{"id":13001,"date":"2017-03-23T08:40:05","date_gmt":"2017-03-23T13:40:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/la-iglesia-puede-y-debe-ayudar-al-renacer-de-europa-resuenan-las-palabras-del-papa-francisco\/"},"modified":"2017-03-23T08:40:05","modified_gmt":"2017-03-23T13:40:05","slug":"la-iglesia-puede-y-debe-ayudar-al-renacer-de-europa-resuenan-las-palabras-del-papa-francisco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/la-iglesia-puede-y-debe-ayudar-al-renacer-de-europa-resuenan-las-palabras-del-papa-francisco\/","title":{"rendered":"La Iglesia puede y debe ayudar al renacer de Europa, resuenan las palabras del Papa Francisco"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/03\/23\/1920125_Thumbnail.jpg' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_9965872\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00574847.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>(RV).- Escuchar la Palabra de Dios para evitar el riesgo de que el coraz&oacute;n se endurezca. Lo pidi&oacute; el <strong>Santo Padre<\/strong> en su homil&iacute;a de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. <strong>Francisco<\/strong> subray&oacute; que cuando nos alejamos de Dios nos volvemos sordos a su Palabra y llegamos a ser cat&oacute;licos infieles e incluso &ldquo;cat&oacute;licos ateos&rdquo;.<\/p>\n<p>El <strong>Papa Bergoglio<\/strong> se inspir&oacute; en la Primera Lectura &ndash; un pasaje tomado del Libro del Profeta Jerem&iacute;as &ndash; para desarrollar una meditaci&oacute;n acerca de la escucha de la Palabra de Dios. &ldquo;Cuando nosotros no nos detenemos a escuchar la voz del Se&ntilde;or&nbsp; &ndash; subray&oacute; el <strong>Pont&iacute;fice<\/strong> &ndash; terminamos por alejarnos, nos alejamos de &Eacute;l, le damos la espala. Y si no se escucha la voz del Se&ntilde;or, se escuchan otras voces&rdquo;.<\/p>\n<p><strong>Si no escuchamos la Palabra de Dios, al final escuchamos a los &iacute;dolos del mundo<\/strong><\/p>\n<p>Al &nbsp;final &ndash; constat&oacute; con aflicci&oacute;n el <strong>Santo Padre<\/strong> &ndash; a fuerza de cerrar los o&iacute;dos, &ldquo;nos volvemos sordos: sordos a la Palabra de Dios&rdquo;.<\/p>\n<p>&ldquo;Y todos nosotros, si hoy nos detenemos un poco y miramos nuestro coraz&oacute;n, veremos cu&aacute;ntas veces&nbsp; &ndash; &iexcl;cu&aacute;ntas veces! &ndash; hemos cerrado los o&iacute;dos y cu&aacute;ntas veces nos hemos vuelto sordos. Y cuando un pueblo, una comunidad, digamos tambi&eacute;n una comunidad cristiana, una parroquia, una di&oacute;cesis, cierra los o&iacute;dos y se vuelve sorda a la Palabra del Se&ntilde;or, busca otras voces, otros se&ntilde;ores, y termina con los &iacute;dolos, los &iacute;dolos que el mundo, la mundanidad, la sociedad, le ofrecen. Se aleja de Dios vivo&rdquo;.<\/p>\n<p><strong>Si el coraz&oacute;n se endurece, nos convertimos en &ldquo;cat&oacute;licos paganos&rdquo; e incluso en &ldquo;cat&oacute;licos ateos&rdquo;<\/strong><\/p>\n<p>Cuando nos alejamos del Se&ntilde;or &ndash; prosigui&oacute; diciendo el <strong>Obispo de Roma<\/strong> &ndash; nuestro coraz&oacute;n se endurece. Cuando &ldquo;no se escucha &ndash; reafirm&oacute; &ndash; el coraz&oacute;n se vuelve m&aacute;s duro, m&aacute;s cerrado en s&iacute; mismo, pero duro e incapaz de recibir algo; no s&oacute;lo cerraz&oacute;n, sino dureza de coraz&oacute;n&rdquo;. Vive entonces &ldquo;en aquel mundo, en aquel clima que no le hace bien. Lo aleja cada d&iacute;a m&aacute;s de Dios&rdquo;:<\/p>\n<p>&ldquo;Y estas dos cosas &ndash; no escuchar la Palabra de Dios y el coraz&oacute;n endurecido, cerrado en s&iacute; mismo &ndash; hacen que se pierda la fidelidad. Se pierde el sentido de la fidelidad. Dice la Primera Lectura, el Se&ntilde;or, all&iacute;: &lsquo;La fidelidad ha desaparecido&rsquo;, y nos convertimos en cat&oacute;licos infieles, cat&oacute;licos paganos o, peor a&uacute;n, en cat&oacute;licos ateos, porque no tenemos una referencia de amor a Dios vivo. No escuchar y dar la espalda &ndash; lo que hace que se nos endurezca el coraz&oacute;n &ndash; nos lleva por el camino de la infidelidad&rdquo;.<\/p>\n<p>&ldquo;Esta infidelidad, &iquest;c&oacute;mo se colma?&rdquo;, se pregunt&oacute; el <strong>Papa<\/strong>. &ldquo;Se colma con la confusi&oacute;n &ndash; dijo &ndash; no se sabe d&oacute;nde est&aacute; Dios, d&oacute;nde no est&aacute;, se confunde a Dios con el diablo&rdquo;. Aludiendo al Evangelio del d&iacute;a, <strong>Francisco<\/strong> puso de manifiesto que &ldquo;a Jes&uacute;s, que hace milagros, que hace tantas cosas para la salvaci&oacute;n y la gente est&aacute; contenta, feliz, y le dice: &lsquo;Y esto lo hace porque es un hijo del diablo. Tiene el poder de Belceb&uacute;&rsquo;&rdquo;.<\/p>\n<p><strong>Pregunt&eacute;monos si verdaderamente escuchamos la Palabra de Dios o si endurecemos el coraz&oacute;n<\/strong><\/p>\n<p>&ldquo;&Eacute;sta &ndash; dijo el <strong>Sucesor de Pedro<\/strong> &ndash; es la blasfemia. La blasfemia es la palabra final de este itinerario que comienza con el no escuchar, lo que endurece el coraz&oacute;n&rdquo;, lo que &ldquo;lleva a la confusi&oacute;n, te hace olvidar la fidelidad y, al final, dices blasfemias&rdquo;. Pobre aquel pueblo &ndash; a&ntilde;adi&oacute; el <strong>Papa<\/strong> &ndash; que se olvida del estupor del primer encuentro con Jes&uacute;s:<\/p>\n<p>&ldquo;Cada uno de nosotros hoy puede preguntarse: &lsquo;&iquest;Me detengo a escuchar la Palabra de Dios? &iquest;Tomo la Biblia en la mano, &nbsp;que me est&aacute; hablando a m&iacute;? &iquest;Mi coraz&oacute;n se ha endurecido? &iquest;Me he alejado del Se&ntilde;or? &iquest;He perdido la fidelidad al Se&ntilde;or y vivo con los &iacute;dolos que me ofrece la mundanidad de cada d&iacute;a? &iquest;He perdido la alegr&iacute;a del estupor del primer encuentro con Jes&uacute;s?&rsquo;. Hoy es una jornada para escuchar. &lsquo;Escuchar, hoy, la voz del Se&ntilde;or, hemos orado. &lsquo;No endurezcan su coraz&oacute;n&rsquo;. Pidamos esta gracia: la gracia de escuchar para que nuestro coraz&oacute;n no se endurezca&rdquo;.<\/p>\n<p>(Mar&iacute;a Fernanda Bernasconi &#8211; RV).<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- Escuchar la Palabra de Dios para evitar el riesgo de que el coraz&oacute;n se endurezca. Lo pidi&oacute; el Santo Padre en su homil&iacute;a de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. 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