{"id":16133,"date":"2017-06-28T05:40:04","date_gmt":"2017-06-28T10:40:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/el-mal-no-se-combate-con-el-mal-dijo-el-papa-en-la-catequesis\/"},"modified":"2017-06-28T05:40:04","modified_gmt":"2017-06-28T10:40:04","slug":"el-mal-no-se-combate-con-el-mal-dijo-el-papa-en-la-catequesis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/el-mal-no-se-combate-con-el-mal-dijo-el-papa-en-la-catequesis\/","title":{"rendered":"El mal no se combate con el mal, dijo el Papa en la catequesis"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/06\/28\/REUTERS2238568_Thumbnail.JPG' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p>(RV).- &ldquo;A veces, leyendo las historias de tantos m&aacute;rtires de ayer y hoy, nos quedamos sorprendidos ante la fortaleza con la cual han enfrentado la prueba. Esta fortaleza es signo de la gran esperanza que los animaba: la esperanza cierta que nada, ni nadie los pod&iacute;a separar del amor de Dios donado en Jesucristo&rdquo;, con estas palabras el Papa Francisco explic&oacute; en la <a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/news\/2017\/06\/28\/la_esperanza,_fuerza_de_los_m%C3%A1rtires_catequesis_del_papa_en\/1321794\">Audiencia General del &uacute;ltimo mi&eacute;rcoles de junio<\/a>, el significado de la esperanza cristiana como fuerza de los m&aacute;rtires.<\/p>\n<p>Continuando su ciclo de catequesis sobre &ldquo;la esperanza&rdquo;, el Obispo de Roma record&oacute; que, cuando, en el Evangelio, Jes&uacute;s env&iacute;a a sus disc&iacute;pulos en misi&oacute;n, no los ilusiona con quimeras de f&aacute;cil suceso; al contrario, les advierte claramente que el anuncio del Reino de Dios implica siempre una oposici&oacute;n.<\/p>\n<p>&ldquo;Los cristianos son &ndash; preciso el Pont&iacute;fice &ndash; hombres y mujeres contracorriente. Esto es normal dijo, porque el mundo est&aacute; marcado por el pecado, que se manifiesta en diversas formas de ego&iacute;smo y de injusticia, quien sigue a Cristo, agreg&oacute; el Papa, &nbsp;camina en direcci&oacute;n contraria. No por un esp&iacute;ritu pol&eacute;mico, sino por fidelidad a la l&oacute;gica del Reino de Dios, que es una l&oacute;gica de esperanza, y se traduce en el estilo de vida basado en las indicaciones de Jes&uacute;s&rdquo;.<\/p>\n<p>&ldquo;Que Dios nos done siempre la fuerza de ser sus testigos &ndash; concluy&oacute; el Papa Francisco &#8211; nos done vivir la esperanza cristiana sobre todo en el martirio escondido de hacer bien y con amor nuestros deberes de cada d&iacute;a&rdquo;.<\/p>\n<p><strong>Texto completo de la catequesis del Papa Francisco<\/strong><\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, &iexcl;buenos d&iacute;as!<\/p>\n<p>Hoy reflexionamos sobre la esperanza cristiana como fuerza de los m&aacute;rtires. Cuando, en el Evangelio, Jes&uacute;s env&iacute;a a sus disc&iacute;pulos en misi&oacute;n, no los ilusiona con quimeras de f&aacute;cil suceso; al contrario, les advierte claramente que el anuncio del Reino de Dios implica siempre una oposici&oacute;n. Y usa incluso una expresi&oacute;n extrema: &laquo;Ser&aacute;n odiados &ndash; odiados &ndash; por todos a causa de mi Nombre&raquo; (Mt 10,22). Los cristianos aman, pero no siempre son amados. Desde el inicio Jes&uacute;s nos pone ante esta realidad: en una medida m&aacute;s o menos fuerte, la confesi&oacute;n de la fe se da en un clima de hostilidad.<\/p>\n<p>Los cristianos son pues hombres y mujeres &ldquo;contracorriente&rdquo;. Es normal: porque el mundo est&aacute; marcado por el pecado, que se manifiesta en diversas formas de ego&iacute;smo y de injusticia, quien sigue a Cristo camina en direcci&oacute;n contraria. No por un esp&iacute;ritu pol&eacute;mico, sino por fidelidad a la l&oacute;gica del Reino de Dios, que es una l&oacute;gica de esperanza, y se traduce en el estilo de vida basado en las indicaciones de Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>Y la primera indicaci&oacute;n es la pobreza. Cuando Jes&uacute;s env&iacute;a a sus disc&iacute;pulos en misi&oacute;n, parece que pone m&aacute;s atenci&oacute;n en el &ldquo;despojarlos&rdquo; que en el &ldquo;vestirlos&rdquo;. De hecho, un cristiano que no es humilde y pobre, desapegado de las riquezas y del poder y sobre todo desapegado de s&iacute;, no se asemeja a Jes&uacute;s. El cristiano recorre su camino en este mundo con lo esencial para el camino, pero con el coraz&oacute;n lleno de amor. La verdadera derrota para &eacute;l o para ella es caer en la tentaci&oacute;n de la venganza y de la violencia, respondiendo al mal con el mal. Jes&uacute;s nos dice: &laquo;Yo los env&iacute;o como a ovejas en medio de lobos&raquo; (Mt 10,16). Por lo tanto, sin fauces, sin garras, sin armas. El cristiano mejor dicho deber&aacute; ser prudente, a veces tambi&eacute;n astuto: estas son virtudes aceptadas por la l&oacute;gica evang&eacute;lica. Pero la violencia jam&aacute;s. Para derrotar al mal, no se puede compartir los m&eacute;todos del mal.<\/p>\n<p>La &uacute;nica fuerza del cristiano es el Evangelio. En los momentos de dificultad, se debe creer que Jes&uacute;s est&aacute; delante de nosotros, y no cesa de acompa&ntilde;ar a sus disc&iacute;pulos. La persecuci&oacute;n no es una contradicci&oacute;n al Evangelio, sino que forma parte de este: si han perseguido a nuestro Maestro, &iquest;C&oacute;mo podemos esperar que nos sea eximida la lucha? Pero, al centro de la tormenta, el cristiano no debe perder la esperanza, pensando de haber sido abandonado. Jes&uacute;s conforta a los suyos diciendo: &laquo;Ustedes tienen contados todos sus cabellos&raquo; (Mt 10,30). Para decir que ning&uacute;n sufrimiento del hombre, ni siquiera el m&aacute;s peque&ntilde;o y escondido, es invisible a los ojos de Dios. Dios ve, y seguramente protege; y donar&aacute; su rescate. De hecho, existe en medio de nosotros Alguien que es m&aacute;s fuerte que el mal, m&aacute;s fuerte que las mafias, que los oscuros enga&ntilde;os, de quien lucra sobre la piel de los desesperados, de quien aplasta a los dem&aacute;s con prepotencia&hellip; Alguien que escucha desde siempre la voz de la sangre de Abel que grita desde la tierra.<\/p>\n<p>Los cristianos deben pues encontrarse siempre del &ldquo;otro lado&rdquo; del mundo, aquel elegido por Dios: no perseguidores, sino perseguidos; no arrogantes, sino humildes; no vendedores de humo, sino subyugados a la verdad; no impostores, sino honestos.<\/p>\n<p>Esta fidelidad al estilo de Jes&uacute;s &ndash; que es un estilo de esperanza &ndash; hasta la muerte, ser&aacute; llamada por los primeros cristianos con un nombre bell&iacute;simo: &ldquo;martirio&rdquo;, que significa &ldquo;testimonio&rdquo;. Hab&iacute;an tantas otras posibilidades, ofrecidas por el vocabulario: se pod&iacute;a llamar hero&iacute;smo, abnegaci&oacute;n, sacrificio de s&iacute;. En cambio, los cristianos de los primeros tiempos los han llamado con un nombre que perfuma de discipulado. Los m&aacute;rtires no viven para s&iacute;, no combaten para afirmar sus propias ideas, y aceptan deber morir s&oacute;lo por fidelidad al Evangelio. El martirio no es ni siquiera el ideal supremo de la vida cristiana, porque sobre ello est&aacute; la caridad, es decir, el amor hacia Dios y hacia el pr&oacute;jimo. Lo dice bien el Ap&oacute;stol Pablo en el himno a la caridad, es decir el amor hacia Dios y hacia el pr&oacute;jimo. Lo dice bien el Ap&oacute;stol Pablo en el himno a la caridad: &laquo;Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada&raquo; (1Cor 13,3). Disgusta a los cristianos la idea que los terroristas suicidas puedan ser llamados &ldquo;m&aacute;rtires&rdquo;: no hay nada en su fin que pueda asemejarse a la actitud de los hijos de Dios.<\/p>\n<p>A veces, leyendo las historias de tantos m&aacute;rtires de ayer y hoy &ndash; que son m&aacute;s de los m&aacute;rtires de los primeros tiempos &ndash;, nos quedamos sorprendidos ante la fortaleza con la cual han enfrentado la prueba. Esta fortaleza es signo de la gran esperanza que los animaba: la esperanza cierta que nada y nadie los pod&iacute;a separar del amor de Dios donado en Jesucristo (Cfr. Rom 8,38-39).<\/p>\n<p>Que Dios nos done siempre la fuerza de ser sus testigos. Nos done vivir la esperanza cristiana sobre todo en el martirio escondido de hacer bien y con amor nuestros deberes de cada d&iacute;a. Gracias.<\/p>\n<p>(Traducci&oacute;n del italiano, Renato Martinez &ndash; Radio Vaticano)<\/p>\n<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- &ldquo;A veces, leyendo las historias de tantos m&aacute;rtires de ayer y hoy, nos quedamos sorprendidos ante la fortaleza con la cual han enfrentado la prueba. 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