{"id":13094,"date":"2017-03-25T13:40:04","date_gmt":"2017-03-25T18:40:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/nada-es-imposible-para-dios-aliento-del-papa-a-los-jovenes-en-su-visita-a-milan\/"},"modified":"2017-03-25T13:40:04","modified_gmt":"2017-03-25T18:40:04","slug":"nada-es-imposible-para-dios-aliento-del-papa-a-los-jovenes-en-su-visita-a-milan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/nada-es-imposible-para-dios-aliento-del-papa-a-los-jovenes-en-su-visita-a-milan\/","title":{"rendered":"\u00abNada es imposible para Dios\u00bb, aliento del Papa a los j\u00f3venes en su visita a Mil\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/03\/25\/REUTERS2051313_Thumbnail.JPG' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_9990528\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00575209.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>(RV).- &ldquo;Como ayer, Dios contin&uacute;a buscando aliados, contin&uacute;a buscando hombres y mujeres capaces de creer, capaces de hacer memoria, de sentirse parte de su pueblo para cooperar con la creatividad del Esp&iacute;ritu. Dios contin&uacute;a recorriendo nuestros barrios y nuestras calles, se lanza en todo lugar en b&uacute;squeda de corazones capaces de escuchar su invitaci&oacute;n y de hacerlo carne aqu&iacute; y ahora&rdquo;, lo dijo el Papa Francisco en su homil&iacute;a en la Santa Misa celebrada en el Parque de Monza, en el marco de su Visita Pastoral a Mil&aacute;n.<\/p>\n<p>Esta ma&ntilde;ana despu&eacute;s de haber encontrado a las familias residentes de las &ldquo;Casas Blancas&rdquo;, donde viven numerosos inmigrantes y ancianos; dialog&oacute; en la Catedral de Mil&aacute;n, con los sacerdotes, religiosos, religiosas y consagrados de esta arquidi&oacute;cesis; sucesivamente, el Obispo de Roma rez&oacute; el &Aacute;ngelus, para luego visitar y almorzar con los presidiarios de la C&aacute;rcel de &ldquo;San Vittore&rdquo;.<\/p>\n<p>Por la tarde, tuvo lugar el caluroso encuentro con los fieles de la di&oacute;cesis de Mil&aacute;n en el Parque de Monza, donde celebr&oacute; la Eucarist&iacute;a en una catedral a cielo abierto. En su homil&iacute;a, el Papa Francisco compar&oacute; dos anuncios que nos muestran lo que Dios nos dona en su Hijo Jes&uacute;s. &ldquo;Hemos apenas escuchado el anuncio m&aacute;s importante de nuestra historia &ndash; dijo el Pont&iacute;fice &ndash; la anunciaci&oacute;n a Mar&iacute;a y el anuncio del nacimiento de Juan Bautista. Dos anuncios que se subsiguen y que est&aacute;n unidos; dos anuncios que, comparados entre ellos, nos muestran lo que Dios nos dona en su Hijo&rdquo;.<\/p>\n<p>Un contraste que nos se&ntilde;ala que el nuevo Templo de Dios, precis&oacute; el Papa, el nuevo encuentro de Dios con su pueblo tendr&aacute; lugar en un sitio que normalmente no nos esperamos, en los m&aacute;rgenes, en las periferias. &ldquo;Ah&iacute; se encontrar&aacute;n, ah&iacute; Dios se har&aacute; carne para caminar junto a nosotros desde el seno de su Madre&rdquo;. Porque Dios mismo, se&ntilde;al&oacute; el Pont&iacute;fice, es quien toma la iniciativa elige quedarse en nuestras casas, en nuestras luchas cotidianas, llenas de ansias y anhelos&rdquo;. Es justamente dentro de nuestras ciudades, agreg&oacute; el Obispo de Roma, dentro de nuestras escuelas y universidades, de las plazas y de los hospitales que se cumple el anuncio m&aacute;s bello que podemos escuchar: &ldquo;Al&eacute;grate, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo&rdquo;. Es el anuncio de una alegr&iacute;a que genera vida, que genera esperanza, que se hace carne en el modo en el cual vemos el ma&ntilde;ana, en la actitud con la cual vemos a los dem&aacute;s. Una alegr&iacute;a que se hace solidaridad, hospitalidad, misericordia hacia los dem&aacute;s.<\/p>\n<p><strong>Texto y audio completo de la homil&iacute;a del Papa Francisco<\/strong><\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_9990820\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00575218.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>Hemos apenas escuchado el anuncio m&aacute;s importante de nuestra historia: la anunciaci&oacute;n a Mar&iacute;a (Cfr. Lc 1,26-38). Un pasaje denso, lleno de vida, y que me gusta leer a la luz de otro anuncio: aquel del nacimiento de Juan Bautista (Cfr. Lc 1,5-20). Dos anuncios que se subsiguen y que est&aacute;n unidos; dos anuncios que, comparados entre ellos, nos muestran lo que Dios nos dona en su Hijo.<\/p>\n<p>La anunciaci&oacute;n de Juan Bautista sucede cuando Zacar&iacute;as, sacerdote, listo para dar inicio a la acci&oacute;n lit&uacute;rgica entra en el Santuario del Templo, mientras toda la asamblea est&aacute; afuera en espera. La anunciaci&oacute;n de Jes&uacute;s, en cambio, sucede en un lugar perdido de Galilea, en una ciudad perif&eacute;rica y con una fama no particularmente buena (Cfr. Jn 1,46), en el anonimato de la casa de una joven llamada Mar&iacute;a.<\/p>\n<p>Un contraste no de poca importancia, que nos se&ntilde;ala que el nuevo Templo de Dios, el nuevo encuentro de Dios con su pueblo tendr&aacute; lugar en un sitio que normalmente no nos esperamos, en los m&aacute;rgenes, en las periferias. Ah&iacute; se dar&aacute;n cita, ah&iacute; se encontrar&aacute;n; ah&iacute; Dios se har&aacute; carne para caminar junto a nosotros desde el seno de su Madre. No habr&aacute; m&aacute;s un lugar reservado a pocos mientras la mayor&iacute;a permanece afuera en espera. Nada ni nadie ser&aacute; indiferente, ninguna situaci&oacute;n ser&aacute; privada de su presencia: la alegr&iacute;a de la salvaci&oacute;n tiene inicio en la vida cotidiana de la casa de una joven de Nazaret.<\/p>\n<p>Dios mismo es Quien toma la iniciativa y escoge quedarse, como hizo con Mar&iacute;a, en nuestras casas, en nuestras luchas cotidianas, llenas de ansias y anhelos. Y es justamente dentro de nuestras ciudades, de nuestras escuelas y universidades, de las plazas y de los hospitales que se cumple el anuncio m&aacute;s bello que podemos escuchar: &laquo;Al&eacute;grate, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo&raquo;. Una alegr&iacute;a que genera vida, que genera esperanza, que se hace carne en el modo en el cual vemos el ma&ntilde;ana, en la actitud con la cual vemos a los dem&aacute;s. Una alegr&iacute;a que se hace solidaridad, hospitalidad, misericordia hacia los dem&aacute;s.<\/p>\n<p>Al igual que Mar&iacute;a, tambi&eacute;n nosotros podemos ser invadidos por el desconcierto. &iquest;&laquo;C&oacute;mo suceder&aacute; esto&raquo; en tiempos llenos de especulaci&oacute;n? Si se especula hoy sobre la vida, sobre el trabajo, sobre la familia. Se especula sobre los pobres y sobre los marginados; se especula sobre los j&oacute;venes y sobre su futuro. Todo parece reducirse a cifras, dejando, de otro lado, que la vida cotidiana de tantas familias se manche de precariedad y de inseguridad. Mientras el dolor toca muchas puertas, mientras en tantos j&oacute;venes crece la insatisfacci&oacute;n por falta de reales oportunidades, la especulaci&oacute;n abunda por todas partes.<\/p>\n<p>Ciertamente, el ritmo vertiginoso al cual estamos sometidos pareciera robarnos la esperanza y la alegr&iacute;a. Las presiones y las impotencias ante tantas situaciones parecieran vaciar el alma y hacernos insensibles ante numerosos desaf&iacute;os. Y parad&oacute;jicamente cuando todo se acelera para construir &ndash; en teor&iacute;a &ndash; una sociedad mejor, al final no se tiene tiempo para nada y para nadie. Perdemos el tiempo para la familia, el tiempo para la comunidad, perdemos el tiempo para la amistad, para la solidaridad y para la memoria.<\/p>\n<p>Nos har&aacute; bien preguntarnos: &iquest;C&oacute;mo es posible vivir la alegr&iacute;a del Evangelio hoy dentro de nuestras ciudades? &iquest;Es posible la esperanza cristiana en esta situaci&oacute;n, aqu&iacute; y ahora?<\/p>\n<p>Estas dos preguntas tocan nuestra identidad, la vida de nuestras familias, de nuestros pa&iacute;ses y de nuestras ciudades. Tocan la vida de nuestros hijos, de nuestros j&oacute;venes y exigen de nuestra parte un nuevo modo de situarnos en la historia. Si contin&uacute;a a ser posible la alegr&iacute;a y la esperanza cristiana no podemos, no queremos permanecer delante a tantas situaciones dolorosas como meros espectadores que miran al cielo esperando que &ldquo;deje de llover&rdquo;. Todo lo que sucede exige de nosotros que miremos al presente con audacia, con la audacia de quien conoce la alegr&iacute;a de la salvaci&oacute;n toma forma en la vida cotidiana de la casa de una joven de Nazaret.<\/p>\n<p>Ante el desconcierto de Mar&iacute;a, ante nuestros desconciertos, tres son las claves que el &Aacute;ngel nos ofrece para ayudarnos a aceptar la misi&oacute;n que nos es confiada.<\/p>\n<p><strong>El primer desaf&iacute;o: Evocar la Memoria<\/strong><\/p>\n<p>La primera cosa que el &Aacute;ngel hace es evocar la memoria, abriendo as&iacute; el presente de Mar&iacute;a a toda la historia de la salvaci&oacute;n. Evoca la promesa hecha a David como fruto de la alianza con Jacob. Mar&iacute;a es la hija de la Alianza. Tambi&eacute;n nosotros somos invitados a hacer memoria, a mirar nuestro pasado para no olvidar de d&oacute;nde venimos. Para no olvidarnos de nuestros antepasados, de nuestros abuelos y de todo aquello que han pasado para llegar a donde estamos hoy. Esta tierra y su gente han conocido el dolor de dos guerras mundiales; y a veces han visto su meritada fama de laboriosidad y civilizaci&oacute;n contaminada de descontroladas ambiciones. La memoria nos ayuda a no permanecer prisioneros de discursos que siembran fracturas y divisiones como &uacute;nico modo de resolver los conflictos. Evocar la memoria es el mejor antidotito a nuestra disposici&oacute;n ante soluciones m&aacute;gicas de la divisi&oacute;n y de la extra&ntilde;ez.<\/p>\n<p><strong>El segundo desaf&iacute;o: La pertenencia al Pueblo de Dios<\/strong><\/p>\n<p>La memoria permite a Mar&iacute;a de apoyarse en su pertenencia al Pueblo de Dios. &iexcl;Nos har&aacute; bien recordar que somos miembros del Pueblo de Dios! Milaneses, s&iacute;, Ambrosianos, cierto, pero parte del gran Pueblo de Dios. Un pueblo formado de mil rostros, historia y proveniencias, un pueblo multicultural y multi&eacute;tnico. Esta es una de nuestras riquezas. Es un pueblo llamado a hospedar las diferencias, a integrarlas con respeto y creatividad y a celebrar la novedad que proviene de los dem&aacute;s; es un pueblo que no tiene miedo de abrazar los confines, las fronteras; es un pueblo que no tiene miedo de acoger a quien se encuentra en la necesidad porque sabe que ah&iacute; est&aacute; presente su Se&ntilde;or.<\/p>\n<p><strong>Y la tercera clave de desaf&iacute;o es la posibilidad de lo imposible<\/strong><\/p>\n<p>&laquo;Nada es imposible a Dios&raquo; (Lc 1,37): as&iacute; termina la respuesta del &Aacute;ngel a Mar&iacute;a. Cuando creemos que todo depende exclusivamente de nosotros permanecemos prisioneros de nuestras capacidades, de nuestras fuerzas, de nuestros miopes horizontes. Cuando en cambio, nos disponemos a dejarnos ayudar, a dejarnos aconsejar, cuando nos abrimos a la gracia, parece que lo imposible comienza a hacerse realidad. Lo saben bien estas tierras que, en el curso de su historia, han generado muchos carismas, muchos misioneros, mucha riqueza para la vida de la Iglesia. Tantos rostros que, superando el pesimismo est&eacute;ril y divisor, se han abierto a la iniciativa de Dios y se han convertido en signo de cuanto fecunda puede ser una tierra que no se deja cerrar en sus propias ideas, en sus propios l&iacute;mites y en sus propias capacidades y se sabe abrir a los dem&aacute;s.<\/p>\n<p>Como ayer, Dios contin&uacute;a buscando aliados, contin&uacute;a buscando hombres y mujeres capaces de creer, capaces de hacer memoria, de sentirse parte de su pueblo para cooperar con la creatividad del Esp&iacute;ritu. Dios contin&uacute;a recorriendo nuestros barrios y nuestras calles, se lanza en todo lugar en b&uacute;squeda de corazones capaces de escuchar su invitaci&oacute;n y de hacerlo carne aqu&iacute; y ahora. Parafraseando a San Ambrosio en su comentario a este pasaje podemos decir: Dios contin&uacute;a buscando corazones como aquel de Mar&iacute;a, dispuestos a creer a pesar de las condiciones del todo extraordinarias (Cfr. Exp. del Evan. seg. Lucas II, 17: PL 15, 1559). El Se&ntilde;or acreciente en nosotros esta fe y esta esperanza.<\/p>\n<p>(Traducci&oacute;n del italiano, Renato Martinez &ndash; Radio Vaticano)<\/p>\n<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- &ldquo;Como ayer, Dios contin&uacute;a buscando aliados, contin&uacute;a buscando hombres y mujeres capaces de creer, capaces de hacer memoria, de sentirse parte de su pueblo para cooperar con la creatividad del Esp&iacute;ritu. 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