{"id":3024,"date":"2016-04-26T06:15:02","date_gmt":"2016-04-26T11:15:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/comentario-a-la-liturgia-dominical-sexto-domingo-de-pascua\/"},"modified":"2016-04-26T06:15:02","modified_gmt":"2016-04-26T11:15:02","slug":"comentario-a-la-liturgia-dominical-sexto-domingo-de-pascua","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/comentario-a-la-liturgia-dominical-sexto-domingo-de-pascua\/","title":{"rendered":"Comentario a la liturgia dominical \u2013 Sexto domingo de Pascua"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teolog\u00eda Espiritual, profesor y director espiritual en el seminario diocesano <em>Maria Mater Ecclesiae <\/em>de s\u00e3o Paulo (Brasil).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Idea principal<\/strong>: \u00bfQui\u00e9n es el <em>Esp\u00edritu Santo<\/em>? \u00bfQu\u00e9 efectos produce en nuestra alma?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>S\u00edntesis del mensaje:<\/strong> Cristo, en el largo discurso de despedida a los Ap\u00f3stoles, les est\u00e1 preparando, a ellos y a nosotros tambi\u00e9n, para la venida del Esp\u00edritu Santo, Maestro divino interior, Luz para las mentes, Dulce Hu\u00e9sped y Consolador de nuestras almas, Arquitecto de nuestra santidad, Escultor de la imagen de Cristo en nuestro interior, Estratega en nuestras luchas, B\u00e1lsamo para nuestras heridas.<strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Puntos de la idea principal<\/strong>:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong><em>En primer lugar<\/em><\/strong>, <em>\u00bfqui\u00e9n es el Esp\u00edritu Santo?<\/em> La teolog\u00eda nos ense\u00f1a que el Esp\u00edritu Santo es visto <em>en la vida \u00edntima de la Trinidad<\/em> como el que procede del Padre y el Hijo, y constituye la comuni\u00f3n inefable entre el Padre y el Hijo. <em>En la vida del creyente<\/em> el Esp\u00edritu Santo instalar\u00e1 su morada, transform\u00e1ndose en luz, consuelo y maestro interior. <em>En la vida de la Iglesia<\/em>, el Esp\u00edritu Santo ser\u00e1 el testimonio viviente de Jes\u00fas, la gu\u00eda interior para el descubrimiento de toda la verdad y la fuerza para oponerse al mundo malvado, convenci\u00e9ndolo del pecado. El Esp\u00edrito Santo gu\u00eda a la Iglesia en sus m\u00e1ximas decisiones y la ayuda a mantenerse unida (1\u00aa lectura). Y a lo largo de los siglos, con los himnos dedicados al Esp\u00edritu Santo, al Esp\u00edritu Santo se le han dado unos atributos profundos: Maestro interior que nos ense\u00f1a y nos explica las verdades de Cristo; dulce Hu\u00e9sped del alma que nos consuela en los momentos de aflicci\u00f3n; Escultor de la santidad, que va esculpiendo la imagen de Cristo poco a poco en nuestra alma, si le dejamos; Estratega en la batallas que debemos entablar con los grandes enemigos de nuestra santidad; ah\u00ed est\u00e1 \u00c9l anim\u00e1ndonos y fortaleci\u00e9ndonos en la lucha.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong><em>En segundo lugar<\/em><\/strong>, <em>el efecto que este divino Esp\u00edritu deja en el alma es la paz<\/em> (evangelio). Los romanos deseaban la salud (\u201c<em>salus<\/em>\u201d), los griegos la alegr\u00eda de la vida (\u201c<em>Xaire<\/em>\u201d), los jud\u00edos la paz\u00a0 \u201c<em>schalom<\/em> <em>alechem<\/em>\u201d (paz a vosotros), que era la prosperidad material y religiosa, personal, tribal y nacional. Por eso en sus libros sagrados es la palabra que m\u00e1s sale: 239 en el Antiguo Testamento, y 89 en el Nuevo. Esta paz que nos da el Esp\u00edritu Santo es la paz de Cristo. No es la paz de los cementerios. Ni la paz que dejan las armas que callan. Ni la paz que las naciones firman en concordatos con plumas de oro y en sillones de lujo. La paz del Esp\u00edritu es la paz personal, \u00edntima, insobornable. La serenidad del lago de la conciencia y su honradez de vida; el gozo del coraz\u00f3n y sus bondades humanas; el alma de Dios con sus vivencias divinas, que es tanto como decir la vida cara al sol y las estrellas. Esta paz nadie nos la puede quitar: ni una enfermedad, ni la vecina de al lado, ni el Ministerio de Hacienda, ni mi jefe de trabajo. Nadie nos la quita, sencillamente porque nadie de todos ellos nos la dio, y porque es divina. Preguntemos, si no, a Edith Stein, jud\u00eda convertida al cristianismo y despu\u00e9s monja carmelita, y hoy santa Benedicta de la Cruz, detenida por la polic\u00eda alemana el 2 de agosto de 1942, y que termin\u00f3 en el campo de Auschwitz, muriendo en la c\u00e1mara de gas. Nunca perdi\u00f3 esta paz divina. O la paz de Teresa de Jes\u00fas, que nunca la perdi\u00f3 ni entre los pucheros de la cocina conventual ni en los carros de las fundaciones por las tierras de Espa\u00f1a y cuando se las tuvo que ver cara a cara con el rey m\u00e1s poderoso del mundo de ese tiempo, Felipe II. La paz de Juan de la Cruz en las noches toledanas empozado en su celda de 3&#215;4, con los piojos airados y los rebojos de pan duro con una sardina; y as\u00ed, \u00a1nueve meses hasta el d\u00eda de su fuga!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong><em>Finalmente<\/em><\/strong>, <em>y con la paz el Esp\u00edritu Santo nos proporciona tambi\u00e9n el gusto por las cosas espirituales<\/em>. El hombre natural aprecia las cosas y las ventajas materiales: salud, dinero y amor\u2026pero no es capaz de apreciar las cosas espirituales: la fe en Cristo, la vida de uni\u00f3n con \u00c9l, incluso a trav\u00e9s de los sufrimientos de la vida, el amor aut\u00e9ntico. El Esp\u00edritu Santo nos ayuda a comprender la relatividad y fugacidad de las cosas, comparadas con las cosas divinas. \u00c9l nos ense\u00f1a la docilidad interior a la voluntad divina, como manifestaci\u00f3n concreta de nuestro amor real a Dios. No cerremos la puerta a este Dulce Hu\u00e9sped del alma con nuestra sordera. No le tapemos la boca a este maravilloso Maestro interior con nuestras rebeld\u00edas. No lastimemos a este Escultor divino con nuestras resistencias. Escuchemos sus gemidos inenarrables, cuando le ofendemos, y tratemos de estar siempre a su escucha, a la hora de discernir en nuestra vida personal y comunitaria (1\u00aa lectura). Dejemos que sea el Esp\u00edritu Santo quien eleve nuestro pensamiento y afecto continuamente a la ciudad santa, el cielo, para dejarnos envolver por el fulgor divino y lo transmitamos a nuestro alrededor (2\u00aa lectura).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Para reflexionar:<\/strong> \u00a0\u00bfC\u00f3mo trato al Esp\u00edritu Santo en mi alma? \u00bfLe escucho? \u00bfSoy d\u00f3cil a lo que me pide? \u00bfMe dejo moldear por \u00c9l? \u00bfQu\u00e9 estoy haciendo con la paz que me dej\u00f3 Cristo, como fruto del Esp\u00edritu Santo: la saboreo, la defiendo, la pisoteo?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Para rezar<\/strong>: Recemos las estrofas del famoso himno al Esp\u00edritu Santo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Ven, Esp\u00edritu Divino<br \/>\nmanda tu luz desde el cielo.<br \/>\nPadre amoroso del pobre;<br \/>\ndon, en tus dones espl\u00e9ndido;<br \/>\nluz que penetra las almas;<br \/>\nfuente del mayor consuelo.<br \/>\nVen, dulce hu\u00e9sped del alma,<br \/>\ndescanso de nuestro esfuerzo,<br \/>\ntregua en el duro trabajo,<br \/>\nbrisa en las horas de fuego,<br \/>\ngozo que enjuga las l\u00e1grimas<br \/>\ny reconforta en los duelos.<br \/>\nEntra hasta el fondo del alma,<br \/>\ndivina luz y enriqu\u00e9cenos.<br \/>\nMira el vac\u00edo del hombre,<br \/>\nsi t\u00fa le faltas por dentro;<br \/>\nmira el poder del pecado,<br \/>\ncuando no env\u00edas tu aliento.<br \/>\nRiega la tierra en sequ\u00eda,<br \/>\nsana el coraz\u00f3n enfermo,<br \/>\nlava las manchas, infunde<br \/>\ncalor de vida en el hielo,<br \/>\ndoma el esp\u00edritu ind\u00f3mito,<br \/>\ngu\u00eda al que tuerce el sendero.<br \/>\nReparte tus siete dones,<br \/>\nseg\u00fan la fe de tus siervos;<br \/>\npor tu bondad y tu gracia,<br \/>\ndale al esfuerzo su m\u00e9rito;<br \/>\nsalva al que busca salvarse<br \/>\ny danos tu gozo eterno. Am\u00e9n.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/es.zenit.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Fuente: es.zenit.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teolog\u00eda Espiritual, profesor y director espiritual en el seminario diocesano Maria Mater Ecclesiae de s\u00e3o Paulo (Brasil). Idea principal: \u00bfQui\u00e9n es el Esp\u00edritu Santo? \u00bfQu\u00e9 efectos produce en nuestra alma? 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