{"id":11769,"date":"2017-02-10T07:40:04","date_gmt":"2017-02-10T12:40:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/el-servicio-de-los-misioneros-de-la-misericordia-una-experiencia-de-gracia-que-la-iglesia-vive-con-mucho-fruto-2\/"},"modified":"2017-02-10T07:40:04","modified_gmt":"2017-02-10T12:40:04","slug":"el-servicio-de-los-misioneros-de-la-misericordia-una-experiencia-de-gracia-que-la-iglesia-vive-con-mucho-fruto-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/el-servicio-de-los-misioneros-de-la-misericordia-una-experiencia-de-gracia-que-la-iglesia-vive-con-mucho-fruto-2\/","title":{"rendered":"El servicio de los Misioneros de la Misericordia: una experiencia de gracia que la Iglesia vive con mucho fruto"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2015\/11\/29\/REUTERS1140814_Thumbnail.JPG' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p>Con un pasaje del Evangelio seg&uacute;n <strong>San Lucas<\/strong>, Monse&ntilde;or Fernando Chica Arellano reflexiona en el programa &quot;Tu Palabra me da Vida&quot; de esta semana acerca del <strong>hambre en el mundo:&nbsp;<\/strong>&ldquo;En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jes&uacute;s para o&iacute;r la palabra de Dios, estando &eacute;l a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores hab&iacute;an desembarcado y estaban lavando las redes. Subi&oacute; a una de las barcas, la de Sim&oacute;n, y le pidi&oacute; que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, ense&ntilde;aba a la gente. Cuando acab&oacute; de hablar, dijo a Sim&oacute;n: &lsquo;Rema mar adentro, y echad las redes para pescar&rsquo;&rdquo; (Lucas 5,1-4).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_9566539\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00569318.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>En estas palabras dirigidas por Jes&uacute;s a Pedro, encontramos la<strong> llamada del Se&ntilde;or <\/strong>a adentrarnos en nuestro mundo, en el futuro, como un compromiso de la Iglesia entera al servicio de Dios, que conlleva la ayuda a los hombres, entre los que se incluyen, de manera especial, <strong>los hambrientos<\/strong>. Tenemos que ayudarlos y no de manera superficial. Hemos de hacerlo con hondura, sin quedarnos en los bordes de su problema, sino adentr&aacute;ndonos hasta el fondo de su dolor y sus miedos, de su impotencia y amargura, para sacarlos de esa marea de la angustia y llevarlos a las playas hermosas de la solidaridad y la justicia, de la <strong>dignidad <\/strong>y la <strong>plenitud de vida<\/strong>.<\/p>\n<p>En el mundo son unos<strong> ochocientos millones <\/strong>de personas las que experimentan el azote del <strong>hambre<\/strong>. Muchos de ellos son ni&ntilde;os y mujeres, que ven c&oacute;mo sus d&iacute;as pasan bajo esa nube oscura y mortecina de no tener nada que llevarse a la boca. Viven una triste realidad que merma su presente y desdibuja su futuro. El hambre nos habla de una necesidad urgente en muchas personas; de un vac&iacute;o que les impide realizarse debidamente. Hablar de hambre es hablar de unas vidas que est&aacute;n terriblemente amenazadas y preteridas.<\/p>\n<p>No se puede decir, en pleno siglo XXI, que existen ochocientos millones de hambrientos sin que te den ganas de llorar y gritar. Las del hambre son <strong>cifras vergonzantes, escandalosas e hirientes<\/strong>. Pero aunque s&oacute;lo fuera <strong>una persona<\/strong> la que careciera de lo m&aacute;s elemental para vivir, ya nos encontrar&iacute;amos ante una enorme injusticia. Una sola agon&iacute;a producida por el hambre, un solo est&oacute;mago hinchado por el hambre&#8230; tendr&iacute;a que ser suficiente para que tocase nuestro coraz&oacute;n y lo sacara de esa mediocridad que tantas veces nos anquilosa y evade, nos a&iacute;sla e insensibiliza.<\/p>\n<p>Hoy, Jes&uacute;s nos dice a ti y a m&iacute;: <strong>&lsquo;Rema mar adentro&rsquo;<\/strong>. No mires a los pobres desde la distancia de tu comodidad, no te quedes lejos de ellos. <strong>Ad&eacute;ntrate en su vida<\/strong>. Hoy Cristo se dirige a ti y a m&iacute;, dici&eacute;ndonos: &ldquo;S&eacute; sensible ante el hambre de pan y ante la sed; ante la necesidad de justicia&rdquo;.<\/p>\n<p>Para ayudarnos a ayudar a los que sufren, son muy oportunas unas palabras de <strong>San Juan Pablo II<\/strong>, escritas en su Mensaje para la celebraci&oacute;n de la Jornada mundial de la paz, del 1 de enero de<strong> 1998<\/strong>. Dec&iacute;a el santo pont&iacute;fice: &ldquo;En definitiva, el desaf&iacute;o consiste en asegurar una globalizaci&oacute;n en la solidaridad, una globalizaci&oacute;n sin dejar a nadie al margen. He aqu&iacute; un evidente deber de justicia, que comporta notables implicaciones morales en la organizaci&oacute;n de la vida econ&oacute;mica, social, cultural y pol&iacute;tica de las Naciones&rdquo;.<\/p>\n<p>Que nadie que sufra, que ning&uacute;n indigente quede al margen de nuestra caridad. Nadie, ni siquiera uno. Que lo mismo que los pobres ocupan en el coraz&oacute;n de Dios un lugar preferencial, igual lo ocupen en el nuestro. A este respecto, el <strong>Papa Francisco<\/strong>, en la exhortaci&oacute;n <strong>Evangelli Gaudium<\/strong>, nos recuerda que &ldquo;sin la opci&oacute;n preferencial por los m&aacute;s pobres, el anuncio del Evangelio, aun siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en el mar de palabras al que la actual sociedad de la comunicaci&oacute;n nos somete cada d&iacute;a&rdquo; (n. 199).<\/p>\n<p>Que los necesitados <strong>nos hagan descubrir<\/strong> la posibilidad de llevar una vida m&aacute;s sobria, menos derrochadora, m&aacute;s generosa, menos caprichosa, m&aacute;s sencilla y menos consumista. No se trata de acumular m&aacute;s, sino de <strong>repartir mejor<\/strong>. El amor social, la solidaridad ha de llegar a ser un est&iacute;mulo para el trabajo y un apartado real en las previsiones econ&oacute;micas. Mientras tanto, volvamos a escuchar la Palabra de Cristo:&nbsp; &ldquo;Rema mar adentro&rdquo;. Que nuestra respuesta sea: &ldquo;Lo haremos, Se&ntilde;or, lo haremos. Aqu&iacute; estamos, m&aacute;ndanos, queremos servir, compartir fe, amor, vida y bienes&rdquo;.<\/p>\n<p>(Mireia Bonilla para RV)<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con un pasaje del Evangelio seg&uacute;n San Lucas, Monse&ntilde;or Fernando Chica Arellano reflexiona en el programa &quot;Tu Palabra me da Vida&quot; de esta semana acerca del hambre en el mundo:&nbsp;&ldquo;En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jes&uacute;s para o&iacute;r la palabra de Dios, estando &eacute;l a orillas del lago de Genesaret. 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