{"id":9987,"date":"2016-02-05T07:14:22","date_gmt":"2016-02-05T12:14:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/canonizacion\/"},"modified":"2016-02-05T07:14:22","modified_gmt":"2016-02-05T12:14:22","slug":"canonizacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/canonizacion\/","title":{"rendered":"CANONIZACION"},"content":{"rendered":"<p>[267]<\/p>\n<p>      Literalmente significa introducir en una lista o canon. Eclesialmente equivale a reconocer como figura significativa, protectora y modelo de vida cristiana, a personas que vivieron en el mundo y murieron con fama de santidad o con el hero\u00ed\u00adsmo del martirio. En el C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico, la Iglesia dice que \u00ablas causas de canonizaci\u00f3n de los siervos de Dios se rigen por una ley pontificia peculiar.\u00bb (c. 1403)<\/p>\n<p>    En la Constituci\u00f3n Apost\u00f3lica \u00abDivinus Redemptoris Magister\u00bb, del 25 de Enero de 1983, el Papa Juan Pablo II se\u00f1al\u00f3 las \u00faltimas normas de la Iglesia para la declaraci\u00f3n oficial de la santidad de los bienaventurados. Recordaba Juan Pablo II que \u00abdesde tiempos inmemorables la Sede Apost\u00f3lica propone a la imitaci\u00f3n, veneraci\u00f3n y a la invocaci\u00f3n de los fieles a algunos cristianos que sobresalieron por el fulgor de sus virtudes.\u00bb<br \/>\n    La canonizaci\u00f3n, pues, se rige por tradiciones, usos y tambi\u00e9n por normas eclesiales concretas. Conduce a declarar santos (consagrados) a determinados siervos de Dios, modelos de virtud y de perfecci\u00f3n evang\u00e9lica. En otras palabras, la Iglesia venera de forma especial a aquellos hombres de Dios que, en su vida terrena, fueron reflejos fieles del misterio del Verbo Encarnado: fueron elegidos, testigos, mensajeros, imitadores de Cristo, modelos.<br \/>\n  1. Historia<br \/>\n    Los santos originalmente eran proclamados por el pueblo fiel como tales. Era la \u00abvox populi\u00bb (aclamaci\u00f3n popular) la que los canonizaba. Cuando los siglos fueron pasando, para evitar abusos y proclamaciones demasiado pol\u00ed\u00adticas o interesadas, los obispos tomaron la responsabilidad de tal declaraci\u00f3n. Muchos dieron normas en sus Di\u00f3cesis para la veneraci\u00f3n de los difuntos. Se les asignaba un d\u00ed\u00ada de fiesta, generalmente el aniversario de su muerte o de su martirio. El tiempo se encargaba de consolidar o apagar tal devoci\u00f3n y admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>    En 993, Ulric de Ausburg fue declarado santo en la primera canonizaci\u00f3n aprobada expl\u00ed\u00adcita y directamente por un papa. Juan XV, como Obispo de Roma, actu\u00f3 con una declaraci\u00f3n de santidad y la hizo extensiva a las dem\u00e1s regiones cristianas.<\/p>\n<p>    Gregorio IX formaliz\u00f3 a\u00f1os despu\u00e9s el proceso y la pr\u00e1ctica. En 1234 la canonizaci\u00f3n se reserv\u00f3 a s\u00f3lo al Papa. En el a\u00f1o 1588 el Papa Sixto V puso esos procesos en manos de la Congregaci\u00f3n para las Causas de los Santos y dict\u00f3 normas restrictivas de procedimiento sobre los procesos de canonizaci\u00f3n y sus exigencias.<\/p>\n<p>    Urbano VIII determin\u00f3 nuevas normas sobre la doctrina y santidad de los canonizables. Sus consignas fueron luego clarificadas y comentadas por Prospero Lambertini, que ser\u00ed\u00ada Papa con el nombre de Benedicto XIV. Escribi\u00f3 su obra: \u00abBeatificaci\u00f3n de los Siervos de Dios y canonizaci\u00f3n de los Beatos\u00bb.<\/p>\n<p>    En ocasiones posteriores se fueron perfilando esas normas. P\u00ed\u00ado XI, en su Motu Propio \u00abGi\u00ed\u00a0 da qualche tempo\u00bb, del 6 de Febrero de 1930, renov\u00f3 la Congregaci\u00f3n de Ritos y el 4 de Enero 1939 public\u00f3 la ordenaci\u00f3n de los dos pasos obligados para las beatificaciones y canonizaciones.<\/p>\n<p>    Pablo VI, con la Carta apost\u00f3lica \u00abSanctitas clarior, del 19 Marzo 1967, determin\u00f3 los nuevos pasos de un proceso can\u00f3nico y con la Constituci\u00f3n \u00ab?Sacra Congregazione dei Riti\u00bb, del 8 de Mayo 1969, organiz\u00f3 el nuevo Dicasterio encargado del Culto divino y del estudio de las citadas causas.<\/p>\n<p>    Las posturas de los papas y el n\u00famero de beatificaciones y canonizaciones dependieron de cada pontificado. Pero fue aumentando con el paso de los siglos, tanto por el aumento de la poblaci\u00f3n cristiana y extensi\u00f3n de la Iglesia, como por las nuevas circunstancias de los tiempos. El m\u00e1s prol\u00ed\u00adfico en este sentido fue el pontificado de Juan Pablo II. Desde que fue elegido en 1978 hasta Julio del 1997 el Papa Juan Pablo II hab\u00ed\u00ada proclamado 278 santos (245 m\u00e1rtires y 33 confesores). Tambi\u00e9n beatific\u00f3 a 770 Beatos (579 m\u00e1rtires y 191 confesores). Al terminar el pontificado Juan Pablo II hab\u00ed\u00ada elevado a los altares como Beatos m\u00e1s de uno 1.200 de modelos de vida cristiana y canonizado unos 350 Beatos.<\/p>\n<p>    No existe un c\u00f3mputo preciso de qui\u00e9nes han sido proclamados santos desde los primeros siglos. En 1988, para celebrar su IV centenario, la Congregaci\u00f3n para las Causas de los Santos public\u00f3 el primer \u00abIndex ac status Causarum\u00bb. Este libro y los suplementos que le siguieron est\u00e1n considerados como el \u00ed\u00adndice definitivo de todas las causas que han sido presentadas ante la Congregaci\u00f3n desde su instituci\u00f3n.<\/p>\n<p>    2. Proceso<\/p>\n<p>     El camino que la Iglesia cat\u00f3lica exige para la canonizaci\u00f3n de un siervo de Dios es largo y laborioso. Tiende a buscar la m\u00e1xima objetividad y rigor en tales acciones eclesiales.<\/p>\n<p>     El primer estadio es diocesano. Conduce a reconocer las virtudes de un siervo de Dios y su car\u00e1cter de modelo de vida. Despu\u00e9s de un proceso con testigos, notarios y jueces, y multitud de documentos recogidos, se entrega la documentaci\u00f3n, debidamente ordenada y presentada, a la Congregaci\u00f3n Romana para las Causas de los Santos.<\/p>\n<p>    2.1. Venerables<br \/>\n    El primer estadio es estudiar y reconocer con un documento pontificio la heroicidad de las virtudes o la autenticidad del martirio. Una decisi\u00f3n pontificia en forma de Decreto sobre la \u00abheroicidad de las virtudes, declara al siervo \u00abVenerable\u00bb. Ello significa que es presentado como ejemplo de virtudes heroicas. Por eso el Papa firma un documento expl\u00ed\u00adcito.<\/p>\n<p>    2.2. Beatificaci\u00f3n<br \/>\n    Una segunda decisi\u00f3n consiste en declararlo \u00abBeato\u00bb o Bienaventurado, lo cual significa que se le considera por la autoridad pontificia ya en el cielo, es decir en la Bienaventuranza eterna. Por lo tanto se autoriza a ofrecerle culto p\u00fablico en la Iglesia, aunque restringido a un lugar, regi\u00f3n, Instituto religioso o Di\u00f3cesis. Se pueden exponer sus im\u00e1genes en el altar y en lugares adecuados para ser veneradas e invocadas.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s de los atributos personales de caridad y virtudes heroicas, se requiere para este paso que se le pueda atribuir claramente un milagro, obtenido a trav\u00e9s de su intercesi\u00f3n y realizado despu\u00e9s de su muerte. El milagro requerido debe ser probado y aprobado a trav\u00e9s de una acci\u00f3n can\u00f3nica especial, que incluye el parecer de un comit\u00e9 de m\u00e9dicos (aunque algunos de ellos no sean creyentes) y de te\u00f3logos que acrediten su verosimilitud. El milagro no es requerido si la persona beatificable es la de un m\u00e1rtir.<\/p>\n<p>    2.3. Canonizaci\u00f3n<br \/>\n    El tercer nivel es ya la declaraci\u00f3n de santidad ante toda la Iglesia y la proclamaci\u00f3n como intercesor celeste, adem\u00e1s de modelo admirable. Con la canonizaci\u00f3n, el Beato pasa a ser considerado como santo y puede ser objeto de culto p\u00fablico y oficial en toda la Iglesia.<\/p>\n<p>    Para la canonizaci\u00f3n hace falta otro milagro atribuido a la intercesi\u00f3n del Beato y ocurrido despu\u00e9s de su beatificaci\u00f3n. Las modalidades de verificaci\u00f3n del milagro son iguales a las seguidas en la beatificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    El Papa puede obviar estos requisitos. La beatificaci\u00f3n y la canonizaci\u00f3n comprometen la infalibilidad pontificia.<\/p>\n<p>    3. Patronos y Doctores<br \/>\n    Algunos santos merecen una consideraci\u00f3n y declaraci\u00f3n especial por parte de la Autoridad pontificia por su influencia (Patronos) o por su sabidur\u00ed\u00ada (los Doctores).<\/p>\n<p>    3.1. Los Patronos<br \/>\n    Se les declara especiales protectores de determinada tarea eclesial o lugar en la Iglesia. Son los protectores singulares, adem\u00e1s de modelos.<\/p>\n<p>    Hay Patronos que han sido proclamados como tales por un papa con una Bula o Motu propio. Por ejemplo, San Benito es declarado Patrono de Europa en 1964 por Pablo VI y S. Juan Bta. De la Salle Patrono de los educadores cristianos por el Breve de P\u00ed\u00ado XII \u00abQuod ait\u00bb del 15 de Mayo de 1950.<\/p>\n<p>    Otros Patronos o especiales protecciones han surgido de la piedad popular: Sta. M\u00f3nica es Patrona de las madres cristiana, San Valent\u00ed\u00adn de los enamorados o San Crist\u00f3bal de los conductores. El patronazgo indica simplemente que la Iglesia considera a determinado santo como especial protector e invita a los fieles interesados en ese aspecto o de ese lugar a que incrementen sus plegarias y aumenten sus deseos de imitar las virtudes del siervo venerado.<\/p>\n<p>    3.2. Los Doctores<br \/>\n    El t\u00ed\u00adtulo de \u00abDoctor de la Iglesia\u00bb se suele dar por parte de un Papa, y en ocasiones de un Concilio, a las figuras canonizadas que brillaron por su doctrina y su resonancia luminosa en la Iglesia.<\/p>\n<p>    De los ocho Doctores originales, cuatro eran Padres del Occidente: San Gregorio Magno, San Ambrosio, San Agust\u00ed\u00adn, y San Jer\u00f3nimo (proclamados Doctores en el 1298), y cuatro eran del Oriente, siendo proclamados tales en 1568: San Atanasio, San Juan Cris\u00f3stomo, San Basilio Magno y San Gregorio Nacianceno.<\/p>\n<p>    Luego diversos Papas y por diversos motivos fueron aumentando la lista, hasta llegar a 33 al final del siglo XX, de los cuales tres son mujeres: Santa Teresa de \u00ed\u0081vila, Santa Catalina de Siena y Santa Teresita de Lisieux.<\/p>\n<p>   Los Doctores han sido modelos de ciencia y docencia. Han significado para la Iglesia una fuente luminosa de doctrina y de claridad evangelizadora. La autoridad eclesial, al reconocerlos como tales, reclama singular atenci\u00f3n a sus escritos y a la orientaci\u00f3n de sus ense\u00f1anzas.<\/p>\n<p>   4. Valor de los santos<br \/>\n    Todos los Santos y Beatos de la Iglesia realizaron una misi\u00f3n b\u00e1sica en la Iglesia: llevar a la perfecci\u00f3n la \u00abvida cristiana\u00bb y cumplir con fidelidad el mandato de Cristo: \u00abSed perfectos como mi Padre del cielo es perfecto\u00bb (Mt. 5. 48). Los cristianos estamos destinados a luchar por esa perfecci\u00f3n, es decir a llegar a la suficiente santidad para merecer la misericordia divina y la gracia de la amistad perpetua con el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>    Las figuras mod\u00e9licas han sido un fuerte apoyo para los creyentes de todos los tiempos, no s\u00f3lo por sus m\u00e9ritos en el Cuerpo M\u00ed\u00adstico y por el misterio de la \u00abcomuni\u00f3n de los santos\u00bb, sino tambi\u00e9n por el poder psicol\u00f3gico y sociol\u00f3gico del ejemplo del que los santos son fuente.<\/p>\n<p>    La Historia de la Iglesia ha estado siempre asociada a esas figuras que constituyen un elenco o \u00absantoral\u00bb que guarda la herencia del Evangelio. Por eso las principales figuras fueron las mencionadas en los documentos de los primeros evangelistas: los Ap\u00f3stoles, San Jos\u00e9, San Juan Bautista, San Pablo, Santa Isabel, Santa Magdalena. Incluso ya en los tiempos medievales hubo figuras del Antiguo Testamento que merecieron singular relieve hagiogr\u00e1fico: San Abraham, San David, San El\u00ed\u00adas, aunque estas figuras b\u00ed\u00adblicas merecieron otra consideraci\u00f3n diferente.<\/p>\n<p>    Un reclamo especial, por su repercusi\u00f3n en la piedad cristiana, tuvieron los nombres de los tres \u00abSantos\u00bb \u00e1ngeles que aparecen en la Escritura: Gabriel, Miguel y Rafael. La piedad cristiana los personaliz\u00f3 como especiales protectores celestes de la Santa Iglesia de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    Esa enorme pl\u00e9yade de nombres mod\u00e9licos de la Historia eclesial es de singular importancia para la vida de los cristianos de todo tipo, pues entre las figuras ensalzadas hay hombres y mujeres, ni\u00f1os y ancianos, ricos y mendigos, nobles y esclavos, blancos y negros, sabios e ignorantes.<\/p>\n<p>     5. Catequesis y santos<br \/>\n    Precisamente por esa fecundidad y variedad, la vida de los santos es algo que debe interpelar a los catequistas y educadores de la fe.<\/p>\n<p>    Primero, en funci\u00f3n de su influencia espiritual en los cristianos y para imitar personalmente sus virtudes, sobre todo de aquellos que se distinguieron por su esp\u00ed\u00adritu evangelizador. Tal es el caso de San Francisco Javier, patrono de las misiones, San Pedro Canisio o San Carlos Borromeo, modelo de Catequistas, San Juan Bosco, modelo de entrega a los catequizandos.<\/p>\n<p>    Pero tambi\u00e9n porque la vida de los Santos y sus hechos edificantes pueden ser una pauta excelente para mantener la atenci\u00f3n de los catequizandos, para mover su voluntad y encauzar su afectividad y para prender con ejemplos vivos las doctrinas que se van exponiendo a los largo de las explicaciones. La hagiograf\u00ed\u00ada, o estudio de las vidas de los santos, ha sido un instrumento eficaz en la educaci\u00f3n cristiana y sigue siendo apoyo interesante para quien sepa aprovecharlo adecuadamente.<\/p>\n<p>  DOCTORES DE LA IGLESIA EN ORDEN ALFABETICO.<\/p>\n<p>    San Agust\u00ed\u00adn (354-430). Obispo de Hippona. Uno de los cuatro doctores originales de la Iglesia Latina. \u00abDoctor de la Gracia\u00bb. Aclamado Doctor el 20 de Septiembre de 1295 por Bonifacio XIII.<\/p>\n<p>    San Alberto Magno (1200-1280). Dominico. Patr\u00f3n de las ciencias naturales; llamado \u00abDoctor Universallis\u00bb y \u00abDoctor Expertus\u00bb. Aclamado Doctor el 16 Diciembre de 1931 por P\u00ed\u00ado XI.<\/p>\n<p>    San Alfonso Mar\u00ed\u00ada de Ligorio (1696-1787). Patr\u00f3n de confesores y moralistas. Fundador de los redentoristas. Aclamado Doctor el 7 de Julio de 1871 por P\u00ed\u00ado IX.<\/p>\n<p>    San Ambrosio (340-397). Uno de los cuatro Doctores de la Iglesia latina. Combati\u00f3 el arrianismo en el Occidente. Obispo de Mil\u00e1n y mentor de San Agust\u00ed\u00adn. Aclamado Doctor el 20 de Septiembre de 1295 por Bonifacio VIII.<\/p>\n<p>   San Anselmo (1033-1109). Arzobispo de Canterbury. Padre de la Escol\u00e1stica y de la docencia universitaria. Aclamado Doctor el 3 de Febrero de 1720 por Clemente XI.<\/p>\n<p>    San Antonio de Padua (1195-1231). Fraile franciscano. Doctor Evang\u00e9lico. Aclamado Doctor el 16 de Enero, 1946 por P\u00ed\u00ado XII.<\/p>\n<p>    San Atanasio (296-373). Obispo de Alejandr\u00ed\u00ada (Egipto). Principal opositor al arrianismo. Padre de la Ortodoxia. Aclamado Doctor el a\u00f1o 1568 por Pi\u00f3 V.<\/p>\n<p>    San Basilio Magno (329-379). Te\u00f3logo influyente en todo el Oriente. Padre del monaquismo. Doctor en 1568 por P\u00ed\u00ado V.<\/p>\n<p>    San Beda el Venerable (673-735). Sacerdote benedictino. Padre de la Historia inglesa. Aclamado Doctor el 13 de noviembre, 1899 por Le\u00f3n XIII.<\/p>\n<p>    San Bernardo de Claraval (Clairvaux) (1090-1153). Cisterciense. Llamado \u00abMellifluus Doctor\u00bb por su elocuencia. Aclamado Doctor el 20 de Agosto, 1830 por P\u00ed\u00ado VIII.<\/p>\n<p>    San Buenaventura (1217-1274). Te\u00f3logo franciscano. \u00abDoctor Ser\u00e1fico\u00bb. Aclamado Doctor el 14 de marzo, 1588 por Sixto V.<\/p>\n<p>    Santa Catalina de Siena. (1347-1380). M\u00ed\u00adstica. Segunda mujer Doctora de la Iglesia. Aclamada Doctora el 4 de octubre, 1970 por Pablo VI.<\/p>\n<p>    San Cirilo de Alejandr\u00ed\u00ada (376-444). Patriarca. Combati\u00f3 el nestorianismo. Hizo contribuciones claves a la cristolog\u00ed\u00ada. Aclamado Doctor el 28 de julio, 1882 por Le\u00f3n XIII.<\/p>\n<p>    San Cirilo de Jerusal\u00e9n (315-387). Obispo antiarriano en Oriente. Aclamado Doctor el 28 de Julio de 1882 por Le\u00f3n XIII.<\/p>\n<p>    San Efr\u00e9n de Siria (306-373). Ex\u00e9geta de la Biblia y escritor eclesi\u00e1stico. Llamado \u00abla Lira del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. Aclamado Doctor el 5 de Octubre de 1920 por Benedicto XV.<\/p>\n<p>    San Francisco de Sales (1567-1622). Obispo de Ginebra y luchador contra los herejes. Patr\u00f3n de los escritores y la prensa cat\u00f3lica. Aclamado Doctor el 16 de Noviembre de 1871 por P\u00ed\u00ado IX.<\/p>\n<p>    San Gregorio Magno (540-604). Papa. Cuarto y \u00faltimo de los cuatro originales Doctores de la Iglesia Latina. Defendi\u00f3 la supremac\u00ed\u00ada del Papa. Reformador del clero y monjes. Aclamado Doctor el 20 de Septiembre de 1295 por Bonifacio XIII.<\/p>\n<p>    San Gregorio Nacianceno (330-390). Llamado el Dem\u00f3stenes cristiano por su elocuencia y, en la Iglesia Oriental, \u00abEl Te\u00f3logo\u00bb. Uno de los tres Padres Capadocios. Aclamado Doctor en 1568 por P\u00ed\u00ado V.<\/p>\n<p>    San Hilario de Poitiers (315-368). Obispo. El S. Atanasio del Occidente. Aclamado Doctor el 13  de Mayo de 1851 por P\u00ed\u00ado IX.<\/p>\n<p>    San Isidoro de Sevilla (560-636). Arzobispo, te\u00f3logo, historiador. Reconocido como el hombre m\u00e1s sabio de su \u00e9poca. Aclamado Doctor el 25 de Abril de 1722 por Inocencio XIII.<\/p>\n<p>    San Jer\u00f3nimo (343-420). Uno de los cuatro Doctores originales de la Iglesia Latina. Padre de las ciencias b\u00ed\u00adblicas y traductor de la Biblia al lat\u00ed\u00adn. Aclamado Doctor el 20 de Septiembre de 1295 por Bonifacio XIII.<\/p>\n<p>    San Juan Cris\u00f3stomo (347-407). Obispo de Constantinopla. Patr\u00f3n de los predicadores. Llamado \u00abboca de oro\u00bb por su gran elocuencia. Aclamado Doctor en 1568 por P\u00ed\u00ado V.<\/p>\n<p>    San Juan Damasceno (675-749). Te\u00f3logo griego. Aclamado Doctor el 19 Agosto de 1890 por Le\u00f3n XIII.<\/p>\n<p>    San Juan de la Cruz. (1542-1591). Reformador de los carmelitas descalzos. Doctor de la teolog\u00ed\u00ada m\u00ed\u00adstica. Aclamado Doctor el 24 de Agosto de 1926 por P\u00ed\u00ado XI.<\/p>\n<p>    San Le\u00f3n Magno (400-461). Papa. Escribi\u00f3 contra las herej\u00ed\u00adas del Nestorianismo, el Monofisismo, el Manique\u00ed\u00adsmo y el Pelagianismo. Aclamado Doctor el 15 de Octubre de 1754 por Benedicto XIV.<\/p>\n<p>    San Lorenzo de Brindisi (1559-1619). Vigoroso predicador de gran influencia en Italia. Aclamado Doctor el 19 de Marzo de 1959 por Juan XXIII.<\/p>\n<p>    San Pedro Canisio. (1521-97). Jesuita. Luchador de la Contrarreforma. Aclamado Doctor el 21 de Mayo de 1925 por P\u00ed\u00ado XI.<\/p>\n<p>    San Pedro Cris\u00f3logo (400-50). Obispo de R\u00e1vena. Llamado \u00abPalabra de Oro\u00bb. Aclamado Doctor el 10 de Febrero de 1729 por Benedicto XIII.<\/p>\n<p>    San Pedro Dami\u00e1n (1007-72). Benedictino. Reformador. Aclamado Doctor el 27 de Septiembre de 1828 por Le\u00f3n XII.<\/p>\n<p>    San Roberto Belarmino (1542-1621). Jesuita. Defensor de la doctrina durante y despu\u00e9s de la Reforma Protestante. Escribi\u00f3 dos catecismos. Aclamado Doctor el 17 de Septiembre de 1931 por P\u00ed\u00ado XI.<\/p>\n<p>    Santa Teresa de Avila (1515-82). Espa\u00f1ola, fundadora de las carmelitas descalzas, m\u00ed\u00adstica. Primera mujer Doctora de la Iglesia. Aclamada Doctora el 27 de Septiembre de 1970 por Pablo VI.<\/p>\n<p>    Santa Teresa de Lisieux. (1873-1897) Religiosa francesa carmelita. Autora de \u00abLa Historia de un Alma\u00bb. Aclamada doctora el 19 de Octubre, 1997 por Juan Pablo II.<\/p>\n<p>    Santo Tom\u00e1s de Aquino (1225-74). Fil\u00f3sofo dominico y te\u00f3logo. Llamado \u00abDoctor Ang\u00e9lico\u00bb. Autor de la Suma Teol\u00f3gica, obra insigne e influyente. Patr\u00f3n de las escuelas cat\u00f3licas y de la educaci\u00f3n. Aclamado Doctor el 11 de Abril de 1567 por P\u00ed\u00ado V.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. santidad-santos)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Es el acto solemne con el que la suprema autoridad de la Iglesia, previas las investigaciones necesarias, declara santos o santas a aquellos bautizados que se han distinguido por la pr\u00e1ctica de la caridad y de las virtudes evang\u00e9licas. De esta manera los propone a la imitaci\u00f3n, a la veneraci\u00f3n y a la invocaci\u00f3n de los fieles. Su origen puede verse en la vigilancia ejercida desde la antig\u00fcedad sobre el culto por parte de los obispos. Durante toda la Edad Media no se conoce ninguna distinci6n entre los t\u00ed\u00adtulos de \u00abbeato\u00bb y de \u00absanto\u00bb,. Hoy la beatificaci\u00f3n constituye un acto previo a la canonizaci6n. Los primeros testimonios de una intervenci6n papal en la canonizaci\u00f3n se remontan a finales del s. x. En la historia, los procedimientos para las causas de canonizaci6n est\u00e1n ligados a los nombres de Sixto Y (1588), Urbano VIII (1642) y  de Pr\u00f3spero Lambertini (luego Benedicto XIV). El procedimiento actual est\u00e1 regulado por la constituci\u00f3n apost\u00f3lica Divinus perfectionis Magister de Juan Pablo II (1983), cuyos principios teol\u00f3gicos se indican en el cap\u00ed\u00adtulo VIII de la Lumen gentium. No cabe duda de que en las canonizaciones la Iglesia ejerce su autoridad suprema. Se considera teol\u00f3gicamente cierto que all\u00ed\u00ad se realiza un acto de Magisterio infalible e irreformable del romano pont\u00ed\u00adfice y que, por tanto, esa sentencia vale para toda la Iglesia y obliga en conciencia.<\/p>\n<p> M. Semeraro<\/p>\n<p> Bibl.: L. Hertling, Canonisation, en DSp, 11,  77-85; M. T Machejek, Canonizaci\u00f3n, en DE, 1, 296-302; P. Molinari, Criteri di canonizzazione, en AA. VV , Santita e agiografia, G\u00e9nova 1991, 75-87 y 89-112.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>I. Historia de las canonizaciones<br \/>\nLa certeza de que los m\u00e1rtires, que entregaron la vida por Cristo, han entrado en la gloria de Dios, as\u00ed\u00ad como la persuasi\u00f3n de que la intercesi\u00f3n de los unidos con Cristo es sumamente eficaz, movieron a la Iglesia desde los primeros tiempos a tributarles veneraci\u00f3n, a invocar su mediaci\u00f3n, y a celebrar su memoria en la fiesta eucar\u00ed\u00adstica. Estas razones explican tambi\u00e9n la extensi\u00f3n de tal veneraci\u00f3n a los confesores (es decir, a aquellos cristianos que han sufrido por la fe) y, finalmente, a todos los que por su vida ejemplar fueron tenidos por amigos de Dios, crey\u00e9ndose en consecuencia que despu\u00e9s de su muerte participaban de la gloria divina.<\/p>\n<p>Esta certeza fundamental justifica tanto las manifestaciones privadas como las p\u00fablicas (es decir, las aprobadas por la Iglesia y asumidas en la -> liturgia) del culto a los -> santos, y explica a la vez en qu\u00e9 manera y por qu\u00e9 razones la Iglesia canoniza. En los primeros siglos bastaba la certeza del martirio para desatar en las comunidades cristianas un movimiento de veneraci\u00f3n del m\u00e1rtir; y el mismo honor se tributaba todav\u00ed\u00ada despu\u00e9s de terminar las persecuciones a aquellos eremitas, cenobitas, obispos y doctores de la Iglesia cuya santidad era ampliamente conocida. Entre el s. vi y el x aument\u00f3 fuertemente la veneraci\u00f3n de los santos, si bien \u00e9sta con frecuencia se fundaba solamente en los relatos de milagros. Por eso se hizo necesaria la intervenci\u00f3n de la autoridad eclesi\u00e1stica, a fin de garantizar que el culto a los santos se daba solamente a los que lo merec\u00ed\u00adan.<\/p>\n<p>Ciertamente la < vox populi\" sigui\u00f3 siendo siempre el punto de partida, pero ahora se a\u00f1adi\u00f3 como nuevo elemento el juicio del obispo. Poco a poco se form\u00f3 una determinada manera de proceder. En' presencia del obispo se le\u00ed\u00adan la historia de la vida del santo y un relato sobre sus milagros, que luego deb\u00ed\u00ada aprobar el obispo. Para dar mayor relieve al proceso, desde el s. x comenz\u00f3 a pedirse alguna que otra vez la aprobaci\u00f3n del papa. La c. papal fue haci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s frecuente, y simult\u00e1neamente se form\u00f3 un procedimiento cada vez m\u00e1s riguroso; desde 1234 la c. por el papa es la \u00fanica admitida. En el a\u00f1o 1558 el papa Sixto v encomend\u00f3 a la congregaci\u00f3n de ritos la preparaci\u00f3n de las c. papales; Urbano vilz (1642) y Benedicto xlv, en el s. XVIII, ampliaron y perfeccionaron las disposiciones teol\u00f3gico-jur\u00ed\u00addicas. En el a\u00f1o 1914, P\u00ed\u00ado x dividi\u00f3 la congregaci\u00f3n de ritos en dos secciones; P\u00ed\u00ado xi cre\u00f3 una secci\u00f3n hist\u00f3rica. A estos dos papas hemos de agradecer las \u00faltimas mejoras de importancia; con lo cual ellos prepararon el camino para la nueva legislaci\u00f3n que ahora est\u00e1 prepar\u00e1ndose, a trav\u00e9s de la cual el proceso de c. ha de acomodarse a las necesidades y exigencias de nuestro tiempo.\n\nII. El proceso actual\nSi despu\u00e9s de la muerte de un hombre se extiende la < fama de su santidad\" o de su < martirio\" y se est\u00e1 persuadido de que Dios ha concedido gracias por su mediaci\u00f3n, el obispo puede iniciar un proceso (\"diocesano\" o de \"informaci\u00f3n\"), para lograr mediante el interrogatorio de testigos una evidencia jur\u00ed\u00addica sobre la existencia de dicha fama y sobre sus fundamentos. El material concienzudamente recogido es enviado luego a la congregaci\u00f3n de ritos, donde el postulador y los abogados lo comprueban detenidamente. Ellos preparan una informatio y un summarium depositionum, en los cuales se aduce la prueba de que existe una verdadera y aut\u00e9ntica \"fama de santidad\" (o de martirio). A continuaci\u00f3n el promotor general de la fe comprueba todos los documentos y presenta sus animadversiones, a las que contestan el postulador y el abogado en sus responsiones. Luego se imprimen estas cuatro partes (positio), que los cardenales y prelados de la congregaci\u00f3n de ritos someten a prueba y estudio, reuni\u00e9ndose para ello en una \"congregaci\u00f3n\". Del resultado de esta prueba se informa al papa, quien, si lo juzga oportuno, decreta que se siga estudiando el caso (\"apertura del proceso\").\n\nCon ello el asunto queda substra\u00ed\u00addo a la competencia del obispo y sometido a la jurisdicci\u00f3n de la santa sede, la cual cuida de que se lleve a cabo un proceso apost\u00f3lico muy detenido acerca del hero\u00ed\u00adsmo de las virtudes o del martirio. En el as\u00ed\u00ad llamado \"proceso hist\u00f3rico\", o sea, cuando ning\u00fan testigo presencial puede ser o\u00ed\u00addo en juicio y s\u00f3lo es posible reconstruir la vida y persona del siervo de Dios sobre la base del material de archivos, los documentos necesarios para la informaci\u00f3n son preparados, comprobados y editados ex o f f icio por la secci\u00f3n hist\u00f3rica.\n\nA continuaci\u00f3n, como base para las tres discusiones siguientes, el procurador y el abogado confeccionan dos trabajos m\u00e1s (informatio y summarium super virtutibus o super martyrio), en los cuales se elabora cr\u00ed\u00adticamente todo el material anteriormente preparado. A esto siguen en tres instancias la exposici\u00f3n de las \"objeciones\" por parte del promotor general y las correspondientes respuestas por parte del postulador y del abogado, que luego son discutidas por los te\u00f3logos consultores, los prelados y los cardenales de la congregaci\u00f3n de ritos. Estas tres discusiones se llaman \"congregatio antepraparatoria\", \"prxparatoria\" y \"generalis\". La \u00faltima se desarrolla con asistencia del papa.\n\nSi el resultado es favorable se proclama el grado extraordinario de las virtudes y, trat\u00e1ndose de un m\u00e1rtir, la beatificaci\u00f3n. En cambio, cuando no se trata de m\u00e1rtires, la Iglesia exige prudentemente, incluso cuando la discusi\u00f3n ha llevado al resultado de que un siervo de Dios practic\u00f3 todas las virtudes cristianas en grado heroico, que se produzca una confirmaci\u00f3n por parte de Dios, o sea un milagro. Los procesos y las posteriores discusiones sobre los milagros atribuidos a la mediaci\u00f3n del siervo de Dios se realizan en forma estrictamente jur\u00ed\u00addica. El proceso relativo a los milagros se identifica esencialmente con el anteriormente expuesto, pero se distingue de \u00e9l por el hecho de que, adem\u00e1s de las preguntas teol\u00f3gicas, hist\u00f3ricas y jur\u00ed\u00addicas, incluye cuestiones cient\u00ed\u00adfico-naturales o m\u00e9dicas. Si el resultado de las discusiones es positivo, tambi\u00e9n para el no m\u00e1rtir se abre el camino de la beatificaci\u00f3n. Con ello la santa sede propone al nuevo beato como un ejemplo para los fieles y permite su culto en una di\u00f3cesis o en una familia religiosa.\n\nSi despu\u00e9s de la beatificaci\u00f3n se consigue por los mismos m\u00e9todos la certeza de que Dios, por la intercesi\u00f3n de este beato, ha producido otros milagros, se procede a la c. La sentencia de c. es definitiva. Con ella el papa declara solemnemente que el santo canonizado goza de la -> visi\u00f3n de Dios, que su intercesi\u00f3n ante Dios es eficaz y que su vida presenta las caracter\u00ed\u00adsticas de un aut\u00e9ntico modelo cristiano; y simult\u00e1neamente extiende y prescribe a la Iglesia entera el culto a ese santo.<\/p>\n<p>Paolo Molinari<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[267] Literalmente significa introducir en una lista o canon. Eclesialmente equivale a reconocer como figura significativa, protectora y modelo de vida cristiana, a personas que vivieron en el mundo y murieron con fama de santidad o con el hero\u00ed\u00adsmo del martirio. 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