{"id":18916,"date":"2017-09-30T14:15:02","date_gmt":"2017-09-30T19:15:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/beata-juana-soderini-de-florencia-1o-de-septiembre\/"},"modified":"2017-09-30T14:15:02","modified_gmt":"2017-09-30T19:15:02","slug":"beata-juana-soderini-de-florencia-1o-de-septiembre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/beata-juana-soderini-de-florencia-1o-de-septiembre\/","title":{"rendered":"Beata Juana Soderini de Florencia, 1\u00ba de septiembre"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">(ZENIT &#8211; Madrid).- Pertenec\u00eda a una de las familias de la alta nobleza florentina: los Soderini, que influyeron notablemente en la sociedad entre los siglos XIV y XVI. Culminaron su hegemon\u00eda al ser expulsados por haber mostrado su oposici\u00f3n a otra poderosa estirpe, la de los Medici, en un conflicto de bandos que enrarecieron la paz ciudadana. Pero los Soderini se hallaban en pleno apogeo cuando naci\u00f3 Juana en Florencia en 1301. Y tambi\u00e9n coincidi\u00f3 que en ese momento se iniciaba una \u00e9poca caracterizada por disensiones pol\u00edticas con el enfrentamiento de grupos rivales encabezados por los <em>Bianchi<\/em> (Blancos) y los <em>Neri<\/em> (Negros). Hasta el pont\u00edfice Bonifacio VIII tuvo que mediar en 1300 a trav\u00e9s del cardenal Matteo d\u2019Acquasparta, a quien envi\u00f3 con la misi\u00f3n de apaciguar los \u00e1nimos. No prosperaron sus intentos; los conflictos se dilataron en el tiempo, y encima lo que se juzg\u00f3 inadmisible injerencia del papa tuvo una repercusi\u00f3n negativa para \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En mayo de 1300 Bonifacio VIII remiti\u00f3 una carta al prelado de Florencia recordando que ten\u00eda facultades para actuar a trav\u00e9s de un vicariato al que quedar\u00eda sometido la Toscana. Ni \u00e9sta misiva ni otros escritos dirigidos a gobernantes europeos tuvieron efecto alguno. Por otro lado, los enfrentamientos ya hab\u00edan calado en el ambiente con las consiguientes repercusiones econ\u00f3micas, agravadas por la epidemia de \u00abpeste negra\u00bb extendida por gran parte de Europa, y de la que no se libraron los florentinos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Este era el ambiente que acogi\u00f3 a Juana, \u00fanica hija que colm\u00f3 de gozo el hogar. Creci\u00f3, como era usual para los de su alcurnia, bajo el amparo de una ni\u00f1era, Felicia Tonia, que debi\u00f3 llenarla de mimos y atenciones. La peque\u00f1a, que fue agraciada con dones diversos, muy tempranamente supo por revelaci\u00f3n de la pronta muerte de su aya, y as\u00ed se lo dio a conocer, con la inocencia y claridad propias de la infancia, y m\u00e1s en ella que mostraba su amor a Dios y recitaba fervorosamente las oraciones que le hab\u00edan ense\u00f1ado. Esta advertencia de la ni\u00f1a acerca del fin de sus d\u00edas ayud\u00f3 a Felicia a prepararse para ese momento. Llegada a la adolescencia, lo que menos pensaron sus padres es que Juana elegir\u00eda la vida religiosa. En sus planes entraba desposarla con un caballero de ilustre abolengo y buena posici\u00f3n, como correspond\u00eda a una arist\u00f3crata, pero se encontraron con la negativa radical de la joven. Les cost\u00f3 lo suyo, pero no les qued\u00f3 m\u00e1s remedio que dar su benepl\u00e1cito para que Juana ingresase en una comunidad, como era su deseo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Contempor\u00e1nea de santa Juliana Falconieri, que en esa \u00e9poca impulsaba la \u00abOrden de las Siervas de Mar\u00eda\u00bb, aglutinando en torno a s\u00ed j\u00f3venes deseosas de seguir a Cristo seg\u00fan el carisma de los servitas, la beata se uni\u00f3 a ellas. Al igual que Juliana, tambi\u00e9n la primog\u00e9nita de los Soderini se entreg\u00f3 a mortificaciones y severas penitencias. Deliberadamente eleg\u00eda las tareas dom\u00e9sticas m\u00e1s humildes y pesadas, y se ocupaba de los enfermos que solicitaban la ayuda de la comunidad. En su itinerario espiritual no faltaron las pruebas y tentaciones que afront\u00f3 con su oraci\u00f3n. Era obediente y d\u00f3cil; una persona digna de confianza porque testificaba con su virtud la autenticidad de su vocaci\u00f3n. Juliana se fij\u00f3 especialmente en ella; mostraba los rasgos que conven\u00edan a una persona de gobierno: era abnegada, viv\u00eda desasida de s\u00ed misma, atenta a las necesidades de los dem\u00e1s, y se convirti\u00f3 en el brazo derecho de la santa. Junto a ella permaneci\u00f3 fielmente, auxili\u00e1ndola y proporcion\u00e1ndole consuelo en la enfermedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Juana fue testigo directo de las lesiones que las extremas mortificaciones de la fundadora causaron en su organismo. Vel\u00f3 para que sufriera lo m\u00ednimo, de forma respetuosa, tratando de paliar su dolor, edificada por el testimonio que cercanamente constataba d\u00eda tras d\u00eda. El aparato digestivo de Juliana estaba gravemente afectado; hubo un momento en el que no pudiendo deglutir los alimentos cay\u00f3 sumida en gran debilidad y precisaba continua asistencia. Ni siquiera pod\u00eda trasladarse de un lado a otro por s\u00ed misma. Entonces Juana se convert\u00eda en su \u00abbast\u00f3n\u00bb. Por eso es cre\u00edble, tal como suele afirmarse, que fuese ella la que descubri\u00f3 el prodigio obrado en el pecho de la santa antes de morir al apreciar en \u00e9l la huella de la hendidura por la que debi\u00f3 penetrar la Sagrada Forma. Y es que, antes de exhalar el postrer aliento, Juliana dese\u00f3 ardientemente recibir la Eucarist\u00eda. Como era previsible que en sus condiciones no pudiera contener el Cuerpo de Cristo, su anhelo se cumpli\u00f3 milagrosamente. Y Juana, que la amortajar\u00eda, debi\u00f3 ver el hecho sobrenatural en la visible cicatriz que \u00e9ste dej\u00f3 en la santa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Despu\u00e9s de la muerte de la fundadora, ella le sucedi\u00f3 en el gobierno de la comunidad. Permaneci\u00f3 al frente de la misma m\u00e1s de veinte a\u00f1os, hasta el fin de sus d\u00edas. Juana fue bendecida con dones singulares, entre otros el de profec\u00eda. Muri\u00f3 el 1 de septiembre de 1367. Su cuerpo fue sepultado en la iglesia de la Annunziata de Florencia, y numerosos peregrinos lo veneraron durante largo tiempo. Pasados varios siglos, la sombra de los Soderini segu\u00eda siendo alargada. Y en 1828 uno de los descendientes, el conde Soderini, influyente y poderoso como sus antepasados, obtuvo del papa Le\u00f3n XII la confirmaci\u00f3n del culto. En la iconograf\u00eda la beata suele aparecer al lado de san Felipe Benizi o bien en solitario portando a veces en sus manos un lirio y otras un libro.<\/p>\n<p><span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/es.zenit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.zenit.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(ZENIT &#8211; Madrid).- Pertenec\u00eda a una de las familias de la alta nobleza florentina: los Soderini, que influyeron notablemente en la sociedad entre los siglos XIV y XVI. 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