{"id":11565,"date":"2017-02-03T14:15:02","date_gmt":"2017-02-03T19:15:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/santa-juana-de-valois-4-de-febrero\/"},"modified":"2017-02-03T14:15:02","modified_gmt":"2017-02-03T19:15:02","slug":"santa-juana-de-valois-4-de-febrero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/santa-juana-de-valois-4-de-febrero\/","title":{"rendered":"Santa Juana de Valois \u2013 4 de febrero"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">(ZENIT &#8211; Madrid).- Esta mujer pareci\u00f3 haber nacido para sufrir. Examinando su acontecer, de nuevo la vida santa ofrece hoy una gran lecci\u00f3n salpicada de m\u00faltiples matices, entre los cuales cabe destacar c\u00f3mo fluye el amor divino en medio de las desdichas. Se puede afirmar, sin riesgo a equivocarse, que por sus circunstancias bien pudo dejarse envolver por el resentimiento. Durante d\u00e9cadas fueron escas\u00edsimos los instantes de respiro. Ciertamente, la naturaleza no se port\u00f3 bien con ella. Nada agraciada en sus facciones y con el cuerpo marcado por una incipiente discapacidad, considerada culpable de su condici\u00f3n femenina y subestimada al extremo, sufri\u00f3 el desprecio de los suyos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Uno de sus puntos \u00e1lgidos fue el alejamiento de su madre, Carlota de Saboya, que se le impuso a temprana edad. Por si fuera poco, cuando cre\u00f3 un hogar supo lo que era la prepotencia y la infidelidad. En suma, apenas conoci\u00f3 el lenguaje de la ternura. Pero no se dej\u00f3 atrapar por esa p\u00e9rfida red devolviendo mal por mal; no aliment\u00f3 rencores, sino que se alz\u00f3 poderosamente sobre el pedestal de la fe y de la confianza en Dios, se refugi\u00f3 en Mar\u00eda, y lo que pudo haber sido su ruina humana y espiritual, se convirti\u00f3 en su corona de gloria. Es la respuesta de los santos. Saben que el mal se combate con el bien.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Naci\u00f3 en la localidad francesa de Nogent-le-Roi el 23 de abril de 1464 y, desde ese mismo momento, su padre, Lu\u00eds XI de Francia, no ocult\u00f3 una profunda contrariedad que hizo patente sin conmiseraci\u00f3n alguna el resto de su vida, defraudado por no haber tenido un heredero. Su madre, que la mantuvo a su lado en el castillo de Amboise, la trat\u00f3 con cari\u00f1o y le proporcion\u00f3 una profunda instrucci\u00f3n en la fe. A su padre no le agradaban lo m\u00e1s m\u00ednimo las expresiones de este sentimiento maternal. De forma autoritaria amenaz\u00f3 a la ni\u00f1a con severos castigos si osaba elevar sus rezos al Alt\u00edsimo y a Mar\u00eda, en la que hab\u00eda aprendido a buscar consuelo. La separ\u00f3 de Carlota para siempre, envi\u00e1ndola a la fortaleza de Linieres donde crecer\u00eda al amparo de los due\u00f1os de la misma, contando con las atenciones que en su hogar no le dispensaron. \u00c9stos bienhechores nunca pusieron veto a su inclinaci\u00f3n hacia lo religioso. Por el contrario, se ocuparon de su formaci\u00f3n espiritual. Pero ese peque\u00f1o impasse del que pudo disfrutar unos a\u00f1os conociendo lo que era vivir en un clima de paz, se termin\u00f3 de un plumazo en 1476 cuando se vio obligada a casarse con Lu\u00eds, duque de Orle\u00e1ns, por razones de Estado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ten\u00eda 12 a\u00f1os y el duque 14, quien afront\u00f3 forzadamente este matrimonio que le impuso el padre de Juana, t\u00edo segundo suyo, bajo cuyo amparo viv\u00eda despu\u00e9s de quedar hu\u00e9rfano a temprana edad. As\u00ed que, profundamente disgustado, no disimul\u00f3 su animadversi\u00f3n hacia su esposa. Sin embargo, Juana intercedi\u00f3 por \u00e9l ante su hermano, el rey Carlos VIII, cuando fue encarcelado y condenado a muerte. No es dif\u00edcil imaginar cu\u00e1ntos sufrimientos debieron producirle los desaires y humillaciones cotidianas, privadas y p\u00fablicas, de su marido. Ella respond\u00eda con paciencia, silencio y humildad. Conceb\u00eda en su mente virtudes que su esposo estaba lejos de encarnar, am\u00e1ndole desde el coraz\u00f3n del Padre; era uno de los signos de su inocencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En su esp\u00edritu conservaba el vaticinio de Mar\u00eda anunci\u00e1ndole la fundaci\u00f3n de una congregaci\u00f3n religiosa en su honor. La Madre del cielo le hab\u00eda hecho saber: \u00abHija m\u00eda, seca tus l\u00e1grimas; un d\u00eda t\u00fa huir\u00e1s de este mundo de cuyos peligros temes, y dar\u00e1s nacimiento a una Orden de santas religiosas ocupadas en cantar las alabanzas a Dios, y fieles en seguir mis pasos\u00bb. Preso de una grave enfermedad, el rey Lu\u00eds XI reclam\u00f3 la presencia de san Francisco de Paula. El milagro que esperaba del santo no se produjo. Pero muri\u00f3 arrepentido y dej\u00f3 para su hija el \u00fanico signo de ternura y comprensi\u00f3n que se conoce: la direcci\u00f3n espiritual a cargo de aqu\u00e9l. Francisco recibi\u00f3 el apoyo y gratitud de Carlos VIII, hijo y sucesor del rey fallecido, y permaneci\u00f3 en la corte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A la muerte de Carlos, el duque de Orle\u00e1ns subi\u00f3 al trono como Lu\u00eds XII y decidido a contraer nuevas nupcias con Ana de Breta\u00f1a, repudi\u00f3 a Juana. \u00c9sta pudo haberse opuesto, pero no lo hizo. Esa determinaci\u00f3n, que conllev\u00f3 anulaci\u00f3n de su matrimonio, en juicio harto embarazoso y ruin para ella, la dejaba libre para consagrarse por entero a Dios. San Francisco de Paula la dirig\u00eda por carta y a \u00e9l le confi\u00f3 el tema de la fundaci\u00f3n que la Virgen le hab\u00eda rogado que pusiese en marcha. Despu\u00e9s de efectuar otras consultas sin que viesen claro su empe\u00f1o, Juana persisti\u00f3 y, al final, en su refugio de Bourges, donde llevaba una vida de penitencia y se dedicaba a socorrer a los pobres, fund\u00f3 la Orden de la Sant\u00edsima Anunciaci\u00f3n de la Santa Virgen Mar\u00eda con la ayuda de su confesor, el franciscano Gabriel Mary (Gilberto Nicol\u00e1s).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El proceso de aprobaci\u00f3n no fue f\u00e1cil, pero en 1501 el papa Alejandro VI dio su benepl\u00e1cito. Juana emiti\u00f3 los votos en 1504. Tantos sufrimientos, unidos a sus intensos ayunos y penitencias, acabaron con su vida el 4 de febrero de 1505. El que hab\u00eda sido su esposo se ocup\u00f3 de que fuese enterrada con los altos honores que le correspond\u00edan por su rango. Fue beatificada por Benedicto XIV en 1742, y canonizada por P\u00edo XII el 28 de mayo de 1950.<\/p>\n<p><span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/es.zenit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.zenit.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(ZENIT &#8211; Madrid).- Esta mujer pareci\u00f3 haber nacido para sufrir. Examinando su acontecer, de nuevo la vida santa ofrece hoy una gran lecci\u00f3n salpicada de m\u00faltiples matices, entre los cuales cabe destacar c\u00f3mo fluye el amor divino en medio de las desdichas. 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