{"id":9997,"date":"2016-02-05T07:14:40","date_gmt":"2016-02-05T12:14:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/catequista\/"},"modified":"2016-02-05T07:14:40","modified_gmt":"2016-02-05T12:14:40","slug":"catequista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/catequista\/","title":{"rendered":"CATEQUISTA"},"content":{"rendered":"<p>[151]<br \/>\n    El alma de toda catequesis es la persona del catequista. De su acci\u00f3n y de sus criterios depende la eficacia de la tarea educadora de la fe.<\/p>\n<p>   Es importante que el profesional de la catequesis tenga conciencia de su responsabilidad y hacia ello deben encauzarse las cinco visiones que del catequista podemos dejar reflejadas: identificaci\u00f3n, vocaci\u00f3n y formaci\u00f3n, misi\u00f3n, clasificaci\u00f3n y tambi\u00e9n proyecci\u00f3n y actuaci\u00f3n en el mundo.<\/p>\n<p>   1. Identidad del catequista<br \/>\n    El catequista debe ser identificado por su elecci\u00f3n, por su dignidad, y no solo por actuaci\u00f3n. Es ministro de la palabra divina. Y es significativo por llevar la Palabra de Dios, no por ser ministro. Y en la Iglesia tiene una importancia especial por ser miembro singular no por actuar con m\u00e1s o menos acierto.<\/p>\n<p>    1.1. Servidor de la Palabra<br \/>\n    La palabra es el modo habitual de entrar en comunicaci\u00f3n con los dem\u00e1s. Nada hay m\u00e1s personal que la palabra que, si es sincera y suficiente, expresa lo que hay en nosotros. Ante una palabra profundamente vivida, nadie queda indiferente: se la acoge o se la rechaza, se la goza o se la teme, se la espera o se la rehuye, pero se la mira y se la recibe. La palabra suscita experiencias de cercan\u00ed\u00ada, reacciones de gozo o de tristeza, deja una huella en los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>    Desde el momento en que el Se\u00f1or llama a alguien a hacerse catequista, le invita a ser portador de su palabra ante los hombres. Al igual que los profetas, corre riesgo pero transporta tesoros. Aun conservando toda su carga humana, una nueva riqueza le llega con la invitaci\u00f3n. Es la riqueza del mensaje que debe ofrecer a los dem\u00e1s como medio y palanca para que consigan la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Dios asocia su Palabra a la del catequista. Se sirve de ella para comunicarse con los hombres de hoy con la fuerza y eficacia que le es propia. En sus limitaciones y sus rasgos humanos se esconde el mismo Dios.<\/p>\n<p>    A los catequistas les dice Jes\u00fas palabras que deben recordar con frecuencia, pues definen evang\u00e9licamente lo que son ante Dios y ante los hombres: son representantes del mismo Se\u00f1or. \u00abQuien a vosotros escucha a m\u00ed\u00ad me escucha\u00bb. (Luc. 10. 16) \u00abComo el Padre me ha enviado, as\u00ed\u00ad yo os env\u00ed\u00ado\u00bb. (Jn. 20. 21)<\/p>\n<p>    Por eso el catequista debe preguntarse con frecuencia sobre su servicio a la Palabra, sobre su fidelidad al mensaje, sobre su respeto al oyente, sobre su disponibilidad para el esfuerzo y para la renuncia a lo que no le ayuda a ser eficaz.<\/p>\n<p>    1.2. Disc\u00ed\u00adpulo de Jes\u00fas<br \/>\n    El catequista es un disc\u00ed\u00adpulo predilecto de Jes\u00fas, que quiere hacer llegar los signos de su amor a trav\u00e9s de sus intermediarios. Su mensaje divino se esconde en la manos de barro del catequista y no es f\u00e1cil determinar qu\u00e9 admirar m\u00e1s, si la sublimidad del mensaje o el hecho sorprendente de que quiera el mismo Jes\u00fas confiarlo a hombres con manos de barro y limitaciones de pobre.<\/p>\n<p>    El catequista, como dicen los Obispos espa\u00f1oles, debe ser consciente de su misi\u00f3n de educador de la fe. Tiene que entregarse con ilusi\u00f3n y responsabilidad a su misi\u00f3n sagrada. \u00abEl catequista, dotado del carisma del Maestro, aparece como el educar b\u00e1sico de la fe\u00bb. (El catequista y su formaci\u00f3n, 31)<\/p>\n<p>    En todo caso, el catequista debe ser consciente de esa importancia de su palabra que es la palabra de Dios. No otra cosa hizo Jes\u00fas en su venida al mundo y no otra cosas siguen haciendo sus seguidores. Pablo VI dec\u00ed\u00ada en la Exhortaci\u00f3n sobre la Evangelizaci\u00f3n del mundo: \u00abEn el fondo, \u00bfhay otra forma de comunicar el Evangelio que no sea la de transmitir a otro la propia experiencia de fe? De manera callada o a grandes gritos, pero siempre con fuerza, se nos pregunta:\u00bfCre\u00e9is verdaderamente en lo que anunci\u00e1is? \u00bfPredic\u00e1is verdaderamente lo que viv\u00ed\u00ads? Hoy m\u00e1s que nunca, el testimonio de la vida se ha convertido en una condici\u00f3n esencial con vistas a una eficacia real de la nueva evangelizaci\u00f3n\u00bb. (46 y 76)<\/p>\n<p>    1.3. Mensajero de la Iglesia<br \/>\n    El catequista es un miembro cualificado de la Iglesia, en la que ejerce un ministerio de predilecci\u00f3n. Por eso no puede sentirse ni definirse como una persona subalterna, que realiza una tarea pasajera de segunda categor\u00ed\u00ada y a la que dedica algo de sus tiempos libros.<\/p>\n<p>    Por el contrario, su funci\u00f3n es de las m\u00e1s importantes en la Iglesia. De ella depende la educaci\u00f3n de la fe de otros y eso implica responsabilidad trascendente y primordial. Desempe\u00f1a la misi\u00f3n evangelizadora de la Iglesia y act\u00faa en su nombre. Su entrega no es una ocurrencia, sino un servicio eclesial. Sabe que es llamado por Jes\u00fas para evangelizar, pero a trav\u00e9s de la Iglesia.<\/p>\n<p>    Esto implica un doble compromiso, pero sobre todo reclama una respuesta de acci\u00f3n eclesial, una clara conciencia de dependencia misionera, una clarificaci\u00f3n de la propia identidad. El catequista sabe, o debe saber, que su misi\u00f3n es actuar en nombre de Jes\u00fas, pero que debe hacerlo por medio de la Iglesia.<\/p>\n<p>   &#8211; Debe transmitir la verdad divina, no su propia verdad, y hacerlo con la actitud de mensajero no con audacia de propietario.<\/p>\n<p>   &#8211; Debe tener claro el objetivo de su misi\u00f3n, que consiste en sembrar una vida conforme al estilo del Evangelio.<\/p>\n<p>   &#8211; Debe poner en juego todos los medios para sembrar y hacer crecer la fe comunitaria y eclesial, sabiendo que Dios mismo completar\u00e1 la labor emprendida.<\/p>\n<p>   &#8211; Debe adaptarse al ambiente de sus catequizandos, que son sus hermanos en la fe y en el amor al Se\u00f1or, para hacerles crecer al ritmo del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>    2. Vocaci\u00f3n<br \/>\n    Si el catequista es todo eso, resulta normal que se sienta depositario de una doble vocaci\u00f3n misteriosa. Es vocaci\u00f3n divina, por venir de Dios, y es eclesial por ser recogida por medio de la Iglesia.<\/p>\n<p>    Debe hacerse consciente de la doble dignidad que posee. Por eso su mirada debe ser vertical en cuanto se centra en quien interiormente le llama; y debe ser horizontal, fraternal, en cuanto la Iglesia no es s\u00f3lo Jerarqu\u00ed\u00ada y Magisterio, sino comunidad a la que pertenece y en la que realiza su tarea bienhechora.<\/p>\n<p>    2.1. Llamada de Cristo<br \/>\n    La Providencia divina es el cuidado amoroso que tiene de sus criaturas y, de manera especial, de los hombres hechos a imagen y semejanza divina.<\/p>\n<p>    Es Dios mismo el que elige a los que ama y a los que llama. Pero elige apoyos de su misma naturaleza para ayudarles a descubrir sus misterios y su presencia.<\/p>\n<p>    El catequista es uno esos apoyos, el principal. No se puede reducir la vocaci\u00f3n a una ocurrencia personal intranscendente, sino a una concurrencia entre los factores de la tierra y los misteriosos designios del cielo.<\/p>\n<p>    Quien tiene fe segura, transparente, s\u00f3lida, f\u00e1cilmente descubre que es Dios quien habla a trav\u00e9s de las circunstancias de la vida. Y sabe que Dios se hace encontradizo con los hombres para llevarlos por sus caminos. No entiende c\u00f3mo, pero pronto advierte que Dios act\u00faa al mismo tiempo con su voluntad suprema y con la libertad de los que dirige con su mano bienhechora. As\u00ed\u00ad ellos siempre resultan beneficiados.<\/p>\n<p>    Libertad y trascendencia, supremac\u00ed\u00ada y sumisi\u00f3n, presencia divina y protagonismo humano est\u00e1n detr\u00e1s de toda la tarea evangelizadora.<\/p>\n<p>    Toda vocaci\u00f3n es llamada libre, no coactiva. La de catequista tambi\u00e9n lo es con toda seguridad. Unos responden con generosidad y otros se evaden por temor, por ego\u00ed\u00adsmo o por simple indiferencia. Hay quien se alegra al sentirse elegido y quien se siente asustado y hasta pesaroso. Sea cual sea la respuesta, la llamada de Dios es siempre una gracia santificadora. Si se aprovecha, fecunda el esp\u00ed\u00adritu. Si se menosprecia, se incurre en la infidelidad.<\/p>\n<p>    Si la llamada es divina, evidentemente Dios quiere y espera una respuesta. La fidelidad es una gracia, pero siempre es compatible con la libertad del que responde seg\u00fan sus posibilidades. Jes\u00fas es claro: \u00abNo sois vosotros los que me hab\u00e9is elegido, soy yo quien os ha elegido a vosotros\u00bb. (Jn. 15. 16).<\/p>\n<p>   Ser catequista es una responsabilidad, pero es tambi\u00e9n una vocaci\u00f3n de entrega y sacrificio y una dignidad que Dios recompensa. La experiencia del profeta Jerem\u00ed\u00adas es hermosa: \u00abRecib\u00ed\u00ad esta palabra del Se\u00f1or: Antes de formarte en el vientre, te escog\u00ed\u00ad, antes de que salieras del seno materno, te consagr\u00e9, te nombr\u00e9 profeta de los gentiles.\u00bb (Jer. 1. 5-9)<\/p>\n<p>    La catequesis estar\u00e1 siempre te\u00f1ida de esa elecci\u00f3n y es bueno que el catequista la tenga en su mente y sobre todo en su coraz\u00f3n. Incluso es importante que la viva con fe. Lo consigue si asume posturas de creyente agradecido:<br \/>\n   &#8211; Si vive ilusionado con el don recibido y hace lo posible por responder a lo que Dios espera de \u00e9l. La catequesis se convierte en un cauce de fe, de modo que el mismo catequista es el primer beneficiado de lo que hace por los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>   &#8211; Si ha descubierto el amor de Dios, goza al hacer que otros tambi\u00e9n le amen. La catequesis es plataforma de amor divino. Nada hay tan maravilloso en el mundo como lograr que otros amen a Dios. Es la mayor alegr\u00ed\u00ada del catequista fiel a su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; Si ama el mensaje de Cristo, siente deseos de que otros lo conozcan y lo conviertan en vida para ellos. El catequista est\u00e1 llamado a ser veh\u00ed\u00adculo y agente de salvaci\u00f3n para los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>     2.2. Llamada de Iglesia<br \/>\n    Cristo quiso dejar en el mundo a sus seguidores unidos en una comunidad de fe, en una asamblea a la que \u00e9l llam\u00f3 grupo de amigos y peque\u00f1o reba\u00f1o y en la Historia llamamos Iglesia. En sus planes divinos ha querido intermediarios de su gracia y salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    El mensaje cristiano es esencialmente comunitario. Dios se lo ha dado a la comunidad de sus seguidores. En esa comunidad ha querido que haya funciones o ministerios. Uno es el ministerio del gobierno y del magisterio. Otro es el de la caridad. Otro el de la plegaria. Y otro el de la proclamaci\u00f3n del mensaje y del anuncio de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    El catequista participa en el ministerio eclesial de la Palabra y se vincula con el Magisterio. Por eso se debe sentir dependiente y enviado por quienes ejercen el ministerio del gobierno y debe saberse desafiado por quienes desarrollan el ministerio de la caridad, de la plegaria o los dem\u00e1s que dan vida a la comunidad.<\/p>\n<p>    Los ministerios van siempre ensamblados e interdependientes. Una ruptura con la Jerarqu\u00ed\u00ada o con el Magisterio de la Iglesia, o una infravaloraci\u00f3n de los otros ministerios ser\u00ed\u00ada una traici\u00f3n a la vocaci\u00f3n divina que se autentifica por la vocaci\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>    Vive esa vocaci\u00f3n si se siente miembro de una comunidad de fe y se reconoce llamado a la construcci\u00f3n de la comunidad misma a la que pertenece con la conquista de otros miembros (evangelizaci\u00f3n) y con la educaci\u00f3n de la fe de los que entran en la comunidad.<\/p>\n<p>    La vocaci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica implica ser portador del amor de Dios, que es regalo para compartir no para disfrutar. El catequista debe aprender esto en el ejemplo de los profetas y de los m\u00e1rtires. Con ello debe vivir la esperanza que es un camino hacia el encuentro con Dios; debe anunciar el Reino de Dios que es el triunfo del bien sobre el mal; debe cultivar la esperanza que es el aceite que suaviza los caminos de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. Misi\u00f3n y funci\u00f3n eclesial<\/p>\n<p>    El catequista es enviado a los hombres para anunciarles el Evangelio. Jes\u00fas fue expl\u00ed\u00adcito al enviar a sus Ap\u00f3stoles y con ellos a todos los evangelizadores de la Historia cristiana: \u00abSe me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced disc\u00ed\u00adpulos m\u00ed\u00ados por todas las naciones de la tierra, bautiz\u00e1ndolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo y ense\u00f1\u00e1ndoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo me quedar\u00e9 con vosotros hasta la consumaci\u00f3n de los siglos.\u00bb (Mt. 28. 20)<\/p>\n<p>    Por lo tanto, el catequista es y tiene que sentirse part\u00ed\u00adcipe y colaborador de la acci\u00f3n evangelizadora del mismo Jes\u00fas.<br \/>\n   &#8211; Participa en la misi\u00f3n de Jes\u00fas, que sigue actuando por su medio, porque el mismo Maestro lo ha querido.<\/p>\n<p>   &#8211; Anuncia el Evangelio por todo el mundo como el Se\u00f1or mand\u00f3.<\/p>\n<p>   &#8211; Se halla movido por el Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas y no por el propio.<\/p>\n<p>   &#8211; Descubre a los hermanos como amados por el mismo Dios.<\/p>\n<p>   &#8211; Se proclama mediador sacramental entre los hombres, acepten su mediaci\u00f3n o la rechacen.<\/p>\n<p>   El catequista es todo eso por lo que es, no por lo que hace. Su identidad est\u00e1 en su elecci\u00f3n y en su aceptaci\u00f3n, no s\u00f3lo en una ocurrencia. Es catequista por su vida, no s\u00f3lo por su palabra. Pablo VI dice: \u00abEl verdadero agente de la evangelizaci\u00f3n es el Esp\u00ed\u00adritu Santo: es el maestro interior que explica a los fieles el sentido profundo de la ense\u00f1anza de Jes\u00fas y de su misterio.\u00bb (Ev. Nunt. 75)<\/p>\n<p>   3.1. Act\u00faa dentro de la Iglesia<\/p>\n<p>   El catequista no s\u00f3lo realiza su tarea en nombre de Dios y ofrece sus servicios a los hombres movidos por su amor al Se\u00f1or y por la inspiraci\u00f3n que siente en lo profundo de su mente y de su coraz\u00f3n. Se siente y se sabe miembro de la Comunidad de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>     &#8211; No act\u00faa solo, sino que anuncia el mensaje en nombre de la Iglesia. Est\u00e1 inserto en la comunidad cristiana y es portavoz autorizado de la misma.<\/p>\n<p>     &#8211; Se siente enviado por una comunidad de hermanos para hacer a los dem\u00e1s participantes de la riqueza de familia, que proviene de Jes\u00fas. Por eso mira con amor fraterno a todos los hombres, en especial a quienes con \u00e9l comparten la b\u00fasqueda y la claridad. Y mira con amor cr\u00ed\u00adtico, no cr\u00e9dulo, a los pastores de la Iglesia y a los ministros que act\u00faan en la comunidad de  Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    &#8211; Se sabe servidor de los hombres creyentes, que deben clarificar su fe, y de los incr\u00e9dulos a quienes debe ayudar a encontrar el camino de la verdad.<\/p>\n<p>    &#8211; Se debe mantener abierto a los problemas del hombre de nuestro tiempo y de nuestra sociedad, as\u00ed\u00ad como a la persona de cada catequizando a quien sirve.<\/p>\n<p>   &#8211; Sobre todo, se tiene que sentir entusiasmado por la Palabra de Dios, que es palabra de vida y de esperanza, de fe y de salvaci\u00f3n, de gracia y de fraternidad.<\/p>\n<p>   3.2. Necesita cualidades y valores<\/p>\n<p>   Si tal es la dignidad del catequista, no todos valen para ello, a menos que se preparen y desarrollen las cualidades ministeriales que se precisan<\/p>\n<p>   3.2.1. Profesiograma catequ\u00ed\u00adstico<\/p>\n<p>   Se necesitan todos los rasgos posibles para cumplir con la misi\u00f3n. Pero algunos pueden darnos la pista para un correcto profesiograma catequ\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>   &#8211; Los personales son los que desarrollan y consolidad la conciencia de la propia dignidad. T\u00e9rminos como dominio, serenidad, sensibilidad, austeridad, libertad, optimismo, sensibilidad espiritual y sobre todo fe, esperanza y caridad resultan necesarios.<\/p>\n<p>   &#8211; Los sociales hacen f\u00e1ciles las relaciones con los dem\u00e1s: las verticales de dependencia misional, las horizontales de solidaridad y convivencia.<\/p>\n<p>   T\u00e9rminos como amabilidad, comprensi\u00f3n, respeto, ejemplaridad, pluralismo, ciencia, sobre todo sencillez, capacidad de di\u00e1logo y cordialidad abren el esp\u00ed\u00adritu a la comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; Los eclesiales son los que hacen al catequista miembro activo y generoso de la comunidad de los creyentes. Sus cualidades de disponibilidad, responsabilidad, piedad, ortodoxia, fidelidad, obediencia, sentido de sacrificio, entrega y dedicaci\u00f3n, apertura y sobre todo celo, sinceridad y abnegaci\u00f3n hacen posible su labor santificadora.<\/p>\n<p>   &#8211; Como educador de la fe y animador, los pedag\u00f3gicos son las cualidades que aprecian quienes con \u00e9l se relacionan: autoridad, prudencia, confianza, fortaleza, inter\u00e9s, competencia, previsi\u00f3n, sobre todo amabilidad, adaptaci\u00f3n y paciencia.<\/p>\n<p>   &#8211; Y puesto que trata con sujetos que le necesitan y a los cuales les debe animar e iluminar, las \u00abhabilidades psicol\u00f3gicas\u00bb al estilo de la agilidad mental, el optimismo, la comprensi\u00f3n, la cercan\u00ed\u00ada, la apertura, la sencillez, el altruismo, el equilibrio y la ejemplaridad, sobre todo la paz, le dar\u00e1n lo que precisa para que su acci\u00f3n sea permanentemente beneficiosa.<\/p>\n<p>   Algunos catequistas pueden desanimarse al pensar que tantas cualidades son inalcanzables a la vez. Lo curioso y lo misterioso de las cualidades profesionales es que, cuando se cultiva una cualquiera, todas las dem\u00e1s se acrecientan. Y cuando alguna falla en lo esencial, todas las dem\u00e1s se resienten. Esa simbiosis de rasgos profesionales aparentemente es desconcertante; pero, a la larga, se vuelve consoladora.<\/p>\n<p>   3.2.2. Formaci\u00f3n del catequista<\/p>\n<p>   Si precisa muchas cualidades para el ejercicio de su \u00abprofesi\u00f3n\u00bb, de su profetismo, de su vocaci\u00f3n, el catequista debe prepararse y formarse continuamente. La grandeza de su identidad, de su misi\u00f3n, reclama esfuerzos de preparaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   El camino de su formaci\u00f3n reclama su atenci\u00f3n en tres frentes principales:<br \/>\n   &#8211; Profundidad en el mensaje. Y eso supone vivencia y no s\u00f3lo ciencia; conciencia y no s\u00f3lo inteligencia; y fe en lo que se anuncia, para poder transmitirla a los dem\u00e1s hombres.<\/p>\n<p>  &#8211; Tambi\u00e9n descubrimiento profundo del destinatario del mensaje: aprecio de sus rasgos humano, sensibilidad ante sus circunstancias, comprensi\u00f3n del medio terreno, ayuda en sus procesos de cambio y crecimiento natural y sobrenatural.<\/p>\n<p>   &#8211; Destreza en los lenguajes. Mensaje y personaje exigen hondura, control, oportunidad en los lenguajes: los estilos de la Palabra divina y los recursos de la palabra humana<br \/>\n   Con esta triple acci\u00f3n, al catequista le resulta f\u00e1cil promover la conciencia de la misi\u00f3n, la sensibilidad ante el env\u00ed\u00ado que hace la Iglesia, fe en la ayuda divina.<\/p>\n<p> 4. Tipos de catequistas<\/p>\n<p>    Clasificar con cierta perfecci\u00f3n a quienes se dedican al ministerio de la Palabra y del Evangelio es tarea poco menos que imposible. Pero si no podemos establecer una tipolog\u00ed\u00ada seria, cient\u00ed\u00adfica y definitiva, s\u00ed\u00ad podremos recordar que hay figuras y actuaciones de algunos tipos de catequistas que son decisivas para la vida de la Iglesia.<\/p>\n<p>    Ellas son las que m\u00e1s definen la identidad misionera, samaritana, prof\u00e9tica y pneum\u00e1tica del catequista y las que reflejan con claridad lo que realmente es y vale el catequista en la pedagog\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n y de la Providencia.<\/p>\n<p>  4.1. Catequista parroquial<\/p>\n<p>    Es el que trabaja en una parroquia en diversas forma, niveles y aportaciones. Los hay de ni\u00f1os, de j\u00f3venes y de adultos. Los hay de normales, de sujetos disminuidos y de enfermos. Los hay de planes y proyectos sacramentales como es la catequesis de padres que bautizan a sus hijos, de primera comuni\u00f3n, de confirmaci\u00f3n, de preparaci\u00f3n matrimonial, y de otras alternativas m\u00e1s.<\/p>\n<p>    Una parroquia sin vida catequ\u00ed\u00adstica se halla gravemente mutilada. Al margen de que en ella se incumple la ley de la Iglesia (C.D.C. cc 733, 761, 774, 777, 779), se rompe lo m\u00e1s sagrado del ministerio pastoral. Equivale a una sociedad sin centros escolares o a una familia sin vivienda ni hogar.<\/p>\n<p>    Por eso, m\u00e1s que otras labores y funciones, las del catequista parroquial en sus diversas formas y \u00e1mbitos es una tarea primordial<\/p>\n<p>    4.2. Catequista animador grupal<\/p>\n<p>    La catequesis parroquial debe complementarse con multitud de formas educativas a trav\u00e9s de las cuales se asegura la formaci\u00f3n cristiana de los cristianos.<\/p>\n<p>    Deben sentirse catequistas en el sentido estricto de la palabra cuantos trabajan en pro de la formaci\u00f3n de los creyentes en grupos y movimientos diversos, en instituciones de apoyo a la familia, en los centros de infancia y juventud de confesionalidad cristiana.<\/p>\n<p>    El que realiza una tarea animadora en grupos escouts cat\u00f3licos, en cofrad\u00ed\u00adas y congregaciones juveniles, en institutos que alientan servicios misioneros, eucar\u00ed\u00adsticos, penitenciales, caritativos, al igual que quienes laboran en ONGs confesionales orientadas a dar una formaci\u00f3n en la fe, en la caridad o en la justicia, sin duda son catequistas y deben sentirse responsables de que su tarea sea eficaz en la promoci\u00f3n del Reino de Dios.<\/p>\n<p>    4.3. Maestro catequista<\/p>\n<p>    Especial llamada de atenci\u00f3n debe hacerse a los maestros cristianos que act\u00faan en l\u00ed\u00adnea de creyentes en su tarea docente y, con el m\u00e1ximo respeto a las opciones religiosas de las familias, dan a sus alumnos una aut\u00e9ntica educaci\u00f3n en la fe cristiana.<\/p>\n<p>    Al margen de la pol\u00e9mica sobre si la escuela debe limitarse a dar una cultura religiosa s\u00f3lida y dejar la propia acci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica para las instancias familiares y parroquiales, no cabe duda de que la estructura escolar tiene que ver mucho con la catequesis.<\/p>\n<p>    Si directivos, docentes y discentes viven en ella en clave de comunidad creyente, por ser centro confesional, los m\u00e1s responsables de la formaci\u00f3n religiosa deben hacer algo m\u00e1s que informar e instruir. Deben formar hombres cristianos en todas sus dimensiones y deben crear las condiciones de vida evang\u00e9lica, de modo que sea el \u00e1mbito el que informa la vida de fe y no los programas, los textos, las clases de religi\u00f3n o los actos ocasionales de piedad.<\/p>\n<p>    Y si la estructura escolar no es confesional, pero en ella act\u00faan grupos o personas cristianas, los educadores creyentes que se hallan en esas estructuras deben actuar como testigos. Deben ofrecer su apoyo a cuantos trabajan en su entorno. Debe fomentar posibilidades de educaci\u00f3n y expresi\u00f3n de la fe a quienes quieran aprovecharlas.<\/p>\n<p>    Esos creyentes deben ser testigos, apoyos, modelos, ayudas, est\u00ed\u00admulos del mensaje evang\u00e9lico. Su sola presencia debe ser una llamada.<\/p>\n<p>    La catequesis escolar y los maestros cristianos, en cuanto act\u00faan como educadores de la fe, como catequistas escolares, tienen singulares ventajas de las que deben hacerse responsables: mayor permanencia con los alumnos, influencias m\u00e1s duraderas, actuaci\u00f3n m\u00e1s eficaz al ofrecer mensajes evang\u00e9licos.<\/p>\n<p>    Deben aprovechar las diversas plataformas culturales en las que pueden ofrecer, sin imponer, un sentido cristiano a la vida: arte, literatura, historia, expresividad. No deben limitarse a las clases de religi\u00f3n, como si en ellas estuviera todas sus posibilidades educadoras.<\/p>\n<p>    De manera especial es en los centros educativos confesionales donde la tarea de los educadores es importante, tanto por sus ense\u00f1anzas como por sus ejemplos de vida, sobre todo cuando se act\u00faa en nombre de los padres y familias.<\/p>\n<p>    4.4. Catequista misionero<br \/>\n    La persona del catequista misionero, o que vive y act\u00faa en regiones misionales, es digna de un aprecio especial. Su protagonismo es decisivo en los lugares o ambientes donde, por la falta de sacerdotes o de religiosos m\u00e1s estables, hace su labor maravillosa y la base de la animaci\u00f3n evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>    Son muchas las comunidades rurales que deben la permanencia de la vida cristiana a la tarea de estos h\u00e9roes admirables, de poca cultura humana y teol\u00f3gica pero de grandes dosis de amor divino y abnegaci\u00f3n. La fe de muchas comunidades, el mantenimiento de la plegaria eclesial, la administraci\u00f3n de sacramentos como el bautismo, la atenci\u00f3n a los moribundos, la promoci\u00f3n de obras de caridad no podr\u00ed\u00adan darse sin su aportaci\u00f3n. Sus catequesis no son dominicales sino vivenciales. Su valor no est\u00e1 en cumplimentar horarios o actividades, sino en vivir y ayudar a vivir expresiones de fe y de caridad.<\/p>\n<p>    En determinadas Di\u00f3cesis del Tercer mundo se ha demandado y logrado para ellos alg\u00fan apoyo humano que les haga llevadera su labor solidaria y con frecuencia solitaria. Pero es inmenso el n\u00famero de los que, sin apoyo alguno, han realizado labor animadora verdaderamente heroica. La Historia es testigo de que ellos han sido con frecuencia los promotores y soportes de milagros sociales de mantenimiento cristiano que merecen toda alabanza.<\/p>\n<p>    4.5. Catequistas de catacumba<\/p>\n<p>    Algo semejante podremos pensar de los catequistas que han sido animadores clandestinos en tiempos o en regiones de persecuci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>    La historia est\u00e1 tambi\u00e9n llena de m\u00e1rtires an\u00f3nimos o conocidos que han prestado servicios eclesiales que s\u00f3lo Dios conoce y recompensa. Bien lo saben las c\u00e1rceles de pa\u00ed\u00adses comunistas, asi\u00e1ticos o africanos donde predominaron un tiempo sistemas totalitarios surgidos de la barbarie opresora para generar dolor.<\/p>\n<p>    4.6. Catequistas especiales<\/p>\n<p>    Los que deben atender catequ\u00ed\u00adsticamente a personas creyentes que viven con limitaciones humanas de diverso g\u00e9nero tienen que recibir una preparaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica para una labor relacionada con la anomal\u00ed\u00ada de sus catequizandos.<\/p>\n<p>    Tal es el caso de los catequistas de ciegos y sordos, de enfermos hospitalarios o domiciliarios, de deficientes mentales o de discapacitados, de emigrantes, exiliados, encarcelados, incluso de marginados sociales, v\u00ed\u00adctimas del vicio, de patolog\u00ed\u00adas \u00e9ticas o de pertenencias sociales que rozan la anomal\u00ed\u00ada psic\u00f3tica: violentos, homosexuales, gir\u00f3vagos, desajustados, marginales.<\/p>\n<p>    La catequesis especial, o de especiales, implica grandes esfuerzos de preparaci\u00f3n, dosis altas de creatividad, cultivo de especializaci\u00f3n adaptada, una vocaci\u00f3n decidida y la conciencia evang\u00e9lica de que \u00abhasta los publicanos y las prostitutas pueden llegar a preceder en el Reino de los cielos a los aparentemente piadosos y justos.\u00bb (Mt. 21. 31)<\/p>\n<p>    4.7. Catequista eventual<\/p>\n<p>    No se debe menospreciar a los catequistas que, sin \u00e1nimo de permanencia, se entregan alg\u00fan tiempo a una labor pasajera y de servicio evangelizador.<\/p>\n<p>    Lo provisional en catequesis no es ideal, pero como resulta real, conviene recordar a todos que cualquier cosa que se hace por amor a Dios, \u00abhasta un vaso de agua dedo en su nombre no quedar\u00e1 sin recompensa\u00bb (Mt.10.42).<\/p>\n<p>    El que hace una experiencia transitoria de catequesis como gesto de expresi\u00f3n evang\u00e9lica, merece se reconocido como mensajero ocasional del Reino. Esto debe ser recordado en una sociedad como la actual, sobre todo en entornos juveniles, que temen los compromisos definitivos, que aman las experiencias siempre nuevas, que buscan relaciones y servicios que no aten para siempre: estancias misioneras temporales, ayudas de caridad ocasionales, etc.<\/p>\n<p>5. Proyecci\u00f3n y actuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   El catequista debe vivir, como todo educador, para el ma\u00f1ana y no s\u00f3lo para el presente. El educador insconscientemente act\u00faa mirando al porvenir que espera al alumno que actualmente tiene ante sus ojos. Es el hombre del ma\u00f1ana, el profesional, la persona formada la que condiciona su conducta.<\/p>\n<p>   Algo similar debe latir en el coraz\u00f3n del profesional de la catequesis, que otea  el porvenir personal y eclesial.<\/p>\n<p>   Su misi\u00f3n es disponer la mente y el coraz\u00f3n del catequizando para que llegue a ser persona de fe, hombre de esperanza, miembro de una comunidad de amor. Esa misi\u00f3n exige ante todo fe y esperanza. Con la primera cree lo que no ve; con la segunda se espera en Alguien por el que se trabaja.<\/p>\n<p>   Por eso no basta que el presente le sonr\u00ed\u00ada. Es preciso que el porvenir le inquiete. El af\u00e1n por el ma\u00f1ana es compatible con la confianza de que Cristo, verdadero art\u00ed\u00adfice del crecimiento y de la vida del esp\u00ed\u00adritu, actuar\u00e1 desde la base de lo que \u00e9l realiza. Por eso la proyecci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica es vital en la buena comprensi\u00f3n de la tarea catequ\u00ed\u00adstica. La acci\u00f3n cotidiana de la educaci\u00f3n de la fe supone fidelidad ante s\u00ed\u00ad, eficacia ante los catequizandos y seguridad ante la Iglesia.<\/p>\n<p>  5.1. Ante s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>   El catequista debe cultivar la serenidad y tener la conciencia tranquila si cumple con su deber. El es sembrador y las semillas tardan un tiempo en dar frutos. Los frutos no existen si las semillas no se siembran, o son escasos si la tierra no se prepara.<\/p>\n<p>  El catequista necesita proyectarse con paciencia, esforzarse con tranquilidad, inquietarse de forma tranquila y so\u00f1ar bajo el paraguas protector de Dios.<\/p>\n<p>   5.2. Ante los catequizandos.<\/p>\n<p>   El catequista debe acostumbrarse a elevar los ojos cronol\u00f3gicamente y comprender que tiene delante futuros adultos, profesionales honestos, padres y madre de familia responsables, art\u00ed\u00adfices de una humanidad mejor. En esos futuros protagonistas de la vida es donde \u00e9l siembra el Reino de Dios, que es como \u00abagua que salta hasta la vida eterna\u00bb (Jn. 4. 13) y no solo quita la sed del momento.<\/p>\n<p>    El que s\u00f3lo ve ni\u00f1os no tiene ojos de catequista, aunque los tenga de poeta, de artista, de soci\u00f3logo o de psic\u00f3logo.<\/p>\n<p>   5.3. Ante la Iglesia.<\/p>\n<p>   Ante la comunidad enviada por Jes\u00fas para \u00abir por el mundo y anunciar el Evangelio a todos los hombres\u00bb (Mc. 16. 15), el catequista debe sentirse llamado a colaborar en la tarea escatol\u00f3gica que ese mandato misional implica. Es decir, debe sentirse navegante en la barca que boga hacia un destino siempre mar adentro (Lc. 5.3.); y debe sentirse caminante que un d\u00ed\u00ada volver\u00e1 lleno de gozo diciendo al mismo Jes\u00fas: \u00abHasta los demonios se nos someten en tu nombre.\u00bb (Lc. 10.17)<br \/>\n   Estos planteamientos pueden resultar piadosas consideraciones, pero de verdad son algo m\u00e1s. Son fundamentos de la catequesis que sintetizan necesidades espirituales b\u00e1sicas: optimismo profesional, seguridad en el futuro, confianza en Dios, amor a la Iglesia, conciencia de la propia llamada de Dios.<\/p>\n<p>   6. Riesgos profesionales<\/p>\n<p>    Como todo ser humano, el profesional de la catequesis puede encontrarse con especiales dificultades y sentirse tentado por el desaliento o por el abandono, por la frustraci\u00f3n o el desencanto.<\/p>\n<p>   Conociendo los riesgos posibles, es m\u00e1s f\u00e1cil defenderse de su incidencia o persecuci\u00f3n.<\/p>\n<p>   5.1. Fatiga catequ\u00ed\u00adstica<\/p>\n<p>   El cansancio, la frustraci\u00f3n y el desgaste no deben asustar a nadie que trabaje en misiones dif\u00ed\u00adciles. Es frecuente el caso de quienes, pasada una primera \u00e9poca de entusiasmo catequ\u00ed\u00adstico se preguntan si los esfuerzos que se hacen se corresponden con los resultados que se consiguen.<\/p>\n<p>   Es bueno recordar a quienes trabajan en catequesis que los balances en lo terrenos evang\u00e9licos no siguen las pautas de los que existen en los negocios terrenos. Los verdaderos resultados s\u00f3lo Dios los conoce. Muchos triunfos humanos ante los ojos divinos son desaciertos y muchos fracasos en los libros de la vida quedan registrados como frutos de valor eterno.<\/p>\n<p>   El catequista que de cuando en cuando no suba a la cruz, como Cristo, y aprenda de su \u00abkenosis\u00bb a entender por qu\u00e9 y c\u00f3mo se llega a la \u00abapoteosis\u00bb (Filip. 2. 8-11) no superar\u00e1 f\u00e1cilmente las jornadas en las que crea que est\u00e1 perdiendo el tiempo en su tarea.<\/p>\n<p>   5.2. Adoctrinamiento<\/p>\n<p>   Tambi\u00e9n el catequista tiene el riesgo de sentir y actuar como un \u00abactivista\u00bb social o pol\u00ed\u00adtico que trata de conquistas adeptos para s\u00ed\u00ad, m\u00e1s que de ofrecer los misterios del Reino de Dios.<\/p>\n<p>   El riesgo de reducir la catequesis a un adoctrinamiento, a mero preselitismo religioso, a la imposici\u00f3n de ideas o normas morales, con p\u00e9rdida del sentido de oferta que tiene la evangelizaci\u00f3n, es real. Aunque tambi\u00e9n es cierto que, cuando se act\u00faa con sinceridad, a la larga el hombre honesto termina siendo respetuoso, pluralista, tolerante y condescendiente con los que de \u00e9l dependen.<\/p>\n<p>   El buen catequista cautiva no coacciona, conmueve no conquista, anuncia no disputa, ofrece no impone.<\/p>\n<p>   5.3. Naturalismo<\/p>\n<p>   La labor de la catequesis debe alejarse del humanismo, del pragmatismo, del racionalismo, del academicismo, de todo lo que hace perder de vista el Evangelio y sus exigencias misionales.<\/p>\n<p>   Debe el catequista sentirse depositario de un mensaje con el que no puede jugar, pues es tesoro ajeno del que \u00e9l es simple administrador. Por eso debe actuar con prudencia, con humildad y con serenidad y dominio.<\/p>\n<p>   La prudencia le previene de los desv\u00ed\u00ados en la presentaci\u00f3n de la doctrina, que es un peligro. Si el catequista no es ortodoxo no es catequista. Es falso pastor que corrompe.<\/p>\n<p>   La humildad le aleja de la arrogancia y de la prepotencia. Aunque act\u00fae con ni\u00f1os y con gentes sencillas, sus catequizandos son hijos de Dios y merecen veneraci\u00f3n, respeto y abnegaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    La serenidad s\u00f3lo nace de la prudencia y de la alegr\u00ed\u00ada profesional. Tiene el catequista que dar muchas veces gracias a Dios por haberle elegido para la mejor profesi\u00f3n del mundo, la de mensajero del Evangelio. Desde la alegr\u00ed\u00ada y el optimismo se trabaja mejor por el bien de los hombres, de la Iglesia y del Reino de Dios<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[151] El alma de toda catequesis es la persona del catequista. 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