{"id":13450,"date":"2017-04-05T05:40:04","date_gmt":"2017-04-05T10:40:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/abrir-la-puerta-a-cristo-con-mensajes-de-misericordia-fatima-y-juan-pablo-ii-alento-el-papa\/"},"modified":"2017-04-05T05:40:04","modified_gmt":"2017-04-05T10:40:04","slug":"abrir-la-puerta-a-cristo-con-mensajes-de-misericordia-fatima-y-juan-pablo-ii-alento-el-papa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/abrir-la-puerta-a-cristo-con-mensajes-de-misericordia-fatima-y-juan-pablo-ii-alento-el-papa\/","title":{"rendered":"Abrir la puerta a Cristo, con mensajes de Misericordia, F\u00e1tima y Juan Pablo II, alent\u00f3 el Papa"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/04\/05\/ANSA1175366_Thumbnail.jpg' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p>(RV).- &ldquo;De esta esperanza no se debe dar tantas razones a nivel te&oacute;rico, con palabras, sino sobre todo con el testimonio de vida, y esto sea dentro de la comunidad cristiana, como fuera de ella. Si Cristo est&aacute; vivo y habita en nosotros, en nuestro coraz&oacute;n, entonces debemos dejar que se haga visible, no esconderlo, y que act&uacute;e en nosotros&rdquo;, con estas palabras el Papa Francisco explic&oacute; en la Audiencia General del primer mi&eacute;rcoles de abril, como el cristiano est&aacute; llamado a dar razones de la esperanza que habita en nuestros corazones.<\/p>\n<p>Continuando su ciclo de catequesis sobre &ldquo;la esperanza&rdquo;, el Obispo de Roma dijo que, la Primera Carta del Ap&oacute;stol Pedro lleva en s&iacute; una carga extraordinaria. Y el secreto est&aacute; en el hecho de que este escrito tiene sus ra&iacute;ces directamente en la Pascua, en el coraz&oacute;n del misterio que estamos por celebrar, haci&eacute;ndonos as&iacute; percibir toda la luz y la alegr&iacute;a que surgen de la muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo. &ldquo;Es por esto que San Pedro &ndash; afirm&oacute; el Papa &ndash; nos invita con fuerza a adorarlo en nuestros corazones. All&iacute; el Se&ntilde;or ha establecido su morada en el momento de nuestro Bautismo, y desde all&iacute; contin&uacute;a renov&aacute;ndonos y renovando nuestra vida, llen&aacute;ndonos de su amor y de la plenitud del Esp&iacute;ritu. Es por esto que el Ap&oacute;stol nos exhorta a dar razones de la esperanza que habita en nosotros.<\/p>\n<p><strong>Texto completo de la catequesis del Papa Francisco<\/strong><\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, &iexcl;buenos d&iacute;as!<\/p>\n<p>&iexcl;La Primera Carta del Ap&oacute;stol Pedro lleva en s&iacute; una carga extraordinaria! Es necesario leerla una, dos, tres veces para entender, esta carga extraordinaria: logra infundir gran consolaci&oacute;n y paz, haciendo percibir como el Se&ntilde;or est&aacute; siempre junto a nosotros y no nos abandona jam&aacute;s, sobre todo en los momentos m&aacute;s delicados y dif&iacute;ciles de nuestra vida. Pero, &iquest;cu&aacute;l es el secreto de esta Carta, y en modo particular del pasaje que hemos apenas escuchado (Cfr. 1 Pt 3,8-17)? Esta es la pregunta. Yo s&eacute; que ustedes hoy tomar&aacute;n el Nuevo Testamento, buscar&aacute;n la Primera Carta de Pedro y la leer&aacute;n con calma, para entender el secreto y la fuerza de esta Carta. &iquest;Cu&aacute;l es el secreto de esta Carta?<\/p>\n<p>1. El secreto est&aacute; en el hecho de que este escrito tiene sus ra&iacute;ces directamente en la Pascua, en el coraz&oacute;n del misterio que estamos por celebrar, haci&eacute;ndonos as&iacute; percibir toda la luz y la alegr&iacute;a que surgen de la muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo. Cristo ha resucitado verdaderamente, y este es un bonito saludo para darnos los d&iacute;as de Pascua: &ldquo;&iexcl;Cristo ha resucitado! &iexcl;Cristo ha resucitado!&rdquo;, como muchos pueblos hacen. Record&aacute;ndonos que Cristo ha resucitado, est&aacute; vivo entre nosotros, est&aacute; vivo y habita en cada uno de nosotros. Es por esto que San Pedro nos invita con fuerza a adorarlo en nuestros corazones (Cfr. v. 16). All&iacute; el Se&ntilde;or ha establecido su morada en el momento de nuestro Bautismo, y desde all&iacute; contin&uacute;a renov&aacute;ndonos y renovando nuestra vida, llen&aacute;ndonos de su amor y de la plenitud del Esp&iacute;ritu. Es por esto que el Ap&oacute;stol nos exhorta a dar razones de la esperanza que habita en nosotros (Cfr. v. 15): nuestra esperanza no es un concepto, no es un sentimiento, no es un tel&eacute;fono celular, no es un mont&oacute;n de riquezas: &iexcl;no! Nuestra esperanza es una Persona, es el Se&ntilde;or Jes&uacute;s que lo reconocemos vivo y presente en nosotros y en nuestros hermanos, porque Cristo ha resucitado. Los pueblos eslavos se saludan, en vez de decir &ldquo;buenos d&iacute;as&rdquo;, &ldquo;buenas tardes&rdquo;, en los d&iacute;as de Pascua se saludan con esto &ldquo;&iexcl;Cristo ha resucitado!&rdquo;, &ldquo;&iexcl;Christos voskrese!&rdquo;, lo dicen entre ellos; y son felices al decirlo. Y este es el &ldquo;buenos d&iacute;as&rdquo; y las &ldquo;buenas tardes&rdquo; que nos dan: &ldquo;&iexcl;Cristo ha resucitado!&rdquo;.<\/p>\n<p>2. Entonces, comprendemos que de esta esperanza no se debe dar tantas razones a nivel te&oacute;rico, con palabras, sino sobre todo con el testimonio de vida, y esto sea dentro de la comunidad cristiana, sea fuera de ella. Si Cristo est&aacute; vivo y habita en nosotros, en nuestro coraz&oacute;n, entonces debemos tambi&eacute;n dejar que se haga visible, no esconderlo, y que act&uacute;e en nosotros. Esto significa que el Se&ntilde;or Jes&uacute;s debe ser cada vez m&aacute;s nuestro modelo: modelo de vida y que nosotros debemos aprender a comportarnos como &Eacute;l se ha comportado. Hacer lo mismo que hacia Jes&uacute;s. La esperanza que habita en nosotros, por tanto, no puede permanecer escondida dentro de nosotros, en nuestro coraz&oacute;n: sino, ser&iacute;a una esperanza d&eacute;bil, que no tiene la valent&iacute;a de salir fuera y hacerse ver; sino nuestra esperanza, como se ve en el Salmo 33 citado por Pedro, debe necesariamente difundirse fuera, tomando la forma exquisita e inconfundible de la dulzura, del respeto, de la benevolencia hacia el pr&oacute;jimo, llegando incluso a perdonar a quien nos hace el mal. Una persona que no tiene esperanza no logra perdonar, no logra dar la consolaci&oacute;n del perd&oacute;n y tener la consolaci&oacute;n de perdonar. S&iacute;, porque as&iacute; ha hecho Jes&uacute;s, y as&iacute; contin&uacute;a haciendo por medio de quienes le hacen espacio en sus corazones y en sus vidas, con la conciencia de que el mal no se vence con el mal, sino con la humildad, la misericordia y la mansedumbre. Los mafiosos piensan que el mal se puede vencer con el mal, y as&iacute; realizan la venganza y hacen muchas cosas que todos nosotros sabemos. Pero no conocen que cosa es la humildad, la misericordia y la mansedumbre. &iquest;Y por qu&eacute;? Porque los mafiosos no tienen esperanza. &iexcl;Eh! Piensen en esto.<\/p>\n<p>3. Es por esto que San Pedro afirma que &nbsp;&laquo;es preferible sufrir haciendo el bien, si esta es la voluntad de Dios, que haciendo el mal&raquo; (v. 17): no quiere decir que es bueno sufrir, sino que, cuando sufrimos por el bien, estamos en comuni&oacute;n con el Se&ntilde;or, quien ha aceptado sufrir y ser crucificado por nuestra salvaci&oacute;n. Entonces cuando tambi&eacute;n nosotros, en las situaciones m&aacute;s peque&ntilde;as o m&aacute;s grandes de nuestra vida, aceptamos sufrir por el bien, es como si difundi&eacute;ramos a nuestro alrededor las semillas de la resurrecci&oacute;n, las semillas de vida e hici&eacute;ramos resplandecer en la oscuridad la luz de la Pascua. Es por esto que el Ap&oacute;stol nos exhorta a responder siempre &laquo;deseando el bien&raquo; (v. 9): la bendici&oacute;n no es una formalidad, no es s&oacute;lo un signo de cortes&iacute;a, sino es un gran don que nosotros en primer lugar hemos recibido y que tenemos la posibilidad de compartirlo con los hermanos. Es el anuncio del amor de Dios, un amor infinito, que no se termina, que no disminuye jam&aacute;s y que constituye el verdadero fundamento de nuestra esperanza.<\/p>\n<p>Queridos amigos, comprendemos tambi&eacute;n porque el Ap&oacute;stol Pedro nos llama &laquo;dichosos&raquo;, cuando tengamos que sufrir por la justicia (Cfr. v. 13). No es s&oacute;lo por una raz&oacute;n moral o asc&eacute;tica, sino es porque cada vez que nosotros tomamos parte a favor de los &uacute;ltimos y de los marginados o que no respondemos al mal con el mal, sino perdonando, sin venganza, perdonando y bendiciendo, cada vez que hacemos esto nosotros resplandecemos como signos vivos y luminosos de esperanza, convirti&eacute;ndonos as&iacute; en instrumentos de consolaci&oacute;n y de paz, seg&uacute;n el coraz&oacute;n de Dios. As&iacute;, adelante con la dulzura, la mansedumbre, siendo amables y haciendo el bien incluso a aquellos que no nos quieren, o nos hacen del mal. &iexcl;Adelante!<\/p>\n<p>(Traducci&oacute;n del italiano, Renato Martinez &ndash; Radio Vaticano)<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- &ldquo;De esta esperanza no se debe dar tantas razones a nivel te&oacute;rico, con palabras, sino sobre todo con el testimonio de vida, y esto sea dentro de la comunidad cristiana, como fuera de ella. 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