textos en esta materia son demasiado numerosos para poder pasar los por alto. El ayuno es un acto de purificaci\u00f3n y al mismo tiempo una acci\u00f3n meritoria con la que se ganaba el favor de Dios: \u00bb santifica el cuerpo y levanta al hombre al trono de Dios) (Atanasio, De virginitate). Pero al mismo tiempo el ayuno debe moderarse y controlarse. Contra ciertas tendencias heterodoxas los Padres no se cansan de repetir que todos los alimentos son buenos y que la actitud despreciativa contra algunos \u00abser\u00ed\u00ada realmente execrable y absolutamente diab\u00f3lica \u00ab.<\/p>\n<p>Para ellos el ayuno es simplemente un  medio para \u00bb frenar convenientemente las partes inflamables de la carne y poder distribuir a los pobres lo superfluo provey\u00e9ndoles de lo suficiente\u00bb (Diadoco de Fotica, Centum capita 43) conquistando de este modo las virtudes, especialmente la caridad. La enkr\u00e1tet&#8217;a basiliana est\u00e1 igualmente orientada por entero a esta caridad social.<\/p>\n<p>El tercer elemento de la enkr\u00e1teia,  caracter\u00ed\u00adstico en los antiguos monjes, son las vigilias nocturnas, una praxis asc\u00e9tica inspirada por la espera \u00abm\u00ed\u00adstica\u00bb de la llegada del Esposo (Mt 25,1 13). En la especulaci\u00f3n asc\u00e9tica ten\u00ed\u00ada una gran resonancia el Cantar de los Cantares 5,2: \u00abDurmiendo yo, mi coraz\u00f3n velaba\u00bb. El elemento negativo de esta praxis era el de domar el sue\u00f1o excesivo. En la direcci\u00f3n positiva las vigilias se dedicaban al oficio divino, bien para dedicarse a la oraci\u00f3n personal y a la meditaci\u00f3n de la Escritura, bien con la \u00fanica finalidad de vencer el deseo de dormir. Conocemos la experiencia eclesial en las comunidades de san Basilio, donde el pueblo se reun\u00ed\u00ada en las vigilias para rezar el oficio junto con los monjes (Basilio, Epist. 207, 3), Los monjes llamados acemetas (= insomnes, \u00ablos que no duermen\u00bb), cerca de los ambientes mesalianos, practicaban la oraci\u00f3n lit\u00fargica continua, su cedi\u00e9ndose cuatro coros (griego, sirio, copto y latino) en la alabanza a Dios de d\u00ed\u00ada y de noche. Las corrientes de los aScetas caracterizados por la vigilancia atenta (n\u00e9psis), llamados los padres n\u00e9pticos, tuvieron una fuerte influencia en la historia del ascetismo.<\/p>\n<p>La ascesis no es fin de s\u00ed\u00ad misma. Es t\u00e1 esencialmente al servicio del amor. \u00abToda ascesis que no tenga amor es extra\u00f1a a Dios \u00bb (M\u00e1ximo el Confesor, Liber asceticus 36). El asceta, una vez liberado por el ejercicio asc\u00e9tico, entra en la vida del esp\u00ed\u00adritu como en una continua superaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo, comienza la vida de la metanoia, que es una continua renovaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p> T Z. Telsek<\/p>\n<p> Bibl.: G. M, Colombas, El ascetismo corporal, en El moacuto primitivo, 11, BAC, Madrid 1975, 175-228; T Spidlik, La spirituulit\u00e9 de l&#8217;Orient chr\u00e9tien, Roma 1978, 199-225.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO<br \/>\nI. El problema de la ascesis en su evoluci\u00f3n hist\u00f3rica:<br \/>\n    1. Definici\u00f3n verbal y realidad del problema;<br \/>\n    2. La ascesis cristiana<br \/>\nII. Ascesis y m\u00ed\u00adstica<br \/>\nIII. Recuperaci\u00f3n de los valores asc\u00e9ticos en la vida espiritual de hoy:<br \/>\n    1. Valor y disciplina del cuerpo<br \/>\n    2. Vida asc\u00e9tica en el compromiso hist\u00f3rico;<br \/>\n    3. Ascesis y oraci\u00f3n<br \/>\nIV. Ascesis cristiana hoy:<br \/>\n    1. Ascesis como experiencia en devenir;<br \/>\n    2. Ascesis como experiencia comunitaria:<br \/>\n    3. Ascesis como promoci\u00f3n personal<br \/>\nV. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>I. El problema de la ascesis en su evoluci\u00f3n hist\u00f3rica<br \/>\n1. DEFINICI\u00ed\u201cN VERBAL Y REALIDAD DEL PROBLEMA &#8211; El problema que plantea la ascesis exige un esfuerzo particular para discernir, bajo los significados diferentes del lenguaje usado, la realidad de que se habla. En efecto, el t\u00e9rmino, derivado del griego, ha adquirido un sentido, por as\u00ed\u00ad decir, t\u00e9cnico; se entiende com\u00fanmente por ascesis el conjunto de esfuerzos mediante los cuales se quiere progresar en la vida moral y religiosa. Pero en su sentido originario la palabra indicaba cualquier ejercicio -f\u00ed\u00adsico, intelectual y moral- realizado con un cierto m\u00e9todo en orden a un progreso; as\u00ed\u00ad, el soldado se ejercitaba en el uso de las armas y el fil\u00f3sofo en la meditaci\u00f3n. Podemos, pues, destacar dos notas caracter\u00ed\u00adsticas del significado del t\u00e9rmino: esfuerzo y m\u00e9todo. Sin embargo, estas dos notas pueden encontrarse separadas.<\/p>\n<p>En efecto, si nos fijamos en la Sda. Escritura, no encontramos en ella la idea de un m\u00e9todo que condujese a un progreso a base de ejercicios apropiados. En cambio, si que encontramos a menudo la idea de un esfuerzo necesariamente presente en toda vida moral y religiosa. Con esta idea se relaciona de modo especial el sentido de la penitencia, necesaria para la reparaci\u00f3n de los pecados y la obtenci\u00f3n de gracias particulares. La persona de Juan Bautista representa precisamente una corriente de vida espiritual fundada en la austeridad de la vida. En el NT, con san Pablo, el acento se desplaza a la lucha espiritual que el cristiano debe librar, bien en la propia vida personal, bien en la apost\u00f3lica; la vida cristiana es lucha y combate: \u00ab\u00bfNo sab\u00e9is que los que corren en el estadio todos corren, pero s\u00f3lo uno consigue el premio? Corred de modo que lo conquist\u00e9is. Pero los atletas se abstienen de todo, y lo hacen para conseguir una corona corruptible, mas la nuestra es incorruptible&#8230; Disciplino mi cuerpo y lo esclavizo\u00bb (1 Cor 9,24-25.27). En consecuencia, Pablo exhorta a su disc\u00ed\u00adpulo a conducirse como buen soldado: \u00abSoporta conmigo las fatigas como buen soldado de Cristo\u00bb (2 Tfm 2,3). Al exhortar as\u00ed\u00ad a Timoteo, no hace m\u00e1s que aplicarle las palabras del mismo Jes\u00fas: \u00abSi alguno quiere venir en pos de m\u00ed\u00ad, ni\u00e9guese a s\u00ed\u00ad mismo, tome su cruz y s\u00ed\u00adgame\u00bb (Mi 18, 24 y par.). El esfuerzo cristiano se convierte, pues, en abnegaci\u00f3n, renuncia, aceptaci\u00f3n del sufrimiento. Para un disc\u00ed\u00adpulo de Cristo, la palabra \u00abascesis\u00bb evoca todos estos aspectos.<\/p>\n<p>En la acepci\u00f3n moderna del t\u00e9rmino se insiste m\u00e1s en la segunda caracter\u00ed\u00adstica de la actividad que implica la ascesis: su aspecto met\u00f3dico, subrayado ya en la antig\u00fcedad y destacando ulteriormente por las disciplinas espirituales de oriente [ >Cuerpo II, 2; >Yoga\/Zen]. Este m\u00e9todo se puede practicar individualmente, con frecuencia bajo la mirada de un acompa\u00f1ante; pero tambi\u00e9n se puede practicar socialmente, de modo particular en la vida mon\u00e1stica.<\/p>\n<p>Ateni\u00e9ndonos a la generalidad de los casos, la ascesis tiene en cuenta dos planos diversos; por un lado, impone servidumbres corporales; por otro, supone ejercicios de meditaci\u00f3n, sometidos tambi\u00e9n \u00e9stos a m\u00e9todos m\u00e1s o menos obligatorios. \u00bfPor qu\u00e9 dos planos de acci\u00f3n? El motivo es sencillo: no pueden concebirse ejercicios corporales que sean fin en si mismos; el asceta moral o religioso no es un deportista que quiere mantenerse en forma, sino un hombre espiritual que busca un progreso personal, una unificaci\u00f3n interior y un >Absoluto.<\/p>\n<p>Por tanto, el sentido de toda ascesis est\u00e1 determinado por el fin que uno se propone alcanzar. Situado siempre en el orden espiritual -entendido en el sentido amplio de vida m\u00e1s all\u00e1 de la pura supervivencia biol\u00f3gica-, ese fin implica un esfuerzo en relaci\u00f3n con las bases corporales de la personalidad, que \u00e9sta debe integrar y superar. El fin espiritual puede asumir formas diversas: el predominio de la conducta racional y virtuosa, la b\u00fasqueda de la uni\u00f3n con un Absoluto, la conquista de la libertad, el acceso a una superconciencia de tipo m\u00ed\u00adstico&#8230; sin que, por otra parte, un aspecto excluya al otro.<\/p>\n<p>Pero cuando emprendemos un esfuerzo met\u00f3dico, s\u00f3lo podemos hacerlo dej\u00e1ndonos guiar por una determinada concepci\u00f3n del hombre. Nadie escapa a esta necesidad. En la fase elemental de la formaci\u00f3n del ni\u00f1o, toda pedagog\u00ed\u00ada supone la sumisi\u00f3n a una cierta disciplina, la cual supone a su vez una concepci\u00f3n psicol\u00f3gica m\u00e1s o menos elaborada. Del mismo modo afirmamos y sobrentendemos siempre una psicolog\u00ed\u00ada tambi\u00e9n en las etapas m\u00e1s complejas de las disciplinas de la vida espiritual. No podemos, pues, juzgar las pr\u00e1cticas asc\u00e9ticas de una \u00e9poca o de una cultura sin tener en cuenta la psicolog\u00ed\u00ada que implican. Cada uno las acepta, las rechaza o las condena de acuerdo con sus propias concepciones psicol\u00f3gicas. Dada la diversidad y la complejidad de la psicolog\u00ed\u00ada humana, todo juicio sobre las disciplinas formadoras debe matizarse de modestia.<\/p>\n<p>Lo mismo debemos decir de las disciplinas de la meditaci\u00f3n. Est\u00e1n calcadas en las concepciones psicoespirituales propias de una cultura o de una ideolog\u00ed\u00ada. Podemos servirnos de ellas en la ascesis no s\u00f3lo porque implican con frecuencia posturas corporales, sino tambi\u00e9n porque se esfuerzan en influir en la imaginaci\u00f3n, la cual depende evidentemente de los sentidos y del fundamento corporal del pensamiento.<\/p>\n<p>2. LA ASCESIS CRISTIANA &#8211; Los problemas que plantea la ascesis cristiana han de tener en cuenta los diversos elementos que acabamos de poner de relieve; elementos que adquieren una coloraci\u00f3n muy especial debido a su inserci\u00f3n en el contexto de la fe.<\/p>\n<p>* Desde el punto de vista psicol\u00f3gico, la espiritualidad cristiana no se distingue b\u00e1sicamente de las otras. Las disciplinas asc\u00e9ticas adoptadas dependen de la concepci\u00f3n que se tiene del hombre, la cual habitualmente se relaciona con las culturas y con el estado de las ciencias psicol\u00f3gicas. Bajo este aspecto, la ascesis cristiana ha sido siempre diversificada, pero, hoy particularmente, no se ve c\u00f3mo podr\u00ed\u00ada la ascesis dejar de tener en cuenta los descubrimientos de la psicolog\u00ed\u00ada profunda referentes a las motivaciones inconscientes de nuestros comportamientos.<\/p>\n<p>* No obstante, en la medida en que la antropolog\u00ed\u00ada supone tambi\u00e9n una doctrina moral, es claro que la espiritualidad cristiana atribuye particular importancia a la noci\u00f3n de pecado y a la consideraci\u00f3n del hecho de la condici\u00f3n pecaminosa de la humanidad [>Pecador]. Sin duda, la valoraci\u00f3n concreta del desorden introducido en la humanidad y en los individuos por el pecado original ofrecer\u00e1 muchos matices, pero no caben doctrinas asc\u00e9ticas cristianas que prescindan de estas consideraciones. Por eso el Vat. 11, despu\u00e9s de mostrar que el hombre ha sido creado a imagen de Dios, a\u00f1ade: \u00abToda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, y por cierto dram\u00e1tica, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas\u00bb (GS 13). Bajo este aspecto, la vida cristiana implica siempre una ascesis, o sea, una lucha contra el pecado y contra sus manifestaciones en el hombre y en el mundo. Todo sistema educativo debe tenerlo en cuenta al elaborar sus m\u00e9todos de formaci\u00f3n.<\/p>\n<p>* El problema de la ascesis cristiana se vuelve m\u00e1s complicado por el hecho de que el hombre, para liberarse del mundo del pecado y para crecer en la vida sobrenatural, tiene necesidad constantemente de la gracia de Dios, ya se trate de las gracias sacramentales o de las m\u00faltiples gracias actuales que Dios puede concederle.<\/p>\n<p>De esta situaci\u00f3n fundamentalmente receptiva se derivan consecuencias importantes. Ante todo. el progreso espiritual no depende directamente del esfuerzo asc\u00e9tico, ni es directamente proporcional al mismo; Dios es el que infunde el aumento de la fe, de la esperanza y de la caridad, que constituyen la sustancia de la vida espiritual.<\/p>\n<p>El primado de la intervenci\u00f3n divina en el principio y en el desarrollo de la vida sobrenatural excluye toda tentaci\u00f3n de pelagianismo. Esta doctrina, que le reconoc\u00ed\u00ada al hombre el poder de progresar en la vida cristiana, no es s\u00f3lo un error de siglos pret\u00e9ritos; subsiste en numerosos contempor\u00e1neos, que exaltan la libertad del hombre y no conciben otra salvaci\u00f3n fuera de la que el hombre puede conquistar con sus propias fuerzas, lo mismo que subsiste inconscientemente en numerosos cristianos, sobre todo-\u00ab&#8216;j\u00f3venes, que no quieren reconocer sus debilidades y abandonan una vida espiritual que juzgan est\u00e1tica.<\/p>\n<p>Debemos aplicar el principio de la acci\u00f3n preveniente de Dios incluso en el campo important\u00ed\u00adsimo de la,,Iroraci\u00f3n. A \u00e9sta todos la consideran como el ejercicio privilegiado de la vida cristiana; la oraci\u00f3n mental consiste, en efecto, en una toma de conciencia cada vez m\u00e1s profunda del contenido del misterio de fe, por lo cual implica normalmente una transformaci\u00f3n de la conciencia cristiana en los juicios, en los efectos e incluso en las imaginaciones, que se atienen a los datos de la revelaci\u00f3n. Numerosos autores han propuesto m\u00e9todos de oraci\u00f3n para garantizar una aplicaci\u00f3n cada vez m\u00e1s completa de la mente y del coraz\u00f3n ala verdad revelada, y les han atribuido una eficacia particular para el progreso de la vida espiritual.<\/p>\n<p>A esta opini\u00f3n, que corre el riesgo de reducir el sentido del primado de la acci\u00f3n de Dios en la vida espiritual, se han opuesto los que podr\u00ed\u00adamos llamar los \u00abm\u00ed\u00adsticos\u00bb. Para ellos, el gran agente de la vida espiritual -por no decir el \u00fanico- es el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Ahora bien, \u00e9ste obra con suprema libertad y exige m\u00e1s bien una actitud de aceptaci\u00f3n y pasividad. Por tanto, no hay necesidad de m\u00e9todos de oraci\u00f3n, sino de disponibilidad radical a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>II. Ascesis y m\u00ed\u00adstica<br \/>\nEl problema que plantea el doble car\u00e1cter de la vida espiritual cristiana, la cual es al mismo tiempo activa y receptiva, ha ido adquiriendo poco a poco una forma te\u00f3rica. Los quietistas y semiquietistas, partiendo sobre todo de la vida de oraci\u00f3n, han luchado contra la tendencia -que ellos juzgaban excesiva- de imponer m\u00e9todos y pr\u00e1cticas onerosas al que intentaba darse a la vida espiritual.<\/p>\n<p>En las formas de quietismo -aparecidas a partir del s. xtn con los hermanos del libre esp\u00ed\u00adritu, y luego en los \u00abalumbrados\u00bb espa\u00f1oles del s. XVI, as\u00ed\u00ad como en los grandes autores del s. xvn (Molinos, Petrucci), a los cuales se a\u00f1adir\u00ed\u00ada sucesivamente la tendencia representada por F\u00e9nelon y por Mme, Guyonencontramos como rasgo com\u00fan la depreciaci\u00f3n del esfuerzo espiritual y la tendencia a reducir constantemente la actividad del hombre en favor de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Este principio se aplicar\u00ed\u00ada a la vida de oraci\u00f3n y ala vida moral: ya se trate de los ejercicios de meditaci\u00f3n o del esfuerzo para rechazar las tentaciones, para corregir los defectos o adquirir las virtudes, cuanto menos se empe\u00f1e el hombre en un esfuerzo personal m\u00e1s d\u00f3cil ser\u00e1 a las mociones del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Citemos dos proposiciones de Molinos: \u00abQuerer obrar activamente es ofender a Dios, que quiere ser El el \u00fanico agente; y por tanto es necesario abandonarse a s\u00ed\u00ad mismo todo y enteramente en Dios, y luego permanecer como un cuerpo ex\u00e1nime&#8230; No obrando nada, el alma se aniquila y vuelve a su principio y a su origen, que es la esencia de Dios, en la que permanece transformada y divinizada &#8216;.<\/p>\n<p>Algunos autores, como Henri Bremond, aunque sin llegar a exaltar semejante actitud quietista, han reprochado a ciertas tradiciones espirituales el insistir demasiado en los esfuerzos del sujeto y en los m\u00e9todos para garantizar el progreso en la vida espiritual. Bajo el nombre de \u00abascetismo\u00bb han descrito una tendencia muy real de la formaci\u00f3n espiritual de los siglos pasados. Dicha tendencia, demasiado voluntarista y fundada en una psicolog\u00ed\u00ada que tenia poco en cuenta la afectividad, ha empujado a excesos de tensi\u00f3n nerviosa y moral.<\/p>\n<p>Hoy, despu\u00e9s de que la psicolog\u00ed\u00ada profunda ha puesto de relieve la importancia de la vida afectiva y dada la desconfianza frente a las coacciones impuestas por la educaci\u00f3n, se tiende a valorar la pura espontaneidad espiritual y a insistir en la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que se manifiesta en la oraci\u00f3n de grupo o en los carismas.<\/p>\n<p>No podemos entrar en todas las discusiones hist\u00f3ricas y en las pr\u00e1cticas originadas por la existencia de corrientes diversas que valoran y desprecian la actividad met\u00f3dica del hombre espiritual. Limit\u00e9monos a algunas indicaciones sobre la problem\u00e1tica de la ascesis:<\/p>\n<p>* Seg\u00fan las diversas \u00e9pocas de la vida cristiana, unas veces ha sido la ascesis y otras la vida m\u00ed\u00adstica la que ha sentido la necesidad de afirmar su legitimidad. Cuando ciertos autores insist\u00ed\u00adan demasiado unilateralmente en la necesidad del esfuerzo del hombre y terminaban atribuy\u00e9ndole la capacidad de conseguir la perfecci\u00f3n, otros recordaban la condici\u00f3n fundamentalmente receptiva de la vida cristiana. En cambio, cuando se tend\u00ed\u00ada a eliminar toda actividad humana, la Iglesia recordaba la necesidad de que el hombre coopere a su propia salvaci\u00f3n y a la adquisici\u00f3n de la santidad. Actualmente parece que es m\u00e1s bien la vida asc\u00e9tica la que siente necesidad de probar su propia legitimidad; es justamente lo que nosotros intentamos hacer en el curso de estas p\u00e1ginas.<\/p>\n<p>* Si, con la mayor\u00ed\u00ada de los autores, llamamos vida asc\u00e9tica a la que se esfuerza en determinar la parte activa del hombre en su vida espiritual, y vida m\u00ed\u00adstica a la que experimenta la intervenci\u00f3n directa de Dios en la vida espiritual, podemos admitir entonces sin grandes dificultades que la ascesis caracteriza m\u00e1s bien a los principios de la vida espiritual y que la m\u00ed\u00adstica contempla preferentemente a las almas que est\u00e1n ya muy avanzadas.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n es sencilla: en los comienzos de la vida espiritual hay que proceder a una purificaci\u00f3n y a una rectificaci\u00f3n de modos demasiado naturales de sentir y de juzgar. Se trata, pues, de llegar a una determinada conversi\u00f3n, cuyas grandes lineas est\u00e1n fijadas en el Evangelio: buscar primero el reino de Dios y su justicia y esforzarse con este fin en vivir el programa definido por las bienaventuranzas. Tambi\u00e9n en lo que se refiere a la formaci\u00f3n en la oraci\u00f3n, es claro que hay que proponer modos de proceder m\u00e1s o menos met\u00f3dicos, cuya finalidad es conducir al principiante a una cierta concentraci\u00f3n espiritual y encaminarle al descubrimiento de la Sagrada Escritura [Palabra de Dios].<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 pensar que obrando as\u00ed\u00ad suscitamos fatalmente un sentido de coacci\u00f3n? La experiencia muestra que los principiantes tienen demasiada conciencia de los obst\u00e1culos involuntarios que se oponen a su deseo de una vida espiritual profunda, y por esto aceptan, e incluso buscan, ciertas disciplinas y tambi\u00e9n una verdadera renuncia. Para ellos, el peligro est\u00e1 m\u00e1s bien en atribuir a sus propios esfuerzos una eficacia en cierto modo mec\u00e1nica.<\/p>\n<p>Por el contrario, el alma, al progresar, alcanza su verdadera personalidad espiritual y se orienta hacia un desarrollo positivo, cuyas modalidades resulta dif\u00ed\u00adcil prever. El alma m\u00e1s avanzada goza de una mayor espontaneidad en virtud de la misma docilidad al Espirito Santo que ya ha adquirido, y esto lo mismo en el campo de la vida de oraci\u00f3n que en el de las relaciones interpersonales o en el del conocimiento de Cristo.<\/p>\n<p>Los dos momentos que hemos precisado no pueden separarse de modo absoluto; el que comienza experimenta ya las inspiraciones del Espirito Santo y debe estar pronto a seguirlas; el que va ya m\u00e1s adelante no podr\u00e1 dejar de realizar esfuerzos de purificaci\u00f3n. Asc\u00e9tica y m\u00ed\u00adstica se distinguen, pues, no como dos modos espirituales que se excluyen rec\u00ed\u00adprocamente, sino como dos momentos sucesivos que, sin embargo, se compenetran tambi\u00e9n en una cierta medida.<\/p>\n<p>* No es extra\u00f1o, pues, que el lenguaje refleje esta ambig\u00fcedad. Algunos autores incluyen bajo el nombre de teolog\u00ed\u00ada m\u00ed\u00adstica la totalidad del desarrollo espiritual: otros, en cambio, hablan de teolog\u00ed\u00ada asc\u00e9tica para expresar la misma cosa. En alem\u00e1n e italiano, \u00abAszetik\u00bb y \u00abascetica\u00bb se emplean a\u00fan corrientemente en sentido global. La lengua francesa distingue con m\u00e1s precisi\u00f3n los dos aspectos de la vida espiritual, y utiliza la expresi\u00f3n \u00abteolog\u00ed\u00ada espiritual\u00bb para incluir los dos aspectos del desarrollo de la vida sobrenatural. Del franc\u00e9s ha pasado luego poco a poco el t\u00e9rmino \u00abspiritualit\u00e9\u00bb a las otras lenguas.<\/p>\n<p>* Aun teniendo clara conciencia de que el problema de las relaciones entre asc\u00e9tica y m\u00ed\u00adstica toca la cuesti\u00f3n tan delicada y compleja de la relaci\u00f3n entre naturaleza y sobrenaturaleza, entre la acci\u00f3n de Dios y la actividad del hombre, por lo cual no es posible dar una respuesta f\u00e1cil, podemos preguntarnos, sin embargo, si no es posible precisar desde un punto de vista pr\u00e1ctico c\u00f3mo se articulan los esfuerzos asc\u00e9ticos y la receptividad de la vida espiritual cristiana.<\/p>\n<p>Parece que la respuesta mejor es la que encontramos en la espiritualidad m\u00e1s cl\u00e1sica, o sea, la de san Ignacio de Loyola, de santa Teresa de Avila y san Juan de la Cruz. En ellos, en efecto, encontramos a menudo la idea de que la actividad del hombre consiste en \u00abdisponerse\u00bb a la acci\u00f3n de Dios, el cual da el comienzo y el crecimiento a la vida espiritual.<\/p>\n<p>El testimonio de san Ignacio resulta tanto m\u00e1s convincente cuanto que el fundador de la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas pasa por ser uno de los que m\u00e1s han insistido en la necesidad de la cooperaci\u00f3n del hombre a la gracia de Dios; compuso sus Ejercicios siguiendo una dial\u00e9ctica rigurosa y multiplica los consejos met\u00f3dicos para uso del director [Ejercicios espirituales]; pero no concibe en modo alguno sus Ejercicios espirituales a la manera de una t\u00e9cnica infalible; para \u00e9l \u00abse llaman ejercicios espirituales todo modo de preparar y disponer el \u00e1nima\u00bb (Ejer. esp., n. 1). Es cierto que hay un m\u00e9todo, pero su finalidad es disponer el alma, y no transformarla directamente. As\u00ed\u00ad, el hecho mismo de entrar en retiro constituye s\u00f3lo una disposici\u00f3n ala acci\u00f3n de Dios: \u00abCuanto m\u00e1s nuestra \u00e1nima se halla sola y apartada, se hace m\u00e1s apta para acercarse y llegar a su Criador y Se\u00f1or, y cuanto m\u00e1s as( se allega, m\u00e1s se dispone a recibir gracias y dones de su divina y suma bondad\u00bb (Ejer. esp., n. 20). Por lo dem\u00e1s, tal disposici\u00f3n dura a lo largo de toda la vida espiritual: \u00abCuanto m\u00e1s uno se ligare con Dios nuestro Se\u00f1or, y m\u00e1s liberal se mostrare con su divina Majestad, tanto le hallar\u00e1 m\u00e1s liberal consigo, y \u00e9l estar\u00e1 m\u00e1s dispuesto para recibir d\u00ed\u00ada tras d\u00ed\u00ada mayores gracias y dones espirituales\u00bb (Constituciones III, 1, 22).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, podemos decir que todos los esfuerzos del hombre miran a disponerlo para que se beneficie de la acci\u00f3n santificante de Dios. Desarrollan una funci\u00f3n eminentemente positiva. Todo esfuerzo de conversi\u00f3n y de rectificaci\u00f3n constituye una disposici\u00f3n a participar de la rectitud y de la santidad de Dios. Similarmente, toda cooperaci\u00f3n a la gracia actual de Dios dispone al cristiano para recibir gracias mayores. Desde el momento en que Dios ha querido que el hombre coopere a su propia salvaci\u00f3n, \u00e9ste no puede despreciar los medios que la doctrina evang\u00e9lica y la experiencia de la Iglesia han reconocido siempre como aptos para disponernos mejor a recibir los dones de Dios.<\/p>\n<p>No obstante, se trata s\u00f3lo de una disposici\u00f3n. La idea de \u00abdisposici\u00f3n\u00bb, lejos de suponer que el hombre es capaz de asegurarse por s\u00ed\u00ad solo su propio progreso espiritual, sit\u00faa la verdadera eficacia espiritual del lado de la acci\u00f3n divina. Y esto es tanto m\u00e1s importante cuanto que hay que distinguir cuidadosamente los planos en que se ejercita la disposici\u00f3n. Cuando se trata, por ejemplo, del plano muy exterior de la penitencia corporal o de una disciplina de la imaginaci\u00f3n, estas buenas disposiciones pueden verse contrariadas por malas disposiciones en el plano interior de la humildad, de la pobreza espiritual o de la confianza.<\/p>\n<p>Dios, para evitar que nos enga\u00f1emos y estimemos nuestros esfuerzos exteriores m\u00e1s que nuestras disposiciones interiores, permite que experimentemos lo que san Ignacio llama la desolaci\u00f3n, o sea, la conciencia sobre todo de nuestra debilidad y de nuestra impotencia en el orden espiritual: La desolaci\u00f3n nos da&#8230; \u00abverdadera noticia y conocimiento para que internamente sintamos que no depende de nosotros traer o tener devoci\u00f3n crecida, amor intenso, l\u00e1grimas ni alguna otra consolaci\u00f3n espiritual, sino que todo es don y gracia de Dios nuestro Se\u00f1or. Y porque en cosa ajena no pongamos nido, alzando nuestro entendimiento con alguna soberbia o gloria vana, o atribuyendo a nosotros la devoci\u00f3n y las otras partes de la espiritual consolaci\u00f3n\u00bb (Ejerc. esp., n. 322).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el fundamento de toda ascesis -y, al mismo tiempo, su limite- hay que buscarlo en el principio general de que Dios ha querido la cooperaci\u00f3n del hombre en la obra de su propia salvaci\u00f3n. Veamos ahora algunas aplicaciones m\u00e1s importantes de este principio en la vida espiritual corriente.<\/p>\n<p>III. Recuperaci\u00f3n de los valores asc\u00e9ticos en la vida espiritual de hoy<br \/>\nCualquiera que sea la medida de las pr\u00e1cticas asc\u00e9ticas que uno considere indispensables, es inevitable una cierta ascesis, por lo menos bajo la forma de una disciplina de vida. Examinemos algunos casos m\u00e1s importantes.<\/p>\n<p>1. VALOR Y DISCIPLINA DEL CUERPO &#8211; Una de las pr\u00e1cticas asc\u00e9ticas m\u00e1s antiguas y m\u00e1s difundidas atarle a la relaci\u00f3n cuerpo-esp\u00ed\u00adritu; podemos decir que el sentido m\u00e1s com\u00fan del t\u00e9rmino \u00abascesis\u00bb contempla precisamente la disciplina corporal que el >hombre espiritual quiere imponerse. Las formas de tal ascesis corporal son m\u00faltiples y miran ante todo a mortificar los sentidos y a iniciar una vida austera, que reduce las exigencias provenientes de las necesidades corporales: nutrici\u00f3n, vestido, sue\u00f1o, dependencia de las condiciones clim\u00e1ticas, resistencia al sufrimiento f\u00ed\u00adsico.<\/p>\n<p>Sobre este punto, la psicolog\u00ed\u00ada moderna ha manifestado graves reservas. Para ella, la mortificaci\u00f3n corporal, lejos de ser signo de una exigencia espiritual, es m\u00e1s bien s\u00ed\u00adntoma de un desequilibrio ps\u00ed\u00adquico m\u00e1s o menos profundo. Y numerosos estudios de espiritualidad moderna tienden a revalorizar la funci\u00f3n de los sentidos en nuestra relaci\u00f3n con Dios&#8217;.<\/p>\n<p>Hay que reconocer que indudablemente es posible confundir la b\u00fasqueda de la mortificaci\u00f3n corporal con la tentaci\u00f3n de angelismo. Este se basa en el rechazo del >cuerpo, y especialmente de la >sexualidad; no acepta las leyes comunes de la vida corporal, ni la miseria de lo vulgar y lo com\u00fan; el angelismo repudia la condici\u00f3n corporal, repudio que puede f\u00e1cilmente confundirse con la renuncia asc\u00e9tica. Tambi\u00e9n es posible otra desviaci\u00f3n. imponerse mortificaciones corporales para dar satisfacci\u00f3n a un sentido de culpa. Seg\u00fan la terminolog\u00ed\u00ada habitual, la mortificaci\u00f3n ser\u00ed\u00ada expresi\u00f3n de un masoquismo m\u00e1s o menos pronunciado. Estas desviaciones vividas por el individuo pueden asumirlas tambi\u00e9n los grupos. As\u00ed\u00ad, los c\u00e1taros y los albigenses rechazaban el matrimonio, y las congregaciones de tos flagelantes no siempre acreditaban una buena salud espiritual \u00c2\u00b0.<\/p>\n<p>Tengamos en cuenta -y esto constituye ya un elemento de soluci\u00f3n- que las desviaciones morbosas de la mortificaci\u00f3n se caracterizan ante todo por una falta de mesura. El rechazo del cuerpo y de la sexualidad lleva a asumir actitudes exageradas, durase incontroladas. Pues bien, los maestros espirituales, que advirtieron el peligro y la ambig\u00fcedad de los excesos de la penitencia, insistieron en la mesura que debe observar la mortificaci\u00f3n corporal. San Ignacio, por ejemplo, se muestra sumamente reservado en relaci\u00f3n con las mortificaciones relativas al sue\u00f1o (Ejerc. espir., n. 84) y pone en guardia tambi\u00e9n contra las exageraciones en la penitencia corporal: \u00abLo que parece m\u00e1s c\u00f3modo y m\u00e1s seguro en la penitencia es que el dolor sea sensible en la carne y no penetre en los huesos, de modo que d\u00e9 dolor y no enfermedad; por lo cual parece m\u00e1s conveniente lastimarse con cuerdas delgadas, que dan dolor de fuera, que no de otra manera que cause dentro enfermedad que sea notable\u00bb (Ejerc. espir., n. 86). Por su parte, san Francisco de Sales exige siempre el control del padre espiritual: \u00abEn cualquier caso, no deb\u00e9is emprender nunca austeridades corporales sin el consejo de vuestro gu\u00ed\u00ada\u00bb&#8216;. Gracias a este control exterior, los impulsos malsanos encuentran mucha mayor dificultad para imponerse y lograr su satisfacci\u00f3n. El,,0&#8217;padre espiritual estar\u00e1 siempre muy atento a dar la preferencia a las virtudes interiores de la,-,\u00bbhumildad y de la paciencia en detrimento del deseo de realizar grandes penitencias exteriores.<\/p>\n<p>Estas, en efecto, tienen su justificaci\u00f3n profunda s\u00f3lo en la relaci\u00f3n que guardan con la penitencia interior. \u00abLa penitencia escribe san Ignacio- se divide en interna y externa. La interna es dolerse de sus pecados con firme prop\u00f3sito de no cometer aqu\u00e9llos ni algunos otros; la externa o fruto de la primera es castigo de los pecados cometidos\u00bb (Ejerc. espir., n. 82). No es posible invertir el orden de las dos formas de penitencia, ya que la vida cristiana se caracteriza ante todo por las disposiciones del coraz\u00f3n y no por las pr\u00e1cticas exteriores. Estas manifiestan a las primeras y miran \u00fanicamente a vigorizarlas y hacerlas reales.<\/p>\n<p>Podemos aducir tambi\u00e9n otras consideraciones m\u00e1s generales para justificar la ascesis corporal. El P. de Montcheuil, por ejemplo, observa que en nosotros la caridad necesita ser liberada. Ahora bien, \u00abel ejercicio de la caridad supone el dominio del cuerpo y requiere que uno pueda exigirse cosas dolorosas. La pereza, la inercia, el amor a la comodidad, el miedo al esfuerzo impedir\u00e1n siempre que uno asuma la actitud requerida por el amor a Dios y al pr\u00f3jimo. Del mismo modo existe una ascesis de la imaginaci\u00f3n, del coraz\u00f3n y de la inteligencia\u00bb\u00c2\u00b0. Sin lugar a dudas, es muy dif\u00ed\u00adcil establecer en qu\u00e9 medida el amor de la comodidad o un cuidado exagerado de la salud obstaculizan una vida espiritual incluso deseada, pero no es posible negar esta influencia negativa. Una segunda raz\u00f3n es \u00e9sta: el ejercicio de la mortificaci\u00f3n corporal, por m\u00e1s que se reduzca su contenido material, es una arirmaci\u00f3n que nos hacemos a nosotros mismos de la gran estima en que tenemos los valores espirituales en comparaci\u00f3n con los corporales. En toda mortificaci\u00f3n se manifiesta siempre una toma de posici\u00f3n a favor de los valores espirituales, y siempre tenemos necesidad de resistir al atractivo y a los tirones del cuerpo.<\/p>\n<p>Estas dos consideraciones, muy comunes en la ascesis corporal, pueden completarse con otra consideraci\u00f3n menos habitual, cuyo papel, sin embargo, es importante: en nuestra vida ordinaria tratamos al cuerpo -y al vestir, que prolonga su significado- en funci\u00f3n de la relaci\u00f3n que deseamos establecer con el mundo que nos rodea; en otras palabras: nuestro cuerpo aparece como un s\u00ed\u00admbolo del nexo que deseamos mantener con el mundo. El hombre espiritual trata a su cuerpo con desconfianza y rigor o con suavidad e indulgencia, seg\u00fan que mantenga con el ambiente una relaci\u00f3n de prudencia y desconfianza o bien de confianza y aceptaci\u00f3n. En este punto es decisiva nuestra actitud con respecto al uso de los bienes del mundo: riquezas, honores, placeres. El que aspira a ser un hombre que estima los bienes espirituales y que lo relaciona todo con Dios, trata a su cuerpo y los bienes materiales con un cierto desapego, e incluso con un cierto rigor, si desea manifestar una ruptura m\u00e1s decisiva. San Pablo se lo recuerda a Timoteo: \u00abTeniendo con qu\u00e9 alimentarnos y vestirnos, sint\u00e1monos con ello contentos. Pues los que quieren enriquecerse caen en tentaci\u00f3n, en lazos y en muchas codicias insensatas y funestas\u00bb (1 Tm 8.8-9).<\/p>\n<p>En cuanto a la cuesti\u00f3n, antes mencionada, de la parte que hay que reconocerle a la sensibilidad en relaci\u00f3n con Dios, no es posible resolverla de manera demasiado simplista, valorizando unilateralmente la vida de los sentidos; eso ser\u00ed\u00ada manifiestamente contrario a toda la tradici\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>En efecto, hemos de tener en cuenta ante todo que la reconciliaci\u00f3n de los sentidos con el esp\u00ed\u00adritu en la b\u00fasqueda de Dios es un estado terminal de la vida espiritual. Los santos llegaron a \u00e9l s\u00f3lo despu\u00e9s de una vida muy mortificada y toda ella encaminada a la b\u00fasqueda de Dios. Este deseo eclipsaba cualquier otra aspiraci\u00f3n. Para decirlo con palabras de san Juan de la Cruz, consintieron en entrar en la noche de los sentidos y la buscaron incluso activamente. \u00bfEs preciso recordar las consignas terminantes del doctor del Carmelo? \u00abPara venir a gustarlo todo, no quieras tener gusto en nada\u00bb\u00c2\u00b0.<\/p>\n<p>Cuando el hombre espiritual est\u00e9 bien purificado en sus sentidos y en su esp\u00ed\u00adritu, gustar\u00e1 una gran paz y sus mismos sentidos le servir\u00e1n de instrumento para una posesi\u00f3n m\u00e1s total de Dios. En cierto modo ellos anticipar\u00e1n la vida gloriosa, donde todo el ser est\u00e1 espiritualmente transformado. Pero antes habr\u00e1n de pasar a trav\u00e9s de la muerte.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el principio decisivo de la vida espiritual que explica esta necesidad de la mortificaci\u00f3n para llegar a la transformaci\u00f3n? Dado que el cuerpo y el esp\u00ed\u00adritu intervienen en toda actividad humana, es preciso ante todo respetar el sentido de esta relaci\u00f3n: toda actividad sensible debe estar subordinada al deseo del esp\u00ed\u00adritu. El hombre que entra en las v\u00ed\u00adas espirituales debe estar dispuesto a realizar cualquier clase de renuncia en el uso de su sensibilidad, si advierte claramente que experimenta un perjuicio por lo que se refiere a la libertad y ala intensidad de su b\u00fasqueda de Dios. En cambio, referente a la medida y a la modalidad de tal renuncia, ello depende de la persona misma, de su constituci\u00f3n f\u00ed\u00adsica, de su formaci\u00f3n y de su historia. Admitida la necesidad com\u00fan de una cierta purificaci\u00f3n, hay que reconocer, por lo dem\u00e1s, la gran diversidad de la experiencia espiritual.<\/p>\n<p>Puede a\u00f1adirse otro deseo, que empuja a la penitencia y a la mortificaci\u00f3n y que acompa\u00f1a a esta fase de la purificaci\u00f3n: el deseo de participar en la pasi\u00f3n redentora de Cristo. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad puede manifestarse el peligro de una complacencia, hasta cierto punto morbosa, en el sufrimiento; pero no hemos de olvidar que el deseo de uni\u00f3n con Cristo paciente se encuentra ya en los m\u00e1rtires, y que va unido en los m\u00e1s sobresalientes a una espiritualidad de paz y de alegr\u00ed\u00ada, la cual indica que se trata de una llamada aut\u00e9ntica a participar de la redenci\u00f3n del mundo en uni\u00f3n con Cristo [>Cruz; >Misterio pascual].<\/p>\n<p>2. VIDA ASCETICA EN EL COMPROMISO HIST\u00ed\u201cRICO &#8211; La relaci\u00f3n cuerpo-esp\u00ed\u00adritu nos ha parecido que es lo que plantea a la ascesis cristiana los problemas m\u00e1s inmediatos. Hemos visto, sin embargo, que dicha relaci\u00f3n, por un lado, apunta por completo a una ascesis interior y, por otro, simboliza la relaci\u00f3n m\u00e1s general del hombre con el mundo. De ah\u00ed\u00ad la pregunta que nos hacemos ahora: \u00bfCu\u00e1l debe ser la relaci\u00f3n del cristiano con el mundo circundante? Se trata de una pregunta que adquiere un matiz particular para el que quiere dedicarse al -\u00abapostolado y para el,-\u00ablaico que debe mantener necesariamente relaciones m\u00e1s estrechas con la sociedad en la que act\u00faa.<\/p>\n<p>Los aspectos te\u00f3ricos de este problema se cuentan entre los que m\u00e1s han ocupado la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica de estos \u00faltimos decenios, especialmente despu\u00e9s del Vat. 11. En realidad, para conocer la postura que el cristiano debe adoptar en su relaci\u00f3n con el mundo, hay que determinar el valor de ese mundo y, por tanto, de la historia humana, cuyo ambiente \u00e9l constituye. Este problema no es exclusivamente moderno, pero tan s\u00f3lo ha adquirido toda su dimensi\u00f3n cuando el hombre ha tomado conciencia de su capacidad de actuaci\u00f3n sobre la historia. A partir del momento en que el hombre se ha hecho capaz, gracias a su t\u00e9cnica, de multiplicar las riquezas que le son \u00fatiles, y ha concebido, con la llegada de las revoluciones pol\u00ed\u00adticas, la ambici\u00f3n de modelar la sociedad a su gusto, se ha planteado con mayor urgencia la determinaci\u00f3n del valor de la historia que ve n\u00ed\u00ada creando.<\/p>\n<p>El exceso de simplificaci\u00f3n ha propiciado la aparici\u00f3n de dos visiones del mundo opuestas. La primera insiste en la caducidad del compromiso humano y en el hecho de que la realizaci\u00f3n \u00faltima de la historia de los hombres prev\u00e9 \u00abcielos nuevos y tierra nueva\u00bb, de donde se sigue un cierto desprendimiento del inter\u00e9s por el mundo y, por tanto, desde el punto de vista que aqu\u00ed\u00ad nos interesa, una propensi\u00f3n al desprendimiento de todos los bienes terrenos, lo cual constituye la materia de la ascesis. La segunda visi\u00f3n del mundo se apoya en el hecho de que la encarnaci\u00f3n de Cristo ha conferido a la creaci\u00f3n un mayor valor, ya que a partir de ella todo est\u00e1 consagrado en Cristo, el cual recapitula adem\u00e1s toda la historia de los hombres. En esta perspectiva el mundo posee un valor intr\u00ed\u00adnseco, y el uso que de \u00e9l hacemos reviste una dimensi\u00f3n propiamente espiritual, ya que es una continuaci\u00f3n del misterio de la encarnaci\u00f3n, del cual debemos participar cada vez m\u00e1s plenamente.<\/p>\n<p>Que nos hallamos ante una oposici\u00f3n simplificadora lo evidencia sin m\u00e1s el hecho de que ambas perspectivas forman necesariamente palle de la visi\u00f3n cristiana del mundo. Este mundo est\u00e1 a la vez santificado por Cristo y destinado a una transformaci\u00f3n total. Pues \u00e9sta es la doctrina puesta de manifiesto por el Vat. II. En la GS y en AA afirma el valor y una cierta autonom\u00ed\u00ada de la actividad humana, as\u00ed\u00ad como la esperanza de una consumaci\u00f3n escatol\u00f3gica; el cap\u00ed\u00adtulo tercero de GS trata todo \u00e9l de la actividad humana y recuerda la advertencia del Se\u00f1or: \u00abPorque. \u00bfde qu\u00e9 le aprovecha al hombre ganar el mundo entero, si pierde o se dada a s\u00ed\u00ad mismo?\u00bb (Le 9,25, citado en el n. 39).<\/p>\n<p>Es, pues, evidente que el problema pr\u00e1ctico-concreto de la parte que se ha de asignar a la aceptaci\u00f3n del mundo y al compromiso en \u00e9l no puede resolverse de manera un\u00ed\u00advoca sobre la base de las ense\u00f1anzas del concilio. Siempre habr\u00e1 diferencias en la valoraci\u00f3n pr\u00e1ctica de las relaciones entre reino de Dios y progreso humano. Algunos, movidos por la impaciencia de Dios, tender\u00e1n ante todo a buscar el reino de Dios y su justicia; otros ser\u00e1n m\u00e1s sensibles al hecho de que el progreso social est\u00e1 ya ordenado al reino de Dios (GS 39).<\/p>\n<p>Seria indudablemente mejor tener presente que la relaci\u00f3n persona-mundo y la ascesis que ella implica dependen de la situaci\u00f3n de las personas.<\/p>\n<p>Bajo el aspecto individual, ante todo hay que tener en cuenta las necesidades particulares de cada uno; necesidades que dependen de la historia de la persona, de sus preferencias espirituales, de sus dificultades y de su situaci\u00f3n social. La,-\u00abhistoria de la espiritualidad muestra de sobra que la atracci\u00f3n porta penitencia y por la ascesis ha sufrido grandes variaciones seg\u00fan las personas. Adem\u00e1s, es f\u00e1cil ver que las distintas \u00f3rdenes religiosas existentes en la Iglesia reservan una parte m\u00e1s o menos grande ala penitencia corporal o a la disciplina de los estudios: un trapense, consagrado al silencio, no es un jesuita. En lineas generales, est\u00e1 claro que una orden apost\u00f3lica no puede llevar la misma vida asc\u00e9tica que practica una orden contemplativa.<\/p>\n<p>An\u00e1logamente, es necesario subrayar que la vida asc\u00e9tica no puede ser la misma en el caso de los >laicos y de las personas consagradas [Vida consagrada]. Mientras que los primeros deben vivir su relaci\u00f3n con el mundo en el compromiso familiar [ -\u2020\u00a2-Familia], profesional y socio-pol\u00ed\u00adtico [>Pol\u00ed\u00adtica], las segundas deben distanciarse del mundo en virtud de su misma consagraci\u00f3n religiosa [Celibato y virginidad] o sacerdotal [Ministerio pastoral]. Cualesquiera que sean las dificultades de aplicaci\u00f3n de tal principio, \u00e9ste se nos impone en una sana interpretaci\u00f3n del Vat. II. Baste observar al respecto que el Concilio dedic\u00f3 un decreto especial al apostolado de los laicos, mientras que trat\u00f3 en otro lugar de la vida apost\u00f3lica dentro de la vida religiosa.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber puesto as\u00ed\u00ad de relieve las diferencias asc\u00e9ticas que se manifiestan en la relaci\u00f3n con el mundo, intentemos ahora definir con mayor precisi\u00f3n las exigencias asc\u00e9ticas que se derivan de la relaci\u00f3n que el cristiano mantiene con el mundo, y en particular de su relaci\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>Para comprender bien las exigencias generales, hay que recordar en especial que toda vida humana implica renuncias. Todo hombre desea realizarse. Nada hay m\u00e1s leg\u00ed\u00adtimo. Pero \u00bfno se impone acaso a todos una cierta jerarqu\u00ed\u00ada de valores? \u00bfNo es preciso, por ejemplo, preferir la relaci\u00f3n de caridad a la acumulaci\u00f3n de conocimientos, la cultura a la b\u00fasqueda del placer sensual? \u00bfNo renuncia quiz\u00e1 la madre de familia por amor a los hijos a muchas formas de autorrealizaci\u00f3n y de cultura, cuya legitimidad es indiscutible?<br \/>\nTomemos el caso de las relaciones interpersonales [Amistad VIII-XI]. Aun poseyendo en s\u00ed\u00ad mismas un gran valor, no podemos considerarlas como algo absoluto. Ya se trate de casados o de personas consagradas, \u00e9stos no pueden cultivarlas sin discreci\u00f3n y prudencia. Dada la gran libertad que hoy envuelve las relaciones interpersonales, cada cual debe protegerse con la debida disciplina, si no quiere terminar en situaciones concretas demasiado dif\u00ed\u00adciles o hasta pecaminosas. El campo en que ha de aplicarse este principio es variado e inmenso. En la pr\u00e1ctica, cuando habitualmente no se controlan los sentimientos y los movimientos afectivos, resulta improbable que se llegue a dar con la actitud justa en las circunstancias m\u00e1s decisivas de las relaciones interpersonales. Las \u00abpasiones\u00bb, como sol\u00ed\u00adan llamarlas los autores antiguos, se revigorizan muy r\u00e1pidamente y conducen a decisiones que no se pueden justificar dentro de una perspectiva espiritual.<\/p>\n<p>En particular debemos mencionar aqu\u00ed\u00ad la ascesis requerida por la vida apost\u00f3lica. Es preciso ver que el sentido aut\u00e9ntico de la vida apost\u00f3lica lleva a establecer reglas de renuncia.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo comprenderlas sin una idea justa del >apostolado y, sobre todo, sin captar bien su car\u00e1cter sobrenatural? El crecintiento de la Iglesia no depende autom\u00e1ticamente de la actividad apost\u00f3lica de sus miembros, sino de Dios, que le da fecundidad: \u00abYo -afirma Pablo- plant\u00e9, Apolo reg\u00f3, pero quien hizo crecer fue Dios. Nada son ni el que planta, ni el que riega, sino Dios, que hace crecer\u00bb (1 Cor 3,8-7). El ap\u00f3stol es un colaborador de Dios.<\/p>\n<p>En una linea m\u00e1s general a\u00fan, no hemos de perder de vista que todas nuestras ocupaciones tienen dos vertientes: una, poda que poseen un valor intr\u00ed\u00adnseco, mayor o menor, y que contribuye a nuestro progreso natural y espiritual; otra, por la que aparecen como correspondencias a la voluntad de Dios, como su concretizaci\u00f3n. El ap\u00f3stol, pues, no puede confundir su propia actividad natural con su acci\u00f3n apost\u00f3lica. A menudo se comprueba que la actividad apost\u00f3lica puede servir de mampara que encubre la afirmaci\u00f3n de la personalidad y convicciones del ap\u00f3stol. Pero si \u00e9ste quiere llevar a cabo la obra de Dios, ha de mantenerse disponible a la renuncia y a la abnegaci\u00f3n de su voluntad. San Lucas hace menci\u00f3n de ello cuando nos presenta al Se\u00f1or dedicado a ense\u00f1ar a los ap\u00f3stoles las exigencias de su vocaci\u00f3n: aceptar la pobreza, estar oenvencidos de la preeminencia del anuncio del evangelio y renunciar a la vida de familia (Lc 9,57-82); m\u00e1s adelante vuelve sobre esta abnegaci\u00f3n radical y precisa su aspecto esencial: \u00abEl que no carga con su cruz y viene tras de m\u00ed\u00ad, no puede ser mi disc\u00ed\u00adpulo\u00bb (Le 14,27) [rApostolado VII].<\/p>\n<p>El ap\u00f3stol debe considerarse fundamentalmente instrumento de Cristo, el cual quiere difundir a trav\u00e9s de \u00e9l su propia luz y amor: \u00abPorque no nos predicamos a nosotros mismos -escribe san Pablo-, sino a Jesucristo, el Se\u00f1or\u00bb (2 Cor 4,5). Hay que proseguir, pues, con perseverancia la lucha contra todo lo que hace del ap\u00f3stol un instrumento menos d\u00f3cil y menos eficaz. Cuanto m\u00e1s lleno est\u00e9 el ap\u00f3stol del amor de Cristo y deseoso de darle a conocer, m\u00e1s aceptar\u00e1 tambi\u00e9n las renuncias necesarias y el esfuerzo de formaci\u00f3n que le hace m\u00e1s id\u00f3neo para desarrollar su minister\u00ed\u00ado apost\u00f3lico.<\/p>\n<p>3. ASCESIS Y ORACI\u00ed\u201cN &#8211; El tercer sector en que se plantea con mayor relevancia el problema de la ascesis, es el de la vida interior, y en particular el de la vida de oraci\u00f3n. Estas dos formas de vida espiritual deber\u00ed\u00adan ser de suyo m\u00e1s bien independientes la una de la otra, puesto que la ascesis ata\u00f1e al esfuerzo exterior, necesario para la purificaci\u00f3n y crecimiento de la caridad, mientras que la oraci\u00f3n concierne al ejercicio mismo de la uni\u00f3n con Dios. Sin embargo, existe en concreto un lazo entre estos dos \u00f3rdenes de realidad; pues la vida de oraci\u00f3n exige una lucha constante contra la tendencia a desparramarse hacia afuera, as\u00ed\u00ad como una cierta disciplina interior, un esfuerzo met\u00f3dico, al menos en los comienzos.<\/p>\n<p>Si bien la vida apost\u00f3lica, como hemos dicho, pertenece al orden sobrenatural y nos hace tocar con la mano nuestra impotencia para promover por nosotros solos el reino de Dios, la experiencia com\u00fan nos dice que habitualmente nos satisface influir con nuestra actuaci\u00f3n en el mundo y en los dem\u00e1s; esta satisfacci\u00f3n, perfectamente natural, se infiltra tambi\u00e9n en la actividad apost\u00f3lica. En cambio, la vida de oraci\u00f3n supone una receptividad fundamental frente a la acci\u00f3n de Dios. Consiguientemente, hay que cambiar de actitud: debemos poner freno al deseo de afirmarnos a nosotros mismos para colocarnos en situaci\u00f3n de recepci\u00f3n y de espera. No hay duda de que un cambio as\u00ed\u00ad requiere un esfuerzo tanto m\u00e1s considerable cuanto m\u00e1s la persona en cuesti\u00f3n se sienta inclinada a la acci\u00f3n. A la naturaleza le cuesta abandonar una actividad que parec\u00ed\u00ada fructuosa, para dedicarse ala oraci\u00f3n, cuya fecundidad s\u00f3lo en momentos raros resulta tangible.<\/p>\n<p>Aclaremos un poco mejor este punto. La dificultad no consiste tanto en el hecho de que atrae m\u00e1s la acci\u00f3n que la vida interior, sino m\u00e1s bien en la diferencia de actitud moral que implican una y otra. La acci\u00f3n, incluida la apost\u00f3lica, es afirmaci\u00f3n de uno mismo; la oraci\u00f3n, en cambio, rebajamiento personal delante de Dios, frente al cual experimentamos una dependencia radical. Se requiere mucho valor para preferir la vida oscura de la fe al esplendor del \u00e9xito exterior.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, no podemos negar que la acci\u00f3n aut\u00e9ntica supone una profunda vida de oraci\u00f3n. El apostolado se apoya ante todo en la presencia personal del ap\u00f3stol, el cual debe ser por s\u00ed\u00ad mismo un revelador de la santidad y de los pensamientos de Dios. El ap\u00f3stol debe ser el \u00abperfume de Cristo\u00bb (2 Cor 2,15); pero s\u00f3lo conseguir\u00e1 serlo si se ejercita continuamente en anudar y profundizar una estrecha uni\u00f3n con Cristo por medio de la oraci\u00f3n y de la vida sacramental.<\/p>\n<p>La necesidad del esfuerzo asc\u00e9tico por lo que concierne a la vida de oraci\u00f3n no se refiere s\u00f3lo a la actitud interior de receptividad y de renuncia a la acci\u00f3n que implica la oraci\u00f3n, sino que tiene tambi\u00e9n su justificaci\u00f3n en lo dif\u00ed\u00adcil que resulta garantizar una vida de disciplina lo suficientemente s\u00f3lida, cosa indispensable para llegar a ser de verdad persona de oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>El que quiere llegar a una profunda vida de oraci\u00f3n tiene que actuar en\u00e9rgicamente para asegurarse las condiciones exteriores de tiempo, de paz y tambi\u00e9n de estudio, ya que este \u00faltimo es necesario para renovar la materia de la contemplaci\u00f3n. Se dir\u00e1 que se puede rezar en todas partes, y para demostrarlo se citar\u00e1n casos excepcionales, en los cuales ni el ruido ni la multitud han impedido una cierta uni\u00f3n con Dios. Sin embargo, razonar de esa manera significa olvidar que no se puede definir la vida espiritual partiendo de casos excepcionales. Al contrario, las m\u00e1s de las veces conviene procurarse o salvaguardar tiempos de silencio, dedicados enteramente a la b\u00fasqueda de Dios. El hecho de que, como consecuencia de haberse habituado ya el alma a encontrar a Dios, pueda hacerlo con gran frecuencia, no debe conducirnos a considerar como in\u00fatil la ascesis previa.<\/p>\n<p>Como lo demuestra tambi\u00e9n la experiencia, la vida de oraci\u00f3n presupone un alma purificada, libre de las pasiones, que ocupan continuamente la mente y le impiden unirse a Dios. Los antiguos -por ejemplo, Clemente de Alejandria y Or\u00ed\u00adgenes- insist\u00ed\u00adan mucho en la necesidad previa de la ascesis en toda vida contemplativa. Para ellos se trataba tambi\u00e9n de una subordinaci\u00f3n total de la actividad asc\u00e9tica a la b\u00fasqueda de la-ycontemplaci\u00f3n, que es el fin de la vida espiritual. Una posici\u00f3n as\u00ed\u00ad es ciertamente exagerada, pues Dios lo santifica todo, es decir, tanto la pr\u00e1ctica de la caridad con el pr\u00f3jimo como el esfuerzo unitivo que se realiza en la oraci\u00f3n. Sin embargo, no podemos negar que la vida contemplativa requiere un esfuerzo continuo por liberarnos del dominio que el mundo ejerce sobre nosotros y por ser cada vez m\u00e1s sensibles a los valores de la vida interior.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, la vida contemplativa no es s\u00f3lo consolaci\u00f3n. En realidad, trae consigo, durante per\u00ed\u00adodos m\u00e1s o menos largos, estados de aridez y desolaci\u00f3n, que san Juan de la Cruz ha descrito con el nombre de \u00abnoches\u00bb. Lo que hay que hacer, pues, es perseverar con coraje y fidelidad habida cuenta de que la vida de oraci\u00f3n supone una abnegaci\u00f3n profunda y la firme voluntad de buscar y buscar a Dios.<\/p>\n<p>El alma busca m\u00faltiples medios de evasi\u00f3n para eludir esta disciplina tan necesaria a la vida de oraci\u00f3n. Romano Guardini ha descrito bien la situaci\u00f3n parad\u00f3jica del hombre, el cual, por un lado, desea conseguirla uni\u00f3n con Dios y, por otro, rehusa la disciplina necesaria para conseguirla: \u00abEn general, al hombre no le gusta rezar. Es f\u00e1cil que sienta al rezar una sensaci\u00f3n de aburrimiento, un embarazo, una repugnancia, incluso una hostilidad. Cualquier otra cosa le parece m\u00e1s atractiva y m\u00e1s importante. Dice que no tiene tiempo, que tiene otras obligaciones urgentes; pero apenas se ha desentendido de rezar se entrega a hacer las cosas m\u00e1s in\u00fatiles. El hombre debe dejar de enga\u00f1ar a Dios y a s\u00ed\u00ad mismo. Es mucho mejor decir abiertamente: `no quiero rezar&#8217; a usar semejantes argucias. Es mucho mejor no atrincherarse tras justificaciones como la de estar demasiado cansado, y decir clara y abiertamente: `no tengo ganas&#8217;. La impresi\u00f3n que se obtiene no es demasiado buena y revela toda la mezquindad del hombre; pero es verdad, y partiendo de la verdad se avanza mucho m\u00e1s f\u00e1cilmente que partiendo del disimulo\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>Volvemos a encontrar as\u00ed\u00ad, a prop\u00f3sito de la vida de oraci\u00f3n, lo que vimos ya al establecerla necesidad del esfuerzo asc\u00e9tico: la presencia del pecado en el hombre [supra, 1, 2], que hace de \u00e9l un ser contradictorio, sometido a presiones de sentido opuesto. Por una parte, se siente atra\u00ed\u00addo por la vida evang\u00e9lica y orientado hacia valores elevados pero dif\u00ed\u00adciles de realizar; por otro, propende a los valores f\u00e1ciles, e incluso al pecado. Dado que no podemos ni imaginar que tal situaci\u00f3n vaya a desaparecer de modo r\u00e1pido -la realidad nos muestra que esta tensi\u00f3n est\u00e1 lejos de disminuir-, hemos de recalcar firmemente que el hombre sigue necesitando de la disciplina para eliminar los obst\u00e1culos que entorpecen su vida espiritual y para progresar con mayor celeridad en la vida de caridad.<\/p>\n<p>El problema pr\u00e1ctico sigue siendo el de obrar con eficacia. A este fin pueden ser de utilidad todos los descubrimientos de la psicolog\u00ed\u00ada moderna. Ellos han de permitirnos evitar las b\u00fasquedas sutiles o morbosas de nosotros mismos; pero nunca nos dispensar\u00e1n de purificar y dilatar continuamente el coraz\u00f3n mediante un esfuerzo iluminado y perseverante [Madurez espiritual Ill, 1].<\/p>\n<p>Ch. A. Bernard<\/p>\n<p>IV. Ascesis cristiana hoy<br \/>\nEn la reflexi\u00f3n espiritual aflora a veces una nostalgia rebosante de admiraci\u00f3n por aquel pasado en que los cristianos sab\u00ed\u00adan practicar una ascesis de austera mortificaci\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo es posible que se haya perdido hoy semejante austeridad penitencial? Para algunos, el cambio se debe al hecho de haberse difundido en la cristiandad la permisividad habitual, el cansancio del >heroismo evang\u00e9lico, el gusto por el bienestar terreno y la p\u00e9rdida del sentido del pecado. Para otros, la transformaci\u00f3n indica una comprensi\u00f3n m\u00e1s adulta de los valores terrenos, un mayor ahondamiento en las implicaciones human\u00ed\u00adsticas relativas al reino futuro de Dios y una valoraci\u00f3n m\u00e1s realista de la caridad para con los dem\u00e1s en los tiempos actuales. \u00bfQu\u00e9 decir? Esta ausencia de una ascesis severamente mortificativa \u00bfes indicio de promoci\u00f3n humana, o de vida cristiana aburguesada? \u00bfHay que volver a la pr\u00e1ctica penitencial antigua, o se debe secundar los movimientos human\u00ed\u00adsticos modernos?<br \/>\nLo preferible es afrontar este problema de otro modo, desde un \u00e1ngulo distinto. No hay que concebir necesariamente los nuevos modos de vida asc\u00e9tica cristiana en contraposici\u00f3n con los antiguos; se pueden entender como su continuaci\u00f3n en una inculturaci\u00f3n eciesial diferente. Se trata de una prolongaci\u00f3n de la asc\u00e9tica anterior dentro de un devenir hist\u00f3rico en el que lo sucesivo no repite materialmente lo precedente, sino que lo renueva; si lo repitiera de alg\u00fan modo, alterar\u00ed\u00ada la \u00f3ptica anteriormente usada; y si lo confirmara sin m\u00e1s, serla para volver a vivirlo en experiencias antes imprevistas.<\/p>\n<p>1. ASCESIS COMO EXPERIENCIA EN DEVENIR &#8211; La vida espiritual cristiana es esencialmente obra del Esp\u00ed\u00adritu, que hace a los hombres nuevos [Hombre espiritual]; con ella nos convierte en participes de la muerte-resurrecci\u00f3n de Cristo para resucitar con el Se\u00f1or [Misterio pascual]; con ella nos favorece con la gracia redentora, que nos introduce en la existencia caritativa orientada a la vida bienaventurada; con ella nos hace presentes en la Iglesia por la fuerza transformadora del sacramento pascual.<\/p>\n<p>Esta acci\u00f3n transformadora llevada a cabo por el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo exige la cooperaci\u00f3n del creyente, predisponiendo el yo a acoger la obra del Esp\u00ed\u00adritu, a secundarla de forma existencial, a testimoniarla en una dimensi\u00f3n eclesial. Si es el Esp\u00ed\u00adritu el que hace espiritual al cristiano, a \u00e9ste le toca armonizar su propio comportamiento con el carisma recibido y crear una atm\u00f3sfera p\u00fablica en consonancia. En armon\u00ed\u00ada con el don recibido, el cristiano debe mostrar que est\u00e1 \u00abdespojado del hombre viejo con todas sus malas acciones, y revestido del nuevo, que sucesivamente se renueva conforme ala imagen del que lo ha creado\u00bb (Col 3,10; cf 2 Cor 5,17).<\/p>\n<p>En concreto, \u00bfqu\u00e9 significa hacer al yo disponible para la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu? \u00bfQu\u00e9 aspectos personales se deben mortificar? \u00bfCu\u00e1ndo puede considerarse el comportamiento propio en armon\u00ed\u00ada con el devenir pascual caritativo? En sentido propio, no se trata de conformarse a determinadas leyes morales, si se las concibe como expresi\u00f3n de un orden ya difundido en el ser humano o prescritas para conservar una bondad inscrita en la naturaleza humana. Se supone que el yo entero debe ser renovado por el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo; que debe ser introducido en una nueva experiencia espiritual por obra del misterio pascual del Se\u00f1or. Ahora bien, el yo muestra su armon\u00ed\u00ada con la acci\u00f3n innovadora del Esp\u00ed\u00adritu no tanto uniform\u00e1ndose con un orden virtuoso ya existente, sino mediante una ascesis que facilite el nuevo ser espiritual. Acci\u00f3n asc\u00e9tica que busca convertir al yo en lo profundo Conversi\u00f3n], porque lo encuentra ca\u00ed\u00addo en una situaci\u00f3n pecaminosa alienante [Pecador], porque debe comprometerle a pasar del estado seg\u00fan la carne al estado seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu, porque sabe que est\u00e1 llamado a una vida caritativa.<\/p>\n<p>En concreto, \u00bfcu\u00e1les pueden ser las pr\u00e1cticas asc\u00e9ticas capaces de disponer al yo a su transformaci\u00f3n seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu? No resulta posible precisar de una vez por todas las modalidades del esfuerzo asc\u00e9tico. Hist\u00f3ricamente, la comunidad cristiana ha ido cambiando su ejercicio asc\u00e9tico; ha practicado la mortificaci\u00f3n desde \u00e1ngulos diferentes; se ha entregado, incluso con esp\u00ed\u00adritu penitencial intenso, a pr\u00e1cticas dispares. \u00bfPor qu\u00e9 la comunidad eclesial ha estimado que deb\u00ed\u00ada cambiar las pr\u00e1cticas asc\u00e9ticas?<br \/>\nAl contacto con la cultura antropol\u00f3gica del tiempo, la comunidad cristiana va tomando conciencia en momentos sucesivos de la importancia preferente de determinados valores humanos. Por ejemplo, unas veces estima prioritario que el individuo sepa someter sus instintos para actuar seg\u00fan la raz\u00f3n; o que pueda ejercer una decisi\u00f3n libre en la vida p\u00fablica; o que sepa expresarse con sentido comunitario altruista. En relaci\u00f3n con cualquier valor humano que destaque la cultura dominante, la comunidad cristiana sugiere e inculca una ascesis autoeducativa que convierta tal valor en algo disponible para la acci\u00f3n pascual transformadora del Esp\u00ed\u00adritu. Seg\u00fan va tomando conciencia de potencialidades v\u00e1lidas latentes en la personalidad humana, la comunidad cristiana invita a purificarlas, de forma que puedan ser asumidas en el devenir pascual y convertirse en expresi\u00f3n privilegiada de la >caridad eclesial.<\/p>\n<p>El cambio de la praxis asc\u00e9tica no debe considerarse como una decadencia de las formas heroicas penitenciales primitivas, sino como las consecuencias de que la comunidad cristiana va adquiriendo conciencia de formas antropol\u00f3gicas nuevas; de que va cambiando en el discernimiento de valores y comportamientos humanos estimados antes preferentes; de que va imaginando nuevas maneras de educar en una vida adulta en Cristo. La experiencia asc\u00e9tica es una experiencia pascual continua, que se renueva en modalidades antes no practicadas.<\/p>\n<p>2. ASCESIS COMO EXPERIENCIA COMUNITARIA &#8211; La comunidad cristiana primitiva parti\u00f3 de una comprobaci\u00f3n: el yo humano se presenta como desgarrado entre las tendencias corporales y las espirituales, entre apetitos sensuales y deseos virtuosos, entre pasiones ego\u00ed\u00adstas y entregas altruistas, entre ansia de placeres corporales y nobles sacrificios. La comunidad cristiana sinti\u00f3 el deber de esforzarse en restablecer el equilibrio interior del yo a trav\u00e9s de la mortificaci\u00f3n corporal, que ha ofrecido espl\u00e9ndidas p\u00e1ginas de intuici\u00f3n psicol\u00f3gica y de heroicos sacrificios personales.<\/p>\n<p>En los tiempos actuales, la comunidad eclesial parece menos atenta a la pr\u00e1ctica asc\u00e9tica de la mortificaci\u00f3n corporal; y ello, a pesar de que siga estimando necesaria la mortificaci\u00f3n corporal y considere las pasiones interiores como instintivamente recalcitrantes a la gu\u00ed\u00ada racional. Todav\u00ed\u00ada se considera absolutamente v\u00e1lida la afirmaci\u00f3n de Pablo: \u00abDisciplino mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que, predicando a los dem\u00e1s, quede yo descalificado\u00bb (1 Cor 9,27). No obstante, la comunidad eclesial actual es consciente de que no basta equilibrar el yo sujetando sus pasiones a la raz\u00f3n; para poder recibir el don caritativo del Esp\u00ed\u00adritu es necesario hacer que el yo, una vez ordenado interiormente, se abra tambi\u00e9n como don a los dem\u00e1s. La acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu supone en la persona estar ya madura para el coloquio, haberse abierto por completo a las necesidades ajenas, haberse entregado sin reservas al amor oblativo, haber adquirido el sentido comunitario.<\/p>\n<p>En efecto, la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu tiende a convertir al yo en miembro comprometido del Cristo integral, a hacer que se sienta uno de los hijos del Padre \u00fanico, a lograr que se deje transformar para ser una sola cosa con el Se\u00f1or, y que se entregue del todo al amor caritativo de Dios. \u00abEl amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que nos ha sido dado\u00bb (Rom 5,5). Siendo el Esp\u00ed\u00adritu comuni\u00f3n entre Padre e Hijo, incita tambi\u00e9n al creyente a introducirse en la caridad divina para difundirla en las relaciones interpersonales.<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu inicia al yo en una experiencia caritativa no s\u00f3lo para promoverlo a una vida sobrenatural, sino tambi\u00e9n para permitirle que se asocie a Cristo en la redenci\u00f3n de los hermanos. Las personas se abren humanamente a la gracia divina siempre que se encuentran con una acogida amable y fraterna. Si se sienten desatendidas, \u00abnada\u00bb valoradas dentro de la asamblea, o rodeadas de indiferencia, permanecen cerradas a toda acci\u00f3n eclesial, incapacitadas para toda experiencia de conversi\u00f3n cristiana. El cristiano se acredita como ap\u00f3stol en Cristo s\u00f3lo si sabe arrancar con afecto a los dem\u00e1s del anonimato; \u00fanicamente si muestra de manera concreta que ama con una entrega oblativa, sabe volver disponible al hermano para la luz caritativa del Esp\u00ed\u00adritu [ >Amistad VIIIJ.<\/p>\n<p>Para llegar a ser cristiano aut\u00e9ntico, para sintonizar con la acci\u00f3n caritativa del Esp\u00ed\u00adritu, para cualificarse como cooperador de la obra redentora de Cristo, es necesario ejercitarse en una ascesis que eduque a todo el yo en el don de s\u00ed\u00ad al pr\u00f3jimo. La ascesis en el sentido comunitario se estructura en diversos niveles: en contactos cortos de relaciones interpersonales de yo-t\u00fa y en relaciones largas a nivel colectivo. Estos dos niveles son inseparables y se integran; si las relaciones interpersonales encuentran su lugar concreto en un contexto social, las sociales son incentivadas por las interpersonales.<\/p>\n<p>El hombre no nace ya persona de coloquios; llega a serlo fatigosamente. Al principio parece encerrado en la b\u00fasqueda de su propio inter\u00e9s; aspira a servirse de los otros; tiende a dominarlos para su propia ventaja. El t\u00fa se convierte en objeto de uso; las relaciones est\u00e1n despersonalizadas; se intenta someter, no dialogar. Incluso cuando el ser humano desea ir a Dios, a nivel de su fuerza instintiva le cuesta entender por qu\u00e9 debe llegar con los otros y a trav\u00e9s de los otros. El yo se hace disponible para dejarse enriquecer por el Esp\u00ed\u00adritu s\u00f3lo tras haberse ejercitado en el sacrificio de si mismo por amor al hermano. Hay que pasar de la tendencia instintiva a juzgar al otro como limite doloroso de uno mismo, a la b\u00fasqueda de su promoci\u00f3n como el mejor modo de realizarse. La apertura, el salir de uno mismo, el perderse en el don, el extraviarse en un amor altruista constituyen todo el sentido psicol\u00f3gico y espiritual de una posibilidad de maduraci\u00f3n cristiana. \u00abEl que quiera venir en pos de m\u00ed\u00ad, ni\u00e9guese a si mismo&#8230; Porque el que quiera salvar su vida, la perder\u00e1; pero el que pierda su vida por m\u00ed\u00ad y por el evangelio, la salvar\u00e1\u00bb (Me 8,34-35; Mt 18,24-28; Le 9,2327).<\/p>\n<p>La nueva orientaci\u00f3n asc\u00e9tica encuentra confirmaci\u00f3n en el culto mismo que hoy se practica en la asamblea eclesial. La liturgia de ayer suger\u00ed\u00ada con insistencia pr\u00e1cticas expiatorias; introduc\u00ed\u00ada en una experiencia cultural que facilitaba la posibilidad de realizar con pureza de esp\u00ed\u00adritu el encuentro interior con Dios. En el pasado se tenia en gran estima y se practicaba el ayuno, la vigilia nocturna, la continencia sexual y las abluciones. La misma oraci\u00f3n se inculcaba como sacrificio corporal. Todo esto constitu\u00ed\u00ada la ascesis lit\u00fargica inspirada en la mortificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la comunidad eclesial actual, estas pr\u00e1cticas asc\u00e9ticas han perdido su fuerza vinculante, al menos en las formas ayer practicadas. Lo que hoy se prefiere es dar el testimonio de una asamblea penitente, reactualizar el sacrificio de Cristo celebrado en comuni\u00f3n como constitutivo de la iglesia local, afirmarla conciencia de ser comunidad caritativa empe\u00f1ada en obras concretas, sintonizar en la meditaci\u00f3n com\u00fan de la palabra de Dios, ofrecerse como pueblo unido en virtud del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>La ascesis ha de seguir proponiendo las mortificaciones corporales y las renuncias a los instintos sensuales, pero present\u00e1ndolas como momentos que enriquecen el yo de cara a los dem\u00e1s, que lo disponen para el amor oblativo y para experimentar la gracia pascual redentora del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo en la comunidad eclesial.<\/p>\n<p>3. ASCESIS COMO PROMOCI\u00ed\u201cN PERSONAL &#8211; En la sociedad actual parece haber sufrido un trastorno la propuesta b\u00e1sica de la ascesis tradicional. Ya no se inculcan la mortificaci\u00f3n, la conquista de la >humildad, el ejercicio de la renuncia, el amor al sacrificio. En cambio, se reivindican los derechos de la personalidad, la promoci\u00f3n individual y social propia, el enriquecimiento de las fuerzas imaginativo-racionales personales, la propia prestancia biops\u00ed\u00adquica y la posibilidad de una satisfacci\u00f3n afectiva ilimitada.<\/p>\n<p>Semejante tendencia promocional no se percibe ni se vive como realidad pasional desordenada. Se considera m\u00e1s bien como una laudable expresi\u00f3n de la actitud cultural de hoy. Ha sido el saber neobehaviorista el que ha sugerido los modos apropiados para la promoci\u00f3n de todo el yo: indicando la manera de traducir en actos las necesidades-impulsos, de acoger y satisfacer los est\u00ed\u00admulos interiores sensuales, de hacerles posible a las tensiones inconscientes el autoestimulo simb\u00f3lico a nivel verbal. Se va afirmando como postulado cient\u00ed\u00adfico la necesidad de liberar al yo de toda ansiedad, ya sea de \u00ed\u00adndole ps\u00ed\u00adquica o moral, as\u00ed\u00ad como el deber de actualizar todas las potencialidades interiores. La personalidad adquiere su valor en la medida en que ampl\u00ed\u00ada su \u00abcampo fenom\u00e9nico\u00bb o el \u00e1mbito de su vivencia subjetiva.<\/p>\n<p>\u00bfDebe la ascesis refrenar y oponerse a semejante cultura antropol\u00f3gica? \u00bf0 bien puede servirse de ella, aunque sea rectific\u00e1ndola dentro de una visi\u00f3n cristiana? En esta segunda hip\u00f3tesis, tambi\u00e9n la asc\u00e9tica deber\u00ed\u00ada renovarse; deber\u00ed\u00ada acoger no solamente un objeto o campo nuevo de aplicaci\u00f3n, sino sobre todo un m\u00e9todo nuevo, capaz de realizar la espiritualidad en la promoci\u00f3n humana del yo; deber\u00ed\u00ada saber ampliar los impulsos instintivos como camino hacia una m\u00e1s vasta maduraci\u00f3n personal espiritual.<\/p>\n<p>De hecho, la comunidad cristiana de hoy practica la ascesis mortificativa para promocionar la riqueza tambi\u00e9n human\u00ed\u00adstica de la personalidad. Impl\u00ed\u00adcitamente se considera que la transformaci\u00f3n integral del yo queda aplazada para la era escatol\u00f3gica, cuando, en el momento de la muerte, Cristo d\u00e9 la vida nueva resucitada. Al presente, el misterio pascual debe vivirse como desarrollo humano, como fuerza integradora de los impulsos-necesidades en la euritmia de la persona humana, como manera de hacer que afloren las capacidades latentes en la vivencia de un amor oblativo. Se trata de una ascesis que no va contra el,-&#8216;rcuerpo, sino a favor de su recto desarrollo; que no pretende taponar la pasi\u00f3n y los instintos, sino ayudar a su recta potenciaci\u00f3n espiritual; que no quiere la b\u00fasqueda voluntaria del sufrimiento [rEnfermo\/sufrimiento], sino su aceptaci\u00f3n espiritualmente provechosa cuando no pueda ser eliminado.<\/p>\n<p>Un ejemplo concreto lo tenemos en la cuesti\u00f3n de la integraci\u00f3n afectiva de los candidatos al sacerdocio. Si en el pasado se educaba a los seminaristas en la ascesis de la renuncia a todo afecto humano, hoy lo que se aconseja es que se les invite a hacerse afectivamente adultos, a mortificarse abri\u00e9ndose a un amor oblativo a los dem\u00e1s y entre los dem\u00e1s, a tener el buen gusto de ofrecer al Se\u00f1or ya sea las moment\u00e1neas aspiraciones del coraz\u00f3n, ya la propia maduraci\u00f3n afectiva [ > Celibato y virginidad]. En esta nueva pr\u00e1ctica asc\u00e9tica no se niega el papel insustituible de la mortificaci\u00f3n, no se olvida que la >cruz es un camino irrenunciable para todos, ni que la naturaleza humana est\u00e1 desviada; se propone el uso de la mortificaci\u00f3n tan s\u00f3lo en orden a una maduraci\u00f3n humana y cristiana y se invita a ofrecer al Se\u00f1or el sacrificio de una afectividad lo m\u00e1s adulta posible.<\/p>\n<p>V. Conclusi\u00f3n<br \/>\nLa ascesis es una experiencia espiritual que no se puede abandonar o dejar de reconocer; expresa nuestra participaci\u00f3n en el misterio pascual de Cristo; es el modo humano de que disponemos para caminar hacia la vida caritativa; es la prueba de nuestro compromiso de secundar el don salv\u00ed\u00adfico que nos ofrece el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Las modalidades asc\u00e9ticas, as\u00ed\u00ad como su contenido de pr\u00e1cticas concretas, pueden cambiar, adoptar nuevas estructuraciones y formas sapienciales diversas. Estas modificaciones est\u00e1n determinadas por m\u00faltiples influjos. Hay que saber intuir en ellas la presencia operante del Esp\u00ed\u00adritu, el cual va guiando a la Iglesia, dentro de una historia salv\u00ed\u00adfica, hacia una santificaci\u00f3n providencialmente m\u00e1s completa, a trav\u00e9s de experiencias nuevas que ayudan a ver y a vivir un vasto y rico proyecto divino.<\/p>\n<p>Hemos intentado aqu\u00ed\u00ad llamar la atenci\u00f3n sobre un elemento particular, que influye tambi\u00e9n profundamente en el modo concreto de vivir la asc\u00e9tica en la comunidad eclesial: la antropolog\u00ed\u00ada cultural que domina en cada tiempo. Cuando la comunidad eclesial toma conciencia de un determinado valor humano (por ej., la armon\u00ed\u00ada interior entre las facultades del yo, la capacidad de coloquio y de amor oblativo, la promoci\u00f3n de las potencialidades diseminadas en la propia personalidad, y otras por el estilo), este valor humano hay que adoptarlo y madurarlo de forma que est\u00e9 disponible para entrar en una experiencia caritativa, para ser expresado seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu de Cristo. De aqu\u00ed\u00ad la necesidad de que la ascesis se aplique preferentemente en torno a los valores que manifiesta la antropolog\u00ed\u00ada cultural del tiempo, sabiendo vivirlos y atestiguar su \u00ed\u00adntima disponibilidad ala acci\u00f3n pascual caritativa del Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or. Lo que hay que proclamar, pues, no son los errores del pasado, sino el imperativo de que cada \u00e9poca debe ejercitar el esp\u00ed\u00adritu pascual en el seno de los valores culturales humanos presentes en su tiempo.<\/p>\n<p>T. Goffi<br \/>\nBIBL.-AA. VV., Revisi\u00f3n de la ascesis tradicional, en \u00abRev. de Espiritualidad\u00bb, n. 123 (1972).-AA. VV., La sapknza delta Croce oggi, 3 vota., LDC, Tur\u00ed\u00adn 1978.-AA. VV. Sabidur\u00ed\u00ada de la cruz, Naroea, Madrid 1980.-AA. VV., Espiritualidad, en \u00abConcilium\u00bb, n. 19 (1988).-Beanard, A.-M., Una nueva espiritualidad, Estela, Barcelona 1988.-Canals, S, Asc\u00e9tica meditada, Aialp, Madrid 1974.-Douglas, J. W, La cruz de la no violencia, Sal Terrae, Santander 1974.-Echeverr\u00ed\u00ada. L, Asc\u00e9tica del hombre de la col\u00e9, Flora, Barcelona 1953.-Gait\u00e1n. J. D.-Gercfa Rojo, J. M, Teolog\u00ed\u00ada de la cruz y ascesis cristiana, en \u00abComunidades\u00bb, 8 (1978). Fichero de materias.-Gilen. 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Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[301] Es el ejercicio, o conjunto de ejercicios virtuosos, que aseguran el camino de la perfecci\u00f3n cristiana. Es la pr\u00e1ctica de lo que, en orden te\u00f3rico, estudia la teolog\u00ed\u00ada asc\u00e9tica. Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006 Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa \u00abVigilemos sobre nosotros mismos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ascesis\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abASCESIS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-9820","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9820","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9820"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9820\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9820"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9820"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9820"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}