{"id":15642,"date":"2017-06-13T06:05:02","date_gmt":"2017-06-13T11:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-mensaje-del-papa-francisco-para-la-i-jornada-mundial-de-los-pobres\/"},"modified":"2017-06-13T06:05:02","modified_gmt":"2017-06-13T11:05:02","slug":"texto-mensaje-del-papa-francisco-para-la-i-jornada-mundial-de-los-pobres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-mensaje-del-papa-francisco-para-la-i-jornada-mundial-de-los-pobres\/","title":{"rendered":"TEXTO: Mensaje del Papa Francisco para la I Jornada Mundial de los Pobres"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 13 Jun. 17 (ACI).-<br \/>\n\tEl 19 de noviembre de 2017 se celebrar&aacute; por primera vez la Jornada Mundial de los Pobres instituida por el Papa Francisco el 21 de noviembre de 2016 al final del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. &ldquo;A la luz del &lsquo;Jubileo de las personas socialmente excluidas&rsquo;, mientras en todas las catedrales y santuarios del mundo se cerraban las Puertas de la Misericordia, intu&iacute; que, como otro signo concreto de este A&ntilde;o Santo extraordinario,&nbsp;se debe celebrar en toda la&nbsp;Iglesia, en el XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario, la Jornada mundial de los pobres&rdquo;, explic&oacute; en esa ocasi&oacute;n el Papa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn el Mensaje, el Pont&iacute;fice asegura que &ldquo;3l amor no admite excusas: el que quiere amar como Jes&uacute;s am&oacute;, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNo amemos de palabra sino con obras<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t1. &laquo;Hijos m&iacute;os, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras&raquo; (1 Jn 3,18). Estas palabras del ap&oacute;stol Juan expresan un imperativo que ning&uacute;n cristiano puede ignorar. La seriedad con la que el &laquo;disc&iacute;pulo amado&raquo; ha transmitido hasta nuestros d&iacute;as el mandamiento de Jes&uacute;s se hace m&aacute;s intensa debido al contraste que percibe entre las palabras vac&iacute;as presentes a menudo en nuestros labios y los hechos concretos con los que tenemos que enfrentarnos. El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jes&uacute;s am&oacute;, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Por otro lado, el modo de amar del Hijo de Dios lo conocemos bien, y Juan lo recuerda con claridad. Se basa en dos pilares: Dios nos am&oacute; primero (cf. 1 Jn 4,10.19); y nos am&oacute; dando todo, incluso su propia vida (cf. 1 Jn 3,16). Un amor as&iacute; no puede quedar sin respuesta. Aunque se dio de manera unilateral, es decir, sin pedir nada a cambio, sin embargo inflama de tal manera el coraz&oacute;n que cualquier persona se siente impulsada a corresponder, a pesar de sus limitaciones y pecados. Y esto es posible en la medida en que acogemos en nuestro coraz&oacute;n la gracia de Dios, su caridad misericordiosa, de tal manera que mueva nuestra voluntad e incluso nuestros afectos a amar a Dios mismo y al pr&oacute;jimo. As&iacute;, la misericordia que, por as&iacute; decirlo, brota del coraz&oacute;n de la Trinidad puede llegar a mover nuestras vidas y generar compasi&oacute;n y obras de misericordia en favor de nuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t2. &laquo;Si el afligido invoca al Se&ntilde;or, &eacute;l lo escucha&raquo; (Sal 34,7). La Iglesia desde siempre ha comprendido la importancia de esa invocaci&oacute;n. Est&aacute; muy atestiguada ya desde las primeras p&aacute;ginas de los Hechos de los Ap&oacute;stoles, donde Pedro pide que se elijan a siete hombres &laquo;llenos de esp&iacute;ritu y de sabidur&iacute;a&raquo; (6,3) para que se encarguen de la asistencia a los pobres. Este es sin duda uno de los primeros signos con los que la comunidad cristiana se present&oacute; en la escena del mundo: el servicio a los m&aacute;s pobres. Esto fue posible porque comprendi&oacute; que la vida de los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s se ten&iacute;a que manifestar en una fraternidad y solidaridad que correspondiese a la ense&ntilde;anza principal del Maestro, que proclam&oacute; a los pobres como bienaventurados y herederos del Reino de los cielos (cf. Mt 5,3).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;Vend&iacute;an posesiones y bienes y los repart&iacute;an entre todos, seg&uacute;n la necesidad de cada uno&raquo; (Hch 2,45). Estas palabras muestran claramente la profunda preocupaci&oacute;n de los primeros cristianos. El evangelista Lucas, el autor sagrado que m&aacute;s espacio ha dedicado a la misericordia, describe sin ret&oacute;rica la comuni&oacute;n de bienes en la primera comunidad. Con ello desea dirigirse a los creyentes de cualquier generaci&oacute;n, y por lo tanto tambi&eacute;n a nosotros, para sostenernos en el testimonio y animarnos a actuar en favor de los m&aacute;s necesitados. El ap&oacute;stol Santiago manifiesta esta misma ense&ntilde;anza en su carta con igual convicci&oacute;n, utilizando palabras fuertes e incisivas: &laquo;Queridos hermanos, escuchad: &iquest;Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometi&oacute; a los que le aman? Vosotros, en cambio, hab&eacute;is afrentado al pobre. Y sin embargo, &iquest;no son los ricos los que os tratan con despotismo y los que os arrastran a los tribunales? [&#8230;] &iquest;De qu&eacute; le sirve a uno, hermanos m&iacute;os, decir que tiene fe, si no tiene obras? &iquest;Es que esa fe lo podr&aacute; salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: &ldquo;Dios os ampare; abrigaos y llenaos el est&oacute;mago&rdquo;, y no les dais lo necesario para el cuerpo; &iquest;de qu&eacute; sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por s&iacute; sola est&aacute; muerta&raquo; (2,5-6.14-17).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t3. Ha habido ocasiones, sin embargo, en que los cristianos no han escuchado completamente este llamamiento, dej&aacute;ndose contaminar por la mentalidad mundana. Pero el Esp&iacute;ritu Santo no ha dejado de exhortarlos a fijar la mirada en lo esencial. Ha suscitado, en efecto, hombres y mujeres que de muchas maneras han dado su vida en servicio de los pobres. Cu&aacute;ntas p&aacute;ginas de la historia, en estos dos mil a&ntilde;os, han sido escritas por cristianos que con toda sencillez y humildad, y con el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos m&aacute;s pobres. Entre ellos destaca el ejemplo de Francisco de As&iacute;s, al que han seguido muchos santos a lo largo de los siglos. &Eacute;l no se conform&oacute; con abrazar y dar limosna a los leprosos, sino que decidi&oacute; ir a Gubbio para estar con ellos. &Eacute;l mismo vio en ese encuentro el punto de inflexi&oacute;n de su conversi&oacute;n: &laquo;Cuando viv&iacute;a en el pecado me parec&iacute;a algo muy amargo ver a los leprosos, y el mismo Se&ntilde;or me condujo entre ellos, y los trat&eacute; con misericordia. Y alej&aacute;ndome de ellos, lo que me parec&iacute;a amargo se me convirti&oacute; en dulzura del alma y del cuerpo&raquo; (Test 1-3; FF 110). Este testimonio muestra el poder transformador de la caridad y el estilo de vida de los cristianos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNo pensemos s&oacute;lo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos a&uacute;n de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son v&aacute;lidas y &uacute;tiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deber&iacute;an introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida. En efecto, la oraci&oacute;n, el camino del discipulado y la conversi&oacute;n encuentran en la caridad, que se transforma en compartir, la prueba de su autenticidad evang&eacute;lica. Y esta forma de vida produce alegr&iacute;a y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la carne de Cristo. Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmaci&oacute;n de la comuni&oacute;n sacramental recibida en la Eucarist&iacute;a. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas m&aacute;s d&eacute;biles. Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Cris&oacute;stomo: &laquo;Si quer&eacute;is honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreci&eacute;is cuando est&aacute; desnudo; no honr&eacute;is al Cristo eucar&iacute;stico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuid&aacute;is a ese otro Cristo que sufre por fr&iacute;o y desnudez&raquo; (Hom. in Matthaeum, 50,3: PG 58).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEstamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el c&iacute;rculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es tambi&eacute;n una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en s&iacute; misma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t4. No olvidemos que para los disc&iacute;pulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocaci&oacute;n para seguir a Jes&uacute;s pobre. Es un caminar detr&aacute;s de &eacute;l y con &eacute;l, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). La pobreza significa un coraz&oacute;n humilde que sabe aceptar la propia condici&oacute;n de criatura limitada y pecadora para superar la tentaci&oacute;n de omnipotencia, que nos enga&ntilde;a haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del coraz&oacute;n que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condici&oacute;n para la felicidad. Es la pobreza, m&aacute;s bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercan&iacute;a de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, as&iacute; entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y tambi&eacute;n vivir los v&iacute;nculos y los afectos de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica, nn. 25-45).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSigamos, pues, el ejemplo de san Francisco, testigo de la aut&eacute;ntica pobreza. &Eacute;l, precisamente porque mantuvo los ojos fijos en Cristo, fue capaz de reconocerlo y servirlo en los pobres. Si deseamos ofrecer nuestra aportaci&oacute;n efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situaci&oacute;n de marginaci&oacute;n. Al mismo tiempo, a los pobres que viven en nuestras ciudades y en nuestras comunidades les recuerdo que no pierdan el sentido de la pobreza evang&eacute;lica que llevan impresa en su vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t5. Conocemos la gran dificultad que surge en el mundo contempor&aacute;neo para identificar de forma clara la pobreza. Sin embargo, nos desaf&iacute;a todos los d&iacute;as con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginaci&oacute;n, la opresi&oacute;n, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privaci&oacute;n de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tr&aacute;fico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migraci&oacute;n forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y ni&ntilde;os explotados por viles intereses, pisoteados por la l&oacute;gica perversa del poder y el dinero. Qu&eacute; lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHoy en d&iacute;a, desafortunadamente, mientras emerge cada vez m&aacute;s la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompa&ntilde;ada de la ilegalidad y la explotaci&oacute;n ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagaci&oacute;n de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el esp&iacute;ritu de iniciativa de muchos j&oacute;venes, impidi&eacute;ndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegaci&oacute;n y la b&uacute;squeda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participaci&oacute;n y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el m&eacute;rito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visi&oacute;n de la vida y de la sociedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTodos estos pobres &mdash;como sol&iacute;a decir el beato Pablo VI&mdash; pertenecen a la Iglesia por &laquo;derecho evang&eacute;lico&raquo; (Discurso en la apertura de la segunda sesi&oacute;n del Concilio Ecum&eacute;nico Vaticano II, 29 septiembre 1963) y obligan a la opci&oacute;n fundamental por ellos. Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religi&oacute;n y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin &laquo;peros&raquo; ni &laquo;condiciones&raquo;: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendici&oacute;n de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t6. Al final del Jubileo de la Misericordia quise ofrecer a la Iglesia la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez m&aacute;s y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los &uacute;ltimos y los m&aacute;s necesitados. Quisiera que, a las dem&aacute;s Jornadas mundiales establecidas por mis predecesores, que son ya una tradici&oacute;n en la vida de nuestras comunidades, se a&ntilde;ada esta, que aporta un elemento delicadamente evang&eacute;lico y que completa a todas en su conjunto, es decir, la predilecci&oacute;n de Jes&uacute;s por los pobres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tInvito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial. Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitaci&oacute;n est&aacute; dirigida a todos, independientemente de su confesi&oacute;n religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a trav&eacute;s de cualquier acci&oacute;n de solidaridad, como signo concreto de fraternidad. Dios cre&oacute; el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusi&oacute;n alguna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t7. Es mi deseo que las comunidades cristianas, en la semana anterior a la Jornada Mundial de los Pobres, que este a&ntilde;o ser&aacute; el 19 de noviembre, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta. Podr&aacute;n invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucarist&iacute;a de ese domingo, de tal modo que se manifieste con m&aacute;s autenticidad la celebraci&oacute;n de la Solemnidad de Cristo Rey del universo, el domingo siguiente. De hecho, la realeza de Cristo emerge con todo su significado m&aacute;s genuino en el G&oacute;lgota, cuando el Inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios. Su completo abandono al Padre expresa su pobreza total, a la vez que hace evidente el poder de este Amor, que lo resucita a nueva vida el d&iacute;a de Pascua.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn ese domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protecci&oacute;n y ayuda, acerqu&eacute;monos a ellos: ser&aacute; el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos. De acuerdo con la ense&ntilde;anza de la Escritura (cf. Gn 18, 3-5; Hb 13,2), sent&eacute;moslos a nuestra mesa como invitados de honor; podr&aacute;n ser maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera m&aacute;s coherente. Con su confianza y disposici&oacute;n a dejarse ayudar, nos muestran de modo sobrio, y con frecuencia alegre, lo importante que es vivir con lo esencial y abandonarse a la providencia del Padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t8. El fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevar&aacute;n a cabo durante esta Jornada ser&aacute; siempre la oraci&oacute;n. No hay que olvidar que el Padre nuestro es la oraci&oacute;n de los pobres. La petici&oacute;n del pan expresa la confianza en Dios sobre las necesidades b&aacute;sicas de nuestra vida. Todo lo que Jes&uacute;s nos ense&ntilde;&oacute; con esta oraci&oacute;n manifiesta y recoge el grito de quien sufre a causa de la precariedad de la existencia y de la falta de lo necesario. A los disc&iacute;pulos que ped&iacute;an a Jes&uacute;s que les ense&ntilde;ara a orar, &eacute;l les respondi&oacute; con las palabras de los pobres que recurren al &uacute;nico Padre en el que todos se reconocen como hermanos. El Padre nuestro es una oraci&oacute;n que se dice en plural: el pan que se pide es &laquo;nuestro&raquo;, y esto implica comuni&oacute;n, preocupaci&oacute;n y responsabilidad com&uacute;n. En esta oraci&oacute;n todos reconocemos la necesidad de superar cualquier forma de ego&iacute;smo para entrar en la alegr&iacute;a de la mutua aceptaci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t9. Pido a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a los di&aacute;conos &mdash;que tienen por vocaci&oacute;n la misi&oacute;n de ayudar a los pobres&mdash;, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado que se comprometan para que con esta Jornada Mundial de los Pobres se establezca una tradici&oacute;n que sea una contribuci&oacute;n concreta a la evangelizaci&oacute;n en el mundo contempor&aacute;neo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQue esta nueva Jornada Mundial se convierta para nuestra conciencia creyente en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez m&aacute;s convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad m&aacute;s profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tVaticano, 13 de junio de 2017<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMemoria de San Antonio de Padua<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tFRANCISCO<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTambi&eacute;n te puede interesar:&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t\tPapa Francisco establece que se celebre cada a&ntilde;o una Jornada Mundial de los Pobres https:\/\/t.co\/Ilr332fyAz<\/p>\n<p>\t&mdash; ACI Prensa (@aciprensa) 21 de noviembre de 2016<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 13 Jun. 17 (ACI).- El 19 de noviembre de 2017 se celebrar&aacute; por primera vez la Jornada Mundial de los Pobres instituida por el Papa Francisco el 21 de noviembre de 2016 al final del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. &ldquo;A la luz del &lsquo;Jubileo de las personas socialmente excluidas&rsquo;, mientras en todas las &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-mensaje-del-papa-francisco-para-la-i-jornada-mundial-de-los-pobres\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTEXTO: Mensaje del Papa Francisco para la I Jornada Mundial de los Pobres\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-15642","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15642","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15642"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15642\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15642"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15642"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15642"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}