{"id":3030,"date":"2016-04-26T09:05:02","date_gmt":"2016-04-26T14:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/es-la-hora-de-los-laicos-pero-pareciera-que-el-reloj-se-ha-parado-advierte-el-papa\/"},"modified":"2016-04-26T09:05:02","modified_gmt":"2016-04-26T14:05:02","slug":"es-la-hora-de-los-laicos-pero-pareciera-que-el-reloj-se-ha-parado-advierte-el-papa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/es-la-hora-de-los-laicos-pero-pareciera-que-el-reloj-se-ha-parado-advierte-el-papa\/","title":{"rendered":"\u00abEs la hora de los laicos\u00bb pero pareciera que el reloj se ha parado, advierte el Papa"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 26 Abr. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco dirigi&oacute; una carta al Cardenal Marc Ouellet, Presidente de la Pontificia Comisi&oacute;n para Am&eacute;rica Latina, sobre la participaci&oacute;n p&uacute;blica de los laicos en la vida de los pueblos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn su reflexi&oacute;n, pidi&oacute; a los pastores &quot;mirar continuamente al Pueblo de Dios&quot; para evitar &quot;ciertos nominalismos declaracionistas (slogans) que son bellas frases pero no logran sostener la vida de nuestras comunidades.&nbsp;Por ejemplo, recuerdo ahora la famosa expresi&oacute;n: &quot;es la hora de los laicos&quot; pero pareciera que el reloj se ha parado&quot;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEste es el texto completo de la carta del Papa Francisco al Cardenal Ouellet:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEminencia:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tAl finalizar el encuentro de la Comisi&oacute;n para Am&eacute;rica Latina y el Caribe tuve la oportunidad de encontrarme con todos los participantes de la asamblea donde se intercambiaron ideas e impresiones sobre la participaci&oacute;n p&uacute;blica del laicado en la vida de nuestros pueblos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tQuisiera recoger lo compartido en esa instancia y continuar por este medio la reflexi&oacute;n vivida en esos d&iacute;as para que el esp&iacute;ritu de discernimiento y reflexi&oacute;n &quot;no caiga en saco roto&quot;; nos ayude y siga estimulando a servir mejor al Santo Pueblo fiel de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tPrecisamente es desde esta imagen, desde donde me gustar&iacute;a partir para nuestra reflexi&oacute;n sobre la actividad p&uacute;blica de los laicos en nuestro contexto latinoamericano. Evocar al Santo Pueblo fiel de Dios, es evocar el horizonte al que estamos invitados a mirar y desde donde reflexionar. El Santo Pueblo fiel de Dios es al que como pastores estamos continuamente invitados a mirar, proteger, acompa&ntilde;ar, sostener y servir. Un padre no se entiende a s&iacute; mismo sin sus hijos. Puede ser un muy buen trabajador, profesional, esposo, amigo pero lo que lo hace padre tiene rostro: son sus hijos. Lo mismo sucede con nosotros, somos pastores. Un pastor no se concibe sin un reba&ntilde;o al que est&aacute; llamado a servir. El pastor, es pastor de un pueblo, y al pueblo se lo sirve desde dentro. Muchas veces se va adelante marcando el camino, otras detr&aacute;s para que ninguno quede rezagado, y no pocas veces se est&aacute; en el medio para sentir bien el palpitar de la gente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMirar al Santo Pueblo fiel de Dios y sentirnos parte integrante del mismo nos posiciona en la vida y, por lo tanto, en los temas que tratamos de una manera diferente. Esto nos ayuda a no caer en reflexiones que pueden, en s&iacute; mismas, ser muy buenas pero que terminan funcionalizando la vida de nuestra gente, o teorizando tanto que la especulaci&oacute;n termina matando la acci&oacute;n. Mirar continuamente al Pueblo de Dios nos salva de ciertos nominalismos declaracionistas (slogans) que son bellas frases pero no logran sostener la vida de nuestras comunidades. Por ejemplo, recuerdo ahora la famosa expresi&oacute;n: &quot;es la hora de los laicos&quot; pero pareciera que el reloj se ha parado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMirar al Pueblo de Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos. El primer sacramento, el que sella para siempre nuestra identidad y del que tendr&iacute;amos que estar siempre orgullosos es el del bautismo. Por &eacute;l y con la unci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, (los fieles) quedan consagradas como casa espiritual y sacerdocio santo (LG 10) Nuestra primera y fundamental consagraci&oacute;n hunde sus ra&iacute;ces en nuestro bautismo. A nadie han bautizado cura, ni obispo. Nos han bautizados laicos y es el signo indeleble que nunca nadie podr&aacute; eliminar. Nos hace bien recordar que la Iglesia no es una elite de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios. Olvidarnos de esto acarrea varios riesgos y\/o deformaciones en nuestra propia vivencia personal como comunitaria del ministerio que la Iglesia nos ha confiado. Somos, como bien lo se&ntilde;ala el Concilio Vaticano II, el Pueblo de Dios, cuya identidad es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Esp&iacute;ritu Santo como en un templo (LG 9). El Santo Pueblo fiel de Dios est&aacute; ungido con la gracia del Esp&iacute;ritu Santo, por tanto, a la hora de reflexionar, pensar, evaluar, discernir, debemos estar muy atentos a esta unci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA su vez, debo sumar otro elemento que considero fruto de una mala vivencia de la eclesiolog&iacute;a planteada por el Vaticano II. No podemos reflexionar el tema del laicado ignorando una de las deformaciones m&aacute;s fuertes que Am&eacute;rica Latina tiene que enfrentar &#8211; y a las que les pido una especial atenci&oacute;n &#8211; el clericalismo. Esta actitud no s&oacute;lo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Esp&iacute;ritu Santo puso en el coraz&oacute;n de nuestra gente. El clericalismo lleva a la funcionalizaci&oacute;n del laicado; trat&aacute;ndolo como &quot;mandaderos&quot;, coarta las distintas iniciativas, esfuerzos y hasta me animo a decir, osad&iacute;as necesarios para poder llevar la Buena Nueva del Evangelio a todos los &aacute;mbitos del quehacer social y especialmente pol&iacute;tico. El clericalismo lejos de impulsar los distintos aportes, propuestas, poco a poco va apagando el fuego prof&eacute;tico que la Iglesia toda est&aacute; llamada a testimoniar en el coraz&oacute;n de sus pueblos. El clericalismo se olvida que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo de Dios (cfr. LG 9-14) Y no solo a unos pocos elegidos e iluminados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHay un fen&oacute;meno muy interesante que se ha producido en nuestra Am&eacute;rica Latina y me animo a decir, creo que es de los pocos espacios donde el pueblo de Dios fue soberano de la influencia del clericalismo: me refiero a la pastoral popular. Ha sido de los pocos espacios donde el pueblo (incluyendo a sus pastores) y el Esp&iacute;ritu Santo se han podido encontrar sin el clericalismo que busca controlar y frenar la unci&oacute;n de Dios sobre los suyos. Sabemos que la pastoral popular como bien lo ha escrito Pablo VI en la exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica Evangelii nuntiandi, tiene ciertamente sus l&iacute;mites. Est&aacute; expuesta frecuentemente a muchas deformaciones de la religi&oacute;n, pero prosigue, cuando est&aacute; bien orientada, sobre todo mediante una pedagog&iacute;a de evangelizaci&oacute;n, contiene muchos valores. Refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el hero&iacute;smo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptaci&oacute;n de los dem&aacute;s, devoci&oacute;n. Teniendo en cuenta esos aspectos, la llamamos gustosamente &quot;piedad popular&quot;, es decir, religi&oacute;n del pueblo, m&aacute;s bien que religiosidad &#8230; Bien orientada, esta religiosidad popular puede ser cada vez m&aacute;s, para nuestras masas populares, un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo. (EN 48) El Papa Pablo usa una expresi&oacute;n que considero es clave, la fe de nuestro pueblo, sus orientaciones, b&uacute;squedas, deseo, anhelos, cuando se logran escuchar y orientar nos terminan manifestando una genuina presencia del Esp&iacute;ritu. Confiemos en nuestro Pueblo, en su memoria y en su &quot;olfato&quot;, confiemos que el Esp&iacute;ritu Santo act&uacute;a en y con ellos, y que este Esp&iacute;ritu no es solo &quot;propiedad&quot; de la jerarqu&iacute;a eclesial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHe tomado este ejemplo de la pastoral popular como clave hermen&eacute;utica que nos puede ayudar a comprender mejor la acci&oacute;n que se genera cuando el Santo Pueblo fiel de Dios reza y act&uacute;a. Una acci&oacute;n que no queda ligada a la esfera &iacute;ntima de la persona sino por el contrario se transforma en cultura; una cultura popular evangelizada contiene valores de fe y de solidaridad que pueden provocar el desarrollo de una sociedad m&aacute;s justa y creyente, y posee una sabidur&iacute;a peculiar que hay que saber reconocer con una mirada agradecida. (EG 68)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEntonces desde aqu&iacute; podemos preguntarnos, &iquest;qu&eacute; significa que los laicos est&eacute;n trabajando en la vida p&uacute;blica?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHoy en d&iacute;a muchas de nuestras ciudades se han convertidos en verdaderos lugares de supervivencia. Lugares donde la cultura del descarte parece haberse instalado y deja poco espacio para una aparente esperanza. Ah&iacute; encontramos a nuestros hermanos, inmersos en esas luchas, con sus familias, intentando no solo sobrevivir, sino que en medio de las contradicciones e injusticias, buscan al Se&ntilde;or y quieren testimoniar lo. &iquest;Qu&eacute; significa para nosotros pastores que los laicos est&eacute;n trabajando en la vida p&uacute;blica? Significa buscar la manera de poder alentar, acompa&ntilde;ar y estimular todo los intentos, esfuerzos que ya hoy se hacen por mantener viva la esperanza y la fe en un mundo lleno de contradicciones especialmente para los m&aacute;s pobres, especialmente con los m&aacute;s pobres. Significa como pastores comprometernos en medio de nuestro pueblo y, con nuestro pueblo sostener la fe y su esperanza. Abriendo puertas, trabajando con ellos, so&ntilde;ando con ellos, reflexionando y especialmente rezando con ellos. Necesitamos reconocer la ciudad &ndash;y por lo tanto todos los espacios donde se desarrolla la vida de nuestra gente&ndash; desde una mirada contemplativa, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas&#8230; &Eacute;l vive entre los ciudadanos promoviendo la caridad, la fraternidad, el deseo del bien, de verdad, de justicia. Esa presencia no debe ser fabricada sino descubierta, develada. Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con un coraz&oacute;n sincero. (EG 71) No es nunca el pastor el que le dice al laico lo que tiene que hacer o decir, ellos lo saben tanto o mejor que nosotros. No es el pastor el que tiene que determinar lo que tienen que decir en los distintos &aacute;mbitos los fieles. Como pastores, unidos a nuestro pueblo, nos hace bien preguntamos c&oacute;mo estamos estimulando y promoviendo la caridad y la fraternidad, el deseo del bien, de la verdad y la justicia. C&oacute;mo hacemos para que la corrupci&oacute;n no anide en nuestros corazones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tMuchas veces hemos ca&iacute;do en la tentaci&oacute;n de pensar que el laico comprometido es aquel que trabaja en las obras de la Iglesia y\/o en las cosas de la parroquia o de la di&oacute;cesis y poco hemos reflexionado como acompa&ntilde;ar a un bautizado en su vida p&uacute;blica y cotidiana; c&oacute;mo &eacute;l, en su quehacer cotidiano, con las responsabilidades que tiene se compromete como cristiano en la vida p&uacute;blica. Sin darnos cuenta, hemos generado una elite laical creyendo que son laicos comprometidos solo aquellos que trabajan en cosas &quot;de los curas&quot; y hemos olvidado, descuidado al creyente que muchas veces quema su esperanza en la lucha cotidiana por vivir la fe. Estas son las situaciones que el clericalismo no puede ver, ya que est&aacute; muy preocupado por dominar espacios m&aacute;s que por generar procesos. Por eso, debemos reconocer que el laico por su propia realidad, por su propia identidad, por estar inmerso en el coraz&oacute;n de la vida social, p&uacute;blica y pol&iacute;tica, por estar en medio de nuevas formas culturales que se gestan continuamente tiene exigencias de nuevas formas de organizaci&oacute;n y de celebraci&oacute;n de la fe. &iexcl;Los ritmos actuales son tan distintos (no digo mejor o peor) a los que se viv&iacute;an 30 a&ntilde;os atr&aacute;s! Esto requiere imaginar espacios de oraci&oacute;n y de comuni&oacute;n con caracter&iacute;sticas novedosas, m&aacute;s atractivas y significativas &ndash;especialmente&ndash;para los habitantes urbanos. (EG 73) Es obvio, y hasta imposible, pensar que nosotros como pastores tendr&iacute;amos que tener el monopolio de las soluciones para los m&uacute;ltiples desaf&iacute;os que la vida contempor&aacute;nea nos presenta. Al contrario, tenemos que estar al lado de nuestra gente, acompa&ntilde;&aacute;ndolos en sus b&uacute;squedas y estimulando esta imaginaci&oacute;n capaz de responder a la problem&aacute;tica actual. Y esto discerniendo con nuestra gente y nunca por nuestra gente o sin nuestra gente. Como dir&iacute;a San Ignacio, &quot;seg&uacute;n los lugares, tiempos y personas&quot;. Es decir, no uniformizando. No se pueden dar directivas generales para una organizaci&oacute;n del pueblo de Dios al interno de su vida p&uacute;blica. La inculturaci&oacute;n es un proceso que los pastores estamos llamados a estimular alentado a la gente a vivir su fe en donde est&aacute; y con qui&eacute;n est&aacute;. La inculturaci&oacute;n es aprender a descubrir c&oacute;mo una determinada porci&oacute;n del pueblo de hoy, en el aqu&iacute; y ahora de la historia, vive, celebra y anuncia su fe. Con la idiosincrasia particular y de acuerdo a los problemas que tiene que enfrentar, as&iacute; como todos los motivos que tiene para celebrar. La inculturaci&oacute;n es un trabajo de artesanos y no una f&aacute;brica de producci&oacute;n en serie de procesos que se dedicar&iacute;an a &quot;fabricar mundos o espacios cristianos&quot;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDos memorias se nos pide cuidar en nuestro pueblo. La memoria de Jesucristo y la memoria de nuestros antepasados. La fe, la hemos recibido, ha sido un regalo que nos ha llegado en muchos casos de las manos de nuestras madres, de nuestras abuelas. Ellas han sido, la memoria viva de Jesucristo en el seno de nuestros hogares. Fue en el silencio de la vida familiar, donde la mayor&iacute;a de nosotros aprendi&oacute; a rezar, a amar, a vivir la fe. Fue al in terno de una vida familiar, que despu&eacute;s tom&oacute; forma de parroquia, colegio, comunidades que la fe fue llegando a nuestra vida y haci&eacute;ndose carne. Ha sido tambi&eacute;n esa fe sencilla la que muchas veces nos ha acompa&ntilde;ado en los distintos avatares del camino. Perder la memoria es desarraigarnos de donde venimos y por lo tanto, nos sabremos tampoco a donde vamos. Esto es clave, cuando desarraigamos a un laico de su fe, de la de sus or&iacute;genes; cuando lo desarraigamos del Santo Pueblo fiel de Dios, lo desarraigamos de su identidad bautismal y as&iacute; le privamos la gracia del Esp&iacute;ritu Santo. Lo mismo nos pasa a nosotros, cuando nos desarraigamos como pastores de nuestro pueblo, nos perdemos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tNuestro rol, nuestra alegr&iacute;a, la alegr&iacute;a del pastor est&aacute; precisamente en ayudar y estimular, al igual que hicieron muchos antes que nosotros, sean las madres, las abuelas, los padres los verdaderos protagonistas de la historia. No por una concesi&oacute;n nuestra de buena voluntad, sino por propio derecho y estatuto. Los laicos son parte del Santo Pueblo fiel de Dios y por lo tanto, los protagonistas de la Iglesia y del mundo; a los que nosotros estamos llamados a servir y no de los cuales tenemos que servirnos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn mi reciente viaje a la tierra de M&eacute;xico tuve la oportunidad de estar a solas con la Madre, dej&aacute;ndome mirar por ella. En ese espacio de oraci&oacute;n pude presentarle tambi&eacute;n mi coraz&oacute;n de hijo. En ese momento estuvieron tambi&eacute;n ustedes con sus comunidades. En ese momento de oraci&oacute;n, le ped&iacute; a Mar&iacute;a que no dejara de sostener, como lo hizo con la primera comunidad, la fe de nuestro pueblo. Que la Virgen Santa interceda por ustedes, los cuide y acompa&ntilde;e siempre,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tVaticano, 19 de marzo de 2016<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t+Francisco<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTexto difundido por Radio Vaticano<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 26 Abr. 16 (ACI).- El Papa Francisco dirigi&oacute; una carta al Cardenal Marc Ouellet, Presidente de la Pontificia Comisi&oacute;n para Am&eacute;rica Latina, sobre la participaci&oacute;n p&uacute;blica de los laicos en la vida de los pueblos. 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