{"id":18181,"date":"2017-09-07T16:05:03","date_gmt":"2017-09-07T21:05:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-y-discurso-del-papa-a-los-obispos-del-comite-directivo-del-celam\/"},"modified":"2017-09-07T16:05:03","modified_gmt":"2017-09-07T21:05:03","slug":"texto-y-discurso-del-papa-a-los-obispos-del-comite-directivo-del-celam","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-y-discurso-del-papa-a-los-obispos-del-comite-directivo-del-celam\/","title":{"rendered":"TEXTO y Discurso del Papa a los obispos del Comit\u00e9 Directivo del CELAM"},"content":{"rendered":"<p> BOGOT\u00c1, 07 Sep. 17 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco sostuvo un encuentro con 62 miembros del Comit&eacute; Directivo del CELAM en la Nunciatura Apost&oacute;lica en la capital colombiana, ante quienes pronunci&oacute; un extenso discurso en el que reflexion&oacute; sobre diversos desaf&iacute;os como la burocratizaci&oacute;n y el aburguesamiento en las estructuras eclesiales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl Santo Padre los alent&oacute; a evangelizar con pasi&oacute;n de &quot;joven enamorado y abuelo sabio&quot;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n el discurso completo del Pont&iacute;fice:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos hermanos,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tGracias por este encuentro y por las c&aacute;lidas palabras de bienvenida del Presidente de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano. De no haber sido por las exigencias de la agenda, hubiera querido encontrarlos en la sede del CELAM. Les agradezco la delicadeza de estar aqu&iacute; en este momento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAgradezco el esfuerzo que hacen para transformar esta Conferencia Episcopal continental en una casa al servicio de la comuni&oacute;n y de la misi&oacute;n de la Iglesia en Am&eacute;rica Latina; en un centro propulsor de la conciencia discipular y misionera; en una referencia vital para la comprensi&oacute;n y la profundizaci&oacute;n de la catolicidad latinoamericana, delineada gradualmente por este organismo de comuni&oacute;n durante d&eacute;cadas de servicio. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY hago propicia la ocasi&oacute;n para animar los recientes esfuerzos con el fin de expresar esta solicitud colegial mediante el Fondo de Solidaridad de la Iglesia Latinoamericana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHace cuatro a&ntilde;os, en R&iacute;o de Janeiro, tuve ocasi&oacute;n de hablarles sobre la herencia pastoral de Aparecida, &uacute;ltimo acontecimiento sinodal de la Iglesia Latinoamericana y del Caribe. En aquel momento subrayaba la permanente necesidad de aprender de su m&eacute;todo, sustancialmente compuesto por la participaci&oacute;n de las Iglesias locales y en sinton&iacute;a con los peregrinos que caminan en busca del rostro humilde de Dios que quiso manifestarse en la Virgen pescada en las aguas, y que se prolonga en la misi&oacute;n continental que quiere ser, no la suma de iniciativas program&aacute;ticas que llenan agendas y tambi&eacute;n desperdician energ&iacute;as preciosas, sino el esfuerzo para poner la misi&oacute;n de Jes&uacute;s en el coraz&oacute;n de la misma Iglesia, transform&aacute;ndola en criterio para medir la eficacia de las estructuras, los resultados de su trabajo, la fecundidad de sus ministros y la alegr&iacute;a que ellos son capaces de suscitar. Porque sin alegr&iacute;a no se atrae a nadie.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMe detuve entonces en las tentaciones, todav&iacute;a presentes, de la ideologizaci&oacute;n del mensaje evang&eacute;lico, del funcionalismo eclesial y del clericalismo, porque est&aacute; siempre en juego la salvaci&oacute;n que nos trae Cristo. Esta debe llegar con fuerza al coraz&oacute;n del hombre para interpelar su libertad, invit&aacute;ndolo a un &eacute;xodo permanente desde la propia autorreferencialidad hacia la comuni&oacute;n con Dios y con los dem&aacute;s hermanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDios, al hablar en Jes&uacute;s al hombre, no lo hace con un vago reclamo como a un forastero, ni con una convocaci&oacute;n impersonal como lo har&iacute;a un notario, ni con una declaraci&oacute;n de preceptos a cumplir como lo hace cualquier funcionario de lo sacro. Dios habla con la inconfundible voz del Padre al hijo, y respeta su misterio porque lo ha formado con sus mismas manos y lo ha destinado a la plenitud. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNuestro mayor desaf&iacute;o como Iglesia es hablar al hombre como portavoz de esa intimidad de Dios, que lo considera hijo, aun cuando reniegue de esa paternidad, porque para &Eacute;l somos siempre hijos reencontrados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNo se puede, por tanto, reducir el Evangelio a un programa al servicio de un gnosticismo de moda, a un proyecto de ascenso social o a una concepci&oacute;n de Iglesia como una burocracia que se autobeneficia, como tampoco esta se puede reducir a una organizaci&oacute;n dirigida, con modernos criterios empresariales, por una casta clerical.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa Iglesia es la comunidad de los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s; la Iglesia es Misterio (cf. Lumen Gentium, 5) y Pueblo (cf. ib&iacute;d., 9), o mejor a&uacute;n: en ella se realiza el Misterio a trav&eacute;s del Pueblo de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPor eso insist&iacute; sobre el discipulado misionero como un llamado divino para este hoy tenso y complejo, un permanente salir con Jes&uacute;s para conocer c&oacute;mo y d&oacute;nde vive el Maestro. Y mientras salimos en su compa&ntilde;&iacute;a conocemos la voluntad del Padre, que siempre nos espera. S&oacute;lo una Iglesia Esposa, Madre, Sierva, que ha renunciado a la pretensi&oacute;n de controlar aquello que no es su obra sino la de Dios, puede permanecer con Jes&uacute;s aun cuando su nido y su resguardo es la cruz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCercan&iacute;a y encuentro son los instrumentos de Dios que, en Cristo, se ha acercado y nos ha encontrado siempre. El misterio de la Iglesia es realizarse como sacramento de esta divina cercan&iacute;a y como lugar permanente de este encuentro. De ah&iacute; la necesidad de la cercan&iacute;a del obispo a Dios, porque en &Eacute;l se halla la fuente de la libertad y de la fuerza del coraz&oacute;n del pastor, as&iacute; como de la cercan&iacute;a al Pueblo Santo que le ha sido confiado. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn esta cercan&iacute;a el alma del ap&oacute;stol aprende a hacer tangible la pasi&oacute;n de Dios por sus hijos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAparecida es un tesoro cuyo descubrimiento todav&iacute;a est&aacute; incompleto. Estoy seguro de que cada uno de ustedes descubre cu&aacute;nto se ha enraizado su riqueza en las Iglesias que llevan en el coraz&oacute;n. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tComo los primeros disc&iacute;pulos enviados por Jes&uacute;s en plan misionero, tambi&eacute;n nosotros podemos contar con entusiasmo todo cuanto hemos hecho (cf. Mc 6,30).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSin embargo, es necesario estar atentos. Las realidades indispensables de la vida humana y de la Iglesia no son nunca un monumento sino un patrimonio vivo. Resulta mucho m&aacute;s c&oacute;modo transformarlas en recuerdos de los cuales se celebran los aniversarios: &iexcl;50 a&ntilde;os de Medell&iacute;n, 20 de Ecclesia in America, 10 de Aparecida! En cambio, es otra cosa: custodiar y hacer fluir la riqueza de tal patrimonio (pater &#8211; munus) constituyen el munus de nuestra paternidad episcopal hacia la Iglesia de nuestro continente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tBien saben que la renovada conciencia, de que al inicio de todo est&aacute; siempre el encuentro con Cristo vivo, requiere que los disc&iacute;pulos cultiven la familiaridad con &Eacute;l; de lo contrario el rostro del Se&ntilde;or se opaca, la misi&oacute;n pierde fuerza, la conversi&oacute;n pastoral retrocede. Orar y cultivar el trato con &Eacute;l es, por tanto, la actividad m&aacute;s improrrogable de nuestra misi&oacute;n pastoral.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA sus disc&iacute;pulos, entusiastas de la misi&oacute;n cumplida, Jes&uacute;s les dijo: &laquo;Vengan ustedes solos a un lugar deshabitado&raquo; (Mc 6,31). Nosotros necesitamos m&aacute;s todav&iacute;a este estar a solas con el Se&ntilde;or para reencontrar el coraz&oacute;n de la misi&oacute;n de la Iglesia en Am&eacute;rica Latina en sus actuales circunstancias. &iexcl;Hay tanta dispersi&oacute;n interior y tambi&eacute;n exterior! Los m&uacute;ltiples acontecimientos, la fragmentaci&oacute;n de la realidad, la instantaneidad y la velocidad del presente, podr&iacute;an hacernos caer en la dispersi&oacute;n y en el vac&iacute;o. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tReencontrar la unidad es un imperativo. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la unidad? Siempre en Jes&uacute;s. Lo que hace permanente la misi&oacute;n no es el entusiasmo que inflama el coraz&oacute;n generoso del misionero, aunque siempre es necesario; m&aacute;s bien es la compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s mediante su Esp&iacute;ritu. Si no salimos con &Eacute;l en la misi&oacute;n pronto perder&iacute;amos el camino, arriesg&aacute;ndonos a confundir nuestras necesidades vacuas con su causa. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSi la raz&oacute;n de nuestro salir no es &Eacute;l ser&aacute; f&aacute;cil desanimarse en medio de la fatiga del camino, o frente a la resistencia de los destinatarios de la misi&oacute;n, o ante los cambiantes escenarios de las circunstancias que marcan la historia, o por el cansancio de los pies debido al insidioso desgaste causado por el enemigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNo forma parte de la misi&oacute;n ceder al des&aacute;nimo cuando, quiz&aacute;s, habiendo pasado el &nbsp;entusiasmo de los inicios, llega el momento en el que tocar la carne de Cristo se vuelve muy duro. En una situaci&oacute;n como esta, Jes&uacute;s no alienta nuestros miedos. Y como bien sabemos que a ning&uacute;n otro podemos ir, porque solo &Eacute;l tiene palabras de vida eterna (cf. Jn 6,68), es necesario en consecuencia, profundizar nuestra elecci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&iquest;Qu&eacute; significa concretamente salir con Jes&uacute;s en misi&oacute;n hoy en Am&eacute;rica Latina? El adverbio<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;concretamente&raquo; no es un detalle de estilo literario, m&aacute;s bien pertenece al n&uacute;cleo de la pregunta. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl Evangelio es siempre concreto, jam&aacute;s un ejercicio de est&eacute;riles especulaciones. Conocemos bien la recurrente tentaci&oacute;n de perderse en el bizantinismo de los doctores de la ley, de preguntarse hasta qu&eacute; punto se puede llegar sin perder el control del propio territorio demarcado o del presunto poder que los l&iacute;mites prometen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMucho se ha hablado sobre la Iglesia en estado permanente de misi&oacute;n. Salir con Jes&uacute;s es la condici&oacute;n para tal realidad. Salir s&iacute;, pero con Jes&uacute;s. El Evangelio habla de Jes&uacute;s que, habiendo salido del Padre, recorre con los suyos los campos y los poblados de Galilea. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNo se trata de un recorrido in&uacute;til del Se&ntilde;or. Mientras camina, encuentra; cuando encuentra, se acerca; cuando se acerca, habla; cuando habla, toca con su poder; cuando toca, cura y salva. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLlevar al Padre a cuantos encuentra es la meta de su permanente salir, sobre el cual debemos reflexionar continuamente y hacer un examen de conciencia. &nbsp;La Iglesia debe reapropiarse de los verbos que el Verbo de Dios conjuga en su divina misi&oacute;n. Salir para encontrar, sin pasar de largo; reclinarse sin desidia; tocar sin miedo. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSe trata de que se metan d&iacute;a a d&iacute;a en el trabajo de campo, all&iacute; donde vive el Pueblo de Dios que les ha sido confiado. No nos es l&iacute;cito dejarnos paralizar por el aire acondicionado de las oficinas, por las estad&iacute;sticas y las estrategias abstractas. Es necesario dirigirse al hombre en su situaci&oacute;n concreta; de &eacute;l no podemos apartar la mirada. La misi&oacute;n se realiza en un cuerpo a cuerpo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tUna Iglesia capaz de ser sacramento de unidad &iexcl;Se ve tanta dispersi&oacute;n en nuestro entorno! Y no me refiero solamente a la de la rica diversidad que siempre ha caracterizado el continente, sino a las din&aacute;micas de disgregaci&oacute;n. Hay que estar atentos para no dejarse atrapar en estas trampas. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa Iglesia no est&aacute; en Am&eacute;rica Latina como si tuviera las maletas en la mano, lista para partir despu&eacute;s de haberla saqueado, como han hecho tantos a lo largo del tiempo. Quienes obran as&iacute; miran con sentido de superioridad y desprecio su rostro mestizo; pretenden colonizar su alma con las mismas fallidas y recicladas f&oacute;rmulas sobre la visi&oacute;n del hombre y de la vida, repiten iguales recetas matando al paciente mientras enriquecen a los m&eacute;dicos que los mandan; ignoran las razones profundas que habitan en el coraz&oacute;n de su pueblo y que lo hacen fuerte exactamente en sus sue&ntilde;os, en sus mitos, a pesar de los numerosos desencantos y fracasos; manipulan pol&iacute;ticamente y traicionan sus esperanzas, dejando detr&aacute;s de s&iacute; tierra quemada y el terreno pronto para el eterno retorno de lo mismo, aun cuando se vuelva a presentar con vestido nuevo. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHombres y utop&iacute;as fuertes han prometido soluciones m&aacute;gicas, respuestas instant&aacute;neas, efectos inmediatos. La Iglesia, sin pretensiones humanas, respetuosa del rostro multiforme del continente, que considera no una desventaja sino una perenne riqueza, debe continuar prestando el humilde servicio al verdadero bien del hombre latinoamericano. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDebe trabajar sin cansarse para construir puentes, abatir muros, integrar la diversidad, promover la cultura del encuentro y del di&aacute;logo, educar al perd&oacute;n y a la reconciliaci&oacute;n, al sentido de justicia, al rechazo de la violencia y al coraje de la paz. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNinguna construcci&oacute;n duradera en Am&eacute;rica Latina puede prescindir de este fundamento invisible pero esencial. La Iglesia conoce como pocos aquella unidad sapiencial que precede cualquier realidad en Am&eacute;rica Latina. Convive cotidianamente con aquella reserva moral sobre la que se apoya el edificio existencial del continente. Estoy seguro de que mientras estoy hablando de esto ustedes podr&iacute;an darle nombre a esta realidad. Con ella debemos dialogar continuamente. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNo podemos perder el contacto con este sustrato moral, con este humus vital que reside en el coraz&oacute;n de nuestra gente, en el que se percibe la mezcla casi indistinta, pero al mismo tiempo elocuente, de su rostro mestizo: no &uacute;nicamente ind&iacute;gena, ni hisp&aacute;nico, ni lusitano, ni afroamericano, sino mestizo, &iexcl;latinoamericano!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tGuadalupe y Aparecida son manifestaciones program&aacute;ticas de esta creatividad divina. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tBien sabemos que esto est&aacute; en la base sobre la que se apoya la religiosidad popular de nuestro pueblo; es parte de su singularidad antropol&oacute;gica; es un don con el que Dios se ha querido dar a conocer a nuestra gente. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLas p&aacute;ginas m&aacute;s luminosas de la historia de nuestra Iglesia han sido escritas precisamente cuando se ha sabido nutrir de esta riqueza, hablar a este coraz&oacute;n rec&oacute;ndito que palpita custodiando, como un peque&ntilde;o fueguito encendido bajo aparente ceniza, el sentido de Dios y de su trascendencia, la sacralidad de la vida, el respeto por la creaci&oacute;n, los lazos de solidaridad, la alegr&iacute;a de vivir, la capacidad de ser feliz sin condiciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPara hablar a esta alma que es profunda, para hablar a la Latinoam&eacute;rica profunda, a la Iglesia no le queda otro camino que aprender continuamente de Jes&uacute;s. Dice el Evangelio que hablaba solo en par&aacute;bolas (cf. Mc 4,34). Im&aacute;genes que involucran y hacen part&iacute;cipes, que transforman a los oyentes de su Palabra en personajes de sus divinos relatos. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl santo Pueblo fiel de Dios en Am&eacute;rica Latina no comprende otro lenguaje sobre &Eacute;l. Estamos invitados a salir en misi&oacute;n no con conceptos fr&iacute;os que se contentan con lo posible, sino con im&aacute;genes que continuamente multiplican y despliegan sus fuerzas en el coraz&oacute;n del hombre, transform&aacute;ndolo en grano sembrado en tierra buena, en levadura que incrementa<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tsu capacidad de hacer pan de la masa, en semilla que esconde la potencia del &aacute;rbol fecundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tUna Iglesia capaz de ser sacramento de esperanza<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMuchos se lamentan de cierto d&eacute;ficit de esperanza en la Am&eacute;rica Latina actual. A nosotros no nos est&aacute; consentida la &laquo;quejumbrosidad&raquo;, porque la esperanza que tenemos viene de lo alto. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAdem&aacute;s, bien sabemos que el coraz&oacute;n latinoamericano ha sido amaestrado por la esperanza. Como dec&iacute;a un cantautor brasile&ntilde;o &laquo;a esperan&ccedil;a &egrave; equilibrista; dan&ccedil;a na corda bamba de sombrinha&raquo; (Jo&atilde;o Bosco, O B&ecirc;bado e a Equilibrista). Cuidado y cuando se piensa que se ha acabado, hela aqu&iacute; nuevamente donde nosotros menos la esper&aacute;bamos. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNuestro pueblo ha aprendido que ninguna desilusi&oacute;n es suficiente para doblegarlo. Sigue al Cristo flagelado y manso, sabe desensillar hasta que aclare y permanece en la esperanza de su victoria, porque &mdash;en el fondo&mdash; tiene conciencia que no pertenece totalmente a este mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEs indudable que la Iglesia en estas tierras es particularmente un sacramento de esperanza, pero es necesario vigilar sobre la concretizaci&oacute;n de esta esperanza. Tanto m&aacute;s trascendente cuanto m&aacute;s debe transformar el rostro inmanente de aquellos que la poseen. Les ruego que vigilen sobre la concretizaci&oacute;n de la esperanza y consi&eacute;ntanme recordarles algunos de sus rostros ya visibles en esta Iglesia latinoamericana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa esperanza en Am&eacute;rica Latina tiene un rostro joven. Se habla con frecuencia de los j&oacute;venes &mdash;se declaman estad&iacute;sticas sobre el continente del futuro&mdash;, algunos ofrecen noticias sobre su presunta decadencia y sobre cu&aacute;nto est&eacute;n adormilados, otros aprovechan de su potencial<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tpara consumir, no pocos les proponen el rol de peones del tr&aacute;fico de la droga y de la violencia. No se dejen capturar por tales caricaturas sobre sus j&oacute;venes. M&iacute;renlos a los ojos, busquen en ellos el coraje de la esperanza. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNo es verdad que est&eacute;n listos para repetir el pasado. &Aacute;branles espacios concretos en las Iglesias particulares que les han sido confiadas, inviertan tiempo y recursos en su formaci&oacute;n. Propongan programas educativos incisivos y objetivos pidi&eacute;ndoles, como los padres le piden a los hijos, el resultado de sus potencialidades y educando su coraz&oacute;n en la alegr&iacute;a de la profundidad, no de la superficialidad. No se conformen con ret&oacute;ricas u opciones escritas en los planes pastorales jam&aacute;s puestos en pr&aacute;ctica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHe escogido Panam&aacute;, el istmo de este continente, para la Jornada Mundial de la Juventud de 2019 que ser&aacute; celebrada siguiendo el ejemplo de la Virgen que proclama: &laquo;He aqu&iacute; la sierva&raquo; y &laquo;se cumpla en m&iacute;&raquo; (Lc 1,38). <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEstoy seguro que en todos los j&oacute;venes se esconde un istmo, en el coraz&oacute;n de todos nuestros chicos hay un peque&ntilde;o y alargado pedazo de terreno que se puede recorrer para conducirlos a un futuro que s&oacute;lo Dios conoce y a &Eacute;l le pertenece. Toca a nosotros presentarles grandes propuestas para despertar en ellos el coraje de arriesgarse junto a Dios y de hacerlos, como la Virgen, disponibles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa esperanza en Am&eacute;rica Latina tiene un rostro femenino. No es necesario que me alargue para hablar del rol de la mujer en nuestro continente y en nuestra Iglesia. De sus labios hemos aprendido la fe; casi con la leche de sus senos hemos adquirido los rasgos de nuestra alma<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tmestiza y la inmunidad frente a cualquier desesperaci&oacute;n. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPienso en las madres ind&iacute;genas o morenas, pienso en las mujeres de la ciudad con su triple turno de trabajo, pienso en las abuelas catequistas, pienso en las consagradas y en las tan discretas artesanas del bien. Sin las mujeres la Iglesia del continente perder&iacute;a la fuerza de renacer continuamente. Son las mujeres quienes con meticulosa paciencia, encienden y reencienden la llama de la fe. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEs un serio deber comprender, respetar, valorizar, promover la fuerza eclesial y social de cuanto realizan. Acompa&ntilde;aron a Jes&uacute;s misionero; no se retiraron del pie de la cruz; en soledad esperaron que la noche de la muerte devolviese al Se&ntilde;or de la vida; inundaron el mundo con el anuncio de su presencia resucitada. Si queremos una nueva y vivaz etapa de la fe en este continente, no la vamos a obtener sin las mujeres. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPor favor, no pueden ser reducidas a siervas de nuestro recalcitrante clericalismo; ellas son, en cambio, protagonistas en la Iglesia latinoamericana; en su salir con Jes&uacute;s; en<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tsu perseverar, incluso en el sufrimiento de su Pueblo; en su aferrarse a la esperanza que vence a la muerte; en su alegre modo de anunciar al mundo que Cristo est&aacute; vivo, y ha resucitado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa esperanza en Am&eacute;rica Latina pasa a trav&eacute;s del coraz&oacute;n, la mente y los brazos de los laicos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQuisiera reiterar lo que recientemente he dicho a la Pontificia Comisi&oacute;n para Am&eacute;rica Latina. Es un imperativo superar el clericalismo que infantiliza a los Christifideles laici y empobrece la identidad de los ministros ordenados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSi bien se invirti&oacute; mucho esfuerzo y algunos pasos han sido dados, los grandes desaf&iacute;os del continente permanecen sobre la mesa y contin&uacute;an esperando la concretizaci&oacute;n serena, responsable, competente, visionaria, articulada, consciente, de un laicado cristiano que, como creyente, est&eacute; dispuesto a contribuir en los procesos de un aut&eacute;ntico desarrollo humano, en la consolidaci&oacute;n de la democracia pol&iacute;tica y social, en la superaci&oacute;n estructural de<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tla pobreza end&eacute;mica, en la construcci&oacute;n de una prosperidad inclusiva fundada en reformas duraderas y capaces de perseverar el bien social, en la superaci&oacute;n de la desigualdad y la custodia de la estabilidad, en la delineaci&oacute;n de modelos de desarrollo econ&oacute;mico sostenibles que respeten la naturaleza y el verdadero futuro del hombre, que no se resuelve con el consumismo desmesurado, as&iacute; como tambi&eacute;n en el rechazo de la violencia y la defensa de la paz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY algo m&aacute;s: en este sentido, la esperanza debe siempre mirar al mundo con los ojos de los pobres y desde la situaci&oacute;n de los pobres. Ella es pobre como el grano de trigo que muere (cf. Jn 12,24), pero tiene la fuerza de diseminar los planes de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa riqueza autosuficiente con frecuencia priva a la mente humana de la capacidad de ver, sea la realidad del desierto sea los oasis ah&iacute; escondidos. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPropone respuestas de manual y repite certezas de talkshows; balbucea la proyecci&oacute;n de s&iacute; misma, vac&iacute;a, sin acercarse m&iacute;nimamente a la realidad. Estoy seguro que en este dif&iacute;cil y<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tconfuso pero provisorio momento que vivimos, las soluciones para los problemas complejos que nos desaf&iacute;an nacen de la sencillez cristiana que se esconde a los poderosos y se muestra a los humildes: la limpieza de la fe en el Resucitado, el calor de la comuni&oacute;n con &Eacute;l, la fraternidad, la generosidad y la solidaridad concreta que tambi&eacute;n brota de la amistad con &Eacute;l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTodo esto lo quisiera resumir en una frase que les dejo como s&iacute;ntesis y recuerdo de este encuentro: Si queremos servir desde el CELAM, a nuestra Am&eacute;rica Latina, lo tenemos que hacer con pasi&oacute;n. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHoy hace falta pasi&oacute;n. Poner el coraz&oacute;n en todo lo que hagamos, pasi&oacute;n de joven enamorado y de anciano sabio, pasi&oacute;n que transforma las ideas en utop&iacute;as viables, pasi&oacute;n en el trabajo de nuestras manos, pasi&oacute;n que nos convierte en continuos peregrinos en nuestras Iglesias como &mdash;perm&iacute;tanme recordarlo&mdash; santo Toribio de Mogrovejo, que no se instal&oacute; en su sede: de 24 a&ntilde;os de episcopado, 18 los pas&oacute; entre los pueblos de su di&oacute;cesis. Hermanos, por favor, les<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tpido pasi&oacute;n, pasi&oacute;n evangelizadora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA ustedes, hermanos obispos del CELAM, a las Iglesias locales que representan y al entero pueblo de Am&eacute;rica Latina y del Caribe, los conf&iacute;o a la protecci&oacute;n de la Virgen, invocada con los nombres de Guadalupe y Aparecida, con la serena certeza de que Dios, que ha hablado a este continente con el rostro mestizo y moreno de su Madre, no dejar&aacute; de hacer resplandecer su benigna luz en la vida de todos. Gracias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>BOGOT\u00c1, 07 Sep. 17 (ACI).- El Papa Francisco sostuvo un encuentro con 62 miembros del Comit&eacute; Directivo del CELAM en la Nunciatura Apost&oacute;lica en la capital colombiana, ante quienes pronunci&oacute; un extenso discurso en el que reflexion&oacute; sobre diversos desaf&iacute;os como la burocratizaci&oacute;n y el aburguesamiento en las estructuras eclesiales. El Santo Padre los alent&oacute; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-y-discurso-del-papa-a-los-obispos-del-comite-directivo-del-celam\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTEXTO y Discurso del Papa a los obispos del Comit\u00e9 Directivo del CELAM\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-18181","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18181","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18181"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18181\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18181"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18181"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18181"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}