{"id":14152,"date":"2017-04-28T11:05:02","date_gmt":"2017-04-28T16:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-discurso-del-papa-francisco-en-la-universidad-de-al-azhar\/"},"modified":"2017-04-28T11:05:02","modified_gmt":"2017-04-28T16:05:02","slug":"texto-completo-discurso-del-papa-francisco-en-la-universidad-de-al-azhar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-discurso-del-papa-francisco-en-la-universidad-de-al-azhar\/","title":{"rendered":"TEXTO COMPLETO: Discurso del Papa Francisco en la Universidad de Al-Azhar"},"content":{"rendered":"<p> EL CAIRO, 28 Abr. 17 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco ofreci&oacute;, en el marco de su viaje a Egipto, un discurso en la Universidad de Al-Azhar dirigido a los participantes en la Conferencia Internacional para la Paz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn su discurso, el Santo Padre destac&oacute; la importancia de la educaci&oacute;n para desarrollar una verdadera cultura del encuentro y del di&aacute;logo que promueva la paz y el entendimiento. Francisco destac&oacute; que, ante la barbarie y la incomprensi&oacute;n, la religi&oacute;n no es un problema, sino parte de la soluci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n, el texto completo del discurso del Papa Francisco :<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAl Salam&ograve; Alaikum! \/ La paz sea con vosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEs para m&iacute; un gran regalo estar aqu&iacute;, en este lugar, y comenzar mi visita a Egipto encontr&aacute;ndome con vosotros en el &aacute;mbito de esta Conferencia Internacional para la Paz. Agradezco al Gran Im&aacute;n por haberla proyectado y organizado, y por su amabilidad al invitarme. Quisiera compartir algunas reflexiones, tom&aacute;ndolas de la gloriosa historia de esta tierra, que a lo largo de los siglos se ha manifestado al mundo como tierra de civilizaci&oacute;n y tierra de alianzas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTierra de civilizaci&oacute;n. Desde la antig&uuml;edad, la civilizaci&oacute;n que surgi&oacute; en las orillas del Nilo ha sido sin&oacute;nimo de cultura. En Egipto ha brillado la luz del conocimiento, que ha hecho germinar un patrimonio cultural de valor inestimable, hecho de sabidur&iacute;a e ingenio, de adquisiciones matem&aacute;ticas y astron&oacute;micas, de admirables figuras arquitect&oacute;nicas y art&iacute;sticas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa b&uacute;squeda del conocimiento y la importancia de la educaci&oacute;n han sido iniciativas que los antiguos habitantes de esta tierra han llevado a cabo produciendo un gran progreso. Se trata de iniciativas necesarias tambi&eacute;n para el futuro, iniciativas de paz y por la paz, porque no habr&aacute; paz sin una adecuada educaci&oacute;n de las j&oacute;venes generaciones. Y no habr&aacute; una adecuada educaci&oacute;n para los j&oacute;venes de hoy si la formaci&oacute;n que se les ofrece no es conforme a la naturaleza del hombre, que es un ser abierto y relacional.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa educaci&oacute;n se convierte de hecho en sabidur&iacute;a de vida cuando consigue que el hombre, en contacto con Aquel que lo trasciende y con cuanto lo rodea, saque lo mejor de s&iacute; mismo, adquiriendo una identidad no replegada sobre s&iacute; misma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa sabidur&iacute;a busca al otro, superando la tentaci&oacute;n de endurecerse y encerrarse; abierta y en movimiento, humilde y escudri&ntilde;adora al mismo tiempo, sabe valorizar el pasado y hacerlo dialogar con el presente, sin renunciar a una adecuada hermen&eacute;utica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEsta sabidur&iacute;a favorece un futuro en el que no se busca la prevalencia de la propia parte, sino que se mira al otro como parte integral de s&iacute; mismo; no deja, en el presente, de identificar oportunidades de encuentro y de intercambio; del pasado, aprende que del mal s&oacute;lo viene el mal y de la violencia s&oacute;lo la violencia, en una espiral que termina aislando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEsta sabidur&iacute;a, rechazando toda ansia de injusticia, se centra en la dignidad del hombre, valioso a los ojos de Dios, y en una &eacute;tica que sea digna del hombre, rechazando el miedo al otro y el temor de conocer a trav&eacute;s de los medios con los que el Creador lo ha dotado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPrecisamente en el campo del di&aacute;logo, especialmente interreligioso, estamos llamados a caminar juntos con la convicci&oacute;n de que el futuro de todos depende tambi&eacute;n del encuentro entre religiones y culturas. En este sentido, el trabajo del Comit&eacute; mixto para el Di&aacute;logo entre el Pontificio Consejo para el Di&aacute;logo Interreligioso y el Comit&eacute; de Al-Azhar para el Di&aacute;logo representa un ejemplo concreto y alentador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl di&aacute;logo puede ser favorecido si se conjugan bien tres indicaciones fundamentales: el deber de la identidad, la valent&iacute;a de la alteridad y la sinceridad de las intenciones. El deber de la identidad, porque no se puede entablar un di&aacute;logo real sobre la base de la ambig&uuml;edad o de sacrificar el bien para complacer al otro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa valent&iacute;a de la alteridad, porque al que es diferente, cultural o religiosamente, no se le ve ni se le trata como a un enemigo, sino que se le acoge como a un compa&ntilde;ero de ruta, con la genuina convicci&oacute;n de que el bien de cada uno se encuentra en el bien de todos. La sinceridad de las intenciones, porque el di&aacute;logo, en cuanto expresi&oacute;n aut&eacute;ntica de lo humano, no es una estrategia para lograr segundas intenciones, sino el camino de la verdad, que merece ser recorrido pacientemente para transformar la competici&oacute;n en cooperaci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEducar, para abrirse con respeto y dialogar sinceramente con el otro, reconociendo sus derechos y libertades fundamentales, especialmente la religiosa, es la mejor manera de construir juntos el futuro, de ser constructores de civilizaci&oacute;n. Porque la &uacute;nica alternativa a la barbarie del conflicto es la cultura del encuentro. Y con el fin de contrarrestar realmente la barbarie de quien instiga al odio e incita a la violencia, es necesario acompa&ntilde;ar y ayudar a madurar a las nuevas generaciones para que, ante la l&oacute;gica incendiaria del mal, respondan con el paciente crecimiento del bien: j&oacute;venes que, como &aacute;rboles plantados, est&eacute;n enraizados en el terreno de la historia y, creciendo hacia lo Alto y junto a los dem&aacute;s, transformen cada d&iacute;a el aire contaminado de odio en ox&iacute;geno de fraternidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn este desaf&iacute;o de civilizaci&oacute;n tan urgente y emocionante, cristianos y musulmanes, y todos los creyentes, estamos llamados a ofrecer nuestra aportaci&oacute;n: &laquo;Vivimos bajo el sol de un &uacute;nico Dios misericordioso. [&#8230;] As&iacute;, en el verdadero sentido podemos llamarnos, los unos a los otros, hermanos y hermanas [&#8230;], porque sin Dios la vida del hombre ser&iacute;a como el cielo sin el sol&raquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSalga pues el sol de una renovada hermandad en el nombre de Dios; y de esta tierra, acariciada por el sol, despunte el alba de una civilizaci&oacute;n de la paz y del encuentro. Que san Francisco de As&iacute;s, que hace ocho siglos vino a Egipto y se encontr&oacute; con el Sult&aacute;n Malik al Kamil, interceda por esta intenci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTierra de alianzas. Egipto no s&oacute;lo ha visto amanecer el sol de la sabidur&iacute;a, sino que su tierra ha sido tambi&eacute;n iluminada por la luz multicolor de las religiones. Aqu&iacute;, a lo largo de los siglos, las diferencias de religi&oacute;n han constituido &laquo;una forma de enriquecimiento mutuo del servicio a la &uacute;nica comunidad nacional&raquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCreencias religiosas diferentes se han encontrado y culturas diversas se han mezclado sin confundirse, reconociendo la importancia de aliarse para el bien com&uacute;n. Alianzas de este tipo son cada vez m&aacute;s urgentes en la actualidad. Para hablar de ello, me gustar&iacute;a utilizar como s&iacute;mbolo el &laquo;Monte de la Alianza&raquo; que se yergue en esta tierra. El Sina&iacute; nos recuerda, en primer lugar, que una verdadera alianza en la tierra no puede prescindir del Cielo, que la humanidad no puede pretender encontrar la paz excluyendo a Dios de su horizonte, ni tampoco puede tratar de subir la monta&ntilde;a para apoderarse de Dios (cf. Ex 19,12).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe trata de un mensaje muy actual, frente a esa peligrosa paradoja que persiste en nuestros d&iacute;as, seg&uacute;n la cual por un lado se tiende a reducir la religi&oacute;n a la esfera privada, sin reconocerla como una dimensi&oacute;n constitutiva del ser humano y de la sociedad y, por el otro, se confunden la esfera religiosa y la pol&iacute;tica sin distinguirlas adecuadamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tExiste el riesgo de que la religi&oacute;n acabe siendo absorbida por la gesti&oacute;n de los asuntos temporales y se deje seducir por el atractivo de los poderes mundanos que en realidad s&oacute;lo quieren instrumentalizarla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn un mundo en el que se han globalizado muchos instrumentos t&eacute;cnicos &uacute;tiles, pero tambi&eacute;n la indiferencia y la negligencia, y que corre a una velocidad fren&eacute;tica, dif&iacute;cil de sostener, se percibe la nostalgia de las grandes cuestiones sobre el sentido de la vida, que las religiones saben promover y que suscitan la evocaci&oacute;n de los propios or&iacute;genes: la vocaci&oacute;n del hombre, que no ha sido creado para consumirse en la precariedad de los asuntos terrenales sino para encaminarse hacia el Absoluto al que tiende.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPor estas razones, sobre todo hoy, la religi&oacute;n no es un problema sino parte de la soluci&oacute;n: contra la tentaci&oacute;n de acomodarse en una vida sin relieve, donde todo comienza y termina en esta tierra, nos recuerda que es necesario elevar el &aacute;nimo hacia lo Alto para aprender a construir la ciudad de los hombres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn este sentido, volviendo con la mente al Monte Sina&iacute;, quisiera referirme a los mandamientos que se promulgaron all&iacute; antes de ser escritos en la piedra. En el coraz&oacute;n de las &laquo;diez palabras&raquo; resuena, dirigido a los hombres y a los pueblos de todos los tiempos, el mandato &laquo;no matar&aacute;s&raquo; (Ex 20,13).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDios, que ama la vida, no deja de amar al hombre y por ello lo insta a contrastar el camino de la violencia como requisito previo fundamental de toda alianza en la tierra. Siempre, pero sobre todo ahora, todas las religiones est&aacute;n llamadas a poner en pr&aacute;ctica este imperativo, ya que mientras sentimos la urgente necesidad de lo Absoluto, es indispensable excluir cualquier absolutizaci&oacute;n que justifique cualquier forma de violencia. La violencia, de hecho, es la negaci&oacute;n de toda aut&eacute;ntica religiosidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tComo l&iacute;deres religiosos estamos llamados a desenmascarar la violencia que se disfraza de supuesta sacralidad, apoy&aacute;ndose en la absolutizaci&oacute;n de los ego&iacute;smos antes que en una verdadera apertura al Absoluto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEstamos obligados a denunciar las violaciones que atentan contra la dignidad humana y contra los derechos humanos, a poner al descubierto los intentos de justificar todas las formas de odio en nombre de las religiones y a condenarlos como una falsificaci&oacute;n idol&aacute;trica de Dios: su nombre es santo, &eacute;l es el Dios de la paz, Dios salam. Por tanto, s&oacute;lo la paz es santa y ninguna violencia puede ser perpetrada en nombre de Dios porque profanar&iacute;a su nombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tJuntos, desde esta tierra de encuentro entre el cielo y la tierra, de alianzas entre los pueblos y entre los creyentes, repetimos un &laquo;no&raquo; alto y claro a toda forma de violencia, de venganza y de odio cometidos en nombre de la religi&oacute;n o en nombre de Dios. Juntos afirmamos la incompatibilidad entre la fe y la violencia, entre creer y odiar. Juntos declaramos el car&aacute;cter sagrado de toda vida humana frente a cualquier forma de violencia f&iacute;sica, social, educativa o psicol&oacute;gica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa fe que no nace de un coraz&oacute;n sincero y de un amor aut&eacute;ntico a Dios misericordioso es una forma de pertenencia convencional o social que no libera al hombre, sino que lo aplasta. Digamos juntos: Cuanto m&aacute;s se crece en la fe en Dios, m&aacute;s se crece en el amor al pr&oacute;jimo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSin embargo, la religi&oacute;n no s&oacute;lo est&aacute; llamada a desenmascarar el mal sino que lleva en s&iacute; misma la vocaci&oacute;n a promover la paz, probablemente hoy m&aacute;s que nunca.[6] Sin caer en sincretismos conciliadores, nuestra tarea es la de rezar los unos por los otros, pidiendo a Dios el don de la paz, encontrarnos, dialogar y promover la armon&iacute;a con un esp&iacute;ritu de cooperaci&oacute;n y amistad. Como cristianos &laquo;no podemos invocar a Dios, Padre de todos los hombres, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios&raquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tM&aacute;s a&uacute;n, reconocemos que inmersos en una lucha constante contra el mal, que amenaza al mundo para que &laquo;no sea ya &aacute;mbito de una aut&eacute;ntica fraternidad&raquo;, &laquo;a los que creen en la caridad divina les da la certeza de que abrir a todos los hombres los caminos del amor y esforzarse por instaurar la fraternidad universal no son cosas in&uacute;tiles&raquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPor el contrario, son esenciales: En realidad, no sirve de mucho levantar la voz y correr a rearmarse para protegerse: hoy se necesitan constructores de paz, no provocadores de conflictos; bomberos y no incendiarios; predicadores de reconciliaci&oacute;n y no vendedores de destrucci&oacute;n. &nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAsistimos perplejos al hecho de que, mientras por un lado nos alejamos de la realidad de los pueblos, en nombre de objetivos que no tienen en cuenta a nadie, por el otro, como reacci&oacute;n, surgen populismos demag&oacute;gicos que ciertamente no ayudan a consolidar la paz y la estabilidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNinguna incitaci&oacute;n a la violencia garantizar&aacute; la paz, y cualquier acci&oacute;n unilateral que no ponga en marcha procesos constructivos y compartidos, en realidad, s&oacute;lo beneficia a los partidarios del radicalismo y de la violencia. Para prevenir los conflictos y construir la paz es esencial trabajar para eliminar las situaciones de pobreza y de explotaci&oacute;n, donde los extremismos arraigan f&aacute;cilmente, as&iacute; como evitar que el flujo de dinero y armas llegue a los que fomentan la violencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPara ir m&aacute;s a la ra&iacute;z, es necesario detener la proliferaci&oacute;n de armas que, si se siguen produciendo y comercializando, tarde o temprano llegar&aacute;n a utilizarse. S&oacute;lo sacando a la luz las turbias maniobras que alimentan el c&aacute;ncer de la guerra se pueden prevenir sus causas reales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA este compromiso urgente y grave est&aacute;n obligados los responsables de las naciones, de las instituciones y de la informaci&oacute;n, as&iacute; como tambi&eacute;n nosotros responsables de cultura, llamados por Dios, por la historia y por el futuro a poner en marcha &mdash;cada uno en su propio campo&mdash; procesos de paz, sin sustraerse a la tarea de establecer bases para una alianza entre pueblos y estados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEspero que, con la ayuda de Dios, esta tierra noble y querida de Egipto pueda responder a&uacute;n a su vocaci&oacute;n de civilizaci&oacute;n y de alianza, contribuyendo a promover procesos de paz para este amado pueblo y para toda la regi&oacute;n de Oriente Medio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAl Salam&ograve; Alaikum! \/ La paz est&eacute; con vosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTambi&eacute;n te puede interesar:&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t\tEl Papa Francisco llega a Egipto como mensajero de paz https:\/\/t.co\/HpfTxti0Wr<\/p>\n<p>\t&mdash; ACI Prensa (@aciprensa) 28 de abril de 2017<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL CAIRO, 28 Abr. 17 (ACI).- El Papa Francisco ofreci&oacute;, en el marco de su viaje a Egipto, un discurso en la Universidad de Al-Azhar dirigido a los participantes en la Conferencia Internacional para la Paz. 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