{"id":10619,"date":"2017-01-06T06:05:02","date_gmt":"2017-01-06T11:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-por-la-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/"},"modified":"2017-01-06T06:05:02","modified_gmt":"2017-01-06T11:05:02","slug":"texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-por-la-solemnidad-de-la-epifania-del-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-por-la-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/","title":{"rendered":"TEXTO: Homil\u00eda del Papa Francisco en la Misa por la Solemnidad de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 06 Ene. 17 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco presidi&oacute; este viernes en la Bas&iacute;lica de San Pedro la Misa por la Solemnidad de la Epifan&iacute;a del Se&ntilde;or, en la afirm&oacute; que los magos venidos de Oriente para adorar al Ni&ntilde;o Jes&uacute;s &ldquo;expresan el retrato del hombre creyente, del hombre que tiene nostalgia de Dios; del que a&ntilde;ora su casa, la patria celeste&rdquo;, y &ldquo;reflejan la imagen de todos los hombres que en su vida no han dejado que se les anestesie el coraz&oacute;n&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n el texto completo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; el rey de los jud&iacute;os que acaba de nacer? Porque vimos su estrella y hemos venido a adorarlo&raquo; (Mt 2,2).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCon estas palabras, los magos, venidos de tierras lejanas, nos dan a conocer el motivo de su larga traves&iacute;a: adorar al rey reci&eacute;n nacido. Ver y adorar, dos acciones que se destacan en el relato evang&eacute;lico: vimos una estrella y queremos adorar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEstos hombres vieron una estrella que los puso en movimiento. El descubrimiento de algo inusual que sucedi&oacute; en el cielo logr&oacute; desencadenar un sinf&iacute;n de acontecimientos. No era una estrella que brill&oacute; de manera exclusiva para ellos, ni tampoco ten&iacute;an un ADN especial para descubrirla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tComo bien supo decir un padre de la Iglesia, &laquo;los magos no se pusieron en camino porque hubieran visto la estrella, sino que vieron la estrella porque se hab&iacute;an puesto en camino&raquo; (cf. San Juan Cris&oacute;stomo). Ten&iacute;an el coraz&oacute;n abierto al horizonte y lograron ver lo que el cielo les mostraba porque hab&iacute;a en ellos una inquietud que los empujaba: estaban abiertos a una novedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLos magos, de este modo, expresan el retrato del hombre creyente, del hombre que tiene nostalgia de Dios; del que a&ntilde;ora su casa, la patria celeste. Reflejan la imagen de todos los hombres que en su vida no han dejado que se les anestesie el coraz&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa santa nostalgia de Dios brota en el coraz&oacute;n creyente pues sabe que el Evangelio no es un acontecimiento del pasado sino del presente. La santa nostalgia de Dios nos permite tener los ojos abiertos frente a todos los intentos reductivos y empobrecedores de la vida. La santa nostalgia de Dios es la memoria creyente que se rebela frente a tantos profetas de desventura. Esa nostalgia es la que mantiene viva la esperanza de la comunidad creyente la cual, semana a semana, implora diciendo: &laquo;Ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s&raquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPrecisamente esta nostalgia fue la que empuj&oacute; al anciano Sime&oacute;n a ir todos los d&iacute;as al templo, con la certeza de saber que su vida no terminar&iacute;a sin poder acunar al Salvador. Fue esta nostalgia la que empuj&oacute; al hijo pr&oacute;digo a salir de una actitud de derrota y buscar los brazos de su padre. Fue esta nostalgia la que el pastor sinti&oacute; en su coraz&oacute;n cuando dej&oacute; a las noventa y nueve ovejas en busca de la que estaba perdida, y fue tambi&eacute;n la que experiment&oacute; Mar&iacute;a Magdalena la ma&ntilde;ana del domingo para salir corriendo al sepulcro y encontrar a su Maestro resucitado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa nostalgia de Dios nos saca de nuestros encierros deterministas, esos que nos llevan a pensar que nada puede cambiar. La nostalgia de Dios es la actitud que rompe aburridos conformismos e impulsa a comprometernos por ese cambio que anhelamos y necesitamos. La nostalgia de Dios tiene su ra&iacute;z en el pasado pero no se queda all&iacute;: va en busca del futuro. Al igual que los magos, el creyente &laquo;nostalgioso&raquo; busca a Dios, empujado por su fe, en los lugares m&aacute;s rec&oacute;nditos de la historia, &nbsp;porque sabe en su coraz&oacute;n que all&iacute; lo espera su Se&ntilde;or. Va a la periferia, a la frontera, a los sitios no evangelizados para poder encontrarse con su Se&ntilde;or; y lejos de hacerlo con una postura de superioridad lo hace como un mendicante que no puede ignorar los ojos de aquel para el cual la Buena Nueva es todav&iacute;a un terreno a explorar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tComo actitud contrapuesta, en el palacio de Herodes ?que distaba muy pocos kil&oacute;metros de Bel&eacute;n?, no se hab&iacute;an percatado de lo que estaba sucediendo. Mientras los magos caminaban, Jerusal&eacute;n dorm&iacute;a. Dorm&iacute;a de la mano de un Herodes quien lejos de estar en b&uacute;squeda tambi&eacute;n dorm&iacute;a. Dorm&iacute;a bajo la anestesia de una conciencia cauterizada. Y qued&oacute; desconcertado. Tuvo miedo. Es el desconcierto que, frente a la novedad que revoluciona la historia, se encierra en s&iacute; mismo, en sus logros, en sus saberes, en sus &eacute;xitos. El desconcierto de quien est&aacute; sentado sobre su riqueza sin lograr ver m&aacute;s all&aacute;. Un desconcierto que brota del coraz&oacute;n de qui&eacute;n quiere controlar todo y a todos. Es el desconcierto del que est&aacute; inmerso en la cultura del ganar cueste lo que cueste; en esa cultura que s&oacute;lo tiene espacio para los &laquo;vencedores&raquo; y al precio que sea. Un desconcierto que nace del miedo y del temor ante lo que nos cuestiona y pone en riesgo nuestras seguridades y verdades, nuestras formas de aferrarnos al mundo y a la vida. Y Herodes tuvo miedo, y ese miedo lo condujo a buscar seguridad en el crimen: &laquo;Necas parvulos corpore, quia te necat timor in corde&raquo; (San Quodvultdeus, Sermo 2 sobre el s&iacute;mbolo: PL, 40, 655).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueremos adorar. Los hombres de Oriente fueron a adorar, y fueron a hacerlo al lugar propio de un rey: el Palacio. All&iacute; llegaron ellos con su b&uacute;squeda, era el lugar indicado: pues es propio de un rey nacer en un palacio, y tener su corte y s&uacute;bditos. Es signo de poder, de &eacute;xito, de vida lograda. Y es de esperar que el rey sea venerado, temido y adulado, s&iacute;; pero no necesariamente amado. Esos son los esquemas mundanos, los peque&ntilde;os &iacute;dolos a los que le rendimos culto: el culto al poder, a la apariencia y a la superioridad. &Iacute;dolos que solo prometen tristeza y esclavitud.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY fue precisamente ah&iacute; donde comenz&oacute; el camino m&aacute;s largo que tuvieron que andar esos hombres venidos de lejos. Ah&iacute; comenz&oacute; la osad&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil y complicada. Descubrir que lo que ellos buscaban no estaba en el palacio sino que se encontraba en otro lugar, no s&oacute;lo geogr&aacute;fico sino existencial. All&iacute; no ve&iacute;an la estrella que los conduc&iacute;a a descubrir un Dios que quiere ser amado, y eso s&oacute;lo es posible bajo el signo de la libertad y no de la tiran&iacute;a; descubrir que la mirada de este Rey desconocido ?pero deseado? no humilla, no esclaviza, no encierra. Descubrir que la mirada de Dios levanta, perdona, sana. Descubrir que Dios ha querido nacer all&iacute; donde no lo esperamos, donde quiz&aacute; no lo queremos. O donde tantas veces lo negamos. Descubrir que en la mirada de Dios hay espacio para los heridos, los cansados, los maltratados y abandonados: que su fuerza y su poder se llama misericordia. Qu&eacute; lejos se encuentra, para algunos, Jerusal&eacute;n de Bel&eacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHerodes no puede adorar porque no quiso y no pudo cambiar su mirada. No quiso dejar de rendirse culto a s&iacute; mismo creyendo que todo comenzaba y terminaba con &eacute;l. No pudo adorar &nbsp;&nbsp;porque buscaba que lo adorasen. Los sacerdotes tampoco pudieron adorar porque sab&iacute;an mucho, conoc&iacute;an las profec&iacute;as, pero no estaban dispuestos ni a caminar ni a cambiar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLos magos sintieron nostalgia, no quer&iacute;an m&aacute;s de lo mismo. Estaban acostumbrados, habituados y cansados de los Herodes de su tiempo. Pero all&iacute;, en Bel&eacute;n, hab&iacute;a promesa de novedad, hab&iacute;a promesa de gratuidad. All&iacute; estaba sucediendo algo nuevo. Los magos pudieron adorar porque se animaron a caminar y postr&aacute;ndose ante el peque&ntilde;o, postr&aacute;ndose ante el pobre, postr&aacute;ndose ante el indefenso, postr&aacute;ndose ante el extra&ntilde;o y desconocido Ni&ntilde;o de Bel&eacute;n descubrieron la Gloria de Dios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 06 Ene. 17 (ACI).- El Papa Francisco presidi&oacute; este viernes en la Bas&iacute;lica de San Pedro la Misa por la Solemnidad de la Epifan&iacute;a del Se&ntilde;or, en la afirm&oacute; que los magos venidos de Oriente para adorar al Ni&ntilde;o Jes&uacute;s &ldquo;expresan el retrato del hombre creyente, del hombre que tiene nostalgia de Dios; del &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-por-la-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTEXTO: Homil\u00eda del Papa Francisco en la Misa por la Solemnidad de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-10619","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10619","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10619"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10619\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10619"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10619"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10619"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}