{"id":9897,"date":"2016-02-05T07:11:35","date_gmt":"2016-02-05T12:11:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/belleza\/"},"modified":"2016-02-05T07:11:35","modified_gmt":"2016-02-05T12:11:35","slug":"belleza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/belleza\/","title":{"rendered":"BELLEZA"},"content":{"rendered":"<p>[694]<\/p>\n<p>    Es la propiedad indefinible, mas no indescriptible, de los seres que los vuelve apetecibles afectiva, moral, intelectual y espiritualmente.<\/p>\n<p>     Casi todos los que han hablado de belleza son tributarios de Plat\u00f3n en las diversas ocasiones en que trat\u00f3 de describir la identidad de la belleza (\u00abHipias\u00bb, \u00abFedro\u00bb, \u00abFilebo\u00bb, sobre todo \u00abEl Banquete\u00bb).<\/p>\n<p>     Sto. Tom\u00e1s la define como \u00ablo que hace al ser contemplado agradable a la vista\u00bb. Y S. Alberto Magno la considera como \u00abel resplandor de la forma\u00bb.<\/p>\n<p>     En castellano existen multitud de sin\u00f3nimos de belleza: hermosura, lindeza, sublimidad, elegancia, guapura, lindeza, beldad, encanto, preciosidad, gracia, finura. Los adjetivos derivados de estos conceptos abstractos se aplican incesantemente a los objetos, personas o situaciones.<\/p>\n<p>     El educador de la fe debe sentir especial atractivo por la belleza, al igual que debe entender lo rechazable que resulta la fealdad. En primer lugar, por lo importante espiritualmente que resulta la ayuda de la sensibilidad est\u00e9tica para acercarse al concepto de los espiritual.<\/p>\n<p>     Pero tambi\u00e9n por la asociaci\u00f3n natural que en la infancia se establece entre lo \u00e9tico y lo est\u00e9tico. No se trata de identificar en educaci\u00f3n ambos conceptos, pero tampoco hay que separarlos del todo.<\/p>\n<p>     Pedag\u00f3gicamente la mutua vinculaci\u00f3n resulta provechosa. M\u00e1s adelante, al madurar la inteligencia de la persona, la sensibilidad est\u00e9tica y la \u00e9tica se separar\u00e1n en la conciencia. Se descubrir\u00e1n cosas hermos\u00ed\u00adsimas prohibidas por la Etica y se intuir\u00e1 que acciones repugnantes a la naturaleza asociadas a sublimes actos de amor y sacrificio.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. arte, creaci\u00f3n, culto, gloria de Dios, im\u00e1genes, liturgia)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>La belleza es la forma de la revelaci\u00f3n, porque expresa de la mejor manera posible el amor, que es el contenido central de la fe. La teolog\u00ed\u00ada ha hecho desde siempre de la belleza una expresi\u00f3n particular de su reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>Aunque en algunos momentos la teolog\u00ed\u00ada \u00aboficial\u00bb hab\u00ed\u00ada dejado lo pulchruraz fuera de su reflexi\u00f3n, algunos autores no quedaron insensibles a esta categor\u00ed\u00ada que hunde sus ra\u00ed\u00adces en la misma Escritura. Petrarca, Nicol\u00e1s de Cusa, Erasmo, Juan de la Cruz y Teresa de \u00ed\u0081vila, Pascal, Hamann, Tolstoi, Dostoievski, Hopkins, p\u00e9guy, son s\u00f3lo algunos ejemplos de c\u00f3mo es posible mantener intacta, en la fe cristiana y en la reflexi\u00f3n sobre ella, el v\u00ed\u00adncule) con la belleza.<\/p>\n<p>En el Antiguo Testamento, la belleza se expresa junto con la bondad. El t\u00e9rmino hebreo tOb se puede traducir tanto por \u00abhermoso\u00bb como por \u00abbueno\u00bb: el texto de Gn 1,3, por ejemplo, puede perfectamente traducirse: \u00aby vio Dios que era hermoso\u00bb. Junto con la belleza, Dios revela tambi\u00e9n su amor y su fidelidad a su palabra; \u00e9l es el Dios  que introduce en el \u00abpa\u00ed\u00ads hermoso donde mana leche y miel\u00bb, en virtud de la promesa que ha hecho. La belleza no permanece cerrada en s\u00ed\u00ad misma, sino que se deja contemplar; en esta perspectiva encierra un valor particular la referencia a kabod.<\/p>\n<p>Kabod es la gloria que irradia Yahveh en el esplendor de su belleza. Una belleza que no se deja ver directamente, sino que permanece siempre velada y escondida, y &#8211; a que s\u00f3lo as\u00ed\u00ad podemos vivir tensos en la din\u00e1mica contemplativa que sabe percibir e ir cada vez m\u00e1s all\u00e1 en la identificaci\u00f3n de la belleza, En este sentido, es posible ver aplicado a Jes\u00fas de Nazaret la expresi\u00f3n del salmista: \u00abEres el m\u00e1s hermoso de los hombres\u00bb (Sal 44,3) precisamente en el momento en que, por decirlo con el Deuteroisa\u00ed\u00adas, tiene un aspecto tan desfigurado que ni siquiera tiene un rostro humano (1s 52,14), el del inocente clavado en la Cruz.<\/p>\n<p>En la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea el  \u00fanico autor que ha vuelto a proponer con fuerza y audacia esta perspectiva ha sido H. U. von Balthasar. La primera parte de su trilog\u00ed\u00ada, con el t\u00ed\u00adtulo Gloria, reproduce una lectura de la revelaci\u00f3n a la luz de la est\u00e9tica. De este modo, es posible ver representado un dato teol\u00f3gico de enorme importancia:<br \/>\n la gratuidad de la percepci\u00f3n de la revelaci\u00f3n y la respuesta coherente del  Creyente que tiene lugar por contemplaci\u00f3n. Con la belleza es posible ver alzado un nuevo puente entre la teolog\u00ed\u00ada y la literatura como forma de una reflexi\u00f3n que sirve de instrumento a la fe dentro del lenguaje simb\u00f3lico y de la cultura.<br \/>\nR. Fisichella<\/p>\n<p> Bibl.: H. u, von Balthasar. Gloria. U7~a est\u00e9 tica teol\u00f3gica, 7 vols., Encuentro, Madrid 1985-1989.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Belleza y bondad: 1. El vocabulario; 2. La est\u00e9tica b\u00ed\u00adblica; 3. La fuente de la belleza. II. Su reflejo en el mundo: 1. El cielo, el sol y la luna; 2. Las plantas y los animales. III. La belleza del hombre: 1. Personas y factores de belleza; 2. Perfumes y ornamentos; 3. Valores y l\u00ed\u00admites. IV. La belleza en las obras del hombre: 1. El arte; 2. La vida.<\/p>\n<p>I. BELLEZA Y BONDAD. La lengua hebrea carece de un t\u00e9rmino adecuado para expresar el concepto de belleza en sentido est\u00e9tico. Por eso es verdad que \u00aben conjunto el problema de lo bello no suscita inter\u00e9s en el pensamiento b\u00ed\u00adblico\u00bb (GLNT V, 28). Pero esto no significa que en la Biblia falte todo tipo de gusto por la belleza, bien sea en el campo de la naturaleza, bien en el del arte. Significa solamente que se atiende m\u00e1s a la bondad intr\u00ed\u00adnseca de las personas, de las acciones y de las cosas que a su aspecto exterior, y que, por tanto, en la b\u00fasqueda de la verdadera concepci\u00f3n de la belleza hemos de atender m\u00e1s a los conceptos expresados que a las palabras [\/ Biblia y cultura].<\/p>\n<p>1. EL VOCABULARIO. En los \u00ed\u00adndices de correspondencias que hay al final de algunos diccionarios se puede ver c\u00f3mo de hecho remiten los autores al menos a cinco vocablos que de una manera o de otra se relacionan con lo que llamamos bello en sus diversas acepciones. Entre ellos merecen especial atenci\u00f3n dos adjetivos. El primero, yafeh (con el verbo y el sustantivo respectivos), se refiere en general al aspecto exterior que ofrece deleite y felicidad, y se aplica tanto a las personas como a las cosas (G\u00e9n 12:11; 1Re 1:2; Jer 11:16&#8230;). El segundo, t\u00f3b, equivale fundamentalmente a \u00abbueno\u00bb, y en su forma sustantivada tambi\u00e9n al \u00abbien\u00bb o a la \u00abbondad\u00bb en abstracto. Puesto que el \u00e1mbito sem\u00e1ntico de este adjetivo y de sus derivados es muy amplio (aparece 741 veces en el TM) y abarca casi todos los campos del ser, desde Dios hasta las cosas y el hombre con sus acciones y sus comportamientos morales, \u00abel t\u00e9rmino es traducido -atendiendo al contexto por medio de diversos adjetivos, y no s\u00f3lo por medio de `bueno&#8217;: agradable, satisfactorio, gustoso, \u00fatil, funcional, recto, hermoso, bravo, verdadero, benigno, bello, correcto, h\u00e1bil, etc.\u00bb (DTA T I, 903).<\/p>\n<p>En los LXX se traduce generalmente por agath\u00f3s, \u00abbueno\u00bb, pero tambi\u00e9n por kal\u00f3s, \u00abbello\u00bb, y jrest\u00f3s, que fundamentalmente significa \u00ab\u00fatil\u00bb; pero tambi\u00e9n en los LXX se le traduce a veces por \u00abgentil, agradable, suave, dulce, benigno, clemente\u00bb. Sin embargo, es v\u00e1lido que en griego, como por lo dem\u00e1s en hebreo y en las mismas lenguas modernas, lo bello est\u00e1 muchas veces \u00ed\u00adntimamente ligado a lo bueno y a veces se identifica con \u00e9l, especialmente en los juicios de \u00ed\u00adndole \u00e9tica y hasta est\u00e9tica, comprendiendo en s\u00ed\u00ad muchos aspectos de diversa naturaleza.<\/p>\n<p>2. LA ESTETICA B\u00ed\u008dBLICA. Si nos fijamos en algunos textos aislados, podr\u00ed\u00adamos decir que el antiguo Israel no sent\u00ed\u00ada gran aprecio por el producto bello del hombre, limit\u00e1ndose a contemplar lo que ya existe en la naturaleza. Por ejemplo, los altares erigidos en honor de la divinidad ten\u00ed\u00adan que ser de piedra tosca sin labrar (Exo 20:25; Deu 27:6), y estaban severamente prohibidas las im\u00e1genes de cualquier tipo (Exo 20:4; Deu 4:16-18), ya que -como se explica- Dios no se manifest\u00f3 nunca bajo ur\u00ed\u00ada forma humana (Deu 4:12-15). Es evidente que la raz\u00f3n de esta prohibici\u00f3n era de naturaleza esencialmente religiosa, al estar dictada por el temor de que el pueblo simple pudiera caer en la idolatr\u00ed\u00ada, a semejanza de los dem\u00e1s pueblos (Exo 20:5; Deu 5:9), como sucedi\u00f3 realmente en varias ocasiones, empezando por el becerro de oro fabricado por Aar\u00f3n en el desierto en ausencia de Mois\u00e9s (Exo 32:1-7), hasta la serpiente de bronce levantada igualmente en el desierto (N\u00fam 21:6-9), pero que el rey Ezequ\u00ed\u00adas tuvo que quitar del templo precisamente porque se hab\u00ed\u00ada convertido en objeto de culto idol\u00e1trico.<\/p>\n<p>La ense\u00f1anza b\u00ed\u00adblica, m\u00e1s en general, aunque puede parecer que no se interesa directamente por el problema de la belleza y que incluso es contraria a ella, en realidad se inspira en principios altamente formativos, que merecen tomarse en consideraci\u00f3n. En sustancia, tiende a trascender las limitaciones del hombre y del mundo en el cual ha sido puesto por Dios, para remontarse directamente hasta la fuente misma de la belleza. De esta manera se advierte al hombre que no se deje seducir ni absorber por lo que es limitado, ef\u00ed\u00admero y caduco, sino que vaya m\u00e1s all\u00e1 de la realidad y de la apariencia de las cosas, para llegar a contemplar s\u00f3lo el poder, la gloria y el esplendor de quien las ha creado y le ha dado a \u00e9l el poder de utilizarlas (cf Sal 8; 104; etc\u00e9tera).<\/p>\n<p>3. LA FUENTE DE LA BELLEZA. Con la intenci\u00f3n de mostrar que Dios es autor de todo lo que existe, en su totalidad o globalidad, el relato sacerdotal de la creaci\u00f3n pasa revista a las diversas obras realizadas por \u00e9l, distribuy\u00e9ndolas dentro del esquema de los seis d\u00ed\u00adas laborables, al final de cada uno de los cuales se dice, a modo de estribillo: \u00abVio Dios que era bueno\u00bb (G\u00e9n 1:4.12.18.21.25). Luego, al final del sexto d\u00ed\u00ada, se a\u00f1ade: \u00abVio Dios todo lo que hab\u00ed\u00ada hecho, y he aqu\u00ed\u00ad que todo estaba bien\u00bb (G\u00e9n 1:31). Consideradas de parte de Dios, estas palabras suenan como la expresi\u00f3n de complacencia por la exacta correspondencia de todas las cosas a su proyecto creativo; pero por parte del hombre que las escribi\u00f3 son como un himno de alabanza por el mundo creado, que en su magnificencia revela el orden, la armon\u00ed\u00ada y la belleza que les imprimi\u00f3 el Creador. As\u00ed\u00ad pues, con raz\u00f3n los LXX, sin apartarse del concepto original, en todos los textos indicados tradujeron el hebreo t\u00f3b por kal\u00f3n, que, referido a las cosas o a las personas, significa precisamente \u00abbello\u00bb en cuanto ordenado, sin defectos, proporcionado y armonioso en todas sus partes.<\/p>\n<p>Contempor\u00e1neamente los traductores griegos introdujeron en el texto sagrado el t\u00e9rmino k\u00f3smos, tanto en el significado propio de ornamento (incluso moral) (Exo 33:5-6; 2Sa 1:24; Jer 2:32&#8230;) como para indicar el conjunto (lit. \u00abel ej\u00e9rcito\u00bb) de los astros que adornan el cielo (G\u00e9n 2:1; Deu 4:19; Deu 17:3; Isa 24:22; Isa 40:20), acerc\u00e1ndose en este \u00faltimo caso al uso cl\u00e1sico, que hab\u00ed\u00ada encerrado en este t\u00e9rmino la idea de orden, de unidad y de belleza existentes en el mundo creado, llamado precisamente cosmos. Vemos as\u00ed\u00ad c\u00f3mo en la \u00e9poca helenista el Sir\u00e1cida canta expresamente no s\u00f3lo a Dios, que ha dispuesto en el cosmos con orden \u00ablas maravillas de su sabidur\u00ed\u00ada\u00bb ( Sir 42:21), sino tambi\u00e9n la belleza del universo, tanto en su conjunto como en sus diversos elementos: el sol, la luna y las estrellas, que con su esplendor forman la belleza y el adorno del cielo (43,1-10); el arco iris, \u00abhermoso en su esplendor\u00bb (43,11); la nieve =`los ojos se maravillan de la belleza de su blancura, el coraz\u00f3n se extas\u00ed\u00ada al verla caer\u00bb (43,11)-; la lluvia, el viento y la inmensidad del mar (43,20-26); pero todo ello visto como obra de Dios y manifestaci\u00f3n de su gloria y, por tanto, como motivo para glorificarlo por encima de todas las cosas (43,27-33).<\/p>\n<p>De forma an\u00e1loga, aunque en un tono menos l\u00ed\u00adrico y m\u00e1s filos\u00f3fico, el autor del libro de la Sabidur\u00ed\u00ada (13,19) reconoce de buen grado que los id\u00f3latras que adoran los elementos m\u00e1s brillantes de la naturaleza pueden verse enga\u00f1ados en su b\u00fasqueda de Dios, puesto que mientras que buscan alcanzarlo a trav\u00e9s de la creaci\u00f3n, se equivocan y se dejan seducir por su belleza exterior, con la convicci\u00f3n de que s\u00f3lo es bello lo que se ve con los ojos del cuerpo (vv. 6-7). A pesar de ello, se siente igualmente en la obligaci\u00f3n de condenarles, ya que por las obras visibles no supieron reconocer a su hacedor (v. 1; cf Rom 1:19-20). Por su profundo significado, este texto merece que se lo lea en una traducci\u00f3n casi literal: \u00abSi, encantados por su belleza, esas cosas han sido confundidas con dioses, piensen cu\u00e1nto mejor que ellas es el Se\u00f1or, puesto que es el autor mismo de la belleza el que las ha creado. Y si se asombraron de su poder y energ\u00ed\u00ada, deduzcan cu\u00e1nto m\u00e1s poderoso es el que las ha formado. Realmente, desde la grandeza y belleza de las criaturas se contempla a su autor\u00bb (vv. 3-5).<\/p>\n<p>No cabe duda de que algunos de estos conceptos, ligados a la belleza, reflejan la influencia del ambiente helenista en que fueron madurando y de la que se deriva tambi\u00e9n la admiraci\u00f3n por la alternancia armoniosa de los elementos constitutivos del universo (19,18), y sobre todo por las obras de arte producidas por el hombre (14,19). Pero fundamentalmente hay que relacionarlos con la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica m\u00e1s antigua, la cual, atendiendo m\u00e1s al dinamismo y a la fuerza de las cosas que a sus colores, hab\u00ed\u00ada visto siempre en el mundo y en sus elementos un motivo para cantar la grandeza, el poder y la magnificencia de su Creador (Sal 89:6-14; Isa 40:28; Isa 45:7-9; Jer 32:17-19;  Sab 11:21-22).<\/p>\n<p>II. SU REFLEJO EN EL MUNDO. Generalmente en la Biblia no se encuentran p\u00e1ginas impregnadas de gran lirismo inspirado por la belleza de las cosas, como las hay, por el contrario, en gran parte de la literatura cl\u00e1sica y rom\u00e1ntica. Pero esto no significa que los autores sagrados no tuvieran sensibilidad ante los espect\u00e1culos que ofrece la naturaleza a la contemplaci\u00f3n del hombre ni hacia el encanto que suscitan tantos seres del mundo vegetal y animal. Basta con saber leer entre l\u00ed\u00adneas y m\u00e1s all\u00e1 de las palabras para descubrir, por ejemplo, cu\u00e1nto asombro y admiraci\u00f3n se deducen de ciertos textos que evocan los principales fen\u00f3menos del mundo atmosf\u00e9rico (cf Job 36:2738, Job 36:38; Sir 42:14-43, 33) o que invitan a todos los seres a bendecir y a celebrar al Se\u00f1or que los ha creado ( Sal 148:1-12; Dan 3:52-90).<\/p>\n<p>1. EL CIELO, EL SOL Y LA LUNA. Quiz\u00e1 no haya un m\u00f3dulo m\u00e1s frecuente que aquel con que se expresa el se\u00f1or\u00ed\u00ado de Dios sobre el cielo. Si muchas veces se dice que Dios habita o tiene su trono en el cielo o que es el Dios del cielo, y en tiempos m\u00e1s recientes se llega a llamarlo simplemente \u00abcielo\u00bb (1Ma 3:18; 1Ma 4:10.24.55; 2Ma 7:11; Mat 21:25; Luc 15:18.21&#8230;), no es s\u00f3lo porque se piense en su altura o en su lejan\u00ed\u00ada, sino tambi\u00e9n porque se contempla su inmensidad y su belleza. Por esto el salmista puede cantar: \u00abLos cielos narran la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos\u00bb, prosiguiendo a continuaci\u00f3n con la celebraci\u00f3n del Se\u00f1or, que en \u00e9l ha puesto como principal ornamento el sol, el c\u00faal, radiante como un esposo, sale de su alcoba y como un valiente guerrero recorre los caminos del cielo desde un extremo al otro (Sal 19:2.6-7).<\/p>\n<p>Junto con el sol, tambi\u00e9n la luna y la aurora se celebran por su brillante esplendor y se convierten en s\u00ed\u00admbolo y parang\u00f3n inapreciable de belleza, como para la esposa del Cantar, \u00abque avanza cual la aurora, bella como la luna, distinguida como el sol\u00bb (6,10). La aurora en especial, que en oriente es mucho m\u00e1s sugestiva que el ocaso, es admirada por su esplendor (Job 3:9; Job 38:12; Job 41:10) y vista como una invasi\u00f3n de luz que se derrama sobre los montes (Joe 2:2). Al salmista le gustar\u00ed\u00ada prevenir y \u00abdespertar a la aurora\u00bb para poder cantar la gloria del Se\u00f1or en su templo al amanecer el nuevo d\u00ed\u00ada (Sal 57:9); y como anonadado ante la infinitud del poder y de la ciencia de Dios, reconoce que no podr\u00ed\u00ada escapar de la presencia de su esp\u00ed\u00adritu ni siquiera liber\u00e1ndose con las alas de la aurora para alcanzar los \u00faltimos confines de la tierra (Sal 139:9). Llegar\u00e1 el d\u00ed\u00ada en que Dios vendr\u00e1 a visitar a su pueblo, y entonces la luz de la salvaci\u00f3n \u00absurgir\u00e1 como la aurora\u00bb (Isa 58:8); \u00abentonces la luz de la luna ser\u00e1 como la luz del sol, y la luz del sol ser\u00e1 siete veces m\u00e1s fuerte\u00bb (Isa 30:26); y para los que hayan honrado al Se\u00f1or despuntar\u00e1 tambi\u00e9n \u00abel sol de justicia\u00bb, que con sus rayos luminosos y ben\u00e9ficos har\u00e1 desaparecer toda su aflicci\u00f3n (Mal 3:20).<\/p>\n<p>2. LAS PLANTAS Y LOS ANIMALES. En un mundo de cultura eminentemente agr\u00ed\u00adcola y ganadera como el de la Biblia, no pod\u00ed\u00adan escapar a la observaci\u00f3n del hombre la elegancia y la esbeltez de algunas cosas, en las que encontraba deleite y complacencia. Ya en el segundo relato de la creaci\u00f3n, al querer se\u00f1alar el estado de felicidad original en que Dios quiso crear al hombre, se lee que \u00abel Se\u00f1or Dios plant\u00f3 un jard\u00ed\u00adn en Ed\u00e9n, al oriente, y en \u00e9l puso al hombre que hab\u00ed\u00ada formado; el Se\u00f1or Dios hizo germinar del suelo toda clase de \u00e1rboles agradables a la vista y apetitosos para comer\u00bb (G\u00e9n 2:8-9), haciendo luego correr r\u00ed\u00ados de agua perenne, para que pudiesen llevar su savia vital. Tambi\u00e9n del \u00e1rbol prohibido se indica que la mujer vio \u00abque el \u00e1rbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir sabidur\u00ed\u00ada\u00bb (G\u00e9n 3:6).<\/p>\n<p>En estas alusiones se vislumbra un sentido de admiraci\u00f3n te\u00f1ida de nostalgia, f\u00e1cilmente comprensible en un pa\u00ed\u00ads en gran parte \u00e1rido como Palestina, por eso, para se\u00f1alar la fastuosidad de algunos soberanos y el gozo de vivir, se habla muchas veces de jardines llenos de flores y de plantas de todo g\u00e9nero, adornados con gusto y refinamiento (Qo 2,5; Cnt 4:12.13.16; Eze 28:13; Eze 31:8-9), mientras que para expresar el gozo y la felicidad que acompa\u00f1an al resurgimiento de Jerusal\u00e9n desde sus ruinas el profeta llega a decir que dicha ciudad ser\u00e1 como un nuevo Ed\u00e9n y \u00abcomo el jard\u00ed\u00adn del Se\u00f1or\u00bb (Isa 51:3). Adem\u00e1s, es sabido c\u00f3mo para describir la vitalidad y la fecundidad ben\u00e9fica de la sabidur\u00ed\u00ada, en la p\u00e1gina central del Sir\u00e1cida se evocan las plantas m\u00e1s bellas de la flora palestina, desde las m\u00e1s imponentes como el cedro hasta las m\u00e1s humildes como la rosa de Jeric\u00f3, con sus hojas exuberantes, sus flores y sus frutos, como s\u00ed\u00admbolo del precioso gozo espiritual que la sabidur\u00ed\u00ada misma asegura a quienes la cultivan (Sir 24:12-17). Hay que recordar, finalmente, c\u00f3mo para inculcar la confianza en la providencia del Padre celestial, Jes\u00fas invitaba a fijarse en los p\u00e1jaros del cielo y en los lirios del campo, de los que observaba que \u00abni Salom\u00f3n en todo su esplendor se visti\u00f3 como uno de ellos\u00bb (Luc 12:27; Mat 6:28).<\/p>\n<p>El libro de \/Job, despu\u00e9s de haber pasado lista a los diversos fen\u00f3menos de la naturaleza en los que visiblemente se manifiesta la sabidur\u00ed\u00ada de Dios, en una serie de preguntas se ocupa tambi\u00e9n de los animales, encontrando en cada uno de ellos algo digno de admiraci\u00f3n, si no por su aspecto exterior, al menos por algunas caracter\u00ed\u00adsticas de instinto y de comportamiento de que los ha dotado el Creador (Job 38:34-39, 30; cf tambi\u00e9n 30,29-31). En el AT se hace referencia muchas veces al reino animal o como motivo de ense\u00f1anza o como t\u00e9rmino de comparaci\u00f3n o como s\u00ed\u00admbolo de cualidades que tambi\u00e9n el hombre deber\u00ed\u00ada poseer. Por referirnos s\u00f3lo al \u00e1guila, se la celebra como ejemplo de destreza (2Sa 1:23; Job 9:26; Jer 48:40; Jer 49:20; Eze 17:3) y de vigor juvenil (Sal 103,5- Isa 40:31), pero tambi\u00e9n de solicitud maternal (Exo 19:4; Deu 32:11). No faltan, sin embargo, referencias a la belleza, a la gracia, a la esbeltez y la elegancia de algunos animales en particular, como la paloma, la gacela y la cierva, cuyos nombres se evocan con frecuencia, junto con los de muchos otros, para describir el mundo id\u00ed\u00adlico en que se mueven los dos enamorados del Cantar y especialmente para dibujar el perfil f\u00ed\u00adsico y moral de la novia.<\/p>\n<p>III. LA BELLEZA DEL HOMBRE. Hecho a imagen y semejanza de Dios (G\u00e9n 1:26-27), el hombre es el ser que refleja mejor su esplendor, su gloria y su grandeza (Sal 8): De hecho en la Biblia no es s\u00f3lo el Cantar el que celebra la belleza del amado o de la amada. Todas las personas que tienen cierta importancia, tanto real como ideal, est\u00e1n tambi\u00e9n llenas de gracia y hermosura.<\/p>\n<p>1. PERSONAS Y FACTORES DE BELLEZA. Vienen en primer lugar las mujeres, representadas en la antig\u00fcedad por las grandes madres de la tradici\u00f3n patriarcal: Sara (G\u00e9n 12 11. 14), Rebeca (24,16), Raquel (29,17); m\u00e1s tarde Abiga\u00ed\u00adl (1Sa 25:3) y Abisag, la sunamita que atendi\u00f3 a David en su ancianidad (1Re 1:3-4); m\u00e1s tarde las hero\u00ed\u00adnas protagonistas de los libros de Ester (1Re 2:7) y de Judit (1Re 8:7; 1Re 10:14) o de relatos como el de Susana (Dan 13:2). Para que alguien pueda ser considerado hermoso, se mira sobre todo al aspecto y al conjunto de su figura, al colorido y a las l\u00ed\u00adneas de su cuerpo. As\u00ed\u00ad en los textos indicados, como en el caso de Jos\u00e9 (G\u00e9n 39:6) y del mismo Sa\u00fal (1Sa 9:2). M\u00e1s de cerca se contempla a Absal\u00f3n, admirado entre otras cosas por su extraordinaria cabellera: \u00abNo hab\u00ed\u00ada en todo Israel un hombre que fuera tan celebrado por su belleza como Absal\u00f3n. Desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza no hab\u00ed\u00ada defecto alguno en \u00e9l\u00bb (2Sa 14:25). Pero \/David es el hombre completo, a quien se presenta como ideal de la belleza, por ser \u00abrubio, de buen aspecto y de buena presencia\u00bb (lSam 16,12; 17,42), pero tambi\u00e9n como el ideal de la perfecci\u00f3n: \u00abToca muy bien la c\u00ed\u00adtara, es valiente y hombre de guerra, sabio en sus palabras, de buena presencia, y el Se\u00f1or est\u00e1 con \u00e9l\u00bb (lSam 16,18). En la misma l\u00ed\u00adnea se ponen otros escritos posteriores que, al presentar a sus h\u00e9roes, no se detienen en las formas externas, sino que se\u00f1alan tambi\u00e9n algunas dotes o facultades humanas, subrayando sobre todo su religiosidad. (V\u00e9anse los relatos de Ester, de Judit, de Daniel y los otros j\u00f3venes en la corte de Babilonia, sin olvidar tampoco el de Susana en Dan 13.)<br \/>\n2. PERFUMES Y ORNAMENTOS. Como suele pasar en todos los pueblos de todos los tiempos, los hebreos apreciaban y se serv\u00ed\u00adan abundantemente de ung\u00fcentos, perfumes y adornos para hacer m\u00e1s aceptable y agradable su persona, seg\u00fan el gusto y las variaciones de la moda, bien fuera del pa\u00ed\u00ads o bien importada. Las partes m\u00e1s cuidadas con ung\u00fcentos o con simple aceite eran el rostro y los cabellos, la barba y los pies (Sal 133:2; Qo 9,8; Lev 7:38-46). Pero cuando iban a tener un encuentro importante, las mujeres ten\u00ed\u00adan que prepararse con tiempo, ungi\u00e9ndose e\u00f3n mirra, utilizando sustancias olorosas, cuidando sus vestidos, arreglando sus cabellos, adorn\u00e1ndose de joyas, sin olvidar el carm\u00ed\u00adn y todos los cosm\u00e9ticos habituales para hacer fresca y radiante la belleza femenina (Rut 3:3; Jdt 10:3; Est 2:12; Cnt 1:3.10.12; Sal 45:9-15).<\/p>\n<p>El profeta Ezequiel, dej\u00e1ndose llevar de la vena po\u00e9tica, describe al pueblo de Israel bajo la imagen de una ni\u00f1a abandonada, que el Se\u00f1or recoge, lava y unge con sustancias arom\u00e1ticas, la viste con trajes preciosos de p\u00farpura, de seda y de brocado, la adorna con joyas de oro y plata, pulseras pendientes, anillos y una corona de oro en la cabeza; pero ella, orgullosa de su belleza, se prostituye, traicionando a su esposo Yhwh, para servir a dioses extranjeros en las formas m\u00e1s abominables (Eze 16:1-22). La larga narraci\u00f3n tiene un profundo significado moral, adem\u00e1s de teol\u00f3gico. Denuncia no s\u00f3lo la ingratitud de Israel, sino tambi\u00e9n la vanidad y la peligrosidad de un excesivo lujo y coqueter\u00ed\u00ada femenina. En un plano m\u00e1s ligado a la realidad hist\u00f3rica, tambi\u00e9n el profeta Isa\u00ed\u00adas, en una descripci\u00f3n muy detallada de la toilette femenina, denuncia y condena con energ\u00ed\u00ada el lujo del que hacen ostentaci\u00f3n algunas mujeres de Jerusal\u00e9n y que \u00e9l considera un insulto a los muchos pobres de la ciudad (Isa 3:16-24).<\/p>\n<p>3. VALORES Y LIMITES. La afirmaci\u00f3n de Sir 40:22 : \u00abTu ojo desea gracia y belleza\u00bb, es la que expresa quiz\u00e1 mejor la realidad psicol\u00f3gica del hombre, el cual, aun dentro de la variedad de gustos, nunca deja de sentirse atra\u00ed\u00addo, y a veces seducido, por todo lo que se le presenta en el mundo bajo las formas de lo bello. Pero la sabidur\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, con esa concreci\u00f3n que le es propia, advierte que, especialmente en la mujer, la belleza f\u00ed\u00adsica es peligrosa y hasta da\u00f1ina, si no va acompa\u00f1ada de una belleza interna superior. \u00abLa gracia de la mujer alegra a su marido&#8230; La mujer honesta es gracia sobre gracia&#8230; Como el sol que se alza en los m\u00e1s altos montes es la hermosura de la mujer buena en una casa bien cuidada&#8217; (Sir 26:13.15.16; cf tambi\u00e9n 36 22-24). La mujer realmente ideal es la que une a sus dotes exteriores la laboriosidad, la diligencia y la generosidad, puesto que \u00abenga\u00f1osa es la gracia, vana la belleza; la mujer que teme al Se\u00f1or, \u00e9sa debe ser alabada\u00bb (Pro 31:30 en el contexto de los vv. 10-31: el c\u00e9lebre elogio de la mujer fuerte). Basado en la experiencia hist\u00f3rica y cotidiana de tantos hombres arruinados o comprometidos por haber cedido a la seducci\u00f3n de las gracias femeninas, el sabio exhorta tambi\u00e9n a guardarse con cuidado de sus hechizos (Pro 6:24-28; Sir 9:8), pronunciando finalmente este juicio tan duro: \u00abAnillo de oro en jeta de puerco, tal es la mujer bella pero sin seso\u00bb (Pro 11:22).<\/p>\n<p>IV. LA BELLEZA EN LAS OBRAS DEL HOMBRE. El hombre tiene dos maneras de expresar su ideal de belleza: la primera, inspir\u00e1ndose en la naturaleza y esforz\u00e1ndose en reproducir sus formas, sus colores y sus sonidos; la segunda, mirando dentro de s\u00ed\u00ad mismo e intentando vivir en sus acciones aquella suma de orden, de armon\u00ed\u00ada y de perfecci\u00f3n que descubre en el universo. Tenemos as\u00ed\u00ad la belleza est\u00e9tica y la belleza moral, el arte y la vida.<\/p>\n<p>1. EL ARTE. A pesar de la severa prohibici\u00f3n, ya mencionada de producir im\u00e1genes (Exo 20:25; Deu 4:1618), sabemos por la historia b\u00ed\u00adblica, y m\u00e1s a\u00fan por la arqueolog\u00ed\u00ada, no s\u00f3lo que semejante prohibici\u00f3n no se entendi\u00f3 nunca en sentido absoluto, sino que de hecho en el antiguo y en el m\u00e1s reciente Israel no faltaron de vez en cuando los que se entreten\u00ed\u00adan en ejercitarse en los diversos campos del arte figurativo, aunque inspir\u00e1ndose en gran parte en los gustos y modelos de los pueblos vecinos m\u00e1s evolucionados. Las repetidas denuncias de los profetas, que condenan \u00e1speramente las diversas formas del culto idol\u00e1trico, demuestran que la producci\u00f3n de estatuas, estatuillas y amuletos no debi\u00f3 de ser rara entre el pueblo, de modo que incluso en el reino del sur los reyes Ezequ\u00ed\u00adas y Jos\u00ed\u00adas, en sus reformas religiosas, tuvieron que empe\u00f1arse a fondo en hacerlas desaparecer del mismo templo de Jerusal\u00e9n (2Re 18 4; Deu 23:4-15).<\/p>\n<p>De todas formas, el entusiasmo de los escritores b\u00ed\u00adblicos no tiene reservas cuando se trata de presentar en toda su espl\u00e9ndida belleza las obras de arte ligadas al culto del verdadero Dios, como las atribuidas a la iniciativa de Mois\u00e9s (Ex 25-28; 36-38), el palacio real y el templo de Jerusal\u00e9n construidos por Salom\u00f3n (1 Re 6-8; 2Cr\u00f3n 2-5), el templo ideal contemplado por Ezequiel (Ez 40-43), aunque adornados tambi\u00e9n ellos con im\u00e1genes simb\u00f3licas, no s\u00f3lo de tipo floral, sino tambi\u00e9n f\u00e1unico (Exo 37:7.17-23; 1Re 6:27; 1Re 7:25.36; Eze 41:18-20). Tampoco para el segundo templo, a pesar de sus reducidas dimensiones y de la modestia de sus adornos, faltaron las alabanzas y el reconocimiento de los profetas del tiempo y de los escritores sucesivos (cf Age 2:3.7.9; 2Ma 2:22; 2Ma 3:12); y despu\u00e9s de ser restaurado y embellecido por Herodes el Grande, ante su majestuosidad, uno de los disc\u00ed\u00adpulos le dir\u00e1 a Jes\u00fas: \u00ab\u00c2\u00a1Mira qu\u00e9 piedras y qu\u00e9 edificios!\u00bb (Mar 13:1).<\/p>\n<p>Pasando a otras ramas del arte, no podemos omitir una alusi\u00f3n fugaz a la poes\u00ed\u00ada y a la m\u00fasica (\/Biblia y cultura). En los textos que han llegado hasta nosotros, casi todos de \u00ed\u00adndole religiosa, la poes\u00ed\u00ada hebrea destaca entre las dem\u00e1s por su aliento espiritual y humano, por la elevaci\u00f3n de los conceptos y la fuerza de la imaginaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como por la variedad de g\u00e9neros literarios, la vivacidad del lenguaje, el ritmo de los sonidos y el \u00abparalelismo\u00bb de sus proposiciones.- El origen de la m\u00fasica se hace remontar a los or\u00ed\u00adgenes de la humanidad (G\u00e9n 4:21). Ben Sir\u00e1 se refiere a menudo con mucha simpat\u00ed\u00ada a la m\u00fasica que se ejecutaba en los banquetes, ya que -seg\u00fan \u00e9l- junto con el vino \u00abalegra el coraz\u00f3n\u00bb; aunque se apresura a decir que por encima de los dos est\u00e1 \u00abel amor a la sabidur\u00ed\u00ada\u00bb (Sir 40:20; cf 22,6; 32,3-6; 49,1). A falta de una documentaci\u00f3n concreta, no se puede juzgar de su contenido ni de sus formas expresivas. Sin embargo, por lo que nos refieren los textos, no es exagerado afirmar que no hab\u00ed\u00ada ninguna manifestaci\u00f3n, alegre o triste, civil o religiosa, de tipo familiar o social, que no estuviera acompa\u00f1ada del canto o del sonido de uno o varios instrumentos musicales: desde la celebraci\u00f3n gozosa del paso del mar Rojo (Exo 15:1.20) hasta el traslado del arca santa a Jerusal\u00e9n (2Sa 6:5.14-15), desde las fiestas solemnes de entronizaci\u00f3n de los soberanos hasta los cortejos f\u00fanebres de las gentes m\u00e1s humildes. Para la liturgia en particular baste pensar en la instituci\u00f3n de los levitas cantores, que el cronista hace remontar a David (1Cr 23:5; 2Cr 29:25-30), y en las muchas alusiones que se hace a los cantos en los salmos (cf Sal 137:1-3), as\u00ed\u00ad como en los diversos tipos de instrumentos con que se invita a alabar al Se\u00f1or (p.ej., Sal 149;150). Es verdad que Isa 5:12 y Am\u00f3 6:5 condenan a los ricos que se deleitan en los banquetes escuchando el sonido de las arpas, de las c\u00ed\u00adtaras y de otros instrumentos de cerda o de viento, pero s\u00f3lo porque se ve en todo ello una in\u00fatil ostentaci\u00f3n de lujo que ofende a los pobres, de los que no se preocupan.<\/p>\n<p>2. LA VIDA. Por esa \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n que se da entre lo bello y lo bueno, de la que habl\u00e1bamos al principio, sucede muchas veces en el griego de los LXX y del NT que el adjetivo kal\u00f3s, \u00abhermoso\u00bb, se utilice para calificar al hombre, sus comportamientos y sus acciones. Para el AT es bueno y hermoso lo que agrada a Dios, porque corresponde a su voluntad. Tal es el significado que asume en muchas frases en que aparece el paralelismo con recto, justo, agradable (Deu 6:18; 2Cr\u00f3n 14 1), o bien se explicita a\u00f1adiendo \u00abdelante del Se\u00f1or\u00bb (N\u00fam 24:1; Deu 12:28; Mal 2:12; Pro 3:4&#8230;). En el NT va unido muchas veces a sustantivos con uso metaf\u00f3rico: tierra, semilla, \u00e1rbol, frutos (en Juan: vino, pastor), y m\u00e1s a menudo con el verbo \u00abser\u00bb, para cualificar una acci\u00f3n que se ha de hacer u omitir (Mat 12:4; Mar 7:27; Mar 9:5.42-47); de ah\u00ed\u00ad la expresi\u00f3n \u00abobras bellas\u00bb, bien sea las que han de realizar los hombres (Mat 5:16; 1Pe 2:10; en ITim y Tito, passim), o bien los mismos milagros realizados por Cristo (Jua 10:32.33). Puede ser que en este uso tan amplio de la palabra haya influido la preocupaci\u00f3n de los primeros cristianos por demostrar su fe con obras que no s\u00f3lo fueran buenas, sino que lo pareciesen tambi\u00e9n a los dem\u00e1s, de forma que pudieran ser juzgadas moralmente bellas seg\u00fan el ideal griego del mundo ambiental. El hecho es que en los escritos m\u00e1s tard\u00ed\u00ados este adjetivo recibe una mayor acentuaci\u00f3n, hasta el punto de que puede cualificar las diversas realidades del mensaje evang\u00e9lico y a casi todos los aspectos de la vida cristiana.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos militares se exhorta a Timoteo a comportarse como un \u00abbello\u00bb (valeroso) soldado de Cristo (2Tim 2 3), a combatir la \u00abbella\u00bb (esforzada) batalla por la fe (1Tim 1819; 6 12) y a guardar el \u00abbello\u00bb (precioso) dep\u00f3sito de la fe (2Ti 1:14), mientras que, por su parte, el autor se declara seguro de haber librado un \u00abbello\u00bb (valiente) combate (2Ti 4:7). Del mismo Timoteo se reconoce que dio pruebas de su fe con \u00abuna bella confesi\u00f3n ante muchos testigos\u00bb, a semejanza de Cristo, que la dio ante Pilato (1Ti 6:12-13). El que aspire al episcopado debe tener un \u00abbello- (favorable) testimonio por parte de la comunidad (ITim 3,7). Finalmente, todos los cristianos han de tener una \u00abbella\u00bb (recta) conciencia (Heb 13:18) y portarse en el mundo con una \u00abbella\u00bb (buena, honorable) conducta de vida (Stg 3:13; 1Pe 2:12). En definitiva, puede considerarse v\u00e1lida para todos los cristianos la exhortaci\u00f3n dirigida a las mujeres por ITim 2,9-10 y 1Pe 3:3-4, de que no se preocupen de la belleza exterior y fugitiva, obtenida (para las mujeres) con trenzados, adornos, perlas y vestidos preciosos, sino de la belleza incorruptible del esp\u00ed\u00adritu, que se manifiesta y resplandece por fuera en la pr\u00e1ctica de obras moralmente bellas.<\/p>\n<p>BIBL.: ADInOLFI M., Il femminismo nella Biblia, Ateneo Antoniano Roma 1981, 81-86; HARencLio G., Bellezza, en Schede Bibliche Pastoral\u00c2\u00a1 I, 329-334&#8242; BEAUCAMP E., La Biblia y el sentido religioso del universo, Bilbao 1966; GRUNDMANN, kal\u00f3s en GLNT V, 4-47; STOEBE H.J., t\u00f3b, en DTMAT I 902-918; WOLFF H. W., Antropolog\u00ed\u00ada del A.T., Salamanca 1974; ZIMMERLI W., La mondanit\u00e1 nell Antico Testamento, Jaca Book, Mil\u00e1n 1973.<\/p>\n<p>A. Sisti<\/p>\n<p>P Rossano &#8211; G. Ravasi &#8211; A, Girlanda, Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>Sumario: 1. Bellezaybondad: 1. El vocabulario; 2. La est\u00e9tica b\u00ed\u00adblica; 3. La fuente de la belleza. II. Su reflejo en el mundo: 1. El cielo, el solyla luna; 2. Las plantas y los animales. III. La belleza del hombre: 1. Personas y factores de belleza; 2. Perfumes y ornamentos; 3. Valores y l\u00ed\u00admites. IV. La belleza en las obras del hombre: 1. El arte; 2. La vida.<br \/>\n338<br \/>\n1. BELLEZA Y BONDAD.<br \/>\nLa lengua hebrea carece de un t\u00e9rmino adecuado para expresar el concepto de belleza en sentido est\u00e9tico. Por eso es verdad que \u2020\u0153en conjunto el problema de lo bello no suscita inter\u00e9s en el pensamiento b\u00ed\u00adblico\u2020\u009d(GLNTV, 28). Pero esto no significa que en la Biblia falte todo tipo de gusto por la belleza, bien sea en el campo de la naturaleza, bien en el del arte. Significa solamente que se atiende m\u00e1s a la bondad intr\u00ed\u00adnseca de las personas, de las acciones y de las cosas que a su aspecto exterior, y que, por tanto, en la b\u00fasqueda de la verdadera concepci\u00f3n de la belleza hemos de atender m\u00e1s a los conceptos expresados que a las palabras [1 Biblia y cultura].<br \/>\n 339 4<br \/>\n339<br \/>\n1. El vocabulario.<br \/>\nEn los \u00ed\u00adndices de correspondencias que hay al final de algunos diccionarios se puede ver c\u00f3mo de hecho remiten los autores al menos a cinco vocablos que de una manera o de otra se relacionan con lo que llamamos bello en sus diversas acepciones. Entre ellos merecen especial atenci\u00f3n dos adjetivos. El primero, yafeh (con el verbo y el sustantivo respectivos), se refiere en general al aspecto exterior que ofrece deleite y felicidad, y se aplica tanto a las personas como a las cosas (Gn 12,11; IR 1,2; Jr 11,16; Jr II, Jr II, ). El segundo, tob, equivale fundamentalmente a \u2020\u0153bueno\u2020\u009d, yen su forma sustantivada tambi\u00e9n al \u2020\u0153bien\u2020\u009d o a la \u2020\u0153bondad\u2020\u009d en abstracto. Puesto que el \u00e1mbito sem\u00e1ntico de este adjetivo y de sus derivados es muy amplio (aparece 741 veces en el TM) y abarca casi todos los campos del ser, desde Dios hasta las cosas y el hombre con sus acciones y sus comportamientos morales, \u2020\u0153el t\u00e9rmino es traducido -atendiendo al contexto- por medio de diversos adjetivos, y no s\u00f3lo por medio de \u2020\u02dcbueno\u2020\u2122: agradable, satisfactorio, gustoso, \u00fatil, funcional, recto, hermoso, bravo, verdadero, benigno, bello, correcto, h\u00e1bil, etc.\u2020\u009d (DTATI, 903).<br \/>\nEn los LXX se traduce generalmente por agath\u00f3s, \u2020\u0153bueno\u2020\u009d, pero tambi\u00e9n por kal\u00f3s, \u2020\u0153bello\u2020\u009d, yjres-t\u00f3s, que fundamentalmente significa \u2020\u0153\u00fatil\u2020\u009d; pero tambi\u00e9n en los LXX se le traduce a veces por \u2020\u0153gentil, agradable, suave, dulce, benigno, clemente\u2020\u009d. Sin embargo, es v\u00e1lido que en griego, como por lo dem\u00e1s en hebreo y en las mismas lenguas modernas, lo bello est\u00e1 muchas veces \u00ed\u00adntimamente ligado a lo bueno y a veces se identifica con \u00e9l, especialmente en los juicios de \u00ed\u00adndole \u00e9tica y hasta est\u00e9tica, comprendiendo en s\u00ed\u00ad muchos aspectos de diversa naturaleza.<br \/>\n340<br \/>\n2. La est\u00e9tica b\u00ed\u00adblica.<br \/>\nSi nos fijamos en algunos textos aislados, podr\u00ed\u00adamos decir que el antiguo Israel no sent\u00ed\u00ada gran aprecio por el producto bello del hombre, limit\u00e1ndose a contemplar lo que ya existe en la naturaleza. Por ejemplo, los altares erigidos en honor de la divinidad ten\u00ed\u00adan que ser de piedra tosca sin labrar (Ex 20,25; Dt 27,6), y estaban severamente prohibidas las im\u00e1genes de cualquier tipo (Ex 20,4; Dt 4,16-18), ya que -como se explica- Dios no se manifest\u00f3 nunca bajo una forma humana (Dt 4,12-15). Es evidente que la raz\u00f3n de esta prohibici\u00f3n era de naturaleza esencialmente religiosa, al estar dictada por el temor de que el pueblo simple pudiera caer en la idolatr\u00ed\u00ada, a semejanza de los dem\u00e1s pueblos (Ex 20,5; Dt 5,9), como sucedi\u00f3 realmente en varias ocasiones, empezando por el becerro de oro fabricado por Aar\u00f3n en el desierto en ausencia de Mois\u00e9s (Ex 32,1-7), hasta la serpiente de bronce levantada igualmente en el desierto Nm 2 1,6-9), pero que el rey Ezequ\u00ed\u00adas tuvo que quitar del templo precisamente porque se hab\u00ed\u00ada convertido en objeto de culto idol\u00e1trico.<br \/>\nLa ense\u00f1anza b\u00ed\u00adblica, m\u00e1s en general, aunque puede parecer que no se interesa directamente por el problema de la belleza y que incluso es contraria a ella, en realidad se inspira en principios altamente formativos, que merecen tomarse en consideraci\u00f3n. En sustancia, tiende a trascender las limitaciones del hombre y del mundo en el cual ha sido puesto por Dios, para remontarse directamente hasta la fuente misma de la belleza. De esta manera se advierte al hombre que no se deje seducir ni absorber por lo que es limitado, ef\u00ed\u00admero y caduco, sino que vaya m\u00e1s all\u00e1 de la realidad y de la apariencia de las cosas, para llegar a contemplar s\u00f3lo el poder, la gloria y el esplendor de quien las ha creado y le ha dado a \u00e9l el poder de utilizarlas (SaI 8; SaI 104 etc\u00e9tera).<br \/>\n341<br \/>\n3. La fuente de la belleza.<br \/>\nCon la intenci\u00f3n de mostrar que Dios es autor de todo lo que existe, en su totalidad o globalidad, el relato sacerdotal de la creaci\u00f3n pasa revista a las diversas obras realizadas por \u00e9l, distribuy\u00e9ndDIAS dentro del esquema de los seis d\u00ed\u00adas laborables, al final de cada uno de los cuales se dice, a modo de estribillo: \u2020\u0153Vio Dios que era bueno\u2020\u009d (Gn 1,4; Gn 1,12; Gn 1,18; Gn 1,21; Gn 1,25). Luego, al final del sexto d\u00ed\u00ada, se a\u00f1ade:<br \/>\n\u2020\u0153Vio Dios todo lo que hab\u00ed\u00ada hecho, y he aqu\u00ed\u00ad que todo estaba bien\u2020\u009d (1,31). Consideradas de parte de Dios, \u00e9stas palabras suenan como la expresi\u00f3n de complacencia por la exacta correspondencia de todas las cosas a su proyecto creativo; pero por parte del hombre que las escribi\u00f3 son como un himno de alabanza por el mundo creado, que en su magnificencia revela el orden, la armon\u00ed\u00ada y la belleza que les imprimi\u00f3 el Creador. As\u00ed\u00ad pues, con raz\u00f3n los LXX, sin apartarse del concepto original, en todos los textos indicados tradujeron el hebreo t\u00f3b por kal\u00f3n, que, referido a las cosas o a las personas, significa precisamente \u2020\u0153bello\u2020\u009d en cuanto ordenado, sin defectos, proporcionado y armonioso en todas sus partes.<br \/>\n 342 5<br \/>\nContempor\u00e1neamente los traductores griegos introdujeron en el texto sagrado el t\u00e9rmino k\u00f3smos, tanto en el significado propio de ornamento (incluso moral) (Ex 33,5-6; 2S 1,24; Jr2,32; Jr2, Jr2, ) como para indicar el conjunto (lit. \u2020\u0153el ej\u00e9rcito\u2020\u009d) de los astros que adornan el cielo (Gn 2,1; Dt 4,19; Dt 17,3; Is 24,22; Is 40,20), acerc\u00e1ndose en este \u00faltimo caso al uso cl\u00e1sico, que hab\u00ed\u00ada encerrado en este t\u00e9rmino la idea de orden, de unidad y de belleza existentes en el mundo creado, llamado precisamente cosmos. Vemos as\u00ed\u00ad c\u00f3mo en la \u00e9poca helenista el Sir\u00e1cida canta expresamente no s\u00f3lo a Dios, que ha dispuesto en el cosmos con orden \u2020\u0153las maravillas de su sabidur\u00ed\u00ada\u2020\u009d (Si 42,21), sino tambi\u00e9n la belleza del universo, tanto en su conjunto como en sus diversos elementos: el sol, la luna y las estrellas, que con su esplendor forman la belleza y el adorno del cielo (43,1-1 0); el arco iris, \u2020\u0153hermoso en su esplendor\u2020\u009d (43,11); la nieve -\u2020\u0153los ojos se maravillan de la belleza de su blancura, el coraz\u00f3n se extas\u00ed\u00ada al verla caer\u2020\u009d (43,11)-; la lluvia, el viento y la inmensidad del mar (43,20-26); pero todo ello visto como obra de Dios y manifestaci\u00f3n de su gloria y, por tanto, como motivo para glorificarlo por encima de todas las cosas (43,27-33).<br \/>\nDe forma an\u00e1loga, aunque en un tono menos l\u00ed\u00adrico y m\u00e1s filos\u00f3fico, el autor del libro de la Sabidur\u00ed\u00ada (13,1- 9) reconoce de buen grado que los id\u00f3latras que adoran los elementos m\u00e1s brillantes de la naturaleza pueden verse enga\u00f1ados en su b\u00fasqueda de Dios, puesto que mientras que buscan alcanzarlo a trav\u00e9s de la creaci\u00f3n, se equivocan y se dejan seducir por su belleza exterior, con la convicci\u00f3n de que s\u00f3lo es bello lo que se ve con los ojos del cuerpo (vv. 6-7). A pesar de ello, se siente igualmente en la obligaci\u00f3n de condenarles, ya que por las obras visibles no supieron reconocer a su hacedor (y. 1; Rm 1,19-20). Por su profundo significado, este texto merece que se lo lea en una traducci\u00f3n casi literal: \u2020\u0153Si, encantados por su belleza, esas cosas han sido confundidas con dioses, piensen cu\u00e1nto mejor que ellas es el Se\u00f1or, puesto que es el autor mismo de la belleza el que las ha creado. Y si se asombraron de su poder y energ\u00ed\u00ada, deduzcan cu\u00e1nto m\u00e1s poderoso es el que las ha formado. Realmente, desde la grandeza y belleza de las criaturas se contempla a su autor\u2020\u009d (vv. 3-5).<br \/>\nNo cabe duda de que algunos de estos conceptos, ligados a la belleza, reflejan la influencia del ambiente helenista en que fueron madurando y de la que se deriva tambi\u00e9n la admiraci\u00f3n por la alternancia armoniosa de los elementos constitutivos del universo (19,18), y sobretodo por las obras de arte producidas por el hombre (14,19). Pero fundamentalmente hay que relacionarlos con la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica m\u00e1s antigua, la cual, atendiendo m\u00e1s al dinamismo y a la fuerza de las cosas que a sus colores, hab\u00ed\u00ada visto siempre en el mundo y en sus elementos un motivo para cantar la grandeza, el poder y la magnificencia de su Creador (SaI 89,6-14; Is 40,28; Is 45,7-9; Jr 32,17-19; Sb 11,21-22).<br \/>\n342<br \/>\nII. SU REFLEJO EN EL MUNDO.<br \/>\nGeneralmente en la Biblia no se encuentran p\u00e1ginas impregnadas de gran lirismo inspirado por la belleza de las cosas, como las hay, por el contrario, en gran parte de la literatura cl\u00e1sica y rom\u00e1ntica. Pero esto no significa que los autores sagrados no tuvieran sensibilidad ante los espect\u00e1culos que ofrece la naturaleza a la contemplaci\u00f3n del hombre ni hacia el encanto que suscitan tantos seres del mundo vegetal y animal. Basta con saber leer entre l\u00ed\u00adneas y m\u00e1s all\u00e1 de las palabras para descubrir, por ejemplo, cu\u00e1nto asombro y admiraci\u00f3n se deducen de ciertos textos que evocan los principales fen\u00f3menos del mundo atmosf\u00e9rico (cf Jb 36,27-38,38; Si 42,14-43,33) o que invitan a todos los seres a bendecir y a celebrar al Se\u00f1or que los ha creado (SaI 148,1-12; Dn 3,52-90).<br \/>\n343<br \/>\n1. El cielo, el sol y la luna.<br \/>\nQuiz\u00e1 no haya un m\u00f3dulo m\u00e1s frecuente que aquel con que se expresa el se\u00f1or\u00ed\u00ado de Dios sobre el cielo. Si muchas veces se dice que Dios habita o tiene su trono en el cielo o que es el Dios del cielo, y en tiempos m\u00e1s recientes se llega a llamarlo simplemente \u2020\u0153cielo\u2020\u009d (1 Mac 3,18; 4,10.24.55; 2M 7,11; Mt 21,25; Lc 15,18; Lc 15,21; Lc 15, Lc 15, ), no es s\u00f3lo porque se piense en su altura o en su lejan\u00ed\u00ada, sino tambi\u00e9n porque se contempla su inmensidad y su belleza. Por esto el salmista puede cantar: \u2020\u0153Los cielos narran la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos\u2020\u009d, prosiguiendo a continuaci\u00f3n con la celebraci\u00f3n del Se\u00f1or, que en \u00e9l ha puesto como principal ornamento el sol, el cual, radiante como un esposo, sale de su alcoba y como un valiente guerrero recorre los caminos del cielo desde un extremo al otro (SaI 19,2; SaI 19,6-7).<br \/>\nJunto con el sol, tambi\u00e9n la luna y la aurora se celebran por su brillante esplendor y se convierten en s\u00ed\u00admbolo y parang\u00f3n inapreciable de belleza, como para la esposa del Cantar, \u2020\u0153que avanza cual la aurora, bella como la luna, distinguida como el sol\u2020\u009d (6,10). La aurora en especial, que en oriente es mucho m\u00e1s<br \/>\n 344 6<br \/>\nsugestiva que el ocaso, es admirada por su esplendor (Jb 3,9) y vista como una invasi\u00f3n de luz que se derrama sobre los montes (JI 2,2). Al salmista le gustar\u00ed\u00ada prevenir y \u2020\u0153despertar a la aurora\u2020\u009d para poder cantar la gloria del Se\u00f1or en su templo al amane-ber el nuevo d\u00ed\u00ada (SaI 57,9); y como anonadado ante la infinitud del poder y de la ciencia de Dios, reconoce qu\u00e9 no podr\u00ed\u00ada escapar de la presencia 3\u00e9 su esp\u00ed\u00adritu ni siquiera liber\u00e1ndose bbn las alas de la aurora para alcanzar los \u00faltimos confines de la tierra (SaI 139,9). Llegar\u00e1 el d\u00ed\u00ada en que Dios vendr\u00e1 a visitar a su pueblo, y entonces la luz de la salvaci\u00f3n \u2020\u0153surgir\u00e1 como la aurora\u2020\u009d (Is 58,8); \u2020\u0153entonces la luz de la luna ser\u00e1 como la luz del sol, y la luz del sol ser\u00e1 siete veces m\u00e1s fuerte\u2020\u009d (Is 30,26); y para los que hayan honrado al Se\u00f1or despuntar\u00e1 tambi\u00e9n \u2020\u0153el sol de justicia\u2020\u009d, que con sus rayos luminosos y ben\u00e9ficos har\u00e1 desaparecer toda su aflicci\u00f3n (MI 3,20).<br \/>\n344<br \/>\n2. LAS PLANTAS Y LOS ANIMALES.<br \/>\nEn un mundo de cultura eminentemente agr\u00ed\u00adcola y ganadera como el de la Biblia, no pod\u00ed\u00adan escapar a la observaci\u00f3n del nombre la elegancia y la esbeltez de algunas cosas, en las que encontraba deleite y complacencia. Ya en el segundo relato de la creaci\u00f3n, al querer se\u00f1alar el estado de felicidad original en que Dios quiso crear al hombre, se lee que \u2020\u0153el Se\u00f1or Dios plant\u00f3 un jard\u00ed\u00adn en Ed\u00e9n, al oriente, y en \u00e9l puso al hombre que hab\u00ed\u00ada formado; el Se\u00f1or Dios hizo germinar del suelo toda clase de \u00e1rboles agradables a la vista y apetitosos para comer\u2020\u009d (Gn 2,8-9), haciendo luego correr r\u00ed\u00ados de agua perenne, para que pudiesen llevar su savia vital. Tambi\u00e9n del \u00e1rbol prohibido se indica que la mujer vio \u2020\u0153que el \u00e1rbol era apetitoso para comer, agradable &#038; la vista y deseable para adquirir sabidur\u00ed\u00ada\u2020\u009d (Gn 3,6). 1 En estas alusiones se vislumbra un sentido de admiraci\u00f3n te\u00f1ida de nostalgia, f\u00e1cilmente comprensible en un pa\u00ed\u00ads en gran parte \u00e1rido como Palestina. Por eso, para se\u00f1alar la fastuosidad de algunos soberanos y el gozo de vivir, se habla muchas veces de jardines llenos de flores y de plantas de todo g\u00e9nero, adornados con gusto y refinamiento (Qo 2,5; Ct 4,12; Ct 4,13; Ct 4,16; Ez 28,13; Ez 31,8-9), mientras que para expresar el gozo y la felicidad que acompa\u00f1an al resurgimiento de Jerusal\u00e9n desde sus ruinas el profeta llega a decir que dicha ciudad ser\u00e1 como un nuevo Ed\u00e9n y \u2020\u0153como el jard\u00ed\u00adn del Se\u00f1or\u2020\u009d (Is 51,3). Adem\u00e1s, es sabido c\u00f3mo para describir la vitalidad y la fecundidad ben\u00e9fica de la sabidur\u00ed\u00ada, en la p\u00e1gina central del Sir\u00e1cida se evocan las plantas m\u00e1s bellas de la flora palestina, desde las m\u00e1s imponentes como el cedro hasta las m\u00e1s humildes como la rosa de Jeric\u00f3, con sus hojas exuberantes, sus flores y sus frutos, como s\u00ed\u00admbolo del precioso gozo espiritual que la sabidur\u00ed\u00ada misma asegura a quienes la cultivan (Si 24,12-17). Hay que recordar, finalmente, c\u00f3mo para inculcar la confianza en la providencia del Padre celestial, Jes\u00fas invitaba a fijarse en los p\u00e1jaros del cielo y en los lirios del campo, de los que observaba que \u2020\u0153ni Salom\u00f3n en todo su esplendor se visti\u00f3 como uno de ellos\u2020\u009d (Lc 12,27; Mt 6,28).<br \/>\nEl libro de \/ Jb, despu\u00e9s de haber pasado lista a los diversos fen\u00f3menos de la naturaleza en los que visiblemente se manifiesta la sabidur\u00ed\u00ada de Dios, en una serie de preguntas se ocupa tambi\u00e9n de los animales, encontrando en cada uno de ellos algo digno de admiraci\u00f3n, si no por su aspecto exterior, al menos por algunas caracter\u00ed\u00adsticas de instinto y de comportamiento de que los ha dotado el Creador (Jb 38,34-39,30; cf tambi\u00e9n 30,29-31). En el AT se hace referencia muchas veces al reino animal o como motivo de ense\u00f1anza o como t\u00e9rmino de comparaci\u00f3n o como s\u00ed\u00admbolo de cualidades que tambi\u00e9n el hombre deber\u00ed\u00ada poseer. Por referirnos s\u00f3lo al \u00e1guila, se l\u00e1 celebra como ejemplo de destreza (2S 1,23; Jb 9,26; Jr48,40; Jr49,20; Ez 17,3) y de vigor juvenil (SaI 103,5; Is 40,31), pero tambi\u00e9n de solicitud maternal (Ex 19,4; Dt 32,11). No faltan, sin embargo, referencias a la belleza, a la gracia, a la esbeltez y la elegancia de algunos animales en particular, como la paloma, la gacela y la cierva, cuyos nombres se evocan con frecuencia, junto con los de muchos otros, para describir el mundo id\u00ed\u00adlico en que se mueven los dos enamorados del Cantar y especialmente para dibujar el perfil f\u00ed\u00adsico y moral de la novia.<br \/>\n345<br \/>\nIII. LA BELLEZA DEL HOMBRE.<br \/>\nHecho a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26-27), el hombre es el ser que refleja mejor su esplendor, su gloria y su grandeza (SaI 8). De hecho en la Biblia no es s\u00f3lo el Cantar el que celebra la belleza del amado o de la amada. Todas las personas que tienen cierta importancia, tanto real como ideal, est\u00e1n tambi\u00e9n llenas de gracia y hermosura.<br \/>\n346<br \/>\n1. Personas y factores de belleza.<br \/>\nVienen en primer lugar las mujeres, representadas en la antig\u00fcedad por las grandes madres de la tradici\u00f3n patriarcal: Sara (Gn 12,11; Gn 12,14), Rebeca (24,16), Raquel (29,17); m\u00e1s tarde Abiga\u00ed\u00adl<br \/>\n 347 7<br \/>\nIS 25,3) y Abi-sag, la sunamita que atendi\u00f3 a David en su ancianidad (IR 1,3-4); m\u00e1s tarde las hero\u00ed\u00adnas protagonistas de los libros de Ester (2,7) y de Judit (8,7; 10,14)0 de relatos como el de Susana (Dn 13,2). Para que alguien pueda ser considerado hermoso, se mira sobre todo al aspecto y al conjunto de su figura, al colorido y a las l\u00ed\u00adneas de su cuerpo. As\u00ed\u00ad en los textos indicados, como en el caso de Jos\u00e9 (Gn 39,6) y del mismo Sa\u00fal (IS 9,2). M\u00e1s de cerca se contempla a Absal\u00f3n, admirado entre otras cosas por su extraordinaria cabellera: \u2020\u0153No hab\u00ed\u00ada en todo Israel un hombre que fuera tan celebrado por su belleza como Absal\u00f3n. Desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza no hab\u00ed\u00ada defecto alguno en \u00e9l\u2020\u009d 2S 14,25). Pero \/ David es el hombre completo, a quien se presenta como ideal de la belleza, por ser \u2020\u0153rubio, de buen aspectoyde buena presencia\u2020\u009d(IS 16,12; IS 17,42), pero tambi\u00e9n como el ideal de la perfecci\u00f3n: \u2020\u0153Toca muy bien la c\u00ed\u00adtara, es valiente y hombre de guerra, sabio en sus palabras, de buena presencia, y el Se\u00f1or est\u00e1 con \u00e9l\u2020\u009d (IS 16,18). En la misma l\u00ed\u00adnea se ponen otros escritos posteriores que, al presentar a sus h\u00e9roes, no se detienen en las formas externas, sino que se\u00f1alan tambi\u00e9n algunas dotes o facultades humanas, subrayando sobre todo su religiosidad. (V\u00e9anse los relatos de Ester, de Judit, de Daniel y los otros j\u00f3venes en la corte de Babilonia, sin olvidar tampoco el de Susana en Dn 13)<br \/>\n347<br \/>\n2. Perfumes y ornamentos.<br \/>\nComo suele pasar en todos los pueblos de todos los tiempos, los hebreos apreciaban y se serv\u00ed\u00adan abundantemente de ung\u00fcentos, perfumes y adornos para hacer m\u00e1s aceptable y agradable su persona, seg\u00fan el gusto y las variaciones de la moda, bien fuera del pa\u00ed\u00ads o bien importada. Las partes m\u00e1s cuidadas con ung\u00fcentos o con simple aceite eran el rostro y los cabellos, la barba y los pies (SaI 133,2; Qo 9,8; Lc 7,38-46). Pero cuando iban a tener un encuentro importante, las mujeres ten\u00ed\u00adan que prepararse con tiempo, ungi\u00e9ndose con mirra, utilizando sustancias olorosas, cuidando sus vestidos, arreglando sus cabellos, adorn\u00e1ndose de joyas, sin olvidar el carm\u00ed\u00adn y todos los cosm\u00e9ticos habituales para hacer fresca y radiante la belleza femenina (Rt 3,3; Jdt 10,3 Est2,1 2;Cant Jdt 1,3; Jdt 1,10; Jdt 1,12; SaI 45,9-15). El profeta Ezequiel, dej\u00e1ndose lievar de la vena po\u00e9tica, describe al pueblo de Israel bajo la imagen de una ni\u00f1a abandonada, que el Se\u00f1or recoge, lava y unge con sustancias arom\u00e1ticas, la viste con trajes preciosos de p\u00farpura, de seda y de brocado, la adorna con joyas de oro y plata, pulseras, pendientes, anillos y una corona de oro en la cabeza; pero ella, orgullosa de su belleza, se prostituye, traicionando a su esposo Yhwh, para servir a dioses extranjeros en las formas m\u00e1s abominables (Ez 16,1-22). La larga narraci\u00f3n tiene un profundo significado moral, adem\u00e1s de teol\u00f3gico. Denuncia no s\u00f3lo la ingratitud de Israel, sino tambi\u00e9n la vanidad y la peligrosidad de un excesivo lujo y coqueter\u00ed\u00ada femenina. En un plano m\u00e1s ligado a la realidad hist\u00f3rica, tambi\u00e9n el profeta Isa\u00ed\u00adas, en una descripci\u00f3n muy detallada de la toilette femenina, denuncia y condena con energ\u00ed\u00ada el lujo del que hacen ostentaci\u00f3n algunas mujeres de Jerusal\u00e9n y que \u00e9l considera un insulto a los muchos pobres de la ciudad (Is 3,16-24).<br \/>\n348<br \/>\n3. Valores y limites.<br \/>\nLa afirmaci\u00f3n de Si 40,22: \u2020\u0153Tu ojo desea gracia y belleza\u2020\u009d, es la que expresa quiz\u00e1 mejor la realidad psicol\u00f3gica del hombre, el cual, aun dentro de la variedad de gustos, nunca deja de sentirse atra\u00ed\u00addo, y a veces seducido, por todo lo que se le presenta en el mundo bajo las formas de lo bello. Pero la sabidur\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, con esa concreci\u00f3n que le es propia, advierte que, especialmente en la mujer, la belleza f\u00ed\u00adsica es peligrosa y hasta da\u00f1ina, si no va acompa\u00f1ada de una belleza interna superior. \u2020\u0153La gracia de la mujer alegra a su marido&#8230; La mujer honesta es gracia sobre gracia&#8230; Como el sol que se alza en los m\u00e1s altos montes es la hermosura de la mujer buena en una casa bien cuidada\u2020\u009d (Si 26,13; Si 26,15; Si 26,16 cf tambi\u00e9n Si 36,22-24). La mujer realmente ideal es la que une a sus dotes exteriores la laboriosidad, la diligencia y la generosidad, puesto que \u2020\u0153enga\u00f1osa es la gracia, yana la belleza; la mujer que teme al Se\u00f1or, \u00e9sa debe ser alabada\u2020\u009d (Pr 31,30 en el contexto de los vv. 10-31: el c\u00e9lebre elogio de la mujer fuerte). Basado en la experiencia hist\u00f3rica y cotidiana de tantos hombres arruinados o comprometidos por haber cedido a la seducci\u00f3n de las gracias femeninas, el sabio exhorta tambi\u00e9n a guardarse con cuidado de sus hechizos (Pr 6,24-28; Si 9,8), pronunciando finalmente este juicio tan duro: \u2020\u0153Anillo de oro en jeta de puerco, tal es la mujer bella pero sin seso\u2020\u009d (Pr 11,22).<br \/>\n349<br \/>\nIV. LA BELLEZA EN LAS OBRAS DEL HOMBRE.<br \/>\nEl hombre tiene dos maneras de expresar su ideal de belleza: la primera, inspir\u00e1ndose en la naturaleza y esforz\u00e1ndose en reproducir sus formas, sus colores y sus sonidos; la segunda, mirando dentro de s\u00ed\u00ad<br \/>\n 350 8<br \/>\nmismo e intentando vivir en sus acciones aquella suma de orden, de armon\u00ed\u00ada y de perfecci\u00f3n que descubre en el universo. Tenemos as\u00ed\u00ad la belleza est\u00e9tica y la belleza moral, el arte y la vida.<br \/>\n350<br \/>\n1. El arte.<br \/>\nA pesar de la severa prohibici\u00f3n, ya mencionada, de producir im\u00e1genes (Ex 20,25; Dt 4,16-18), sabemos por la historia b\u00ed\u00adblica, y m\u00e1s a\u00fan por la arqueolog\u00ed\u00ada, no s\u00f3lo que semejante prohibici\u00f3n no se entendi\u00f3 nunca en sentido absoluto, sino que de hecho en el antiguo y en el m\u00e1s reciente Israel no faltaron de vez en cuando los que se entreten\u00ed\u00adan en ejercitarse en los diversos campos del arte figurativo, aunque inspir\u00e1ndose en gran parte en los gustos y modelos de los pueblos vecinos m\u00e1s evolucionados. Las repetidas denuncias de los profetas, que condenan \u00e1speramente las diversas formas del culto idol\u00e1trico, demuestran que la producci\u00f3n de estatuas, estatuillas y amuletos no debi\u00f3 de ser rara entre el pueblo, de modo que incluso en el reino del sur los reyes Ezequ\u00ed\u00adas y Jos\u00ed\u00adas, en sus reformas religiosas, tuvieron que empe\u00f1arse a fondo en hacerlas desaparecerdel mismo templo de Jerusal\u00e9n (2R 18,4; 2R 23,4-15).<br \/>\nDe todas formas, el entusiasmo de los escritores b\u00ed\u00adblicos no tiene reservas cuando se trata de presentar en toda su espl\u00e9ndida belleza las obras de arte ligadas al culto del verdadero Dios, como las atribuidas a la iniciativa de Mois\u00e9s (Ex 25-28 363*8), el palacio real y el templo de Jerusal\u00e9n construidos por Salom\u00f3n (IR 6-8; 2Cr 2-5), el templo ideal contemplado por Ezequiel (Ez 40-43), aunque adornados tambi\u00e9n ellos con im\u00e1genes simb\u00f3licas, no s\u00f3lo de tipo floral, sino tambi\u00e9nf\u00e1unico(Ex37,7.17-23; IR 6,27; IR 7,25; IR 7,36 Ez41 ,18-20). Tampoco para el segundo templo, a pesar de sus reducidas dimensiones y de la modestia de sus adornos, faltaron las alabanzas y el reconocimiento de los profetas del tiempo y de los escritores sucesivos (Ag 2,3; Ag 2,7; Ag 2,9; 2M 2,22; 2M 3,12); y despu\u00e9s de ser restaurado y embellecido por Herodes el Grande, ante su majestuosidad, uno de los disc\u00ed\u00adpulos le dir\u00e1 a Jes\u00fas: \u2020\u0153 Mira qu\u00e9 piedras y qu\u00e9 edificios!\u2020\u009d (Mc 13,1).<br \/>\nPasando a otras ramas del arte, no podemos omitir una alusi\u00f3n fugaz a la poes\u00ed\u00ada y a la m\u00fasica (1 Biblia y cultura). En los textos que han llegado hasta nosotros, casi todos de \u00ed\u00adndole religiosa, la poes\u00ed\u00ada hebrea destaca entre las dem\u00e1s por su aliento espiritual y humano, por la elevaci\u00f3n de los conceptos y la fuerza de la imaginaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como por la variedad de g\u00e9neros literarios, la vivacidad del lenguaje, el ritmo de los sonidos y el \u2020\u0153paralelismo\u2020\u009d de sus proposiciones.AElorigen de la m\u00fasica se hace remontar a los or\u00ed\u00adgenes de la humanidad (Gn 4,21). Ben Sir\u00e1 se refiere a menudo con mucha simpat\u00ed\u00ada a la m\u00fasica que se ejecutaba en los banquetes, ya que -seg\u00fan \u00e9l-junto con el vino \u2020\u0153alegra el coraz\u00f3n\u2020\u009d; aunque se apresura a decir que por encima de los dos est\u00e1 \u2020\u0153el amor a la sabidur\u00ed\u00ada\u2020\u009d (Si 40,20 cf Si 22,6; Si 32,3-6; Si 49,1). A falta de una documentaci\u00f3n concreta, no se puede juzgar de su contenido ni de sus formas expresivas. Sin embargo, por lo que nos refieren los textos, no es exagerado afirmar que no hab\u00ed\u00ada ninguna manifestaci\u00f3n, alegre o triste, civil o religiosa, de tipo familiar o social, que no estuviera acompa\u00f1ada del canto o del sonido de uno o varios instrumentos musicales: desde la celebraci\u00f3n gozosa del paso del mar Rojo Ex 15,1; Ex 15,20) hasta el traslado del arca santa a Jerusal\u00e9n (2S 6,5; 2S 6,14-15), desde las fiestas solemnes de entronizaci\u00f3n de los soberanos hasta los cortejos f\u00fanebres de las gentes m\u00e1s humildes. Para la liturgia en particular baste pensaren la instituci\u00f3n de los levitas cantores, que el cronista hace remontar a David (ICr\u00f3n 23,5; 2Cr 29,25-30), y en las muchas alusiones que se hace a los cantos en los salmos SaI 137,1-3), as\u00ed\u00ad como en los diversos tipos de instrumentos con que se invita a alabar al Se\u00f1or (p.ej. SaI 149; SaI 150). Es verdad que Is 5,12 y Am 6,5 condenan a los ricos que se deleitan en los banquetes escuchando el sonido de las arpas, de las c\u00ed\u00adtaras y de otros instrumentos decjueida o de viento, pero s\u00f3lo porque se ve engodo ello una in\u00fatil ostentaci\u00f3n de lujo que ofende a los pobres, de los que no se preocupan.<br \/>\n351<br \/>\n2. La vida.<br \/>\nPor esa \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n que se da entre lo bello y lo bueno, de la que habl\u00e1bamos al principio, sucede muchas veces en el griego de los LXX y del NT que el adjetivo kal\u00f3s, \u2020\u0153hermoso\u2020\u009d, se utilice para calificar al hombre, sus comportamientos y sus acciones. Para el AT es bueno y hermoso lo que agrada a Dios, porque corresponde a su voluntad. Tal es el significado que asume en muchas frases en que aparece el paralelismo con recto, justo, agradable (Dt 6,18; 2Cr 14,1), o bien se expl\u00ed\u00adcita a\u00f1adiendo \u2020\u0153delante del Se\u00f1or\u2020\u009d (Nm 24,1; Dt 12,28; MI 2,12 Pr\u00f3v M13,4; M13, M13, ). En el NT va unido muchas veces a sustantivos con uso metaf\u00f3rico: tierra, semilla, \u00e1rbol, frutos (en Juan: vino, pastor), y m\u00e1s a menudo con el verbo \u2020\u0153ser\u2020\u009d, para cualificar una acci\u00f3n que se ha de hacer u omitir (Mt 12,4; Mc 7,27; Mc 9,5; Mc 9,42-47); \u00fce ah\u00ed\u00ad la expresi\u00f3n \u2020\u0153obras bellas\u2020\u009d, bien sea las que han de realizar los Hombres (Mt 5,16; IP 2,10; en lTm y Tito, passim), o bien los mismos milagros realizados por Cristo (Jn 10,32; Jn 10,33). Puede ser que en<br \/>\n 352 9<br \/>\neste uso tan amplio de la palabra haya influido la preocupaci\u00f3n de los primeros cristianos por demostrar su fe con obras que no s\u00f3lo fueran buenas, sino que lo pareciesen tambi\u00e9n a los dem\u00e1s, de forma que pudieran ser juzgadas moralmente bellas seg\u00fan el ideal griego del mundo ambiental. El hecho es que en los escritos m\u00e1s tard\u00ed\u00ados este adjetivo recibe una mayor acentuaci\u00f3n, hasta el punto de que puede cualificar las diversas realidades del mensaje evang\u00e9lico y a casi todos los aspectos de la vida cristiana.<br \/>\nEn t\u00e9rminos militares se exhorta a Timoteo a comportarse como un \u2020\u0153bello\u2020\u009d (valeroso) soldado de Cristo 2Tm 2,3), a combatir la \u2020\u0153bella\u2020\u009d (esforzada) batalla por late (ITm 18-19; ITm 6,12) y a guardarel \u2020\u0153bello\u2020\u009d (precioso) dep\u00f3sito de la fe (2Tm 1,14), faientras que, por su parte, el autor se declara seguro de haber librado un \u2020\u0153bello\u2020\u009d (valiente) combate (2Tm 4,7). Del mismo Timoteo se reconoce que dio pruebas de su fe con \u2020\u0153una bella confesi\u00f3n ante muchos testigos\u2020\u009d, a semejanza de Cristo, que la \u00dcio\u2020\u009d ante Pilato lTm 6,12-13). El que aspire al episcopado debe tener un \u2020\u0153bello\u2020\u009d(favorable) testimonio por parte de la comunidad (lTm 3,7). Finalmente, todos los cristianos han de tener una \u2020\u0153bella\u2020\u009d (recta) conciencia Hb 13,18) y portarse en el mundo con una \u2020\u0153bella\u2020\u009d (buena, honorable) conducta de vida (St 3,13 1 P IP 2,12 ). En definitiva, puede considerarse v\u00e1lida para todos los cristianos la exhortaci\u00f3n dirigida a las mujeres por lTm 2,9-10 y 1P 3,3-4, de que no se preocupen de la belleza exterior y fugitiva, obtenida (para las mujeres) con trenzados, adornos, perlas y vestidos preciosos, sino de la belleza incorruptible del esp\u00ed\u00adritu, que se manifiesta y resplandece por fuera en la pr\u00e1ctica de obras moralmente bellas.<br \/>\n352<br \/>\nBIBL.: Adinolfi M., llfemminismo netia Bib-bia, Ateneo Antoniano, Roma 1981,81-86; Bar-baglio G., Bellezza, en Schede Bibliche Pastorali 1, 329-334; Beaucamp E., La Biblia y el sentido religioso del universo Bilbao 1966; Grundmann, kal\u00f3s, en GLNTV, 4-47; Stoebe H.J., tob, en DTMA? 1,902-918; Wolff H.W., Antropolog\u00ed\u00ada delA.T., Salamanca 1974; Zimmerli W., La mondanit\u00e1 nell\u2020\u2122Antico Testamento, Jaca Book, Mil\u00e1n 1973.<br \/>\nA. Sis ti<br \/>\n353<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[694] Es la propiedad indefinible, mas no indescriptible, de los seres que los vuelve apetecibles afectiva, moral, intelectual y espiritualmente. Casi todos los que han hablado de belleza son tributarios de Plat\u00f3n en las diversas ocasiones en que trat\u00f3 de describir la identidad de la belleza (\u00abHipias\u00bb, \u00abFedro\u00bb, \u00abFilebo\u00bb, sobre todo \u00abEl Banquete\u00bb). Sto. Tom\u00e1s &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/belleza\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abBELLEZA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-9897","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9897","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9897"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9897\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9897"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9897"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9897"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}