{"id":14407,"date":"2017-05-06T11:15:03","date_gmt":"2017-05-06T16:15:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/santa-rosa-venerini-7-de-mayo-2\/"},"modified":"2017-05-06T11:15:03","modified_gmt":"2017-05-06T16:15:03","slug":"santa-rosa-venerini-7-de-mayo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/santa-rosa-venerini-7-de-mayo-2\/","title":{"rendered":"Santa Rosa Venerini \u2013\u00a07 de mayo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">(ZENIT &#8211; Madrid).-\u00a0Naci\u00f3 en Viterbo el 9 de febrero de 1656. Era hija de un m\u00e9dico que ejerc\u00eda la profesi\u00f3n en el Hospital Grande de la ciudad, y ten\u00eda tres hermanos m\u00e1s. Destac\u00f3 enseguida por su brillante inteligencia tanto como por su gran coraz\u00f3n enriquecido por la formaci\u00f3n espiritual que recib\u00eda. Con 7 a\u00f1os profes\u00f3 voto de consagraci\u00f3n, aunque la juventud le trajo los aires de la seducci\u00f3n del mundo, y contra ella luch\u00f3 remontando la contrariedad con oraciones y sacrificios. Los dos caminos que se ofrec\u00edan a la mujer: matrimonio o convento, le interrogaban a sus 20 a\u00f1os. Sin desestimar ninguno, percib\u00eda una llamada a servir a la Iglesia y a su entorno. El camino se allan\u00f3 al percibir interiormente la respuesta de Dios. En 1676 ingres\u00f3 en el monasterio de Santa Catalina de Viterbo. En visitas anteriores a su t\u00eda materna Anna Cecilia Zampichetti, religiosa del convento, le hab\u00eda impresionado el ambiente austero, lleno de bondad. Pero siete a\u00f1os despu\u00e9s de vincularse a la comunidad, la inesperada muerte de su padre le oblig\u00f3 a dejarla para acompa\u00f1ar a su madre. A esta tragedia se sucedieron: el fallecimiento de su hermano Domenico cuando ten\u00eda 27 a\u00f1os, y la de su madre, que parti\u00f3 de este mundo transida de dolor por su p\u00e9rdida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No se cruz\u00f3 de brazos contemplando el dolor. \u00c9ste fue para ella una fecunda v\u00eda purgativa que le condujo a buscar \u00fanico consuelo en Dios. Situ\u00f3 en el centro de su vida a Cristo crucificado y abri\u00f3 las puertas de su casa para que las ni\u00f1as y las vecinas pudieran rezar el rosario con ella. Comenzaba y terminaba con una lecci\u00f3n catequ\u00e9tica. Cada d\u00eda constataba la escasa cuando no nula preparaci\u00f3n, en todos los sentidos, de las que apenas ten\u00edan recursos. Y atisb\u00f3 en ello la luz que le llev\u00f3 a poner en marcha otra nueva misi\u00f3n estable dirigida a paliar estas necesidades: una escuela para educaci\u00f3n de las ni\u00f1as. Ten\u00eda claro su objetivo: \u00ab<span lang=\"es-ES\">Mi deseo es liberar a los j\u00f3venes de la ignorancia y el mal <\/span>para que el proyecto de Dios, que cada persona posee, se vuelva visible\u00bb<span lang=\"es-ES\">.<\/span> Sus dos excelsas pasiones, la que experimentaba por Dios sosteniendo su existencia, y la salvaci\u00f3n de todo ser humano, infund\u00edan en su \u00e1nimo celestes afanes que cincelaban su quehacer. Oraci\u00f3n constante y una mirada en derredor suyo desde la cruz suscitaban en su coraz\u00f3n el anhelo de hacerse ella misma pura oblaci\u00f3n. Un\u00eda todas las fatigas al sacrificio eucar\u00edstico incesantemente renovado en toda la Iglesia. De todo ello extrajo la fortaleza que derram\u00f3 en sus innumerables actos de virtud.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta caritativa y humilde mujer, que no se detuvo ante nada, el 30 de agosto de 1685, con la venia del obispo de Viterbo, cardenal Sacchetti, y la colaboraci\u00f3n de dos compa\u00f1eras, abandon\u00f3 el domicilio familiar. Entonces, sin dejar de portar esa llama del amor que le abrasaba, cre\u00f3 la Escuela P\u00fablica femenina. Era la primera de sus fundaciones, pionera para Italia. No fue una decisi\u00f3n espont\u00e1nea, sino el fruto de su oraci\u00f3n y de su incesante b\u00fasqueda de la voluntad divina. En una ocasi\u00f3n manifest\u00f3: \u00ab\u00a1Me siento tan apegada a la voluntad de Dios, que no me importa ni la muerte ni la vida: quiero lo que \u00c9l quiere, quiero servirle por cuanto \u00c9l quiere ser servido por m\u00ed y nada m\u00e1s!\u00bb. El objetivo de esta iniciativa era dar una formaci\u00f3n humana y cristiana. Pero la tarea no era f\u00e1cil; hall\u00f3 muchos contratiempos. Dentro del clero algunos juzgaron como \u00abinjerencia\u00bb su ense\u00f1anza del catecismo. Desde el estamento intelectual le reprocharon que ense\u00f1ase a ni\u00f1as pobres siendo que proced\u00eda de una familia burguesa, prejuicios que ni le rozaron. Rosa sigui\u00f3 su camino. Justamente la contradicci\u00f3n le aseguraba que estaba cumpliendo la voluntad de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al final obtuvo los parabienes de p\u00e1rrocos testigos del gozo de las madres al ver crecer humana y espiritualmente a sus hijas llamadas a las aulas de la escuela con el sencillo toque de una campanilla agitada por las calles por una de las alumnas. Oraci\u00f3n, catequesis, aprendizaje de lectura y escritura, as\u00ed como trabajos manuales, eran las f\u00f3rmulas de esta fecunda labor que lleg\u00f3 a o\u00eddos del obispo de Montefiascone, cardenal Barbarigo. Viendo su bondad, demand\u00f3 la presencia de esta instituci\u00f3n en su di\u00f3cesis. Entre 1692 y 1694 Rosa impuls\u00f3 all\u00ed y en los alrededores diez escuelas. A ellas le seguir\u00edan otras en la regi\u00f3n del Lazio. Entonces conoci\u00f3 a Luc\u00eda Filippini y ambas siguieron durante un tiempo caminos casi parejos, bajo el amparo del cardenal. Cuando tuvo que partir, dej\u00f3 a sus escuelas en manos de Luc\u00eda. Y al ser demandada su presencia en el centro que \u00e9sta reg\u00eda en Roma mediando en una dif\u00edcil situaci\u00f3n, Rosa acudi\u00f3 con premura. Hasta que Luc\u00eda acudi\u00f3 al pont\u00edfice para solventarla. A partir de entonces cada una sigui\u00f3 su propia v\u00eda, aunque en el fondo la acci\u00f3n educativa de las Maestras P\u00edas que ambas llevaron a cabo ten\u00edan similares objetivos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A Rosa la fundaci\u00f3n de Roma se le resisti\u00f3 seis a\u00f1os. El primer intento fue fallido y ello le supuso algunos disgustos y contrariedades. Las autoridades dieron el visto bueno a finales de 1713. Con la ayuda del abad Degli Atti, amigo de su familia, abri\u00f3 su primera escuela en las cercan\u00edas del Capitolio. Clemente XI qued\u00f3 impresionado cuando la visit\u00f3. \u00c9l y los ocho cardenales que le acompa\u00f1aron constataron la excelente formaci\u00f3n integral que recib\u00edan las alumnas. Sin ocultar su satisfacci\u00f3n, el papa dijo: \u00ab\u00a1Se\u00f1ora Rosa, usted hace lo que nosotros no podemos hacer! Le agradecemos mucho porque, estas escuelas, \u00a1santificar\u00e1n Roma! [\u2026]. Deseo que estas escuelas se difundan en todas nuestras ciudades\u00bb. Fue el espaldarazo definitivo para su fundaci\u00f3n, y tambi\u00e9n otro momento lleno de preocupaciones y de incesantes viajes para ella. Pero tuvo el gozo de ver en marcha m\u00e1s de cuarenta escuelas. Muri\u00f3 en la casa de San Marcos de Roma el 7 de mayo de 1728. P\u00edo XII la beatific\u00f3 el 4 de mayo de 1952. Y Benedicto XVI la canoniz\u00f3 el 15 de octubre de 2006.<\/p>\n<p><span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/es.zenit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.zenit.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(ZENIT &#8211; Madrid).-\u00a0Naci\u00f3 en Viterbo el 9 de febrero de 1656. Era hija de un m\u00e9dico que ejerc\u00eda la profesi\u00f3n en el Hospital Grande de la ciudad, y ten\u00eda tres hermanos m\u00e1s. Destac\u00f3 enseguida por su brillante inteligencia tanto como por su gran coraz\u00f3n enriquecido por la formaci\u00f3n espiritual que recib\u00eda. 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