{"id":1753,"date":"2016-03-04T12:05:03","date_gmt":"2016-03-04T17:05:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/video-y-texto-homilia-del-papa-en-la-celebracion-penitencial-por-24-horas-para-el-senor\/"},"modified":"2016-03-04T12:05:03","modified_gmt":"2016-03-04T17:05:03","slug":"video-y-texto-homilia-del-papa-en-la-celebracion-penitencial-por-24-horas-para-el-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/video-y-texto-homilia-del-papa-en-la-celebracion-penitencial-por-24-horas-para-el-senor\/","title":{"rendered":"VIDEO y TEXTO Homil\u00eda del Papa en la celebraci\u00f3n penitencial por 24 horas para el Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 04 Mar. 16 (ACI).-<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl Papa Francisco presidi&oacute; la celebraci&oacute;n penitencial por las 24 horas en el Se&ntilde;or en la Bas&iacute;lica Vaticana, la cual se celebra bajo el lema del A&ntilde;o Jubilar&nbsp;&quot;Misericordiosos como el Padre&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n la homilia completa:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;Que yo pueda ver&raquo; (Mc 10,51). Esta es la petici&oacute;n que hoy queremos dirigir al Se&ntilde;or. Ver de nuevo despu&eacute;s de que nuestros pecados nos han hecho perder de vista el bien y alejado de la belleza de nuestra llamada, haci&eacute;ndonos vagar lejos de la meta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEste pasaje del Evangelio tiene un gran valor simb&oacute;lico y existencial, porque cada uno de nosotros se encuentra en la situaci&oacute;n de Bartimeo. Su ceguera lo hab&iacute;a llevado a la pobreza y a vivir en las afueras de la ciudad, dependiendo en todo de los dem&aacute;s. El pecado tambi&eacute;n tiene este efecto: nos empobrece y a&iacute;sla. Es una ceguera del esp&iacute;ritu, que impide ver lo esencial, fijar la mirada en el amor que da la vida; y lleva poco a poco a detenerse en lo superficial, hasta hacernos insensibles ante los dem&aacute;s y ante el bien. Cu&aacute;ntas tentaciones tienen la fuerza de oscurecer la vista del coraz&oacute;n y volverlo miope. Qu&eacute; f&aacute;cil y equivocado es creer que la vida depende de lo que se posee, del &eacute;xito o la admiraci&oacute;n que se recibe; que la econom&iacute;a consiste s&oacute;lo en el beneficio y el consumo; que los propios deseos individuales deben prevalecer por encima de la responsabilidad social. Mirando s&oacute;lo a nuestro yo, nos hacemos ciegos, apagados y replegados en nosotros mismos, vac&iacute;os de alegr&iacute;a y libertad verdadera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPero Jes&uacute;s pasa; y no pasa de largo: &laquo;se detuvo&raquo;, dice el Evangelio (v. 49). Entonces, un temblor se apodera del coraz&oacute;n, porque se da cuenta de que es mirado por la Luz, de esa luz afable que nos invita a no permanecer encerrados en nuestra oscura ceguera. La presencia cercana de Jes&uacute;s permite sentir que, lejos de &eacute;l, nos falta algo importante. Nos hace sentir necesitados de salvaci&oacute;n, y esto es el inicio de la curaci&oacute;n del coraz&oacute;n. Luego, cuando el deseo de ser curados se hace audaz, lleva a la oraci&oacute;n, a gritar ayuda con fuerza e insistencia, como hace Bartimeo: &laquo;Hijo de David, ten compasi&oacute;n de m&iacute;&raquo; (v. 47).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDesafortunadamente, como aquellos &laquo;muchos&raquo; del Evangelio, siempre hay alguien que no quiere detenerse, que no quiere ser molestado por el que grita su propio dolor, prefiriendo hacer callar y rega&ntilde;ar al pobre que molesta (cf. v. 48). Es la tentaci&oacute;n de seguir adelante como si nada, pero as&iacute; se queda lejos del Se&ntilde;or y se mantienen distantes de Jes&uacute;s y de los dem&aacute;s. Reconozcamos todos ser mendigos del amor de Dios, y no dejemos que el Se&ntilde;or pase de largo. &laquo;Timeo transeuntem Dominum&raquo; (San Agust&iacute;n). Demos voz a nuestro deseo m&aacute;s profundo: &laquo;Maestro, que pueda ver&raquo; (v. 51). Este Jubileo de la Misericordia es un tiempo favorable para acoger la presencia de Dios, para experimentar su amor y regresar a &eacute;l con todo el coraz&oacute;n. Como Bartimeo, dejemos el manto y pong&aacute;monos en pie (cf. v. 50): abandonemos lo que nos impide ser &aacute;giles en el camino hacia &eacute;l, sin miedo a dejar lo que nos da seguridad y a lo que estamos apegados; no permanezcamos sentados, levant&eacute;monos, reencontremos nuestra dimensi&oacute;n espiritual, la dignidad de hijos amados que est&aacute;n ante el Se&ntilde;or para ser mirados por &eacute;l a los ojos, perdonados y recreados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHoy m&aacute;s que nunca, sobre todo nosotros los Pastores, estamos llamados a escuchar el grito, quiz&aacute;s escondido, de cuantos desean encontrar al Se&ntilde;or. Estamos obligados a revisar esos comportamientos que a veces no ayudan a los dem&aacute;s a acercarse a Jes&uacute;s; los horarios y los programas que no salen al encuentro de las necesidades reales de los que podr&iacute;an acercarse al confesionario; las reglas humanas, si valen m&aacute;s que el deseo de perd&oacute;n; nuestra rigidez, que puede alejar la ternura de Dios. No debemos ciertamente disminuir las exigencias del Evangelio, pero no podemos correr el riesgo de malograr el deseo del pecador de reconciliarse con el Padre, porque lo que el Padre espera antes que nada es el regreso a la casa del hijo (cf. Lc 15,20-32).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQue nuestras palabras sean la de los disc&iacute;pulos que, repitiendo las mismas expresiones de Jes&uacute;s, dicen a Bartimeo: &laquo;&Aacute;nimo, lev&aacute;ntate, que te llama&raquo; (v. 49). Estamos llamados a infundir &aacute;nimo, a sostener y conducir a Jes&uacute;s. Nuestro ministerio es el del acompa&ntilde;ar, porque el encuentro con el Se&ntilde;or es personal, &iacute;ntimo, y el coraz&oacute;n se pueda abrir sinceramente y sin temor al Salvador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNo lo olvidemos: s&oacute;lo Dios es quien obra en cada persona. En el Evangelio es &eacute;l quien se detiene y pregunta por el ciego; es &eacute;l quien ordena que se lo traigan; es &eacute;l quien lo escucha y lo sana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNosotros hemos sido elegidos para suscitar el deseo de la conversi&oacute;n, para ser instrumentos que facilitan el encuentro, para extender la mano y absolver, haciendo visible y operante su misericordia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa conclusi&oacute;n del relato evang&eacute;lico est&aacute; cargado de significado: Bartimeo &laquo;al momento recobr&oacute; la vista y lo segu&iacute;a por el camino&raquo; (v. 52). Tambi&eacute;n nosotros, cuando nos acercamos a Jes&uacute;s, vemos de nuevo la luz para mirar el futuro con confianza, reencontramos la fuerza y el valor para ponernos en camino. En efecto &laquo;quien cree ve&raquo; (Carta enc. Lumen fidei, 1) y va adelante con esperanza, porque sabe que el Se&ntilde;or est&aacute; presente, sostiene y gu&iacute;a. Sig&aacute;moslo, como disc&iacute;pulos fieles, para hacer part&iacute;cipes a cuantos encontramos en nuestro camino de la alegr&iacute;a de su amor misericordioso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 04 Mar. 16 (ACI).- &nbsp; El Papa Francisco presidi&oacute; la celebraci&oacute;n penitencial por las 24 horas en el Se&ntilde;or en la Bas&iacute;lica Vaticana, la cual se celebra bajo el lema del A&ntilde;o Jubilar&nbsp;&quot;Misericordiosos como el Padre&rdquo;. A continuaci&oacute;n la homilia completa: &laquo;Que yo pueda ver&raquo; (Mc 10,51). 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