{"id":18332,"date":"2017-09-11T04:40:05","date_gmt":"2017-09-11T09:40:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/el-papa-al-concluir-su-viaje-colombia-tu-hermano-te-necesita-ve-a-su-encuentro-llevando-el-abrazo-de-paz\/"},"modified":"2017-09-11T04:40:05","modified_gmt":"2017-09-11T09:40:05","slug":"el-papa-al-concluir-su-viaje-colombia-tu-hermano-te-necesita-ve-a-su-encuentro-llevando-el-abrazo-de-paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/el-papa-al-concluir-su-viaje-colombia-tu-hermano-te-necesita-ve-a-su-encuentro-llevando-el-abrazo-de-paz\/","title":{"rendered":"El Papa al concluir su Viaje: \u201cColombia, tu hermano te necesita, ve a su encuentro llevando el abrazo de paz\u201d"},"content":{"rendered":"<p> <img src='http:\/\/media02.radiovaticana.va\/photo\/2017\/09\/11\/REUTERS2363396_Thumbnail.JPG' alt='' align='left' hspace='5'> <\/p>\n<p>(RV).- El Papa Francisco celebr&oacute; &eacute;ste Domingo, 10 de Septiembre previo a su regreso a Roma ma&ntilde;ana lunes, la &uacute;ltima misa de &eacute;ste vig&eacute;simo viaje apost&oacute;lico de su Pontificado que le ha llevado a las ciudades de Bogot&aacute;, Villavicencio, Medell&iacute;n y hoy a Cartagena de Indias.<\/p>\n<p>En su homil&iacute;a el Papa subray&oacute; que &ldquo;Cartagena de Indias es en Colombia la sede de los Derechos Humanos porque aqu&iacute; como pueblo se valora que &ldquo;gracias al equipo misionero formado por los sacerdotes jesuitas Pedro Claver y Corber&oacute;, Alonso de Sandoval y el Hermano Nicol&aacute;s Gonz&aacute;lez, acompa&ntilde;ados de muchos hijos de la ciudad de Cartagena de Indias en el siglo XVII, naci&oacute; la preocupaci&oacute;n por aliviar la situaci&oacute;n de los oprimidos de la &eacute;poca, en especial la de los esclavos, por quienes clamaron por el buen trato y la libertad&raquo;.<\/p>\n<p>Haciendo una breve menci&oacute;n sobre el cuarto serm&oacute;n del Evangelio de Mateo, y el que le precede, el del pastor bueno que deja las 99 ovejas para ir tras la perdida, el Santo Padre hizo hincapi&eacute; en que: &ldquo;no hay nadie lo suficientemente perdido que no merezca nuestra solicitud, nuestra cercan&iacute;a y nuestro perd&oacute;n&rdquo;. Y desde &eacute;stas palabras quizo fortalecer su reflexi&oacute;n recordando que: &ldquo;en estos d&iacute;as escuch&eacute; muchos testimonios de quienes han salido al encuentro de personas que les hab&iacute;an da&ntilde;ado. &hellip;, pero que sin embargo han salido, han dado el primer paso en un camino distinto a los ya recorridos&rdquo;.<\/p>\n<p>Ante tanta rotura social y personal el Santo Padre se&ntilde;al&oacute; que: &ldquo;Jes&uacute;s encuentra la soluci&oacute;n al da&ntilde;o realizado en el encuentro personal entre las partes. &laquo;El autor principal, el sujeto hist&oacute;rico de este proceso, es la gente &hellip;Se trata de un acuerdo para vivir juntos, de un pacto social y cultural&raquo;.<\/p>\n<p>Tomando como reflexi&oacute;n el Evangelio de este Domingo se&ntilde;al&oacute; que: &ldquo;Jes&uacute;s nos se&ntilde;ala que este camino de reinserci&oacute;n en la comunidad comienza con un di&aacute;logo de a dos. Las heridas hondas de la historia precisan necesariamente de instancias donde se haga justicia, se d&eacute; posibilidad a las v&iacute;ctimas de conocer la verdad, el da&ntilde;o sea convenientemente reparado y haya acciones claras para evitar que se repitan esos cr&iacute;menes&rdquo;; &ldquo;A nosotros se nos exige generar &laquo;desde abajo&raquo; un cambio cultural que responda con la cultura de la vida, del encuentro&rdquo;.<\/p>\n<p>El Papa subray&oacute; una reflexi&oacute;n escrita por Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, en su texto &ldquo;Mensaje sobre la paz&rdquo; del a&ntilde;o 1998, poniendo el&nbsp; acento sobre las siguientes palabras: &ldquo;es necesaria una leg&iacute;tima revoluci&oacute;n de paz que canalice hacia la vida la inmensa energ&iacute;a creadora que durante casi dos siglos hemos usado para destruirnos y que reivindique y enaltezca el predominio de la imaginaci&oacute;n&raquo;&rdquo;.<\/p>\n<p>Ante la cultura de la indiferencia dominante el Papa cit&oacute; a San Pedro Claver y a tantos otros que junto a &eacute;l iniciaron &ldquo;un proceso de confrontaci&oacute;n&rdquo; ante la indifencia &ldquo;una corriente cultural del encuentro&rdquo;. San Pedro Claver supo &ldquo;restaurar la dignidad y la esperanza de centenares de negros y de esclavos, &hellip;, tuvo el &laquo;genio&raquo; de vivir cabalmente el Evangelio, de encontrarse con quienes otros consideraban s&oacute;lo un deshecho&rdquo;. &ldquo;Huella seguida la de este misionero y ap&oacute;stol por santa Mar&iacute;a Bernarda B&uuml;tler&rdquo;.<\/p>\n<p>&ldquo;Tambi&eacute;n Jes&uacute;s nos se&ntilde;ala la posibilidad de que el otro se cierre, se niegue a cambiar, persista en su mal. No podemos negar que hay personas que persisten en pecados que hieren la convivencia y la comunidad,&hellip;, e incluso en una &laquo;as&eacute;ptica legalidad&raquo; pacifista que no tiene en cuenta la carne del hermano, la carne de Cristo. Tambi&eacute;n para esto debemos estar preparados, y s&oacute;lidamente asentados en principios de justicia que en nada disminuyen la caridad. No es posible convivir en paz sin hacer nada con aquello que corrompe la vida y atenta contra ella. A este respecto, recordamos a todos aquellos que, con valent&iacute;a y de forma incansable, han trabajado y hasta han perdido la vida en la defensa y protecci&oacute;n de los derechos de la persona humana y su dignidad&rdquo;.<\/p>\n<p>Finaliz&oacute; el Papa su homil&iacute;a recordando que: &ldquo;Jes&uacute;s nos pide que recemos juntos; que nuestra oraci&oacute;n sea sinf&oacute;nica, con matices personales, distintas acentuaciones, pero que alce de modo conjunto un mismo clamor. &laquo;Dar el primer paso&raquo; es, sobre todo, salir al encuentro de los dem&aacute;s con Cristo, el Se&ntilde;or. Y &Eacute;l nos pide siempre dar un paso decidido y seguro hacia los hermanos, renunciando a la pretensi&oacute;n de ser perdonados sin perdonar, de ser amados sin amar&rdquo;. (Juan Carlos Velarde Gonzalez para Radio Vaticana).&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Audio y texto completo de la homil&iacute;a del Santo Padre en Cartagena de Indias, Colombia.<\/strong><\/p>\n<p><strong><span><br \/>\n<audio class=\"video-js vjs-default-skin vjs-big-play-button-centered rv-custom-audio\" controls=\"\" id=\"audioItem_11518495\" preload=\"none\"><\/audio><br \/>\n<span class=\"rv-audio-download\"><a href=\"http:\/\/media02.radiovaticana.va\/audio\/audio2\/mp3\/00595349.mp3\" title=\"Download audio\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\/Modules\/Presentation\/Styles\/images-common\/icons\/download-audio-mp3_off.png\" style=\"height: 30px\" \/><\/a><\/span> <\/span><\/strong><\/p>\n<p>En esta ciudad, que ha sido llamada &laquo;la heroica&raquo; por su tes&oacute;n hace 200 a&ntilde;os en defender la libertad conseguida, celebro la &uacute;ltima Eucarist&iacute;a de este viaje a Colombia. Tambi&eacute;n, desde hace 32 a&ntilde;os, Cartagena de Indias es en Colombia la sede de los Derechos Humanos porque aqu&iacute; como pueblo se valora que &laquo;gracias al equipo misionero formado por los sacerdotes jesuitas Pedro Claver y Corber&oacute;, Alonso de Sandoval y el Hermano Nicol&aacute;s Gonz&aacute;lez, acompa&ntilde;ados de muchos hijos de la ciudad de Cartagena de Indias en el siglo XVII, naci&oacute; la preocupaci&oacute;n por aliviar la situaci&oacute;n de los oprimidos de la &eacute;poca, en especial la de los esclavos, por quienes clamaron por el buen trato y la libertad&raquo; (Congreso de Colombia 1985, ley 95, art. 1).<\/p>\n<p>Aqu&iacute;, en el Santuario de san Pedro Claver, donde de modo continuo y sistem&aacute;tico se da el encuentro, la reflexi&oacute;n y el seguimiento del avance y vigencia de los derechos humanos en Colombia, la Palabra de Dios nos habla de perd&oacute;n, correcci&oacute;n, comunidad y oraci&oacute;n.<\/p>\n<p>En el cuarto serm&oacute;n del Evangelio de Mateo, Jes&uacute;s nos habla a nosotros, a los que hemos decidido apostar por la comunidad, a quienes valoramos la vida en com&uacute;n y so&ntilde;amos con un proyecto que incluya a todos. El texto que precede es el del pastor bueno que deja las 99 ovejas para ir tras la perdida, y ese aroma perfuma todo el discurso: no hay nadie lo suficientemente perdido que no merezca nuestra solicitud, nuestra cercan&iacute;a y nuestro perd&oacute;n. Desde esta perspectiva, se entiende entonces que una falta, un pecado cometido por uno, nos interpele a todos pero involucra, en primer lugar, a la v&iacute;ctima del pecado del hermano; ese est&aacute; llamado a tomar la iniciativa para que quien lo da&ntilde;&oacute; no se pierda.<\/p>\n<p>En estos d&iacute;as escuch&eacute; muchos testimonios de quienes han salido al encuentro de personas que les hab&iacute;an da&ntilde;ado. Heridas terribles que pude contemplar en sus propios cuerpos; p&eacute;rdidas irreparables que todav&iacute;a se siguen llorando, sin embargo han salido, han dado el primer paso en un camino distinto a los ya recorridos. Porque Colombia hace d&eacute;cadas que a tientas busca la paz y, como ense&ntilde;a Jes&uacute;s, no ha sido suficiente que dos partes se acercaran, dialogaran; ha sido necesario que se incorporaran muchos m&aacute;s actores a este di&aacute;logo reparador de los pecados. &laquo;Si no te escucha, busca una o dos personas m&aacute;s&raquo; (Mt 18,15), nos dice el Se&ntilde;or en el Evangelio.<\/p>\n<p>Hemos aprendido que estos caminos de pacificaci&oacute;n, de primac&iacute;a de la raz&oacute;n sobre la venganza, de delicada armon&iacute;a entre la pol&iacute;tica y el derecho, no pueden obviar los procesos de la gente. No se alcanza con el dise&ntilde;o de marcos normativos y arreglos institucionales entre grupos pol&iacute;ticos o econ&oacute;micos de buena voluntad. Jes&uacute;s encuentra la soluci&oacute;n al da&ntilde;o realizado en el encuentro personal entre las partes. Adem&aacute;s, siempre es rico incorporar en nuestros procesos de paz la experiencia de sectores que, en muchas ocasiones, han sido invisibilizados, para que sean precisamente las comunidades quienes coloreen los procesos de memoria colectiva. &laquo;El autor principal, el sujeto hist&oacute;rico de este proceso, es la gente y su cultura, no es una clase, una fracci&oacute;n, un grupo, una &eacute;lite. No necesitamos un proyecto de unos pocos para unos pocos, o una minor&iacute;a ilustrada o testimonial que se apropie de un sentimiento colectivo. Se trata de un acuerdo para vivir juntos, de un pacto social y cultural&raquo; (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 239).<\/p>\n<p>Nosotros podemos hacer un gran aporte a este paso nuevo que quiere dar Colombia. Jes&uacute;s nos se&ntilde;ala que este camino de reinserci&oacute;n en la comunidad comienza con un di&aacute;logo de a dos. Nada podr&aacute; reemplazar ese encuentro reparador; ning&uacute;n proceso colectivo nos exime del desaf&iacute;o de encontrarnos, de clarificar, perdonar. Las heridas hondas de la historia precisan necesariamente de instancias donde se haga justicia, se d&eacute; posibilidad a las v&iacute;ctimas de conocer la verdad, el da&ntilde;o sea convenientemente reparado y haya acciones claras para evitar que se repitan esos cr&iacute;menes. Pero eso s&oacute;lo nos deja en la puerta de las exigencias cristianas. A nosotros se nos exige generar &laquo;desde abajo&raquo; un cambio cultural: a la cultura de la muerte, de la violencia, respondemos con la cultura de la vida, del encuentro. Nos lo dec&iacute;a ya ese escritor tan de ustedes, tan de todos: &laquo;Este desastre cultural no se remedia ni con plomo ni con plata, sino con una educaci&oacute;n para la paz, construida con amor sobre los escombros de un pa&iacute;s enardecido donde nos levantamos temprano para seguirnos mat&aacute;ndonos los unos a los otros&#8230; una leg&iacute;tima revoluci&oacute;n de paz que canalice hacia la vida la inmensa energ&iacute;a creadora que durante casi dos siglos hemos usado para destruirnos y que reivindique y enaltezca el predominio de la imaginaci&oacute;n&raquo; (Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Mensaje sobre la paz, 1998).<\/p>\n<p>&iquest;Cu&aacute;nto hemos accionado en favor del encuentro, de la paz? &iquest;Cu&aacute;nto hemos omitido, permitiendo que la barbarie se hiciera carne en la vida de nuestro pueblo? Jes&uacute;s nos manda a confrontarnos con esos modos de conducta, esos estilos de vida que da&ntilde;an el cuerpo social, que destruyen la comunidad. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces se &laquo;normalizan&raquo; procesos de violencia, exclusi&oacute;n social, sin que nuestra voz se alce ni nuestras manos acusen prof&eacute;ticamente! Al lado de san Pedro Claver hab&iacute;a millares de cristianos, consagrados muchos de ellos; s&oacute;lo un pu&ntilde;ado inici&oacute; una corriente contracultural de encuentro. San Pedro supo restaurar la dignidad y la esperanza de centenares de millares de negros y de esclavos que llegaban en condiciones absolutamente inhumanas, llenos de pavor, con todas sus esperanzas perdidas. No pose&iacute;a t&iacute;tulos acad&eacute;micos de renombre; m&aacute;s a&uacute;n, se lleg&oacute; a afirmar que era &laquo;mediocre&raquo; de ingenio, pero tuvo el &laquo;genio&raquo; de vivir cabalmente el Evangelio, de encontrarse con quienes otros consideraban s&oacute;lo un deshecho. Siglos m&aacute;s tarde, la huella de este misionero y ap&oacute;stol de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s fue seguida por santa Mar&iacute;a Bernarda B&uuml;tler, que dedic&oacute; su vida al servicio de pobres y marginados en esta misma ciudad de Cartagena.[1]<\/p>\n<p>En el encuentro entre nosotros redescubrimos nuestros derechos, recreamos la vida para que vuelva a ser aut&eacute;nticamente humana. &laquo;La casa com&uacute;n de todos los hombres debe continuar levant&aacute;ndose sobre una recta comprensi&oacute;n de la fraternidad universal y sobre el respeto de la sacralidad de cada vida humana, de cada hombre y cada mujer; de los pobres, de los ancianos, de los ni&ntilde;os, de los enfermos, de los no nacidos, de los desocupados, de los abandonados, de los que se juzgan descartables porque no se los considera m&aacute;s que n&uacute;meros de una u otra estad&iacute;stica. La casa com&uacute;n de todos los hombres debe tambi&eacute;n edificarse sobre la comprensi&oacute;n de una cierta sacralidad de la naturaleza creada&raquo; (Discurso a las Naciones Unidas, 25 septiembre 2015).<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n Jes&uacute;s nos se&ntilde;ala la posibilidad de que el otro se cierre, se niegue a cambiar, persista en su mal. No podemos negar que hay personas que persisten en pecados que hieren la convivencia y la comunidad: &laquo;Pienso en el drama lacerante de la droga, con la que algunos lucran despreciando las leyes morales y civiles. Este mal atenta directamente contra la dignidad de la persona humana y va rompiendo progresivamente la imagen que el creador ha plasmado en nosotros. Condeno con firmeza esta lacra que ha puesto fin a tantas vidas y que es mantenida y sostenida por hombres sin escr&uacute;pulos. No se puede jugar con la vida de nuestro hermano, ni manipular su dignidad. Hago un llamado para que se busquen los modos para terminar con el narcotr&aacute;fico que lo &uacute;nico que hace es sembrar muerte por doquier, truncando tantas esperanzas y destruyendo tantas familias.<\/p>\n<p>Pienso tambi&eacute;n en otros dramas como en la devastaci&oacute;n de los recursos naturales y en la contaminaci&oacute;n; en la tragedia de la explotaci&oacute;n laboral; pienso en el blanqueo il&iacute;cito de dinero as&iacute; como en la especulaci&oacute;n financiera, que a menudo asume rasgos perjudiciales y demoledores para enteros sistemas econ&oacute;micos y sociales, exponiendo a la pobreza a millones de hombres y mujeres; pienso en la prostituci&oacute;n que cada d&iacute;a cosecha v&iacute;ctimas inocentes, sobre todo entre los m&aacute;s j&oacute;venes, rob&aacute;ndoles el futuro; pienso en la abominable trata de seres humanos, en los delitos y abusos contra los menores, en la esclavitud que todav&iacute;a difunde su horror en muchas partes del mundo, en la tragedia frecuentemente desatendida de los emigrantes con los que se especula indignamente en la ilegalidad&raquo; (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2014, 8), e incluso en una &laquo;as&eacute;ptica legalidad&raquo; pacifista que no tiene en cuenta la carne del hermano, la carne de Cristo. Tambi&eacute;n para esto debemos estar preparados, y s&oacute;lidamente asentados en principios de justicia que en nada disminuyen la caridad. No es posible convivir en paz sin hacer nada con aquello que corrompe la vida y atenta contra ella. A este respecto, recordamos a todos aquellos que, con valent&iacute;a y de forma incansable, han trabajado y hasta han perdido la vida en la defensa y protecci&oacute;n de los derechos de la persona humana y su dignidad. Como a ellos, la historia nos pide asumir un compromiso definitivo en defensa de los derechos humanos, aqu&iacute;, en Cartagena de Indias, lugar que ustedes han elegido como sede nacional de su tutela.<\/p>\n<p>Finalmente Jes&uacute;s nos pide que recemos juntos; que nuestra oraci&oacute;n sea sinf&oacute;nica, con matices personales, distintas acentuaciones, pero que alce de modo conjunto un mismo clamor. Estoy seguro de que hoy rezamos juntos por el rescate de aquellos que estuvieron errados y no por su destrucci&oacute;n, por la justicia y no la venganza, por la reparaci&oacute;n en la verdad y no el olvido. Rezamos para cumplir con el lema de esta visita: &laquo;&iexcl;Demos el primer paso!&raquo;, y que este primer paso sea en una direcci&oacute;n com&uacute;n.<\/p>\n<p>&laquo;Dar el primer paso&raquo; es, sobre todo, salir al encuentro de los dem&aacute;s con Cristo, el Se&ntilde;or. Y &Eacute;l nos pide siempre dar un paso decidido y seguro hacia los hermanos, renunciando a la pretensi&oacute;n de ser perdonados sin perdonar, de ser amados sin amar. Si Colombia quiere una paz estable y duradera, tiene que dar urgentemente un paso en esta direcci&oacute;n, que es aquella del bien com&uacute;n, de la equidad, de la justicia, del respeto de la naturaleza humana y de sus exigencias. S&oacute;lo si ayudamos a desatar los nudos de la violencia, desenredaremos la compleja madeja de los desencuentros: se nos pide dar el paso del encuentro con los hermanos, atrevernos a una correcci&oacute;n que no quiere expulsar sino integrar; se nos pide ser caritativamente firmes en aquello que no es negociable; en definitiva, la exigencia es construir la paz, &laquo;hablando no con la lengua sino con manos y obras&raquo; (san Pedro Claver), y levantar juntos los ojos al cielo: &Eacute;l es capaz de desatar aquello que para nosotros pareciera imposible, &Eacute;l ha prometido acompa&ntilde;arnos hasta el fin de los tiempos, &Eacute;l no dejar&aacute; est&eacute;ril tanto esfuerzo.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n ella tuvo la inteligencia de la caridad y supo encontrar a Dios en el pr&oacute;jimo; ninguno de los dos se paraliz&oacute; ante la injusticia y la dificultad. Porque &laquo;ante el conflicto, algunos simplemente lo miran y siguen adelante como si nada pasara, se lavan las manos para poder continuar con su vida. Otros entran de tal manera en el conflicto que quedan prisioneros, pierden horizontes, proyectan en las instituciones las propias confusiones e insatisfacciones y as&iacute; la unidad se vuelve imposible. Pero hay una tercera manera, la m&aacute;s adecuada, de situarse ante el conflicto. Es aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslab&oacute;n de un nuevo proceso&raquo; (Exhort. Ap. Evangelii gaudium, 227).<\/p>\n<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/es.radiovaticana.va\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.radiovaticana.va<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- El Papa Francisco celebr&oacute; &eacute;ste Domingo, 10 de Septiembre previo a su regreso a Roma ma&ntilde;ana lunes, la &uacute;ltima misa de &eacute;ste vig&eacute;simo viaje apost&oacute;lico de su Pontificado que le ha llevado a las ciudades de Bogot&aacute;, Villavicencio, Medell&iacute;n y hoy a Cartagena de Indias. 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