{"id":14186,"date":"2017-04-29T09:05:02","date_gmt":"2017-04-29T14:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-discurso-del-papa-francisco-a-sacerdotes-religiosos-y-seminaristas-de-egipto\/"},"modified":"2017-04-29T09:05:02","modified_gmt":"2017-04-29T14:05:02","slug":"texto-discurso-del-papa-francisco-a-sacerdotes-religiosos-y-seminaristas-de-egipto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-discurso-del-papa-francisco-a-sacerdotes-religiosos-y-seminaristas-de-egipto\/","title":{"rendered":"TEXTO: Discurso del Papa Francisco a sacerdotes, religiosos y seminaristas de Egipto"},"content":{"rendered":"<p> EL CAIRO, 29 Abr. 17 (ACI).-<br \/>\n\tAntes de regresar a Roma, el Papa Francisco se reuni&oacute; en el Seminario Al-Maadi con sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas para orar junto a ellos. Tras la oraci&oacute;n el Santo Padre les dirigi&oacute; un discurso en el que detall&oacute; 7 tentaciones que pueden asaltar a la persona consagrada y c&oacute;mo derrotarlas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&quot;El peligro es grave cuando el consagrado, en lugar de ayudar a los peque&ntilde;os a crecer y de regocijarse con el &eacute;xito de sus hermanos y hermanas, se deja dominar por la envidia y se convierte en uno que hiere a los dem&aacute;s con la murmuraci&oacute;n&quot;, advirti&oacute; Francisco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n, el texto completo del discurso del Papa:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAl Salam&ograve; Alaikum! \/ La paz est&eacute; con vosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;Este es el d&iacute;a en que actu&oacute; el Se&ntilde;or: sea nuestra alegr&iacute;a y nuestro gozo. Cristo ha vencido para siempre la muerte. Gocemos y alegr&eacute;monos en &eacute;l&raquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMe siento muy feliz de estar con vosotros en este lugar donde se forman los sacerdotes, y que simboliza el coraz&oacute;n de la Iglesia Cat&oacute;lica en Egipto. Con alegr&iacute;a saludo en vosotros, sacerdotes, consagrados y consagradas de la peque&ntilde;a grey cat&oacute;lica de Egipto, a la &laquo;levadura&raquo; que Dios prepara para esta bendita Tierra, para que, junto con nuestros hermanos ortodoxos, crezca en ella su Reino (cf. Mt 13,13).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDeseo, en primer lugar, daros las gracias por vuestro testimonio y por todo el bien que hac&eacute;is cada d&iacute;a, trabajando en medio de numerosos retos y, a menudo, con pocos consuelos. Deseo tambi&eacute;n animaros. No teng&aacute;is miedo al peso de cada d&iacute;a, al peso de las circunstancias dif&iacute;ciles por las que algunos de vosotros ten&eacute;is que atravesar. Nosotros veneramos la Santa Cruz, que es signo e instrumento de nuestra salvaci&oacute;n. Quien huye de la Cruz, escapa de la resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;No temas, peque&ntilde;o reba&ntilde;o, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino&raquo; (Lc 12,32).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe trata, por tanto, de creer, de dar testimonio de la verdad, de sembrar y cultivar sin esperar ver la cosecha. De hecho, nosotros cosechamos los frutos que han sembrado muchos otros hermanos, consagrados y no consagrados, que han trabajado generosamente en la vi&ntilde;a del Se&ntilde;or. Vuestra historia est&aacute; llena de ellos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn medio de tantos motivos para desanimarse, de numerosos profetas de destrucci&oacute;n y de condena, de tantas voces negativas y desesperadas, sed una fuerza positiva, sed la luz y la sal de esta sociedad, la locomotora que empuja el tren hacia adelante, llev&aacute;ndolo hacia la meta, sed sembradores de esperanza, constructores de puentes y art&iacute;fices de di&aacute;logo y de concordia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTodo esto ser&aacute; posible si la persona consagrada no cede a las tentaciones que encuentra cada d&iacute;a en su camino. Me gustar&iacute;a destacar algunas significativas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t1- La tentaci&oacute;n de dejarse arrastrar y no guiar. El Buen Pastor tiene el deber de guiar a su grey (cf. Jn 10,3-4), de conducirla hacia verdes prados y a las fuentes de agua (cf. Sal 23). No puede dejarse arrastrar por la desilusi&oacute;n y el pesimismo: &laquo;Pero, &iquest;qu&eacute; puedo hacer yo?&raquo;. Est&aacute; siempre lleno de iniciativas y creatividad, como una fuente que sigue brotando incluso cuando est&aacute; seca. Sabe dar siempre una caricia de consuelo, aun cuando su coraz&oacute;n est&aacute; roto. Saber ser padre cuando los hijos lo tratan con gratitud, pero sobre todo cuando no son agradecidos (cf. Lc 15,11-32). Nuestra fidelidad al Se&ntilde;or no puede depender nunca de la gratitud humana: &laquo;Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensar&aacute;&raquo; (Mt 6,4.6.18).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t2- La tentaci&oacute;n de quejarse continuamente. Es f&aacute;cil culpar siempre a los dem&aacute;s: por las carencias de los superiores, las condiciones eclesi&aacute;sticas o sociales, por las pocas posibilidades. Sin embargo, el consagrado es aquel que con la unci&oacute;n del Esp&iacute;ritu transforma cada obst&aacute;culo en una oportunidad, y no cada dificultad en una excusa. Quien anda siempre quej&aacute;ndose en realidad no quiere trabajar. Por eso el Se&ntilde;or, dirigi&eacute;ndose a los pastores, dice: &laquo;fortaleced las manos d&eacute;biles, robusteced las rodillas vacilantes&raquo; (Hb 12,12; cf. Is 35,3).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t3- La tentaci&oacute;n de la murmuraci&oacute;n y de la envidia. El peligro es grave cuando el consagrado, en lugar de ayudar a los peque&ntilde;os a crecer y de regocijarse con el &eacute;xito de sus hermanos y hermanas, se deja dominar por la envidia y se convierte en uno que hiere a los dem&aacute;s con la murmuraci&oacute;n. Cuando, en lugar de esforzarse en crecer, se pone a destruir a los que est&aacute;n creciendo, y cuando en lugar de seguir los buenos ejemplos, los juzga y les quita su valor. La envidia es un c&aacute;ncer que destruye en poco tiempo cualquier organismo: &laquo;Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir&raquo; (Mc 3,24-25). De hecho, &laquo;por envidia del diablo entr&oacute; la muerte en el mundo&raquo; (Sb 2,24). Y la murmuraci&oacute;n es el instrumento y el arma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t4- La tentaci&oacute;n de compararse con los dem&aacute;s. La riqueza se encuentra en la diversidad y en la unicidad de cada uno de nosotros. Compararnos con los que est&aacute;n mejor nos lleva con frecuencia a caer en el resentimiento, compararnos con los que est&aacute;n peor, nos lleva, a menudo, a caer en la soberbia y en la pereza. Quien tiende siempre a compararse con los dem&aacute;s termina paralizado. Aprendamos de los santos Pedro y Pablo a vivir la diversidad de caracteres, carismas y opiniones en la escucha y docilidad al Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t5- La tentaci&oacute;n del &laquo;faraonismo&raquo;, es decir, de endurecer el coraz&oacute;n y cerrarlo al Se&ntilde;or y a los dem&aacute;s. Es la tentaci&oacute;n de sentirse por encima de los dem&aacute;s y de someterlos por vanagloria, de tener la presunci&oacute;n de dejarse servir en lugar de servir. Es una tentaci&oacute;n com&uacute;n que aparece desde el comienzo entre los disc&iacute;pulos, los cuales &mdash; dice el Evangelio&mdash; &laquo;por el camino hab&iacute;an discutido qui&eacute;n era el m&aacute;s importante&raquo; (Mc 9,34). El ant&iacute;doto a este veneno es: &laquo;Quien quiera ser el primero, que sea el &uacute;ltimo de todos y el servidor de todos&raquo; (Mc 9,35).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t6- La tentaci&oacute;n del individualismo. Como dice el conocido dicho egipcio: &laquo;Despu&eacute;s de m&iacute;, el diluvio&raquo;. Es la tentaci&oacute;n de los ego&iacute;stas que por el camino pierden la meta y, en vez de pensar en los dem&aacute;s, piensan s&oacute;lo en s&iacute; mismos, sin experimentar ning&uacute;n tipo de verg&uuml;enza, m&aacute;s bien al contrario, se justifican. La Iglesia es la comunidad de los fieles, el cuerpo de Cristo, donde la salvaci&oacute;n de un miembro est&aacute; vinculada a la santidad de todos (cf. 1Co 12,12-27; Lumen gentium, 7). El individualista es, en cambio, motivo de esc&aacute;ndalo y de conflicto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t7- La tentaci&oacute;n del caminar sin rumbo y sin meta. El consagrado pierde su identidad y acaba por no ser &laquo;ni carne ni pescado&raquo;. Vive con el coraz&oacute;n dividido entre Dios y la mundanidad. Olvida su primer amor (cf. Ap 2,4). En realidad, el consagrado, si no tiene una clara y s&oacute;lida identidad, camina sin rumbo y, en lugar de guiar a los dem&aacute;s, los dispersa. Vuestra identidad como hijos de la Iglesia es la de ser coptos &mdash;es decir, arraigados en vuestras nobles y antiguas ra&iacute;ces&mdash; y ser cat&oacute;licos &mdash;es decir, parte de la Iglesia una y universal&mdash;: como un &aacute;rbol que cuanto m&aacute;s enraizado est&aacute; en la tierra, m&aacute;s alto crece hacia el cielo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos consagrados, hacer frente a estas tentaciones no es f&aacute;cil, pero es posible si estamos injertados en Jes&uacute;s: &laquo;Permaneced en m&iacute;, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por s&iacute;, si no permanece en la vid, as&iacute; tampoco vosotros, si no permanec&eacute;is en m&iacute;&raquo; (Jn 15,4). Cuanto m&aacute;s enraizados estemos en Cristo, m&aacute;s vivos y fecundos seremos. As&iacute; el consagrado conservar&aacute; la maravilla, la pasi&oacute;n del primer encuentro, la atracci&oacute;n y la gratitud en su vida con Dios y en su misi&oacute;n. La calidad de nuestra consagraci&oacute;n depende de c&oacute;mo sea nuestra vida espiritual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEgipto ha contribuido a enriquecer a la Iglesia con el inestimable tesoro de la vida mon&aacute;stica. Os exhorto, por tanto, a sacar provecho del ejemplo de san Pablo el eremita, de san Antonio Abad, de los santos Padres del desierto y de los numerosos monjes que con su vida y ejemplo han abierto las puertas del cielo a muchos hermanos y hermanas; de este modo, tambi&eacute;n vosotros ser&eacute;is sal y luz, es decir, motivo de salvaci&oacute;n para vosotros mismos y para todos los dem&aacute;s, creyentes y no creyentes y, especialmente, para los &uacute;ltimos, los necesitados, los abandonados y los descartados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQue la Sagrada Familia os proteja y os bendiga a todos, a vuestro Pa&iacute;s y a todos sus habitantes. Desde el fondo de mi coraz&oacute;n deseo a cada uno de vosotros lo mejor, y a trav&eacute;s de vosotros saludo a los fieles que Dios ha confiado a vuestro cuidado. Que el Se&ntilde;or os conceda los frutos de su Esp&iacute;ritu Santo: &laquo;Amor, alegr&iacute;a, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de s&iacute;&raquo; (Ga 5,22-23).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tOs tendr&eacute; siempre presentes en mi coraz&oacute;n y en mis oraciones. &Aacute;nimo y adelante, guiados por el Esp&iacute;ritu Santo. &laquo;Este es el d&iacute;a en que act&uacute;o el Se&ntilde;or, sea nuestra alegr&iacute;a&raquo;. Y por favor, no olvid&eacute;is de rezar por m&iacute;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL CAIRO, 29 Abr. 17 (ACI).- Antes de regresar a Roma, el Papa Francisco se reuni&oacute; en el Seminario Al-Maadi con sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas para orar junto a ellos. 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