{"id":13740,"date":"2017-04-14T12:05:02","date_gmt":"2017-04-14T17:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/viernes-santo-papa-francisco-preside-la-celebracion-de-la-pasion-del-senor-en-vaticano\/"},"modified":"2017-04-14T12:05:02","modified_gmt":"2017-04-14T17:05:02","slug":"viernes-santo-papa-francisco-preside-la-celebracion-de-la-pasion-del-senor-en-vaticano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/viernes-santo-papa-francisco-preside-la-celebracion-de-la-pasion-del-senor-en-vaticano\/","title":{"rendered":"Viernes Santo: Papa Francisco preside la celebraci\u00f3n de la Pasi\u00f3n del Se\u00f1or en Vaticano"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 14 Abr. 17 (ACI).-<br \/>\n\tAl igual que en a&ntilde;os anteriores, el Papa Francisco presidi&oacute; la celebraci&oacute;n de la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or en la Bas&iacute;lica de San Pedro, en el Vaticano, desprovista de todo ornamento e iluminada con una luz tenue, en una ceremonia caracterizada por su sobriedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl predicador de la Casa Pontificia, P. Rainiero Cantalamessa, pronunci&oacute;, como viene siendo habitual, la homil&iacute;a. En ella, explic&oacute; c&oacute;mo la cruz constituye &ldquo;la &uacute;nica esperanza del mundo&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl P. Cantalamessa, que tambi&eacute;n record&oacute; a los 38 cristianos coptos asesinados en Egipto en los atentados de la semana pasada, explic&oacute; que la muerte de Jes&uacute;s en la cruz &ldquo;ha cambiado el sentido mismo de la muerte&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn este sentido, se&ntilde;al&oacute; que &ldquo;el coraz&oacute;n de carne, prometido por Dios en los profetas, est&aacute; ya presente en el mundo: es el Coraz&oacute;n de Cristo traspasado en la cruz, lo que veneramos como &lsquo;el Sagrado Coraz&oacute;n&rsquo;. Al recibir la Eucarist&iacute;a, creemos firmemente que ese coraz&oacute;n viene a latir tambi&eacute;n dentro de nosotros&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn el Viernes Santo, la Iglesia recuerda el drama de la muerte de Cristo en la Cruz, una cruz que, alzada sobre el mundo, ofrece un signo de salvaci&oacute;n y esperanza a la humanidad. En este d&iacute;a, la liturgia contempla la Pasi&oacute;n de Cristo seg&uacute;n el Evangelio de San Juan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn este d&iacute;a no se celebra la Eucarist&iacute;a. Antes del comienzo de la ceremonia, los celebrantes se postran en el suelo, ante el altar. Es un s&iacute;mbolo de c&oacute;mo la humanidad implora perd&oacute;n por sus pecados. As&iacute; lo hizo el Papa Francisco, vestido de p&uacute;rpura en recuerdo de la sangre de Jes&uacute;s derramada en el Calvario, durante la celebraci&oacute;n en la Bas&iacute;lica de San Pedro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl Santo Padre, postrado en el suelo, or&oacute; durante unos minutos junto a todos los fieles arrodillados presentes en la Bas&iacute;lica. Despu&eacute;s de ese instante de oraci&oacute;n silenciosa, el Pont&iacute;fice, con la ayuda de los ceremonieros, se puso de nuevo en pie y se procedi&oacute; a la proclamaci&oacute;n de la Palabra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTras las lecturas, se descubri&oacute; la cruz y se ador&oacute; con la siguiente aclamaci&oacute;n pronunciada tres veces: &ldquo;Mirad el &aacute;rbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvaci&oacute;n del mundo. &iexcl;Venid a adorarlo!&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAunque no hay consagraci&oacute;n, s&iacute; se comulga con el Pan consagrado en la celebraci&oacute;n del Jueves Santo. Hasta el a&ntilde;o 1995, cuando el Papa P&iacute;o XII reform&oacute; la Semana Santa, s&oacute;lo el sacerdote comulgaba el Viernes Santo. Ahora todo el pueblo fiel puede hacerlo. Se expresa as&iacute; la participaci&oacute;n de todos en la muerte salvadora de Cristo: la Iglesia recibe as&iacute; el Cuerpo de Cristo entregado por la salvaci&oacute;n de la humanidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n, el texto completo de la homil&iacute;a del predicador de la Casa Pontificia:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&ldquo;LA CRUZ, &Uacute;NICA ESPERANZA DEL MUNDO&rdquo;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAcabamos de escuchar el relato de la Pasi&oacute;n de Cristo. Nada m&aacute;s que la cr&oacute;nica de una muerte violenta. Nunca faltan noticias de muertos asesinados en nuestros noticiarios. Incluso en estos &uacute;ltimos d&iacute;as ha habido algunas, como la de los 38 cristianos coptos asesinados en Egipto. &iquest;Por qu&eacute;, entonces, despu&eacute;s de 2000 a&ntilde;os, el mundo recuerda todav&iacute;a la muerte de Jes&uacute;s de Nazaret como si hubiera pasado ayer? El motivo es que su muerte ha cambiado el sentido mismo de la muerte. Reflexionemos algunos instantes sobre todo esto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&ldquo;Al llegar a Jes&uacute;s, viendo que ya estaba muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados con una lanza le atraves&oacute; el costado, e inmediatamente sali&oacute; sangre y agua&rdquo; (Jn 19,33-34). Al comienzo de su ministerio, a quien le preguntaba con qu&eacute; autoridad expulsaba a los mercaderes del Templo, Jes&uacute;s respondi&oacute;: &ldquo;Destruid este templo, y en tres d&iacute;as lo levantar&eacute;&rdquo;. &ldquo;&Eacute;l hablaba del templo de su cuerpo&rdquo; (Jn 2,19.21), hab&iacute;a comentado Juan en aquella ocasi&oacute;n, y he aqu&iacute; que ahora el mismo evangelista nos atestigua que del lado de este templo &ldquo;destruido&rdquo; brotan agua y sangre. Es una alusi&oacute;n evidente a la profec&iacute;a de Ezequiel que hablaba del futuro templo de Dios, del lado del que brota un hilo de agua que se convierte primero en riachuelo, luego un r&iacute;o navegable y en torno al cual florece toda forma de vida (cf. Ez 47, 1 ss.).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tExiste ya, dentro de la Trinidad y dentro del mundo, un coraz&oacute;n humano que late, no s&oacute;lo metaf&oacute;ricamente, sino realmente. Si, en efecto, Cristo ha resucitado de la muerte, tambi&eacute;n su coraz&oacute;n ha resucitado de la muerte; &eacute;l vive, como todo el resto de su cuerpo, en una dimensi&oacute;n distinta de antes, real, aunque m&iacute;stica. Si el Cordero vive en el cielo &ldquo;inmolado, pero de pie&rdquo;, tambi&eacute;n su coraz&oacute;n comparte el mismo estado; es un coraz&oacute;n traspasado pero viviente; eternamente traspasado, precisamente porque est&aacute; eternamente vivo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tFue creada una expresi&oacute;n para describir el colmo de la maldad que puede amasarse en el seno de la humanidad: &ldquo;coraz&oacute;n de tinieblas&rdquo;. Tras el sacrificio de Cristo, m&aacute;s profundo que el coraz&oacute;n de tinieblas, palpita en el mundo un coraz&oacute;n de luz. En efecto, Cristo al subir al cielo, no ha abandonado la tierra, como, al encarnarse, no hab&iacute;a abandonado la Trinidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&ldquo;Ahora se realiza el designio del Padre &ndash;dice una ant&iacute;fona de la Liturgia de las Horas&ndash;, hacer Cristo el coraz&oacute;n del mundo&rdquo;. Esto explica el irreductible optimismo cristiano que hizo exclamar a una m&iacute;stica medieval: &ldquo;El pecado es inevitable, pero todo estar&aacute; bien y todo tipo de cosa estar&aacute; bien&rdquo; (Juliana de Norwich).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t***<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLos monjes cartujos adoptaron un escudo que figura en la entrada de sus monasterios, en sus documentos oficiales y en otras ocasiones. En &eacute;l est&aacute; representado el globo terr&aacute;queo, rematado por una cruz, con una inscripci&oacute;n alrededor: &ldquo;Stat crux dum volvitur orbis&rdquo;: est&aacute; inm&oacute;vil la cruz, entre las evoluciones del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&iquest;Qu&eacute; representa la cruz, para que sea este punto fijo, este &aacute;rbol maestro entre la agitaci&oacute;n del mundo? Ella es el &ldquo;No&rdquo; definitivo e irreversible de Dios a la violencia, a la injusticia, al odio, a la mentira, a todo lo que llamamos &ldquo;el mal&rdquo;; y, al mismo tiempo, es el &ldquo;S&iacute;&rdquo;, igualmente irreversible, al amor, a la verdad, al bien. &ldquo;No&rdquo; al pecado, &ldquo;S&iacute;&rdquo; al pecador. Es lo que Jes&uacute;s ha practicado durante toda su vida y que ahora consagra definitivamente con su muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa raz&oacute;n de esta distinci&oacute;n es clara: el pecador es criatura de Dios y conserva su dignidad a pesar de todos sus desv&iacute;os; el pecado no; es una realidad espuria, a&ntilde;adida, fruto de las propias pasiones y de la &ldquo;envidia del demonio&rdquo; (Sab 2,24). Es la misma raz&oacute;n por la que el Verbo, al encarnarse, asumi&oacute; todo del hombre, excepto el pecado. El buen ladr&oacute;n, a quien Jes&uacute;s moribundo promete el para&iacute;so, es la demostraci&oacute;n viva de todo esto. Nadie debe desesperar; nadie debe decir, como Ca&iacute;n: &ldquo;Demasiado grande es mi culpa para obtener el perd&oacute;n&rdquo; (G&eacute;n 4,13).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa cruz no &ldquo;est&aacute;&rdquo;, pues, contra el mundo, sino para el mundo: para dar un sentido a todo el sufrimiento que ha habido, hay y habr&aacute; en la historia humana. &ldquo;Dios no envi&oacute; a su Hijo al mundo para condenar el mundo &ndash;dice Jes&uacute;s a Nicodemo&ndash;, sino para que el mundo se salve por medio de &eacute;l&rdquo; (Jn 3,17). La cruz es la proclamaci&oacute;n viva de que la victoria final no es de quien triunfa sobre los dem&aacute;s, sino de quien triunfa sobre s&iacute; mismo; no de quien hace sufrir, sino de quien sufre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t***<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&ldquo;Dum volvitur orbis&rdquo;, mientras que el mundo realiza sus evoluciones. La historia humana conoce muchos tr&aacute;nsitos de una era a otra: se habla de la edad de piedra, del bronce, hierro, de la edad imperial, de la era at&oacute;mica, de la era electr&oacute;nica. Pero hoy hay algo nuevo. La idea de transici&oacute;n no basta ya para describir la realidad en curso. A la idea de mutaci&oacute;n se debe agregar la de aplastamiento. Vivimos, se ha escrito, en una sociedad &ldquo;l&iacute;quida&rdquo;; ya no hay puntos firmes, valores indiscutibles, ning&uacute;n escollo en el mar, a los que aferrarnos, o contra los cuales incluso chocar. Todo es fluctuante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe ha realizado la peor de las hip&oacute;tesis que el fil&oacute;sofo hab&iacute;a previsto como efecto de la muerte de Dios, la que el advenimiento del super-hombre deber&iacute;a haber evitado, pero que no ha impedido: &ldquo;Qu&eacute; hicimos para disolver esta tierra de la cadena de su sol? &iquest;D&oacute;nde se mueve ahora? &iquest;D&oacute;nde nos movemos nosotros? &iquest;Fuera de todos los soles? &iquest;No es el nuestro un eterno precipitar? &iquest;Hacia atr&aacute;s, de lado, hacia adelante, por todos los lados? &iquest;Existe todav&iacute;a un alto y un bajo? &iquest;No estamos acaso vagando como a trav&eacute;s de una nada infinita?&rdquo; (F. NIETZSCHE, La gaya ciencia, aforismo 125 (Edaf, Madrid 2002).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe dijo que &ldquo;matar a Dios es el m&aacute;s horrendo de los suicidios&rdquo;, y es lo que estamos viendo. No es verdad que &ldquo;donde nace Dios, muere el hombre&rdquo; (J.-P. SARTRE); es verdad lo contrario: donde muere Dios, muere el hombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tUn pintor surrealista de la segunda mitad del siglo pasado (Salvador Dal&iacute;) pint&oacute; un crucificado que parece una profec&iacute;a de esta situaci&oacute;n. Una cruz inmensa, c&oacute;smica, con un Cristo encima, igualmente monumental, visto desde arriba, con la cabeza reclinada hacia abajo. Sin embargo, debajo de &eacute;l no existe la tierra firme, sino el agua. El crucifijo no est&aacute; suspendido entre cielo y tierra, sino entre el cielo y el elemento l&iacute;quido del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEsta imagen tr&aacute;gica (hay tambi&eacute;n como trasfondo, una nube que podr&iacute;a aludir a la nube at&oacute;mica), contiene, sin embargo, una certeza consoladora: &iexcl;Hay esperanza incluso para una sociedad l&iacute;quida como la nuestra! Hay esperanza, porque encima de ella &ldquo;est&aacute; la cruz de Cristo&rdquo;. Es lo que la liturgia del Viernes Santo nos hace repetir cada a&ntilde;o con las palabras del poeta Venancio Fortunato: &ldquo;O crux, ave spes &uacute;nica&rdquo;, Salve, oh cruz, esperanza &uacute;nica del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tS&iacute;, Dios ha muerto, ha muerto en su Hijo Jesucristo; pero no ha permanecido en la tumba, ha resucitado. &laquo;&iexcl;Vosotros lo crucificasteis &ndash;grita Pedro a la multitud el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s&ndash;, pero Dios lo ha resucitado!&raquo; (Hch 2,23-24). &Eacute;l es quien &ldquo;hab&iacute;a muerto, pero ahora vive por los siglos&rdquo; (Ap 1,18). La cruz no &laquo;est&aacute;&raquo; inm&oacute;vil en medio de los vaivenes del mundo como recuerdo de un acontecimiento pasado, o un puro s&iacute;mbolo; est&aacute; en &eacute;l como una realidad en curso, viva y operante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t***<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSin embargo, confundir&iacute;amos esta liturgia de la pasi&oacute;n, si nos detuvi&eacute;ramos, como los soci&oacute;logos, en el an&aacute;lisis de la sociedad en que vivimos. Cristo no ha venido a explicar las cosas, sino a cambiar a las personas. El coraz&oacute;n de tinieblas no es solamente el de alg&uacute;n malvado escondido en el fondo de la jungla, y tampoco el de la naci&oacute;n y el de la sociedad que lo ha producido. En distinta medida est&aacute; dentro de cada uno de nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa Biblia lo llama el coraz&oacute;n de piedra: &ldquo;Arrancar&eacute; de ellos el coraz&oacute;n de piedra &ndash;dice Dios en el profeta Ezequiel&ndash; y les dar&eacute; un coraz&oacute;n de carne&rdquo; (Ez 36,26). Coraz&oacute;n de piedra es el coraz&oacute;n cerrado a la voluntad de Dios y al sufrimiento de los hermanos, el coraz&oacute;n de quien acumula sumas ilimitadas de dinero y queda indiferente ante la desesperaci&oacute;n de quien no tiene un vaso de agua para dar al propio hijo; es tambi&eacute;n el coraz&oacute;n de quien se deja dominar completamente por la pasi&oacute;n impura, dispuesto a matar por ella, o a llevar una doble vida. Para no quedarnos con la mirada siempre dirigida hacia el exterior, hacia los dem&aacute;s, digamos, m&aacute;s concretamente: es nuestro coraz&oacute;n de ministros de Dios y de cristianos practicantes si vivimos todav&iacute;a fundamentalmente &ldquo;para nosotros mismos&rdquo; y no &ldquo;para el Se&ntilde;or&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEst&aacute; escrito que en el momento de la muerte de Cristo &ldquo;el velo del templo se rasg&oacute; en dos, de arriba a abajo, la tierra tembl&oacute;, las rocas se rompieron, los sepulcros se abrieron y muchos cuerpos de santos muertos resucitaron&rdquo; (Mt 27,51s). De estos signos se da, normalmente, una explicaci&oacute;n apocal&iacute;ptica, como de un lenguaje simb&oacute;lico necesario para describir el acontecimiento escatol&oacute;gico. Pero tambi&eacute;n tienen un significado paren&eacute;tico: indican lo que debe suceder en el coraz&oacute;n de quien lee y medita la Pasi&oacute;n de Cristo. En una liturgia como la presente, san Le&oacute;n Magno dec&iacute;a a los fieles: &ldquo;Tiemble la naturaleza humana ante el suplicio del Redentor, r&oacute;mpanse las rocas de los corazones infieles y salgan los que estaban cerrados en los sepulcros de su mortalidad, levantando la piedra que gravaba sobre ellos&rdquo; (SAN LE&Oacute;N MAGNO, Sermo 66, 3: PL 54, 366).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl coraz&oacute;n de carne, prometido por Dios en los profetas, est&aacute; ya presente en el mundo: es el Coraz&oacute;n de Cristo traspasado en la cruz, lo que veneramos como &ldquo;el Sagrado Coraz&oacute;n&rdquo;. Al recibir la Eucarist&iacute;a, creemos firmemente que ese coraz&oacute;n viene a latir tambi&eacute;n dentro de nosotros. Al mirar dentro de poco la cruz digamos desde lo profundo del coraz&oacute;n, como el publicano en el templo: &ldquo;&iexcl;Oh, Dios! &iexcl;Ten piedad de m&iacute;, pecador!&rdquo;, y tambi&eacute;n nosotros, como &eacute;l, volveremos a casa &ldquo;justificados&rdquo; (Lc 18,13-14).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTambi&eacute;n te puede interesar:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t\tJueves Santo: El Papa lava los pies de 12 reclusos en estricto privado https:\/\/t.co\/oR0xZvBEJD<\/p>\n<p>\t&mdash; ACI Prensa (@aciprensa) 13 de abril de 2017<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 14 Abr. 17 (ACI).- Al igual que en a&ntilde;os anteriores, el Papa Francisco presidi&oacute; la celebraci&oacute;n de la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or en la Bas&iacute;lica de San Pedro, en el Vaticano, desprovista de todo ornamento e iluminada con una luz tenue, en una ceremonia caracterizada por su sobriedad. 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