{"id":2187,"date":"2016-03-24T06:05:03","date_gmt":"2016-03-24T11:05:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-crismal-de-jueves-santo\/"},"modified":"2016-03-24T06:05:03","modified_gmt":"2016-03-24T11:05:03","slug":"texto-completo-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-crismal-de-jueves-santo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-crismal-de-jueves-santo\/","title":{"rendered":"TEXTO COMPLETO: Homil\u00eda del Papa Francisco en la Misa Crismal de Jueves Santo"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 24 Mar. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco presidi&oacute; esta ma&ntilde;ana (hora local) la Misa Crismal en la Bas&iacute;lica de San Pedro en la que consagr&oacute; el &oacute;leo que ser&aacute; utilizado durante todo el a&ntilde;o para los distintos sacramentos en las parroquias de Roma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n el texto completo de su homil&iacute;a gracias a Radio Vaticano:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDespu&eacute;s de la lectura del pasaje de Isa&iacute;as, al escuchar en labios de Jes&uacute;s las palabras: &laquo;Hoy mismo se ha cumplido esto que acaban de o&iacute;r&raquo;, bien podr&iacute;a haber estallado un aplauso en la Sinagoga de Nazaret. Y luego podr&iacute;an haber llorado mansamente, con &iacute;ntima alegr&iacute;a, como lloraba el pueblo cuando Nehem&iacute;as y el sacerdote Esdras le le&iacute;an el libro de la Ley que hab&iacute;an encontrado reconstruyendo el muro. Pero los evangelios nos dicen que hubo sentimientos encontrados en los paisanos de Jes&uacute;s: le pusieron distancia y le cerraron el coraz&oacute;n. Primero, &laquo;todos hablaban bien de &eacute;l, se maravillaban de las palabras llenas de gracia que sal&iacute;an de su boca&raquo; (Lc&nbsp;4,22); pero despu&eacute;s, una pregunta insidiosa fue ganando espacio: &laquo;&iquest;Pero no es este el hijo de Jos&eacute;, el carpintero?&raquo;. Y al final: &laquo;Se llenaron de ira&raquo; (Lc&nbsp;4,28). Lo quer&iacute;an despe&ntilde;ar&#8230; Se cumpl&iacute;a as&iacute; lo que el anciano Sime&oacute;n le hab&iacute;a profetizado a nuestra Se&ntilde;ora: &laquo;Ser&aacute; bandera discutida&raquo; (Lc&nbsp;2,34). Jes&uacute;s, con sus palabras y sus gestos, hace que se muestre lo que cada hombre y mujer tiene en su coraz&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY all&iacute; donde el Se&ntilde;or anuncia el evangelio de la Misericordia incondicional del Padre para con los m&aacute;s pobres, los m&aacute;s alejados y oprimidos, all&iacute; precisamente somos interpelados a optar, a &laquo;combatir el buen combate de la Fe&raquo; (1 Tm&nbsp;6,12). La lucha del Se&ntilde;or no es contra los hombres sino contra el demonio (cf.&nbsp;Ef&nbsp;6,12), enemigo de la humanidad. Pero el Se&ntilde;or &laquo;pasa en medio&raquo; de los que buscan detenerlo &laquo;y sigue su camino&raquo; (Lc&nbsp;4,30). Jes&uacute;s no confronta para consolidar un espacio de poder. Si rompe cercos y cuestiona seguridades es para abrir una brecha al torrente de la Misericordia que, con el Padre y el Esp&iacute;ritu, desea derramar sobre la tierra. Una Misericordia que procede de bien en mejor: anuncia y trae algo nuevo: cura, libera y proclama el a&ntilde;o de gracia del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa Misericordia de nuestro Dios es infinita e inefable y expresamos el dinamismo de este misterio como una Misericordia &laquo;siempre m&aacute;s grande&raquo;, una Misericordia en camino, una Misericordia que cada d&iacute;a busca el modo de dar un paso adelante, un pasito m&aacute;s all&aacute;, avanzando sobre las tierras de nadie, en las que reinaba la indiferencia y la violencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY esta fue la din&aacute;mica del buen Samaritano que &laquo;practic&oacute; la misericordia&raquo; (Lc10,37): primer paso, se conmovi&oacute;, se acerc&oacute; al herido, vend&oacute; sus heridas, lo llev&oacute; a la posada, se qued&oacute; esa noche y prometi&oacute; volver a pagar lo que se gastara de m&aacute;s. Esta es la din&aacute;mica de la Misericordia, que enlaza un peque&ntilde;o gesto con otro, y sin maltratar ninguna fragilidad, se extiende un poquito m&aacute;s en la ayuda y el amor. Cada uno de nosotros, mirando su propia vida con la mirada buena de Dios, puede hacer un ejercicio con la memoria y descubrir c&oacute;mo ha practicado el Se&ntilde;or su misericordia para con nosotros, c&oacute;mo ha sido mucho m&aacute;s misericordioso de lo que cre&iacute;amos y, as&iacute;, animarnos a desear y a pedirle que d&eacute; un pasito m&aacute;s, que se muestre mucho m&aacute;s misericordioso en el futuro. &laquo;Mu&eacute;stranos Se&ntilde;or tu misericordia&raquo; (Sal&nbsp;85,8). Esta manera parad&oacute;jica de rezar a un Dios siempre m&aacute;s misericordioso ayuda a romper esos moldes estrechos en los que tantas veces encasillamos la sobreabundancia de su Coraz&oacute;n. Nos hace bien salir de nuestros encierros, porque lo propio del Coraz&oacute;n de Dios es desbordarse de misericordia, desparramarse, derrochando su ternura, de manera tal que siempre sobre, ya que el Se&ntilde;or prefiere que se pierda algo antes de que falte una gota, que muchas semillas se la coman los p&aacute;jaros antes de que se deje de sembrar una sola, ya que todas son capaces de portar fruto abundante, el 30, el 60 y hasta el ciento por uno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY como sacerdotes, nosotros somos testigos y ministros de la Misericordia siempre m&aacute;s grande de nuestro Padre; tenemos la dulce y confortadora tarea de encarnarla, como hizo Jes&uacute;s, que &laquo;pas&oacute; haciendo el bien&raquo; (Hch&nbsp;10,38), de mil maneras, para que llegue a todos. Nosotros podemos contribuir a inculturarla, a fin de que cada persona la reciba en su propia&nbsp;experiencia&nbsp;de vida y as&iacute; la pueda entender y practicar &mdash;creativamente&mdash; en el modo de ser propio de su pueblo y de su familia y tambi&eacute;n de su persona.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHoy, en este Jueves Santo del A&ntilde;o Jubilar de la Misericordia, quisiera hablar de dos&nbsp;&aacute;mbitos&nbsp;en los que el Se&ntilde;or se excede en su Misericordia. Dado que es &eacute;l quien nos da ejemplo, no tenemos que tener miedo a excedernos nosotros tambi&eacute;n: un &aacute;mbito es el del encuentro; el otro, el de su perd&oacute;n que nos averg&uuml;enza y dignifica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl primer &aacute;mbito en el que vemos que&nbsp;Dios&nbsp;se excede&nbsp;en una Misericordia siempre m&aacute;s grande, es en el&nbsp;encuentro. &Eacute;l se da todo y de manera tal que, en todo encuentro, directamente pasa a celebrar una fiesta. En la par&aacute;bola del Padre Misericordioso quedamos pasmados ante ese hombre que corre, conmovido, a echarse al cuello de su hijo; c&oacute;mo lo abraza y lo besa y se preocupa de ponerle el anillo que lo hace sentir como igual, y las sandalias del que es hijo y no empleado; y luego, c&oacute;mo pone a todos en movimiento y manda organizar una fiesta. Al contemplar siempre maravillados este derroche de alegr&iacute;a del Padre, a quien el regreso de su hijo le permite expresar su amor libremente, sin resistencias ni distancias, nosotros no debemos tener miedo a exagerar en nuestro agradecimiento. La actitud podemos tomarla de aquel pobre leproso, que al sentirse curado, deja a sus nueve compa&ntilde;eros que van a cumplir lo que les mand&oacute; Jes&uacute;s y vuelve a arrodillarse a los pies del Se&ntilde;or, glorificando y dando gracias a Dios a grandes voces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa misericordia restaura todo y devuelve a las personas a su dignidad original. Por eso, el agradecimiento efusivo es la respuesta adecuada: hay que entrar r&aacute;pido en la fiesta, ponerse el vestido, sacarse los enojos del hijo mayor, alegrarse y festejar&#8230; Porque s&oacute;lo as&iacute;, participando plenamente en ese &aacute;mbito de celebraci&oacute;n, uno puede despu&eacute;s pensar bien, uno puede pedir perd&oacute;n y ver m&aacute;s claramente c&oacute;mo podr&aacute; reparar el mal que hizo. A todos nosotros, puede hacernos bien preguntarnos: Despu&eacute;s de confesarme, &iquest;festejo? O paso r&aacute;pido a otra cosa, como cuando despu&eacute;s de ir al m&eacute;dico, uno ve que los an&aacute;lisis no dieron tan mal y los mete en el sobre y pasa a otra cosa. Y cuando doy una limosna, &iquest;le doy tiempo al otro a que me exprese su agradecimiento y festejo su sonrisa y esas bendiciones que nos dan los pobres, o sigo apurado con mis cosas despu&eacute;s de &laquo;dejar caer la moneda&raquo;?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl otro &aacute;mbito en el que vemos que&nbsp;Dios&nbsp;se excede&nbsp;en una Misericordia siempre m&aacute;s grande, es el perd&oacute;n mismo. No s&oacute;lo perdona deudas incalculables, como al siervo que le suplica y que luego se mostrar&aacute; mezquino con su compa&ntilde;ero, sino que nos hace pasar directamente de Ia verg&uuml;enza m&aacute;s vergonzante a la dignidad m&aacute;s alta sin pasos intermedios. El Se&ntilde;or deja que la pecadora perdonada le lave familiarmente los pies con sus l&aacute;grimas. Apenas Sim&oacute;n Pedro le confiesa su pecado y le pide que se aleje, &Eacute;l lo eleva a la dignidad de pescador de hombres. Nosotros, en cambio, tendemos a separar ambas actitudes: cuando nos avergonzamos del pecado, nos escondemos y andamos con la cabeza gacha, como Ad&aacute;n y Eva, y cuando somos elevados a alguna dignidad tratamos de tapar los pecados y nos gusta hacernos ver, casi pavonearnos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nuestra respuesta al perd&oacute;n excesivo del Se&ntilde;or deber&iacute;a consistir en mantenernos siempre en&nbsp;esa tensi&oacute;n sana entre una digna verg&uuml;enza y una avergonzada dignidad: actitud de quien por s&iacute; mismo busca humillarse y abajarse, pero es capaz de aceptar que el Se&ntilde;or lo ensalce en bien de la misi&oacute;n, sin cre&eacute;rselo. El modelo que el Evangelio consagra, y que puede servirnos cuando nos confesamos, es el de Pedro, que se deja interrogar prolijamente sobre su amor y, al mismo tiempo, renueva su aceptaci&oacute;n del ministerio de pastorear las ovejas que el Se&ntilde;or le conf&iacute;a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPara entrar m&aacute;s hondo en esta&nbsp;avergonzada dignidad,&nbsp;que nos salva de creernos, m&aacute;s o menos, de lo que somos por gracia, nos puede ayudar ver c&oacute;mo en el pasaje de Isa&iacute;as que el Se&ntilde;or lee hoy en su Sinagoga de Nazaret, el Profeta contin&uacute;a diciendo: &laquo;Ustedes ser&aacute;n llamados sacerdotes del Se&ntilde;or, ministros de nuestro Dios&raquo; (Is&nbsp;61,6). Es el pueblo pobre, hambreado, prisionero de guerra, sin futuro, el pueblo sobrante y descartado, a quien el Se&ntilde;or convierte en pueblo sacerdotal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tComo sacerdotes, nos identificamos con ese pueblo descartado, al que el Se&ntilde;or salva y recordamos que hay multitudes incontables de personas pobres, ignorantes, prisioneras, que se encuentran en esa situaci&oacute;n porque otros los oprimen. Pero tambi&eacute;n recordamos que cada uno de nosotros conoce en qu&eacute; medida, tantas veces estamos ciegos de la luz linda de la fe, no por no tener a mano el evangelio sino por exceso de teolog&iacute;as complicadas. Sentimos que nuestra alma anda sedienta de espiritualidad, pero no por falta de Agua Viva &mdash;que bebemos s&oacute;lo en sorbos&mdash;, sino por exceso de espiritualidades &laquo;gaseosas&raquo;, de espiritualidades&nbsp;light. Tambi&eacute;n nos sentimos prisioneros, pero no rodeados como tantos pueblos, por infranqueables muros de piedra o de alambrados de acero, sino por una mundanidad virtual que se abre o cierra con un simple&nbsp;click. Estamos oprimidos pero no por amenazas ni empujones, como tanta pobre gente, sino por la fascinaci&oacute;n de mil propuestas de consumo que no nos podemos quitar de encima para caminar, libres, por los senderos que nos llevan al amor de nuestros hermanos, a los reba&ntilde;os del Se&ntilde;or, a Ias ovejitas que esperan la voz de sus pastores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tY Jes&uacute;s viene a rescatarnos, a hacernos salir, para convertirnos de pobres y ciegos, de cautivos y oprimidos. en ministros de misericordia y consolaci&oacute;n. Y nos dice, con las palabras del profeta Ezequiel al pueblo que se prostituy&oacute; y traicion&oacute; tanto a su Se&ntilde;or: &laquo;Yo me acordar&eacute; de la alianza que hice contigo cuando eras joven&#8230; Y t&uacute; te acordar&aacute;s de tu conducta y te avergonzar&aacute;s de ella, cuando recibas a tus hermanas, las mayores y las menores, y yo te las dar&eacute; como hijas, si bien no en virtud de tu alianza. Yo mismo restablecer&eacute; mi alianza contigo, y sabr&aacute;s que yo soy el Se&ntilde;or. As&iacute;, cuando te haya perdonado todo lo que has hecho, te acordar&aacute;s y te avergonzar&aacute;s, y la verg&uuml;enza ya no te dejar&aacute; volver a abrir la boca &mdash;or&aacute;culo del Se&ntilde;or&mdash;&raquo; (Ez&nbsp;16,60-63).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn este A&ntilde;o Santo Jubilar, celebramos con todo el agradecimiento de que sea capaz nuestro coraz&oacute;n, a nuestro Padre, y le rogamos que &quot;se acuerde siempre de su Misericordia&quot;; recibimos con&nbsp;avergonzada dignidad&nbsp;Ia Misericordia en Ia carne herida de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo y le pedimos que nos lave de todo pecado y nos libre de todo mal; y con la gracia del Esp&iacute;ritu Santo nos comprometemos a comunicar la Misericordia de Dios a todos los hombres, practicando Ias obras que el Esp&iacute;ritu suscita en cada uno para el bien com&uacute;n de todo el pueblo fiel de Dios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 24 Mar. 16 (ACI).- El Papa Francisco presidi&oacute; esta ma&ntilde;ana (hora local) la Misa Crismal en la Bas&iacute;lica de San Pedro en la que consagr&oacute; el &oacute;leo que ser&aacute; utilizado durante todo el a&ntilde;o para los distintos sacramentos en las parroquias de Roma. A continuaci&oacute;n el texto completo de su homil&iacute;a gracias a Radio &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-crismal-de-jueves-santo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTEXTO COMPLETO: Homil\u00eda del Papa Francisco en la Misa Crismal de Jueves Santo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-2187","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2187","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2187"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2187\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2187"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2187"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2187"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}