{"id":13328,"date":"2017-04-02T05:40:04","date_gmt":"2017-04-02T10:40:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/llamamiento-del-papa-por-republica-del-congo-venezuela-y-paraguay\/"},"modified":"2017-04-02T05:40:04","modified_gmt":"2017-04-02T10:40:04","slug":"llamamiento-del-papa-por-republica-del-congo-venezuela-y-paraguay","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/llamamiento-del-papa-por-republica-del-congo-venezuela-y-paraguay\/","title":{"rendered":"Llamamiento del Papa por Rep\u00fablica del Congo, Venezuela y Paraguay"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/04\/02\/REUTERS2064021_Thumbnail.JPG' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p>(Radio Vaticana).- &quot;Ah&iacute; todo parece terminado: la tumba est&aacute; cerrada y la piedra es grande; entorno solo llanto y desolaci&oacute;n&quot;, &quot;Se puede estar de parte del sepulcro o se puede estar de parte de Jes&uacute;s. Hay quienes se dejan encerrar por la tristeza y quien se abre a la esperanza. Hay quienes se quedan atrapados en las ruinas de la vida, y quienes, como ustedes, con la ayuda de Dios, reconstruye con paciente esperanza&quot;. dijo el Papa en Carpi, haciendo un parang&oacute;n entre la muerte de L&aacute;zaro y los terromotos sufridos por la regi&oacute;n.<\/p>\n<p>Carpi, en Italia, la di&oacute;cesis m&aacute;s golpeada por los terremotos del 2012, recibi&oacute; a Francisco despues de una semana de la reapertura de la Catedral restaurada y abierta al culto. <strong>Carpi y toda la regi&oacute;n Emilia-Romagna sufri&oacute; v&iacute;ctimas humanas y una enorme devastaci&oacute;n<\/strong> tambi&eacute;n en los edificios sacros. Pero no se dejaron llevar por la desesperaci&oacute;n y se dedicaron a la restauraci&oacute;n, como dijo Francisco en la homil&iacute;a: &quot;Tambi&eacute;n a nosotros, hoy como entonces, Jes&uacute;s nos dice: &quot;Qu&iacute;tate la piedra.&quot; Por cuan pesado sea el pasado, grande el pecado, fuerte la verg&uuml;enza, nunca bloqueemos el ingreso al Se&ntilde;or. Quitemos delante de &Eacute;l aquella piedra que le impide entrar: <strong>este es el tiempo favorable para remover nuestro pecado<\/strong>, nuestro apego a las vanidades del mundo, el orgullo que nos bloquea el alma. Visitados y liberados por Jes&uacute;s, pidamos la gracia de ser testigos de vida en este mundo que tiene sed, testigos suscitan y resucitan la esperanza de Dios en los corazones cansados \u200b\u200by abrumados por la tristeza. Nuestro anuncio es la alegr&iacute;a del Se&ntilde;or viviente&quot;.<\/p>\n<p><strong>&quot;La vida siempre vence&quot;<\/strong> es el logo de la reapertura de la catedral de Carpi el 26 de marzo de 2017 creada en el a&ntilde;o 751 y ha sido visitada por Juan Pablo II y Benedicto. La visita de Papa Francisco es un signo de esperanza para las poblaciones golpeadas por los terremotos, el restauro de la catedral y otros edificios indica que la reconstrucci&oacute;n es posible y que no debemos dejarnos llevar ni siquiera por la desesperaci&oacute;n ante &quot;un mal oscuro y antiguo&quot;. jesuita Guillermo Ortiz<\/p>\n<p><strong>Texto de la homil&iacute;a del Papa pronunciada en Carpi<\/strong><\/p>\n<p>Las Lecturas de hoy nos hablan del Dios de la vida, que vence la muerte. Deteng&aacute;monos, en particular, sobre el &uacute;ltimo de los signos milagrosos que Jes&uacute;s realiza antes de su Pascua, en el sepulcro de su amigo L&aacute;zaro.<\/p>\n<p>Ah&iacute; todo parece terminado: la tumba est&aacute; cerrada y la piedra e grande; entorno solo llanto y desolaci&oacute;n. Tambi&eacute;n Jes&uacute;s est&aacute; estremecido por el misterio dram&aacute;tico de la perdida de una persona querida: &ldquo;Se conmovi&oacute; profundamente&rdquo; y estaba &ldquo;muy turbado&rdquo; (Jn, 11,33). Despu&eacute;s &ldquo;estall&oacute; en llanto&rdquo; (v. 35) y fue al sepulcro, dice el Evangelio, &ldquo;todav&iacute;a conmovido una vez m&aacute;s&rdquo; (v. 38). Y este es el coraz&oacute;n de Dios: lejano del mal pero cercano a quien sufre; no hace desaparecer el mal m&aacute;gicamente, sino que comparte el sufrimiento, lo hace propio y lo transforma habit&aacute;ndolo.<\/p>\n<p>Pero notemos que, en medio de la desolaci&oacute;n general por la muerte de L&aacute;zaro, <strong>Jes&uacute;s no se deja llevar por el des&aacute;nimo, Jes&uacute;s no se deja transportar por la desesperaci&oacute;n<\/strong>. Aun sufriendo &Eacute;l mismo, pide que se crea firmemente; no se cierra en el llanto, sino que conmovido se pone en camino hacia el sepulcro. No se deja capturar del ambiente emotivo resignado que lo circunda, sino que reza con confianza y dice: &ldquo;Padre, ti doy gracias&rdquo; (v. 41). As&iacute;, en el misterio del sufrimiento, frente al cual el pensamientos y el progreso se rompen como moscas sobre el vidrio, Jes&uacute;s nos ofrece el ejemplo de c&oacute;mo comportarse: no huye del sufrimiento, que pertenece a esta vida, pero no se deja aprisionar por el pesimismo.<\/p>\n<p>En torno al sepulcro se realiza as&iacute; un gran encuentro-desencuentro. Por una parte est&aacute; la gran desilusi&oacute;n, la precariedad de nuestra vida mortal que, atravesada por la angustia de la muerte, experimente muy seguido la derrota, una oscuridad interior que parece insuperable. <strong>Nuestra alma, creada para la vida, sufre sintiendo que su sed de eterno bien es oprimido por un mal antiguo y oscuro<\/strong>. Por una parte es &eacute;sta derrota del sepulcro. Pero de la otra parte est&aacute; la esperanza que vence la muerte y el mal y que tiene un nombre; la esperanza se llama: Jes&uacute;s. &Eacute;l no trae un poco de bienestar o alg&uacute;n remedio para alargar la vida, pero proclama: &ldquo;Yo soy la resurrecci&oacute;n y la vida; quien cree en m&iacute; aunque muera, vivir&aacute;&rdquo; (v. 25). Por esto dice: &ldquo;quiten la piedra&rdquo;(v. 39) y a L&aacute;zaro grita con voz fuerte: &ldquo;Sal fuera&rdquo; (v. 43).<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, tambi&eacute;n nosotros estamos invitados a decidir de qu&eacute; parte estar. Se puede estar de parte del sepulcro o se puede estar de parte de Jes&uacute;s. Hay quienes se dejan encerrar por la tristeza y quien se abre a la esperanza. Hay quienes se quedan atrapados en las ruinas de la vida, y quienes, como ustedes, con la ayuda de Dios, reconstruye con paciente esperanza.<\/p>\n<p>Frente a los grandes &quot;por qu&eacute;&quot; de la vida tenemos dos caminos: quedarse mirando melanc&oacute;licamente las tumbas de ayer y de hoy, o acercar a Jes&uacute;s a nuestros sepulcros. S&iacute;, porque cada uno de nosotros tiene un peque&ntilde;o sepulcro, un &aacute;rea un poco muerta dentro del coraz&oacute;n: una herida, mal sufrido o realizado, un rencor que no amain&oacute;, un remordimiento que regresa constantemente, un pecado que no se puede superar. Identifiquemos hoy estos nuestros peque&ntilde;os sepulcros que tenemos dentro y all&iacute; invitemos a Jes&uacute;s. Es extra&ntilde;o, pero <strong>a menudo preferimos estar solos en las grutas oscuras que llevamos dentro, en vez de invitar a Jes&uacute;s<\/strong>; estamos tentados de buscar siempre a nosotros mismos, dando vueltas y hundi&eacute;ndonos en la angustia, lami&eacute;ndonos las heridas, en lugar de ir a &Eacute;l, que nos dice: &quot;Vengan a m&iacute; todos los que est&aacute;n afligidos y agobiados, y yo los aliviar&eacute;.&quot; (Mt 11:28). No nos dejemos aprisionar por la tentaci&oacute;n de quedarnos solos y desesperanzados sintiendo l&aacute;stima por nosotros mismos por lo que nos sucede; no cedamos a la l&oacute;gica in&uacute;til y no concluyente del miedo, repitiendo resignados que todo est&aacute; mal y nada es como antes. Esta es la atm&oacute;sfera del sepulcro; el Se&ntilde;or, en cambio, quiere abrir el camino de la vida, aquel &nbsp;del encuentro con &Eacute;l, de la confianza en &Eacute;l, de la resurrecci&oacute;n del coraz&oacute;n. La v&iacute;a del &quot;Lev&aacute;ntate&quot;, &iexcl;lev&aacute;ntate, sal!, esto es lo que nos dice el Se&ntilde;or, y &Eacute;l est&aacute; al lado nuestro para hacerlo.<\/p>\n<p>Sentimos entonces, dirigidas a cada uno de nosotros, las palabras de Jes&uacute;s a L&aacute;zaro: &quot;&iexcl;Sal!&quot;; sal del atasco de la tristeza sin esperanza; disuelve las vendas de miedo que obstruyen el camino; los lazos de las debilidades y de las preocupaciones que te bloquean, repite que Dios desata los nudos. En el seguimiento de Jes&uacute;s aprendemos a <strong>no atar nuestras vidas en torno a los problemas que se enredan<\/strong>: siempre habr&aacute; problemas, siempre, y, cuando resolvemos uno, puntualmente llega otro. Podemos, sin embargo, encontrar una nueva estabilidad, y esta estabilidad es precisamente Jes&uacute;s,esta estabilidad se llama: Jes&uacute;s, que es la resurrecci&oacute;n y la vida: con &eacute;l la alegr&iacute;a habita en el coraz&oacute;n, renace la esperanza, el dolor se transforma en paz, el temor en confianza, la prueba en ofrenda de amor. Y aunque los pesos no faltar&aacute;n, siempre estar&aacute; su mano que levanta, su Palabra que alienta y nos dice a todos, a cada uno de nosotros: &quot;&iexcl;Sal! &iexcl;Ven a m&iacute;! &quot;. Nos dice a todos: no tengais miedo.&nbsp;<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n a nosotros, hoy como entonces, Jes&uacute;s nos dice: &quot;Qu&iacute;tate la piedra.&quot; Por cuan pesado sea el pasado, grande el pecado, fuerte la verg&uuml;enza, nunca bloqueemos el ingreso del Se&ntilde;or. Quitemos delante de &Eacute;l aquella piedra que le impide entrar: este es el tiempo favorable para remover nuestro pecado, nuestro apego a las vanidades del mundo, el orgullo que nos bloquea el alma. Tantas enemistades entre nosotros, en las familias, tantas cosas&#8230; y este es el tiempo favorable para remover todas estas cosas.&nbsp;<\/p>\n<p>Visitados y liberados por Jes&uacute;s, pidamos la gracia de ser testigos de vida en este mundo que tiene sed, testigos suscitan y resucitan la esperanza de Dios en los corazones cansados \u200b\u200by abrumados por la tristeza. Nuestro anuncio es la alegr&iacute;a del Se&ntilde;or viviente, que a&uacute;n hoy dice, como a Ezequiel: &quot;Yo voy a abrir las tumbas de ustedes, los har&eacute; salir de ellas, y los har&eacute; volver, pueblo m&iacute;o, a la tierra de Israel&quot; (Ez 37,12). (Griselda Mutual y jesuita Guillermo Ortiz &#8211; Radio Vaticana)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Radio Vaticana).- &quot;Ah&iacute; todo parece terminado: la tumba est&aacute; cerrada y la piedra es grande; entorno solo llanto y desolaci&oacute;n&quot;, &quot;Se puede estar de parte del sepulcro o se puede estar de parte de Jes&uacute;s. Hay quienes se dejan encerrar por la tristeza y quien se abre a la esperanza. 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