{"id":14157,"date":"2017-04-28T11:40:04","date_gmt":"2017-04-28T16:40:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/encuentro-del-papa-francisco-con-las-autoridades-en-su-viaje-a-egipto\/"},"modified":"2017-04-28T11:40:04","modified_gmt":"2017-04-28T16:40:04","slug":"encuentro-del-papa-francisco-con-las-autoridades-en-su-viaje-a-egipto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/encuentro-del-papa-francisco-con-las-autoridades-en-su-viaje-a-egipto\/","title":{"rendered":"Encuentro del Papa Francisco con las autoridades en su viaje a Egipto"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/04\/28\/RV25147_Thumbnail.jpg' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_10290480\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00579582.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>(RV).- Egipto tierra de civilizaci&oacute;n y tierra de alianzas. Alrededor de estas dos denominaciones el Papa Francisco desarroll&oacute; el primer discurso de&nbsp;su 18&ordm; &nbsp;Viaje Apost&oacute;lico Internacional, durante la <strong>Conferencia Internacional sobre la Paz<\/strong> que se lleva a cabo en <strong>Al-Azhar<\/strong>, la m&aacute;s antigua <strong>Universidad <\/strong>isl&aacute;mica.<\/p>\n<p><strong>Tierra de civilizaci&oacute;n.&nbsp;<\/strong>En primer lugar, de esta Tierra de civilizaci&oacute;n, &ldquo;donde la luz del&nbsp; conocimiento ha hecho germinar un patrimonio cultural inestimable, gracias a las iniciativas de los antiguos habitantes&rdquo; son necesarias iniciativas para el futuro, que sean <em>de<\/em> paz y <em>por<\/em> la paz, porque &ldquo;no habr&aacute; paz sin una adecuada educaci&oacute;n de las j&oacute;venes generaciones&rdquo;. Una educaci&oacute;n que se convierte en <em>sabidur&iacute;a de vida<\/em> cuando consigue que el hombre, en contacto con Aquel que lo trasciende y con cuanto lo rodea, saque lo mejor de s&iacute; mismo, se&ntilde;al&oacute; el Papa. Entre otras cosas el Obispo de Roma puntualiz&oacute; que la sabidur&iacute;a sabe <em>valorizar el pasado<\/em> y <em>hacerlo dialogar con el presente<\/em>,<em> sin renunciar a una adecuada hermen&eacute;utica, <\/em>y est&aacute; centrada en la dignidad del hombre. De ah&iacute; la alusi&oacute;n al llamado com&uacute;n, en el &aacute;mbito del di&aacute;logo interreligioso, a caminar juntos con la convicci&oacute;n de que el futuro de todos depende tambi&eacute;n del encuentro entre religiones y culturas, en un di&aacute;logo que adem&aacute;s puede ser favorecido si se conjugan tres indicaciones fundamentales, que son el deber de la identidad, la valent&iacute;a de la alteridad y la sinceridad de las intenciones.<\/p>\n<p>As&iacute; fue como en la primera parte de su articulado discurso, la educaci&oacute;n fue el cimiento y punto de partida indicado para &ldquo;dialogar con el otro reconociendo sus derechos y libertades&rdquo;, y &ldquo;para construir el futuro&rdquo;, teniendo presente que &nbsp;&ldquo;la &uacute;nica alternativa a la barbarie del conflicto es la cultura del encuentro&rdquo;. &nbsp;Y en esa v&iacute;a, indic&oacute; la necesidad del acompa&ntilde;amiento a los j&oacute;venes para que &ldquo;como &aacute;rboles plantados&rdquo; &ldquo;transformen cada d&iacute;a el aire contaminado de odio en ox&iacute;geno de fraternidad&rdquo;.<\/p>\n<p><strong>Tierra de alianza. <\/strong>Prosiguiendo con su discurso, el Pont&iacute;fice puso &eacute;nfasis en la urgencia de alianzas como la de tierras egipcias, en donde &ldquo;creencias religiosas diferentes se han encontrado y culturas diversas se han mezclado sin confundirse, reconociendo la importancia de aliarse para el bien com&uacute;n&rdquo;, &nbsp;frente a &ldquo;la peligrosa paradoja que por una parte tiende a reducir la religi&oacute;n a la esfera privada, y por la otra, confunde la esfera religiosa y la pol&iacute;tica sin distinguirlas adecuadamente&rdquo;. Es por ello que el Papa afirm&oacute;&ndash; tal como lo hiciera el Papa Tawadros II en la conferencia islam-cristiana de Al-Azhar en el pasado mes de marzo, que &ldquo;la religi&oacute;n no es un problema sino parte de la soluci&oacute;n&rdquo;, y que ella nos recuerda que es necesario &ldquo;elevar el &aacute;nimo hacia lo Alto para aprender a construir la ciudad de los hombres&rdquo;.<\/p>\n<p>En ese sentido, con la mente en los mandamientos que se promulgaron en el monte Sina&iacute;, el Papa hizo resonar el mandato de Dios &laquo;no matar&aacute;s&raquo; (Ex 20,13), recordando que todas las religiones est&aacute;n llamadas a poner en pr&aacute;ctica ese imperativo: &ldquo;Como l&iacute;deres religiosos estamos llamados a desenmascarar la violencia que se disfraza de supuesta sacralidad&rdquo;, a &ldquo;denunciar las violaciones que atentan contra la dignidad humana y contra los derechos humanos&rdquo;, a &ldquo;poner al descubierto los intentos de justificar todas las formas de odio en nombre de las religiones y a condenarlos como una falsificaci&oacute;n idol&aacute;trica de Dios: su nombre es santo, &Eacute;l es el Dios de la paz&rdquo;; &ldquo;rezar los unos por los otros, pidiendo a Dios el don de la paz&rdquo;, &ldquo;sin caer &#8211; aclar&oacute;- en sincretismos conciliadores&rdquo;. &ldquo;No sirve de mucho levantar la voz y correr a rearmarse para protegerse, &#8211; a&ntilde;adi&oacute;-, se necesitan constructores de paz, no provocadores de conflictos; bomberos y no incendiarios; predicadores de reconciliaci&oacute;n y no vendedores de destrucci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;<\/p>\n<p>En los &uacute;ltimos p&aacute;rrafos de su extenso discurso Francisco reiter&oacute; los requisitos necesarios para prevenir los conflictos y construir la paz a los que est&aacute;n obligados los responsables de las naciones, instituciones, de la informaci&oacute;n y de la cultura: eliminar las situaciones de pobreza, de explotaci&oacute;n y detener la proliferaci&oacute;n de armas que, si se siguen produciendo y comercializando -dijo &#8211; tarde o temprano llegar&aacute;n a utilizarse. &ldquo;S&oacute;lo sacando a la luz las turbias maniobras que alimentan el c&aacute;ncer de la guerra se pueden prevenir sus causas reales&rdquo;.<\/p>\n<p>(Griselda Mutual &ndash; Radio Vaticano)<\/p>\n<p><strong>A continuaci&oacute;n el texto y audio del discurso del Papa a los participantes en la Conferencia Internacional sobre la Paz en Egipto<\/strong><\/p>\n<p><strong><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_10291994\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00579616.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/strong><\/p>\n<p>Al Salam&ograve; Alaikum! \/ La paz sea con vosotros.<\/p>\n<p>Es para m&iacute; un gran regalo estar aqu&iacute;, en este lugar, y comenzar mi visita a Egipto encontr&aacute;ndome con vosotros en el &aacute;mbito de esta Conferencia Internacional para la Paz. Agradezco al Gran Im&aacute;n por haberla proyectado y organizado, y por su amabilidad al invitarme. Quisiera compartir algunas reflexiones, tom&aacute;ndolas de la gloriosa historia de esta tierra, que a lo largo de los siglos se ha manifestado al mundo como tierra de civilizaci&oacute;n y tierra de alianzas.<\/p>\n<p>Tierra de civilizaci&oacute;n. Desde la antig&uuml;edad, la civilizaci&oacute;n que surgi&oacute; en las orillas del Nilo ha sido sin&oacute;nimo de cultura. En Egipto ha brillado la luz del conocimiento, que ha hecho germinar un patrimonio cultural de valor inestimable, hecho de sabidur&iacute;a e ingenio, de adquisiciones matem&aacute;ticas y astron&oacute;micas, de admirables figuras arquitect&oacute;nicas y art&iacute;sticas. La b&uacute;squeda del conocimiento y la importancia de la educaci&oacute;n han sido iniciativas que los antiguos habitantes de esta tierra han llevado a cabo produciendo un gran progreso. Se trata de iniciativas necesarias tambi&eacute;n para el futuro, iniciativas de paz y por la paz, porque no habr&aacute; paz sin una adecuada educaci&oacute;n de las j&oacute;venes generaciones. Y no habr&aacute; una adecuada educaci&oacute;n para los j&oacute;venes de hoy si la formaci&oacute;n que se les ofrece no es conforme a la naturaleza del hombre, que es un ser abierto y relacional.<\/p>\n<p>La educaci&oacute;n se convierte de hecho en sabidur&iacute;a de vida cuando consigue que el hombre, en contacto con Aquel que lo trasciende y con cuanto lo rodea, saque lo mejor de s&iacute; mismo, adquiriendo una identidad no replegada sobre s&iacute; misma. La sabidur&iacute;a busca al otro, superando la tentaci&oacute;n de endurecerse y encerrarse; abierta y en movimiento, humilde y escudri&ntilde;adora al mismo tiempo, sabe valorizar el pasado y hacerlo dialogar con el presente, sin renunciar a una adecuada hermen&eacute;utica. Esta sabidur&iacute;a favorece un futuro en el que no se busca la prevalencia de la propia parte, sino que se mira al otro como parte integral de s&iacute; mismo; no deja, en el presente, de identificar oportunidades de encuentro y de intercambio; del pasado, aprende que del mal s&oacute;lo viene el mal y de la violencia s&oacute;lo la violencia, en una espiral que termina aislando. Esta sabidur&iacute;a, rechazando toda ansia de injusticia, se centra en la dignidad del hombre, valioso a los ojos de Dios, y en una &eacute;tica que sea digna del hombre, rechazando el miedo al otro y el temor de conocer a trav&eacute;s de los medios con los que el Creador lo ha dotado.<\/p>\n<p>Precisamente en el campo del di&aacute;logo, especialmente interreligioso, estamos llamados a caminar juntos con la convicci&oacute;n de que el futuro de todos depende tambi&eacute;n del encuentro entre religiones y culturas. En este sentido, el trabajo del Comit&eacute; mixto para el Di&aacute;logo entre el Pontificio Consejo para el Di&aacute;logo Interreligioso y el Comit&eacute; de Al-Azhar para el Di&aacute;logo representa un ejemplo concreto y alentador. El di&aacute;logo puede ser favorecido si se conjugan bien tres indicaciones fundamentales: el deber de la identidad, la valent&iacute;a de la alteridad y la sinceridad de las intenciones. El deber de la identidad, porque no se puede entablar un di&aacute;logo real sobre la base de la ambig&uuml;edad o de sacrificar el bien para complacer al otro. La valent&iacute;a de la alteridad, porque al que es diferente, cultural o religiosamente, no se le ve ni se le trata como a un enemigo, sino que se le acoge como a un compa&ntilde;ero de ruta, con la genuina convicci&oacute;n de que el bien de cada uno se encuentra en el bien de todos. La sinceridad de las intenciones, porque el di&aacute;logo, en cuanto expresi&oacute;n aut&eacute;ntica de lo humano, no es una estrategia para lograr segundas intenciones, sino el camino de la verdad, que merece ser recorrido pacientemente para transformar la competici&oacute;n en cooperaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Educar, para abrirse con respeto y dialogar sinceramente con el otro, reconociendo sus derechos y libertades fundamentales, especialmente la religiosa, es la mejor manera de construir juntos el futuro, de ser constructores de civilizaci&oacute;n. Porque la &uacute;nica alternativa a la barbarie del conflicto es la cultura del encuentro. Y con el fin de contrarrestar realmente la barbarie de quien instiga al odio e incita a la violencia, es necesario acompa&ntilde;ar y ayudar a madurar a las nuevas generaciones para que, ante la l&oacute;gica incendiaria del mal, respondan con el paciente crecimiento del bien: j&oacute;venes que, como &aacute;rboles plantados, est&eacute;n enraizados en el terreno de la historia y, creciendo hacia lo Alto y junto a los dem&aacute;s, transformen cada d&iacute;a el aire contaminado de odio en ox&iacute;geno de fraternidad.<\/p>\n<p>En este desaf&iacute;o de civilizaci&oacute;n tan urgente y emocionante, cristianos y musulmanes, y todos los creyentes, estamos llamados a ofrecer nuestra aportaci&oacute;n: &laquo;Vivimos bajo el sol de un &uacute;nico Dios misericordioso. [&#8230;] As&iacute;, en el verdadero sentido podemos llamarnos, los unos a los otros, hermanos y hermanas [&#8230;], porque sin Dios la vida del hombre ser&iacute;a como el cielo sin el sol&raquo;.&lrm;&nbsp; Salga pues el sol de una renovada hermandad en el nombre de Dios; y de esta tierra, acariciada por el sol, despunte el alba de una civilizaci&oacute;n de la paz y del encuentro. Que san Francisco de As&iacute;s, que hace ocho siglos vino a Egipto y se encontr&oacute; con el Sult&aacute;n Malik al Kamil, interceda por esta intenci&oacute;n.<\/p>\n<p>Tierra de alianzas. Egipto no s&oacute;lo ha visto amanecer el sol de la sabidur&iacute;a, sino que su tierra ha sido tambi&eacute;n iluminada por la luz multicolor de las religiones. Aqu&iacute;, a lo largo de los siglos, las diferencias de religi&oacute;n han constituido &laquo;una forma de enriquecimiento mutuo del servicio a la &uacute;nica comunidad nacional&raquo;.&nbsp; Creencias religiosas diferentes se han encontrado y culturas diversas se han mezclado sin confundirse, reconociendo la importancia de aliarse para el bien com&uacute;n. Alianzas de este tipo son cada vez m&aacute;s urgentes en la actualidad. Para hablar de ello, me gustar&iacute;a utilizar como s&iacute;mbolo el &laquo;Monte de la Alianza&raquo; que se yergue en esta tierra. El Sina&iacute; nos recuerda, en primer lugar, que una verdadera alianza en la tierra no puede prescindir del Cielo, que la humanidad no puede pretender encontrar la paz excluyendo a Dios de su horizonte, ni tampoco puede tratar de subir la monta&ntilde;a para apoderarse de Dios (cf. Ex 19,12).<\/p>\n<p>Se trata de un mensaje muy actual, frente a esa peligrosa paradoja que persiste en nuestros d&iacute;as, seg&uacute;n la cual por un lado se tiende a reducir la religi&oacute;n a la esfera privada, sin reconocerla como una dimensi&oacute;n constitutiva del ser humano y de la sociedad y, por el otro, se confunden la esfera religiosa y la pol&iacute;tica sin distinguirlas adecuadamente. Existe el riesgo de que la religi&oacute;n acabe siendo absorbida por la gesti&oacute;n de los asuntos temporales y se deje seducir por el atractivo de los poderes mundanos que en realidad s&oacute;lo quieren instrumentalizarla. En un mundo en el que se han globalizado muchos instrumentos t&eacute;cnicos &uacute;tiles, pero tambi&eacute;n la indiferencia y la negligencia, y que corre a una velocidad fren&eacute;tica, dif&iacute;cil de sostener, se percibe la nostalgia de las grandes cuestiones sobre el sentido de la vida, que las religiones saben promover y que suscitan la evocaci&oacute;n de los propios or&iacute;genes: la vocaci&oacute;n del hombre, que no ha sido creado para consumirse en la precariedad de los asuntos terrenales sino para encaminarse hacia el Absoluto al que tiende. Por estas razones, sobre todo hoy, la religi&oacute;n no es un problema sino parte de la soluci&oacute;n: contra la tentaci&oacute;n de acomodarse en una vida sin relieve, donde todo comienza y termina en esta tierra, nos recuerda que es necesario elevar el &aacute;nimo hacia lo Alto para aprender a construir la ciudad de los hombres.<\/p>\n<p>En este sentido, volviendo con la mente al Monte Sina&iacute;, quisiera referirme a los mandamientos que se promulgaron all&iacute; antes de ser escritos en la piedra.&nbsp; En el coraz&oacute;n de las &laquo;diez palabras&raquo; resuena, dirigido a los hombres y a los pueblos de todos los tiempos, el mandato &laquo;no matar&aacute;s&raquo; (Ex 20,13). Dios, que ama la vida, no deja de amar al hombre y por ello lo insta a contrastar el camino de la violencia como requisito previo fundamental de toda alianza en la tierra. Siempre, pero sobre todo ahora, todas las religiones est&aacute;n llamadas a poner en pr&aacute;ctica este imperativo, ya que mientras sentimos la urgente necesidad de lo Absoluto, es indispensable excluir cualquier absolutizaci&oacute;n que justifique cualquier forma de violencia. La violencia, de hecho, es la negaci&oacute;n de toda aut&eacute;ntica religiosidad.<\/p>\n<p>Como l&iacute;deres religiosos estamos llamados a desenmascarar la violencia que se disfraza de supuesta sacralidad, apoy&aacute;ndose en la absolutizaci&oacute;n de los ego&iacute;smos antes que en una verdadera apertura al Absoluto. Estamos obligados a denunciar las violaciones que atentan contra la dignidad humana y contra los derechos humanos, a poner al descubierto los intentos de justificar todas las formas de odio en nombre de las religiones y a condenarlos como una falsificaci&oacute;n idol&aacute;trica de Dios: su nombre es santo, &eacute;l es el Dios de la paz, Dios salam.&nbsp; Por tanto, s&oacute;lo la paz es santa y ninguna violencia puede ser perpetrada en nombre de Dios porque profanar&iacute;a su nombre.<\/p>\n<p>Juntos, desde esta tierra de encuentro entre el cielo y la tierra, de alianzas entre los pueblos y entre los creyentes, repetimos un &laquo;no&raquo; alto y claro a toda forma de violencia, de venganza y de odio cometidos en nombre de la religi&oacute;n o en nombre de Dios. Juntos afirmamos la incompatibilidad entre la fe y la violencia, entre creer y odiar. Juntos declaramos el car&aacute;cter sagrado de toda vida humana frente a cualquier forma de violencia f&iacute;sica, social, educativa o psicol&oacute;gica. La fe que no nace de un coraz&oacute;n sincero y de un amor aut&eacute;ntico a Dios misericordioso es una forma de pertenencia convencional o social que no libera al hombre, sino que lo aplasta. Digamos juntos: Cuanto m&aacute;s se crece en la fe en Dios, m&aacute;s se crece en el amor al pr&oacute;jimo.<\/p>\n<p>Sin embargo, la religi&oacute;n no s&oacute;lo est&aacute; llamada a desenmascarar el mal sino que lleva en s&iacute; misma la vocaci&oacute;n a promover la paz, probablemente hoy m&aacute;s que nunca.&nbsp; Sin caer en sincretismos conciliadores,&nbsp; nuestra tarea es la de rezar los unos por los otros, pidiendo a Dios el don de la paz, encontrarnos, dialogar y promover la armon&iacute;a con un esp&iacute;ritu de cooperaci&oacute;n y amistad. Como cristianos &laquo;no podemos invocar a Dios, Padre de todos los hombres, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios&raquo;.&nbsp; M&aacute;s a&uacute;n, reconocemos que inmersos en una lucha constante contra el mal, que amenaza al mundo para que &laquo;no sea ya &aacute;mbito de una aut&eacute;ntica fraternidad&raquo;, &laquo;a los que creen en la caridad divina les da la certeza de que abrir a todos los hombres los caminos del amor y esforzarse por instaurar la fraternidad universal no son cosas in&uacute;tiles&raquo;.&nbsp; Por el contrario, son esenciales: En realidad, no sirve de mucho levantar la voz y correr a rearmarse para protegerse: hoy se necesitan constructores de paz, no provocadores de conflictos; bomberos y no incendiarios; predicadores de reconciliaci&oacute;n y no vendedores de destrucci&oacute;n.<\/p>\n<p>Asistimos perplejos al hecho de que, mientras por un lado nos alejamos de la realidad de los pueblos, en nombre de objetivos que no tienen en cuenta a nadie, por el otro, como reacci&oacute;n, surgen populismos demag&oacute;gicos que ciertamente no ayudan a consolidar la paz y la estabilidad. Ninguna incitaci&oacute;n a la violencia garantizar&aacute; la paz, y cualquier acci&oacute;n unilateral que no ponga en marcha procesos constructivos y compartidos, en realidad, s&oacute;lo beneficia a los partidarios del radicalismo y de la violencia.<\/p>\n<p>Para prevenir los conflictos y construir la paz es esencial trabajar para eliminar las situaciones de pobreza y de explotaci&oacute;n, donde los extremismos arraigan f&aacute;cilmente, as&iacute; como evitar que el flujo de dinero y armas llegue a los que fomentan la violencia. Para ir m&aacute;s a la ra&iacute;z, es necesario detener la proliferaci&oacute;n de armas que, si se siguen produciendo y comercializando, tarde o temprano llegar&aacute;n a utilizarse. S&oacute;lo sacando a la luz las turbias maniobras que alimentan el c&aacute;ncer de la guerra se pueden prevenir sus causas reales. A este compromiso urgente y grave est&aacute;n obligados los responsables de las naciones, de las instituciones y de la informaci&oacute;n, as&iacute; como tambi&eacute;n nosotros responsables de cultura, llamados por Dios, por la historia y por el futuro a poner en marcha &mdash;cada uno en su propio campo&mdash; procesos de paz, sin sustraerse a la tarea de establecer bases para una alianza entre pueblos y estados. Espero que, con la ayuda de Dios, esta tierra noble y querida de Egipto pueda responder a&uacute;n a su vocaci&oacute;n de civilizaci&oacute;n y de alianza, contribuyendo a promover procesos de paz para este amado pueblo y para toda la regi&oacute;n de Oriente Medio.<\/p>\n<p>Al Salam&ograve; Alaikum! \/ La paz est&eacute; con vosotros.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- Egipto tierra de civilizaci&oacute;n y tierra de alianzas. 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