{"id":18142,"date":"2017-09-06T19:15:03","date_gmt":"2017-09-07T00:15:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/beata-eugenia-picco-7-de-septiembre-2\/"},"modified":"2017-09-06T19:15:03","modified_gmt":"2017-09-07T00:15:03","slug":"beata-eugenia-picco-7-de-septiembre-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/beata-eugenia-picco-7-de-septiembre-2\/","title":{"rendered":"Beata Eugenia Picco \u2013\u00a07 de septiembre"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">(ZENIT &#8211; Madrid).- Es cierto que el influjo positivo de la familia hacia la fe ha suscitado numerosas vocaciones a lo largo de los siglos. Pero no es una condici\u00f3n sine qua non para ello. Eugenia, que naci\u00f3 en Crescenzago, Mil\u00e1n, Italia, el 8 de noviembre de 1867, era hija de un matrimonio desestructurado. Su padre Jos\u00e9 Picco, ciego, fue un destacado m\u00fasico de la prestigiosa Scala de Mil\u00e1n. Y su madre, Adelaida del Corno, se dej\u00f3 llevar por la debilidad, que no fue precisamente su esposo, y se entreg\u00f3 en brazos de la fama y oropeles rindiendo culto a la vanidad y al fulgor del dinero. Incansable viajera, buscando tal vez una felicidad que se le resist\u00eda y que no encontrar\u00eda nunca en la forma de vida disipada que sol\u00eda llevar, no dudaba en dejar a la peque\u00f1a con sus abuelos. Primeramente, sal\u00eda para acompa\u00f1ar a su marido, pero cuando un d\u00eda regres\u00f3 a casa sin \u00e9l (desaparecido misteriosamente en el transcurso de un viaje a Rusia), continu\u00f3 con sus desmanes. Y Eugenia se vio obligada a soportar al nuevo compa\u00f1ero de su madre, con el que \u00e9sta tuvo tres hijos m\u00e1s, y a escuchar todo lo estoicamente que le fue posible los reproches maternos porque so\u00f1aba para ella un futuro como artista, adem\u00e1s de sufrir los inconvenientes creados por su amante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sin duda ninguna, \u00e9ste no era el ambiente propicio para que se forjara una vocaci\u00f3n. \u00abPeligros y ocasiones tanto en casa como afuera\u00bb, dir\u00eda Eugenia despu\u00e9s. Y es que su pasi\u00f3n adolescente, incontenible a sus 14 a\u00f1os, se volc\u00f3 en un muchacho joven. Era hermosa y elegante; su atractivo se completaba con sus dotes para la m\u00fasica. Desenvuelta y libre iba y ven\u00eda inmersa en la far\u00e1ndula. Por fortuna, una profesora, Giuseppina Allegri, experta en los conflictos que surgen a estas edades, se ocup\u00f3 de ella. Debi\u00f3 apreciar los nobles sentimientos que pose\u00eda y orient\u00f3 sus pasos hacia quienes pod\u00edan ayudarla espiritualmente. Allegri le present\u00f3 a la religiosa Mar\u00eda Virginia Pizzetti. La beata se convenci\u00f3 de la certeza de las palabras de Pizzetti: era Jes\u00fas el que obraba en su interior; nadie m\u00e1s. La presencia divina que lat\u00eda en su coraz\u00f3n, a\u00fan sin estar familiarizada con ella todav\u00eda, le alentaba a orar creyendo y esperando recibir una respuesta tanto en la capilla de las hermanas ursulinas del Sagrado Coraz\u00f3n como en la bas\u00edlica milanesa de San Ambrosio. Una noche de particular sufrimiento, en la primavera de 1886, a trav\u00e9s de una imagen que pend\u00eda sobre la pared bajo la cual ten\u00eda su cama, en medio de su oraci\u00f3n se sinti\u00f3 llamada a vivir la santidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ten\u00eda casi 20 a\u00f1os y la invitaci\u00f3n de Dios era para ella un torrente de bendiciones. Pensaba que su verdadero hogar ser\u00eda la Congregaci\u00f3n de las Peque\u00f1as Hijas de los Sagrados Corazones de Jes\u00fas y de Mar\u00eda, sita en Parma. Una Orden a la que se encamin\u00f3 por sugerencia de las ursulinas que consideraron m\u00e1s oportuno que se integrase en esa fundaci\u00f3n, valorando el hecho de que ello le permitir\u00eda escapar del ambiente asfixiante que le rodeaba en Mil\u00e1n. Para llevar a cabo su empe\u00f1o, en agosto de 1887 tuvo que huir de su domicilio. Agust\u00edn Chieppi, art\u00edfice de esa Obra creada en 1865 junto a Anna Micheli, la acogi\u00f3 paternalmente. Se hizo cargo de su sufrimiento y de las circunstancias en las que hab\u00eda tenido que vivir. Y en agosto del a\u00f1o siguiente comenz\u00f3 el noviciado. Profes\u00f3 en presencia del fundador en 1891 y emiti\u00f3 votos perpetuos en 1894. El resto de su vida lo destin\u00f3 a cumplir la voluntad de Dios con esp\u00edritu generoso, fiel, humilde\u2026 Ella misma sintetizaba su anhelo, diciendo: \u00abComo Jes\u00fas ha escogido el pan, algo tan com\u00fan, as\u00ed debe ser mi vida, com\u00fan&#8230; accesible a todos y, al mismo tiempo, humilde y escondida, como lo es el pan\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Imparti\u00f3 m\u00fasica, canto y franc\u00e9s a las alumnas del colegio de la Congregaci\u00f3n. Despu\u00e9s le encomendaron sucesivas misiones. Fue maestra de novicias, archivista, secretaria general y consejera. En 1911 fue elegida superiora general, oficio que desempe\u00f1\u00f3 hasta el fin de sus d\u00edas. Logr\u00f3 que su gobierno fructificase por su caridad, prudencia y fidelidad al carisma de su fundador. Su sost\u00e9n fue la oraci\u00f3n y la Eucarist\u00eda. En el decurso de la Primera Guerra Mundial se volc\u00f3 en curar a los heridos acogidos por la comunidad en la casa madre. Pero all\u00ed acud\u00edan tambi\u00e9n los que estaban ingresados en hospitales. Ellas ense\u00f1aban a los hijos de los reclutados en el frente ya que estos muchachos no pod\u00edan recibir formaci\u00f3n. Los que nada pose\u00edan, los ni\u00f1os, los que nadie estimaba hallaron en Eugenia una madre. Era extraordinariamente sensible al dolor del pr\u00f3jimo. Seguro que en esos d\u00edas aciagos, de tanto sufrimiento, record\u00f3 vivamente las palabras que les dirig\u00eda su fundador: \u00abTen\u00e9is que estar listas para ir hasta los campos de batalla\u00bb. \u00abLas Peque\u00f1as Hijas tienen que estar listas a donar la \u00faltima gota de su sangre para los hermanos\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><a name=\"e3g\"><\/a>Todo en Eugenia fue una suma de mortificaci\u00f3n, obediencia e inocencia evang\u00e9licas. Supo sobrenaturalizar lo ordinario con religiosa maestr\u00eda. Muchos le confiaban sus cuitas, buscaban su consejo y sal\u00edan fortalecidos. Fue una gran formadora. No tuvo buena salud, y a\u00fan se debilit\u00f3 m\u00e1s con las privaciones y sacrificios. En 1919, a\u00f1o en el que fue reelegida superiora general, a causa de la tuberculosis \u00f3sea se le amput\u00f3 el pie derecho, un episodio dram\u00e1tico que acogi\u00f3 serenamente. Mons. Conforti, prelado de Parma, le aconsej\u00f3 paternalmente: \u00abNo se gobierna con los pies, sino con la cabeza\u00bb. Ciertamente. Lo que antes era ir y venir qued\u00f3 \u00abreducido\u00bb, si as\u00ed puede decirse, a la ofrenda en estricta oraci\u00f3n. Nada m\u00e1s fecundo que ello. Las secuelas no le abandonaron y muri\u00f3 el 7 de septiembre de 1921. Fue beatificada el 7 de octubre de 2001 por Juan Pablo II. En su homil\u00eda record\u00f3 que \u00abante el sufrimiento, con los inevitables momentos de dificultad y desasosiego que entra\u00f1a [\u2026], supo transformar la experiencia del dolor en ocasi\u00f3n de purificaci\u00f3n y crecimiento interior\u00bb.<\/p>\n<p><span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/es.zenit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.zenit.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(ZENIT &#8211; Madrid).- Es cierto que el influjo positivo de la familia hacia la fe ha suscitado numerosas vocaciones a lo largo de los siglos. Pero no es una condici\u00f3n sine qua non para ello. Eugenia, que naci\u00f3 en Crescenzago, Mil\u00e1n, Italia, el 8 de noviembre de 1867, era hija de un matrimonio desestructurado. 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