{"id":13070,"date":"2017-03-25T03:40:04","date_gmt":"2017-03-25T08:40:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/te-agradecemos-por-el-don-del-papa-francisco-rezan-en-milan-con-la-llegada-del-papa\/"},"modified":"2017-03-25T03:40:04","modified_gmt":"2017-03-25T08:40:04","slug":"te-agradecemos-por-el-don-del-papa-francisco-rezan-en-milan-con-la-llegada-del-papa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/te-agradecemos-por-el-don-del-papa-francisco-rezan-en-milan-con-la-llegada-del-papa\/","title":{"rendered":"Te agradecemos por el don del Papa Francisco rezan en Mil\u00e1n con la llegada del Papa"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/03\/24\/RV24303_Thumbnail.jpg' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_9980313\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00575094.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>(RV).- El Papa Francisco volvi&oacute; a encontrar a los jefes de Estado y de gobierno de Europa con motivo de la celebraci&oacute;n del sexag&eacute;simo aniversario del Tratado de Roma, que dio existencia a la Comunidad Econ&oacute;mica Europea (CEE), y que en estos d&iacute;as se celebra en la capital italiana. &nbsp;El encuentro se llev&oacute; a cabo la tarde del viernes 24 en la Sala Regia del Palacio Apost&oacute;lico, donde hace menos de un a&ntilde;o el Papa acogi&oacute; a los l&iacute;deres de los pa&iacute;ses europeos luego de la entrega del Premio Carlomagno, que el Obispo de Roma acept&oacute; dedic&aacute;ndolo a la paz. El de este viernes es el tercer encuentro con representantes de Europa de Francisco, que el 2014 visit&oacute; el Parlamento europeo en Estrasburgo. Los jefes de Estado y de gobierno de la Uni&oacute;n Europea y sus delegaciones presentes hoy fueron 27, adem&aacute;s de los representantes de las instituciones europeas: Antonio Tajani, Presidente del Parlamento Europeo; Donald Tusk, Presidente del Consejo Europeo, y Jean-Claude Junker, Presidente de la Comisi&oacute;n Europea. Antes del discurso del Papa, intervinieron el Presidente del Consejo de ministros italiano Paolo Gentiloni, y el Presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani.<\/p>\n<p>En su discurso el Papa observ&oacute; que volver a Roma, &ldquo;donde se sentaron las bases pol&iacute;ticas, jur&iacute;dicas y sociales de nuestra civilizaci&oacute;n&rdquo;, sesenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde, no puede ser s&oacute;lo un viaje al pasado, sino m&aacute;s bien el deseo de redescubrir la memoria viva de ese evento para comprender su importancia en el presente. &ldquo;Es necesario conocer bien los desaf&iacute;os de entonces para hacer frente a los de hoy y a los del futuro&rdquo;, precis&oacute;, agregando que el 25 de marzo de 1957 fue un d&iacute;a cargado de expectaci&oacute;n y esperanzas, entusiasmos y emociones, una fecha &uacute;nica en la historia. &ldquo;El recuerdo de ese d&iacute;a est&aacute; unido a las esperanzas actuales y a las expectativas de los pueblos europeos que piden discernir el presente para continuar con renovado vigor y confianza el camino comenzado&rdquo;. &ldquo;Los Padres fundadores nos recuerdan que Europa no es un conjunto de normas que cumplir, o un manual de protocolos y procedimientos que seguir. Es una vida, una manera de concebir al hombre a partir de su dignidad trascendente e inalienable y no s&oacute;lo como un conjunto de derechos que hay que defender o de pretensiones que reclamar&rdquo;, puntualiz&oacute;. &nbsp;<\/p>\n<p>El Obispo de Roma se formul&oacute; las siguientes preguntas: &iquest;Cu&aacute;l es la herencia de los Padres fundadores? &iquest;Qu&eacute; prospectivas nos indican para afrontar los desaf&iacute;os que nos aguardan? &iquest;Qu&eacute; esperanza para la Europa de hoy y de ma&ntilde;ana?<\/p>\n<p>&ldquo;La respuesta la encontramos precisamente en los pilares sobre los que ellos han querido edificar la Comunidad econ&oacute;mica europea: la centralidad del hombre, una solidaridad eficaz, la apertura al mundo, la b&uacute;squeda de la paz y el desarrollo, la apertura al futuro. A quien gobierna le corresponde discernir los caminos de la esperanza, identificar los procesos concretos para hacer que los pasos realizados hasta ahora no se dispersen, sino que aseguren un camino largo y fecundo&rdquo;.<\/p>\n<p>El Santo Padre volvi&oacute; a insistir en que Europa encuentra de nuevo esperanza cada vez que pone al hombre en el centro y en el coraz&oacute;n de las instituciones. &ldquo;Considero- a&ntilde;adi&oacute;- que esto implica la escucha atenta y confiada de las instancias que provienen tanto de los individuos como de la sociedad y de los pueblos que componen la Uni&oacute;n&rdquo;.<\/p>\n<p>(RC-RV)<\/p>\n<p><strong>Discurso del papa Francisco<\/strong><\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_9981153\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00575097.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>Distinguidos invitados<\/p>\n<p>Les doy las gracias por su presencia aqu&iacute; esta tarde, en la v&iacute;spera del 60 aniversario de la firma de los Tratados constitutivos de la Comunidad Econ&oacute;mica Europea y la Comunidad Europea de la Energ&iacute;a At&oacute;mica. Quiero manifestarles el afecto de la Santa Sede hacia sus respectivos pa&iacute;ses y al conjunto de Europa, y a cuyos destinos, por disposici&oacute;n de la Providencia, se siente inseparablemente unida. Dirijo un especial agradecimiento al Honorable Paolo Gentiloni, Presidente del Consejo de Ministros de la Rep&uacute;blica Italiana, por las deferentes palabras que ha pronunciado en nombre de todos y por el trabajo que Italia ha realizado para organizar este encuentro; as&iacute; como al Honorable Antonio Tajani, Presidente del Parlamento Europeo, que ha dado voz a las esperanzas de los pueblos de la Uni&oacute;n en este aniversario.<\/p>\n<p>Volver a Roma sesenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde no puede ser s&oacute;lo un viaje al pasado, sino m&aacute;s bien el deseo de redescubrir la memoria viva de ese evento para comprender su importancia en el presente. Es necesario conocer bien los desaf&iacute;os de entonces para hacer frente a los de hoy y a los del futuro. Con sus narraciones, llenas de evocaciones, la Biblia nos ofrece un m&eacute;todo pedag&oacute;gico fundamental: la &eacute;poca en que vivimos no se puede entender sin el pasado, el cual no hay que considerarlo como un conjunto de sucesos lejanos, sino como la savia vital que irriga el presente. Sin esa conciencia la realidad pierde su unidad, la historia su hilo l&oacute;gico y la humanidad pierde el sentido de sus actos y la direcci&oacute;n de su futuro.<\/p>\n<p>El 25 de marzo de 1957 fue un d&iacute;a cargado de expectaci&oacute;n y esperanzas, entusiasmos y emociones, y s&oacute;lo un acontecimiento excepcional, po00r su alcance y sus consecuencias hist&oacute;ricas, pudo hacer que fuera una fecha &uacute;nica en la historia. El recuerdo de ese d&iacute;a est&aacute; unido a las esperanzas actuales y a las expectativas de los pueblos europeos que piden discernir el presente para continuar con renovado vigor y confianza el camino comenzado.<\/p>\n<p>Eran muy conscientes de ello los Padres fundadores y los l&iacute;deres que, poniendo su firma en los dos Tratados, dieron vida a aquella realidad pol&iacute;tica, econ&oacute;mica, cultural, pero sobre todo humana, que hoy llamamos la Uni&oacute;n Europea. Por otro lado, como dijo el Ministro de Asuntos Exteriores belga Spaak, se trataba, &laquo;es cierto, del bienestar material de nuestros pueblos, de la expansi&oacute;n de nuestras econom&iacute;as, del progreso social, de posibilidades comerciales e industriales totalmente nuevas, pero sobre todo (&#8230;) [de] una concepci&oacute;n de la vida a medida del hombre, fraterna y justa&raquo;.[1]<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de los a&ntilde;os oscuros y sangrientos de la Segunda Guerra Mundial, los l&iacute;deres de la &eacute;poca tuvieron fe en las posibilidades de un futuro mejor, &laquo;no pecaron de falta de audacia y no actuaron demasiado tarde. El recuerdo de las desgracias del pasado y de sus propias culpas parece que les ha inspirado y les ha dado el valor para olvidar viejos enfrentamientos y pensar y actuar de una manera totalmente nueva para lograr la m&aacute;s importante transformaci&oacute;n [&#8230;] de Europa&raquo;.[2]<\/p>\n<p>Los Padres fundadores nos recuerdan que Europa no es un conjunto de normas que cumplir, o un manual de protocolos y procedimientos que seguir. Es una vida, una manera de concebir al hombre a partir de su dignidad trascendente e inalienable y no s&oacute;lo como un conjunto de derechos que hay que defender o de pretensiones que reclamar. El origen de la idea de Europa es &laquo;la figura y la responsabilidad de la persona humana con su fermento de fraternidad evang&eacute;lica, [&#8230;] con su deseo de verdad y de justicia que se ha aquilatado a trav&eacute;s de una experiencia milenaria&raquo;.[3] Roma, con su vocaci&oacute;n de universalidad,[4] es el s&iacute;mbolo de esa experiencia y por eso fue elegida como el lugar de la firma de los Tratados, porque aqu&iacute; &ndash;record&oacute; el Ministro holand&eacute;s de Asuntos Exteriores Luns&ndash; &laquo;se sentaron las bases pol&iacute;ticas, jur&iacute;dicas y sociales de nuestra civilizaci&oacute;n&raquo;.[5]<\/p>\n<p>Si estaba claro desde el principio que el coraz&oacute;n palpitante del proyecto pol&iacute;tico europeo s&oacute;lo pod&iacute;a ser el hombre, tambi&eacute;n era evidente el peligro de que los Tratados quedaran en letra muerta. Hab&iacute;a que llenarlos de esp&iacute;ritu que les diese vida. Y el primer elemento de la vitalidad europea es la solidaridad. &laquo;La Comunidad Econ&oacute;mica Europea &ndash;declar&oacute; el Primer Ministro de Luxemburgo Bech&ndash; s&oacute;lo vivir&aacute; y tendr&aacute; &eacute;xito si, durante su existencia, se mantendr&aacute; fiel al esp&iacute;ritu de solidaridad europea que la cre&oacute; y si la voluntad com&uacute;n de la Europa en gestaci&oacute;n es m&aacute;s fuerte que las voluntades nacionales&raquo;.[6] Ese esp&iacute;ritu es especialmente necesario ahora, para hacer frente a las fuerzas centr&iacute;fugas, as&iacute; como a la tentaci&oacute;n de reducir los ideales fundacionales de la Uni&oacute;n a las exigencias productivas, econ&oacute;micas y financieras.<\/p>\n<p>De la solidaridad nace la capacidad de abrirse a los dem&aacute;s. &laquo;Nuestros planes no son de tipo ego&iacute;sta&raquo;,[7] dijo el Canciller alem&aacute;n Adenauer. &laquo;Sin duda, los pa&iacute;ses que se van a unir (&#8230;) no tienen intenci&oacute;n de aislarse del resto del mundo y erigir a su alrededor barreras infranqueables&raquo;,[8] se hizo eco el Ministro de Asuntos Exteriores franc&eacute;s Pineau. En un mundo que conoc&iacute;a bien el drama de los muros y de las divisiones, se ten&iacute;a muy clara la importancia de trabajar por una Europa unida y abierta, y de esforzarse todos juntos por eliminar esa barrera artificial que, desde el Mar B&aacute;ltico hasta el Adri&aacute;tico, divid&iacute;a el Continente. &iexcl;Cu&aacute;nto se ha luchado para derribar ese muro! Sin embargo, hoy se ha perdido la memoria de ese esfuerzo. Se ha perdido tambi&eacute;n la conciencia del drama de las familias separadas, de la pobreza y la miseria que provoc&oacute; aquella divisi&oacute;n. All&iacute; donde desde generaciones se aspiraba a ver caer los signos de una enemistad forzada, ahora se discute sobre c&oacute;mo dejar fuera los &laquo;peligros&raquo; de nuestro tiempo: comenzando por la larga columna de mujeres, hombres y ni&ntilde;os que huyen de la guerra y la pobreza, que s&oacute;lo piden tener la posibilidad de un futuro para ellos y sus seres queridos.<\/p>\n<p>En el vac&iacute;o de memoria que caracteriza a nuestros d&iacute;as, a menudo se olvida tambi&eacute;n otra gran conquista fruto de la solidaridad sancionada el 25 de marzo de 1957: el tiempo de paz m&aacute;s largo de los &uacute;ltimos siglos. &laquo;Pueblos que a lo largo de los a&ntilde;os se han encontrado con frecuencia en frentes opuestos, combatiendo unos contra otros, (&#8230;) ahora, sin embargo, est&aacute;n unidos por la riqueza de sus peculiaridades nacionales&raquo;.[9] La paz se construye siempre con la aportaci&oacute;n libre y consciente de cada uno. Sin embargo, &laquo;para muchos la paz es de alguna manera un bien que se da por descontado&raquo;[10] y as&iacute; no es dif&iacute;cil que se acabe por considerarla superflua. Por el contrario, la paz es un bien valioso y esencial, ya que sin ella no es posible construir un futuro para nadie, y se termine por &laquo;vivir al d&iacute;a&raquo;.<\/p>\n<p>La unidad de Europa es fruto, en efecto, de un proyecto claro, bien definido, debidamente ponderado, si bien al principio todav&iacute;a muy incipiente. Todo buen proyecto mira hacia el futuro y el futuro son los j&oacute;venes, llamados a hacer realidad las promesas del ma&ntilde;ana.[11] Los Padres fundadores, por tanto, ten&iacute;an clara la conciencia de formar parte de una empresa colectiva, que no s&oacute;lo traspasaba las fronteras de los Estados, sino tambi&eacute;n las del tiempo, a fin de unir a las generaciones entre s&iacute;, todas igualmente part&iacute;cipes en la construcci&oacute;n de la casa com&uacute;n.<\/p>\n<p>Distinguidos invitados:<\/p>\n<p>A los Padres de Europa he dedicado esta primera parte de mi intervenci&oacute;n, para que nos dejemos interpelar por sus palabras, por la actualidad de su pensamiento, por el apasionado compromiso en favor del bien com&uacute;n que los ha caracterizado, por la convicci&oacute;n de formar parte de una obra m&aacute;s grande que sus propias personas y por la amplitud del ideal que los animaba. Su denominador com&uacute;n era el esp&iacute;ritu de servicio, unido a la pasi&oacute;n pol&iacute;tica, y a la conciencia de que &laquo;en el origen de la civilizaci&oacute;n europea se encuentra el cristianismo&raquo;,[12] sin el cual los valores occidentales de la dignidad, libertad y justicia resultan incomprensibles. &laquo;Y todav&iacute;a en nuestros d&iacute;as \u2015afirmaba san Juan Pablo II\u2015 el alma de Europa permanece unida porque, adem&aacute;s de su origen com&uacute;n, tiene id&eacute;nticos valores cristianos y humanos, como son los de la dignidad de la persona humana, del profundo sentimiento de justicia y libertad, de laboriosidad, de esp&iacute;ritu de iniciativa, de amor a la familia, de respeto a la vida, de tolerancia y de deseo de cooperaci&oacute;n y de paz, que son notas que la caracterizan&raquo;.[13] En nuestro mundo multicultural tales valores seguir&aacute;n teniendo plena ciudadan&iacute;a si saben mantener su nexo vital con la ra&iacute;z que los engendr&oacute;. En la fecundidad de tal nexo est&aacute; la posibilidad de edificar sociedades aut&eacute;nticamente laicas, sin contraposiciones ideol&oacute;gicas, en las que encuentran igualmente su lugar el oriundo, el aut&oacute;ctono, el creyente y el no creyente. En los &uacute;ltimos sesenta a&ntilde;os el mundo ha cambiado mucho. Si los Padres fundadores, que hab&iacute;an sobrevivido a un conflicto devastador, estaban animados por la esperanza de un futuro mejor y con una voluntad firme lo persegu&iacute;an, para evitar que surgieran nuevos conflictos, nuestra &eacute;poca est&aacute; m&aacute;s dominada por el concepto de crisis. Est&aacute; la crisis econ&oacute;mica, que ha marcado el &uacute;ltimo decenio, la crisis de la familia y de los modelos sociales consolidados, est&aacute; la difundida &laquo;crisis de las instituciones&raquo; y la crisis de los emigrantes: tantas crisis, que esconden el miedo y la profunda desorientaci&oacute;n del hombre contempor&aacute;neo, que exigen una nueva hermen&eacute;utica para el futuro. A pesar de todo, el t&eacute;rmino &laquo;crisis&raquo; no tiene por s&iacute; mismo una connotaci&oacute;n negativa. No se refiere solamente a un mal momento que hay que superar. La palabra crisis tiene su origen en el verbo griego crino (&kappa;&rho;\u03af&nu;&omega;), que significa investigar, valorar, juzgar. Por esto, nuestro tiempo es un tiempo de discernimiento, que nos invita a valorar lo esencial y a construir sobre ello; es, por lo tanto, un tiempo de desaf&iacute;os y de oportunidades.<\/p>\n<p>Entonces, &iquest;cu&aacute;l es la hermen&eacute;utica, la clave interpretativa con la que podemos leer las dificultades del momento presente y encontrar respuestas para el futuro? Evocar las ideas de los Padres ser&iacute;a en efecto est&eacute;ril si no sirviera para indicarnos un camino, si no se convirtiera en est&iacute;mulo para el futuro y en fuente de esperanza. Cada organismo que pierde el sentido de su camino, que pierde este mirar hacia delante, sufre primero una involuci&oacute;n y al final corre el riesgo de morir. &iquest;Cu&aacute;l es la herencia de los Padres fundadores? &iquest;Qu&eacute; prospectivas nos indican para afrontar los desaf&iacute;os que nos aguardan? &iquest;Qu&eacute; esperanza para la Europa de hoy y de ma&ntilde;ana?<\/p>\n<p>La respuesta la encontramos precisamente en los pilares sobre los que ellos han querido edificar la Comunidad econ&oacute;mica europea y que ya he mencionado: la centralidad del hombre, una solidaridad eficaz, la apertura al mundo, la b&uacute;squeda de la paz y el desarrollo, la apertura al futuro. A quien gobierna le corresponde discernir los caminos de la esperanza, identificar los procesos concretos para hacer que los pasos realizados hasta ahora no se dispersen, sino que aseguren un camino largo y fecundo.<\/p>\n<p>Europa encuentra de nuevo esperanza cada vez que pone al hombre en el centro y en el coraz&oacute;n de las instituciones. Considero que esto implica la escucha atenta y confiada de las instancias que provienen tanto de los individuos como de la sociedad y de los pueblos que componen la Uni&oacute;n. Desgraciadamente, a menudo se tiene la sensaci&oacute;n de que se est&aacute; produciendo una &laquo;separaci&oacute;n afectiva&raquo; entre los ciudadanos y las Instituciones europeas, con frecuencia percibidas como lejanas y no atentas a las distintas sensibilidades que constituyen la Uni&oacute;n. Afirmar la centralidad del hombre significa tambi&eacute;n encontrar el esp&iacute;ritu de familia, con el que cada uno contribuye libremente, seg&uacute;n las propias capacidades y dones, a la casa com&uacute;n. Es oportuno tener presente que Europa es una familia de pueblos[14] y, como en toda buena familia, existen susceptibilidades diferentes, pero todos podr&aacute;n crecer en la medida en que est&eacute;n unidos. La Uni&oacute;n Europea nace como unidad de las diferencias y unidad en las diferencias. Por eso las peculiaridades no deben asustar, ni se puede pensar que la unidad se preserva con la uniformidad. Esa unidad es m&aacute;s bien la armon&iacute;a de una comunidad. Los padres fundadores escogieron precisamente este t&eacute;rmino como punto central de las entidades que nac&iacute;an de los Tratados, acentuando el hecho de que se pon&iacute;an en com&uacute;n los recursos y los talentos de cada uno. Hoy la Uni&oacute;n Europea tiene necesidad de redescubrir el sentido de ser ante todo &laquo;comunidad&raquo; de personas y de pueblos, consciente de que &laquo;el todo es m&aacute;s que la parte, y tambi&eacute;n es m&aacute;s que la mera suma de ellas&raquo;,[15] y por lo tanto &laquo;hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiar&aacute; a todos&raquo;[16]. Los Padres fundadores buscaban aquella armon&iacute;a en la que el todo est&aacute; en cada una de las partes, y las partes est&aacute;n \u2015cada una con su originalidad\u2015 en el todo.<\/p>\n<p>Europa vuelve a encontrar esperanza en la solidaridad, que es tambi&eacute;n el ant&iacute;doto m&aacute;s eficaz contra los modernos populismos. La solidaridad comporta la conciencia de formar parte de un solo cuerpo, y al mismo tiempo implica la capacidad que cada uno de los miembros tiene para &laquo;simpatizar&raquo; con el otro y con el todo. Si uno sufre, todos sufren (cf. 1 Co 12,26). Por eso, hoy tambi&eacute;n nosotros lloramos con el Reino Unido por las v&iacute;ctimas del atentado que ha golpeado en Londres hace dos d&iacute;as.&nbsp; La solidaridad no es s&oacute;lo un buen prop&oacute;sito: est&aacute; compuesta de hechos y gestos concretos que acercan al pr&oacute;jimo, sea cual sea la condici&oacute;n en la que se encuentre. Los populismos, al contrario, florecen precisamente por el ego&iacute;smo, que nos encierra en un c&iacute;rculo estrecho y asfixiante y no nos permite superar la estrechez de los propios pensamientos ni &laquo;mirar m&aacute;s all&aacute;&raquo;. Es necesario volver a pensar en modo europeo, para conjurar el peligro de una gris uniformidad o, lo que es lo mismo, el triunfo de los particularismos. A la pol&iacute;tica le corresponde esa leadership ideal, que evite usar las emociones para ganar el consenso, para elaborar en cambio, con esp&iacute;ritu de solidaridad y subsidiaridad, pol&iacute;ticas que hagan crecer a toda la Uni&oacute;n en un desarrollo arm&oacute;nico, de modo que el que corre m&aacute;s deprisa tienda la mano al que va m&aacute;s despacio, y el que tiene dificultad se esfuerce para alcanzar al que est&aacute; en cabeza.<\/p>\n<p>Europa vuelve a encontrar esperanza cuando no se encierra en el miedo de las falsas seguridades. Por el contrario, su historia est&aacute; fuertemente marcada por el encuentro con otros pueblos y culturas, y su identidad &laquo;es, y siempre ha sido, una identidad din&aacute;mica y multicultural&raquo;.[17] En el mundo hay inter&eacute;s por el proyecto europeo. As&iacute; ha sido desde el primer momento, como demuestra la multitud que abarrotaba la plaza del Campidoglio y los mensajes de felicitaci&oacute;n que llegaban de otros Estados. A&uacute;n m&aacute;s inter&eacute;s hay hoy, empezando por los Pa&iacute;ses que piden entrar a formar parte de la Uni&oacute;n, como tambi&eacute;n de los Estados que reciben las ayudas que, con gran generosidad, se les ofrecen para afrontar las consecuencias de la pobreza, de las enfermedades y las guerras. La apertura al mundo implica la capacidad de &laquo;di&aacute;logo como forma de encuentro&raquo;[18] a todos los niveles, comenzando por el que existe entre los Estados miembros y entre las Instituciones y los ciudadanos, hasta el que se tiene con los muchos inmigrantes que llegan a las costas de la Uni&oacute;n.&nbsp; No se puede limitar a gestionar la grave crisis migratoria de estos a&ntilde;os como si fuera s&oacute;lo un problema num&eacute;rico, econ&oacute;mico o de seguridad. La cuesti&oacute;n migratoria plantea una pregunta m&aacute;s profunda, que es sobre todo cultural. &iquest;Qu&eacute; cultura propone la Europa de hoy? El miedo que se advierte encuentra a menudo su causa m&aacute;s profunda en la p&eacute;rdida de ideales. Sin una verdadera perspectiva de ideales, se acaba siendo dominado por el temor de que el otro nos cambie nuestras costumbres arraigadas, nos prive de las comodidades adquiridas, ponga de alguna manera en discusi&oacute;n un estilo de vida basado s&oacute;lo con frecuencia en el bienestar material.&nbsp; Por el contrario, la riqueza de Europa ha sido siempre su apertura espiritual y la capacidad de platearse cuestiones fundamentales sobre el sentido de la existencia. La apertura hacia el sentido de lo eterno va unida tambi&eacute;n a una apertura positiva, aunque no exenta de tensiones y de errores, hacia el mundo. En cambio, parece como si el bienestar conseguido le hubiera recortado las alas, y le hubiera hecho bajar la mirada. Europa tiene un patrimonio moral y espiritual &uacute;nico en el mundo, que merece ser propuesto una vez m&aacute;s con pasi&oacute;n y renovada vitalidad, y que es el mejor ant&iacute;doto contra la falta de valores de nuestro tiempo, terreno f&eacute;rtil para toda forma de extremismo. Estos son los ideales que han hecho a Europa, la &laquo;pen&iacute;nsula de Asia&raquo; que de los Urales llega hasta el Atl&aacute;ntico.<\/p>\n<p>Europa vuelve a encontrar esperanza cuando invierte en el desarrollo y en la paz. El desarrollo no es el resultado de un conjunto de t&eacute;cnicas productivas, sino que abarca a todo el ser humano: la dignidad de su trabajo, condiciones de vida adecuadas, la posibilidad de acceder a la ense&ntilde;anza y a los necesarios cuidados m&eacute;dicos. &laquo;El desarrollo es el nuevo nombre de la paz&raquo;,[19] afirmaba Pablo VI, puesto que no existe verdadera paz cuando hay personas marginadas y forzadas a vivir en la miseria. No hay paz all&iacute; donde falta el trabajo o la expectativa de un salario digno. No hay paz en las periferias de nuestras ciudades, donde abunda la droga y la violencia.<\/p>\n<p>Europa vuelve a encontrar esperanza cuando se abre al futuro. Cuando se abre a los j&oacute;venes, ofreci&eacute;ndoles perspectivas serias de educaci&oacute;n, posibilidades reales de inserci&oacute;n en el mundo del trabajo. Cuando invierte en la familia, que es la primera y fundamental c&eacute;lula de la sociedad. Cuando respeta la conciencia y los ideales de sus ciudadanos. Cuando garantiza la posibilidad de tener hijos, con la seguridad de poderlos mantener. Cuando defiende la vida con toda su sacralidad.<\/p>\n<p>Distinguidos invitados:<\/p>\n<p>Con el aumento general de la esperanza de vida, los sesenta a&ntilde;os se consideran hoy como el tiempo de la plena madurez. Una edad crucial en la que estamos llamados de nuevo a revisarnos. Tambi&eacute;n hoy, La Uni&oacute;n Europea est&aacute; llamada a un replanteamiento, a curar los inevitables achaques que vienen con los a&ntilde;os y a encontrar nuevas v&iacute;as para continuar su propio camino. Sin embargo, a diferencia de un ser humano de sesenta a&ntilde;os, la Uni&oacute;n Europea no tiene ante ella una inevitable vejez, sino la posibilidad de una nueva juventud. Su &eacute;xito depender&aacute; de la voluntad de trabajar una vez m&aacute;s juntos y del deseo de apostar por el futuro. A vosotros, como l&iacute;deres, os corresponde discernir el camino para un &laquo;nuevo humanismo europeo&raquo;,[20] hecho de ideales y de concreci&oacute;n. Esto significa no tener miedo a tomar decisiones eficaces, para responder a los problemas reales de las personas y para resistir al paso del tiempo.<\/p>\n<p>Por mi parte, renuevo la cercan&iacute;a de la Santa Sede y de la Iglesia a Europa entera, a cuya edificaci&oacute;n ha contribuido desde siempre y contribuir&aacute; siempre, invocando sobre ella la bendici&oacute;n del Se&ntilde;or, para que la proteja y le d&eacute; paz y progreso. Hago m&iacute;as las palabras que Joseph Bech pronunci&oacute; en el Campidoglio: Ceterum censeo Europam esse &aelig;dificandam, por lo dem&aacute;s, pienso que Europa merezca ser construida.<\/p>\n<p>Gracias.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>[1] Discurso pronunciado con ocasi&oacute;n de la firma de los Tratados de Roma (25 marzo 1957).<\/p>\n<p>[2] Ib&iacute;d.<\/p>\n<p>[3] A. De Gasperi, Nuestra patria Europa. Discurso a la Conferencia Parlamentaria Europea (21 abril 1954), en: Alcide De Gasperi e la politica internazionale, Cinque Lune, Roma 1990, vol. III, 437-440.<\/p>\n<p>[4] Cf. P.H. Spaak, Discurso, cit.<\/p>\n<p>[5] Discurso pronunciado con ocasi&oacute;n de la firma de los Tratados de Roma (25 marzo 1957).<\/p>\n<p>[6] Ib&iacute;d.<\/p>\n<p>[7] Discurso pronunciado con ocasi&oacute;n de la firma de los Tratados de Roma (25 marzo 1957).<\/p>\n<p>[8] Discurso pronunciado con ocasi&oacute;n de la firma de los Tratados de Roma (25 marzo 1957).<\/p>\n<p>[9] P.H. Spaak, Discurso, cit.<\/p>\n<p>[10] Discurso a los Miembros del Cuerpo Diplom&aacute;tico acreditado ante la Santa Sede (9 enero 2017).<\/p>\n<p>[11] Cf. P.H. Spaak, Discurso, cit.<\/p>\n<p>[12] A. de Gasperi, La nostra patria Europa, cit.<\/p>\n<p>[13] Acto Europeo en Santiago de Compostela (9 noviembre 1982): AAS 75\/I (1983), 329.<\/p>\n<p>[14] Cf. Discurso en el Parlamento Europeo, Estrasburgo (25 noviembre 2014): AAS 106 (2014), 1000.<\/p>\n<p>[15] Exhort. Apost. Evangelii Gaudium, 235.<\/p>\n<p>[16] Ib&iacute;d.<\/p>\n<p>[17] Discurso en la entrega del Premio Carlo Magno (6 mayo 2016): L&rsquo;Osservatore Romano, 6-7 de mayo de 2016, p. 4.<\/p>\n<p>[18] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 239.<\/p>\n<p>[19] Carta enc. Populorum progressio (26 marzo 1967), 87: AAS 59 (1967), 299.<\/p>\n<p>[20] Discurso en la entrega del Premio Carlo Magno (6 mayo 2016): L&rsquo;Osservatore Romano, 6-7 de mayo de 2016, p. 5.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- El Papa Francisco volvi&oacute; a encontrar a los jefes de Estado y de gobierno de Europa con motivo de la celebraci&oacute;n del sexag&eacute;simo aniversario del Tratado de Roma, que dio existencia a la Comunidad Econ&oacute;mica Europea (CEE), y que en estos d&iacute;as se celebra en la capital italiana. &nbsp;El encuentro se llev&oacute; a cabo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/te-agradecemos-por-el-don-del-papa-francisco-rezan-en-milan-con-la-llegada-del-papa\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTe agradecemos por el don del Papa Francisco rezan en Mil\u00e1n con la llegada del Papa\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-13070","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13070","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13070"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13070\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13070"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13070"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13070"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}