{"id":18243,"date":"2017-09-09T07:40:05","date_gmt":"2017-09-09T12:40:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/radio-vaticano-en-espanol-para-guinea-ecuatorial-y-africa-47\/"},"modified":"2017-09-09T07:40:05","modified_gmt":"2017-09-09T12:40:05","slug":"radio-vaticano-en-espanol-para-guinea-ecuatorial-y-africa-47","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/radio-vaticano-en-espanol-para-guinea-ecuatorial-y-africa-47\/","title":{"rendered":"Radio Vaticano en espa\u00f1ol para Guinea Ecuatorial y \u00c1frica"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/09\/08\/RV28048_Thumbnail.jpg' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p><strong>Gran Encuentro de oraci&oacute;n por la Reconciliaci&oacute;n Nacional<\/strong><\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_11492985\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00595062.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>(RV).- &ldquo;Queridos colombianos: No tengan temor a pedir y a ofrecer el perd&oacute;n. No se resistan a la reconciliaci&oacute;n para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades. Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias&rdquo;, lo dijo el Papa Francisco a los participantes en el Gran Encuentro de oraci&oacute;n por la <a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/news\/2017\/09\/07\/viaje_apost%C3%B3lico-colombia-misa_papa-\/1335269\">Reconciliaci&oacute;n Nacional<\/a>, congregados la tarde del viernes 8 de septiembre, en el parque Las Malocas de Villavicencio, Colombia.<\/p>\n<p>En su discurso, el Santo Padre resalt&oacute; que, <a target=\"_blank\" rel=\"nofollow\" href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/news\/2017\/09\/08\/reconciliarse_en_dios,_con_los_colombianos_y_con_la_creaci%C3%B3n\/1335495\">desde el primer d&iacute;a ha deseado que llegara este encuentro<\/a>. &ldquo;Ustedes llevan en su coraz&oacute;n y en su carne &ndash; afirm&oacute; el Pont&iacute;fice &ndash; las huellas de la historia viva y reciente de su pueblo, marcada por eventos tr&aacute;gicos pero tambi&eacute;n llena de gestos heroicos, de gran humanidad y de alto valor espiritual de fe y esperanza&rdquo;. Vengo aqu&iacute;, puntualiz&oacute; el Papa, con respeto y con una conciencia clara de estar, como Mois&eacute;s, pisando un terreno sagrado. Ya que esta tierra, dijo, es &ldquo;una tierra regada con la sangre de miles de v&iacute;ctimas inocentes y el dolor desgarrador de sus familiares y conocidos. Heridas que cuesta cicatrizar y que nos duelen a todos &ndash; subray&oacute; el Santo Padre &ndash; porque cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la humanidad; cada muerte violenta nos disminuye como personas&rdquo;.<\/p>\n<p>Estoy aqu&iacute;, puntualiz&oacute; el Papa Francisco para estar cerca de ustedes y mirarlos a los ojos, para escucharlos y abrir mi coraz&oacute;n a su testimonio de vida y de fe. Y si me lo permiten, dijo el Papa, desear&iacute;a tambi&eacute;n abrazarlos y llorar con ustedes, quisiera que recemos juntos y que nos perdonemos y que as&iacute;, todos juntos, podamos mirar y caminar hacia delante con fe y esperanza. Con estos sentimientos, el Papa y la asamblea se reunieron a los pies del Crucificado de Bojay&aacute;. &ldquo;Esta imagen &ndash; afirm&oacute; el Pont&iacute;fice &ndash; tiene un fuerte valor simb&oacute;lico y espiritual. Al mirarla contemplamos no s&oacute;lo lo que ocurri&oacute; aquel d&iacute;a, sino tambi&eacute;n tanto dolor, tanta muerte, tantas vidas rotas y tanta sangre derramada en la Colombia de los &uacute;ltimos decenios&rdquo;. Porque ver a Cristo as&iacute;, dijo el Papa, mutilado y herido, nos interpela. Ya no tiene brazos y su cuerpo ya no est&aacute;, pero conserva su rostro y con &eacute;l nos mira y nos ama. Cristo roto y amputado, para nosotros es &laquo;m&aacute;s Cristo&raquo; a&uacute;n, porque nos muestra una vez m&aacute;s que &Eacute;l vino para sufrir por su pueblo y con su pueblo; y para ense&ntilde;arnos tambi&eacute;n que el odio no tiene la &uacute;ltima palabra, que el amor es m&aacute;s fuerte que la muerte y la violencia.<\/p>\n<p>&ldquo;Agradezco a estos hermanos nuestros que han querido compartir su testimonio en nombre de tantos otros &ndash; subray&oacute; el Santo Padre &ndash; cu&aacute;nto bien nos hace escuchar sus historias. Son historias de sufrimiento y amargura, pero tambi&eacute;n y, sobre todo, son historias de amor y perd&oacute;n que nos hablan de vida y esperanza; de no dejar que el odio, la venganza o el dolor se apoderen de nuestro coraz&oacute;n&rdquo;. Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco se dirigi&oacute; al pueblo colombiano como hermano y como padre, y les dijo: &ldquo;Colombia, abre tu coraz&oacute;n de pueblo de Dios y d&eacute;jate reconciliar. No temas a la verdad ni a la justicia. Queridos colombianos &ndash; agreg&oacute; el Obispo de Roma &ndash; no tengan temor a pedir y a ofrecer el perd&oacute;n. No se resistan a la reconciliaci&oacute;n para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades. Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios, renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creaci&oacute;n de una verdadera cultura del encuentro fraterno&rdquo;.<\/p>\n<p>(Renato Martinez &ndash; Radio Vaticano)<\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Texto y audio completo del discurso del Papa Francisco:<\/strong><\/p>\n<p><strong><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_11499732\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00595082.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/strong><\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas:<\/p>\n<p>Desde el primer d&iacute;a he deseado que llegara este momento de nuestro encuentro. Ustedes llevan en su coraz&oacute;n y en su carne las huellas de la historia viva y reciente de su pueblo, marcada por eventos tr&aacute;gicos pero tambi&eacute;n llena de gestos heroicos, de gran humanidad y de alto valor espiritual de fe y esperanza. Vengo aqu&iacute; con respeto y con una conciencia clara de estar, como Mois&eacute;s, pisando un terreno sagrado (cf. Ex 3,5). Una tierra regada con la sangre de miles de v&iacute;ctimas inocentes y el dolor desgarrador de sus familiares y conocidos. Heridas que cuesta cicatrizar y que nos duelen a todos, porque cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la humanidad; cada muerte violenta nos disminuye como personas.<\/p>\n<p>Y estoy aqu&iacute; no tanto para hablar yo sino para estar cerca de ustedes y mirarlos a los ojos, para escucharlos y abrir mi coraz&oacute;n a vuestro testimonio de vida y de fe. Y si me lo permiten, desear&iacute;a tambi&eacute;n abrazarlos y llorar con ustedes, quisiera que recemos juntos y que nos perdonemos \u2015yo tambi&eacute;n tengo que pedir perd&oacute;n\u2015 y que as&iacute;, todos juntos, podamos mirar y caminar hacia delante con fe y esperanza.<\/p>\n<p>Nos reunimos a los pies del Crucificado de Bojay&aacute;, que el 2 de mayo de 2002 presenci&oacute; y sufri&oacute; la masacre de decenas de personas refugiadas en su iglesia. Esta imagen tiene un fuerte valor simb&oacute;lico y espiritual. Al mirarla contemplamos no s&oacute;lo lo que ocurri&oacute; aquel d&iacute;a, sino tambi&eacute;n tanto dolor, tanta muerte, tantas vidas rotas y tanta sangre derramada en la Colombia de los &uacute;ltimos decenios. Ver a Cristo as&iacute;, mutilado y herido, nos interpela. Ya no tiene brazos y su cuerpo ya no est&aacute;, pero conserva su rostro y con &eacute;l nos mira y nos ama. Cristo roto y amputado, para nosotros es &laquo;m&aacute;s Cristo&raquo; a&uacute;n, porque nos muestra una vez m&aacute;s que &Eacute;l vino para sufrir por su pueblo y con su pueblo; y para ense&ntilde;arnos tambi&eacute;n que el odio no tiene la &uacute;ltima palabra, que el amor es m&aacute;s fuerte que la muerte y la violencia. Nos ense&ntilde;a a transformar el dolor en fuente de vida y resurrecci&oacute;n, para que junto a &Eacute;l y con &Eacute;l aprendamos la fuerza del perd&oacute;n, la grandeza del amor.<\/p>\n<p>Agradezco a estos hermanos nuestros que han querido compartir su testimonio, en nombre de tantos otros. &iexcl;Cu&aacute;nto bien nos hace escuchar sus historias! Estoy conmovido. Son historias de sufrimiento y amargura, pero tambi&eacute;n y, sobre todo, son historias de amor y perd&oacute;n que nos hablan de vida y esperanza; de no dejar que el odio, la venganza o el dolor se apoderen de nuestro coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>El or&aacute;culo final del Salmo 85: &laquo;El amor y la verdad se encontrar&aacute;n, la justicia y la paz se abrazar&aacute;n&raquo; (v.11), es posterior a la acci&oacute;n de gracias y a la s&uacute;plica donde se le pide a Dios: &iexcl;Rest&aacute;uranos! Gracias Se&ntilde;or por el testimonio de los que han infligido dolor y piden perd&oacute;n; los que han sufrido injustamente y perdonan. Esto s&oacute;lo es posible con tu ayuda y presencia. Eso ya es un signo enorme de que quieres restaurar la paz y la concordia en esta tierra colombiana.<\/p>\n<p>Pastora Mira, t&uacute; lo has dicho muy bien: Quieres poner todo tu dolor, y el de miles de v&iacute;ctimas, a los pies de Jes&uacute;s Crucificado, para que se una al suyo y as&iacute; sea transformado en bendici&oacute;n y capacidad de perd&oacute;n para romper el ciclo de violencia que ha imperado en Colombia. Tienes raz&oacute;n: la violencia engendra m&aacute;s violencia, el odio m&aacute;s odio, y la muerte m&aacute;s muerte. Tenemos que romper esa cadena que se presenta como ineludible, y eso s&oacute;lo es posible con el perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n. Y t&uacute;, querida Pastora, y tantos otros como t&uacute;, nos han demostrado que es posible. S&iacute;, con la ayuda de Cristo vivo en medio de la comunidad es posible vencer el odio, es posible vencer la muerte, es posible comenzar de nuevo y alumbrar una Colombia nueva. Gracias, Pastora, qu&eacute; gran bien nos haces hoy a todos con el testimonio de tu vida. Es el crucificado de Bojay&aacute; quien te ha dado esa fuerza para perdonar y para amar, y para ayudarte a ver en la camisa que tu hija Sandra Paola regal&oacute; a tu hijo Jorge An&iacute;bal, no s&oacute;lo el recuerdo de sus muertes, sino la esperanza de que la paz triunfe definitivamente en Colombia.<\/p>\n<p>Nos conmueve tambi&eacute;n lo que ha dicho Luz Dary en su testimonio: que las heridas del coraz&oacute;n son m&aacute;s profundas y dif&iacute;ciles de curar que las del cuerpo. As&iacute; es. Y lo que es m&aacute;s importante, te has dado cuenta de que no se puede vivir del rencor, de que s&oacute;lo el amor libera y construye. Y de esta manera comenzaste a sanar tambi&eacute;n las heridas de otras v&iacute;ctimas, a reconstruir su dignidad. Este salir de ti misma te ha enriquecido, te ha ayudado a mirar hacia delante, a encontrar paz y serenidad y un motivo para seguir caminando. Te agradezco la muleta que me ofreces. Aunque a&uacute;n te quedan secuelas f&iacute;sicas de tus heridas, tu andar espiritual es r&aacute;pido y firme, porque piensas en los dem&aacute;s y quieres ayudarles. Esta muleta tuya es un s&iacute;mbolo de esa otra muleta m&aacute;s importante, y que todos necesitamos, que es el amor y el perd&oacute;n. Con tu amor y tu perd&oacute;n est&aacute;s ayudando a tantas personas a caminar en la vida. Gracias.<\/p>\n<p>Deseo agradecer tambi&eacute;n el testimonio elocuente de Deisy y Juan Carlos. Nos hicieron comprender que todos, al final, de un modo u otro, tambi&eacute;n somos v&iacute;ctimas, inocentes o culpables, pero todos v&iacute;ctimas. Todos unidos en esa p&eacute;rdida de humanidad que supone la violencia y la muerte. Deisy lo ha dicho claro: comprendiste que t&uacute; misma hab&iacute;as sido una v&iacute;ctima y ten&iacute;as necesidad de que se te concediera una oportunidad. Y comenzaste a estudiar, y ahora trabajas para ayudar a las v&iacute;ctimas y para que los j&oacute;venes no caigan en las redes de la violencia y de la droga. Tambi&eacute;n hay esperanza para quien hizo el mal; no todo est&aacute; perdido. Es cierto que en esa regeneraci&oacute;n moral y espiritual del victimario la justicia tiene que cumplirse. Como ha dicho Deisy, se debe contribuir positivamente a sanar esa sociedad que ha sido lacerada por la violencia.<\/p>\n<p>Resulta dif&iacute;cil aceptar el cambio de quienes apelaron a la violencia cruel para promover sus fines, para proteger negocios il&iacute;citos y enriquecerse o para, enga&ntilde;osamente, creer estar defendiendo la vida de sus hermanos. Ciertamente es un reto para cada uno de nosotros confiar en que se pueda dar un paso adelante por parte de aquellos que infligieron sufrimiento a comunidades y a un pa&iacute;s entero. Es cierto que en este enorme campo que es Colombia todav&iacute;a hay espacio para la ciza&ntilde;a. Ustedes est&eacute;n atentos a los frutos, cuiden el trigo y no pierdan la paz por la ciza&ntilde;a. El sembrador, cuando ve despuntar la ciza&ntilde;a en medio del trigo, no tiene reacciones alarmistas. Encuentra la manera de que la Palabra se encarne en una situaci&oacute;n concreta y d&eacute; frutos de vida nueva, aunque en apariencia sean imperfectos o inacabados (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 24). Aun cuando perduren conflictos, violencia o sentimientos de venganza, no impidamos que la justicia y la misericordia se encuentren en un abrazo que asuma la historia de dolor de Colombia. Sanemos aquel dolor y acojamos a todo ser humano que cometi&oacute; delitos, los reconoce, se arrepiente y se compromete a reparar, contribuyendo a la construcci&oacute;n del orden nuevo donde brille la justicia y la paz.<\/p>\n<p>Como ha dejado entrever en su testimonio Juan Carlos, en todo este proceso, largo, dif&iacute;cil, pero esperanzador de la reconciliaci&oacute;n, resulta indispensable tambi&eacute;n asumir la verdad. Es un desaf&iacute;o grande pero necesario. La verdad es una compa&ntilde;era inseparable de la justicia y de la misericordia. Juntas son esenciales para construir la paz y, por otra parte, cada una de ellas impide que las otras sean alteradas y se transformen en instrumentos de venganza sobre quien es m&aacute;s d&eacute;bil. La verdad no debe, de hecho, conducir a la venganza, sino m&aacute;s bien a la reconciliaci&oacute;n y al perd&oacute;n. Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos. Verdad es confesar qu&eacute; pas&oacute; con los menores de edad reclutados por los actores violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres v&iacute;ctimas de violencia y de abusos.<\/p>\n<p>Quisiera, finalmente, como hermano y como padre, decir: Colombia, abre tu coraz&oacute;n de pueblo de Dios y d&eacute;jate reconciliar. No temas a la verdad ni a la justicia. Queridos colombianos: No tengan temor a pedir y a ofrecer el perd&oacute;n. No se resistan a la reconciliaci&oacute;n para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades. Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios, renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creaci&oacute;n de una verdadera cultura del encuentro fraterno. Que podamos habitar en armon&iacute;a y fraternidad, como desea el Se&ntilde;or. Pidamos ser constructores de paz, que all&aacute; donde haya odio y resentimiento, pongamos amor y misericordia (cf. Oraci&oacute;n atribuida a san Francisco de As&iacute;s).<\/p>\n<p>Deseo poner todas estas intenciones ante la imagen del crucificado, el Cristo negro de Bojay&aacute;:<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Oh Cristo negro de Bojay&aacute;,<\/p>\n<p>que nos recuerdas tu pasi&oacute;n y muerte;<\/p>\n<p>junto con tus brazos y pies<\/p>\n<p>te han arrancado a tus hijos<\/p>\n<p>que buscaron refugio en ti.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Oh Cristo negro de Bojay&aacute;,<\/p>\n<p>que nos miras con ternura<\/p>\n<p>y en tu rostro hay serenidad;<\/p>\n<p>palpita tambi&eacute;n tu coraz&oacute;n<\/p>\n<p>para acogernos en tu amor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Oh Cristo negro de Bojay&aacute;,<\/p>\n<p>haz que nos comprometamos<\/p>\n<p>a restaurar tu cuerpo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Que seamos tus pies para salir al encuentro<\/p>\n<p>del hermano necesitado;<\/p>\n<p>tus brazos para abrazar<\/p>\n<p>al que ha perdido su dignidad;<\/p>\n<p>tus manos para bendecir y consolar<\/p>\n<p>al que llora en soledad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Haz que seamos testigos<\/p>\n<p>de tu amor y de tu infinita misericordia.&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gran Encuentro de oraci&oacute;n por la Reconciliaci&oacute;n Nacional (RV).- &ldquo;Queridos colombianos: No tengan temor a pedir y a ofrecer el perd&oacute;n. 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