{"id":11663,"date":"2017-02-07T07:05:02","date_gmt":"2017-02-07T12:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-mensaje-del-papa-francisco-para-la-cuaresma-2017\/"},"modified":"2017-02-07T07:05:02","modified_gmt":"2017-02-07T12:05:02","slug":"texto-mensaje-del-papa-francisco-para-la-cuaresma-2017","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-mensaje-del-papa-francisco-para-la-cuaresma-2017\/","title":{"rendered":"TEXTO: Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2017"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 07 Feb. 17 (ACI).-<br \/>\n\tEl Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2017 lleva por t&iacute;tulo &ldquo;La Palabra es un don. El otro es un don&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn &eacute;l, el Santo Padre habla de varias par&aacute;bolas de la Escritura y se&ntilde;ala que &ldquo;la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el pr&oacute;jimo. El Se&ntilde;or &#039;que en los cuarenta d&iacute;as que pas&oacute; en el desierto venci&oacute; los enga&ntilde;os del Tentador&#039; nos muestra el camino a seguir&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n, el texto completo del mensaje:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos hermanos y hermanas:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrecci&oacute;n, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversi&oacute;n: el cristiano est&aacute; llamado a volver a Dios &laquo;de todo coraz&oacute;n&raquo; (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Se&ntilde;or.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tJes&uacute;s es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a &eacute;l y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homil&iacute;a, 8 enero 2016).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del esp&iacute;ritu a trav&eacute;s de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oraci&oacute;n y la limosna. En la base de todo est&aacute; la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aqu&iacute; en la par&aacute;bola del hombre rico y el pobre L&aacute;zaro (cf. Lc 16,19- 31).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDej&eacute;monos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender c&oacute;mo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhort&aacute;ndonos a una sincera conversi&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t1. El otro es un don<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa par&aacute;bola comienza presentando a los dos personajes principales, pero el pobre es el que viene descrito con m&aacute;s detalle: &eacute;l se encuentra en una situaci&oacute;n desesperada y no tiene fuerza ni para levantarse, est&aacute; echado a la puerta del rico y come las migajas que caen de su mesa, tiene llagas por todo el cuerpo y los perros vienen a lam&eacute;rselas (cf. vv. 20-21). El cuadro es sombr&iacute;o, y el hombre degradado y humillado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa escena resulta a&uacute;n m&aacute;s dram&aacute;tica si consideramos que el pobre se llama L&aacute;zaro: un nombre repleto de promesas, que significa literalmente &laquo;Dios ayuda&raquo;. Este no es un personaje an&oacute;nimo, tiene rasgos precisos y se presenta como alguien con una historia personal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMientras que para el rico es como si fuera invisible, para nosotros es alguien conocido y casi familiar, tiene un rostro; y, como tal, es un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condici&oacute;n concreta sea la de un desecho humano (cf. Homil&iacute;a, 8 enero 2016).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tL&aacute;zaro nos ense&ntilde;a que el otro es un don. La justa relaci&oacute;n con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa primera invitaci&oacute;n que nos hace esta par&aacute;bola es la de abrir la puerta de nuestro coraz&oacute;n al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en &eacute;l o en ella el rostro de Cristo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es d&eacute;bil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio tambi&eacute;n lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t2.&nbsp;&nbsp; El pecado nos ciega<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa par&aacute;bola es despiadada al mostrar las contradicciones en las que se encuentra el rico (cf. v. 19). Este personaje, al contrario que el pobre L&aacute;zaro, no tiene un nombre, se le califica s&oacute;lo como &laquo;rico&raquo;. Su opulencia se manifiesta en la ropa que viste, de un lujo exagerado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa p&uacute;rpura, en efecto, era muy valiosa, m&aacute;s que la plata y el oro, y por eso estaba reservada a las divinidades (cf. Jr 10,9) y a los reyes (cf. Jc 8,26). La tela era de un lino especial que contribu&iacute;a a dar al aspecto un car&aacute;cter casi sagrado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPor tanto, la riqueza de este hombre es excesiva, tambi&eacute;n porque la exhib&iacute;a de manera habitual todos los d&iacute;as: &laquo;Banqueteaba espl&eacute;ndidamente cada d&iacute;a&raquo; (v. 19). En &eacute;l se vislumbra de forma patente la corrupci&oacute;n del pecado, que se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia (cf. Homil&iacute;a, 20 septiembre 2013).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl ap&oacute;stol Pablo dice que &laquo;la codicia es la ra&iacute;z de todos los males&raquo; (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupci&oacute;n y fuente de envidias, pleitos y recelos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un &iacute;dolo tir&aacute;nico (cf. Exh. ap. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los dem&aacute;s, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una l&oacute;gica ego&iacute;sta que no deja lugar al amor e impide la paz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa par&aacute;bola nos muestra c&oacute;mo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los dem&aacute;s lo que &eacute;l se puede permitir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPero la apariencia esconde un vac&iacute;o interior. Su vida est&aacute; prisionera de la exterioridad, de la dimensi&oacute;n m&aacute;s superficial y ef&iacute;mera de la existencia (cf. ib&iacute;d., 62).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl pelda&ntilde;o m&aacute;s bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPara el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que est&aacute;n a su alrededor no merecen su atenci&oacute;n. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillaci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCuando miramos a este personaje, se entiende por qu&eacute; el Evangelio condena con tanta claridad el amor al dinero: &laquo;Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciar&aacute; a uno y querr&aacute; al otro; o, al contrario, se dedicar&aacute; al primero y no har&aacute; caso del segundo. No pod&eacute;is servir a Dios y al dinero&raquo; (Mt 6,24).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t3.&nbsp;&nbsp; La Palabra es un don<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl Evangelio del rico y el pobre L&aacute;zaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Mi&eacute;rcoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dram&aacute;tica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: &laquo;Acu&eacute;rdate de que eres polvo y al polvo volver&aacute;s&raquo;. El rico y el pobre, en efecto, mueren, y la parte principal de la par&aacute;bola se desarrolla en el m&aacute;s all&aacute;. Los dos personajes descubren de repente que &laquo;sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de &eacute;l&raquo; (1 Tm 6,7).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTambi&eacute;n nuestra mirada se dirige al m&aacute;s all&aacute;, donde el rico mantiene un di&aacute;logo con Abraham, al que llama &laquo;padre&raquo; (Lc 16,24.27), demostrando que pertenece al pueblo de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEste aspecto hace que su vida sea todav&iacute;a m&aacute;s contradictoria, ya que hasta ahora no se hab&iacute;a dicho nada de su relaci&oacute;n con Dios. En efecto, en su vida no hab&iacute;a lugar para Dios, siendo &eacute;l mismo su &uacute;nico dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl rico s&oacute;lo reconoce a L&aacute;zaro en medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie su sufrimiento con un poco de agua.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLos gestos que se piden a L&aacute;zaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y nunca realiz&oacute;. Abraham, sin embargo, le explica: &laquo;Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y L&aacute;zaro, a su vez, males: por eso encuentra aqu&iacute; consuelo, mientras que t&uacute; padeces&raquo; (v. 25). En el m&aacute;s all&aacute; se restablece una cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa par&aacute;bola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los cristianos. En efecto, el rico, cuyos hermanos todav&iacute;a viven, pide a Abraham que les env&iacute;e a L&aacute;zaro para advertirles; pero Abraham le responde: &laquo;Tienen a Mois&eacute;s y a los profetas; que los escuchen&raquo; (v. 29). Y, frente a la objeci&oacute;n del rico, a&ntilde;ade: &laquo;Si no escuchan a Mois&eacute;s y a los profetas, no har&aacute;n caso ni aunque resucite un muerto&raquo; (v. 31).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDe esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la ra&iacute;z de sus males est&aacute; en no prestar o&iacute;do a la Palabra de Dios; esto es lo que le llev&oacute; a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al pr&oacute;jimo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversi&oacute;n del coraz&oacute;n de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el coraz&oacute;n al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el coraz&oacute;n al don del hermano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el pr&oacute;jimo. El Se&ntilde;or &quot;que en los cuarenta d&iacute;as que pas&oacute; en el desierto venci&oacute; los enga&ntilde;os del Tentador&quot; nos muestra el camino a seguir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQue el Esp&iacute;ritu Santo nos guie a realizar un verdadero camino de conversi&oacute;n, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAnimo a todos los fieles a que manifiesten tambi&eacute;n esta renovaci&oacute;n espiritual participando en las campa&ntilde;as de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la &uacute;nica familia humana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los d&eacute;biles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegr&iacute;a de la Pascua.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tVaticano, 18 de octubre de 2016<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tFiesta de San Lucas Evangelista<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tFRANCISCO<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 07 Feb. 17 (ACI).- El Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2017 lleva por t&iacute;tulo &ldquo;La Palabra es un don. El otro es un don&rdquo;. 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