{"id":11522,"date":"2017-02-02T13:05:03","date_gmt":"2017-02-02T18:05:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-homilia-papa-francisco-en-la-misa-de-la-fiesta-de-la-presentacion-del-senor\/"},"modified":"2017-02-02T13:05:03","modified_gmt":"2017-02-02T18:05:03","slug":"texto-homilia-papa-francisco-en-la-misa-de-la-fiesta-de-la-presentacion-del-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-homilia-papa-francisco-en-la-misa-de-la-fiesta-de-la-presentacion-del-senor\/","title":{"rendered":"TEXTO: Homil\u00eda Papa Francisco en la Misa de la Fiesta de la Presentaci\u00f3n del Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 02 Feb. 17 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco celebr&oacute; la Misa en la Bas&iacute;lica de San Pedro con motivo de la Fiesta de la Presentaci&oacute;n del Se&ntilde;or y la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, por lo que en la celebraci&oacute;n participaron miles de religiosos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl Papa habl&oacute; de la esperanza y la alegr&iacute;a que supone poner a Jes&uacute;s en medio del pueblo, pero alert&oacute; del peligro que supone para la vocaci&oacute;n la &quot;tentaci&oacute;n de la superviviencia&quot;.&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&quot;La actitud de supervivencia nos vuelve reaccionarios, miedosos, nos va encerrando lenta y silenciosamente en nuestras casas y en nuestros esquemas. Nos proyecta hacia atr&aacute;s, hacia las gestas gloriosas &mdash;pero pasadas&mdash; que, lejos de despertar la creatividad prof&eacute;tica nacida de los sue&ntilde;os de nuestros fundadores, busca atajos para evadir los desaf&iacute;os que hoy golpean nuestras puertas&quot;, dijo Francisco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n, el texto completo de la homil&iacute;a del Pont&iacute;fice:&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCuando los padres de Jes&uacute;s llevaron al Ni&ntilde;o para cumplir las prescripciones de la ley, Sime&oacute;n &laquo;conducido por el Esp&iacute;ritu&raquo; (Lc 2,27) toma al Ni&ntilde;o en brazos y comienza un canto de bendici&oacute;n y alabanza: &laquo;Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos; luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo Israel&raquo; (Lc 2,30-32). Sime&oacute;n no s&oacute;lo pudo ver, tambi&eacute;n tuvo el privilegio de abrazar la esperanza anhelada, y eso lo hace exultar de alegr&iacute;a. Su coraz&oacute;n se alegra porque Dios habita en medio de su pueblo; lo siente carne de su carne.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa liturgia de hoy nos dice que con ese rito, a los 40 d&iacute;as de nacer, el Se&ntilde;or &laquo;fue presentado en el templo para cumplir la ley, pero sobre todo para encontrarse con el pueblo creyente&raquo; (Misal Romano, 2 de febrero, Monici&oacute;n a la procesi&oacute;n de entrada). El encuentro de Dios con su pueblo despierta la alegr&iacute;a y renueva la esperanza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl canto de Sime&oacute;n es el canto del hombre creyente que, al final de sus d&iacute;as, es capaz de afirmar: Es cierto, la esperanza en Dios nunca decepciona (cf. Rm 5,5), &Eacute;l no defrauda. Sime&oacute;n y Ana, en la vejez, son capaces de una nueva fecundidad, y lo testimonian cantando: la vida vale la pena vivirla con esperanza porque el Se&ntilde;or mantiene su promesa; y ser&aacute;, m&aacute;s tarde, el mismo Jes&uacute;s quien explicar&aacute; esta promesa en la Sinagoga de Nazaret: los enfermos, los detenidos, los que est&aacute;n solos, los pobres, los ancianos, los pecadores tambi&eacute;n son invitados a entonar el mismo canto de esperanza. Jes&uacute;s est&aacute; con ellos, &eacute;l est&aacute; con nosotros (cf. Lc 4,18-19).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEste canto de esperanza lo hemos heredado de nuestros mayores. Ellos nos han introducido en esta &laquo;din&aacute;mica&raquo;. En sus rostros, en sus vidas, en su entrega cotidiana y constante pudimos ver como esta alabanza se hizo carne. Somos herederos de los sue&ntilde;os de nuestros mayores, herederos de la esperanza que no desilusion&oacute; a nuestras madres y padres fundadores, a nuestros hermanos mayores. Somos herederos de nuestros ancianos que se animaron a so&ntilde;ar; y, al igual que ellos, hoy queremos nosotros tambi&eacute;n cantar: Dios no defrauda, la esperanza en &eacute;l no desilusiona. Dios viene al encuentro de su Pueblo. Y queremos cantar adentr&aacute;ndonos en la profec&iacute;a de Joel: &laquo;Derramar&eacute; mi esp&iacute;ritu sobre toda carne, vuestros hijos e hijas profetizar&aacute;n, vuestros ancianos tendr&aacute;n sue&ntilde;os y visiones&raquo; (3,1).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNos hace bien recibir el sue&ntilde;o de nuestros mayores para poder profetizar hoy y volver a encontrarnos con lo que un d&iacute;a encendi&oacute; nuestro coraz&oacute;n. Sue&ntilde;o y profec&iacute;a juntos. Memoria de c&oacute;mo so&ntilde;aron nuestros ancianos, nuestros padres y madres y coraje para llevar adelante, prof&eacute;ticamente, ese sue&ntilde;o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEsta actitud nos har&aacute; fecundos pero sobre todo nos proteger&aacute; de una tentaci&oacute;n que puede hacer est&eacute;ril nuestra vida consagrada: la tentaci&oacute;n de la supervivencia. Un mal que puede instalarse poco a poco en nuestro interior, en el seno de nuestras comunidades. La actitud de supervivencia nos vuelve reaccionarios, miedosos, nos va encerrando lenta y silenciosamente en nuestras casas y en nuestros esquemas. Nos proyecta hacia atr&aacute;s, hacia las gestas gloriosas &mdash;pero pasadas&mdash; que, lejos de despertar la creatividad prof&eacute;tica nacida de los sue&ntilde;os de nuestros fundadores, busca atajos para evadir los desaf&iacute;os que hoy golpean nuestras puertas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa psicolog&iacute;a de la supervivencia le roba fuerza a nuestros carismas porque nos lleva a domesticarlos, hacerlos &laquo;accesibles a la mano&raquo; pero priv&aacute;ndolos de aquella fuerza creativa que inauguraron; nos hace querer proteger espacios, edificios o estructuras m&aacute;s que posibilitar nuevos procesos. La tentaci&oacute;n de supervivencia nos hace olvidar la gracia, nos convierte en profesionales de lo sagrado pero no padres, madres o hermanos de la esperanza que hemos sido llamados a profetizar. Ese ambiente de supervivencia seca el coraz&oacute;n de nuestros ancianos priv&aacute;ndolos de la capacidad de so&ntilde;ar y, de esta manera, esteriliza la profec&iacute;a que los m&aacute;s j&oacute;venes est&aacute;n llamados a anunciar y realizar. En pocas palabras, la tentaci&oacute;n de la supervivencia transforma en peligro, en amenaza, en tragedia, lo que el Se&ntilde;or nos presenta como una oportunidad para la misi&oacute;n. Esta actitud no es exclusiva de la vida consagrada, pero de forma particular somos invitados a cuidar de no caer en ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tVolvamos al pasaje evang&eacute;lico y contemplemos nuevamente la escena. Lo que despert&oacute; el canto en Sime&oacute;n y Ana no fue ciertamente mirarse a s&iacute; mismos, analizar y rever su situaci&oacute;n personal. No fue el quedarse encerrados por miedo a que les sucediese algo malo. Lo que despert&oacute; el canto fue la esperanza, esa esperanza que los sosten&iacute;a en la ancianidad. Esa esperanza se vio recompensada en el encuentro con Jes&uacute;s. Cuando Mar&iacute;a pone en brazos de Sime&oacute;n al Hijo de la Promesa, el anciano empieza a cantar sus sue&ntilde;os. Cuando pone a Jes&uacute;s en medio de su pueblo, este encuentra la alegr&iacute;a. Y s&iacute;, s&oacute;lo eso podr&aacute; devolvernos la alegr&iacute;a y la esperanza, s&oacute;lo eso nos salvar&aacute; de vivir en una actitud de supervivencia. S&oacute;lo eso har&aacute; fecunda nuestra vida y mantendr&aacute; vivo nuestro coraz&oacute;n. Poniendo a Jes&uacute;s en donde tiene que estar: en medio de su pueblo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTodos somos conscientes de la transformaci&oacute;n multicultural por la que atravesamos, ninguno lo pone en duda. De ah&iacute; la importancia de que el consagrado y la consagrada est&eacute;n insertos con Jes&uacute;s, en la vida, en el coraz&oacute;n de estas grandes transformaciones. La misi&oacute;n &mdash;de acuerdo a cada carisma particular&mdash; es la que nos recuerda que fuimos invitados a ser levadura de esta masa concreta. Es cierto podr&aacute;n existir &laquo;harinas&raquo; mejores, pero el Se&ntilde;or nos invit&oacute; a leudar aqu&iacute; y ahora, con los desaf&iacute;os que se nos presentan. No desde la defensiva, no desde nuestros miedos sino con las manos en el arado ayudando a hacer crecer el trigo tantas veces sembrado en medio de la ciza&ntilde;a. Poner a Jes&uacute;s en medio de su pueblo es tener un coraz&oacute;n contemplativo, capaz de discernir como Dios va caminando por las calles de nuestras ciudades, de nuestros pueblos, en nuestros barrios. Poner a Jes&uacute;s en medio de su pueblo, es asumir y querer ayudar a cargar la cruz de nuestros hermanos. Es querer tocar las llagas de Jes&uacute;s en las llagas del mundo, que est&aacute; herido y anhela, y pide resucitar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&iexcl;Ponernos con Jes&uacute;s en medio de su pueblo! No como voluntaristas de la fe, sino como hombres y mujeres que somos continuamente perdonados, hombres y mujeres ungidos en el bautismo para compartir esa unci&oacute;n y el consuelo de Dios con los dem&aacute;s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPonernos con Jes&uacute;s en medio de su pueblo, porque &laquo;sentimos el desaf&iacute;o de descubrir y transmitir la m&iacute;stica de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos de los brazos, de apoyarnos, de participar de esa marea algo ca&oacute;tica que [con el Se&ntilde;or], puede convertirse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana solidaria, en una santa peregrinaci&oacute;n. [&hellip;] Si pudi&eacute;ramos seguir ese camino, &iexcl;ser&iacute;a algo tan bueno, tan sanador, tan liberador, tan esperanzador! Salir de s&iacute; mismo para unirse a otros&raquo; (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 87) no s&oacute;lo hace bien, sino que transforma nuestra vida y esperanza en un canto de alabanza. Pero esto s&oacute;lo lo podemos hacer si asumimos los sue&ntilde;os de nuestros ancianos y los transformamos en profec&iacute;a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAcompa&ntilde;emos a Jes&uacute;s en el encuentro con su pueblo, a estar en medio de su pueblo, no en el lamento o en la ansiedad de quien se olvid&oacute; de profetizar porque no se hace cargo de los sue&ntilde;os de sus mayores, sino en la alabanza y la serenidad; no en la agitaci&oacute;n sino en la paciencia de quien conf&iacute;a en el Esp&iacute;ritu, Se&ntilde;or de los sue&ntilde;os y de la profec&iacute;a. Y as&iacute; compartamos lo que no nos pertenece: el canto que nace de la esperanza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 02 Feb. 17 (ACI).- El Papa Francisco celebr&oacute; la Misa en la Bas&iacute;lica de San Pedro con motivo de la Fiesta de la Presentaci&oacute;n del Se&ntilde;or y la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, por lo que en la celebraci&oacute;n participaron miles de religiosos. 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