{"id":2431,"date":"2016-04-03T05:05:03","date_gmt":"2016-04-03T10:05:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-homilia-papa-francisco-en-misa-por-el-jubileo-de-la-divina-misericordia\/"},"modified":"2016-04-03T05:05:03","modified_gmt":"2016-04-03T10:05:03","slug":"texto-completo-homilia-papa-francisco-en-misa-por-el-jubileo-de-la-divina-misericordia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-homilia-papa-francisco-en-misa-por-el-jubileo-de-la-divina-misericordia\/","title":{"rendered":"[TEXTO COMPLETO] Homil\u00eda Papa Francisco en Misa por el Jubileo de la Divina Misericordia"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 03 Abr. 16 (ACI).-<br \/>\n\tLa Plaza de San Pedro del Vaticano alberg&oacute; esta ma&ntilde;ana la Santa Misa por el Jubileo de las personas que se adhieren a la espiritualidad de la Divina Misericordia, cuya fiesta se celebra hoy en todo el mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl Pont&iacute;fice, explic&oacute; que Cristo, &ldquo;que con la resurrecci&oacute;n venci&oacute; el miedo y el temor que nos aprisiona, quiere abrir nuestras puertas cerradas y enviarnos&rdquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&ldquo;El camino que el Se&ntilde;or resucitado nos indica es de una sola v&iacute;a, va en una &uacute;nica direcci&oacute;n: salir de nosotros mismos, para dar testimonio de la fuerza sanadora del amor que nos ha conquistado&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n, el texto completo de la homil&iacute;a:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;Muchos otros signos, que no est&aacute;n escritos en este libro, hizo Jes&uacute;s a la vista de los disc&iacute;pulos&raquo; (Jn 20,30). El Evangelio es el libro de la misericordia de Dios, para leer y releer, porque todo lo que Jes&uacute;s ha dicho y hecho es expresi&oacute;n de la misericordia del Padre. Sin embargo, no todo fue escrito; el Evangelio de la misericordia contin&uacute;a siendo un libro abierto, donde se siguen escribiendo los signos de los disc&iacute;pulos de Cristo, gestos concretos de amor, que son el mejor testimonio de la misericordia. Todos estamos llamados a ser escritores vivos del Evangelio, portadores de la Buena Noticia a todo hombre y mujer de hoy. Lo podemos hacer realizando las obras de misericordia corporales y espirituales, que son el estilo de vida del cristiano. Por medio de estos gestos sencillos y fuertes, a veces hasta invisibles, podemos visitar a los necesitados, llev&aacute;ndoles la ternura y el consuelo de Dios. Se sigue as&iacute; aquello que cumpli&oacute; Jes&uacute;s en el d&iacute;a de Pascua, cuando derram&oacute; en los corazones de los disc&iacute;pulos temerosos la misericordia del Padre, el Esp&iacute;ritu Santo que perdona los pecados y da la alegr&iacute;a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSin embargo, en el relato que hemos escuchado surge un contraste evidente: por un lado, est&aacute; el miedo de los disc&iacute;pulos que cierran las puertas de la casa; por otro lado, el mandato misionero de parte de Jes&uacute;s, que los env&iacute;a al mundo a llevar el anuncio del perd&oacute;n. Este contraste puede manifestarse tambi&eacute;n en nosotros, una lucha interior entre el coraz&oacute;n cerrado y la llamada del amor a abrir las puertas cerradas y a salir de nosotros mismos. Cristo, que por amor entr&oacute; a trav&eacute;s de las puertas cerradas del pecado, de la muerte y del infierno, desea entrar tambi&eacute;n en cada uno para abrir de par en par las puertas cerradas del coraz&oacute;n. &Eacute;l, que con la resurrecci&oacute;n venci&oacute; el miedo y el temor que nos aprisiona, quiere abrir nuestras puertas cerradas y enviarnos. El camino que el Se&ntilde;or resucitado nos indica es de una sola v&iacute;a, va en una &uacute;nica direcci&oacute;n: salir de nosotros mismos, para dar testimonio de la fuerza sanadora del amor que nos ha conquistado. Vemos ante nosotros una humanidad continuamente herida y temerosa, que tiene las cicatrices del dolor y de la incertidumbre. Ante el sufrido grito de misericordia y de paz, escuchamos hoy la invitaci&oacute;n esperanzadora que Jes&uacute;s dirige a cada uno: &laquo;Como el Padre me ha enviado, as&iacute; tambi&eacute;n os env&iacute;o yo&raquo; (v. 21).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tToda enfermedad puede encontrar en la misericordia de Dios una ayuda eficaz. De hecho, su misericordia no se queda lejos: desea salir al encuentro de todas las pobrezas y liberar de tantas formas de esclavitud que afligen a nuestro mundo. Quiere llegar a las heridas de cada uno, para curarlas. Ser ap&oacute;stoles de misericordia significa tocar y acariciar sus llagas, presentes tambi&eacute;n hoy en el cuerpo y en el alma de muchos hermanos y hermanas suyos. Al curar estas heridas, confesamos a Jes&uacute;s, lo hacemos presente y vivo; permitimos a otros que toquen su misericordia y que lo reconozcan como &laquo;Se&ntilde;or y Dios&raquo; (cf. v. 28), como hizo el ap&oacute;stol Tom&aacute;s. Esta es la misi&oacute;n que se nos conf&iacute;a. Muchas personas piden ser escuchadas y comprendidas. El Evangelio de la misericordia, para anunciarlo y escribirlo en la vida, busca personas con el coraz&oacute;n paciente y abierto, &ldquo;buenos samaritanos&rdquo; que conocen la compasi&oacute;n y el silencio ante el misterio del hermano y de la hermana; pide siervos generosos y alegres que aman gratuitamente sin pretender nada a cambio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;Paz a vosotros&rdquo; (v. 21): es el saludo que Cristo trae a sus disc&iacute;pulos; es la misma paz, que esperan los hombres de nuestro tiempo. No es una paz negociada, no es la suspensi&oacute;n de algo malo: es su paz, la paz que procede del coraz&oacute;n del Resucitado, la paz que venci&oacute; el pecado, la muerte y el miedo. Es la paz que no divide, sino que une; es la paz que no nos deja solos, sino que nos hace sentir acogidos y amados; es la paz que permanece en el dolor y hace florecer la esperanza. Esta paz, como en el d&iacute;a de Pascua, nace y renace siempre desde el perd&oacute;n de Dios, que disipa la inquietud del coraz&oacute;n. Ser portadores de su paz: esta es la misi&oacute;n confiada a la Iglesia en el d&iacute;a de Pascua. Hemos nacido en Cristo como instrumentos de reconciliaci&oacute;n, para llevar a todos el perd&oacute;n del Padre, para revelar su rostro de amor &uacute;nico en los signos de la misericordia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn el Salmo responsorial se ha proclamado: &laquo;Su amor es para siempre&raquo; (117\/118,2). Es verdad, la misericordia de Dios es eterna; no termina, no se agota, no se rinde ante la adversidad y no se cansa jam&aacute;s. En este &ldquo;para siempre&rdquo; encontramos consuelo en los momentos de prueba y de debilidad, porque estamos seguros que Dios no nos abandona. &Eacute;l permanece con nosotros para siempre. Le agradecemos su amor tan inmenso, que no podemos comprender. Pidamos la gracia de no cansarnos nunca de acudir a la misericordia del Padre y de llevarla al mundo; pidamos ser nosotros mismos misericordiosos, para difundir en todas partes la fuerza del Evangelio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTambi&eacute;n te puede interesar:&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t\t&iquest;C&oacute;mo ser un verdadero ap&oacute;stol de misericordia? Papa Francisco lo explica en su Jubileo https:\/\/t.co\/Uladljav3j<\/p>\n<p>\t&mdash; ACI Prensa (@aciprensa) 3 de abril de 2016<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 03 Abr. 16 (ACI).- La Plaza de San Pedro del Vaticano alberg&oacute; esta ma&ntilde;ana la Santa Misa por el Jubileo de las personas que se adhieren a la espiritualidad de la Divina Misericordia, cuya fiesta se celebra hoy en todo el mundo. 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