{"id":11835,"date":"2017-02-13T10:40:04","date_gmt":"2017-02-13T15:40:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/logo-y-lema-del-viaje-del-papa-a-fatima-con-ocasion-del-centenario-de-las-apariciones\/"},"modified":"2017-02-13T10:40:04","modified_gmt":"2017-02-13T15:40:04","slug":"logo-y-lema-del-viaje-del-papa-a-fatima-con-ocasion-del-centenario-de-las-apariciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/logo-y-lema-del-viaje-del-papa-a-fatima-con-ocasion-del-centenario-de-las-apariciones\/","title":{"rendered":"Logo y lema del viaje del Papa a F\u00e1tima con ocasi\u00f3n del centenario de las apariciones"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/02\/13\/1903683_Thumbnail.jpg' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_9604718\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00569772.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>(RV).- La destrucci&oacute;n de las familias y de los pueblos comienza a partir de los peque&ntilde;os celos y envidias, por lo que es necesario detener al inicio los resentimientos que suprimen la hermandad. Lo afirm&oacute; el <strong>Santo Padre <\/strong>en su homil&iacute;a de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Una Misa que el <strong>Pont&iacute;fice<\/strong> ofreci&oacute; por el Padre Adolfo Nicol&aacute;s, quien fue Prep&oacute;sito General de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s desde el a&ntilde;o 2008 y hasta el 2016, quien est&aacute; a punto de regresar a Oriente donde seguir&aacute; trabajando. &ldquo;Que el Se&ntilde;or &ndash; dijo <strong>Francisco<\/strong> &ndash; le retribuya todo el bien hecho y que lo acompa&ntilde;e en su nueva misi&oacute;n. Gracias, Padre Nicol&aacute;s&rdquo;. Asimismo participaron en esta celebraci&oacute;n los miembros del Consejo de los Nueve Cardenales que se encuentran en la Ciudad del Vaticano con motivo de su XVIII reuni&oacute;n.<\/p>\n<p><strong>Hermandad destruida por las peque&ntilde;as cosas<\/strong><\/p>\n<p>El Papa comenz&oacute; su reflexi&oacute;n a partir de la primera Lectura, tomada del libro del G&eacute;nesis, que habla de Ca&iacute;n y Abel. Y puso de manifiesto que por primera vez en la Biblia &ldquo;se dice la palabra hermano&rdquo;. Es la historia &ldquo;de una hermandad que deb&iacute;a crecer, ser bella, y que termina destruida&rdquo;. Una historia &ndash; observ&oacute; <strong>Francisco<\/strong> &ndash; que comienza &ldquo;con peque&ntilde;os celos&rdquo;: Ca&iacute;n est&aacute; irritado porque su sacrificio no es agradable a Dios e inicia a cultivar aquel sentimiento dentro de s&iacute;. Podr&iacute;a controlarlo, pero no lo hace:<\/p>\n<p>&ldquo;Y Ca&iacute;n prefiri&oacute; el instinto, prefiri&oacute; cocinar dentro de s&iacute; este sentimiento, agrandarlo, dejarlo crecer. Este pecado que cometer&aacute; despu&eacute;s, que est&aacute; agazapado detr&aacute;s del sentimiento. Y crece. Crece. As&iacute; crecen las hostilidades entre nosotros: comienzan con una peque&ntilde;a cosa, celos, envidia y despu&eacute;s esto crece y vemos la vida s&oacute;lo desde aquel punto y aquella brizna se vuelve para nosotros una viga, pero la viga la tenemos nosotros, pero est&aacute; all&iacute;. Y nuestra vida gira en torno a aquello y aquello destruye el v&iacute;nculo de hermandad, destruir la fraternidad&rdquo;.<\/p>\n<p><strong>El resentimiento no es cristiano<\/strong><\/p>\n<p>Poco a poco se llega a estar &ldquo;obsesionados, perseguidos&rdquo; por aquel mal, que crece cada vez m&aacute;s:<\/p>\n<p>&ldquo;Y as&iacute; crece, crece la hostilidad y se termina mal. Siempre. Yo me separo de mi hermano, &eacute;ste no es mi hermano, &eacute;ste es un enemigo, &eacute;ste debe ser destruido, echado&hellip; y as&iacute; la gente se destruye, as&iacute; las enemistades destruyen a las familias, a los pueblos, &iexcl;todo! Ese amargarse la vida, siempre obsesionado con aquello. Esto ha sucedido a Ca&iacute;n, y al final mat&oacute; a su hermano. No: no hay hermano. S&oacute;lo yo existo. No hay hermandad. S&oacute;lo yo existo. Esto que ha sucedido al inicio, nos sucede a todos nosotros, la posibilidad; pero este proceso debe ser detenido inmediatamente, al inicio, ante la primera amargura, detenerse. La amargura no es cristiana. El dolor s&iacute;, la amargura no. El resentimiento no es cristiano. El dolor s&iacute;, el resentimiento no. Cu&aacute;ntas enemistades, cu&aacute;ntas desavenencias&rdquo;.<\/p>\n<p><strong>La sangre de tanta gente en el mundo grita a Dios desde el suelo<\/strong><\/p>\n<p>Participaron en esta Misa algunos nuevos p&aacute;rrocos, por lo que el <strong>Papa<\/strong> dijo: &ldquo;Tambi&eacute;n en nuestros presb&iacute;teros, en nuestros colegios episcopales: &iexcl;cu&aacute;ntas rupturas comienzan as&iacute;! Pero, &iquest;por qu&eacute; a &eacute;ste le dieron aquella sede y no a m&iacute;? &iquest;Y por qu&eacute; a &eacute;ste? Y&hellip; peque&ntilde;as cosas&hellip; rupturas&hellip; Se destruye la hermandad&rdquo;. Y Dios pregunta: &ldquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; Abel, tu hermano?&rdquo;.&nbsp; La respuesta de Ca&iacute;n &ldquo;es ir&oacute;nica&rdquo;: &ldquo;No s&eacute;: &iquest;acaso soy yo el custodio de mi hermano?&rdquo;. &ldquo;S&iacute;, t&uacute; eres el custodio de tu hermano&rdquo;. Y el Se&ntilde;or dice: &ldquo;La voz de la sangre de tu hermano me grita desde el suelo&rdquo;. Cada uno de nosotros &ndash; afirm&oacute; el <strong>Pont&iacute;fice<\/strong>, incluy&eacute;ndose en la lista &ndash; puede decir que jam&aacute;s ha matado: pero &ldquo;si t&uacute; tienes un sentimiento malo hacia tu hermano, lo has matado; si t&uacute; insultas a tu hermano, lo has matado en tu coraz&oacute;n. Matar es un proceso que comienza desde lo peque&ntilde;o&rdquo;. As&iacute;, sabemos &ldquo;d&oacute;nde est&aacute;n aquellos que son bombardeados&rdquo; o &ldquo;que son expulsados&rdquo; pero &ldquo;&eacute;stos no son hermanos&rdquo;:<\/p>\n<p>&ldquo;Y cu&aacute;ntos poderosos de la Tierra pueden decir esto&hellip; &lsquo;A m&iacute; me interesa este territorio, a m&iacute; me interesa esto pedazo de tierra, este otro&hellip; si la bomba cae y mata a doscientos ni&ntilde;os, no es mi culpa: es culpa de la bomba. A m&iacute; me interesa el territorio&hellip;&rsquo;. Y todo comienza a partir de aquel sentimiento que te lleva a separarte, a decir al otro: &lsquo;Este es fulano, &eacute;ste es as&iacute;, pero no es hermano&hellip;&rsquo;, y termina en la guerra que mata. Pero t&uacute; has matado al inicio. Este es el proceso de la sangre, y hoy la sangre de tanta gente en el mundo grita a Dios desde el suelo. Pero todo est&aacute; relacionado, &iexcl;eh! Aquella sangre all&aacute; tiene una relaci&oacute;n &ndash; tal vez una peque&ntilde;a gota de sangre &ndash; que con mi envidia, mis celos yo he hecho salir, cuando he destruido una hermandad&rdquo;.<\/p>\n<p><strong>Una lengua que destruye al pr&oacute;jimo<\/strong><\/p>\n<p>Que el Se&ntilde;or &ndash; fue la oraci&oacute;n conclusiva de <strong>Francisco<\/strong> &ndash; nos ayude hoy a repetir esta pregunta suya: &ldquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; tu hermano?&rdquo;, y que nos ayude a pensar en aquellos a los que &ldquo;destruimos con la lengua&rdquo; y &ldquo;a todos aquellos que en el mundo son tratados como cosas y no como hermanos, porque es m&aacute;s importante un pedazo de tierra que el lazo de la hermandad&rdquo;.<\/p>\n<p>(Mar&iacute;a Fernanda Bernasconi &#8211; RV).<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- La destrucci&oacute;n de las familias y de los pueblos comienza a partir de los peque&ntilde;os celos y envidias, por lo que es necesario detener al inicio los resentimientos que suprimen la hermandad. 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