{"id":11694,"date":"2017-02-08T05:40:06","date_gmt":"2017-02-08T10:40:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/papa-la-esperanza-como-fuente-de-consuelo-reciproco-y-de-paz\/"},"modified":"2017-02-08T05:40:06","modified_gmt":"2017-02-08T10:40:06","slug":"papa-la-esperanza-como-fuente-de-consuelo-reciproco-y-de-paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/papa-la-esperanza-como-fuente-de-consuelo-reciproco-y-de-paz\/","title":{"rendered":"Papa: la esperanza como fuente de consuelo rec\u00edproco y de paz"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/02\/08\/AP3852711_Thumbnail.jpg' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p>(RV).- &ldquo;Queridos amigos, si la morada natural de la esperanza es un cuerpo solidario, en el caso de la esperanza cristiana este cuerpo es la Iglesia, mientras que el soplo vital, el alma de esta esperanza es el Esp&iacute;ritu Santo. Sin el Esp&iacute;ritu Santo no se puede tener esperanza&rdquo;, con estas palabras el Papa Francisco explic&oacute; en la Audiencia General del segundo mi&eacute;rcoles de febrero, el significado de la dimensi&oacute;n comunitaria y eclesial de la esperanza cristiana.<\/p>\n<p>Continuando su ciclo de catequesis sobre &ldquo;la esperanza cristiana&rdquo;, el Obispo de Roma medit&oacute; sobre la importancia de esta virtud en el Nuevo Testamento, sobre todo en la Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses. El Pont&iacute;fice se&ntilde;al&oacute; que, &ldquo;el Ap&oacute;stol muestra que la esperanza cristiana no tiene s&oacute;lo un aspecto personal, individual, sino tambi&eacute;n comunitario, eclesial&rdquo;. Se comprende entonces que no se aprende a esperar solos. Nadie aprende a esperar solo, agreg&oacute;. No es posible. &ldquo;La esperanza, para alimentarse, necesita necesariamente de un cuerpo &ndash; precis&oacute; el Papa Francisco &ndash; en el cual los diferentes miembros se sostengan y se animen rec&iacute;procamente. Esto entonces quiere decir que, si esperamos, es porque muchos de nuestros hermanos y hermanas nos han ense&ntilde;ado a esperar y han tenido viva nuestra esperanza&rdquo;.<\/p>\n<p><strong>Texto completo de la catequesis del Papa Francisco<\/strong><\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, &iexcl;buenos d&iacute;as!<\/p>\n<p>El mi&eacute;rcoles pasado hemos visto que San Pablo, en la Primera Carta a los Tesalonicenses, exhorta a permanecer arraigados en la esperanza de la resurrecci&oacute;n (Cfr. 5,4-11), con esa bella palabra &ldquo;estaremos siempre con el Se&ntilde;or&rdquo;. En el mismo contexto, el Ap&oacute;stol muestra que la esperanza cristiana no tiene s&oacute;lo un aspecto personal, individual, sino comunitario, eclesial. Todos nosotros esperamos. Todos nosotros tenemos esperanza, pero tambi&eacute;n comunitariamente.<\/p>\n<p>Por esto, la mirada es enseguida extendida por Paolo a todas las realidades que componen la comunidad cristiana, pidi&eacute;ndoles de orar los unos por los otros y de sostenerse rec&iacute;procamente. Ayudarse rec&iacute;procamente. Pero no solo ayudarse en las necesidades, en las tantas necesidades de la vida cotidiana, sino ayudarnos en la esperanza, sostenernos en la esperanza. Y no es un caso que comience justamente haciendo referencia a quienes les es confiada la responsabilidad y la gu&iacute;a pastoral. Son los primeros en ser llamados a alimentar la esperanza, y esto no porque sean mejores de los dem&aacute;s, sino en virtud de un ministerio divino que va m&aacute;s all&aacute; de sus propias fuerzas. Por tal motivo, tienen m&aacute;s que nunca la necesidad del respeto, de la comprensi&oacute;n y del apoyo ben&eacute;volo de todos.<\/p>\n<p>La atenci&oacute;n luego es puesta en los hermanos con mayor riesgo de perder la esperanza, de caer en la desesperaci&oacute;n. Pero, nosotros siempre tenemos noticias de gente que cae en la desesperaci&oacute;n y hace cosas feas, &iquest;no? La des-esperanza los lleva a estas cosas feas. Se refiere a quien est&aacute; desanimado, a quien es d&eacute;bil, a quien se siente abatido por el peso de la vida y de las propias culpas y no logra m&aacute;s levantarse. En estos casos, la cercan&iacute;a y el calor de toda la Iglesia debe hacerse todav&iacute;a m&aacute;s intensa y amorosa, y deben asumir la forma exquisita de la compasi&oacute;n, que no es tener piedad: la compasi&oacute;n es soportar con el otro, sufrir con el otro, acercarme a quien sufre&hellip; una palabra, una caricia, pero que salga del coraz&oacute;n, esto es la compasi&oacute;n. Tienen necesidad de la solidaridad y de la consolaci&oacute;n. Esta es m&aacute;s importante que nunca: la esperanza cristiana no puede prescindir de la caridad genuina y concreta. El mismo Ap&oacute;stol de los gentiles, en la Carta a los Romanos, afirma con el coraz&oacute;n en la mano: &laquo;Nosotros, los que somos fuertes &ndash; que tenemos la fe, la esperanza o no tenemos tantas dificultades &ndash; debemos sobrellevar las flaquezas de los d&eacute;biles y no complacernos a nosotros mismos&raquo; (15,1). Sobrellevar, sobrellevar las debilidades de los dem&aacute;s. Este testimonio luego no permanece cerrado dentro de los confines de la comunidad cristiana: resuena con todo su vigor tambi&eacute;n fuera, en el contexto social y civil, como una llamada a no crear muros sino puentes, a no intercambiar el mal con el mal, a vencer el mal con el bien, la ofensa con el perd&oacute;n: el cristiano jam&aacute;s puede decir, me las pagaras. &iexcl;Jam&aacute;s! Esto no es un gesto cristiano. La ofensa se vence con el perd&oacute;n; para vivir en paz con todos. &iexcl;Esta es la Iglesia! Y esto es lo que obra la esperanza cristiana, cuando asume los lineamientos fuertes y al mismo tiempo tiernos del amor. Y el amor es fuerte y tierno. Es bello.<\/p>\n<p>Se comprende entonces que no se aprende a esperar solos. Nadie aprende a esperar solo. No es posible. La esperanza, para alimentarse, necesita necesariamente de un &ldquo;cuerpo&rdquo;, en el cual los diferentes miembros se sostengan y se animen rec&iacute;procamente. Esto entonces quiere decir que, si esperamos, es porque muchos de nuestros hermanos y hermanas nos han ense&ntilde;ado a esperar y han tenido viva nuestra esperanza. Y entre ellos, se distinguen los peque&ntilde;os, los pobres, los sencillos, los marginados. S&iacute;, porque no conoce la esperanza quien se cierra en su propio bienestar: espera solamente en su bienestar y esto no es esperanza: es seguridad relativa; no conoce la esperanza quien se cierra en su propia satisfacci&oacute;n, quien se siente siempre bien&hellip; Los que esperan son en cambio aquellos que experimentan cada d&iacute;a la prueba, la precariedad y el propio l&iacute;mite. Son estos nuestros hermanos los que nos dan el testimonio m&aacute;s bello, m&aacute;s fuerte, porque permanecen firmes en la confianza en el Se&ntilde;or, sabiendo que, m&aacute;s all&aacute; de la tristeza, de la opresi&oacute;n y de la inevitabilidad de la muerte, la &uacute;ltima palabra ser&aacute; la suya, y ser&aacute; una palabra de misericordia, de vida y de paz. Quien espera, espera escuchar un d&iacute;a esta palabra: &ldquo;Ven, ven a m&iacute;, hermano; ven, ven a m&iacute;, hermana, por toda la eternidad&rdquo;.<\/p>\n<p>Queridos amigos, si &ndash; como hemos dicho &ndash; la morada natural de la esperanza es un &ldquo;cuerpo&rdquo; solidario, en el caso de la esperanza cristiana este cuerpo es la Iglesia, mientras que el soplo vital, el alma de esta esperanza es el Esp&iacute;ritu Santo. Sin el Esp&iacute;ritu Santo no se puede tener esperanza. Es por eso que el Ap&oacute;stol Pablo nos invita al final a invocarlo continuamente. Si no es f&aacute;cil creer, mucho menos lo es esperar. Es m&aacute;s dif&iacute;cil esperar que creer. Es m&aacute;s dif&iacute;cil. Pero cuando el Esp&iacute;ritu Santo habita en nuestros corazones, es &Eacute;l quien nos hace entender que no debemos temer, que el Se&ntilde;or est&aacute; cerca y se preocupa por nosotros; y es &Eacute;l quien modela nuestras comunidades, en una perene Pentecost&eacute;s, como signos vivos de esperanza para la familia humana. Gracias.<\/p>\n<p>(Traducci&oacute;n del italiano, Renato Martinez &ndash; Radio Vaticano)<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- &ldquo;Queridos amigos, si la morada natural de la esperanza es un cuerpo solidario, en el caso de la esperanza cristiana este cuerpo es la Iglesia, mientras que el soplo vital, el alma de esta esperanza es el Esp&iacute;ritu Santo. 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