{"id":14522,"date":"2017-05-10T07:40:04","date_gmt":"2017-05-10T12:40:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/papa-contemplamos-a-maria-como-madre-de-la-esperanza\/"},"modified":"2017-05-10T07:40:04","modified_gmt":"2017-05-10T12:40:04","slug":"papa-contemplamos-a-maria-como-madre-de-la-esperanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/papa-contemplamos-a-maria-como-madre-de-la-esperanza\/","title":{"rendered":"Papa: Contemplamos a Mar\u00eda como Madre de la esperanza"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/05\/10\/AFP6588895_Thumbnail.jpg' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p>(RV).- &ldquo;En la medida en que nos involucremos con la vida de nuestro pueblo fiel y sintamos el hond&oacute;n de sus heridas, podremos mirar sin &lsquo;filtros clericales&rsquo; el rostro de Cristo, ir a su Evangelio para rezar, pensar, discernir y dejarnos transformar, desde Su rostro, en pastores de esperanza&rdquo;, es el aliento del Papa Francisco en su Mensaje a los Obispos y Pastores del Consejo Episcopal Latinoamericano, reunidos con ocasi&oacute;n de la XXXVI Asamblea General Ordinaria del CELAM, que se viene realizando en San Salvador, El Salvador, del 9 al 12 de mayo.<\/p>\n<p>La Asamblea General del Episcopado Latinoamericano cuenta con la participaci&oacute;n de los representantes de las 22 Conferencias Episcopales y representantes de los Obispos&nbsp;de Canad&aacute; y Estados Unidos que fueron invitados a participar en la Asamblea que tiene como lema: &ldquo;Iglesia pobre para los pobres&rdquo;.<\/p>\n<p>En su Mensaje, el Papa Francisco manifiesta su cercan&iacute;a a los Pastores Latinoamericanos, &ldquo;con Ustedes &ndash; se&ntilde;ala &ndash; me gustar&iacute;a poder &lsquo;visitar&rsquo; el Santuario de Nuestra Se&ntilde;ora de Aparecida. Una visita de hijos y de disc&iacute;pulos, visita de hermanos que como Mois&eacute;s quieren descalzarse en esa tierra santa que sabe albergar el encuentro de Dios con Su pueblo&rdquo;. El Obispo de Roma recordando que, hace 300 a&ntilde;os un grupo de pescadores sali&oacute; como de costumbre a tirar sus redes, es decir, &ldquo;salieron a ganarse la vida y fueron sorprendidos por un hallazgo que les cambi&oacute; los pasos&rdquo;. Era Nuestra Se&ntilde;ora de la Concepci&oacute;n. &ldquo;A&uacute;n hoy 300 a&ntilde;os despu&eacute;s, se&ntilde;ala el Papa, Nuestra Se&ntilde;ora Aparecida, nos hace crecer, nos sumerge en un camino discipular&rdquo;. En este sentido, Aparecida es una escuela de discipulado precisa el Pont&iacute;fice y se&ntilde;ala tres im&aacute;genes importantes de este camino:<\/p>\n<p><strong>Los pescadores que enfrentan inclemencias: la Corrupci&oacute;n<\/strong><\/p>\n<p>El primero son los pescadores. &ldquo;Los pescadores son esos hombres que conocen de primera mano la ambivalencia que se da entre la generosidad del rio y la agresividad de sus desbordes. Hombres acostumbrados a enfrentar inclemencias con la reciedumbre y cierta santa tozudez de quienes d&iacute;a a d&iacute;a no dejan &#8211; porque no pueden, afirma el Papa &#8211; de tirar las redes&rdquo;. Esta imagen nos acerca al centro de la vida de tantos hermanos nuestros. Veo rostros de personas que desde muy temprano y hasta bien entrada la noche salen a ganarse la vida &ndash; precisa el Pont&iacute;fice &ndash; y lo hacen con la inseguridad de no saber cu&aacute;l ser&aacute; el resultado. Y lo que m&aacute;s duele es ver que salen a enfrentar la inclemencia generada por uno de los pecados m&aacute;s graves que azota hoy a nuestro Continente: la corrupci&oacute;n, esa corrupci&oacute;n que arrasa con vidas sumergi&eacute;ndolas en la m&aacute;s extrema pobreza. Corrupci&oacute;n que destruye poblaciones enteras someti&eacute;ndolas a la precariedad. Corrupci&oacute;n que, como un c&aacute;ncer, va carcomiendo la vida cotidiana de nuestro pueblo. Y ah&iacute; est&aacute;n tantos hermanos nuestros que, de manera admirable, salen a pelear y a enfrentar los &ldquo;desbordes&rdquo; de muchos&#8230; de muchos que no necesitan salir.<\/p>\n<p><strong>La Madre en medio de las luchas y b&uacute;squedas<\/strong><\/p>\n<p>El segundo aspecto es la Madre, afirma el Papa Francisco. Mar&iacute;a conoce de primera mano la vida de sus hijos. &ldquo;En el relato de Aparecida la encontramos en medio del rio rodeada de fango. Ah&iacute; espera a sus hijos, ah&iacute; est&aacute; con sus hijos en medio de sus luchas y b&uacute;squedas. No tiene miedo de sumergirse con ellos en los avatares de la historia y, si es necesario, ensuciarse para renovar la esperanza&rdquo;. Mar&iacute;a aparece all&iacute; &ndash; se&ntilde;ala el Papa &ndash; donde los pescadores tiran las redes, all&iacute; donde esos hombres intentan ganarse la vida. Ah&iacute; est&aacute; ella.<\/p>\n<p><strong>El encuentro: presencia que llena y da sentido a la vida<\/strong><\/p>\n<p>Por &uacute;ltimo, precisa el Pont&iacute;fice, el encuentro. &ldquo;Las redes no se llenaron de peces sino de una presencia que les llen&oacute; la vida y les dio la certeza de que en sus intentos, en sus luchas, no estaban solos. Era el encuentro de esos hombres con Mar&iacute;a &ndash; subraya el Papa &ndash; luego de limpiarla y restaurarla la llevaron a una casa donde permaneci&oacute; un buen tiempo&rdquo;. Ese hogar, esa casa, fue el lugar donde los pescadores de la regi&oacute;n iban al encuentro de la Aparecida. Y esa presencia se hizo comunidad, se hizo Iglesia afirma el Pont&iacute;fice. Las redes no se llenaron de peces, se transformaron en comunidad.<\/p>\n<p>Esto ayudar&aacute; a revelar la dimensi&oacute;n misericordiosa de la maternidad de la Iglesia &ndash; concluye el Papa Francisco &ndash; que, al ejemplo de Aparecida, est&aacute; entre los &ldquo;r&iacute;os y el fango de la historia&rdquo; acompa&ntilde;ando y alentando la esperanza para que cada persona, all&iacute; donde est&eacute;, pueda sentirse en casa, puede sentirse hijo amado, buscado y esperado.<\/p>\n<p>(Renato Martinez &ndash; Radio Vaticano)<\/p>\n<p><strong>Texto completo del Mensaje del Papa Francisco al CELAM<\/strong><\/p>\n<p>Mis hermanos Obispos reunidos en la Asamblea del CELAM<\/p>\n<p>Queridos hermanos Quiero ac&eacute;rcame a Ustedes en estos d&iacute;as de Asamblea que tiene como m&iacute;stica de fondo la celebraci&oacute;n de los 300 a&ntilde;os de Nuestra Se&ntilde;ora Aparecida. Y, con Ustedes me gustar&iacute;a poder &ldquo;visitar&rdquo; ese Santuario. Una visita de hijos y de disc&iacute;pulos, visita de hermanos que como Mois&eacute;s quieren descalzarse en esa tierra santa que sabe albergar el encuentro de Dios con Su pueblo. As&iacute; tambi&eacute;n quisiera que fuese nuestra &ldquo;visita&rdquo; a los pies de la Madre, para que ella nos engendre en la esperanza y temple nuestros corazones de hijos. Ser&iacute;a como &ldquo;volver a casa&rdquo; para mirar, contemplar pero especialmente para dejarnos mirar y encontrar por Aquel que nos am&oacute; primero.<\/p>\n<p>Hace 300 a&ntilde;os un grupo de pescadores sali&oacute; como de costumbre a tirar sus redes &ldquo;Salieron a ganarse la vida y fueron sorprendidos por un hallazgo que les cambi&oacute; los pasos: en sus rutinas son encontrados por una peque&ntilde;a imagen toda recubierta de fango. Era Nuestra Se&ntilde;ora de la Concepci&oacute;n, imagen que durante 15 a&ntilde;os permaneci&oacute; en la casa de uno de ellos, y all&iacute; los pescadores iban a rezar y Ella los ayudaba a crecer en la fe. A&uacute;n hoy 300 a&ntilde;os despu&eacute;s, Nuestra Se&ntilde;ora Aparecida, nos hace crecer, nos sumerge en un camino discipular. Aparecida es toda ella una escuela de discipulado. Y, al respecto, quisiera se&ntilde;alar tres aspectos.<\/p>\n<p>El primero son los pescadores. No eran muchos, un grupito de hombres que cotidianamente sal&iacute;an a encarar el d&iacute;a y a enfrentar la incertidumbre que el rio les deparaba. Hombres que Vivian con la inseguridad de nunca saber cu&aacute;l ser&iacute;a la &ldquo;ganancia&rdquo; del d&iacute;a; incertidumbre nada f&aacute;cil de gestionar cuando se trata de llevar el alimento a casa y sobre todo cuando en esa casa hay ni&ntilde;os que alimentar. Los pescadores son esos hombres que conocen de primera mano la ambivalencia que se da entre la generosidad del rio y la agresividad de sus desbordes. Hombres acostumbrados a enfrentar inclemencias con la reciedumbre y cierta santa &ldquo;tozudez&rdquo; de quienes d&iacute;a a d&iacute;a no dejan &#8211; porque no pueden- de tirar las redes.<\/p>\n<p>Esta imagen nos acerca al centro de la vida de tantos hermanos nuestros. Veo rostros de personas que desde muy temprano y hasta bien entrada la noche salen a ganarse la vida. Y lo hacen con la inseguridad de no saber cu&aacute;l ser&aacute; el resultado. Y lo que m&aacute;s duele es ver que &#8211; casi de ordinario &#8211; salen a enfrentar la inclemencia generada por uno de los pecados m&aacute;s graves que azota hoy a nuestro Continente: la corrupci&oacute;n, esa corrupci&oacute;n que arrasa con vidas sumergi&eacute;ndolas en la m&aacute;s extrema pobreza. Corrupci&oacute;n que destruye poblaciones enteras someti&eacute;ndolas a la precariedad. Corrupci&oacute;n que, como un c&aacute;ncer, va carcomiendo la vida cotidiana de nuestro pueblo. Y ah&iacute; est&aacute;n tantos hermanos nuestros que, de manera admirable, salen a pelear y a enfrentar los &ldquo;desbordes&rdquo; de muchos&#8230; de muchos que no necesitan salir.<\/p>\n<p>El segundo aspecto es la Madre. Mar&iacute;a conoce de primera mano la vida de sus hijos. En criollo me atrevo a decir: es madraza. Una madre que est&aacute; atenta y acompa&ntilde;a la vida de los suyos. Va a donde no se la espera. En el relato de Aparecida la encontramos en medio del rio rodeada de fango. Ah&iacute; espera a sus hijos, ah&iacute; est&aacute; con sus hijos en medio de sus luchas y b&uacute;squedas. No tiene miedo de sumergirse con 2 ellos en los avatares de la historia y, si es necesario, ensuciarse para renovar la esperanza. Mar&iacute;a aparece all&iacute; donde los pescadores tiran las redes, all&iacute; donde esos hombres intentan ganarse la vida. Ah&iacute; est&aacute; ella.<\/p>\n<p>Por &uacute;ltimo, el encuentro. Las redes no se llenaron de peces sino de una presencia que les llen&oacute; la vida y les dio la certeza de que en sus intentos, en sus luchas, no estaban solos. Era el encuentro de esos&nbsp;<span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">hombres con Mar&iacute;a. Luego de limpiarla y restaurarla la llevaron a una casa donde permaneci&oacute; un buen tiempo. Ese hogar, esa casa, fue el lugar donde los pescadores de la regi&oacute;n iban al encuentro de la Aparecida. Y esa presencia se hizo comunidad, Iglesia. Las redes no se llenaron de peces, se transformaron en comunidad.<\/span><\/p>\n<p>En Aparecida, encontramos la din&aacute;mica del Pueblo creyente que se confiesa pecador y salvado, un pueblo recio y tozudo, consciente de que sus redes, su vida, est&aacute; llena de una presencia que lo alienta a&nbsp;<span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">no perder la esperanza; una presencia que se esconde en lo cotidiano del hogar y de las familias, en esos silenciosos espacios en los que el Esp&iacute;ritu Santo sigue apuntalando a nuestro Continente. Todo esto nos presenta un hermoso icono que a nosotros, pastores, se nos invita a contemplar. Vinimos como hijos y como disc&iacute;pulos a escuchar y aprender que es lo que hoy, 300 a&ntilde;os despu&eacute;s, este acontecimiento nos sigue diciendo.<\/span><\/p>\n<p>Aparecida (ya sea aquella aparici&oacute;n como hoy la experiencia de la Conferencia) no nos trae recetas sino claves, criterios, peque&ntilde;as grandes certezas para iluminar y, sobre todo, &ldquo;encender&rdquo; el deseo de&nbsp;<span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">quitarnos todo ropaje innecesario y volver a las ra&iacute;ces, a lo esencial, a la actitud que plant&oacute; la fe en los comienzos de la Iglesia y despu&eacute;s hizo de nuestro Continente la tierra de la esperanza. Aparecida tan&nbsp;<\/span><span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">solo quiere renovar nuestra esperanza en medio de tantas &ldquo;inclemencias&rdquo;.<\/span><\/p>\n<p>La primera invitaci&oacute;n que este icono nos hace como pastores es aprender a mirar al Pueblo de Dios. Aprender a escucharlo y a conocerlo, a darle su importancia y lugar. No de manera conceptual u organizativa, nominal o funcional. Si bien es cierto que hoy en d&iacute;a hay una mayor participaci&oacute;n de fieles laicos, muchas veces los hemos limitado solo al compromiso intraeclesial sin un claro est&iacute;mulo para&nbsp;<span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">que permeen, con la fuerza del evangelio, los ambientes sociales, pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos, universitarios. Aprender a escuchar al Pueblo de Dios significa descalzarnos de nuestros prejuicios y racionalismos, de nuestros esquemas funcionalistas para conocer c&oacute;mo el Esp&iacute;ritu act&uacute;a en el coraz&oacute;n de tantos hombres y mujeres que con gran reciedumbre no dejan de tirar las redes y pelean por hacer&nbsp;<\/span><span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">cre&iacute;ble el evangelio, para conocer como el Esp&iacute;ritu sigue moviendo la fe de nuestra gente; esa fe que no sabe tanto de guanacias y de &eacute;xitos pastorales sino de firme esperanza. !Cu&aacute;nto tenemos aprender de la&nbsp;<\/span><span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">fe de nuestra gente! La fe de madres y abuelas que no tienen miedo a ensuciarse para sacar a sus hijos adelante. Saben que el mundo que les toca vivir est&aacute; plagado de injusticias, por doquier ven y experimentan la carencia y la fragilidad de una sociedad que se fragmenta cada d&iacute;a m&aacute;s, donde la impunidad de la corrupci&oacute;n sigue cobr&aacute;ndose vidas y desestabilizando las ciudades.<\/span><\/p>\n<p>No solo lo saben&#8230; lo viven. Y ellas son el claro ejemplo de la segunda realidad que como pastores somos invitados a asumir: no tengamos miedo de ensuciarnos por nuestra gente. No tengamos miedo del fango de la historia con tal de rescatar y renovar la esperanza. S&oacute;lo pesca aqu&eacute;l que no tiene miedo de arriesgar y comprometerse por los suyos. Y esto no nace de la heroicidad o del car&aacute;cter kamikaze de algunos, ni es una inspiraci&oacute;n individual de alguien que se quiera inmolar. Toda la comunidad creyente es la que va en b&uacute;squeda de Su Se&ntilde;or, porque s&oacute;lo saliendo y dejando las seguridades (que tantas&nbsp;<span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">veces son &lsquo;mundanas&rdquo;) es como la Iglesia se centra. s&oacute;lo dejando de ser autoreferencial somos capaces de re-centrarnos en Aqu&eacute;l que es fuente de Vida y Plenitud. Para poder vivir con esperanza es crucial&nbsp;<\/span><span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">que nos re-centremos en Jesucristo que ya habita en el centro de nuestra cultura y viene a nosotros siempre nuevo. &Eacute;l es el centro. Esta certeza e invitaci&oacute;n nos ayuda a nosotros, pastores, a centrarnos&nbsp;<\/span><span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">en Cristo y en su Pueblo. Ellos no son antag&oacute;nicos. Contemplar a Cristo en su pueblo es aprender a descentrarnos de nosotros mismos, para centrarnos en el &uacute;nico Pastor. Re-centrarnos con Cristo en su&nbsp;<\/span><span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">Pueblo es tener el coraje de ir hacia las periferias del presente y del futuro confiados en la esperanza de que el Se&ntilde;or sigue presente y Su presencia ser&aacute; fuente de Vida abundante. De aqu&iacute; vendr&aacute; la creatividad y la fuerza para llegar a donde se gestan los nuevos paradigmas que est&aacute;n pautando la vida de nuestros pa&iacute;ses y poder alcanzar, con la Palabra de Jes&uacute;s, los n&uacute;cleos m&aacute;s hondos del alma de las ciudades donde, cada d&iacute;a m&aacute;s, crece la experiencia de no sentirse ciudadanos sino m&aacute;s bien &lt;ciudadanos a medias&gt; o&nbsp;<\/span><span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">&lt;sobrantes urbanos&gt; (Cfr. EG 74).<\/span><\/p>\n<p>Es cierto, no lo podemos negar, la realidad se nos presenta cada vez m&aacute;s complicada y desconcertante, pero se nos pide vivirla como disc&iacute;pulos del Maestro sin permitirnos ser observadores as&eacute;pticos e imparciales, sino hombres y mujeres apasionados por el Reino, deseosos de impregnar las estructuras de la sociedad con la Vida y el Amor que hemos conocido. Y esto no como colonizadores o dominadores, sino compartiendo el buen olor de Cristo y que sea ese olor el que siga transformando vidas.<\/p>\n<p>Vuelvo a reiterarles, como hermano, lo que escrib&iacute;a en Evangelii Gaudium (49): &lt;prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la&nbsp;<span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una mara&ntilde;a de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos&nbsp;<\/span><span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">santamente y preocupar nuestra conciencia es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida. M&aacute;s que el temor a equivocarnos espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contenci&oacute;n, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jes&uacute;s nos repite sin cansarse: &lt;&iexcl;Dadles vosotros de comer!&gt;&gt; (Mc 6,37)&gt;.<\/span><\/p>\n<p>Esto ayudar&aacute; a revelar la dimensi&oacute;n misericordiosa de la maternidad de la Iglesia que, al ejemplo de Aparecida, est&aacute; entre los &ldquo;r&iacute;os y el fango de la historia&rdquo; acompa&ntilde;ando y alentando la esperanza para que&nbsp;<span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">cada persona, all&iacute; donde est6, pueda sentirse en casa, puede sentirse hijo amado, buscado y esperado.<\/span><\/p>\n<p>Esta mirada, este di&aacute;logo con el Pueblo fiel de Dios, ofrece al pastor dos actitudes muy lindas a cultivar: coraje para anunciar el evangelio y aguante para sobrellevar las dificultades y los sinsabores que la&nbsp;<span style=\"font-size: 13px;line-height: 1.6\">misma predicaci&oacute;n provoca. En la medida en que nos involucremos con la vida de nuestro pueblo fiel y sintamos el hond&oacute;n de sus heridas, podremos mirar sin &ldquo;filtros clericales&rdquo; el rostro de Cristo, ir a su Evangelio para rezar, pensar, discernir y dejarnos transformar, desde Su rostro, en pastores de esperanza. Que Mar&iacute;a, Nuestra Se&ntilde;ora Aparecida, nos siga llevando a su Hijo para que nuestros pueblos en &Eacute;l, tengan vida&#8230; y en abundancia.<\/span><\/p>\n<p>Y, por favor, les pido que no se olviden de rezar por m&iacute;. Que Jes&uacute;s los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Fraternalmente.<\/p>\n<p>Vaticano, 8 de mayo de 2017 .<\/p>\n<p>Francisco<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- &ldquo;En la medida en que nos involucremos con la vida de nuestro pueblo fiel y sintamos el hond&oacute;n de sus heridas, podremos mirar sin &lsquo;filtros clericales&rsquo; el rostro de Cristo, ir a su Evangelio para rezar, pensar, discernir y dejarnos transformar, desde Su rostro, en pastores de esperanza&rdquo;, es el aliento del Papa Francisco &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/papa-contemplamos-a-maria-como-madre-de-la-esperanza\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPapa: Contemplamos a Mar\u00eda como Madre de la esperanza\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-14522","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14522","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14522"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14522\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14522"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14522"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14522"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}