{"id":15375,"date":"2017-06-04T05:05:02","date_gmt":"2017-06-04T10:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-de-la-solemnidad-de-pentecostes\/"},"modified":"2017-06-04T05:05:02","modified_gmt":"2017-06-04T10:05:02","slug":"texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-de-la-solemnidad-de-pentecostes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-de-la-solemnidad-de-pentecostes\/","title":{"rendered":"TEXTO: Homil\u00eda del Papa Francisco en la Misa de la Solemnidad de Pentecost\u00e9s"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 04 Jun. 17 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco celebr&oacute; la Solemnidad de Pentecost&eacute;s con la Santa Misa que presidi&oacute; en la Plaza de San Pedro junto a miles de peregrinos provenientes de todo el mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn su homil&iacute;a, el Pont&iacute;fice advirti&oacute; contra la tentaci&oacute;n de la &ldquo;diversidad sin la unidad&rdquo; y de la &ldquo;unidad sin diversidad&rdquo; y asegur&oacute; que el Esp&iacute;ritu Santo ayuda a perdonar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&ldquo;Este es el comienzo de la Iglesia, este es el aglutinante que nos mantiene unidos, el cemento que une los ladrillos de la casa: el perd&oacute;n&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&ldquo;Porque el perd&oacute;n es el don por excelencia, es el amor m&aacute;s grande, el que mantiene unidos a pesar de todo, que evita el colapso, que refuerza y fortalece. El perd&oacute;n libera el coraz&oacute;n y le permite recomenzar: el perd&oacute;n da esperanza, sin perd&oacute;n no se construye la Iglesia&rdquo;, afirm&oacute;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n, el texto completo de la homil&iacute;a del Papa:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHoy concluye el tiempo de Pascua, cincuenta d&iacute;as que, desde la Resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s hasta Pentecost&eacute;s, est&aacute;n marcados de una manera especial por la presencia del Esp&iacute;ritu Santo. &Eacute;l es, en efecto, el Don pascual por excelencia. Es el Esp&iacute;ritu creador, que crea siempre cosas nuevas. En las lecturas de hoy se nos muestran dos novedades: en la primera lectura, el Esp&iacute;ritu hace que los disc&iacute;pulos sean un pueblo nuevo; en el Evangelio, crea en los disc&iacute;pulos un coraz&oacute;n nuevo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tUn pueblo nuevo. En el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s el Esp&iacute;ritu baj&oacute; del cielo en forma de &laquo;lenguas, como llamaradas, que se divid&iacute;an, pos&aacute;ndose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Esp&iacute;ritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas&raquo; (Hch 2, 3-4). La Palabra de Dios describe as&iacute; la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu, que primero se posa sobre cada uno y luego pone a todos en comunicaci&oacute;n. A cada uno da un don y a todos re&uacute;ne en unidad. En otras palabras, el mismo Esp&iacute;ritu crea la diversidad y la unidad y de esta manera plasma un pueblo nuevo, variado y unido: la Iglesia universal. En primer lugar, con imaginaci&oacute;n e imprevisibilidad, crea la diversidad; en todas las &eacute;pocas en efecto hace que florezcan carismas nuevos y variados. A continuaci&oacute;n, el mismo Esp&iacute;ritu realiza la unidad: junta, re&uacute;ne, recompone la armon&iacute;a: &laquo;Reduce por s&iacute; mismo a la unidad a quienes son distintos entre s&iacute;&raquo; (Cirilo de Alejandr&iacute;a, Comentario al Evangelio de Juan, XI, 11). De tal manera que se d&eacute; la unidad verdadera, aquella seg&uacute;n Dios, que no es uniformidad, sino unidad en la diferencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPara que se realice esto es bueno que nos ayudemos a evitar dos tentaciones frecuentes. La primera es buscar la diversidad sin unidad. Esto ocurre cuando buscamos destacarnos, cuando formamos bandos y partidos, cuando nos endurecemos en nuestros planteamientos excluyentes, cuando nos encerramos en nuestros particularismos, quiz&aacute;s consider&aacute;ndonos mejores o aquellos que siempre tienen raz&oacute;n. Entonces se escoge la parte, no el todo, el pertenecer a esto o a aquello antes que a la Iglesia; nos convertimos en unos &laquo;seguidores&raquo; partidistas en lugar de hermanos y hermanas en el mismo Esp&iacute;ritu; cristianos de &laquo;derechas o de izquierdas&raquo; antes que de Jes&uacute;s; guardianes inflexibles del pasado o vanguardistas del futuro antes que hijos humildes y agradecidos de la Iglesia. As&iacute; se produce una diversidad sin unidad. En cambio, la tentaci&oacute;n contraria es la de buscar la unidad sin diversidad. Sin embargo, de esta manera la unidad se convierte en uniformidad, en la obligaci&oacute;n de hacer todo juntos y todo igual, pensando todos de la misma manera. As&iacute; la unidad acaba siendo una homologaci&oacute;n donde ya no hay libertad. Pero dice san Pablo, &laquo;donde est&aacute; el Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or, hay libertad&raquo; (2 Co 3,17).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNuestra oraci&oacute;n al Esp&iacute;ritu Santo consiste entonces en pedir la gracia de aceptar su unidad, una mirada que abraza y ama, m&aacute;s all&aacute; de las preferencias personales, a su Iglesia, nuestra Iglesia; de trabajar por la unidad entre todos, de desterrar las murmuraciones que siembran ciza&ntilde;a y las envidias que envenenan, porque ser hombres y mujeres de la Iglesia significa ser hombres y mujeres de comuni&oacute;n; significa tambi&eacute;n pedir un coraz&oacute;n que sienta la Iglesia, madre nuestra y casa nuestra: la casa acogedora y abierta, en la que se comparte la alegr&iacute;a multiforme del Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY llegamos entonces a la segunda novedad: un coraz&oacute;n nuevo. Jes&uacute;s Resucitado, en la primera vez que se aparece a los suyos, dice: &laquo;Recibid el Esp&iacute;ritu Santo; a quienes les perdon&eacute;is los pecados, les quedan perdonados&raquo; (Jn 20, 22-23). Jes&uacute;s no los condena, a pesar de que lo hab&iacute;an abandonado y negado durante la Pasi&oacute;n, sino que les da el Esp&iacute;ritu de perd&oacute;n. El Esp&iacute;ritu es el primer don del Resucitado y se da en primer lugar para perdonar los pecados. Este es el comienzo de la Iglesia, este es el aglutinante que nos mantiene unidos, el cemento que une los ladrillos de la casa: el perd&oacute;n. Porque el perd&oacute;n es el don por excelencia, es el amor m&aacute;s grande, el que mantiene unidos a pesar de todo, que evita el colapso, que refuerza y fortalece. El perd&oacute;n libera el coraz&oacute;n y le permite recomenzar: el perd&oacute;n da esperanza, sin perd&oacute;n no se construye la Iglesia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl Esp&iacute;ritu de perd&oacute;n, que conduce todo a la armon&iacute;a, nos empuja a rechazar otras v&iacute;as: esas precipitadas de quien juzga, las que no tienen salida propia del que cierra todas las puertas, las de sentido &uacute;nico de quien critica a los dem&aacute;s. El Esp&iacute;ritu en cambio nos insta a recorrer la v&iacute;a de doble sentido del perd&oacute;n ofrecido y recibido, de la misericordia divina que se hace amor al pr&oacute;jimo, de la caridad que &laquo;ha de ser en todo momento lo que nos induzca a obrar o a dejar de obrar, a cambiar las cosas o a dejarlas como est&aacute;n&raquo; (Isaac de Stella, Serm&oacute;n 31). Pidamos la gracia de que, renov&aacute;ndonos con el perd&oacute;n y corrigi&eacute;ndonos, hagamos que el rostro de nuestra Madre la Iglesia sea cada vez m&aacute;s hermoso: s&oacute;lo entonces podremos corregir a los dem&aacute;s en la caridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPid&aacute;moslo al Esp&iacute;ritu Santo, fuego de amor que arde en la Iglesia y en nosotros, aunque a menudo lo cubrimos con las cenizas de nuestros pecados: &laquo;Ven Esp&iacute;ritu de Dios, Se&ntilde;or que est&aacute;s en mi coraz&oacute;n y en el coraz&oacute;n de la Iglesia, t&uacute; que conduces a la Iglesia, molde&aacute;ndola en la diversidad. Para vivir, te necesitamos como el agua: desciende una vez m&aacute;s sobre nosotros y ens&eacute;&ntilde;anos la unidad, renueva nuestros corazones y ens&eacute;&ntilde;anos a amar como t&uacute; nos amas, a perdonar como t&uacute; nos perdonas. Am&eacute;n&raquo;.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 04 Jun. 17 (ACI).- El Papa Francisco celebr&oacute; la Solemnidad de Pentecost&eacute;s con la Santa Misa que presidi&oacute; en la Plaza de San Pedro junto a miles de peregrinos provenientes de todo el mundo. 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