{"id":13753,"date":"2017-04-15T05:40:05","date_gmt":"2017-04-15T10:40:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/la-madre-piadosa-estaba-junto-a-la-cruz-y-lloraba-mientras-el-hijo-pendia\/"},"modified":"2017-04-15T05:40:05","modified_gmt":"2017-04-15T10:40:05","slug":"la-madre-piadosa-estaba-junto-a-la-cruz-y-lloraba-mientras-el-hijo-pendia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/la-madre-piadosa-estaba-junto-a-la-cruz-y-lloraba-mientras-el-hijo-pendia\/","title":{"rendered":"La madre piadosa estaba  junto a la Cruz y lloraba,  mientras el Hijo pend\u00eda"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/04\/14\/REUTERS2087083_Thumbnail.JPG' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_10167779\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00577858.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>(RV).- &ldquo;El coraz&oacute;n de carne, prometido por Dios en los profetas, est&aacute; ya presente en el mundo: es el Coraz&oacute;n de Cristo traspasado en la cruz. Al recibir la Eucarist&iacute;a, creemos firmemente que ese&nbsp;coraz&oacute;n viene a latir tambi&eacute;n dentro de nosotros.&nbsp;Al mirar dentro de poco la cruz digamos desde lo profundo del coraz&oacute;n, como el publicano en el templo: &iexcl;Oh, Dios, ten piedad de m&iacute;, pecador!&rdquo;, lo dijo el P. Raniero Cantalamessa,&nbsp;Predicador de la Casa Pontificia en su homil&iacute;a del Viernes Santo, en la celebraci&oacute;n de la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or, presidida por el Papa Francisco, en la Bas&iacute;lica de San Pedro.<\/p>\n<p>En su homil&iacute;a, el P. Cantalamessa se&ntilde;al&oacute; que, el relato de la Pasi&oacute;n de Cristo, aparentemente se presenta como nada m&aacute;s que la cr&oacute;nica de una muerte violenta. Es m&aacute;s dijo, en la actualidad nunca faltan noticias de muertos asesinados en nuestros noticieros. Incluso en estos &uacute;ltimos d&iacute;as ha habido algunas, como la de los 38 cristianos coptos asesinados en Egipto, se&ntilde;al&oacute;. &iquest;Por qu&eacute;, entonces, despu&eacute;s de 2000 a&ntilde;os, el mundo recuerda todav&iacute;a la muerte de Jes&uacute;s de Nazaret como si hubiera pasado ayer?, se pregunt&oacute; el Predicador. El motivo es que su muerte &ndash; la muerte de Jes&uacute;s &ndash; ha cambiado el sentido mismo de la muerte.<\/p>\n<p>Comentando algunos pasajes b&iacute;blicos de la vida p&uacute;blica de Jes&uacute;s en los que ya se prefiguraba la resurrecci&oacute;n, el P. Cantalamessa precis&oacute; que, &ldquo;tras el sacrificio de Cristo, m&aacute;s profundo que el coraz&oacute;n de tinieblas, palpita&nbsp;en el mundo un coraz&oacute;n de luz. En efecto, dijo el Predicador, Cristo al subir al cielo, no ha abandonado la tierra, como, al encarnarse, no hab&iacute;a abandonado la Trinidad&rdquo;. Y existe en la tradici&oacute;n de los monjes cartujos &ndash; afirm&oacute; el P. Cantalamessa &ndash; un escudo que figura en la entrada de sus monasterios, en sus documentos oficiales y en otras ocasiones. En &eacute;l est&aacute; representado el globo terr&aacute;queo, rematado por una cruz, con una inscripci&oacute;n alrededor: Stat crux&nbsp;dum&nbsp;volvitur orbis: est&aacute; inm&oacute;vil la cruz, entre las evoluciones del mundo.<\/p>\n<p>Pero, &iquest;Qu&eacute; representa la cruz, para que sea este punto fijo, este &aacute;rbol maestro entre la agitaci&oacute;n del mundo?, se pregunta el Predicador. Ella es el&nbsp;&laquo;No&raquo;&nbsp;definitivo&nbsp;e&nbsp;irreversible de Dios a la violencia, a la injusticia, al odio, a la mentira, a todo lo que llamamos &laquo;el mal&raquo;; y, al mismo tiempo, agreg&oacute; el P. Cantalamessa, es el&nbsp;&laquo;S&iacute;&raquo;,&nbsp;igualmente irreversible, al amor, a la verdad, al bien.&nbsp;&laquo;No&raquo;&nbsp;al pecado, &laquo;S&iacute;&raquo;&nbsp;al pecador. Es lo que Jes&uacute;s ha practicado durante toda su vida y que ahora consagra definitivamente con su muerte.<\/p>\n<p>La cruz&nbsp;no&nbsp;&laquo;est&aacute;&raquo;,&nbsp;pues,&nbsp;contra el mundo, precis&oacute; el padre franciscano, sino para el mundo: para dar un sentido a todo el sufrimiento que ha habido, hay y habr&aacute; en la historia humana.&nbsp;&laquo;Dios no envi&oacute; a su Hijo al mundo para condenar el mundo &mdash;dice Jes&uacute;s a Nicodemo&mdash;, sino para que el mundo se salve por medio de &eacute;l&raquo;.&nbsp;La cruz, dijo el P. Cantalamessa, es la proclamaci&oacute;n&nbsp;viva de&nbsp;que la victoria final&nbsp;no&nbsp;es de quien triunfa sobre los dem&aacute;s, sino&nbsp;de quien&nbsp;triunfa&nbsp;sobre s&iacute; mismo; no de quien hace sufrir, sino de quien sufre.<\/p>\n<p>(Renato Martinez &ndash; Radio Vaticano)<\/p>\n<p><strong>Texto completo y audio de la homil&iacute;a del P. Raniero Cantalamessa,&nbsp;ofmcap<\/strong><\/p>\n<p><strong><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_10168721\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00577879.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/strong><\/p>\n<p><em>&laquo;O CRUX, AVE, SPES UNICA&raquo;<\/em><\/p>\n<p><em>La cruz, &uacute;nica esperanza del mundo&nbsp;<\/em><\/p>\n<p>Predicaci&oacute;n del Viernes Santo de 2017 en la Bas&iacute;lica de San Pedro<\/p>\n<p>Acabamos de escuchar el relato de la Pasi&oacute;n de Cristo. Nada m&aacute;s que la cr&oacute;nica de una muerte violenta. Nunca faltan noticias de muertos asesinados en nuestros noticiarios. Incluso en estos &uacute;ltimos d&iacute;as ha habido algunas, como la de los 38 cristianos coptos asesinados en Egipto. &iquest;Por qu&eacute;, entonces, despu&eacute;s de 2000 a&ntilde;os, el mundo recuerda todav&iacute;a la muerte de Jes&uacute;s de Nazaret como si hubiera pasado ayer? El motivo es que su muerte ha cambiado el sentido mismo de la muerte. Reflexionemos algunos instantes sobre todo esto.<\/p>\n<p>&laquo;Al llegar a Jes&uacute;s, viendo que ya estaba muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados con una lanza le atraves&oacute; el costado, e inmediatamente sali&oacute; sangre y agua&raquo;&nbsp;(Jn&nbsp;19,33-34). Al comienzo de su ministerio, a quien le preguntaba&nbsp;con qu&eacute; autoridad expulsaba a los mercaderes del Templo, Jes&uacute;s&nbsp;respondi&oacute;:&nbsp;&laquo;Destruid este templo, y en tres d&iacute;as lo levantar&eacute;&raquo;. &laquo;&Eacute;l hablaba del templo de su cuerpo&raquo; (Jn&nbsp;2,19.21),&nbsp;hab&iacute;a comentado&nbsp;Juan&nbsp;en aquella ocasi&oacute;n, y he aqu&iacute; que ahora el mismo evangelista nos atestigua que del lado de este templo &laquo;destruido&raquo; brotan agua y sangre.&nbsp;Es una alusi&oacute;n&nbsp;evidente a la profec&iacute;a de Ezequiel que hablaba del&nbsp;futuro templo&nbsp;de Dios, del lado del que brota un hilo de agua que se convierte primero en riachuelo,&nbsp;luego&nbsp;un r&iacute;o navegable&nbsp;y en torno al cual florece toda forma de&nbsp;vida (cf. Ez 47, 1 ss.).&nbsp;<\/p>\n<p>Pero penetremos dentro de la fuente de este &laquo;r&iacute;o de agua viva&raquo;&nbsp;(Jn&nbsp;7,38), en el&nbsp;coraz&oacute;n traspasado de Cristo. En el Apocalipsis, el mismo disc&iacute;pulo al que Jes&uacute;s amaba escribe: &laquo;Luego vi, en medio del trono, rodeado por los cuatro seres vivientes y los ancianos, un Cordero, en pie, como inmolado&raquo; (Ap 5,6).&nbsp;Inmolado, pero en pie, es decir, traspasado, pero resucitado y vivo.&nbsp;<\/p>\n<p>Existe&nbsp;ya, dentro de la Trinidad&nbsp;y dentro del mundo, un coraz&oacute;n humano que late, no s&oacute;lo metaf&oacute;ricamente, sino realmente. Si, en efecto, Cristo ha resucitado de la muerte, tambi&eacute;n su coraz&oacute;n ha resucitado de la muerte; &eacute;l vive, como todo el resto de su cuerpo, en una dimensi&oacute;n distinta de antes, real, aunque m&iacute;stica. Si el Cordero vive en el cielo &laquo;inmolado, pero de pie&raquo;, tambi&eacute;n su coraz&oacute;n comparte el mismo estado; es un coraz&oacute;n traspasado pero viviente; eternamente traspasado, precisamente porque est&aacute; eternamente vivo.&nbsp;<\/p>\n<p>Fue creada&nbsp;una expresi&oacute;n para describir el colmo de la maldad que&nbsp;puede amasarse&nbsp;en el seno de la humanidad:&nbsp;&laquo;coraz&oacute;n de tinieblas&raquo;.&nbsp;Tras el sacrificio de Cristo, m&aacute;s profundo que el coraz&oacute;n de tinieblas, palpita&nbsp;en el mundo un coraz&oacute;n de luz. En efecto, Cristo al subir al cielo, no ha abandonado la tierra, como, al encarnarse, no hab&iacute;a abandonado la Trinidad.<\/p>\n<p>&laquo;Ahora se realiza el designio del Padre &mdash;dice una ant&iacute;fona de la Liturgia de las Horas&mdash;, hacer Cristo el coraz&oacute;n del mundo&raquo;. Esto explica el irreductible optimismo cristiano que hizo exclamar a una m&iacute;stica medieval: &laquo;El pecado es inevitable, pero todo estar&aacute; bien y todo tipo de cosa estar&aacute; bien&raquo;&nbsp;(Juliana de Norwich).<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Los&nbsp;monjes cartujos adoptaron un escudo que figura en la entrada de sus monasterios, en sus documentos oficiales y en otras ocasiones. En &eacute;l est&aacute; representado el globo terr&aacute;queo, rematado por una cruz, con una inscripci&oacute;n alrededor: &laquo;Stat crux&nbsp;dum&nbsp;volvitur orbis: est&aacute; inm&oacute;vil la cruz, entre las evoluciones del mundo.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; representa la cruz, para que sea este punto fijo, este &aacute;rbol maestro entre la agitaci&oacute;n del mundo? Ella es el&nbsp;&laquo;No&raquo;&nbsp;definitivo&nbsp;e&nbsp;irreversible de Dios a la violencia, a la injusticia, al odio, a la mentira, a todo lo que llamamos &laquo;el mal&raquo;; y, al mismo tiempo, es el&nbsp;&laquo;S&iacute;&raquo;,&nbsp;igualmente irreversible, al amor, a la verdad, al bien.&nbsp;&laquo;No&raquo;&nbsp;al pecado, &laquo;S&iacute;&raquo;&nbsp;al pecador. Es lo que Jes&uacute;s ha practicado durante toda su vida y que ahora consagra definitivamente con su muerte.&nbsp;<\/p>\n<p>La raz&oacute;n de esta distinci&oacute;n es clara: el pecador es criatura de Dios y conserva su dignidad&nbsp;a pesar de todos sus desv&iacute;os; el pecado no; es una realidad espuria, a&ntilde;adida,&nbsp;fruto de las propias pasiones y de la &laquo;envidia&nbsp;del demonio&raquo;&nbsp;(Sab 2,24).&nbsp;Es la misma raz&oacute;n por la que el Verbo, al encarnarse,&nbsp;asumi&oacute; todo del hombre, excepto el pecado. El buen ladr&oacute;n,&nbsp;a quien Jes&uacute;s moribundo promete el para&iacute;so,&nbsp;es la demostraci&oacute;n viva de todo esto. Nadie debe desesperar; nadie debe decir, como Ca&iacute;n: &laquo;Demasiado grande es mi culpa para obtener el perd&oacute;n&raquo; (G&eacute;n 4,13).<\/p>\n<p>La cruz&nbsp;no&nbsp;&laquo;est&aacute;&raquo;,&nbsp;pues,&nbsp;contra el mundo, sino para el mundo: para dar un sentido a todo el sufrimiento que ha habido, hay y habr&aacute; en la historia humana.&nbsp;&laquo;Dios no envi&oacute; a su Hijo al mundo para condenar el mundo &mdash;dice Jes&uacute;s a Nicodemo&mdash;, sino para que el mundo se salve por medio de &eacute;l&raquo; (Jn&nbsp;3,17).&nbsp;La cruz es la proclamaci&oacute;n&nbsp;viva de&nbsp;que la victoria final&nbsp;no&nbsp;es de quien triunfa sobre los dem&aacute;s, sino&nbsp;de quien&nbsp;triunfa&nbsp;sobre s&iacute; mismo; no de quien hace sufrir, sino de quien sufre.&nbsp;<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>&laquo;Dum&nbsp;volvitur orbis&raquo;, mientras que el mundo realiza sus evoluciones. La historia humana conoce muchos tr&aacute;nsitos de una era a otra: se habla de la edad de piedra,&nbsp;del bronce, hierro,&nbsp;de la edad imperial, de la era&nbsp;at&oacute;mica, de la era electr&oacute;nica. Pero hoy hay algo nuevo. La idea de transici&oacute;n no basta ya para describir la realidad en curso. A la idea de mutaci&oacute;n se debe agregar la de&nbsp;aplastamiento. Vivimos, se ha escrito,&nbsp;en una sociedad &laquo;l&iacute;quida&raquo;; ya no hay puntos firmes, valores indiscutibles, ning&uacute;n escollo en el mar,&nbsp;a los que aferrarnos, o contra los cuales incluso chocar. Todo es fluctuante.&nbsp;<\/p>\n<p>Se ha realizado la peor de las&nbsp;hip&oacute;tesis que el fil&oacute;sofo hab&iacute;a previsto como efecto de la muerte de&nbsp;Dios, la que el advenimiento del s&uacute;per-hombre deber&iacute;a haber evitado, pero que no ha impedido: &laquo;&iquest;Qu&eacute; hicimos para disolver esta tierra de la cadena de su sol? &iquest;D&oacute;nde se mueve ahora? &iquest;D&oacute;nde nos movemos nosotros? &iquest;Fuera de todos los soles? &iquest;No es el nuestro un eterno precipitar? &iquest;Hacia atr&aacute;s, de lado, hacia adelante, por todos los lados? &iquest;Existe todav&iacute;a un alto y un bajo? &iquest;No estamos acaso vagando como a trav&eacute;s de una nada infinita?&raquo;[1]&nbsp;<\/p>\n<p>Se dijo que &laquo;matar a Dios es el m&aacute;s horrendo de los suicidios&raquo;, y es lo que estamos viendo. No es verdad que &laquo;donde nace Dios, muere el hombre&raquo; (J.-P.&nbsp;Sartre); es verdad lo contrario: donde muere Dios, muere el hombre.<\/p>\n<p>Un pintor surrealista de la segunda mitad del siglo pasado&nbsp;(Salvador&nbsp;Dal&iacute;)&nbsp;pint&oacute; un crucificado que parece una profec&iacute;a de esta situaci&oacute;n. Una cruz inmensa, c&oacute;smica, con un Cristo encima,&nbsp;igualmente monumental, visto desde arriba, con la cabeza reclinada hacia abajo. Sin embargo, debajo de &eacute;l&nbsp;no existe la tierra firme,&nbsp;sino&nbsp;el agua. El crucifijo no est&aacute; suspendido entre cielo y tierra, sino entre el cielo y&nbsp;el elemento l&iacute;quido&nbsp;del mundo.&nbsp;<\/p>\n<p>Esta imagen tr&aacute;gica (hay tambi&eacute;n&nbsp;como trasfondo,&nbsp;una nube que podr&iacute;a&nbsp;aludir a la&nbsp;nube at&oacute;mica), contiene, sin embargo, una certeza consoladora: &iexcl;Hay esperanza incluso para una sociedad l&iacute;quida como la nuestra! Hay esperanza, porque encima de ella &laquo;est&aacute; la cruz de Cristo&raquo;. Es lo que la liturgia del Viernes Santo nos hace repetir cada a&ntilde;o con las palabras del poeta Venancio Fortunato: &laquo;O crux, ave spes &uacute;nica&raquo;, Salve, oh cruz, esperanza &uacute;nica del mundo.<\/p>\n<p>S&iacute;, Dios ha muerto, ha muerto&nbsp;en su Hijo&nbsp;Jesucristo;&nbsp;pero no ha permanecido en la tumba, ha resucitado.&nbsp;&laquo;&iexcl;Vosotros lo crucificasteis&nbsp;&mdash;grita Pedro a la multitud el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s&mdash;, pero Dios lo ha resucitado!&raquo; (Hch 2,23-24). &Eacute;l es quien &laquo;hab&iacute;a muerto, pero ahora vive por los siglos&raquo; (Ap 1,18). La cruz no &laquo;est&aacute;&raquo;&nbsp;inm&oacute;vil en medio de los vaivenes del mundo como recuerdo de un acontecimiento pasado, o un&nbsp;puro&nbsp;s&iacute;mbolo;&nbsp;est&aacute; en &eacute;l como una realidad en curso, viva&nbsp;y operante.&nbsp;<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Sin embargo, confundir&iacute;amos esta liturgia de la pasi&oacute;n, si nos detuvi&eacute;ramos, como los soci&oacute;logos, en el an&aacute;lisis de la sociedad en que vivimos. Cristo no ha venido a explicar las cosas, sino a cambiar a las personas. El coraz&oacute;n de tinieblas no es solamente el de alg&uacute;n malvado escondido en el fondo de la jungla,&nbsp;y tampoco el de la naci&oacute;n y el de la sociedad que&nbsp;lo ha producido. En distinta medida est&aacute; dentro de&nbsp;cada uno de nosotros.&nbsp;<\/p>\n<p>La Biblia lo llama el coraz&oacute;n de piedra: &laquo;Arrancar&eacute; de ellos el coraz&oacute;n de piedra&nbsp;&mdash;dice Dios en el profeta Ezequiel&mdash;&nbsp;y les dar&eacute; un coraz&oacute;n de carne&raquo; (Ez 36,26). Coraz&oacute;n de piedra es el coraz&oacute;n cerrado a la voluntad de Dios y al sufrimiento de los hermanos, el coraz&oacute;n de quien acumula sumas ilimitadas de dinero y queda indiferente ante la desesperaci&oacute;n de quien no tiene un vaso de agua para dar al propio hijo; es&nbsp;tambi&eacute;n el coraz&oacute;n de quien se deja dominar completamente por la pasi&oacute;n impura, dispuesto a matar por ella, o a llevar una doble vida.&nbsp;Para no quedarnos con&nbsp;la mirada siempre dirigida hacia el exterior, hacia los dem&aacute;s, digamos, m&aacute;s concretamente: es nuestro coraz&oacute;n de ministros de Dios y de cristianos practicantes si&nbsp;vivimos todav&iacute;a&nbsp;fundamentalmente&nbsp;&laquo;para nosotros mismos&raquo; y no &laquo;para el Se&ntilde;or&raquo;.&nbsp;<\/p>\n<p>Est&aacute; escrito que en el momento de la muerte de Cristo &laquo;el velo del templo se rasg&oacute; en dos,&nbsp;de arriba a abajo, la tierra tembl&oacute;, las rocas se rompieron, los sepulcros se abrieron y muchos cuerpos de santos muertos resucitaron&raquo; (Mt 27,51s). De estos signos se da, normalmente, una explicaci&oacute;n apocal&iacute;ptica, como de un lenguaje simb&oacute;lico necesario para describir el acontecimiento escatol&oacute;gico. Pero tambi&eacute;n tienen un significado paren&eacute;tico: indican lo que debe suceder en el coraz&oacute;n de quien lee y medita la Pasi&oacute;n de Cristo. En una liturgia como la presente, san Le&oacute;n Magno&nbsp;dec&iacute;a a los fieles: &laquo;Tiemble la naturaleza humana ante el suplicio del Redentor, r&oacute;mpanse las rocas de los corazones infieles y salgan los que estaban cerrados en los sepulcros de su mortalidad, levantando la piedra que gravaba sobre ellos&raquo;[2].<\/p>\n<p>El coraz&oacute;n de carne, prometido por Dios en los profetas, est&aacute; ya presente en el mundo: es el Coraz&oacute;n de Cristo traspasado en la cruz,&nbsp;lo que veneramos como&nbsp;&laquo;el Sagrado Coraz&oacute;n&raquo;. Al recibir la Eucarist&iacute;a, creemos firmemente que ese&nbsp;coraz&oacute;n viene a latir tambi&eacute;n dentro de nosotros.&nbsp;Al mirar dentro de poco la cruz digamos desde lo profundo del coraz&oacute;n, como el publicano en el templo: &laquo;&iexcl;Oh, Dios, ten piedad de m&iacute;, pecador!, y tambi&eacute;n nosotros, como &eacute;l, volveremos a casa &laquo;justificados&raquo; (Lc 18,13-14) .<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>[1] F. Nietzsche,&nbsp;La gaya ciencia, aforismo 125 (Edaf, Madrid 2002).<\/p>\n<p>[2] San Le&oacute;n Magno, Sermo&nbsp;66, 3: PL 54, 366.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- &ldquo;El coraz&oacute;n de carne, prometido por Dios en los profetas, est&aacute; ya presente en el mundo: es el Coraz&oacute;n de Cristo traspasado en la cruz. Al recibir la Eucarist&iacute;a, creemos firmemente que ese&nbsp;coraz&oacute;n viene a latir tambi&eacute;n dentro de nosotros.&nbsp;Al mirar dentro de poco la cruz digamos desde lo profundo del coraz&oacute;n, como el &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/la-madre-piadosa-estaba-junto-a-la-cruz-y-lloraba-mientras-el-hijo-pendia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLa madre piadosa estaba  junto a la Cruz y lloraba,  mientras el Hijo pend\u00eda\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-13753","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13753","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13753"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13753\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13753"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13753"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13753"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}