{"id":16940,"date":"2017-07-26T12:15:03","date_gmt":"2017-07-26T17:15:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/beata-maria-magdalena-martinengo-27-de-julio-2\/"},"modified":"2017-07-26T12:15:03","modified_gmt":"2017-07-26T17:15:03","slug":"beata-maria-magdalena-martinengo-27-de-julio-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/beata-maria-magdalena-martinengo-27-de-julio-2\/","title":{"rendered":"Beata Mar\u00eda Magdalena Martinengo \u2013\u00a027 de julio"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"\">(ZENIT &#8211; Madrid).- Natural de Brescia, Italia, donde vio la luz en 1687, la vida de esta arist\u00f3crata \u2013era condesa\u2013 rebate la idea de que la fragilidad est\u00e1 re\u00f1ida con la fortaleza, argumento insostenible cuando Dios est\u00e1 por medio. Fue una de las m\u00e1s grandes ascetas que se conocen, rayando sus penitencias, si pudiera expresarse as\u00ed, en lo supra-heroico. Y eso que naci\u00f3 con una naturaleza tan fr\u00e1gil que nadie pens\u00f3 que iba a sobrevivir. Menos a\u00fan cuando su madre, <\/span><span lang=\"en-US\">la condesa de Secchi de Arag\u00f3n,<\/span><span lang=\"\"> no logr\u00f3 hacerlo; sucumbi\u00f3 tras el parto. Tal era la gravedad de la ni\u00f1a que hasta fue bautizada con urgencia temiendo que no pudiera recibir este sacramento. Durante varios meses Francisco Leopardo Martinengo, conde de Barco, feliz por acoger a la ni\u00f1a en una familia que contaba ya con dos varones, y siendo viudo, vivi\u00f3 con zozobra por la salud de la peque\u00f1a que estuvo m\u00e1s cerca de la muerte que de la vida. Despu\u00e9s, Margarita, que ese fue su nombre de pila, creci\u00f3 atada a los m\u00e9dicos. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"\">Su porte distinguido, suma de genes y de la clase privilegiada a la que pertenec\u00eda, le jug\u00f3 una mala pasada a la edad de 5 a\u00f1os. Y es que una vez se sinti\u00f3 admirada por las numerosas personas que se hallaban en su palacio cuando desfil\u00f3 ataviada con un espl\u00e9ndido vestido. Este hecho sin relevancia para otras personas, no lo fue para ella; quiso purgar su desliz vanidoso toda la vida. Tambi\u00e9n reconoci\u00f3 su afici\u00f3n por lecturas que no le hac\u00edan ning\u00fan bien. El d\u00eda de su primera comuni\u00f3n, en el que tanto so\u00f1\u00f3 porque anhelaba recibir a Cristo, hab\u00eda pasado por la angustia de ver c\u00f3mo la Sagrada Forma se ca\u00eda al suelo. De ese momento, que debi\u00f3 ser para ella traum\u00e1tico, le qued\u00f3 una impresi\u00f3n que sol\u00eda aparecer cada vez que iba a recibirla: \u00abun fr\u00edo mortal invad\u00eda no solo su alma, sino tambi\u00e9n todo su cuerpo\u00bb. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"\">A los 13 a\u00f1os consagr\u00f3 privadamente su virginidad. A los 18 a\u00f1os era una joven hermosa, elegante, y muy inteligente que hab\u00eda sido educada por una ursulina. Complet\u00f3 su formaci\u00f3n en el monasterio de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles donde resid\u00edan dos t\u00edas suyas. Entonces iba ascendiendo por la escala de los m\u00edsticos, llevada por un amor de tal envergadura que todo se le hac\u00eda poco para purificar las debilidades que apreciaba en s\u00ed misma, lo cual le provocaba gran aflicci\u00f3n. Con sus antecedentes y apariencia nadie pod\u00eda imaginar que desde hac\u00eda tiempo se mortificaba con disciplinas, ayunos, cilicios y todo lo que se le ocurr\u00eda para asemejarse m\u00e1s a Cristo Redentor. Llevaba una vida de intensa piedad. Era generos\u00edsima, socorr\u00eda a los pobres, y estaba seducida por la vida de los santos que le\u00eda. Pero su padre no pens\u00f3 ni por asomo que esa hija, a la que proteg\u00eda en extremo, le plantear\u00eda su ingreso en el convento. Cuando lo hizo, ide\u00f3 todas las formas posibles para disuadirla. En su empe\u00f1o le ayudaron los hermanos y hasta las t\u00edas de Margarita. Consideraban que, en todo caso, le convendr\u00eda un buen matrimonio. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda sobrevivir en un monasterio alguien que ten\u00eda tan mala salud? Estos eran sus argumentos. Pero Margarita se empe\u00f1\u00f3 y libr\u00f3 una lucha sin cuartel, de la que sali\u00f3 vencedora. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En 1705, a sus 18 a\u00f1os, se integr\u00f3 en la comunidad de capuchinas de Brescia, no tanto por elecci\u00f3n propia, ya que habr\u00eda pensado en otro Instituto, como por considerar que abraz\u00e1ndose a ese carisma cumpl\u00eda la voluntad de Dios. Y ah\u00ed se inici\u00f3 su particular calvario, que dur\u00f3 treinta a\u00f1os. Le dieron el nombre de Magdalena. Y tanto la superiora como la maestra de novicias y hasta la \u00faltima de las religiosas la maltrataron, como hoy se dir\u00eda, psicol\u00f3gicamente, no solo con humillaciones, sino sembrando por doquier recelos y desconfianzas hacia ella. Alguna pens\u00f3, y as\u00ed lo manifest\u00f3, que su presencia en el convento hundir\u00eda a la Orden; siempre el juicio humano en las ant\u00edpodas del divino. El d\u00eda de la convocatoria en la que todas deb\u00edan manifestar su juicio respecto a su permanencia en el convento, se supon\u00eda que el resultado de la votaci\u00f3n secreta ser\u00eda su expulsi\u00f3n. Sin embargo, la unanimidad para que se quedase entre ellas fue inequ\u00edvoca. Al parecer, en el momento de manifestar su juicio muchas se sintieron \u00edntimamente movidas a modificar el voto negativo en el que inicialmente pensaron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"\">Mientras, Margarita continu\u00f3 con su vida de penitencia, siempre in crescendo, ante el asombro de confesores, quienes tampoco la comprend\u00edan, y el desprecio y toda clase de agravios de la abadesa y del resto de las hermanas. Fue cocinera, portera, y m\u00e1s adelante maestra de novicias en tres ocasiones. Ella misma, y aunque no lo deseaba, fue elegida abadesa. Sus mortificaciones sever\u00edsimas respond\u00edan a su ferviente petici\u00f3n de que Cristo no le ahorrase ning\u00fan suplicio. Y junto a tantos instantes cotidianos en los que deb\u00eda vencerse, a\u00f1ad\u00eda otras penitencias para no vivir ni un minuto sin padecer por \u00c9l. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span lang=\"\">Sufri\u00f3 acuciantes tentaciones. Tal fue su angustia en algunos momentos que lleg\u00f3 a rozar el paroxismo en su desesperaci\u00f3n: \u00abcasi deseaba matarme para ir m\u00e1s pronto al infierno\u00bb. Pas\u00f3 por encima de las falsas acusaciones y la soledad a la que fue condenada temporalmente impidi\u00e9ndole comentar asuntos espirituales con las novicias. Lo super\u00f3 todo con la gracia divina; sal\u00eda fortalecida en las tribulaciones. Resum\u00eda su anhelo de sufrir por Cristo, diciendo: \u00abSi no hubiera tenido las penas corporales para refrigerar o calmar el ardor del amor a Dios, me hubiera sido imposible soportarlo\u00bb. Viv\u00eda siempre con heroica caridad, fiel al carisma franciscano. Fue agraciada con numerosos bienes espirituales y dones diversos. Al final, contando ya con el amor de sus hermanas, y rodeada de ellas, muri\u00f3 el 27 de julio de 1737. Le\u00f3n XIII la beatific\u00f3 el 3 de junio de 1900.<\/span><\/p>\n<p><span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/es.zenit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.zenit.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; (ZENIT &#8211; Madrid).- Natural de Brescia, Italia, donde vio la luz en 1687, la vida de esta arist\u00f3crata \u2013era condesa\u2013 rebate la idea de que la fragilidad est\u00e1 re\u00f1ida con la fortaleza, argumento insostenible cuando Dios est\u00e1 por medio. 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