{"id":13777,"date":"2017-04-16T05:40:04","date_gmt":"2017-04-16T10:40:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/era-verdad-el-senor-ha-resucitado-mensaje-pascual-y-bendicion-urbi-et-orbi-del-papa-francisco\/"},"modified":"2017-04-16T05:40:04","modified_gmt":"2017-04-16T10:40:04","slug":"era-verdad-el-senor-ha-resucitado-mensaje-pascual-y-bendicion-urbi-et-orbi-del-papa-francisco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/era-verdad-el-senor-ha-resucitado-mensaje-pascual-y-bendicion-urbi-et-orbi-del-papa-francisco\/","title":{"rendered":"\u00a1Era verdad, el Se\u00f1or ha resucitado! Mensaje Pascual y bendici\u00f3n Urbi et Orbi del Papa Francisco"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2015\/04\/04\/AP2824845_Thumbnail.jpg' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_10177316\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00578024.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>&ldquo;Vayamos a anunciar, a compartir y a descubrir que el Se&ntilde;or est&aacute; vivo&rdquo;: fue &eacute;sta la invitaci&oacute;n del Papa Francisco en la homil&iacute;a de la Vigilia Pascual, celebrada en la noche del S&aacute;bado Santo en la Bas&iacute;lica de San Pedro. &ldquo;El Se&ntilde;or est&aacute; vivo y queriendo resucitar en tantos rostros que han sepultado la esperanza &#8211; dijo el Papa &#8211; que han sepultado los sue&ntilde;os, que han sepultado la dignidad&rdquo;.<\/p>\n<p>Basando su reflexi&oacute;n en el pasaje de Mateo que relata la visita de dos mujeres, Mar&iacute;a Magdalena y la otra Mar&iacute;a, al sepulcro de Jes&uacute;s, el Pont&iacute;fice inst&oacute; a encontrar en sus rostros, llenos de dolor pero incapaces de resignarse, los rostros de madres, abuelas, ni&ntilde;os y j&oacute;venes que &ldquo;resisten el peso y el dolor de tanta injusticia humana&rdquo;.<\/p>\n<p>En ellas, vemos reflejados los rostros de aquellos que &ldquo;sienten el dolor de la miseria, de la explotaci&oacute;n y la trata&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; el Santo Padre; de quienes sufren &ldquo;el desprecio por ser inmigrantes, la soledad o el &ldquo;abandono por tener las manos demasiado arrugadas&rdquo;. El dolor de madres que lloran por la vida de sus hijos &ldquo;sepultada por la corrupci&oacute;n&rdquo;, bajo el ego&iacute;smo cotidiano que quita derechos o &ldquo;la burocracia paralizante y est&eacute;ril que no permite que las cosas cambien&rdquo;.<\/p>\n<p>En su homil&iacute;a el Santo Padre explic&oacute; que el &ldquo;don&rdquo; de Jes&uacute;s Resucitado, fuerza transformadora y fermento de nueva humanidad, es la promesa reservada por Dios a su pueblo fiel y eso es lo que esta noche se nos invita a anunciar: &iexcl;Cristo vive!<\/p>\n<p>Finlmente la invitaci&oacute;n del Pont&iacute;fice a volver, como las dos mujeres, sobre nuestros pasos y &ldquo;anunciar la noticia a todos los lugares donde parece que el sepulcro ha tenido la &uacute;ltima palabra&rdquo;.<\/p>\n<p>(Mar&iacute;a Cecilia Mutual &ndash; RV)<\/p>\n<p><strong>Texto completo de la homil&iacute;a del Papa<\/strong><\/p>\n<p><strong><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_10182440\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00578035.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/strong><\/p>\n<p>&laquo;En la madrugada del s&aacute;bado, al alborear el primer d&iacute;a de la semana, fueron Mar&iacute;a la Magdalena y la otra Mar&iacute;a a ver el sepulcro&raquo; (Mt 28,1). Podemos imaginar esos pasos&hellip;, el t&iacute;pico paso de quien va al cementerio, paso cansado de confusi&oacute;n, paso debilitado de quien no se convence de que todo haya terminado de esa forma&hellip; Podemos imaginar sus rostros p&aacute;lidos&hellip; ba&ntilde;ados por las l&aacute;grimas y la pregunta, &iquest;c&oacute;mo puede ser que el Amor est&eacute; muerto?<\/p>\n<p>A diferencia de los disc&iacute;pulos, ellas est&aacute;n ah&iacute; &mdash;como tambi&eacute;n acompa&ntilde;aron el &uacute;ltimo respiro de su Maestro en la cruz y luego a Jos&eacute; de Arimatea a darle sepultura&mdash;; dos mujeres capaces de no evadirse, capaces de aguantar, de asumir la vida como se presenta y de resistir el sabor amargo de las injusticias. Y all&iacute; est&aacute;n, frente al sepulcro, entre el dolor y la incapacidad de resignarse, de aceptar que todo siempre tenga que terminar igual.<\/p>\n<p>Y si hacemos un esfuerzo con nuestra imaginaci&oacute;n, en el rostro de estas mujeres podemos encontrar los rostros de tantas madres y abuelas, el rostro de ni&ntilde;os y j&oacute;venes que resisten el peso y el dolor de tanta injusticia inhumana. Vemos reflejados en ellas el rostro de todos aquellos que caminando por la ciudad sienten el dolor de la miseria, el dolor por la explotaci&oacute;n y la trata. En ellas tambi&eacute;n vemos el rostro de aquellos que sufren el desprecio por ser inmigrantes, hu&eacute;rfanos de tierra, de casa, de familia; el rostro de aquellos que su mirada revela soledad y abandono por tener las manos demasiado arrugadas. Ellas son el rostro de mujeres, madres que lloran por ver c&oacute;mo la vida de sus hijos queda sepultada bajo el peso de la corrupci&oacute;n, que quita derechos y rompe tantos anhelos, bajo el ego&iacute;smo cotidiano que crucifica y sepulta la esperanza de muchos, bajo la burocracia paralizante y est&eacute;ril que no permite que las cosas cambien. Ellas, en su dolor, son el rostro de todos aquellos que, caminando por la ciudad, ven crucificada la dignidad.<\/p>\n<p>En el rostro de estas mujeres, est&aacute;n muchos rostros, quiz&aacute;s encontramos tu rostro y el m&iacute;o. Como ellas, podemos sentir el impulso a caminar, a no conformarnos con que las cosas tengan que terminar as&iacute;. Es verdad, llevamos dentro una promesa y la certeza de la fidelidad de Dios. Pero tambi&eacute;n nuestros rostros hablan de heridas, hablan de tantas infidelidades, personales y ajenas, hablan de nuestros intentos y luchas fallidas. Nuestro coraz&oacute;n sabe que las cosas pueden ser diferentes pero, casi sin darnos cuenta, podemos acostumbrarnos a convivir con el sepulcro, a convivir con la frustraci&oacute;n. M&aacute;s a&uacute;n, podemos llegar a convencernos de que esa es la ley de la vida, anestesi&aacute;ndonos con desahogos que lo &uacute;nico que logran es apagar la esperanza que Dios puso en nuestras manos. As&iacute; son, tantas veces, nuestros pasos, as&iacute; es nuestro andar, como el de estas mujeres, un andar entre el anhelo de Dios y una triste resignaci&oacute;n. No s&oacute;lo muere el Maestro, con &eacute;l muere nuestra esperanza.<\/p>\n<p>&laquo;De pronto tembl&oacute; fuertemente la tierra&raquo; (Mt 28,2). De pronto, estas mujeres recibieron una sacudida, algo y alguien les movi&oacute; el suelo. Alguien, una vez m&aacute;s sali&oacute;, a su encuentro a decirles: &laquo;No teman&raquo;, pero esta vez a&ntilde;adiendo: &laquo;Ha resucitado como lo hab&iacute;a dicho&raquo; (Mt 28,6). Y tal es el anuncio que generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n esta noche santa nos regala: No temamos hermanos, ha resucitado como lo hab&iacute;a dicho. &laquo;La vida arrancada, destruida, aniquilada en la cruz ha despertado y vuelve a latir de nuevo&raquo; (cfr R. GUARDINI, El Se&ntilde;or). El latir del Resucitado se nos ofrece como don, como regalo, como horizonte. El latir del Resucitado es lo que se nos ha regalado, y se nos quiere seguir regalando como fuerza transformadora, como fermento de nueva humanidad. Con la Resurrecci&oacute;n, Cristo no ha movido solamente la piedra del sepulcro, sino que quiere tambi&eacute;n hacer saltar todas las barreras que nos encierran en nuestros est&eacute;riles pesimismos, en nuestros calculados mundos conceptuales que nos alejan de la vida, en nuestras obsesionadas b&uacute;squedas de seguridad y en desmedidas ambiciones capaces de jugar con la dignidad ajena.<\/p>\n<p>Cuando el Sumo Sacerdote y los l&iacute;deres religiosos en complicidad con los romanos hab&iacute;an cre&iacute;do que pod&iacute;an calcularlo todo, cuando hab&iacute;an cre&iacute;do que la &uacute;ltima palabra estaba dicha y que les correspond&iacute;a a ellos establecerla, Dios irrumpe para trastocar todos los criterios y ofrecer as&iacute; una nueva posibilidad. Dios, una vez m&aacute;s, sale a nuestro encuentro para establecer y consolidar un nuevo tiempo, el tiempo de la misericordia. Esta es la promesa reservada desde siempre, esta es la sorpresa de Dios para su pueblo fiel: al&eacute;grate porque tu vida esconde un germen de resurrecci&oacute;n, una oferta de vida esperando despertar.<\/p>\n<p>Y eso es lo que esta noche nos invita a anunciar: el latir del Resucitado, Cristo Vive. Y eso cambi&oacute; el paso de Mar&iacute;a Magdalena y la otra Mar&iacute;a, eso es lo que las hace alejarse r&aacute;pidamente y correr a dar la noticia (cf. Mt 28,8). Eso es lo que las hace volver sobre sus pasos y sobre sus miradas. Vuelven a la ciudad a encontrarse con los otros.<\/p>\n<p>As&iacute; como ingresamos con ellas al sepulcro, los invito a que vayamos con ellas, que volvamos a la ciudad, que volvamos sobre nuestros pasos, sobre nuestras miradas. Vayamos con ellas a anunciar la noticia, vayamos&hellip; a todos esos lugares donde parece que el sepulcro ha tenido la &uacute;ltima palabra, y donde parece que la muerte ha sido la &uacute;nica soluci&oacute;n. Vayamos a anunciar, a compartir, a descubrir que es cierto: el Se&ntilde;or est&aacute; Vivo. Vivo y queriendo resucitar en tantos rostros que han sepultado la esperanza, que han sepultado los sue&ntilde;os, que han sepultado la dignidad. Y si no somos capaces de dejar que el Esp&iacute;ritu nos conduzca por este camino, entonces no somos cristianos.<\/p>\n<p>Vayamos y dej&eacute;monos sorprender por este amanecer diferente, dej&eacute;monos sorprender por la novedad que s&oacute;lo Cristo puede dar. Dejemos que su ternura y amor nos muevan el suelo, dejemos que su latir transforme nuestro d&eacute;bil palpitar.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&ldquo;Vayamos a anunciar, a compartir y a descubrir que el Se&ntilde;or est&aacute; vivo&rdquo;: fue &eacute;sta la invitaci&oacute;n del Papa Francisco en la homil&iacute;a de la Vigilia Pascual, celebrada en la noche del S&aacute;bado Santo en la Bas&iacute;lica de San Pedro. &ldquo;El Se&ntilde;or est&aacute; vivo y queriendo resucitar en tantos rostros que han sepultado la esperanza &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/era-verdad-el-senor-ha-resucitado-mensaje-pascual-y-bendicion-urbi-et-orbi-del-papa-francisco\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00a1Era verdad, el Se\u00f1or ha resucitado! Mensaje Pascual y bendici\u00f3n Urbi et Orbi del Papa Francisco\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-13777","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13777","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13777"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13777\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13777"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13777"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13777"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}