{"id":3308,"date":"2016-05-06T07:05:02","date_gmt":"2016-05-06T12:05:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-discurso-papa-francisco-al-recibir-el-premio-carlomagno-2016\/"},"modified":"2016-05-06T07:05:02","modified_gmt":"2016-05-06T12:05:02","slug":"texto-completo-discurso-papa-francisco-al-recibir-el-premio-carlomagno-2016","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/noticias\/texto-completo-discurso-papa-francisco-al-recibir-el-premio-carlomagno-2016\/","title":{"rendered":"[TEXTO COMPLETO] Discurso Papa Francisco al recibir el Premio Carlomagno 2016"},"content":{"rendered":"<p> VATICANO, 06 May. 16 (ACI).-<br \/>\n\tEl Papa Francisco ha recibido en el Palacio Apost&oacute;lico del Vaticano el Premio Internacional Carlomagno 2016 por su compromiso y empe&ntilde;o a favor de la paz, de la comprensi&oacute;n y de la misericordia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn el acto estuvieron presentes algunos dirigentes europeos, quienes escucharon el discurso que el Santo Padre dirigi&oacute; despu&eacute;s y en el que advirti&oacute; del peligro que corre Europa por haber renunciado a sus ra&iacute;ces cristianas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&ldquo;&iquest;Qu&eacute; te ha sucedido Europa humanista, defensora de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad? &iquest;Qu&eacute; te ha pasado Europa, tierra de poetas, fil&oacute;sofos, artistas, m&uacute;sicos, escritores? &iquest;Qu&eacute; te ha ocurrido Europa, madre de pueblos y naciones, madre de grandes hombres y mujeres que fueron capaces de defender y dar la vida por la dignidad de sus hermanos?&rdquo;, se pregunt&oacute;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA continuaci&oacute;n el texto completo del discurso del Pont&iacute;fice:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tIlustres se&ntilde;oras y se&ntilde;ores:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLes doy mi cordial bienvenida y gracias por su presencia. Agradezco especialmente sus amables palabras a los se&ntilde;ores Marcel Philipp, J&uuml;rgen Linden, Martin Schulz, Jean-Claude Juncker y Donald Tusk. Deseo reiterar mi intenci&oacute;n de ofrecer a Europa el prestigioso premio con el cual he sido honrado: no hagamos un mero un gesto celebrativo, sino que aprovechemos m&aacute;s bien esta ocasi&oacute;n para desear todos juntos un impulso nuevo y audaz para este amado Continente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa creatividad, el ingenio, la capacidad de levantarse y salir de los propios l&iacute;mites pertenecen al alma de Europa. En el siglo pasado, ella ha dado testimonio a la humanidad de que un nuevo comienzo era posible; despu&eacute;s de a&ntilde;os de tr&aacute;gicos enfrentamientos, que culminaron en la guerra m&aacute;s terrible que se recuerda, surgi&oacute;, con la gracia de Dios, una novedad sin precedentes en la historia. Las cenizas de los escombros no pudieron extinguir la esperanza y la b&uacute;squeda del otro, que ard&iacute;an en el coraz&oacute;n de los padres fundadores del proyecto europeo. Ellos pusieron los cimientos de un baluarte de la paz, de un edificio construido por Estados que no se unieron por imposici&oacute;n, sino por la libre elecci&oacute;n del bien com&uacute;n, renunciando para siempre a enfrentarse. Europa, despu&eacute;s de muchas divisiones, se encontr&oacute; finalmente a s&iacute; misma y comenz&oacute; a construir su casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEsta &laquo;familia de pueblos&raquo;, que entretanto se ha hecho de modo meritorio m&aacute;s amplia, en los &uacute;ltimos tiempos parece sentir menos suyos los muros de la casa com&uacute;n, tal vez levantados apart&aacute;ndose del clarividente proyecto dise&ntilde;ado por los padres. Aquella atm&oacute;sfera de novedad, aquel ardiente deseo de construir la unidad, parecen estar cada vez m&aacute;s apagados; nosotros, los hijos de aquel sue&ntilde;o estamos tentados de caer en nuestros ego&iacute;smos, mirando lo que nos es &uacute;til y pensando en construir recintos particulares. Sin embargo, estoy convencido de que la resignaci&oacute;n y el cansancio no pertenecen al alma de Europa y que tambi&eacute;n &laquo;las dificultades puedan convertirse en fuertes promotoras de unidad&raquo; .<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn el Parlamento Europeo me permit&iacute; hablar de la Europa anciana. Dec&iacute;a a los eurodiputados que en diferentes partes crec&iacute;a la impresi&oacute;n general de una Europa cansada y envejecida, no f&eacute;rtil ni vital, donde los grandes ideales que inspiraron a Europa parecen haber perdido fuerza de atracci&oacute;n. Una Europa deca&iacute;da que parece haber perdido su capacidad generativa y creativa. Una Europa tentada de querer asegurar y dominar espacios m&aacute;s que de generar procesos de inclusi&oacute;n y de transformaci&oacute;n; una Europa que se va &laquo;atrincherando&raquo; en lugar de privilegiar las acciones que promueven nuevos dinamismos en la sociedad; dinamismos capaces de involucrar y poner en marcha todos los actores sociales (grupos y personas) en la b&uacute;squeda de nuevas soluciones a los problemas actuales, que fructifiquen en importantes acontecimientos hist&oacute;ricos; una Europa que, lejos de proteger espacios, se convierta en madre generadora de procesos (cf. Evangelii gaudium, 223).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&iquest;Qu&eacute; te ha sucedido Europa humanista, defensora de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad? &iquest;Qu&eacute; te ha pasado Europa, tierra de poetas, fil&oacute;sofos, artistas, m&uacute;sicos, escritores? &iquest;Qu&eacute; te ha ocurrido Europa, madre de pueblos y naciones, madre de grandes hombres y mujeres que fueron capaces de defender y dar la vida por la dignidad de sus hermanos?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl escritor Elie Wiesel, superviviente de los campos de exterminio nazis, dec&iacute;a que hoy en d&iacute;a es imprescindible realizar una &laquo;transfusi&oacute;n de memoria&raquo;. Es necesario &laquo;hacer memoria&raquo;, tomar un poco de distancia del presente para escuchar la voz de nuestros antepasados. La memoria no s&oacute;lo nos permitir&aacute; que no se cometan los mismos errores del pasado (cf. Evangelii gaudium, 108), sino que nos dar&aacute; acceso a aquellos logros que ayudaron a nuestros pueblos a superar positivamente las encrucijadas hist&oacute;ricas que fueron encontrando. La transfusi&oacute;n de memoria nos libera de esa tendencia actual, con frecuencia m&aacute;s atractiva, a obtener r&aacute;pidamente resultados inmediatos sobre arenas movedizas, que podr&iacute;an producir &laquo;un r&eacute;dito pol&iacute;tico f&aacute;cil, r&aacute;pido y ef&iacute;mero, pero que no construyen la plenitud humana&raquo; (ib&iacute;d. 224).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tA este prop&oacute;sito, nos har&aacute; bien evocar a los padres fundadores de Europa. Ellos supieron buscar v&iacute;as alternativas e innovadoras en un contexto marcado por las heridas de la guerra. Ellos tuvieron la audacia no s&oacute;lo de so&ntilde;ar la idea de Europa, sino que osaron transformar radicalmente los modelos que &uacute;nicamente provocaban violencia y destrucci&oacute;n. Se atrevieron a buscar soluciones multilaterales a los problemas que poco a poco se iban convirtiendo en comunes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tRobert Schuman, en el acto que muchos reconocen como el nacimiento de la primera comunidad europea, dijo: &laquo;Europa no se har&aacute; de una vez, ni en una obra de conjunto: se har&aacute; gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho&raquo;. Precisamente ahora, en este nuestro mundo atormentado y herido, es necesario volver a aquella solidaridad de hecho, a la misma generosidad concreta que sigui&oacute; al segundo conflicto mundial, porque &mdash;prosegu&iacute;a Schuman&mdash; &laquo;la paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan&raquo;. Los proyectos de los padres fundadores, mensajeros de la paz y profetas del futuro, no han sido superados: inspiran, hoy m&aacute;s que nunca, a construir puentes y derribar muros. Parecen expresar una ferviente invitaci&oacute;n a no contentarse con retoques cosm&eacute;ticos o compromisos tortuosos para corregir alg&uacute;n que otro tratado, sino a sentar con valor bases nuevas, fuertemente arraigadas. Como afirmaba Alcide De Gasperi, &laquo;todos animados igualmente por la preocupaci&oacute;n del bien com&uacute;n de nuestras patrias europeas, de nuestra patria Europa&raquo;, se comience de nuevo, sin miedo un &laquo;trabajo constructivo que exige todos nuestros esfuerzos de paciente y amplia cooperaci&oacute;n&raquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEsta transfusi&oacute;n de memoria nos permite inspirarnos en el pasado para afrontar con valent&iacute;a el complejo cuadro multipolar de nuestros d&iacute;as, aceptando con determinaci&oacute;n el reto de &laquo;actualizar&raquo; la idea de Europa. Una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo basado en tres capacidades: la capacidad de integrar, capacidad de comunicaci&oacute;n y la capacidad de generar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCapacidad de integrar<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tErich Przywara, en su magn&iacute;fica obra La idea de Europa, nos reta a considerar la ciudad como un lugar de convivencia entre varias instancias y niveles. &Eacute;l conoc&iacute;a la tendencia reduccionista que mora en cada intento de pensar y so&ntilde;ar el tejido social. La belleza arraigada en muchas de nuestras ciudades se debe a que han conseguido mantener en el tiempo las diferencias de &eacute;pocas, naciones, estilos y visiones. Basta con mirar el inestimable patrimonio cultural de Roma para confirmar, una vez m&aacute;s, que la riqueza y el valor de un pueblo tiene precisamente sus ra&iacute;ces en el saber articular todos estos niveles en una sana convivencia. Los reduccionismos y todos los intentos de uniformar, lejos de generar valor, condenan a nuestra gente a una pobreza cruel: la de la exclusi&oacute;n. Y, m&aacute;s que aportar grandeza, riqueza y belleza, la exclusi&oacute;n provoca bajeza, pobreza y fealdad. M&aacute;s que dar nobleza de esp&iacute;ritu, les aporta mezquindad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLas ra&iacute;ces de nuestros pueblos, las ra&iacute;ces de Europa se fueron consolidando en el transcurso de su historia, aprendiendo a integrar en s&iacute;ntesis siempre nuevas las culturas m&aacute;s diversas y sin relaci&oacute;n aparente entre ellas. La identidad europea es, y siempre ha sido, una identidad din&aacute;mica y multicultural.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa actividad pol&iacute;tica es consciente de tener entre las manos este trabajo fundamental y que no puede ser pospuesto. Sabemos que &laquo;el todo es m&aacute;s que la parte, y tambi&eacute;n es m&aacute;s que la mera suma de ellas&raquo;, por lo que se tendr&aacute; siempre que trabajar para &laquo;ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiar&aacute; a todos&raquo; (Evangelii gaudium, 235). Estamos invitados a promover una integraci&oacute;n que encuentra en la solidaridad el modo de hacer las cosas, el modo de construir la historia. Una solidaridad que nunca puede ser confundida con la limosna, sino como generaci&oacute;n de oportunidades para que todos los habitantes de nuestras ciudades &mdash;y de muchas otras ciudades&mdash; puedan desarrollar su vida con dignidad. El tiempo nos ense&ntilde;a que no basta solamente la integraci&oacute;n geogr&aacute;fica de las personas, sino que el reto es una fuerte integraci&oacute;n cultural.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tDe esta manera, la comunidad de los pueblos europeos podr&aacute; vencer la tentaci&oacute;n de replegarse sobre paradigmas unilaterales y de aventurarse en &laquo;colonizaciones ideol&oacute;gicas&raquo;; m&aacute;s bien redescubrir&aacute; la amplitud del alma europea, nacida del encuentro de civilizaciones y pueblos, m&aacute;s vasta que los actuales confines de la Uni&oacute;n y llamada a convertirse en modelo de nuevas s&iacute;ntesis y de di&aacute;logo. En efecto, el rostro de Europa no se distingue por oponerse a los dem&aacute;s, sino por llevar impresas las caracter&iacute;sticas de diversas culturas y la belleza de vencer todo encerramiento. Sin esta capacidad de integraci&oacute;n, las palabras pronunciadas por Konrad Adenauer en el pasado resonar&aacute;n hoy como una profec&iacute;a del futuro: &laquo;El futuro de Occidente no est&aacute; amenazado tanto por la tensi&oacute;n pol&iacute;tica, como por el peligro de la masificaci&oacute;n, de la uniformidad de pensamiento y del sentimiento; en breve, por todo el sistema de vida, de la fuga de la responsabilidad, con la &uacute;nica preocupaci&oacute;n por el propio yo&raquo;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCapacidad de di&aacute;logo<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSi hay una palabra que tenemos que repetir hasta cansarnos es esta: di&aacute;logo. Estamos invitados a promover una cultura del di&aacute;logo, tratando por todos los medios de crear instancias para que esto sea posible y nos permita reconstruir el tejido social. La cultura del di&aacute;logo implica un aut&eacute;ntico aprendizaje, una ascesis que nos permita reconocer al otro como un interlocutor v&aacute;lido; que nos permita mirar al extranjero, al emigrante, al que pertenece a otra cultura como sujeto digno de ser escuchado, considerado y apreciado. Para nosotros, hoy es urgente involucrar a todos los actores sociales en la promoci&oacute;n de &laquo;una cultura que privilegie el di&aacute;logo como forma de encuentro, la b&uacute;squeda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupaci&oacute;n por una sociedad justa, memoriosa y sin exclusiones&raquo; (Evangelii gaudium, 239). La paz ser&aacute; duradera en la medida en que armemos a nuestros hijos con las armas del di&aacute;logo, les ense&ntilde;emos la buena batalla del encuentro y la negociaci&oacute;n. De esta manera podremos dejarles en herencia una cultura que sepa delinear estrategias no de muerte, sino de vida, no de exclusi&oacute;n, sino de integraci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEsta cultura de di&aacute;logo, que deber&iacute;a ser incluida en todos los programas escolares como un eje transversal de las disciplinas, ayudar&aacute; a inculcar a las nuevas generaciones un modo diferente de resolver los conflictos al que les estamos acostumbrando. Hoy urge crear &laquo;coaliciones&raquo;, no s&oacute;lo militares o econ&oacute;micas, sino culturales, educativas, filos&oacute;ficas, religiosas. Coaliciones que pongan de relieve c&oacute;mo, detr&aacute;s de muchos conflictos, est&aacute; en juego con frecuencia el poder de grupos econ&oacute;micos. Coaliciones capaces de defender las personas de ser utilizadas para fines impropios. Armemos a nuestra gente con la cultura del di&aacute;logo y del encuentro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCapacidad de generar<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEl di&aacute;logo, y todo lo que este implica, nos recuerda que nadie puede limitarse a ser un espectador ni un mero observador. Todos, desde el m&aacute;s peque&ntilde;o al m&aacute;s grande, tienen un papel activo en la construcci&oacute;n de una sociedad integrada y reconciliada. Esta cultura es posible si todos participamos en su elaboraci&oacute;n y construcci&oacute;n. La situaci&oacute;n actual no permite meros observadores de las luchas ajenas. Al contrario, es un firme llamamiento a la responsabilidad personal y social.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEn este sentido, nuestros j&oacute;venes desempe&ntilde;an un papel preponderante. Ellos no son el futuro de nuestros pueblos, son el presente; son los que ya hoy con sus sue&ntilde;os, con sus vidas, est&aacute;n forjando el esp&iacute;ritu europeo. No podemos pensar en el ma&ntilde;ana sin ofrecerles una participaci&oacute;n real como autores de cambio y de transformaci&oacute;n. No podemos imaginar Europa sin hacerlos part&iacute;cipes y protagonistas de este sue&ntilde;o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tHe reflexionado &uacute;ltimamente sobre este aspecto, y me he preguntado: &iquest;C&oacute;mo podemos hacer part&iacute;cipes a nuestros j&oacute;venes de esta construcci&oacute;n cuando les privamos del trabajo; de empleo digno que les permita desarrollarse a trav&eacute;s de sus manos, su inteligencia y sus energ&iacute;as? &iquest;C&oacute;mo pretendemos reconocerles el valor de protagonistas, cuando los &iacute;ndices de desempleo y subempleo de millones de j&oacute;venes europeos van en aumento? &iquest;C&oacute;mo evitar la p&eacute;rdida de nuestros j&oacute;venes, que terminan por irse a otra parte en busca de ideales y sentido de pertenencia porque aqu&iacute;, en su tierra, no sabemos ofrecerles oportunidades y valores?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\t&laquo;La distribuci&oacute;n justa de los frutos de la tierra y el trabajo humano no es mera filantrop&iacute;a. Es un deber moral&raquo;.7 Si queremos entender nuestra sociedad de un modo diferente, necesitamos crear puestos de trabajo digno y bien remunerado, especialmente para nuestros j&oacute;venes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tEsto requiere la b&uacute;squeda de nuevos modelos econ&oacute;micos m&aacute;s inclusivos y equitativos, orientados no para unos pocos, sino para el beneficio de la gente y de la sociedad. Pienso, por ejemplo, en la econom&iacute;a social de mercado, alentada tambi&eacute;n por mis predecesores (cf. Juan Pablo II, Discurso al Embajador de la R. F. de Alemania, 8 noviembre 1990). Pasar de una econom&iacute;a que apunta al r&eacute;dito y al beneficio, basados en la especulaci&oacute;n y el pr&eacute;stamo con inter&eacute;s, a una econom&iacute;a social que invierta en las personas creando puestos de trabajo y cualificaci&oacute;n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tTenemos que pasar de una econom&iacute;a l&iacute;quida, que tiende a favorecer la corrupci&oacute;n como medio para obtener beneficios, a una econom&iacute;a social que garantice el acceso a la tierra y al techo por medio del trabajo como &aacute;mbito donde las personas y las comunidades puedan poner en juego &laquo;muchas dimensiones de la vida: la creatividad, la proyecci&oacute;n del futuro, el desarrollo de capacidades, el ejercicio de los valores, la comunicaci&oacute;n con los dem&aacute;s, una actitud de adoraci&oacute;n. Por eso, en la actual realidad social mundial, m&aacute;s all&aacute; de los intereses limitados de las empresas y de una cuestionable racionalidad econ&oacute;mica, es necesario que &ldquo;se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo [&hellip;] para todos&rdquo;&raquo; (Laudato si&rsquo;,127).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tSi queremos mirar hacia un futuro que sea digno, si queremos un futuro de paz para nuestras sociedades, solamente podremos lograrlo apostando por la inclusi&oacute;n real: &laquo;esa que da el trabajo digno, libre, creativo, participativo y solidario&raquo;. Este cambio (de una econom&iacute;a l&iacute;quida a una econom&iacute;a social) no s&oacute;lo dar&aacute; nuevas perspectivas y oportunidades concretas de integraci&oacute;n e inclusi&oacute;n, sino que nos abrir&aacute; nuevamente la capacidad de so&ntilde;ar aquel humanismo, del que Europa ha sido la cuna y la fuente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tLa Iglesia puede y debe ayudar al renacer de una Europa cansada, pero todav&iacute;a rica de energ&iacute;as y de potencialidades. Su tarea coincide con su misi&oacute;n: el anuncio del Evangelio, que hoy m&aacute;s que nunca se traduce principalmente en salir al encuentro de las heridas del hombre, llevando la presencia fuerte y sencilla de Jes&uacute;s, su misericordia que consuela y anima. Dios desea habitar entre los hombres, pero puede hacerlo solamente a trav&eacute;s de hombres y mujeres que, al igual que los grandes evangelizadores del continente, est&eacute;n tocados por &eacute;l y vivan el Evangelio sin buscar otras cosas. S&oacute;lo una Iglesia rica en testigos podr&aacute; llevar de nuevo el agua pura del Evangelio a las ra&iacute;ces de Europa. En esto, el camino de los cristianos hacia la unidad plena es un gran signo de los tiempos, y tambi&eacute;n la exigencia urgente de responder al Se&ntilde;or &laquo;para que todos sean uno&raquo; (Jn 17,21).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n\tCon la mente y el coraz&oacute;n, con esperanza y sin vana nostalgia, como un hijo que encuentra en la madre Europa sus ra&iacute;ces de vida y fe, sue&ntilde;o un nuevo humanismo europeo, &laquo;un proceso constante de humanizaci&oacute;n&raquo;, para el que hace falta &laquo;memoria, valor y una sana y humana utop&iacute;a&raquo;.10 Sue&ntilde;o una Europa joven, capaz de ser todav&iacute;a madre: una madre que tenga vida, porque respeta la vida y ofrece esperanza de vida. Sue&ntilde;o una Europa que se hace cargo del ni&ntilde;o, que como un hermano socorre al pobre y a los que vienen en busca de acogida, porque ya no tienen nada y piden refugio. Sue&ntilde;o una Europa que escucha y valora a los enfermos y a los ancianos, para que no sean reducidos a objetos improductivos de descarte. Sue&ntilde;o una Europa, donde ser emigrante no sea un delito, sino una invitaci&oacute;n a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano. Sue&ntilde;o una Europa donde los j&oacute;venes respiren el aire limpio de la honestidad, amen la belleza de la cultura y de una vida sencilla, no contaminada por las infinitas necesidades del consumismo; donde casarse y tener hijos sea una responsabilidad y una gran alegr&iacute;a, y no un problema debido a la falta de un trabajo suficientemente estable. Sue&ntilde;o una Europa de las familias, con pol&iacute;ticas realmente eficaces, centradas en los rostros m&aacute;s que en los n&uacute;meros, en el nacimiento de hijos m&aacute;s que en el aumento de los bienes. Sue&ntilde;o una Europa que promueva y proteja los derechos de cada uno, sin olvidar los deberes para con todos. Sue&ntilde;o una Europa de la cual no se pueda decir que su compromiso por los derechos humanos ha sido su &uacute;ltima utop&iacute;a.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, 06 May. 16 (ACI).- El Papa Francisco ha recibido en el Palacio Apost&oacute;lico del Vaticano el Premio Internacional Carlomagno 2016 por su compromiso y empe&ntilde;o a favor de la paz, de la comprensi&oacute;n y de la misericordia. 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