{"id":14535,"date":"2017-05-10T13:15:02","date_gmt":"2017-05-10T18:15:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/san-ignacio-de-laconi-11-de-mayo-2\/"},"modified":"2017-05-10T13:15:02","modified_gmt":"2017-05-10T18:15:02","slug":"san-ignacio-de-laconi-11-de-mayo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/san-ignacio-de-laconi-11-de-mayo-2\/","title":{"rendered":"San Ignacio de L\u00e1coni \u2013\u00a011 de mayo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(ZENIT &#8211; Madrid).- Este humilde lego, que fue un dechado de virtudes, naci\u00f3 en L\u00e1coni, Cerde\u00f1a, el 18 de diciembre de 1701. Era el segundo de nueve hermanos. Crecieron en un hogar falto de recursos materiales, pero de gran riqueza espiritual. En el bautismo le impusieron tres nombres: Francisco, Ignacio y Vicente, prevaleciendo en su familia \u00e9ste \u00faltimo. Del cielo llovieron a trav\u00e9s de \u00e9l tal c\u00famulo de gracias que, como han dicho algunos de sus bi\u00f3grafos, se convirtieron tambi\u00e9n en su martirio en vida, y \u00abestorbo\u00bb tras su muerte para el reconocimiento de su santidad. Su madre, devot\u00edsima de san Francisco, le narraba su biograf\u00eda y milagros, y Vicente se entusiasm\u00f3 con \u00e9l, haciendo sus pinitos para imitarle. Una vez m\u00e1s, las ense\u00f1anzas maternas eran v\u00eda segura para alentar el camino de una gran vocaci\u00f3n. Este hijo que la escuchaba embelesado poniendo de manifiesto la sensibilidad y ternura por lo divino no dejaba a nadie indiferente. Llamaba la atenci\u00f3n no solo de su familia sino tambi\u00e9n del vecindario. Le conoc\u00edan entra\u00f1ablemente como \u00abil santarello\u00bb (el santito). Esta aureola de virtud le acompa\u00f1ar\u00eda el resto de su vida. Su padre era labrador y pastor, y \u00e9l sigui\u00f3 sus pasos. La oraci\u00f3n y el ayuno que realizaba eran tan intensos que su organismo decay\u00f3 y saltaron las alarmas en su entorno porque era de constituci\u00f3n d\u00e9bil y enfermiza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al inicio de su juventud baraj\u00f3 la opci\u00f3n de la vida religiosa, pero estaba indeciso y dej\u00f3 aparcada la idea. Sin embargo, a los 17 a\u00f1os se le present\u00f3 una grave enfermedad, que casi le cuesta la vida, y prometi\u00f3 a Dios que si sanaba ingresar\u00eda en la Orden capuchina. Recobr\u00f3 la salud, y durante dos a\u00f1os releg\u00f3 al olvido su promesa. Hasta que un d\u00eda se encabrit\u00f3 su caballo, y alz\u00f3 la voz desencajado pidiendo a Dios socorro, al tiempo que renovaba el compromiso que le hizo, que esta vez fue definitivo. Ten\u00eda 20 a\u00f1os y un aspecto tan deteriorado que el provincial no quiso admitirle pensando que no soportar\u00eda la dureza de la vida conventual. Vicente no se desanim\u00f3. Por mediaci\u00f3n de sus padres obtuvo la recomendaci\u00f3n del marqu\u00e9s de L\u00e1coni, y en 1721 se integr\u00f3 en la comunidad de San Benito, de Cagliari, cumpli\u00e9ndose su anhelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"\">El noviciado requer\u00eda temple, ciertamente. Pero \u00e9l ya sab\u00eda lo que era el ayuno y la penitencia. Ahora bien, tom\u00f3 con tanto br\u00edo las mortificaciones que estuvo a punto de caer desfallecido. No hab\u00eda medido adecuadamente sus fuerzas y acudi\u00f3 a Mar\u00eda: \u00abMadre m\u00eda, ay\u00fadame, que ya no puedo m\u00e1s\u00bb. Ella le acogi\u00f3 y le inst\u00f3 a seguir adelante con renovado \u00edmpetu: \u00abAnimo, fray Ignacio; acu\u00e9rdate de la pasi\u00f3n dolorosa de mi Hijo divino; y lleva t\u00fa tambi\u00e9n tu cruz con paciencia\u00bb. El hecho fue que en sesenta a\u00f1os de consagraci\u00f3n no volvi\u00f3 a experimentar tal fatiga. Emiti\u00f3 los votos en 1722 y sigui\u00f3 progresando en el amor a base de oraci\u00f3n continua, silencio y vivencia de las virtudes evang\u00e9licas. En su d\u00eda a d\u00eda no hubo hechos extraordinarios, pero se distingui\u00f3 por su heroicidad en la perfecci\u00f3n buscando la uni\u00f3n con Dios. Viv\u00eda maravillosamente la pobreza. Tan desasido estaba de todo que hasta le delataba el penoso estado del h\u00e1bito y de sus maltrechas sandalias que le provocaban sangrantes heridas en los talones. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"\">Pas\u00f3 por varios conventos y al final fue trasladado al de Buoncammino, en Cagliari. Hab\u00eda sido antes cocinero, y en este \u00faltimo destino comenz\u00f3 trabajando en el telar, hasta que los superiores le encomendaron la labor de limosnero, recolector de alimentos y proveedor de las necesidades materiales de la comunidad. La gente le estimaba porque ve\u00edan en \u00e9l al verdadero disc\u00edpulo de Cristo. Se mezclaba con los que estaban en las tabernas y plazas del puerto movido por el af\u00e1n de socorrer a los pobres, y ayudar a tantos pecadores que se convirtieron con su ejemplo. Era paciente, agradecido, amable; pose\u00eda las cualidades del buen limosnero. Con su prudencia conquist\u00f3 el alma de un rico usurero y prestamista que se sorprendi\u00f3 de que nunca le pidiese nada, pasando reiteradamente por alto ante su puerta. Un d\u00eda, cuando el santo acudi\u00f3 a casa del comerciante, como le indicaron sus superiores, recogi\u00f3 un cargamento de bienes que por el camino se convirtieron en una masa sanguinolenta. Al llegar al convento, dijo: \u00abVea, reverendo padre, vea la sangre de los pobres amasada con los robos y con la usura de aquel hombre: esas son sus riquezas&#8230;\u00bb. Extendi\u00e9ndose el prodigio por la ciudad, el especulador se arrepinti\u00f3 de su avaricia, se desprendi\u00f3 de sus bienes y no comerci\u00f3 m\u00e1s con los ajenos. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"\">Ignacio intentaba ocultar las gracias que Dios le otorgaba con estratagemas que, seguramente, dieron lugar a que muchos le consideraran una especie de mago. A veces, recurriendo incluso a remedios naturales hac\u00eda creer que las curaciones milagrosas eran en realidad fruto de las \u00faltimas f\u00f3rmulas de la medicina. En medio de los hechos sobrenaturales que se le atribuyen, su vida, como la de todos los santos, estuvo amasada de \u00edntimas renuncias; por su conducta cotidiana fue reconocido como hombre de Dios. Los ciudadanos de Cagliari lo denominaron \u00abel padre santo\u00bb, un calificativo atestiguado por contempor\u00e1neos suyos. Jos\u00e9 Fues, pastor protestante que resid\u00eda en la isla, en una misiva enviada a un amigo germano le dec\u00eda: <\/span><span lang=\"es-ES\">\u00abVemos todos los d\u00edas dar vueltas por la ciudad pidiendo limosna un santo viviente, el cual es un hermano laico capuchino que se ha ganado con sus milagros la veneraci\u00f3n de sus compatriotas\u00bb. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"es-ES\">En 1779 perdi\u00f3 la vista y llen\u00f3 su quehacer con la oraci\u00f3n. Supo de antemano la hora de su deceso, lo cual le permiti\u00f3 dispensar a los religiosos de su presencia ante su lecho, rog\u00e1ndoles que fuesen a V\u00edsperas. <\/span><span lang=\"\">Falleci\u00f3 a los 80 a\u00f1os el 11 de mayo de 1781 con fama de santidad entre las gentes que le hab\u00edan aclamado por sus numerosas virtudes. Los prodigios, que tan bien conoc\u00edan, se multiplicaron tras su muerte. P\u00edo XII lo beatific\u00f3 el 16 de junio de 1940, y lo canoniz\u00f3 el 21 de octubre de 1951.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"\">Este humilde lego, que fue un dechado de virtudes, naci\u00f3 en L\u00e1coni, Cerde\u00f1a, el 18 de diciembre de 1701. Era el segundo de nueve hermanos. Crecieron en un hogar falto de recursos materiales, pero de gran riqueza espiritual. En el bautismo le impusieron tres nombres: Francisco, Ignacio y Vicente, prevaleciendo en su familia \u00e9ste \u00faltimo. Del cielo llovieron a trav\u00e9s de \u00e9l tal c\u00famulo de gracias que, como han dicho algunos de sus bi\u00f3grafos, se convirtieron tambi\u00e9n en su martirio en vida, y \u00abestorbo\u00bb tras su muerte para el reconocimiento de su santidad. Su madre, devot\u00edsima de san Francisco, le narraba su biograf\u00eda y milagros, y Vicente se entusiasm\u00f3 con \u00e9l, haciendo sus pinitos para imitarle. Una vez m\u00e1s, las ense\u00f1anzas maternas eran v\u00eda segura para alentar el camino de una gran vocaci\u00f3n. Este hijo que la escuchaba embelesado poniendo de manifiesto la sensibilidad y ternura por lo divino no dejaba a nadie indiferente. Llamaba la atenci\u00f3n no solo de su familia sino tambi\u00e9n del vecindario. Le conoc\u00edan entra\u00f1ablemente como \u00abil santarello\u00bb (el santito). Esta aureola de virtud le acompa\u00f1ar\u00eda el resto de su vida. Su padre era labrador y pastor, y \u00e9l sigui\u00f3 sus pasos. La oraci\u00f3n y el ayuno que realizaba eran tan intensos que su organismo decay\u00f3 y saltaron las alarmas en su entorno porque era de constituci\u00f3n d\u00e9bil y enfermiza. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al inicio de su juventud baraj\u00f3 la opci\u00f3n de la vida religiosa, pero estaba indeciso y dej\u00f3 aparcada la idea. Sin embargo, a los 17 a\u00f1os se le present\u00f3 una grave enfermedad, que casi le cuesta la vida, y prometi\u00f3 a Dios que si sanaba ingresar\u00eda en la Orden capuchina. Recobr\u00f3 la salud, y durante dos a\u00f1os releg\u00f3 al olvido su promesa. Hasta que un d\u00eda se encabrit\u00f3 su caballo, y alz\u00f3 la voz desencajado pidiendo a Dios socorro, al tiempo que renovaba el compromiso que le hizo, que esta vez fue definitivo. Ten\u00eda 20 a\u00f1os y un aspecto tan deteriorado que el provincial no quiso admitirle pensando que no soportar\u00eda la dureza de la vida conventual. Vicente no se desanim\u00f3. Por mediaci\u00f3n de sus padres obtuvo la recomendaci\u00f3n del marqu\u00e9s de L\u00e1coni, y en 1721 se integr\u00f3 en la comunidad de San Benito, de Cagliari, cumpli\u00e9ndose su anhelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"\">El noviciado requer\u00eda temple, ciertamente. Pero \u00e9l ya sab\u00eda lo que era el ayuno y la penitencia. Ahora bien, tom\u00f3 con tanto br\u00edo las mortificaciones que estuvo a punto de caer desfallecido. No hab\u00eda medido adecuadamente sus fuerzas y acudi\u00f3 a Mar\u00eda: \u00abMadre m\u00eda, ay\u00fadame, que ya no puedo m\u00e1s\u00bb. Ella le acogi\u00f3 y le inst\u00f3 a seguir adelante con renovado \u00edmpetu: \u00abAnimo, fray Ignacio; acu\u00e9rdate de la pasi\u00f3n dolorosa de mi Hijo divino; y lleva t\u00fa tambi\u00e9n tu cruz con paciencia\u00bb. El hecho fue que en sesenta a\u00f1os de consagraci\u00f3n no volvi\u00f3 a experimentar tal fatiga. Emiti\u00f3 los votos en 1722 y sigui\u00f3 progresando en el amor a base de oraci\u00f3n continua, silencio y vivencia de las virtudes evang\u00e9licas. En su d\u00eda a d\u00eda no hubo hechos extraordinarios, pero se distingui\u00f3 por su heroicidad en la perfecci\u00f3n buscando la uni\u00f3n con Dios. Viv\u00eda maravillosamente la pobreza. Tan desasido estaba de todo que hasta le delataba el penoso estado del h\u00e1bito y de sus maltrechas sandalias que le provocaban sangrantes heridas en los talones. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"\">Pas\u00f3 por varios conventos y al final fue trasladado al de Buoncammino, en Cagliari. Hab\u00eda sido antes cocinero, y en este \u00faltimo destino comenz\u00f3 trabajando en el telar, hasta que los superiores le encomendaron la labor de limosnero, recolector de alimentos y proveedor de las necesidades materiales de la comunidad. La gente le estimaba porque ve\u00edan en \u00e9l al verdadero disc\u00edpulo de Cristo. Se mezclaba con los que estaban en las tabernas y plazas del puerto movido por el af\u00e1n de socorrer a los pobres, y ayudar a tantos pecadores que se convirtieron con su ejemplo. Era paciente, agradecido, amable; pose\u00eda las cualidades del buen limosnero. Con su prudencia conquist\u00f3 el alma de un rico usurero y prestamista que se sorprendi\u00f3 de que nunca le pidiese nada, pasando reiteradamente por alto ante su puerta. Un d\u00eda, cuando el santo acudi\u00f3 a casa del comerciante, como le indicaron sus superiores, recogi\u00f3 un cargamento de bienes que por el camino se convirtieron en una masa sanguinolenta. Al llegar al convento, dijo: \u00abVea, reverendo padre, vea la sangre de los pobres amasada con los robos y con la usura de aquel hombre: esas son sus riquezas&#8230;\u00bb. Extendi\u00e9ndose el prodigio por la ciudad, el especulador se arrepinti\u00f3 de su avaricia, se desprendi\u00f3 de sus bienes y no comerci\u00f3 m\u00e1s con los ajenos. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"\">Ignacio intentaba ocultar las gracias que Dios le otorgaba con estratagemas que, seguramente, dieron lugar a que muchos le consideraran una especie de mago. A veces, recurriendo incluso a remedios naturales hac\u00eda creer que las curaciones milagrosas eran en realidad fruto de las \u00faltimas f\u00f3rmulas de la medicina. En medio de los hechos sobrenaturales que se le atribuyen, su vida, como la de todos los santos, estuvo amasada de \u00edntimas renuncias; por su conducta cotidiana fue reconocido como hombre de Dios. Los ciudadanos de Cagliari lo denominaron \u00abel padre santo\u00bb, un calificativo atestiguado por contempor\u00e1neos suyos. Jos\u00e9 Fues, pastor protestante que resid\u00eda en la isla, en una misiva enviada a un amigo germano le dec\u00eda: <\/span><span lang=\"es-ES\">\u00abVemos todos los d\u00edas dar vueltas por la ciudad pidiendo limosna un santo viviente, el cual es un hermano laico capuchino que se ha ganado con sus milagros la veneraci\u00f3n de sus compatriotas\u00bb. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"es-ES\">En 1779 perdi\u00f3 la vista y llen\u00f3 su quehacer con la oraci\u00f3n. Supo de antemano la hora de su deceso, lo cual le permiti\u00f3 dispensar a los religiosos de su presencia ante su lecho, rog\u00e1ndoles que fuesen a V\u00edsperas. <\/span><span lang=\"\">Falleci\u00f3 a los 80 a\u00f1os el 11 de mayo de 1781 con fama de santidad entre las gentes que le hab\u00edan aclamado por sus numerosas virtudes. Los prodigios, que tan bien conoc\u00edan, se multiplicaron tras su muerte. P\u00edo XII lo beatific\u00f3 el 16 de junio de 1940, y lo canoniz\u00f3 el 21 de octubre de 1951.<\/span><\/p>\n<p><span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/es.zenit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.zenit.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; (ZENIT &#8211; Madrid).- Este humilde lego, que fue un dechado de virtudes, naci\u00f3 en L\u00e1coni, Cerde\u00f1a, el 18 de diciembre de 1701. Era el segundo de nueve hermanos. Crecieron en un hogar falto de recursos materiales, pero de gran riqueza espiritual. 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