{"id":14774,"date":"2017-05-17T05:40:04","date_gmt":"2017-05-17T10:40:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/la-de-jesus-no-es-una-alegria-dada-con-cuentagotas-sino-una-cascada-que-arrolla-toda-la-vida\/"},"modified":"2017-05-17T05:40:04","modified_gmt":"2017-05-17T10:40:04","slug":"la-de-jesus-no-es-una-alegria-dada-con-cuentagotas-sino-una-cascada-que-arrolla-toda-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/la-de-jesus-no-es-una-alegria-dada-con-cuentagotas-sino-una-cascada-que-arrolla-toda-la-vida\/","title":{"rendered":"La de Jes\u00fas no es una alegr\u00eda dada con cuentagotas, sino una cascada que arrolla toda la vida"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/05\/17\/REUTERS2150781_Thumbnail.JPG' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p>(RV).- En su Audiencia general del mi&eacute;rcoles de la quinta semana de Pascua, el <strong>Papa Francisco<\/strong> dedic&oacute; su catequesis a <strong>&laquo;Mar&iacute;a Magdalena Ap&oacute;stol de la Esperanza&raquo;<\/strong>. Recordando a aquella que, seg&uacute;n los Evangelios fue la primera en ver a Jes&uacute;s Resucitado, el Obispo de Roma hizo hincapi&eacute; en que &laquo;ella descubre el acontecimiento m&aacute;s sobrecogedor de la historia humana&raquo;, cuando el Se&ntilde;or la llama por su nombre.<\/p>\n<p><strong>Cuando Jes&uacute;s la llama: &laquo;&iexcl;Mar&iacute;a!&raquo; revoluciona su vida<\/strong>. Es una revoluci&oacute;n destinada a transformar la existencia de cada uno, reiter&oacute; el Papa Francisco, recordando que la felicidad que nos da el Se&ntilde;or con su Resurrecci&oacute;n arrolla toda la vida.<\/p>\n<p><strong>Cada uno de nosotros es una &laquo;historia de amor de Dios&raquo;<\/strong> y &laquo;nuestro Dios es un so&ntilde;ador que sue&ntilde;a la transformaci&oacute;n del mundo y la realiza con el misterio de la Resurrecci&oacute;n&raquo;, dijo tambi&eacute;n el Santo Padre.<\/p>\n<p>(CdM &ndash; RV)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Texto completo de la catequesis del Papa Francisco<\/strong><\/p>\n<p>&laquo;Queridos hermanos y hermanas &iexcl;buenos d&iacute;as!<\/p>\n<p>En estas semanas, nuestra reflexi&oacute;n se mueve, por decir as&iacute;, en la &oacute;rbita del misterio pascual. Hoy, encontramos a aquella que, seg&uacute;n los Evangelios, fue la primera en ver a Jes&uacute;s Resucitado: Mar&iacute;a Magdalena. Acababa de terminar el descanso del s&aacute;bado. El d&iacute;a de la pasi&oacute;n no hab&iacute;a habido tiempo para completar los ritos f&uacute;nebres; por ello, en ese amanecer lleno de tristeza, las mujeres van a la tumba de Jes&uacute;s, con los ung&uuml;entos perfumados. La primera que llega es ella: Mar&iacute;a de Magdala, una de las disc&iacute;pulas que hab&iacute;an acompa&ntilde;ado a Jes&uacute;s desde Galilea, poni&eacute;ndose al servicio de la Iglesia naciente. En su camino hacia el sepulcro, se refleja la fidelidad de tantas mujeres, que durante a&ntilde;os acuden con devoci&oacute;n a los cementerios, recordando a alguien que ya no est&aacute;. Los lazos m&aacute;s aut&eacute;nticos no se quiebran ni siquiera con la muerte: hay quien sigue amando, aunque la persona amada se haya ido para siempre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El Evangelio (cfr Jn 20, 1-2-11-18) describe a la Magdalena subrayando enseguida que no era una mujer que se entusiasmaba con facilidad. En efecto, despu&eacute;s de la primera visita al sepulcro, vuelve desilusionada al lugar donde los disc&iacute;pulos se escond&iacute;an; refiere que la piedra ha sido movida de la entrada del sepulcro y su primera hip&oacute;tesis es la m&aacute;s sencilla que se pueda formular: alguien debe haberse llevado el cuerpo de Jes&uacute;s. As&iacute;, el primer anuncio que Mar&iacute;a lleva no es el de la resurrecci&oacute;n, sino el de un robo que algunos desconocidos han perpetrado, mientras toda Jerusal&eacute;n dorm&iacute;a.<\/p>\n<p>Luego, los Evangelios cuentan otra ida de la Magdalena al sepulcro de Jes&uacute;s. Era una testaruda &eacute;sta, &iquest;eh? Fue, volvi&oacute;&hellip; y no, no se convenc&iacute;a&hellip;Esta vez su paso es lento, muy pesado. Mar&iacute;a sufre doblemente: ante todo por la muerte de Jes&uacute;s, y luego por la inexplicable desaparici&oacute;n de su cuerpo.<\/p>\n<p>Es mientras est&aacute; inclinada cerca de la tumba, con los ojos llenos de l&aacute;grimas, cuando Dios la sorprende de la manera m&aacute;s inesperada. El evangelista Juan subraya cu&aacute;n persistente es su ceguera: no se da cuenta de la presencia de los dos &aacute;ngeles que la interrogan y ni siquiera sospecha viendo al hombre a sus espaldas, creyendo que era el guardi&aacute;n del jard&iacute;n. Y, sin embargo, descubre el acontecimiento m&aacute;s sobrecogedor de la historia humana cuando finalmente es llamada por su nombre: &iexcl;&laquo;Mar&iacute;a!&raquo; (v. 16)<\/p>\n<p>&iexcl;Qu&eacute; lindo es pensar que la primera aparici&oacute;n del Resucitado &ndash; seg&uacute;n los evangelios &#8211; fue de una forma tan personal! Que hay alguien que nos conoce, que ve nuestro sufrimiento y desilusi&oacute;n, que se conmueve por nosotros, y nos llama por nuestro nombre. Es una ley que encontramos grabada en muchas p&aacute;ginas del Evangelio. Alrededor de Jes&uacute;s hay tantas personas que buscan a Dios; pero la realidad m&aacute;s prodigiosa es que, mucho antes, es ante todo Dios el que se preocupa por nuestra vida, que quiere volverla a levantar, y para hacer esto nos llama por nuestro nombre, reconociendo el rostro personal de cada uno. Cada hombre es una historia de amor que Dios escribe en esta tierra. Cada uno de nosotros es una historia de amor de Dios. A cada uno de nosotros, Dios nos llama por nuestro nombre: nos conoce por nombre, nos mira, nos espera, nos perdona, tiene paciencia con nosotros. &iquest;Es verdad o no es verdad? Cada uno de nosotros tiene esta experiencia.<\/p>\n<p>Y Jes&uacute;s la llama: &laquo;&iexcl;Mar&iacute;a!&raquo;: la revoluci&oacute;n de su vida, la revoluci&oacute;n destinada a transformar la existencia de todo hombre y de toda mujer, comienza con un nombre que resuena en el jard&iacute;n del sepulcro vaci&oacute;. Los Evangelios nos describen la felicidad de Mar&iacute;a: la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s no es una alegr&iacute;a dada con cuentagotas, sino una cascada que arrolla toda la vida. La existencia cristiana no est&aacute; entretejida con felicidades blandas, sino con oleadas que lo arrollan todo. Intenten pensar tambi&eacute;n ustedes, en este instante, con el bagaje de desilusiones y derrotas que cada uno de nosotros lleva en el coraz&oacute;n, que hay un Dios cercano a nosotros, que nos llama por nuestro nombre y nos dice: &laquo;&iexcl;Lev&aacute;ntate, deja de llorar, porque he venido a liberarte!&raquo;. Esto es muy bello.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s no es uno que se adapta al mundo, tolerando que perduren la muerte, la tristeza, el odio, la destrucci&oacute;n moral de las personas&hellip; Nuestro Dios no es inerte, sino que nuestro Dios &ndash; me permito la palabra &ndash; es un so&ntilde;ador: sue&ntilde;a la transformaci&oacute;n del mundo y la ha realizado en el misterio de la Resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p>Mar&iacute;a quisiera abrazar a su Se&ntilde;or, pero &Eacute;l ya est&aacute; orientado hacia el Padre celeste, mientras que ella es enviada a llevar el anuncio a los hermanos. Y as&iacute; aquella mujer, que antes de encontrar a Jes&uacute;s estaba en manos del maligno (cfr Lc 8,2), ahora se ha vuelto <em>ap&oacute;stol de la nueva y mayor esperanza<\/em>. Que su intercesi&oacute;n nos ayude a vivir tambi&eacute;n nosotros esa experiencia: en la hora del llanto, en la hora del abandono, escuchar a Jes&uacute;s Resucitado que nos llama por nombre y, con el coraz&oacute;n lleno de alegr&iacute;a, ir a anunciar: &laquo;&iexcl;He visto al Se&ntilde;or!&raquo;. &iexcl;He cambiado vida porque he visto al Se&ntilde;or! Ahora soy diferente a como era antes, soy otra persona. He cambiado porque he visto al Se&ntilde;or. &Eacute;sta es nuestra fortaleza y &eacute;sta es nuestra esperanza. Gracias&raquo;<\/p>\n<p>(Traducci&oacute;n del italiano: Cecilia de Malak &ndash; RV)<\/p>\n<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- En su Audiencia general del mi&eacute;rcoles de la quinta semana de Pascua, el Papa Francisco dedic&oacute; su catequesis a &laquo;Mar&iacute;a Magdalena Ap&oacute;stol de la Esperanza&raquo;. 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