{"id":13826,"date":"2017-04-18T10:40:04","date_gmt":"2017-04-18T15:40:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/el-papa-francisco-no-esta-solo-ni-en-la-tierra-ni-en-el-cielo\/"},"modified":"2017-04-18T10:40:04","modified_gmt":"2017-04-18T15:40:04","slug":"el-papa-francisco-no-esta-solo-ni-en-la-tierra-ni-en-el-cielo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/el-papa-francisco-no-esta-solo-ni-en-la-tierra-ni-en-el-cielo\/","title":{"rendered":"El Papa Francisco no est\u00e1 solo ni en la tierra ni en el cielo"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/04\/14\/AFP6504931_Thumbnail.jpg' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_10195961\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00578211.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>(RV).- El pasado 14 de abril, Viernes Santo, a partir de las 21.15 el <strong>Santo Padre Francisco<\/strong> presidi&oacute; la piadosa pr&aacute;ctica del V&iacute;a Crucis en el Coliseo de Roma. Como todos los a&ntilde;os se evocaron, a lo largo de las catorce estaciones, las &uacute;ltimas horas de la vida terrenal de Jes&uacute;s. En esta ocasi&oacute;n, las meditaciones pusieron de manifiesto la presencia femenina y el drama de las guerras, de los migrantes, de las familias laceradas y de los ni&ntilde;os que padecen todo tipo de abusos, tal como lo explic&oacute; su autora, la biblista francesa Anne-Marie Pelletier.<\/p>\n<p>El Papa Bergoglio concluy&oacute; con una oraci&oacute;n en que invit&oacute; a pedir a Cristo que &nbsp;nos ense&ntilde;e a no avergonzarnos jam&aacute;s de su Cruz, a no instrumentalizarla, sino a honrarla y adorarla, porque con ella &Eacute;l nos ha mostrado la monstruosidad de nuestros pecados, la grandeza de su amor, la injusticia de nuestros juicios y el poder de su Misericordia.<\/p>\n<p>(Mar&iacute;a Fernanda Bernasconi &ndash; RV).<\/p>\n<p><strong>Oraci&oacute;n del Santo Padre Francisco al final del V&iacute;a Crucis en el Coliseo, del Viernes Santo, 14 de abril de 2017<\/strong><\/p>\n<p>Oh Cristo dejado solo y traicionado hasta por los tuyos, y vendido a bajo precio.<\/p>\n<p>Oh Cristo juzgado por los pecadores y entregado por los jefes.<\/p>\n<p>Oh Cristo lacerado en la carne, coronado de espinas y vestido de p&uacute;rpura.<\/p>\n<p>Oh Cristo abofeteado y atrozmente clavado.<\/p>\n<p>Oh Cristo traspasado por la lanza que ha desgarrado tu coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>Oh Cristo muerto y sepultado, t&uacute; que eres el Dios de la vida y de la existencia.<\/p>\n<p>Oh Cristo nuestro &uacute;nico Salvador, volvemos a ti tambi&eacute;n este a&ntilde;o con los ojos bajos por la verg&uuml;enza y con el coraz&oacute;n lleno de esperanza:<\/p>\n<p>De verg&uuml;enza por todas las im&aacute;genes de devastaciones, de destrucciones y de naufragio que se han vuelto habituales en nuestra vida.<\/p>\n<p>Verg&uuml;enza por la sangre inocente que cotidianamente es derramada por mujeres, ni&ntilde;os, inmigrantes y personas perseguidas por el color de su piel o por su pertenencia &eacute;tnica y social y por su fe en Ti.<\/p>\n<p>Verg&uuml;enza por las numerosas veces que, como Judas y Pedro, te hemos vendido, traicionado y dejado morir solo por nuestros pecados, escapando, como cobardes, de nuestras responsabilidades.<\/p>\n<p>Verg&uuml;enza por nuestro silencio ante las injusticias; por nuestras manos perezosas para dar, y &aacute;vidas para arrancar y conquistar; por nuestra voz estridente para defender nuestros intereses, y t&iacute;mida para hablar de los de los dem&aacute;s; por nuestros pies veloces por el camino del mal y paralizados por los del bien.<\/p>\n<p>Verg&uuml;enza por todas las veces que nosotros, Obispos, Sacerdotes, Consagrados y Consagradas hemos escandalizado y herido tu Cuerpo, la Iglesia; y nos hemos olvidado de nuestro primer amor, de nuestro primer entusiasmo y de nuestra total disponibilidad, dejando que nuestro coraz&oacute;n y consagraci&oacute;n se oxidaran.<\/p>\n<p>Tanta verg&uuml;enza Se&ntilde;or, pero nuestro coraz&oacute;n tambi&eacute;n tiene nostalgia de la esperanza confiada en que t&uacute; no nos trates seg&uacute;n nuestros m&eacute;ritos, sino &uacute;nicamente seg&uacute;n la abundancia de tu Misericordia; en que nuestras traiciones no hagan que decaiga la inmensidad de tu amor; en que tu coraz&oacute;n, materno y paterno, no se olvida de nosotros, a pesar de la dureza de nuestras entra&ntilde;as.<\/p>\n<p>La esperanza segura de que nuestros nombres est&aacute;n grabados en tu coraz&oacute;n y que estamos en la pupila de tus ojos.<\/p>\n<p>La esperanza de que tu Cruz transforma nuestros corazones endurecidos en corazones de carne, capaces de so&ntilde;ar, de perdonar y de amar. Transforma esta noche tenebrosa de tu cruz en el alba resplandeciente de tu Resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p>La esperanza de que tu fidelidad no se basa en la nuestra.<\/p>\n<p>La esperanza de que la fila de hombres y mujeres fieles a tu Cruz sigue y seguir&aacute; viviendo fiel como la levadura que da sabor y como la luz que abre nuevos horizontes en el cuerpo de nuestra humanidad herida.<\/p>\n<p>La esperanza de que tu Iglesia tratar&aacute; de ser la voz que grita en el desierto de la humanidad para preparar el camino de tu regreso triunfal, cuando vendr&aacute;s a juzgar a los vivos y a los muertos.<\/p>\n<p>&iexcl;La esperanza de que el bien vencer&aacute; a pesar de su aparente derrota!<\/p>\n<p>Oh Se&ntilde;or Jes&uacute;s, Hijo de Dios, v&iacute;ctima inocente de nuestro rescate, ante tu estandarte real, tu misterio de muerte y de gloria, ante tu pat&iacute;bulo, nos arrodillamos, avergonzados y esperanzados, y te pedimos que nos laves en el ba&ntilde;o de la sangre y del agua que salieron de tu coraz&oacute;n lacerado; y que perdones nuestros pecados y nuestras culpas.<\/p>\n<p>Te pedimos que te acuerdes de nuestros hermanos truncados por la violencia, la indiferencia y la guerra.<\/p>\n<p>Te pedimos que rompas las cadenas que nos tienen prisioneros en nuestro ego&iacute;smo, en nuestra ceguera voluntaria y en la vanidad de nuestros c&aacute;lculos mundanos.<\/p>\n<p>Oh Cristo, te pedimos que nos ense&ntilde;es a no avergonzarnos jam&aacute;s de tu Cruz, a no instrumentalizarla, sino a honrarla y adorarla, porque con ella T&uacute; nos has manifestado la monstruosidad de nuestros pecados, la grandeza de tu amor, la injusticia de nuestros juicios y el poder de tu Misericordia. Am&eacute;n.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- El pasado 14 de abril, Viernes Santo, a partir de las 21.15 el Santo Padre Francisco presidi&oacute; la piadosa pr&aacute;ctica del V&iacute;a Crucis en el Coliseo de Roma. Como todos los a&ntilde;os se evocaron, a lo largo de las catorce estaciones, las &uacute;ltimas horas de la vida terrenal de Jes&uacute;s. 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