{"id":2792,"date":"2016-04-16T09:05:02","date_gmt":"2016-04-16T14:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/video-y-texto-discurso-del-papa-francisco-a-la-poblacion-y-comunidad-catolica\/"},"modified":"2016-04-16T09:05:02","modified_gmt":"2016-04-16T14:05:02","slug":"video-y-texto-discurso-del-papa-francisco-a-la-poblacion-y-comunidad-catolica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/video-y-texto-discurso-del-papa-francisco-a-la-poblacion-y-comunidad-catolica\/","title":{"rendered":"VIDEO y TEXTO: Discurso del Papa Francisco a la poblaci\u00f3n y comunidad cat\u00f3lica"},"content":{"rendered":"<p> LESBOS, 16 Abr. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco mantuvo un encuentro con la poblaci&oacute;n y con la comunidad cat&oacute;lica en el puerto de Mitilene, en Lesbos,&nbsp;en memoria de las v&iacute;ctimas de las migraciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn su segundo discurso, el Santo Padre tuvo palabras de gratitud antetodo a Dios por haberle concedido el cumplir esta anhelada visita, y gratitud al presidente de Grecia, al Patriarca Bartolom&eacute; y al Arzobispo Jer&oacute;nimo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n el texto completo gracias a Radio Vaticano:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos hermanos y hermanas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDesde que Lesbos se ha convertido en un lugar de llegada para muchos emigrantes en busca de paz y dignidad, he tenido el deseo de venir aqu&iacute;. Hoy, agradezco a Dios que me lo haya concedido. Y agradezco al Presidente Paulopoulos haberme invitado, junto al Patriarca Bartolom&eacute; y al Arzobispo Jer&oacute;nimo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQuisiera expresar mi admiraci&oacute;n por el pueblo griego que, a pesar de las graves dificultades que tiene que afrontar, ha sabido mantener abierto su coraz&oacute;n y sus puertas. Muchas personas sencillas han ofrecido lo poco que ten&iacute;an para compartirlo con los que carec&iacute;an de todo. Dios recompensar&aacute; esta generosidad, as&iacute; como la de otras naciones vecinas, que desde el primer momento han acogido con gran disponibilidad a muchos emigrantes forzados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEs tambi&eacute;n una bendici&oacute;n la presencia generosa de tantos voluntarios y de numerosas asociaciones, las cuales, junto con las distintas instituciones p&uacute;blicas, han llevado y est&aacute;n llevando su ayuda, manifestando de una manera concreta su fraterna cercan&iacute;a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQuisiera renovar hoy mi apremiante llamamiento a la responsabilidad y a la solidaridad frente a una situaci&oacute;n tan dram&aacute;tica. Muchos de los refugiados que se encuentran en esta isla y en otras partes de Grecia est&aacute;n viviendo en unas condiciones cr&iacute;ticas, en un clima de ansiedad y de miedo, a veces de desesperaci&oacute;n, por las dificultades materiales y la incertidumbre del futuro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa preocupaci&oacute;n de las instituciones y de la gente, tanto aqu&iacute; en Grecia como en otros pa&iacute;ses de Europa, es comprensible y leg&iacute;tima. Sin embargo, no debemos olvidar que los emigrantes, antes que n&uacute;meros son personas, son rostros, nombres, historias. Europa es la patria de los derechos humanos, y cualquiera que ponga pie en suelo europeo deber&iacute;a poder experimentarlo. As&iacute; ser&aacute; m&aacute;s consciente de deberlos a su vez respetar y defender. Por desgracia, algunos, entre ellos muchos ni&ntilde;os, no han conseguido ni siquiera llegar: han perdido la vida en el mar, v&iacute;ctimas de un viaje inhumano y sometidos a las vejaciones de verdugos infames.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tUstedes, habitantes de Lesbos, demuestran que en estas tierras, cuna de la civilizaci&oacute;n, sigue latiendo el coraz&oacute;n de una humanidad que sabe reconocer por encima de todo al hermano y a la hermana, una humanidad que quiere construir puentes y rechaza la ilusi&oacute;n de levantar muros con el fin de sentirse m&aacute;s seguros. En efecto, las barreras crean divisi&oacute;n, en lugar de ayudar al verdadero progreso de los pueblos, y las divisiones, antes o despu&eacute;s, provocan enfrentamientos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPara ser realmente solidarios con quien se ve obligado a huir de su propia tierra, hay que esforzarse en eliminar las causas de esta dram&aacute;tica realidad: no basta con limitarse a salir al paso de la emergencia del momento, sino que hay que desarrollar pol&iacute;ticas de gran alcance, no unilaterales. En primer lugar, es necesario construir la paz all&iacute; donde la guerra ha tra&iacute;do muerte y destrucci&oacute;n, e impedir que este c&aacute;ncer se propague a otras partes. Para ello, hay que oponerse firmemente a la proliferaci&oacute;n y al tr&aacute;fico de armas, y sus tramas a menudo ocultas; hay que dejar sin apoyos a todos los que conciben proyectos de odio y de violencia. Por el contrario, se debe promover sin descanso la colaboraci&oacute;n entre los pa&iacute;ses, las organizaciones internacionales y las instituciones humanitarias, no aislando sino sosteniendo a los que afrontan la emergencia. En esta perspectiva, renuevo mi esperanza de que tenga &eacute;xito la primera Cumbre Humanitaria Mundial, que tendr&aacute; lugar en Estambul el pr&oacute;ximo mes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTodo esto s&oacute;lo se puede hacer juntos: juntos se pueden y se deben buscar soluciones dignas del hombre a la compleja cuesti&oacute;n de los refugiados. Y para ello es tambi&eacute;n indispensable la aportaci&oacute;n de las Iglesias y Comunidades religiosas. Mi presencia aqu&iacute;, junto con el Patriarca Bartolom&eacute; y el Arzobispo Jer&oacute;nimo, es un testimonio de nuestra voluntad de seguir cooperando para que este desaf&iacute;o crucial se convierta en una ocasi&oacute;n, no de confrontaci&oacute;n, sino de crecimiento de la civilizaci&oacute;n del amor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQueridos hermanos y hermanas, ante las tragedias que golpean a la humanidad, Dios no es indiferente, no est&aacute; lejos. &Eacute;l es nuestro Padre, que nos sostiene en la construcci&oacute;n del bien y en el rechazo al mal. No s&oacute;lo nos apoya, sino que, en Jes&uacute;s, nos ha indicado el camino de la paz. Frente al mal del mundo, &eacute;l se hizo nuestro servidor, y con su servicio de amor ha salvado al mundo. Esta es la verdadera fuerza que genera la paz. S&oacute;lo el que sirve con amor construye la paz. El servicio nos hace salir de nosotros mismos para cuidar a los dem&aacute;s, no deja que las personas y las cosas se destruyan, sino que sabe protegerlas, superando la dura costra de la indiferencia que nubla la mente y el coraz&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tGracias a ustedes, porque son los custodios de la humanidad, porque se hacen cargo con ternura de la carne de Cristo, que sufre en el m&aacute;s peque&ntilde;o de los hermanos, hambriento y forastero, y que ustedes han acogido (cf. Mt 25,35).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LESBOS, 16 Abr. 16 (ACI).- El Papa Francisco mantuvo un encuentro con la poblaci&oacute;n y con la comunidad cat&oacute;lica en el puerto de Mitilene, en Lesbos,&nbsp;en memoria de las v&iacute;ctimas de las migraciones. 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