{"id":14990,"date":"2017-05-23T13:15:02","date_gmt":"2017-05-23T18:15:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/beato-luis-zeferino-moreau-24-de-mayo-2\/"},"modified":"2017-05-23T13:15:02","modified_gmt":"2017-05-23T18:15:02","slug":"beato-luis-zeferino-moreau-24-de-mayo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/beato-luis-zeferino-moreau-24-de-mayo-2\/","title":{"rendered":"Beato Luis Zeferino Moreau \u2013\u00a024 de mayo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">(ZENIT &#8211; Madrid).- Naci\u00f3 en B\u00e9cancour, Quebec, Canad\u00e1, el 1 de abril de 1824. Sus padres eran humildes agricultores. Fue el quinto de trece hermanos; dos de ellos no sobrevivieron. Creci\u00f3 siendo un ni\u00f1o \u00abinteligente, piadoso, modesto, apacible y pensativo\u00bb. Pero al venir al mundo prematuramente, desde el principio le acompa\u00f1\u00f3 su mala salud. Esta deficiencia hizo que sus progenitores buscaran para \u00e9l un futuro menos fatigoso que el derivado del trabajo en el campo. El p\u00e1rroco Charles Dion les aconsej\u00f3 que lo destinaran al estudio. Y despu\u00e9s de aprender las nociones b\u00e1sicas, en 1839 ingres\u00f3 en el seminario de Nicolet. En una de sus visitas pastorales el arzobispo de Quebec, Joseph Signay, confirm\u00f3 sus cualidades para ser ordenado. Pero casi a finales de 1845, a\u00f1o y medio m\u00e1s tarde de producirse este encuentro, la debilidad y estr\u00e9s originado por unas clases que impart\u00eda mermaron sus escasas fuerzas y volvi\u00f3 a B\u00e9cancour para llevar una vida acorde con su situaci\u00f3n, al amparo de la parroquia donde se propuso continuar los estudios eclesi\u00e1sticos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"\">En 1846 no estaba completamente recuperado, y ello indujo a monse\u00f1or Signay a recomendarle que permaneciese con su familia y se olvidara del sacerdocio. Recibi\u00f3 esta noticia consternado. Su vocaci\u00f3n era s\u00f3lida, y sin arredrarse, fortalecido por la fe y en un estado de paz, elev\u00f3 sus oraciones a Dios y actu\u00f3 con firmeza. El p\u00e1rroco y formadores del seminario que lo conoc\u00edan bien no lo abandonaron. Con cartas de recomendaci\u00f3n viajaron a Montreal. Lu\u00eds no tard\u00f3 mucho en recibir la ayuda del obispo de la ciudad, monse\u00f1or Ignace Bourget, quien debiendo viajar a Roma se lo confi\u00f3 a Jean Charles Prince, su secretario y director de la escuela, que poco despu\u00e9s ser\u00eda designado primer obispo de Saint-Hyacinthe. Cuando Bourget regres\u00f3, anexion\u00f3 a Lu\u00eds al obispado. Prince y \u00e9l pudieron constatar de primera mano las virtudes que adornaban al beato. Ambos fueron sus benefactores.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"\">Fue ordenado el 19 de diciembre de 1846. Durante seis a\u00f1os estuvo al frente de distintas misiones que le dispusieron para poder asistir convenientemente a Prince en 1852 cuando se hizo cargo de la di\u00f3cesis de Saint-Hyacinthe en calidad de obispo. Fue secretario y canciller suyo. Tuvo en \u00e9l a un gran maestro. Como disc\u00edpulo aventajado, Lu\u00eds aprendi\u00f3 de su sagacidad pastoral y se nutri\u00f3 de sus ense\u00f1anzas, como despu\u00e9s le ocurri\u00f3 con los tres sucesores de este prelado. Fue p\u00e1rroco de la catedral, procurador del obispado, vicario general, secretario del consejo diocesano, encargado de las finanzas y capell\u00e1n de varias congregaciones de religiosas, entre otras responsabilidades que desempe\u00f1\u00f3. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"\">Cuatro veces administr\u00f3 la di\u00f3cesis en ausencia del prelado titular o durante las \u00e9pocas en las que la sede estuvo vacante. Todo lo asumi\u00f3 con eficacia, haci\u00e9ndose acreedor de la confianza que depositaron en \u00e9l. Era ordenado, un trabajador nato, querido y admirado por todos: laicos, religiosos, sacerdotes y fieles en general. Al fallecer el tercer obispo de Saint-Hyacinthe, <\/span><span lang=\"es-ES\">Charles Larocque, P\u00edo IX le otorg\u00f3 esta misma dignidad en noviembre de 1875. En manera alguna quer\u00eda asumir Lu\u00eds tan alta misi\u00f3n que le colocaba al frente de la di\u00f3cesis, pero el papa le rog\u00f3 que aceptase con generosidad lo que denomin\u00f3<\/span><span lang=\"\"> \u00ab<\/span><span lang=\"es-ES\">yugo del Se\u00f1or<\/span><span lang=\"\">\u00bb<\/span><span lang=\"es-ES\">. <\/span><span lang=\"\">Tom\u00f3 posesi\u00f3n el 16 de enero de 1876. Ten\u00eda entonces 51 a\u00f1os, y rigi\u00f3 la joven di\u00f3cesis durante m\u00e1s de un cuarto de siglo bajo el lema: Omnia possum in eo qui me confortat \u00abTodo lo puedo en Aqu\u00e9l que me conforta\u00bb (Flp 4,13). <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"\">Era un hombre de oraci\u00f3n, de vida sencilla y austera que ten\u00eda especial debilidad por los pobres. En el transcurso de su misi\u00f3n episcopal se constat\u00f3 su gran fidelidad a la Iglesia y al papa. En momentos delicados en los que se implic\u00f3 antepuso su amor por ellos a sus criterios y a los lazos de amistad que le un\u00edan a otras personas. Intensa fue su labor pastoral. Reabri\u00f3 la residencia episcopal, impuls\u00f3 la construcci\u00f3n de la catedral con los recursos acumulados por su predecesor, abri\u00f3 las puertas a muchas comunidades religiosas proporcionando a la di\u00f3cesis la riqueza que conllevan diversos carismas, ayud\u00f3 social y econ\u00f3micamente a la Uni\u00f3n de San Jos\u00e9, un proyecto puesto en marcha por \u00e9l para sostener a los que quedaron sin trabajo tras el voraz incendio que asol\u00f3 Saint-Hyacinthe, y prest\u00f3 su asistencia a los c\u00edrculos agr\u00edcolas. Asimismo fund\u00f3, con la colaboraci\u00f3n de la venerable Elisabeth Bergeron, las Hermanas de San Jos\u00e9 con objeto de atender las escuelas rurales de chicos y chicas. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"\">Pas\u00f3 por esta vida prodigando el bien, abandonado en manos de la divina Providencia. Fue audaz, prudente, sol\u00edcito y servicial, firme y comprensivo, un ap\u00f3stol incansable. Estaba disponible para todos. Denunci\u00f3 los des\u00f3rdenes de la \u00e9poca sin dudarlo. Su cercan\u00eda a los sacerdotes y feligreses era fruto de su oraci\u00f3n. Reconocido por sus virtudes le asignaron el entra\u00f1able apelativo de \u00abel buen monse\u00f1or Moreau\u00bb. Era signo del afecto y gratitud que le profesaban. Este calificativo deriv\u00f3 despu\u00e9s en \u00abel obispo santo\u00bb. El pueblo hered\u00f3 su devoci\u00f3n por el Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, por Mar\u00eda y Jos\u00e9, que difundi\u00f3 en todo momento. Incontables personas le buscaron para recibir su consejo. De ello da constancia el valios\u00edsimo e ingente testimonio espiritual plasmado en m\u00e1s de 15.000 cartas. \u00abNo haremos bien las grandes cosas si no estamos determinados por una uni\u00f3n \u00edntima con Nuestro Se\u00f1or\u00bb, escribi\u00f3. Hizo vida esta convicci\u00f3n venciendo la fragilidad que le acompa\u00f1\u00f3 toda su existencia. Muri\u00f3 en Saint-Hyacinthe el 24 de mayo de 1901. Juan Pablo II lo beatific\u00f3 el 10 de mayo de 1987.<\/span><\/p>\n<p><span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/es.zenit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.zenit.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; (ZENIT &#8211; Madrid).- Naci\u00f3 en B\u00e9cancour, Quebec, Canad\u00e1, el 1 de abril de 1824. Sus padres eran humildes agricultores. Fue el quinto de trece hermanos; dos de ellos no sobrevivieron. 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