{"id":15141,"date":"2017-05-27T13:40:06","date_gmt":"2017-05-27T18:40:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/el-papa-concluye-su-visita-pastoral-a-genova-profundo-encuentro-de-fe-con-el-pueblo\/"},"modified":"2017-05-27T13:40:06","modified_gmt":"2017-05-27T18:40:06","slug":"el-papa-concluye-su-visita-pastoral-a-genova-profundo-encuentro-de-fe-con-el-pueblo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/el-papa-concluye-su-visita-pastoral-a-genova-profundo-encuentro-de-fe-con-el-pueblo\/","title":{"rendered":"El Papa concluye su Visita Pastoral a G\u00e9nova: profundo encuentro de Fe con el pueblo"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/05\/27\/AFP6661011_Thumbnail.jpg' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_10579381\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00583307.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>La intercesi&oacute;n y el anuncio centraron la reflexi&oacute;n de Francisco en la homil&iacute;a. Explic&oacute; largamente que el poder de Dios es el de unir el cielo con la tierra, algo que tambien la Iglesia y nosotros, con la oraci&oacute;n de intercesi&oacute;n. &quot;Cuando Jes&uacute;s ha subido al Padre nuestra carne humana a atravesado el umbral del cielo: nuestra humanidad est&aacute; ah&iacute;, en Dios, para siempre. Ah&iacute; est&aacute; nuestra confianza, porque Dios no se separar&aacute; m&aacute;s del hombre&quot;.&nbsp;<\/p>\n<p>El Obispo de Roma asever&oacute; que &quot;Jes&uacute;s esta verdaderamente con nosotros y para nosotros: en el cielo muestra siempre al Padre su humanidad, nuestra humanidad, y as&iacute; &ldquo;est&aacute; siempre vivo para interceder&rdquo; (Heb.7,25) a nuestro favor. E aqu&iacute; la palabra clave del poder de Jes&uacute;s: intercesi&oacute;n. Jes&uacute;s ante el Padre intercede cada d&iacute;a, cada momento por nosotros. En cada oraci&oacute;n, en cada uno de nuestros pedidos de perd&oacute;n, sobre todo en cada misa, Jes&uacute;s interviene: muestra al Padre los signos de su vida ofrecida, sus llagas, e intercede, obteniendo misericordia para nosotros&quot;.<\/p>\n<p>El Vicario de Cristo explic&oacute; que despu&eacute;s de la intercesi&oacute;n emerge del Evangelio de hoy, una segunda palabra clave que revela el poder de Jes&uacute;s: el anuncio. El se&ntilde;or env&iacute;a a los suyos a anunciarlo con la sola fuerza del Esp&iacute;ritu Santo. &quot;Es un acto de extrema confianza en los suyos: Jes&uacute;s conf&iacute;a en nosotros, &iexcl;cree en nosotros m&aacute;s de cuanto nosotros creemos en nosotros mismos! Y exhort&oacute; con insistencia a superar la cerraz&oacute;n, que el amor de Dios es din&aacute;mico y quiere alcanzar a todos. Para anunciar todav&iacute;a es necesario andar, salir de s&iacute; mismo. Con el Se&ntilde;or no se puede estar quietos, acomodados &quot;Vayan nos dice tambi&eacute;n hoy Jes&uacute;s, que en el bautismo ha conferido a cada uno de nosotros el poder del anuncio. Por eso andar en el mundo con el Se&ntilde;or pertenece a la identidad del cristiano. El cristiano no est&aacute; detenido, sino en camino: con el Se&ntilde;or hacia los otros. Pero el cristiano no es un corredor que corre como loco o un conquistador que tiene que llegar antes que los otros. Es un peregrino, un&nbsp; misionero, un &ldquo;maratonista esperanzado&rdquo;. jesuita Guillermo Ortiz Radio Vaticana.<\/p>\n<p><strong>Texto completo pronunciado por el Papa en la misa en G&eacute;nova<\/strong><\/p>\n<p><strong><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_10580963\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00583324.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/strong><\/p>\n<p>Hemos escuchado aquello que Jes&uacute;s Resucitado dice a los disc&iacute;pulos antes de su ascensi&oacute;n: &ldquo;se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra&rdquo; (Mt.28,18). El poder de Jes&uacute;s, la fuerza de Dios. Este tema atraviesa las lecturas de hoy: en la primera Jes&uacute;s dice que no les corresponde a los disc&iacute;pulos conocer &ldquo;tiempos o momentos que el Padre ha reservado a su poder&rdquo;, pero les promete la &ldquo;fuerza del Esp&iacute;ritu Santo&rdquo; (Hechos 1,7-8); en la segunda san Pablo habla de la &ldquo;extraordinaria grandeza de su potencia con nosotros&rdquo; y &ldquo;de la eficacia de su fuerza&rdquo; (Ef.1,19). Pero &iquest;en qu&eacute; cosa consiste esta fuerza, este poder de Dios?<\/p>\n<p>Jes&uacute;s afirma que es un poder &ldquo;en el cielo y sobre la tierra&rdquo;. Es sobre todo el poder de conectar el cielo con la tierra. Hoy celebramos este misterio, porque cuando Jes&uacute;s ha subido al Padre nuestra carne humana ha atravesado el umbral del cielo: nuestra humanidad est&aacute; ah&iacute;, en Dios, para siempre. Ah&iacute; est&aacute; nuestra confianza, porque Dios no se separar&aacute; m&aacute;s del hombre. Y nos consuela saber que en Dios, con Jes&uacute;s, hay preparado para cada uno de nosotros un lugar: un destino de hijos resucitados nos espera y por esto vale la pena vivir aqu&iacute; abajo buscando las cosas de all&aacute; arriba, donde se encuentra nuestro Se&ntilde;or (CFr.Col.3,1-2). Esto es lo que hizo Jes&uacute;s, con su poder de unir la tierra con el cielo.<\/p>\n<p>Pero este poder suyo no ha terminado una vez que subi&oacute; al cielo, contin&uacute;a tambi&eacute;n ahora y dura para siempre. De hecho, propiamente antes de subir al Padre Jes&uacute;s ha dicho: &ldquo;Yo estar&eacute; con ustedes todos los d&iacute;as hasta el fin del mundo&rdquo; (Mt.28,20). No es un modo de decir, una simple re aseguraci&oacute;n, como cuando antes de partir para un largo viaje se dice a los amigos: &ldquo;Los recordar&eacute;&rdquo;. No, Jes&uacute;s esta verdaderamente con nosotros y para nosotros: en el cielo muestra siempre al Padre su humanidad, nuestra humanidad, y as&iacute; &ldquo;est&aacute; siempre vivo para interceder&rdquo; (Heb.7,25) a nuestro favor. He aqu&iacute; la palabra clave del poder de Jes&uacute;s: intercesi&oacute;n. Jes&uacute;s ante el Padre intercede cada d&iacute;a, cada momento por nosotros. En cada oraci&oacute;n, en cada uno de nuestros pedidos de perd&oacute;n, sobre todo en cada misa, Jes&uacute;s interviene: muestra al Padre los signos de su vida ofrecida, sus llagas, e intercede, obteniendo misericordia para nosotros. El es nuestro &ldquo;abogado&rdquo; (Cfr.1Jn.2,1) y, cuando tenemos alguna &ldquo;causa&rdquo; importante hacemos bien a confi&aacute;rsela, a decirle: &ldquo;Se&ntilde;or Jes&uacute;s, intercede por m&iacute;, por nosotros, por aquella persona, por aquella situaci&oacute;n&rdquo;.<\/p>\n<p>Esta capacidad de interceder Jes&uacute;s la ha dado tambi&eacute;n nosotros, a su Iglesia, que tiene el poder y tambi&eacute;n el deber de interceder, de rezar por todos. Podemos preguntarnos: &ldquo;&iquest;Yo rezo?&rdquo; nosotros como Iglesia, como cristianos ejercitamos este poder llevando a Dios las personas y las situaciones?&rdquo;. El mundo tiene necesidad. Nosotros mismos tenemos necesidad. En nuestras jornadas corremos y trabajamos tanto, nos empe&ntilde;amos en muchas cosas; pero corremos el riesgo de arribar a la tarde cansados y con el alma cargada, iguales a una nave cargada de mercader&iacute;a que despu&eacute;s de un viaje fatigoso entra en el puerto con el deseo solamente de atracar y apagar la luz. Viviendo siempre corriendo y tantas cosas por hacer, nos podemos perder cerrarnos en nosotros mismos y convertirnos en inquietos por algo sin sentido. Para no quedar sumergidos en este &ldquo;malestar existencial&rdquo;, recordemos cada d&iacute;a &ldquo;tirar el ancla a Dios&rdquo;: llevemos a &eacute;l los pesos, las personas y las situaciones, confi&eacute;mosle todo. Es esta la fuerza de la oraci&oacute;n, que une el cielo con la tierra, que permite que Dios entre en nuestro tiempo.<\/p>\n<p>La oraci&oacute;n cristiana no es un modo para estar m&aacute;s en paz con s&iacute; mismos o encontrar alguna armon&iacute;a interior; nosotros rezamos para llevar todo a Dios, para confiarle el mundo: la oraci&oacute;n es intercesi&oacute;n. No es tranquilidad, es caridad. Es pedir, buscar, llamar (cfr. Mt 7,7). Es ponerse en juego para interceder, insistiendo asiduamente con Dios los unos por los otros (cfr. Hechos1,14). Interceder sin cansarse: es nuestra primera responsabilidad, porque la oraci&oacute;n es la fuerza que hace ir adelante el mundo; es nuestra misi&oacute;n, una misi&oacute;n que al mismo tiempo cuesta fatiga y da paz. Este es nuestro poder: no prevalecer o gritar m&aacute;s fuerte, seg&uacute;n la l&oacute;gica de este mundo, pero ejercitar la fuerza humilde de la oraci&oacute;n, con la cual se pueden tambi&eacute;n detener la guerras y obtener la paz. Como Jes&uacute;s intercede siempre por nosotros ante el Padre, as&iacute; nosotros sus disc&iacute;pulos, no nos cansemos jam&aacute;s de rezar para acercar la tierra al cielo.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de la intercesi&oacute;n emerge, del Evangelio de hoy, una segunda palabra clave que revela el poder de Jes&uacute;s: el anuncio. El se&ntilde;or env&iacute;a a los suyos a anunciarlo con la sola fuerza del Esp&iacute;ritu Santo: &ldquo;Vayan por todas partes y hagan disc&iacute;pulos m&iacute;os en todos los pueblos&rdquo; (Mt 28,19). Es un acto de extrema confianza en los suyos: Jes&uacute;s conf&iacute;a en nosotros, &iexcl;cree en nosotros m&aacute;s de cuanto nosotros creemos en nosotros mismos! Nos env&iacute;a a pesar de nuestros l&iacute;mites; sabe que no somos perfectos y que, si esperamos convertirnos en mejores para evangelizar, no comenzaremos jam&aacute;s.<\/p>\n<p>Para Jes&uacute;s es muy importante que pronto superemos una gran imperfecci&oacute;n: la cerraz&oacute;n. Porque el Evangelio no puede ser encerrado y sellado, porque el amor de Dios es din&aacute;mico y quiere alcanzar a todos. Para anunciar todav&iacute;a es necesario andar, salir de s&iacute; mismo. Con el Se&ntilde;or no se puede estar quietos, acomodados en el propio mundo o en los recuerdos nost&aacute;lgicos del pasado; con &eacute;l est&aacute; prohibido mantenerse calmo en las seguridades adquiridas. La seguridad para Jes&uacute;s est&aacute; en el andar con confianza: all&iacute; se revela su fuerza. Porque el se&ntilde;or no aprecia la comodidad, pero incomoda y relanza siempre. Nos quiere en salida, libres de la tentaci&oacute;n de contentarse cuando estamos bien y tenemos todo bajo control. Vayan nos dice tambi&eacute;n hoy Jes&uacute;s, que en el bautismo ha conferido a cada uno de nosotros el poder del anuncio. Por eso andar en el mundo con el Se&ntilde;or pertenece a la identidad del cristiano. No es solo para sacerdotes, monjas y consagrados.El cristiano no est&aacute; detenido, sino en camino: con el Se&ntilde;or hacia los otros. Pero el cristiano no es un corredor que corre como loco o un conquistador que tiene que llegar antes que los otros. Es un peregrino, un&nbsp; misionero, un &ldquo;maratonista esperanzado&rdquo;. Suave, pero decidido en el caminar; confiado y al mismo tiempo activo; creativo pero siempre respetuoso; emprendedor y abierto; laborioso y solidario. &iexcl;Con este estilo recorremos los caminos del mundo!<\/p>\n<p>Como para los disc&iacute;pulos de los or&iacute;genes, nuestros lugares de anuncio son las calles del mundo: y sobre todo all&iacute; que el Se&ntilde;or espera ser conocido hoy. Como en los or&iacute;genes desea que el anuncio sea llevado con su fuerza: no con la fuerza del mundo, sino con la fuerza l&iacute;mpida y suave del testimonio alegre. Esto es urgente. Pidamos al Se&ntilde;or la gracia de no fosilizarse sobre cuestiones no centrales, sino de dedicarse plenamente a la urgencia de la misi&oacute;n. Dejemos a otros las murmuraciones y las fingidas discusiones de quien se escucha solo a s&iacute; mismo y trabajemos concretamente por el bien com&uacute;n y la paz; pongamos en juego con coraje, convencidos que hay m&aacute;s alegr&iacute;a en el dar que en el recibir (cfr. Hechos 20,35). El Se&ntilde;or resucitado y vivo, que siempre intercede por nosotros sea la fuerza de nuestro andar, el coraje de nuestro caminar. (Traducci&oacute;n del italiano: jesuita Guillermo Ortiz)<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La intercesi&oacute;n y el anuncio centraron la reflexi&oacute;n de Francisco en la homil&iacute;a. 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