{"id":14183,"date":"2017-04-29T06:40:05","date_gmt":"2017-04-29T11:40:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/de-nuestra-enviada-especial-a-el-cairo-bianca-fraccalvieri-2\/"},"modified":"2017-04-29T06:40:05","modified_gmt":"2017-04-29T11:40:05","slug":"de-nuestra-enviada-especial-a-el-cairo-bianca-fraccalvieri-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/de-nuestra-enviada-especial-a-el-cairo-bianca-fraccalvieri-2\/","title":{"rendered":"De nuestra enviada especial a El Cairo, Bianca Fraccalvieri"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/04\/29\/REUTERS2114747_Thumbnail.JPG' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_10298429\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00579684.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>(RV).- &ldquo;A Dios s&oacute;lo le agrada la fe profesada con la vida, porque el &uacute;nico extremismo que se permite a los creyentes es el de la caridad. Cualquier otro extremismo no viene de Dios y no le agrada&rdquo;. Lo afirm&oacute; el <strong>Papa Francisco <\/strong>en su homil&iacute;a de la <strong>Santa Misa<\/strong> celebrada a las 10:00, en el <strong>Estadio<\/strong> <strong><em>Air Defence<\/em><\/strong> de <strong>El Cairo<\/strong>, en el segundo y &uacute;ltimo d&iacute;a de su 18&ordm; Viaje Apost&oacute;lico internacional, en esta ocasi&oacute;n a <strong>Egipto<\/strong>, el s&aacute;bado 29 de abril.<\/p>\n<p>Este lugar, distante unos 19 km de la <strong>Nunciatura Apost&oacute;lica<\/strong>, es conocido tambi&eacute;n como el &ldquo;<strong>Estadio 30 de junio<\/strong>&rdquo; y forma parte de la ciudad deportiva de la Aeron&aacute;utica militar que se construy&oacute; para celebrar las proezas de la defensa a&eacute;rea durante la <strong>guerra de 1970<\/strong> contra <strong>Israel<\/strong>. Mientras en el a&ntilde;o 2015 fue teatro de violentos choques entre los adeptos de un partido de f&uacute;tbol y la polic&iacute;a que dej&oacute; un saldo de 22 personas fallecidas.<\/p>\n<p>En su homil&iacute;a &ndash; con la <strong>liturgia<\/strong> del <strong>III domingo de Pascua<\/strong>, en que el Evangelio refiere el camino que hicieron los dos disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s tras salir de Jerusal&eacute;n &ndash; el <strong>Papa Bergoglio<\/strong> afirm&oacute; que se trata de un Evangelio que puede resumirse con tres palabras, a saber: <em>muerte, resurrecci&oacute;n <\/em>y <em>vida.<\/em><\/p>\n<p><strong>Muerte<\/strong> en el sentido de que los dos disc&iacute;pulos regresan a sus quehaceres cotidianos, llenos de desilusi&oacute;n y desesperaci&oacute;n, mientras el <strong>Maestro<\/strong> ha muerto y, por lo tanto, es in&uacute;til esperar. S&iacute;, porque &ldquo;<strong>la<\/strong> <strong>crisis de la Cruz<\/strong>&rdquo;, o &ldquo;el <strong>esc&aacute;ndalo<\/strong>&rdquo; y la &ldquo;<strong>necedad<\/strong> de la Cruz&rdquo; hab&iacute;a terminado por <strong>sepultar toda esperanza<\/strong>. Y porque no pod&iacute;an creer que el <strong>Maestro<\/strong> y el <strong>Salvador<\/strong> que hab&iacute;a resucitado a los muertos y curado a los enfermos pudiera terminar clavado en la cruz de la verg&uuml;enza. No pod&iacute;an comprender por qu&eacute; <strong>Dios Omnipotente<\/strong> no lo salv&oacute; de una muerte tan infame. De modo que &ndash; como dijo el <strong>Pont&iacute;fice<\/strong> &ndash; &nbsp;&ldquo;la cruz de Cristo era la cruz de sus ideas sobre Dios; la muerte de Cristo era la muerte de todo lo que ellos pensaban que era Dios.<\/p>\n<p><strong>Resurrecci&oacute;n <\/strong>en el sentido de que en la oscuridad de la noche m&aacute;s negra, en la desesperaci&oacute;n m&aacute;s angustiosa, <strong>Jes&uacute;s<\/strong> se acerca a los dos disc&iacute;pulos y los acompa&ntilde;a en su camino para que descubran que &eacute;l es &ldquo;<strong>el camino, la verdad y la vida<\/strong>&rdquo;. Con lo cual el <strong>Se&ntilde;or<\/strong> &ldquo;trasforma su desesperaci&oacute;n en vida, porque cuando se desvanece la esperanza humana comienza a brillar la divina&rdquo;. Y de hecho &ndash; afirm&oacute; <strong>Francisco <\/strong>&ndash; &nbsp;&ldquo;lo que es imposible para los hombres es posible para Dios&rdquo;, tal como se lee en el Evangelio de San Lucas. A la vez que record&oacute; que cuando el hombre toca el fondo en su experiencia de fracaso y de incapacidad, cuando se despoja de la ilusi&oacute;n de ser el mejor, de ser autosuficiente, de ser el centro del mundo, Dios le tiende la mano para transformar su noche en amanecer, su aflicci&oacute;n en alegr&iacute;a, su muerte en resurrecci&oacute;n, su camino de regreso en retorno a Jerusal&eacute;n, es decir en retorno a la vida y a la victoria de la Cruz.<\/p>\n<p>Y <strong>Vida<\/strong>, puesto que el encuentro con Jes&uacute;s resucitado ha transformado la vida de ambos disc&iacute;pulos, porque el encuentro con el <strong>Resucitado<\/strong> transforma la vida entera y hace fecunda cualquier esterilidad, tal como lo afirm&oacute; el Papa em&eacute;rito Benedicto XVI, en su catequesis de la Audiencia General del 11 abril de 2007. En efecto &ndash; agreg&oacute; el <strong>Papa Bergoglio<\/strong> &ndash; &ldquo;la Resurrecci&oacute;n no es una fe que nace de la Iglesia, sino que es la Iglesia la que nace de la fe en la Resurrecci&oacute;n&rdquo;. Concepto reforzado por las palabras de San Pablo: &ldquo;Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicaci&oacute;n y vana tambi&eacute;n su fe&rdquo; (<em>1 Co<\/em> 15,14).<\/p>\n<p>El <strong>Obispo de Roma<\/strong> reafirm&oacute; con fuerza que &ldquo;el Resucitado desaparece de nuestra vista, para ense&ntilde;arnos que no podemos retener a Jes&uacute;s en su visibilidad hist&oacute;rica&rdquo;. Mientras la Iglesia debe saber y creer que &eacute;l est&aacute; vivo en ella y que la vivifica con la Eucarist&iacute;a, con la Escritura y con los Sacramentos. <strong>Francisco<\/strong> invit&oacute; a los fieles presentes en esta celebraci&oacute;n a que &ndash; como los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s &ndash; regresen a su Jerusal&eacute;n, es decir, a su vida cotidiana, a sus familias, a su trabajo y a su patria llenos de alegr&iacute;a, valent&iacute;a y fe. Sin tener miedo de abrir su coraz&oacute;n a la luz del Resucitado y permitiendo que &Eacute;l transforme sus incertidumbres en fuerza positiva, &nbsp;para ellos y para los dem&aacute;s. Por esta raz&oacute;n el <strong>Santo Padre<\/strong> repiti&oacute;: &ldquo;No tengan miedo de amar a todos, amigos y enemigos, porque el amor es la fuerza y el tesoro del creyente&rdquo;.<\/p>\n<p>Y concluy&oacute; con un pensamiento a la Virgen Mar&iacute;a y a la Sagrada Familia, que vivieron en esa bendita tierra, con el deseo de que iluminen los corazones y bendigan al amado Egipto que, en los albores del cristianismo, acogi&oacute; la evangelizaci&oacute;n de San Marcos y dio a lo largo de la historia numerosos m&aacute;rtires y una gran multitud de santos y santas.<\/p>\n<p>(Mar&iacute;a Fernanda Bernasconi &#8211; RV).<\/p>\n<p><strong>Texto y audio de la homil&iacute;a del Santo Padre Francisco durante la celebraci&oacute;n de la Santa Misa celebrada en Estadio<\/strong> <strong><em>Air Defence<\/em><\/strong> de <strong>El Cairo:<\/strong><\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_10298703\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00579694.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>Al Salam&ograve; Alaikum \/ La paz sea con vosotros.<\/p>\n<p>Hoy, III domingo de Pascua, el Evangelio nos habla del camino que hicieron los dos disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s tras salir de Jerusal&eacute;n. Un Evangelio que se puede resumir en tres palabras: <em>muerte, resurrecci&oacute;n <\/em>y <em>vida.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Muerte<\/em><\/strong><em>:<\/em> los dos disc&iacute;pulos regresan a sus quehaceres cotidianos, llenos de desilusi&oacute;n y desesperaci&oacute;n. El Maestro ha muerto y por tanto es in&uacute;til esperar. Estaban desorientados, confundidos y desilusionados. Su camino es un volver atr&aacute;s; es alejarse de la dolorosa experiencia del Crucificado. La crisis de la Cruz, m&aacute;s bien el &laquo;esc&aacute;ndalo&raquo; y la &laquo;necedad&raquo; de la Cruz (cf. <em>1 Co<\/em> 1,18; 2,2), ha terminado por sepultar toda esperanza. Aquel sobre el que hab&iacute;an construido su existencia ha muerto y, derrotado, se ha llevado consigo a la tumba todas sus aspiraciones.<\/p>\n<p>No pod&iacute;an creer que el Maestro y el Salvador que hab&iacute;a resucitado a los muertos y curado a los enfermos pudiera terminar clavado en la cruz de la verg&uuml;enza. No pod&iacute;an comprender por qu&eacute; Dios Omnipotente no lo salv&oacute; de una muerte tan infame. La cruz de Cristo era la cruz de sus ideas sobre Dios; la muerte de Cristo era la muerte de todo lo que ellos pensaban que era Dios. De hecho, los muertos en el sepulcro de la estrechez de su entendimiento.<\/p>\n<p>Cuantas veces el hombre se auto paraliza, neg&aacute;ndose a superar su idea de Dios, de un dios creado a imagen y semejanza del hombre; cuantas veces se desespera, neg&aacute;ndose a creer que la omnipotencia de Dios no es la omnipotencia de la fuerza o de la autoridad, sino solamente la omnipotencia del amor, del perd&oacute;n y de la vida.<\/p>\n<p>Los disc&iacute;pulos reconocieron a Jes&uacute;s &laquo;al partir el pan&raquo;, en la Eucar&iacute;stica. Si nosotros no quitamos el velo que oscurece nuestros ojos, si no rompemos la dureza de nuestro coraz&oacute;n y de nuestros prejuicios nunca podremos reconocer el rostro de Dios.<\/p>\n<p><strong><em>Resurrecci&oacute;n: <\/em><\/strong>en la oscuridad de la noche m&aacute;s negra, en la desesperaci&oacute;n m&aacute;s angustiosa, Jes&uacute;s se acerca a los dos disc&iacute;pulos y los acompa&ntilde;a en su camino para que descubran que &eacute;l es &laquo;el camino, la verdad y la vida&raquo; (<em>Jn<\/em> 14,6). Jes&uacute;s trasforma su desesperaci&oacute;n en vida, porque cuando se desvanece la esperanza humana comienza a brillar la divina: &laquo;Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios&raquo; (<em>Lc<\/em> 18,27; cf. 1,37). Cuando el hombre toca fondo en su experiencia de fracaso y de incapacidad, cuando se despoja de la ilusi&oacute;n de ser el mejor, de ser autosuficiente, de ser el centro del mundo, Dios le tiende la mano para transformar su noche en amanecer, su aflicci&oacute;n en alegr&iacute;a, su muerte en resurrecci&oacute;n, su camino de regreso en retorno a Jerusal&eacute;n, es decir en retorno a la vida y a la victoria de la Cruz (cf. <em>Hb<\/em> 11,34).<\/p>\n<p>Los dos disc&iacute;pulos, de hecho, luego de haber encontrado al Resucitado, regresan llenos de alegr&iacute;a, confianza y entusiasmo, listos para dar testimonio. El Resucitado los ha hecho resurgir de la tumba de su incredulidad y aflicci&oacute;n. Encontrando al Crucificado-Resucitado han hallado la explicaci&oacute;n y el cumplimiento de las Escrituras, de la Ley y de los Profetas; han encontrado el sentido de la aparente derrota de la Cruz.<\/p>\n<p>Quien no pasa a trav&eacute;s de la experiencia de la cruz, hasta llegar a la Verdad de la resurrecci&oacute;n, se condena a s&iacute; mismo a la desesperaci&oacute;n. De hecho, no podemos encontrar a Dios sin crucificar primero nuestra pobre concepci&oacute;n de un dios que s&oacute;lo refleja nuestro modo de comprender la omnipotencia y el poder.<\/p>\n<p><strong><em>Vida:<\/em><\/strong> el encuentro con Jes&uacute;s resucitado ha transformado la vida de los dos disc&iacute;pulos, porque el encuentro con el Resucitado transforma la vida entera y hace fecunda cualquier esterilidad (cf. Benedicto XVI, <em>Audiencia General<\/em>, 11 abril 2007). En efecto, la Resurrecci&oacute;n no es una fe que nace de la Iglesia, sino que es la Iglesia la que nace de la fe en la Resurrecci&oacute;n. Dice san Pablo: &laquo;Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicaci&oacute;n y vana tambi&eacute;n vuestra fe&raquo; (<em>1 Co<\/em> 15,14).<\/p>\n<p>El Resucitado desaparece de su vista, para ense&ntilde;arnos que no podemos retener a Jes&uacute;s en su visibilidad hist&oacute;rica: &laquo;Bienaventurados los que crean sin haber visto&raquo; (<em>Jn <\/em>20,29 y cf. 20,17). La Iglesia debe saber y creer que &eacute;l est&aacute; vivo en ella y que la vivifica con la Eucarist&iacute;a, con la Escritura y con los Sacramentos. Los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s comprendieron esto y regresaron a Jerusal&eacute;n para compartir con los otros su experiencia. &laquo;Hemos visto al Se&ntilde;or [&hellip;]. S&iacute;, en verdad ha resucitado&raquo; (cf. <em>Lc<\/em> 24,32).<\/p>\n<p>La experiencia de los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s nos ense&ntilde;a que de nada sirve llenar de gente los lugares de culto si nuestros corazones est&aacute;n vac&iacute;os del temor de Dios y de su presencia; de nada sirve rezar si nuestra oraci&oacute;n que se dirige a Dios no se transforma en amor hacia el hermano; de nada sirve tanta religiosidad si no est&aacute; animada al menos por igual fe y caridad; de nada sirve cuidar las apariencias, porque Dios mira el alma y el coraz&oacute;n (cf. <em>1 S<\/em> 16,7) y detesta la hipocres&iacute;a (cf. <em>Lc<\/em> 11,37-54; <em>Hch<\/em> 5,3-4).<a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a> Para Dios, es mejor no creer que ser un falso creyente, un hip&oacute;crita.<\/p>\n<p>La verdadera fe es la que nos hace m&aacute;s caritativos, m&aacute;s misericordiosos, m&aacute;s honestos y m&aacute;s humanos; es la que anima los corazones para llevarlos a amar a todos gratuitamente, sin distinci&oacute;n y sin preferencias, es la que nos hace ver al otro no como a un enemigo para derrotar, sino como a un hermano para amar, servir y ayudar; es la que nos lleva a difundir, a defender y a vivir la cultura del encuentro, del di&aacute;logo, del respeto y de la fraternidad; nos da la valent&iacute;a de perdonar a quien nos ha ofendido, de ayudar a quien ha ca&iacute;do; a vestir al desnudo; a dar de comer al que tiene hambre, a visitar al encarcelado; a ayudar a los hu&eacute;rfanos; a dar de beber al sediento; a socorrer a los ancianos y a los necesitados (cf. <em>Mt<\/em> 25,31-45). La verdadera fe es la que nos lleva a proteger los derechos de los dem&aacute;s, con la misma fuerza y con el mismo entusiasmo con el que defendemos los nuestros. En realidad, cuanto m&aacute;s se crece en la fe y m&aacute;s se conoce, m&aacute;s se crece en la humildad y en la conciencia de ser peque&ntilde;o.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas:<\/p>\n<p>A Dios s&oacute;lo le agrada la fe profesada con la vida, porque el &uacute;nico extremismo que se permite a los creyentes es el de la caridad. Cualquier otro extremismo no viene de Dios y no le agrada.<\/p>\n<p>Ahora, como los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s, regresad a vuestra Jerusal&eacute;n, es decir, a vuestra vida cotidiana, a vuestras familias, a vuestro trabajo y a vuestra patria llenos de alegr&iacute;a, de valent&iacute;a y de fe. No teng&aacute;is miedo a abrir vuestro coraz&oacute;n a la luz del Resucitado y dejad que &eacute;l transforme vuestras incertidumbres en fuerza positiva para vosotros y para los dem&aacute;s. No teng&aacute;is miedo a amar a todos, amigos y enemigos, porque el amor es la fuerza y el tesoro del creyente.<\/p>\n<p>La Virgen Mar&iacute;a y la Sagrada Familia, que vivieron en esta bendita tierra, iluminen nuestros corazones y os bendigan a vosotros y al amado Egipto que, en los albores del cristianismo, acogi&oacute; la evangelizaci&oacute;n de san Marcos y ha dado a lo largo de la historia numerosos m&aacute;rtires y una gran multitud de santos y santas.<\/p>\n<p><em>Al Massih Kam \/ Bilhakika kam<\/em>! &ndash; Cristo ha Resucitado. \/ Verdaderamente ha Resucitado.<\/p>\n<div>&nbsp;<\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n<p><a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> Dice san Efr&eacute;n: &laquo;Quitad la m&aacute;scara que cubre al hip&oacute;crita y vosotros no ver&eacute;is m&aacute;s que podredumbre&raquo; (<em>Serm.<\/em>). &laquo;Ay de los que hab&eacute;is perdido la esperanza&raquo;, afirma el Eclesi&aacute;stico (2,14 <em>Vulg.<\/em>).<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- &ldquo;A Dios s&oacute;lo le agrada la fe profesada con la vida, porque el &uacute;nico extremismo que se permite a los creyentes es el de la caridad. Cualquier otro extremismo no viene de Dios y no le agrada&rdquo;. 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