{"id":13580,"date":"2017-04-10T09:05:02","date_gmt":"2017-04-10T14:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-las-meditaciones-del-via-crucis-2017-que-el-papa-francisco-presidira-en-roma\/"},"modified":"2017-04-10T09:05:02","modified_gmt":"2017-04-10T14:05:02","slug":"texto-las-meditaciones-del-via-crucis-2017-que-el-papa-francisco-presidira-en-roma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-las-meditaciones-del-via-crucis-2017-que-el-papa-francisco-presidira-en-roma\/","title":{"rendered":"TEXTO: Las meditaciones del V\u00eda Crucis 2017 que el Papa Francisco presidir\u00e1 en Roma"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 10 Abr. 17 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco encarg&oacute; la preparaci&oacute;n de las meditaciones del V&iacute;a Crucis del Viernes Santo 2017 a la biblista francesa Anne-Marie Pelletier, que decidi&oacute; hacer algunas innovaciones en la estructura del mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n publicamos el texto completo de las meditaciones que se usar&aacute;n en el V&iacute;a Crucis que presidir&aacute; el Santo Padre el d&iacute;a 14 de abril:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tIntroducci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa hora ha llegado. El caminar de Jes&uacute;s por los caminos polvorientos de Galilea y Judea al encuentro de los que sufren en su cuerpo y en su coraz&oacute;n, empujado por la urgencia de anunciar el Reino, ese caminar suyo termina hoy, aqu&iacute;. En la colina del G&oacute;lgota. Hoy la cruz cierra el camino. Jes&uacute;s no ir&aacute; m&aacute;s all&aacute;. Imposible andar m&aacute;s all&aacute;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl amor de Dios alcanza aqu&iacute; su medida m&aacute;s alta, sin medida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHoy, el amor del Padre, que quiere que todos los hombres se salven a trav&eacute;s del Hijo, llega hasta el extremo, all&iacute; donde nosotros no tenemos ya palabras, donde estamos desorientados, donde la grandeza del plan de Dios supera nuestra religiosidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn el G&oacute;lgota, en efecto, aunque parezca lo contrario, se trata de vida. Y de gracia. Y de paz. Se trata, no del reino del mal que conocemos demasiado bien, sino de la victoria del amor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY precisamente bajo esa cruz, se trata de nuestro mundo, con todas sus ca&iacute;das y dolores, sus demandas y sus rebeliones, todo lo que hoy clama a Dios desde las tierras de miseria o de guerra, en las familias desgarradas, en las c&aacute;rceles, en las embarcaciones sobrecargadas de emigrantes&hellip;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTantas l&aacute;grimas, tanta miseria en el c&aacute;liz que el Hijo bebe por nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTantas l&aacute;grimas, tanta miseria, que no se han de perder en el oc&eacute;ano del tiempo, sino que &eacute;l las recoge para transfigurarlas con el misterio de un amor que devora el mal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl G&oacute;lgota tiene que ver con la fidelidad indestructible de Dios a la humanidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLo que all&iacute; se cumple es un nacimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDebemos tener el valor de decir que la alegr&iacute;a del Evangelio es la verdad de ese momento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSi no llegamos a entender esa verdad, entonces quedaremos atrapados en las redes del sufrimiento y de la muerte. Y la Pasi&oacute;n de Cristo no dar&aacute; fruto en nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOraci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe&ntilde;or, nuestros ojos no tienen luz. Y, &iquest;c&oacute;mo acompa&ntilde;arte hasta tan lejos?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;Misericordia&raquo; es tu nombre. Pero este nombre es una locura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQue se rompan los odres viejos de nuestros corazones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSana nuestros ojos para que se llenen de luz con la buena noticia del Evangelio, cuando estemos al pie de la Cruz de tu Hijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY as&iacute; celebraremos &laquo;lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo&raquo; (Ef&nbsp;3,18) del amor de Cristo, con el coraz&oacute;n consolado e iluminado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPrimera Estaci&oacute;n: Jes&uacute;s es condenado a muerte<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del santo Evangelio seg&uacute;n san Lucas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCuando se hizo de d&iacute;a, se reunieron los ancianos del pueblo, con los jefes de los sacerdotes y los escribas; lo condujeron ante su Sanedr&iacute;n (22,66).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del santo Evangelio seg&uacute;n san Marcos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirlo y, tap&aacute;ndole la cara, lo abofeteaban y le dec&iacute;an: &laquo;Profetiza&raquo;. Y los criados le daban bofetadas (14,64-65).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMeditaci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNo tuvieron que discutir mucho los miembros del Sanedr&iacute;n para pronunciarse. Desde hac&iacute;a ya mucho tiempo la causa estaba decidida. Jes&uacute;s debe morir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAs&iacute; pensaban ya aquellos que quer&iacute;an despe&ntilde;arlo desde lo alto de la colina, aquel d&iacute;a en que, en la sinagoga de Nazaret, Jes&uacute;s hab&iacute;a desenrollado el libro proclamando en primera persona las palabras del libro de Isa&iacute;as: &laquo;El Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or est&aacute; sobre m&iacute;, porque &eacute;l me ha ungido, [&hellip;] para proclamar el a&ntilde;o de gracia del Se&ntilde;or&raquo; (Lc&nbsp;4,18.19).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDesde que cur&oacute; al paral&iacute;tico en la piscina de Betesda, inaugurando el s&aacute;bado de Dios que libera de toda esclavitud, las murmuraciones homicidas se desataron contra &eacute;l (cf.&nbsp;Jn&nbsp;5,1-18).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY en la &uacute;ltima parte del camino, cuando sub&iacute;a hacia Jerusal&eacute;n para la Pascua, el nudo de la soga se fue estrechando inexorablemente: no escapar&iacute;a m&aacute;s a sus enemigos (cf.&nbsp;Jn&nbsp;11,45-57).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPero hemos de remontarnos m&aacute;s lejos en el recuerdo. Desde Bel&eacute;n, desde el d&iacute;a de su nacimiento, Herodes hab&iacute;a decretado su muerte. La espada de los esbirros del rey usurpador extermin&oacute; a los ni&ntilde;os de Bel&eacute;n. En aquella ocasi&oacute;n, Jes&uacute;s escap&oacute; a su furia. Pero s&oacute;lo por un poco de tiempo. &Eacute;l ya no era m&aacute;s que una vida en suspenso. En el llanto de Raquel por sus hijos, que ya no est&aacute;n, resuena, sollozando, la profec&iacute;a del dolor que Sime&oacute;n anunciar&aacute; a Mar&iacute;a (cf.&nbsp;Mt&nbsp;2,16-18;&nbsp;Lc&nbsp;2,34-35).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOraci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe&ntilde;or Jes&uacute;s, Hijo predilecto, que viniste a visitarnos caminando entre nosotros y haciendo el bien, devolviendo a la vida a los que habitaban en sombras de muerte, t&uacute; conoces nuestros corazones retorcidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNosotros decimos que amamos el bien y queremos la vida. Pero somos pecadores y c&oacute;mplices de la muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNos proclamamos disc&iacute;pulos tuyos, pero emprendemos caminos que se pierden lejos de tus designios, lejos de tu justicia y de tu misericordia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNo nos abandones a nuestra violencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQue tu paciencia con nosotros no se agote.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tL&iacute;branos del mal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPater noster<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;Pueblo m&iacute;o, &iquest;qu&eacute; te he hecho?, &iquest;en qu&eacute; te he molestado? &iexcl;Resp&oacute;ndeme!&raquo;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSegunda Estaci&oacute;n: Jes&uacute;s es negado por Pedro<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del santo Evangelio seg&uacute;n san Lucas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY pasada cosa de una hora, otro insist&iacute;a diciendo: &laquo;Sin duda, este tambi&eacute;n estaba con &eacute;l, porque es galileo&raquo;. Pedro dijo: &laquo;Hombre, no s&eacute; de qu&eacute; me hablas&raquo;. Y enseguida, estando todav&iacute;a &eacute;l hablando, cant&oacute; un gallo. El Se&ntilde;or, volvi&eacute;ndose, le ech&oacute; una mirada a Pedro, y Pedro se acord&oacute; de la palabra que el Se&ntilde;or le hab&iacute;a dicho: &laquo;Antes de que cante hoy el gallo, me negar&aacute;s tres veces&raquo;. Y, saliendo afuera, llor&oacute; amargamente (22,59-62).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMeditaci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAlrededor de un fuego, en el patio del Sanedr&iacute;n, Pedro y alguno m&aacute;s buscan calentarse en aquellas fr&iacute;as horas de la noche, atravesada por un febril ir y venir de gente. Dentro, la suerte de Jes&uacute;s est&aacute; a punto de decidirse en el cara a cara con sus acusadores. Pedir&aacute;n su muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tComo una marea que sube, la hostilidad va creciendo a su alrededor. Con la misma rapidez con que arde la estopa, el odio crece y se multiplica. Muy pronto una muchedumbre vociferante exigir&aacute; a Pilato la gracia para Barrab&aacute;s y la condena de Jes&uacute;s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEs dif&iacute;cil declararse amigo de un condenado a muerte sin sentirse estremecido por el miedo. La fidelidad intr&eacute;pida de Pedro sucumbe ante las palabras recelosas de la sierva, la portera de la casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tReconocerse disc&iacute;pulo del rab&iacute; galileo ser&iacute;a darle m&aacute;s importancia a la fidelidad a Jes&uacute;s que a la propia vida. Cuando se exige tener un valor semejante, la verdad no encuentra f&aacute;cilmente testigos&hellip; Los hombres est&aacute;n hechos de tal manera que muchos prefieren la mentira a la verdad; y Pedro pertenece a nuestra humanidad. Traiciona por tres veces. Despu&eacute;s se cruza con la mirada de Jes&uacute;s. Y sus l&aacute;grimas caen amargas y sin embargo dulces, como agua que lava la suciedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMuy pronto, despu&eacute;s de algunos d&iacute;as, cerca de otro fuego, en la orilla del lago, Pedro reconocer&aacute; a su Se&ntilde;or resucitado, que le confiar&aacute; el cuidado de sus ovejas. Pedro aprender&aacute; el perd&oacute;n sin medida que el Resucitado proclama sobre todas nuestras traiciones. Y empezar&aacute; a vivir una fidelidad que, desde ese momento, le llevar&aacute; a aceptar su propia muerte como una ofrenda unida a la de Cristo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOraci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe&ntilde;or, Dios nuestro, t&uacute; has querido que fuera Pedro, el disc&iacute;pulo renegado y perdonado, el que recibiera el encargo de guiar a tu grey.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tGraba en nuestros corazones la confianza y la alegr&iacute;a de saber que, contigo, podemos atravesar los precipicios del miedo y la infidelidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHaz que, instruidos por Pedro, todos tus disc&iacute;pulos sean testigos de tu mirada sobre nuestras ca&iacute;das. Que nunca nuestras resistencias y nuestras desesperaciones hagan que la Resurrecci&oacute;n de tu Hijo sea en vano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPater noster<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCristo muerto por nuestros pecados,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCristo resucitado para vida nuestra,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tte rogamos, ten piedad de nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTercera Estaci&oacute;n: Jes&uacute;s y Pilato<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del santo Evangelio seg&uacute;n san Marcos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tApenas se hizo de d&iacute;a, los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el Sanedr&iacute;n en pleno, hicieron una reuni&oacute;n. Llevaron atado a Jes&uacute;s y lo entregaron a Pilato. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato, queriendo complacer a la gente, les solt&oacute; a Barrab&aacute;s; y a Jes&uacute;s, despu&eacute;s de azotarlo, lo entreg&oacute; para que lo crucificaran (15,1.3.15).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del santo Evangelio seg&uacute;n san Mateo<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAl ver Pilato que todo era in&uacute;til y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tom&oacute; agua y se lav&oacute; las manos ante la gente, diciendo: &laquo;Soy inocente de esta sangre. &iexcl;All&aacute; vosotros!&raquo; (27,24).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del libro del profeta Isa&iacute;as<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTodos err&aacute;bamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Se&ntilde;or carg&oacute; sobre &eacute;l todos nuestros cr&iacute;menes (53,6).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMeditaci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa Roma de C&eacute;sar Augusto, la naci&oacute;n civilizadora, cuyas legiones se proponen la misi&oacute;n de conquistar a los pueblos para llevarles los beneficios de su justo orden.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tRoma, presente tambi&eacute;n en la Pasi&oacute;n de Jes&uacute;s en la persona de Pilato, el representante del Emperador, el garante del derecho y de la justicia en tierra extranjera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY, sin embargo, el mismo Pilato, que afirma no haber encontrado ninguna culpa en Jes&uacute;s, es el que ratifica su condena a muerte. En el pretorio, donde Jes&uacute;s es procesado, la verdad resplandece: la justicia de los paganos no es superior a la del Sanedr&iacute;n de los Jud&iacute;os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tVerdaderamente este Justo, que extra&ntilde;amente atrae sobre s&iacute; los prop&oacute;sitos homicidas del coraz&oacute;n humano, reconcilia a jud&iacute;os y paganos. Pero lo lleva a cabo, por ahora, haciendo que los dos sean c&oacute;mplices en su muerte. Sin embargo, llega la hora, es m&aacute;s, est&aacute; ya cerca, en que este Justo los reconciliar&aacute; de otro modo, por medio de la Cruz y de un perd&oacute;n que alcanzar&aacute; a todos, jud&iacute;os y paganos, los curar&aacute; de sus cobard&iacute;as y los librar&aacute; de su violencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa &uacute;nica condici&oacute;n para tener parte en este don ser&aacute; confesar la inocencia del &uacute;nico Inocente, el Cordero de Dios inmolado por el pecado del mundo; renunciar a la presunci&oacute;n que murmura dentro de nosotros: &laquo;Soy inocente de la sangre de este hombre&raquo;; declararse culpables, con la seguridad de que un amor infinito nos envuelve a todos, jud&iacute;os y paganos, y de que Dios nos llama a todos a ser sus hijos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOraci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe&ntilde;or, Dios nuestro, ante Jes&uacute;s entregado y condenado, no sabemos hacer otra cosa que disculparnos y acusar a los dem&aacute;s. Durante mucho tiempo los cristianos hemos cargado sobre tu pueblo Israel el peso de tu condena a muerte. Durante mucho tiempo hemos ignorado que todos deb&iacute;amos reconocernos c&oacute;mplices en el pecado, para poder ser salvados por la sangre de Jes&uacute;s crucificado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tConc&eacute;denos reconocer en tu Hijo al Inocente, el &uacute;nico de toda la historia. &Eacute;l, que ha aceptado hacerse &laquo;pecado en favor nuestro&raquo; (cf.&nbsp;&nbsp;2 Co&nbsp;5,21), para que por &eacute;l t&uacute; pudieras encontrarnos de nuevo, humanidad recreada en la inocencia con la que nos creaste, y en la que nos haces hijos tuyos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPater noster<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;Dios m&iacute;o, Dios m&iacute;o, &iquest;por qu&eacute; me has abandonado?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCuarta estaci&oacute;n: Jes&uacute;s rey de la gloria<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del santo Evangelio seg&uacute;n san Marcos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLos soldados se lo llevaron al interior del palacio &mdash;al pretorio&mdash; y convocaron a toda la compa&ntilde;&iacute;a. Lo visten de p&uacute;rpura, le ponen una corona de espinas, que hab&iacute;an trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo: &laquo;&iexcl;Salve, rey de los jud&iacute;os!&raquo; (15,16-18).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del libro del profeta Isa&iacute;as<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCreci&oacute; en su presencia como brote, como ra&iacute;z en tierra &aacute;rida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultaban los rostros, despreciado y desestimado. &Eacute;l soport&oacute; nuestros sufrimientos y aguant&oacute; nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado (53,2-4).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMeditaci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tBanalidad del mal. Son innumerables los hombres, las mujeres, incluso los ni&ntilde;os violentados, humillados, torturados, asesinados, por todas partes y en todas las &eacute;pocas de la historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSin refugiarse en su propia condici&oacute;n divina, Jes&uacute;s se incluye en el terrible cortejo de los sufrimientos que el hombre inflige al hombre. Conoce el abandono de los humillados y de los m&aacute;s marginados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPero, &iquest;de qu&eacute; nos sirve el sufrimiento de otro inocente m&aacute;s?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAquel, que es uno como nosotros, es antes de nada el Hijo predilecto del Padre, que con su obediencia cumple toda justicia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY, de repente, todos los signos se invierten. Las palabras y los gestos de burla de sus torturadores nos desvelan &mdash;oh absoluta paradoja&mdash; una insondable verdad, la de la aut&eacute;ntica y &uacute;nica realeza, que se ha manifestado como un amor que no quiere conocer nada m&aacute;s que la voluntad del Padre y su deseo de que todos los hombres se salven. &laquo;T&uacute; no quieres sacrificios ni ofrendas, [&hellip;]. Entonces yo digo: &ldquo;Aqu&iacute; estoy &mdash;como est&aacute; escrito en mi libro&mdash; para hacer tu voluntad&rdquo;&raquo; (Sal&nbsp;40,7-9).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEsta hora del Viernes Santo nos lo proclama: hay una sola gloria en este mundo y en el otro, la de conocer y cumplir la voluntad del Padre. Ninguno de nosotros puede ambicionar una dignidad m&aacute;s alta que la de ser hijo en aquel que se ha hecho obediente por nosotros hasta la muerte en cruz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOraci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe&ntilde;or, Dios nuestro, te pedimos que en este d&iacute;a santo en el que se cumple tu designio destruyas nuestros &iacute;dolos y los del mundo. T&uacute; que conoces su poder sobre nuestras mentes y nuestros corazones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDestruye nuestras falsas figuras del &eacute;xito y de la gloria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDestruye las im&aacute;genes que siempre resurgen en nosotros de un Dios a medida de nuestros pensamientos, un Dios distante, tan alejado del rostro que se ha revelado en la alianza y que se manifiesta hoy en Jes&uacute;s, m&aacute;s all&aacute; de cualquier previsi&oacute;n, por encima de toda esperanza. &Eacute;l, que confesamos como el &laquo;reflejo de [tu] gloria&raquo; (Hb&nbsp;1,3).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHaz que entremos en el gozo eterno, que nos hace aclamar a Jes&uacute;s, revestido de p&uacute;rpura y coronado de espinas, como el rey de la gloria que canta el salmo: &laquo;&iexcl;Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria&raquo; (24,9).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPater noster<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;&iexcl;Portones!, alzad los dinteles,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tque se alcen las antiguas compuertas:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tva a entrar el Rey de la gloria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQuinta estaci&oacute;n: Jes&uacute;s con la cruz a cuestas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del libro de las Lamentaciones<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tVosotros, los que pas&aacute;is por el camino, mirad y ved si hay dolor como el dolor que me atormenta, con el que el Se&ntilde;or me afligi&oacute; el d&iacute;a de su ardiente ira (1,12).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSalmo 146<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDichoso a quien auxilia el Dios de Jacob, el que espera en el Se&ntilde;or, su Dios [&hellip;]. El Se&ntilde;or liberta a los cautivos, el Se&ntilde;or abre los ojos al ciego, el Se&ntilde;or endereza a los que ya se doblan, [&hellip;] el Se&ntilde;or guarda a los peregrinos, sustenta al hu&eacute;rfano y a la viuda (5.7-8.9).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMeditaci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPor el &aacute;spero camino del G&oacute;lgota, Jes&uacute;s no ha llevado la cruz como un trofeo. En nada se asemeja a los h&eacute;roes de nuestra fantas&iacute;a que triunfantes derriban a sus malvados enemigos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCamina paso a paso, el cuerpo siempre m&aacute;s pesado y m&aacute;s lento. Siente su carne destrozada por el le&ntilde;o del suplicio, las piernas debilitadas bajo la carga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDe generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, la Iglesia ha meditado sobre esta v&iacute;a llena de tropiezos y ca&iacute;das.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tJes&uacute;s cae, se levanta, vuelve a caer, retoma el agotador camino, probablemente bajo los golpes de los guardias que lo escoltan, porque as&iacute; es como son tratados, maltratados, los condenados en este mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&Eacute;l, que levant&oacute; a los cuerpos postrados, que enderez&oacute; a la mujer encorvada, que arranc&oacute; del lecho de la muerte a la hija de Jairo y puso en pie a los afligidos, hoy est&aacute; ah&iacute;, hundido en el polvo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl Alt&iacute;simo est&aacute; en el suelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tFijemos la mirada en Jes&uacute;s. A trav&eacute;s de &eacute;l, el Alt&iacute;simo nos ense&ntilde;a que es, al mismo tiempo &mdash;incre&iacute;blemente&mdash;, el m&aacute;s Humilde, dispuesto a descender hasta nosotros, incluso m&aacute;s abajo si fuera necesario, de modo que ninguno se pierda en los bajos fondos de su propia miseria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOraci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe&ntilde;or, Dios nuestro, t&uacute; desciendes a la profundidad de nuestra noche, sin poner l&iacute;mites a tu humillaci&oacute;n, porque es all&iacute; que encuentras la tierra a menudo ingrata, y a veces devastada, de nuestra vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTe suplicamos que ayudes a tu Iglesia para que sepa mostrar c&oacute;mo el Alt&iacute;simo y el m&aacute;s Humilde son en ti un &uacute;nico rostro. Conc&eacute;dele que lleve la buena noticia del Evangelio a todos los que tropiezan y caen, que no hay ca&iacute;da que pueda apartarnos de tu misericordia; que no hay extrav&iacute;o ni abismo suficientemente profundo en el que no puedas encontrar a quien se ha perdido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPater noster<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHe aqu&iacute; que vengo para hacer tu voluntad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSexta estaci&oacute;n: Jes&uacute;s y Sim&oacute;n de Cirene<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del santo Evangelio seg&uacute;n san Lucas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMientras lo conduc&iacute;an, echaron mano de un cierto Sim&oacute;n de Cirene, que volv&iacute;a del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detr&aacute;s de Jes&uacute;s (23,26).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del santo Evangelio seg&uacute;n san Mateo<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;Se&ntilde;or, &iquest;cu&aacute;ndo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; &iquest;cu&aacute;ndo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; &iquest;cu&aacute;ndo te vimos enfermo o en la c&aacute;rcel y fuimos a verte?&raquo; (25,37-39).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMeditaci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tJes&uacute;s tropieza por el camino, la espalda aplastada bajo el peso de la cruz. Pero es necesario continuar, caminar, seguir caminando, porque la meta del pelot&oacute;n de soldados, que apremia a Jes&uacute;s, es el G&oacute;lgota, el siniestro &laquo;lugar de la Calavera&raquo;, fuera de los muros de la ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn ese momento, pasa por ah&iacute; un hombre, de brazos fuertes. Parece ajeno a lo ocurrido aquel d&iacute;a. Est&aacute; volviendo a casa, sin saber lo que le ha sucedido al &laquo;rab&iacute;&raquo; Jes&uacute;s, cuando los guardias le ordenan que lleve la cruz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&iquest;Qu&eacute; sabr&iacute;a de aquel condenado que los guardias empujaban al suplicio? &iquest;Qu&eacute; conocer&iacute;a de aquel que &laquo;no parec&iacute;a hombre&raquo; (52,14), como el siervo desfigurado de Isa&iacute;as?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNada se nos dice de su sorpresa, de su posible rechazo inicial, del sentimiento de compasi&oacute;n que lo invadi&oacute;. El Evangelio s&oacute;lo ha conservado la memoria de su nombre, Sim&oacute;n, oriundo de Cirene. Pero el Evangelio ha querido hacernos llegar el nombre de este libio y su humilde gesto de ayuda para ense&ntilde;arnos c&oacute;mo Sim&oacute;n, aliviando el dolor de un condenado a muerte, ha aliviado el dolor de Jes&uacute;s, el Hijo de Dios, con el que se cruz&oacute; en su camino, en esa condici&oacute;n de esclavo que hab&iacute;a asumido por nosotros, por &eacute;l, por la salvaci&oacute;n del mundo. Sin que &eacute;l lo supiese.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOraci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe&ntilde;or, Dios nuestro, t&uacute; nos revelaste en cada pobre que est&aacute; desnudo, prisionero, sediento, t&uacute; nos visitas y que en &eacute;l es a ti a quien acogemos, visitamos, vestimos, calmamos la sed: &laquo;Fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la c&aacute;rcel y vinisteis a verme&raquo;&nbsp;(Mt&nbsp;25,35-36). Misterio de tu encuentro con nuestra humanidad. As&iacute; llegas a cada hombre. Ninguno est&aacute; excluido de este encuentro, si acepta ser un hombre de compasi&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tComo una ofrenda santa, nosotros te presentamos todos los gestos de bondad, de acogida, de dedicaci&oacute;n que cada d&iacute;a se realizan en este mundo. D&iacute;gnate reconocerlos como la verdad de nuestra humanidad, que habla m&aacute;s fuerte que todos los gestos de rechazo y de odio. D&iacute;gnate bendecir a los hombres y a las mujeres de compasi&oacute;n que te dan gloria, aun cuando no saben todav&iacute;a pronunciar tu nombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPater noster<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCristo muerto por nuestros pecados,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCristo resucitado para nuestra vida,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTe rogamos, ten piedad de nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tS&eacute;ptima estaci&oacute;n: Jes&uacute;s y las hijas de Jerusal&eacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del santo Evangelio seg&uacute;n san Lucas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLo segu&iacute;a un gran gent&iacute;o del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por &eacute;l. Jes&uacute;s se volvi&oacute; hacia ellas y les dijo: &laquo;Hijas de Jerusal&eacute;n, no llor&eacute;is por m&iacute;, llorad por vosotras y por vuestros hijos, [&hellip;] porque, si esto hacen con el le&ntilde;o verde, &iquest;qu&eacute; har&aacute;n con el seco?&raquo; (23,27-28.31).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMeditaci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl llanto que Jes&uacute;s conf&iacute;a a las hijas de Jerusal&eacute;n como un gesto de compasi&oacute;n, este llanto de las mujeres no falta nunca en este mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tBaja silenciosamente por las mejillas de las mujeres. Y, probablemente m&aacute;s a menudo, de forma invisible en su coraz&oacute;n, como las l&aacute;grimas de sangre de las que hablaba Catalina de Siena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNo es que las l&aacute;grimas correspondan de forma exclusiva a las mujeres, como si su destino en la historia fuese el de llorar, pasiva e impotentemente, mientras que son los hombres los que la escriben.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn efecto, sus llantos son tambi&eacute;n, y sobre todo, aquellos que ellas recogen lejos de toda mirada y de todo reconocimiento, en un mundo en el que hay mucho que llorar. El llanto de los ni&ntilde;os aterrorizados, de los heridos en el campo de batalla que llaman a su madre, el llanto solitario de los enfermos y moribundos en el umbral de lo desconocido. El llanto de perdici&oacute;n que corre por el rostro de este mundo, que fue creado en el primer d&iacute;a por l&aacute;grimas de alegr&iacute;a, mientras el hombre y la mujer exultaban de j&uacute;bilo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY tambi&eacute;n Etty Hillesum, mujer fuerte de Israel que se mantuvo en pie en medio de la tempestad de la persecuci&oacute;n nazi, y que defendi&oacute; hasta el fin la bondad de la vida, nos susurra al o&iacute;do este secreto, que ella intuye al final de su camino: en el rostro de Dios hay l&aacute;grimas que consolar, cuando llora por la miseria de sus hijos. En el infierno que invade el mundo, ella se atreve a orar a Dios: &laquo;Voy a tratar de ayudarte&raquo;, le dice. Qu&eacute; audacia tan femenina y tan divina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOraci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe&ntilde;or, Dios nuestro, Dios de ternura y de piedad, Dios lleno de amor y fidelidad, ens&eacute;&ntilde;anos, en los d&iacute;as felices, a no despreciar las l&aacute;grimas de los pobres que claman a ti y que nos piden ayuda. Ens&eacute;&ntilde;anos a no pasar indiferentes junto a ellos. Ens&eacute;&ntilde;anos a tener el valor de llorar con ellos. Ens&eacute;&ntilde;anos tambi&eacute;n, en la noche de nuestros sufrimientos, de nuestras soledades, de nuestras desilusiones, a escuchar la palabra de gracia que t&uacute; nos revelaste en el monte: &laquo;Bienaventurados los que lloran, porque ellos ser&aacute;n consolados&raquo; (Mt&nbsp;5,5).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPater noster<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCristo muerto por nuestros pecados,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCristo Resucitado para vida nuestra,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTe rogamos, ten piedad de nosotros<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOctava estaci&oacute;n: Jes&uacute;s es despojado de sus vestiduras<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del santo Evangelio seg&uacute;n san Juan<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLos soldados, cuando crucificaron a Jes&uacute;s, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la t&uacute;nica. Era una t&uacute;nica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo (19,23).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del libro de Job<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;Desnudo sal&iacute; del vientre de mi madre y desnudo volver&eacute; a &eacute;l&raquo; (1,21).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMeditaci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl cuerpo humillado de Jes&uacute;s queda desnudo. Expuesto a las miradas de burla y desprecio. El cuerpo de Jes&uacute;s plagado de heridas y destinado al suplicio extremo de la crucifixi&oacute;n. Humanamente, &iquest;qu&eacute; otra cosa se puede hacer sino bajar los ojos para no aumentar su verg&uuml;enza?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPero el Esp&iacute;ritu nos ayuda en nuestra confusi&oacute;n. Nos ense&ntilde;a a entender el lenguaje de Dios, el lenguaje de la&nbsp;kenosis, este abajamiento de Dios para llegar hasta donde estamos nosotros. De este lenguaje de Dios nos habla el te&oacute;logo ortodoxo Cristos Yanar&aacute;s: &laquo;El lenguaje de la&nbsp;kenosis: Jes&uacute;s reci&eacute;n nacido, desnudo en el pesebre, desnudo en el r&iacute;o mientras recibe el bautismo como un siervo, colgado en el &aacute;rbol de la cruz, desnudo, como un malhechor. Por medio de todo esto, &eacute;l ha manifestado su amor por nosotros&raquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAdentr&aacute;ndonos en este misterio de gracia, podemos volver a mirar el cuerpo martirizado de Jes&uacute;s. Entonces comenzamos a descubrir aquello que nuestros ojos no pueden ver: su desnudez resplandece con aquella misma luz que irradiaba su t&uacute;nica en el momento de la Transfiguraci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLuz que aleja toda tiniebla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLuz irresistible del amor hasta el extremo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOraci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe&ntilde;or, Dios nuestro, ponemos ante tus ojos la inmensa multitud de hombres que sufren la tortura, la asombrosa muchedumbre de cuerpos maltratados, temblando de angustia ante la amenaza de los golpes, muriendo en barrios miserables.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTe suplicamos, recoge su gemido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl mal nos deja sin voz e indefensos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPero t&uacute; sabes hacer lo que nosotros no sabemos. Sabes encontrar una salida en el caos y en la oscuridad del mal. Sabes hacer que la vida de la resurrecci&oacute;n brille ya en la pasi&oacute;n de tu Hijo amado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&iexcl;Aumenta nuestra fe!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTe presentamos tambi&eacute;n la locura de los torturadores y de los que les mandan. Tambi&eacute;n esta nos deja sin palabras&#8230; excepto para rezarte e implorarte entre l&aacute;grimas con las palabras de la oraci&oacute;n que nos ense&ntilde;aste: &laquo;L&iacute;branos del mal&raquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPater noster<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCristo muerto por nuestros pecados,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCristo Resucitado para vida nuestra,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTe rogamos, ten piedad de nosotros<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNovena estaci&oacute;n: Jes&uacute;s es crucificado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del santo Evangelio seg&uacute;n san Lucas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY cuando llegaron al lugar llamado &laquo;La Calavera&raquo;, lo crucificaron all&iacute;, a &eacute;l y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jes&uacute;s dec&iacute;a: &laquo;Padre, perd&oacute;nalos, porque no saben lo que hacen&raquo; (23,33-34).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del libro del Profeta Isa&iacute;as<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNuestro castigo saludable cay&oacute; sobre &eacute;l, sus cicatrices nos curaron (53,5).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMeditaci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn verdad, Dios est&aacute; donde no deber&iacute;a estar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl Hijo predilecto, el Santo de Dios, es ese cuerpo expuesto en una cruz de infamia, abandonado al deshonor, en medio de dos malhechores. Hombre de dolores ante quien se vuelve el rostro; a decir verdad, igual que se hace con tantos seres humanos desfigurados que encontramos por nuestras calles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl Verbo de Dios, por quien todo fue creado, ya no es m&aacute;s que carne muda y sufriente. La crueldad de nuestra humanidad se ha cebado con &eacute;l y ha vencido. S&iacute;, Dios est&aacute; all&iacute; donde no deber&iacute;a estar, y sin embargo necesitamos que est&eacute; all&iacute;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tVino para compartir con nosotros su vida. &laquo;Tomad&raquo;, dijo sin cesar mientras ofrec&iacute;a la salud a los enfermos, su perd&oacute;n a los corazones extraviados, su cuerpo en la cena pascual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPero ha ca&iacute;do en nuestras manos, en territorio de muerte y de violencia: la de cada d&iacute;a en el mundo, que nos deja at&oacute;nitos; y la que se insin&uacute;a dentro de cada uno de nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLo sab&iacute;an bien los monjes asesinados en Tibhirine, los cuales, a la oraci&oacute;n &laquo;des&aacute;rmalos&raquo; a&ntilde;ad&iacute;an la petici&oacute;n &laquo;des&aacute;rmanos&raquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEra necesario que la dulzura de Dios visitase nuestro infierno, era el &uacute;nico modo de librarnos del mal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEra necesario que Jesucristo trajese la infinita ternura de Dios al coraz&oacute;n del pecado del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEra necesario esto, para que la muerte, puesta ante la vida de Dios, se retirase y cayese, como un enemigo que encuentra un rival m&aacute;s fuerte que &eacute;l y se dispersa en la nada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOraci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe&ntilde;or, Dios nuestro, acoge nuestra alabanza silenciosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tComo los reyes que se quedan sin palabras ante la obra del Siervo revelada por el profeta Isa&iacute;as (cf. 52,15), nos quedamos estupefactos ante el cordero inmolado por nuestra vida y la del mundo, y confesamos que por tus llagas hemos sido curados. &laquo;&iquest;C&oacute;mo pagar&eacute; al Se&ntilde;or todo el bien que me ha hecho? Te ofrecer&eacute; un sacrificio de alabanza, invocando el nombre del Se&ntilde;or&raquo; (Sal&nbsp;116,12.17).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPater noster<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCristo muerto por nuestros pecados,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCristo Resucitado para vida nuestra,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTe rogamos, ten piedad de nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tD&eacute;cima estaci&oacute;n: Jes&uacute;s en la cruz es humillado<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del santo Evangelio seg&uacute;n san Lucas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hac&iacute;an muecas, diciendo: &laquo;A otros ha salvado; que se salve a s&iacute; mismo, si &eacute;l es el Mes&iacute;as de Dios, el Elegido&raquo;. Se burlaban de &eacute;l tambi&eacute;n los soldados, que se acercaban y le ofrec&iacute;an vinagre, diciendo: &laquo;Si eres t&uacute; el rey de los jud&iacute;os, s&aacute;lvate a ti mismo&raquo;. Hab&iacute;a tambi&eacute;n por encima de &eacute;l un letrero: &laquo;Este es el rey de los jud&iacute;os&raquo;. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: &laquo;&iquest;No eres t&uacute; el Mes&iacute;as? S&aacute;lvate a ti mismo y a nosotros&raquo; (23,35-39).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan&raquo;. [&#8230;] &laquo;Si eres Hijo de Dios, t&iacute;rate de aqu&iacute; abajo, porque est&aacute; escrito: [&#8230;] (los &aacute;ngeles) te sostendr&aacute;n en sus manos&raquo; (4,3.9-11).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMeditaci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&iquest;No habr&iacute;a podido Jes&uacute;s bajarse de la cruz? A duras penas nos atrevemos a hacernos esta pregunta. &iquest;Acaso el Evangelio no la pone en boca de los imp&iacute;os?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY sin embargo, ella nos persigue en la medida en que a&uacute;n seguimos formando parte del mundo de la tentaci&oacute;n a la que Jes&uacute;s se enfrent&oacute; durante los cuarenta d&iacute;as en el desierto, preludio e inicio de su ministerio: &laquo;Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan, t&iacute;rate desde la parte superior del templo, porque Dios cuida del que es su amigo&raquo;. Pero en la medida en que bautizados en su muerte y resurrecci&oacute;n seguimos a Jesucristo en su camino, el desaf&iacute;o del Maligno ya no tiene poder sobre nosotros, se reduce a nada, su mentira queda desenmascarada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEs entonces cuando se descubre la importancia absoluta de aquel &laquo;era necesario&raquo; (Lc&nbsp;24,26), que Jes&uacute;s ense&ntilde;a con paciencia y ardor a los caminantes de Ema&uacute;s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;Era necesario&raquo; que Cristo entrara en esta obediencia y en esta impotencia, para llegar hasta nosotros en esa impotencia a la que nos ha llevado nuestra desobediencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tComenzamos as&iacute; a comprender que &laquo;s&oacute;lo el Dios que sufre puede salvarnos&raquo;, como escribi&oacute; el pastor&nbsp;Dietrich Bonhoeffer&nbsp;unos meses antes de morir asesinado, de tal manera que, experimentando en profundidad el poder del mal, pudo resumir en esta verdad, simple y vertiginosa, la profesi&oacute;n de fe cristiana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOraci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe&ntilde;or, Dios nuestro, &iquest;qui&eacute;n nos librar&aacute; de las insidias del poder mundano? &iquest;Qui&eacute;n nos librar&aacute; de la tiran&iacute;a de la mentira, que nos lleva a enaltecer a los poderosos y buscar a la vez las falsas glorias?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tS&oacute;lo t&uacute; puedes convertir nuestros corazones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tS&oacute;lo t&uacute; puedes hacernos amar los senderos de la humildad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tS&oacute;lo t&uacute;&#8230;, que nos revelas que la &uacute;nica victoria es la del amor y que todo lo dem&aacute;s no es m&aacute;s que paja que dispersa el viento, ilusi&oacute;n que desaparece frente a tu verdad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTe rogamos, Se&ntilde;or, disipa las mentiras que pretenden reinar en nuestros corazones y en el mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHaznos vivir seg&uacute;n tus caminos, para que el mundo reconozca el poder de la Cruz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPater noster<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDios m&iacute;o, Dios m&iacute;o, &iquest;por qu&eacute; me has abandonado?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tUnd&eacute;cima estaci&oacute;n: Jes&uacute;s y su Madre<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del santo Evangelio seg&uacute;n San Juan<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tJunto a la cruz de Jes&uacute;s estaban su madre, la hermana de su madre, Mar&iacute;a, la de Cleof&aacute;s, y Mar&iacute;a, la Magdalena. Jes&uacute;s, al ver a su madre y junto a ella al disc&iacute;pulo al que amaba, dijo a su madre: &laquo;Mujer, ah&iacute; tienes a tu hijo&raquo;. Luego, dijo al disc&iacute;pulo: &laquo;Ah&iacute; tienes a tu madre&raquo;. Y desde aquella hora, el disc&iacute;pulo la recibi&oacute; como algo propio (19,25-27).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMeditaci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTambi&eacute;n Mar&iacute;a ha llegado al final del camino. Ha llegado aquel d&iacute;a del que hablaba el anciano Sime&oacute;n. Cuando tom&oacute; en sus brazos temblorosos al ni&ntilde;o y su acci&oacute;n de gracias continu&oacute; con palabras misteriosas, que entrelazaban contempor&aacute;neamente drama y esperanza, dolor y salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;Este &mdash;hab&iacute;a dicho&mdash; ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y ser&aacute; como un signo de contradicci&oacute;n &mdash;y a ti misma una espada te traspasar&aacute; el alma&mdash;, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones&raquo; (Lc&nbsp;2,34-35).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tYa la visita del &aacute;ngel hab&iacute;a hecho resonar en su coraz&oacute;n un anuncio incre&iacute;ble: Dios hab&iacute;a escogido su vida para hacer florecer la novedad prometida a Israel, que &laquo;ni el ojo vio, ni el o&iacute;do oy&oacute;&raquo; (1 Co&nbsp;2,9; cf.&nbsp;Is&nbsp;64,3). Y ella acept&oacute; ese proyecto divino que comenz&oacute; a transformar su cuerpo y, que m&aacute;s tarde, condujo por caminos impredecibles al hijo nacido de sus entra&ntilde;as.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn los d&iacute;as ocultos de Nazaret y luego tambi&eacute;n en el tiempo de la vida p&uacute;blica, cuando lleg&oacute; la exigencia de hacerle sitio a la otra familia &mdash;la de los disc&iacute;pulos, esos desconocidos que Jes&uacute;s dec&iacute;a que eran sus hermanos, hermanas y madres&mdash;, ella conserv&oacute; todas estas cosas en su coraz&oacute;n, las confi&oacute; a la gran paciencia de su fe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHoy es el tiempo del cumplimiento. La lanza que atraviesa el costado del Hijo traspasa tambi&eacute;n su coraz&oacute;n. Tambi&eacute;n Mar&iacute;a se sumerge en la confianza sin apoyo, en la que Jes&uacute;s vive totalmente su obediencia al Padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDe pie, ella no huye.&nbsp;Stabat Mater. En la oscuridad, pero convencida, sabe que Dios cumple sus promesas. En la oscuridad, pero convencida, sabe que Jes&uacute;s es la promesa y su cumplimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOraci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMar&iacute;a, Madre de Dios y mujer de nuestra estirpe, t&uacute; que nos engendras maternalmente en aquel que has engendrado, sost&eacute;n nuestra fe en las horas de oscuridad, ens&eacute;&ntilde;anos a esperar contra toda esperanza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHaz que toda la Iglesia se mantenga en una espera fiel, a imagen de tu fidelidad, humildemente d&oacute;cil a los proyectos de Dios, que nos llevan hacia donde no pens&aacute;bamos ir; y que, m&aacute;s all&aacute; de toda expectativa, nos asocian a la obra de la salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPater noster<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSalve, Regina, Mater Misericordiae;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tvita, dulcedo et spes nostra, salve.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDuod&eacute;cima estaci&oacute;n: Jes&uacute;s muere en la cruz<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del santo Evangelio seg&uacute;n san Juan<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t[Jes&uacute;s] dijo: &laquo;Tengo sed&raquo;. Hab&iacute;a all&iacute; un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una ca&ntilde;a de hisopo, se la acercaron a la boca. Jes&uacute;s, cuando tom&oacute; el vinagre, dijo: &laquo;Est&aacute; cumplido&raquo;. E, inclinando la cabeza, entreg&oacute; el esp&iacute;ritu. [&#8230;] Pero al llegar a Jes&uacute;s, viendo que ya hab&iacute;a muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspas&oacute; el costado, y al punto sali&oacute; sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y &eacute;l sabe que dice verdad, para que tambi&eacute;n vosotros cre&aacute;is (19,28-30.33-35).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMeditaci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAhora todo est&aacute; cumplido. La misi&oacute;n de Jes&uacute;s est&aacute; concluida. Vino desde el Padre para la misi&oacute;n de la misericordia. La cumpli&oacute; con una fidelidad que lo llev&oacute; hasta el extremo del amor. Todo est&aacute; cumplido. Jes&uacute;s encomienda su esp&iacute;ritu en las manos de Padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEs verdad, aparentemente todo parece hundirse en el silencio de la muerte que desciende sobre el G&oacute;lgota y las tres cruces levantadas. En este d&iacute;a de la Pasi&oacute;n, que llega a su fin, quien pasa por ese camino s&oacute;lo puede ver la derrota de Jes&uacute;s, el fracaso de una esperanza que hab&iacute;a alentado a muchos, consolado a los pobres, levantado a los humillados, que hizo vislumbrar a los disc&iacute;pulos que hab&iacute;a llegado el tiempo en que Dios cumplir&iacute;a las promesas anunciadas por los profetas. Todo eso parec&iacute;a perdido, destruido, derrumbado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSin embargo, en medio de tanta decepci&oacute;n, el evangelista Juan hace que pongamos los ojos en un peque&ntilde;o detalle, y se detiene en &eacute;l con solemnidad. Agua y sangre brotan del costado del crucificado. &iexcl;Oh maravilla! La herida abierta por la lanza del soldado hace que salga el agua y la sangre que nos hablan de vida y de nacimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl mensaje es extremadamente discreto, pero muy elocuente para los corazones que tienen un poco de memoria. Del cuerpo de Jes&uacute;s brota el manantial que el profeta vio salir del templo. El manantial que crece y se convierte en un r&iacute;o caudaloso, cuyas aguas sanan y fecundan todo lo que tocan a su paso. &iquest;No hab&iacute;a Jes&uacute;s dicho un d&iacute;a que su cuerpo es el nuevo templo? Y la &laquo;sangre de la alianza&raquo; acompa&ntilde;a el agua. &iquest;No hab&iacute;a Jes&uacute;s hablado de su carne y su sangre como alimento para la vida eterna?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOraci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe&ntilde;or Jes&uacute;s, en estos d&iacute;as santos del misterio pascual renueva en nosotros el gozo de nuestro bautismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAl contemplar el agua y la sangre que brotan de tu costado, ens&eacute;&ntilde;anos a reconocer en qu&eacute; fuente se engendra nuestra vida, de qu&eacute; caridad est&aacute; edificada tu Iglesia, para qu&eacute; esperanza, que compartir con el mundo, t&uacute; nos has elegido y enviado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAqu&iacute; est&aacute; la fuente de vida que lava todo el universo, que brota de la herida de Cristo. Que nuestro bautismo sea para nosotros la &uacute;nica gloria, con una acci&oacute;n de gracias llena de asombro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPater noster<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDigno es el Cordero degollado<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tde recibir el poder, la riqueza,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tla sabidur&iacute;a, la fuerza,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tel honor, la gloria y la alabanza<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tpor los siglos de los siglos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDecimotercera estaci&oacute;n:&nbsp;Jes&uacute;s es bajado de la cruz<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del santo Evangelio seg&uacute;n san Lucas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t[Jos&eacute; de Arimatea], baj&aacute;ndolo de la cruz, lo envolvi&oacute; en una s&aacute;bana y lo coloc&oacute; en un sepulcro excavado en la roca, donde nadie hab&iacute;a sido puesto todav&iacute;a (23,53).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMeditaci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tGestos de atenci&oacute;n y de honor para el cuerpo profanado y humillado de Jes&uacute;s. Algunos hombres y mujeres se encuentran al pie de la cruz. Jos&eacute;, oriundo de Arimatea, hombre &laquo;bueno y justo&raquo; (Lc&nbsp;23,50), que pide el cuerpo a Pilato, como refiere san Lucas; Nicodemo, aquel que fue a encontrar a Jes&uacute;s de noche, a&ntilde;ade san Juan; y algunas mujeres que, tenazmente fieles, observaban. La meditaci&oacute;n de la Iglesia ha querido a&ntilde;adir a la Virgen Mar&iacute;a, que estaba ciertamente tambi&eacute;n presente en este momento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMar&iacute;a, Madre de piedad, que recibe en sus brazos el cuerpo nacido de su carne y que ha acompa&ntilde;ado tiernamente, discretamente durante sus a&ntilde;os de vida, como madre que siempre cuida de su hijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAhora es un cuerpo inmenso el que ella recoge, a medida de su dolor, a medida de la nueva creaci&oacute;n que nace de la pasi&oacute;n del amor que ha atravesado el coraz&oacute;n del hijo y de la madre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn el gran silencio que se cre&oacute; despu&eacute;s del griter&iacute;o de los soldados, de las burlas de los que pasaban y del murmullo de la crucifixi&oacute;n, los gestos son ahora de dulzura, una caricia de respeto. Jos&eacute; baja el cuerpo que se abandona entre sus brazos. Lo envuelve en una s&aacute;bana, lo pone dentro de un sepulcro completamente nuevo, que espera a su hu&eacute;sped, en el jard&iacute;n que est&aacute; al lado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tJes&uacute;s ha sido arrancado de las manos de sus verdugos. Ahora, muerto, se encuentra entre aquellas de la ternura y de la compasi&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa violencia de los hombres homicidas ha pasado. La dulzura ha vuelto al lugar del suplicio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDulzura de Dios y de los suyos, esos corazones mansos a los que Jes&uacute;s promete un d&iacute;a que poseer&aacute;n la tierra. Dulzura originaria de la creaci&oacute;n y del hombre a imagen de Dios. Dulzura del final, cuando toda l&aacute;grima ser&aacute; enjugada, cuando el lobo habitar&aacute; con el cordero, porque est&aacute; lleno el pa&iacute;s del conocimiento del Se&ntilde;or (cf.&nbsp;Is&nbsp;11, 6.9).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCanto a Mar&iacute;a<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOh Mar&iacute;a, no llores m&aacute;s: tu hijo, nuestro Se&ntilde;or, duerme en paz. Y su Padre, en la gloria, abre las puertas de la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOh Mar&iacute;a, al&eacute;grate: Jes&uacute;s resucitado venci&oacute; a la muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPater noster<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn paz me acuesto y enseguida me duermo;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tme despierto y t&uacute; me sostienes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDecimocuarta estaci&oacute;n: Jes&uacute;s en el sepulcro y las mujeres<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLectura del santo&nbsp;Evangelio seg&uacute;n san Lucas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLas mujeres que lo hab&iacute;an acompa&ntilde;ado desde Galilea lo siguieron, y vieron el sepulcro y c&oacute;mo hab&iacute;a sido colocado su cuerpo. Al regresar, prepararon aromas y mirra. Y el s&aacute;bado descansaron de acuerdo con el precepto (23,55-56).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMeditaci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLas mujeres se han marchado. Ya no est&aacute; el que hab&iacute;an acompa&ntilde;ado, caminando premurosas e incansables por los caminos de Galilea. En esta tarde, les deja &uacute;nicamente por compa&ntilde;&iacute;a el recuerdo de la visi&oacute;n del sepulcro y de la s&aacute;bana donde ahora reposa. Pobre y precioso recuerdo de los intensos d&iacute;as pasados. Soledad y silencio. Por otra parte, se acerca el&nbsp;shabbat, que invita a Israel a concluir el trabajo, como tambi&eacute;n hizo Dios cuando complet&oacute; la creaci&oacute;n, llev&aacute;ndola a plenitud con su bendici&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHoy se trata de otra plenitud; por ahora escondida e impenetrable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tUn&nbsp;Shabbat&nbsp;para quedarse hoy quietos con el coraz&oacute;n recogido y la memoria oscurecida por las l&aacute;grimas. Para preparar tambi&eacute;n los perfumes y los aromas con los que ellas ma&ntilde;ana, al amanecer, rendir&aacute;n el &uacute;ltimo tributo a su cuerpo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSin embargo, con este gesto, &iquest;se preparan solamente a embalsamar su esperanza? &iquest;Y si Dios hubiera predispuesto una respuesta a su solicitud que ellas no logran ni siquiera prever, imaginar, intuir? El descubrimiento de una tumba vac&iacute;a&hellip;, el anuncio de que &eacute;l ya no est&aacute; all&iacute;, porque ha destruido las puertas de la muerte&hellip;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOraci&oacute;n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe&ntilde;or, Dios nuestro, d&iacute;gnate ver y bendecir todos los gestos de las mujeres que honran en este mundo la fragilidad del cuerpo humano, que ellas rodean de dulzura y de honor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY a nosotros, que te hemos acompa&ntilde;ado en este camino de amor hasta el final, d&iacute;gnate protegernos, junto a las mujeres del Evangelio, en la oraci&oacute;n y en la espera que han sido colmadas con la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s, y que tu Iglesia se dispone a celebrar en el j&uacute;bilo de la noche pascual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPater noster<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Am&eacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTambi&eacute;n te puede interesar:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t\tIngrese aqu&iacute; al especial de Semana Santa elaborado por ACI Prensa https:\/\/t.co\/cc5Q63kXwH<\/p>\n<p>\t&mdash; ACI Prensa (@aciprensa) 19 de marzo de 2016<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 10 Abr. 17 (ACI).- El Papa Francisco encarg&oacute; la preparaci&oacute;n de las meditaciones del V&iacute;a Crucis del Viernes Santo 2017 a la biblista francesa Anne-Marie Pelletier, que decidi&oacute; hacer algunas innovaciones en la estructura del mismo. A continuaci&oacute;n publicamos el texto completo de las meditaciones que se usar&aacute;n en el V&iacute;a Crucis que presidir&aacute; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-las-meditaciones-del-via-crucis-2017-que-el-papa-francisco-presidira-en-roma\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTEXTO: Las meditaciones del V\u00eda Crucis 2017 que el Papa Francisco presidir\u00e1 en Roma\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-13580","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13580","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13580"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13580\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13580"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13580"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13580"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}