{"id":18290,"date":"2017-09-10T09:40:04","date_gmt":"2017-09-10T14:40:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/gracias-papa-francisco-testimonios-del-pueblo-de-colombia\/"},"modified":"2017-09-10T09:40:04","modified_gmt":"2017-09-10T14:40:04","slug":"gracias-papa-francisco-testimonios-del-pueblo-de-colombia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/gracias-papa-francisco-testimonios-del-pueblo-de-colombia\/","title":{"rendered":"\u00a1Gracias Papa Francisco! Testimonios del pueblo de Colombia"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/09\/09\/RV28114_Thumbnail.jpg' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_11503580\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00595179.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>(RV).- &ldquo;El Se&ntilde;or ha puesto su mirada sobre Colombia: ustedes son signo de ese amor de predilecci&oacute;n. Nos toca ofrecer todo nuestro amor y servicio unidos a Jesucristo, nuestra vid. Y ser promesa de un nuevo inicio para Colombia, que deja atr&aacute;s diluvios de desencuentro y violencia, que quiere dar muchos frutos de justicia y paz, de encuentro y solidaridad.&rdquo;, lo dijo el Papa Francisco en el Encuentro con sacerdotes, religiosos y religiosas, consagrados y consagradas, seminaristas y sus familias congregados el segundo s&aacute;bado de septiembre, en el Centro de eventos La Macarena de Medell&iacute;n, en el marco de su 20&deg; Viaje Apost&oacute;lico a Colombia.<\/p>\n<p>Comentando un pasaje del Evangelio de San Juan que fue proclamado en la celebraci&oacute;n, el Santo Padre dijo que, la alegor&iacute;a de la vid verdadera se da en el contexto de la &uacute;ltima cena de Jes&uacute;s. &ldquo;En ese ambiente de intimidad, de cierta tensi&oacute;n pero cargada de amor &ndash; afirm&oacute; el Pont&iacute;fice &ndash; el Se&ntilde;or lav&oacute; los pies de los suyos, quiso perpetuar su memoria en el pan y el vino, y tambi&eacute;n les habl&oacute; a los que m&aacute;s quer&iacute;a desde lo hondo de su coraz&oacute;n&rdquo;. En esa primera noche &laquo;eucar&iacute;stica&raquo;, en esa primera ca&iacute;da del sol despu&eacute;s del gesto de servicio, agreg&oacute; el Papa, Jes&uacute;s abre su coraz&oacute;n y les entrega su testamento.<\/p>\n<p>Agradeciendo a los consagrados que dieron sus testimonios, y citando el numeral 29 del documento de Aparecida, el Papa Francisco dijo que, la propia historia vocacional inicia con la experiencia de Jes&uacute;s que sale a nuestro encuentro, que nos primerea y que de ese modo nos ha captado el coraz&oacute;n. &laquo;Conocer a Jes&uacute;s es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo&raquo;.<\/p>\n<p>Muchos de ustedes, j&oacute;venes, alent&oacute; el Obispo de Roma, habr&aacute;n descubierto este Jes&uacute;s vivo en sus comunidades; comunidades de un fervor apost&oacute;lico contagioso, que entusiasman y suscitan atracci&oacute;n. Porque, &ldquo;los j&oacute;venes &ndash; precis&oacute; el Pont&iacute;fice &ndash; son naturalmente inquietos y, si bien asistimos a una crisis del compromiso y de los lazos comunitarios, son muchos los j&oacute;venes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado&rdquo;. Esa es la vid a la que se refiere Jes&uacute;s en el texto que hemos proclamado, puntualiz&oacute; el Papa, la vid que es el &laquo;pueblo de la alianza&raquo;. Y esta vid &mdash;que es la de Jes&uacute;s&mdash; tiene el atributo de ser la verdadera.<\/p>\n<p>Continuando con la explicaci&oacute;n de la alegor&iacute;a de la vid del Evangelio de San Juan, el Santo Padre dijo que, Dios no s&oacute;lo corta, sino tambi&eacute;n Dios limpia la vid de imperfecciones. Tenemos en Colombia ejemplos de que esto es posible, afirm&oacute; el Pont&iacute;fice, pensemos en santa Laura Montoya, una religiosa admirable cuyas reliquias tenemos con nosotros y que desde esta ciudad se prodig&oacute; en una gran obra misionera en favor de los ind&iacute;genas de todo el pa&iacute;s. Solo aquel que descubre la buena noticia es capaz de esto dijo el Papa, y la buena noticia es que &Eacute;l &ndash; Jes&uacute;s &ndash; est&aacute; dispuesto a limpiarnos, que no estamos terminados, que como buenos disc&iacute;pulos estamos en camino. Adem&aacute;s, Jes&uacute;s nos invita a permanecer en &Eacute;l agreg&oacute; el Papa Francisco, y permanecer no significa solamente estar, sino que indica mantener una relaci&oacute;n vital, existencial, de absoluta necesidad; es vivir y crecer en uni&oacute;n &iacute;ntima y fecunda con Jes&uacute;s, fuente de vida eterna. Y s&oacute;lo se puede permanecer en Jes&uacute;s: tocando la humanidad de Cristo, contemplando su divinidad, para vivir en la alegr&iacute;a.<\/p>\n<p>(Renato Martinez &ndash; Radio Vaticano)<\/p>\n<\/p>\n<p><strong>Voz y texto completo del discurso del Papa Francisco<\/strong><\/p>\n<p><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_11511831\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00595225.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/p>\n<p>Estimados hermanos obispos,<\/p>\n<p>Queridos sacerdotes, consagrados, consagradas, seminaristas,<\/p>\n<p>Queridas familias, &iexcl;queridos &laquo;paisas&raquo;!<\/p>\n<p>La alegor&iacute;a de la vid verdadera que acabamos de escuchar del Evangelio de Juan se da en el contexto de la &uacute;ltima cena de Jes&uacute;s. En ese ambiente de intimidad, de cierta tensi&oacute;n pero cargada de amor, el Se&ntilde;or lav&oacute; los pies de los suyos, quiso perpetuar su memoria en el pan y el vino, y tambi&eacute;n les habl&oacute; a los que m&aacute;s quer&iacute;a desde lo hondo de su coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>En esa primera noche &laquo;eucar&iacute;stica&raquo;, en esa primera ca&iacute;da del sol despu&eacute;s del gesto de servicio, Jes&uacute;s abre su coraz&oacute;n; les entrega su testamento. Y as&iacute; como en aquel cen&aacute;culo se siguieron reuniendo posteriormente los Ap&oacute;stoles, algunas mujeres y Mar&iacute;a, la Madre de Jes&uacute;s (cf. Hch 1,13-14), hoy tambi&eacute;n ac&aacute; en este espacio nos hemos reunido nosotros a escucharlo, a escucharnos. La hermana Leidy de San Jos&eacute;, Mar&iacute;a Isabel y el padre Juan Felipe nos han dado su testimonio. Tambi&eacute;n cada uno de los que estamos aqu&iacute; podr&iacute;amos narrar la propia historia vocacional. Todos coincidir&iacute;an en la experiencia de Jes&uacute;s que sale a nuestro encuentro, que nos primerea y que de ese modo nos ha captado el coraz&oacute;n. Como dice el Documento de Aparecida: &laquo;Conocer a Jes&uacute;s es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo&raquo; (n. 29).<\/p>\n<p>Muchos de ustedes, j&oacute;venes, habr&aacute;n descubierto este Jes&uacute;s vivo en sus comunidades; comunidades de un fervor apost&oacute;lico contagioso, que entusiasman y suscitan atracci&oacute;n. Donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los dem&aacute;s, surgen vocaciones genuinas; la vida fraterna y fervorosa de la comunidad es la que despierta el deseo de consagrarse enteramente a Dios y a la evangelizaci&oacute;n (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 107). Los j&oacute;venes son naturalmente inquietos y, si bien asistimos a una crisis del compromiso y de los lazos comunitarios, son muchos los j&oacute;venes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado. Cuando lo hacen captados por Jes&uacute;s, sinti&eacute;ndose parte de la comunidad, se convierten en &laquo;callejeros de la fe&raquo;, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rinc&oacute;n de la tierra (cf. ib&iacute;d., 107).<\/p>\n<p>Esa es la vid a la que se refiere Jes&uacute;s en el texto que hemos proclamado: la vid que es el &laquo;pueblo de la alianza&raquo;. Profetas como Jerem&iacute;as, Isa&iacute;as o Ezequiel se refieren a &eacute;l como una vid, hasta un salmo, el 80, canta diciendo: &laquo;T&uacute; sacaste de Egipto una vid&#8230; le preparaste terreno, ech&oacute; ra&iacute;ces y llen&oacute; toda la regi&oacute;n&raquo; (vv.9-10). A veces expresan el gozo de Dios ante su vid, otras su enojo, desconcierto y despecho; jam&aacute;s se desentiende de ella, nunca deja de padecer sus distancias, de salir al encuentro de este pueblo que, cuando se aleja de &Eacute;l se seca, arde y se destruye.<\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo es la tierra, el sustento, el soporte donde crece esta vid en Colombia? &iquest;En qu&eacute; contextos se generan los frutos de las vocaciones de especial consagraci&oacute;n? Seguramente en ambientes llenos de contradicciones, de claroscuros, de situaciones vinculares complejas. Nos gustar&iacute;a contar con un mundo, con familias y v&iacute;nculos m&aacute;s llanos, pero somos parte de esta crisis cultural, y en medio de ella, contando con ella, Dios sigue llamando. Ser&iacute;a casi evasivo pensar que todos ustedes han escuchado el llamado de Dios en medio de familias sostenidas por un amor fuerte y lleno de valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad o la paciencia (cf. Exhort. ap. Amoris laetitia, 5). Algunas, quiera Dios que muchas, ser&aacute;n as&iacute;. Pero tener los pies sobre la tierra es reconocer que nuestros procesos vocacionales, el despertar del llamado de Dios, nos encuentra m&aacute;s cerca de aquello que ya relata la Palabra de Dios y del que tanto sabe Colombia: &laquo;Un sendero de sufrimiento y de sangre [&hellip;] la violencia fratricida de Ca&iacute;n sobre Abel y los distintos litigios entre los hijos y entre las esposas de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, llegando luego a las tragedias que llenan de sangre a la familia de David, hasta las m&uacute;ltiples dificultades familiares que surcan la narraci&oacute;n de Tob&iacute;as o la amarga confesi&oacute;n de Job abandonado&raquo; (ib&iacute;d., 20). Desde el comienzo ha sido as&iacute;: Dios manifiesta su cercan&iacute;a y su elecci&oacute;n; &Eacute;l cambia el curso de los acontecimientos al llamar a hombres y mujeres en la fragilidad de la historia personal y comunitaria. No tengamos miedo, en esa tierra compleja Dios siempre ha hecho el milagro de generar buenos racimos, como las arepas al desayuno. &iexcl;Que no falten vocaciones en ninguna comunidad, en ninguna familia de Medell&iacute;n!<\/p>\n<p>Y esta vid &mdash;que es la de Jes&uacute;s&mdash; tiene el atributo de ser la verdadera. &Eacute;l ya utiliz&oacute; este t&eacute;rmino en otras ocasiones en el Evangelio de Juan: la luz verdadera, el verdadero pan del cielo, o el testimonio verdadero. Ahora, la verdad no es algo que recibimos &mdash;como el pan o la luz&mdash; sino que brota desde adentro. Somos pueblo elegido para la verdad, y nuestro llamado tiene que ser en la verdad. No puede haber lugar, si somos sarmientos de esta vid, si nuestra vocaci&oacute;n est&aacute; injertada en Jes&uacute;s, para el enga&ntilde;o, la doblez, las opciones mezquinas. Todos tenemos que estar atentos para que cada sarmiento sirva para lo que fue pensado: dar frutos. Desde los comienzos, a quienes les toca acompa&ntilde;ar los procesos vocacionales, tendr&aacute;n que motivar la recta intenci&oacute;n, un deseo aut&eacute;ntico de configurarse con Jes&uacute;s, el pastor, el amigo, el esposo. Cuando los procesos no son alimentados por esta savia verdadera que es el Esp&iacute;ritu de Jes&uacute;s, entonces hacemos experiencia de la sequedad y Dios descubre con tristeza aquellos tallos ya muertos. Las vocaciones de especial consagraci&oacute;n mueren cuando se quieren nutrir de honores, cuando est&aacute;n impulsadas por la b&uacute;squeda de una tranquilidad personal y de promoci&oacute;n social, cuando la motivaci&oacute;n es &laquo;subir de categor&iacute;a&raquo;, apegarse a intereses materiales, que llega incluso a la torpeza del af&aacute;n de lucro. Como he dicho ya en otras ocasiones, el diablo entra por el bolsillo. Esto no es privativo de los comienzos, todos nosotros tenemos que estar atentos porque la corrupci&oacute;n en los hombres y mujeres que est&aacute;n en la Iglesia empieza as&iacute;, poco a poco, luego &mdash;nos lo dice Jes&uacute;s mismo&mdash; se enra&iacute;za en el coraz&oacute;n y acaba desalojando a Dios de la propia vida. &laquo;No se puede servir a Dios y al dinero&raquo; (Mt 6,21.24), no podemos aprovecharnos de nuestra condici&oacute;n religiosa y de la bondad de nuestro pueblo para ser servidos y obtener beneficios materiales.<\/p>\n<p>Hay situaciones, estilos y opciones que muestran los signos de sequedad y de muerte: &iexcl;No pueden seguir entorpeciendo el fluir de la savia que alimenta y da vida! El veneno de la mentira, el ocultamiento, la manipulaci&oacute;n y el abuso al Pueblo de Dios, a los fr&aacute;giles y especialmente a los ancianos y ni&ntilde;os no pueden tener cabida en nuestra comunidad; son ramas que decidieron secarse y que Dios nos manda cortar.<\/p>\n<p>Pero Dios no s&oacute;lo corta; la alegor&iacute;a contin&uacute;a diciendo que Dios limpia la vid de imperfecciones. La promesa es que daremos fruto, y en abundancia, como el grano de trigo, si somos capaces de entregarnos, de donar la vida libremente. Tenemos en Colombia ejemplos de que esto es posible. Pensemos en santa Laura Montoya, una religiosa admirable cuyas reliquias tenemos con nosotros y que desde esta ciudad se prodig&oacute; en una gran obra misionera en favor de los ind&iacute;genas de todo el pa&iacute;s. &iexcl;Cu&aacute;nto nos ense&ntilde;a la mujer consagrada de entrega silenciosa, abnegada, sin mayor inter&eacute;s que expresar el rostro maternal de Dios! As&iacute; mismo, podemos recordar al beato Mariano de Jes&uacute;s Euse Hoyos, uno de los primeros alumnos del Seminario de Medell&iacute;n, y a otros sacerdotes y religiosas de Colombia, cuyos procesos de canonizaci&oacute;n han sido introducidos; como tambi&eacute;n otros tantos, miles de colombianos an&oacute;nimos que, en la sencillez de su vida cotidiana, han sabido entregarse por el Evangelio y que ustedes llevar&aacute;n en su memoria y ser&aacute;n est&iacute;mulo en su entrega. Todos nos muestran que es posible seguir fielmente la llamada del Se&ntilde;or, que es posible dar mucho fruto.<\/p>\n<p>La buena noticia es que &Eacute;l est&aacute; dispuesto a limpiarnos, que no estamos terminados, que como buenos disc&iacute;pulos estamos en camino. &iquest;C&oacute;mo va cortando Jes&uacute;s los factores de muerte que anidan en nuestra vida y distorsionan el llamado? Invit&aacute;ndonos a permanecer en &Eacute;l; permanecer no significa solamente estar, sino que indica mantener una relaci&oacute;n vital, existencial, de absoluta necesidad; es vivir y crecer en uni&oacute;n &iacute;ntima y fecunda con Jes&uacute;s, fuente de vida eterna. Permanecer en Jes&uacute;s no puede ser una actitud meramente pasiva o un simple abandono sin consecuencias en la vida cotidiana y concreta. Perm&iacute;tanme proponerles tres modos de hacer efectivo este permanecer:<\/p>\n<p><strong>Permanecemos tocando la humanidad de Cristo:<\/strong><\/p>\n<p>Con la mirada y los sentimientos de Jes&uacute;s, que contempla la realidad no como juez, sino como buen samaritano; que reconoce los valores del pueblo con el que camina, as&iacute; como sus heridas y pecados; que descubre el sufrimiento callado y se conmueve ante las necesidades de las personas, sobre todo cuando estas se ven avasalladas por la injusticia, la pobreza indigna, la indiferencia, o por la perversa acci&oacute;n de la corrupci&oacute;n y la violencia.<\/p>\n<p>Con los gestos y palabras de Jes&uacute;s, que expresan amor a los cercanos y b&uacute;squeda de los alejados; ternura y firmeza en la denuncia del pecado y el anuncio del Evangelio; alegr&iacute;a y generosidad en la entrega y el servicio, sobre todo a los m&aacute;s peque&ntilde;os, rechazando con fuerza la tentaci&oacute;n de dar todo por perdido, de acomodarnos o de volvernos s&oacute;lo administradores de desgracias.<\/p>\n<p><strong>Permanecemos contemplando su divinidad:<\/strong><\/p>\n<p>Despertando y sosteniendo la admiraci&oacute;n por el estudio que acrecienta el conocimiento de Cristo porque, como recuerda san Agust&iacute;n, no se puede amar a quien no se conoce (cf. La Trinidad, Libro X, cap. I, 3).<\/p>\n<p>Privilegiando para ese conocimiento el encuentro con la Sagrada Escritura, especialmente el Evangelio, donde Cristo nos habla, nos revela su amor incondicional al Padre, nos contagia la alegr&iacute;a que brota de la obediencia a su voluntad y del servicio a los hermanos. Quien no conoce las Escrituras, no conoce a Jes&uacute;s. Quien no ama las Escrituras, no ama a Jes&uacute;s (cf. San Jer&oacute;nimo, Pr&oacute;logo al comentario del profeta Isa&iacute;as: PL 24,17). &iexcl;Gastemos tiempo en una lectura orante de la Palabra! En auscultar en ella qu&eacute; quiere Dios para nosotros y nuestro pueblo.<\/p>\n<p>Que todo nuestro estudio nos ayude a ser capaces de interpretar la realidad con los ojos de Dios, que no sea un estudio evasivo de los aconteceres de nuestro pueblo, que tampoco vaya al vaiv&eacute;n de modas o ideolog&iacute;as. Que no viva de a&ntilde;oranzas ni quiera encorsetar el misterio, que no quiera responder a preguntas que ya nadie se hace y dejar en el vac&iacute;o existencial a aquellos que nos cuestionan desde las coordenadas de sus mundos y sus culturas.<\/p>\n<p>Permanecer y contemplar su divinidad haciendo de la oraci&oacute;n parte fundamental de nuestra vida y de nuestro servicio apost&oacute;lico. La oraci&oacute;n nos libera del lastre de la mundanidad, nos ense&ntilde;a a vivir de manera gozosa, a elegir alej&aacute;ndonos de lo superficial, en un ejercicio de aut&eacute;ntica libertad. Nos saca de estar centrados en nosotros mismos, escondidos en una experiencia religiosa vac&iacute;a y nos lleva a ponernos con docilidad en las manos de Dios para realizar su voluntad y hacer eficaz su proyecto de salvaci&oacute;n. Y en la oraci&oacute;n, adorar. Aprender a adorar en silencio.<\/p>\n<p>Seamos hombres y mujeres reconciliados para reconciliar. Haber sido llamados no nos da un certificado de buena conducta e impecabilidad; no estamos revestidos de una aureola de santidad. Todos somos pecadores y necesitamos del perd&oacute;n y la misericordia de Dios para levantarnos cada d&iacute;a; &Eacute;l arranca lo que no est&aacute; bien y hemos hecho mal, lo echa fuera de la vi&ntilde;a y lo quema. Nos deja limpios para poder dar fruto. As&iacute; es la fidelidad misericordiosa de Dios para con su pueblo, del que somos parte. &Eacute;l nunca nos dejar&aacute; tirados al costado del camino. Dios hace de todo para evitar que el pecado nos venza y cierre las puertas de nuestra vida a un futuro de esperanza y de gozo.<\/p>\n<p><strong>Finalmente, hay que permanecer en Cristo para vivir en la alegr&iacute;a:<\/strong><\/p>\n<p>Si permanecemos en &Eacute;l, su alegr&iacute;a estar&aacute; en nosotros. No seremos disc&iacute;pulos tristes y ap&oacute;stoles amargados. Al contrario, reflejaremos y portaremos la alegr&iacute;a verdadera, el gozo pleno que nadie nos podr&aacute; quitar, difundiremos la esperanza de vida nueva que Cristo nos ha tra&iacute;do. El llamado de Dios no es una carga pesada que nos roba la alegr&iacute;a. Dios no nos quiere sumidos en la tristeza y el cansancio que vienen de las actividades mal vividas, sin una espiritualidad que haga feliz nuestra vida y aun nuestras fatigas. Nuestra alegr&iacute;a contagiosa tiene que ser el primer testimonio de la cercan&iacute;a y del amor de Dios. Somos verdaderos dispensadores de la gracia de Dios cuando trasparentamos la alegr&iacute;a del encuentro con &Eacute;l.<\/p>\n<p>En el G&eacute;nesis, despu&eacute;s del diluvio, No&eacute; planta una vid como signo del nuevo comienzo; finalizando el &Eacute;xodo, los que Mois&eacute;s envi&oacute; a inspeccionar la tierra prometida, volvieron con un racimo de uvas, signo de esa tierra que manaba leche y miel. Dios se ha fijado en nosotros, en nuestras comunidades y familias. El Se&ntilde;or ha puesto su mirada sobre Colombia: ustedes son signo de ese amor de predilecci&oacute;n. Nos toca ofrecer todo nuestro amor y servicio unidos a Jesucristo, nuestra vid. Y ser promesa de un nuevo inicio para Colombia, que deja atr&aacute;s diluvios de desencuentro y violencia, que quiere dar muchos frutos de justicia y paz, de encuentro y solidaridad. Que Dios los bendiga; que Dios bendiga la vida consagrada en Colombia. Y no se olviden de rezar por m&iacute;.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- &ldquo;El Se&ntilde;or ha puesto su mirada sobre Colombia: ustedes son signo de ese amor de predilecci&oacute;n. Nos toca ofrecer todo nuestro amor y servicio unidos a Jesucristo, nuestra vid. Y ser promesa de un nuevo inicio para Colombia, que deja atr&aacute;s diluvios de desencuentro y violencia, que quiere dar muchos frutos de justicia y &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/gracias-papa-francisco-testimonios-del-pueblo-de-colombia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00a1Gracias Papa Francisco! 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