{"id":14180,"date":"2017-04-29T04:40:06","date_gmt":"2017-04-29T09:40:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/saludo-y-aliento-del-papa-a-jovenes-peregrinos-en-egipto\/"},"modified":"2017-04-29T04:40:06","modified_gmt":"2017-04-29T09:40:06","slug":"saludo-y-aliento-del-papa-a-jovenes-peregrinos-en-egipto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/saludo-y-aliento-del-papa-a-jovenes-peregrinos-en-egipto\/","title":{"rendered":"Saludo y aliento del Papa a j\u00f3venes peregrinos en Egipto"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/04\/28\/RV25183_Thumbnail.jpg' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_10294091\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00579659.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>(RV).- Al finalizar el Encuentro entre el Papa Francisco y el Patriarca de los Coptos, Tawadros II, firmaron una Declaraci&oacute;n Conjunta en la Sede del patriarcado de El Cairo.<\/p>\n<p>En la declaraci&oacute;n resaltan el privilegio de estar juntos en Egipto, &ldquo;una se&ntilde;al de que nuestra relaci&oacute;n es cada a&ntilde;o m&aacute;s s&oacute;lida, y de que seguimos creciendo en cercan&iacute;a, fe y amor en Cristo nuestro Se&ntilde;or&rdquo;.<\/p>\n<p>Tawadros II y Francisco constatan que esta experiencia com&uacute;n de comuni&oacute;n antes de la separaci&oacute;n reviste un significado especial para los esfuerzos actuales, encaminados a restaurar la plena comuni&oacute;n. &ldquo;La mayor parte de las relaciones que existieron en los primeros siglos entre la Iglesia Cat&oacute;lica y la Iglesia Copta Ortodoxa han continuado hasta nuestros d&iacute;as, escriben, a pesar de las divisiones, y han sido recientemente revitalizadas. Suponen un desaf&iacute;o para que intensifiquemos nuestros esfuerzos comunes y perseveremos en la b&uacute;squeda de la unidad visible en la diversidad, bajo la gu&iacute;a del Esp&iacute;ritu Santo&rdquo;.<\/p>\n<p>La Declaraci&oacute;n Conjunta recuerda que, &ldquo;cuando los cristianos oran juntos, se dan cuenta de que lo que los une es mucho m&aacute;s de lo que los divide&rdquo;. Por eso, el anhelo de unidad se inspira en la oraci&oacute;n de Cristo &laquo;que todos sean uno&raquo;. En este sentido invitan a profundizar nuestras ra&iacute;ces comunes en la &uacute;nica fe apost&oacute;lica.<\/p>\n<p>&ldquo;Intensifiquemos nuestra incesante oraci&oacute;n por todos los cristianos de Egipto y de todo el mundo y, especialmente, por los de Oriente Medio. Las tr&aacute;gicas experiencias y la sangre derramada por nuestros fieles, que han sido perseguidos y asesinados por la &uacute;nica raz&oacute;n de ser cristianos, nos recuerdan a&uacute;n m&aacute;s que el ecumenismo del martirio es el que nos une y nos anima en el camino hacia la paz y la reconciliaci&oacute;n&rdquo;, constatan.<\/p>\n<p>(Renato Martinez &ndash; Radio Vaticano)<\/p>\n<p><strong>Texto completo de la Declaraci&oacute;n Conjunta firmada por el Papa Francisco y Tawadros II<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">DECLARACI&Oacute;N FINAL&nbsp;<\/span><span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">DE SU SANTIDAD FRANCISCO&nbsp;<\/span><span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">Y SU SANTIDAD TAWADROS II<\/span><\/p>\n<p>1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nosotros, Francisco, Obispo de Roma y Papa de la Iglesia Cat&oacute;lica, y Tawadros II, Papa de Alejandr&iacute;a y Patriarca de la Sede de San Marcos, damos gracias a Dios en el Esp&iacute;ritu Santo porque nos ha concedido la gozosa oportunidad de encontrarnos una vez m&aacute;s para intercambiar nuestro abrazo fraternal y unirnos de nuevo en una misma oraci&oacute;n. Damos gloria al Todopoderoso por los v&iacute;nculos de fraternidad y amistad que unen la Sede de San Pedro y la Sede de San Marcos. El privilegio de estar juntos aqu&iacute; en Egipto es una se&ntilde;al de que nuestra relaci&oacute;n es cada a&ntilde;o m&aacute;s s&oacute;lida, y de que seguimos creciendo en cercan&iacute;a, fe y amor en Cristo nuestro Se&ntilde;or. Damos gracias a Dios por este amado Egipto, &laquo;patria que vive dentro de nosotros&raquo;, como sol&iacute;a decir Su Santidad el Papa Shenouda III, &laquo;el pueblo bendecido por Dios&raquo; (cf. Is 19,25), con su antigua civilizaci&oacute;n fara&oacute;nica, su herencia griega y romana, su tradici&oacute;n copta y su presencia isl&aacute;mica. Egipto es el lugar donde la Sagrada Familia encontr&oacute; refugio, tierra de m&aacute;rtires y santos.<\/p>\n<p>2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nuestro profundo v&iacute;nculo de amistad y fraternidad tiene su origen en la plena comuni&oacute;n que exist&iacute;a entre nuestras Iglesias en los primeros siglos y que se fue expresando de muchas maneras a trav&eacute;s de los primeros Concilios Ecum&eacute;nicos, remont&aacute;ndose al Concilio de Nicea en el a&ntilde;o 325 y a la contribuci&oacute;n del valeroso Padre de la Iglesia san Atanasio, que se gan&oacute; el t&iacute;tulo de &laquo;Defensor de la Fe&raquo;. Nuestra comuni&oacute;n se manifestaba a trav&eacute;s de la oraci&oacute;n y de pr&aacute;cticas lit&uacute;rgicas similares, de la veneraci&oacute;n de los mismos m&aacute;rtires y santos, y a trav&eacute;s del crecimiento y difusi&oacute;n del monaquismo, siguiendo el ejemplo del gran san Antonio, conocido como el Padre de todos los monjes.<\/p>\n<p>Esta experiencia com&uacute;n de comuni&oacute;n antes de la separaci&oacute;n reviste un significado especial para nuestros esfuerzos actuales, encaminados a restaurar la plena comuni&oacute;n. La mayor parte de las relaciones que existieron en los primeros siglos entre la Iglesia Cat&oacute;lica y la Iglesia Copta Ortodoxa han continuado hasta nuestros d&iacute;as, a pesar de las divisiones, y han sido recientemente revitalizadas. Suponen un desaf&iacute;o para que intensifiquemos nuestros esfuerzos comunes y perseveremos en la b&uacute;squeda de la unidad visible en la diversidad, bajo la gu&iacute;a del Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p>3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recordamos con gratitud el hist&oacute;rico encuentro que tuvo lugar hace cuarenta y cuatro a&ntilde;os entre nuestros predecesores, el Papa Pablo VI y el Papa Shenouda III, en un abrazo de paz y fraternidad, despu&eacute;s de muchos siglos, cuando nuestros mutuos v&iacute;nculos de amor no fueron capaces de expresarse a causa de la distancia que hab&iacute;a surgido entre nosotros. La Declaraci&oacute;n Com&uacute;n que firmaron el 10 de mayo de 1973 represent&oacute; un hito en el camino del ecumenismo y sirvi&oacute; como punto de partida para la Comisi&oacute;n para el Di&aacute;logo Teol&oacute;gico entre nuestras Iglesias, que ha dado muchos frutos y ha abierto el camino para un di&aacute;logo m&aacute;s amplio entre la Iglesia Cat&oacute;lica y la entera familia de las Iglesias Ortodoxas Orientales. En esa Declaraci&oacute;n, nuestras Iglesias reconocieron que, de acuerdo con la tradici&oacute;n apost&oacute;lica, profesan &laquo;una misma fe en un solo Dios Uno y Trino&raquo; y &laquo;la divinidad del Unig&eacute;nito Hijo Encarnado de Dios&#8230; Dios perfecto con respecto a su divinidad, y perfecto hombre con respecto a su humanidad&raquo;. Tambi&eacute;n se reconoci&oacute; que &laquo;la vida divina nos es dada y alimentada a trav&eacute;s de los siete sacramentos&raquo; y que &laquo;veneramos a la Virgen Mar&iacute;a, Madre de la Luz Verdadera&raquo;, la &laquo;Theotokos&raquo;.<\/p>\n<p>4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con profunda gratitud recordamos nuestro encuentro fraterno en Roma, el 10 de mayo de 2013, y el establecimiento del 10 de mayo como el d&iacute;a en el que cada a&ntilde;o profundizamos la amistad y la fraternidad entre nuestras Iglesias. Este renovado esp&iacute;ritu de cercan&iacute;a nos ha permitido discernir una vez m&aacute;s que el v&iacute;nculo que nos mantiene unidos lo recibimos de nuestro &uacute;nico Se&ntilde;or el d&iacute;a de nuestro Bautismo. Porque es a trav&eacute;s del Bautismo que nos convertimos en miembros del &uacute;nico Cuerpo de Cristo que es la Iglesia (cf.1Co 12,13). Esta herencia com&uacute;n es la base de nuestra peregrinaci&oacute;n hacia la plena comuni&oacute;n, a medida que crecemos en el amor y la reconciliaci&oacute;n.<\/p>\n<p>5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Somos conscientes de que en esta peregrinaci&oacute;n a&uacute;n nos queda mucho camino por recorrer, sin embargo, no podemos ignorar lo mucho que ya hemos avanzado. Recordamos, en particular, el encuentro entre el Papa Shenouda III y san Juan Pablo II que, durante el Gran Jubileo del a&ntilde;o 2000, vino a Egipto como peregrino. Estamos decididos a seguir sus pasos, movidos por el amor a Cristo, Buen Pastor, con la profunda convicci&oacute;n de que caminando juntos crecemos en la unidad. Que sepamos encontrar nuestra fuerza en Dios, fuente perfecta de comuni&oacute;n y amor.<\/p>\n<p>6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este amor encuentra su expresi&oacute;n m&aacute;s profunda en la oraci&oacute;n com&uacute;n. Cuando los cristianos oran juntos, se dan cuenta de que lo que los une es mucho m&aacute;s de lo que los divide. Nuestro anhelo de unidad se inspira en la oraci&oacute;n de Cristo &laquo;que todos sean uno&raquo; (Jn 17,21). Profundicemos nuestras ra&iacute;ces comunes en la &uacute;nica fe apost&oacute;lica, rezando juntos y buscando traducciones comunes de la Oraci&oacute;n del Se&ntilde;or y tambi&eacute;n una fecha com&uacute;n para la celebraci&oacute;n de la Pascua.<\/p>\n<p>7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras caminamos hacia el d&iacute;a bendito en que finalmente podamos reunirnos en torno a la misma mesa Eucar&iacute;stica, podemos cooperar en muchas &aacute;reas y demostrar de manera tangible lo mucho que ya nos une. Podemos dar juntos un testimonio de los valores fundamentales como la santidad y la dignidad de la vida humana, la santidad del matrimonio y de la familia, y el respeto por toda la creaci&oacute;n, que Dios nos ha confiado. Frente a muchos desaf&iacute;os actuales como la secularizaci&oacute;n y la globalizaci&oacute;n de la indiferencia, estamos llamados a ofrecer una respuesta com&uacute;n cimentada en los valores del Evangelio y en los tesoros de nuestras respectivas tradiciones. A este respecto, nos sentimos animados a profundizar en el estudio de los Padres Orientales y Latinos, y a promover un fecundo intercambio en la vida pastoral, principalmente en la catequesis y en el mutuo enriquecimiento espiritual entre comunidades mon&aacute;sticas y religiosas.<\/p>\n<p>8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nuestro testimonio cristiano compartido es una se&ntilde;al, llena de gracia, de reconciliaci&oacute;n y esperanza para la sociedad egipcia y sus instituciones, una semilla plantada para que produzca frutos de justicia y de paz. Puesto que creemos que todos los seres humanos son creados a imagen de Dios, nos afanamos para que la tranquilidad y la concordia sean una realidad de la coexistencia pac&iacute;fica entre cristianos y musulmanes, dando as&iacute; testimonio de lo mucho que Dios desea la unidad y armon&iacute;a de toda la familia humana y la igual dignidad de todo ser humano. Compartimos tambi&eacute;n la misma preocupaci&oacute;n por el bienestar y el futuro de Egipto. Todos los miembros de la sociedad tienen el derecho y el deber de participar plenamente en la vida de la naci&oacute;n, pudiendo disfrutar de una ciudadan&iacute;a plena y equitativa, y colaborar en la construcci&oacute;n de su pa&iacute;s. La libertad religiosa, incluida la libertad de conciencia, arraigada en la dignidad de la persona, es la piedra angular de todas las dem&aacute;s libertades. Es un derecho sagrado e inalienable.<\/p>\n<p>9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Intensifiquemos nuestra incesante oraci&oacute;n por todos los cristianos de Egipto y de todo el mundo y, especialmente, por los de Oriente Medio. Las tr&aacute;gicas experiencias y la sangre derramada por nuestros fieles, que han sido perseguidos y asesinados por la &uacute;nica raz&oacute;n de ser cristianos, nos recuerdan a&uacute;n m&aacute;s que el ecumenismo del martirio es el que nos une y nos anima en el camino hacia la paz y la reconciliaci&oacute;n. Porque como escribe san Pablo: &laquo;Si un miembro sufre, todos sufren con &eacute;l&raquo; (1Co 12, 26).<\/p>\n<p>10.&nbsp; El misterio de Jes&uacute;s, que muri&oacute; y resucit&oacute; por amor, est&aacute; en el coraz&oacute;n de nuestro camino hacia la plena unidad. Una vez m&aacute;s, los m&aacute;rtires son quienes nos gu&iacute;an. En la Iglesia primitiva, la sangre de los m&aacute;rtires fue semilla de nuevos cristianos. As&iacute; tambi&eacute;n en nuestros d&iacute;as, la sangre de tantos m&aacute;rtires ser&aacute; semilla de unidad entre todos los disc&iacute;pulos de Cristo, signo e instrumento de comuni&oacute;n y paz para el mundo.<\/p>\n<p>11.&nbsp; En obediencia a la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo que santifica a la Iglesia, la custodia a lo largo de los siglos y la conduce hacia la unidad plena, aquella unidad por la que or&oacute; Jesucristo:<\/p>\n<p>Hoy, nosotros, Papa Francisco y Papa Tawadros II, para complacer al coraz&oacute;n del Se&ntilde;or Jes&uacute;s, as&iacute; como tambi&eacute;n al de nuestros hijos e hijas en la fe, declaramos mutuamente que, con una misma mente y un mismo coraz&oacute;n, procuraremos sinceramente no repetir el bautismo a ninguna persona que haya sido bautizada en algunas de nuestras Iglesias y quiera unirse a la otra. Esto lo confesamos en obediencia a las Sagradas Escrituras y a la fe de los tres Concilios Ecum&eacute;nicos reunidos en Nicea, Constantinopla y &Eacute;feso.<\/p>\n<p>Pedimos a Dios nuestro Padre que nos gu&iacute;e, con los tiempos y los medios que el Esp&iacute;ritu Santo elija, a la plena unidad en el Cuerpo m&iacute;stico de Cristo.<\/p>\n<p>12.&nbsp; Sigamos pues las ense&ntilde;anzas y el ejemplo del ap&oacute;stol Pablo, que escribe: &laquo;[Esforzaos] en mantener la unidad del Esp&iacute;ritu con el v&iacute;nculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Esp&iacute;ritu, como una sola es la esperanza de la vocaci&oacute;n a la que hab&eacute;is sido convocados. Un Se&ntilde;or, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos, que est&aacute; sobre todos, act&uacute;a por medio de todos y est&aacute; en todos&raquo; (Ef 4, 3-6).<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- Al finalizar el Encuentro entre el Papa Francisco y el Patriarca de los Coptos, Tawadros II, firmaron una Declaraci&oacute;n Conjunta en la Sede del patriarcado de El Cairo. 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